La tablita cambiaria de los 70 y la de hoy

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 14/11/12 en:

 Según Aníbal Fernández,se debe “sostener un tipo de cambio con flotación administrada que garantice que podemos mantener la demanda”. En realidad muy bien no se entiende la relación que hace entre flotación administrada y mantener la demanda, pero lo que sí queda claro, de acuerdo a la política cambiaria que lleva a cabo el Gobierno, es que está copiando la famosa tablita cambiaria de Martínez de Hoz en los 70. En ese entonces, aplicó una devaluación pautada, pero como la inflación, que en ese momento superó la tasa de inflación, el tipo de cambio real siguió cayendo hasta generar un serio problema en el sector externo a fines de 1980 y principios de 1981.

Si bien en los últimos meses el Banco Central aceleró un poco la tasa de devaluación del peso, claramente el aumento del dólar se encuentra muy por debajo de la tasa de inflación real, al igual que en la tablita cambiaria de los 70. Lo que nos dice Aníbal Fernández es que quiere anclar el tipo de cambio, al igual que se hizo con la tablita cambiaria, para desactivar la expectativas inflacionarias. El problema es que la gente no solo percibe la alta inflación. La gente no sigue la evolución de la emisión monetaria que está por arriba del 35% anual, pero sí sigue los precios internos y observa el desborde inflacionario que ha generado el Gobierno. A modo de ejemplo podemos citar el caso del stock de adelantos transitorios del BCRA al tesoro (pesos emitidos para financiar el déficit fiscal dado el desborde del gasto público). En octubre del año pasado ese stock era de $ 51.180 millones y en octubre de este año sumó $ 92.239 millones. Un incremento del 80% en un año. Es desborde de emisión por un gasto público creciente y cada vez más ineficientes se financia con el impuesto inflacionario.

 La diferencia entre la tablita cambiaria de los 70 y la actual es la forma de sostenerla. En los 70 se tomaba deuda pública y se subía la tasa de interés para ingresar dólares y evitar la suba del tipo de cambio. El mercado ajustaba por la cantidad de dólares de corto plazo que se obtenían. En la actualidad, por más que suban la tasa de interés ya nadie ingresa capitales en la Argentina. ¿Qué hacen entonces? Prohíben la compra de dólares para que la gente no pueda defenderse de la inflación que genera el Gobierno, aunque inicialmente habían dicho que la autorización previa de la AFIP era para justificar el origen de los fondos con que la gente compraba dólares. Es decir, fueron cambiando el discurso de acuerdo a la conveniencia del momento. Lo cierto es que en rigor, el problema de tipo de cambio real no lo resuelven ajustando el mercado por cantidad demanda de dólares. En todo caso lo postergan prohibiendo la compra de dólares. Es que en la medida que el BCRA siga empapelando de billetes la economía, la inflación continuará su curso inexorable, el tipo de cambio real caerá y, finalmente, el impacto sobre el sector externo se hará sentir por el lado de las exportaciones las que, por cierto, cayeron el 12% en septiembre pasado de acuerdo a datos del Indec.

El otro problema que tienen es que al deteriorar el tipo de cambio real afectan las exportaciones y, por lo tanto, para poder sostener algún nivel de saldo de balance comercial tienen que frenar cada vez más importaciones impactando en el nivel de actividad interna. Como dato a tener en cuenta hoy la demanda laboral en Capital Federal y el Gran Buenos Aires está un 10% por debajo de abril del 2002 que fue el peor mes del peor año de la crisis 2001/2002, la industria y la construcción llevan 6 meses consecutivos de caída y la actividad inmobiliaria cayó el 47% septiembre contra septiembre, solo por citar algunos sectores y no entrar en detalles con las economías regionales. De manera que Aníbal Fernández evita un problema social con la devaluación, pero genera otro problema social con la baja en el nivel de actividad (basta con ver la evolución de la recaudación de impuestos como el IVA DGI y el impuesto al cheque para advertir cómo se desacelera la economía).

Hoy la gente siente el impacto de menor demanda de trabajo y de la caída de su ingreso real por efecto de la inflación y la recesión que está generando el Gobierno, al tiempo que el sector externo se complica por la caída del tipo de cambio real. 

El mercado siempre ajusta por precio o por cantidad. Cuando a un producto el Gobierno le pone un precio artificialmente bajo, inevitablemente la demanda aumenta. Esa demanda que hacía la gente de dólares baratos en términos reales fue la que el Gobierno prohibió, pero no por eso soluciona el problema del comercio exterior. Con un dólar artificialmente barato, las exportaciones tienden a bajar y las importaciones a subir. Es más, con una brecha cambiaria del 30% se produce la subfacturación de exportaciones y las sobrefacturación de importaciones. El resultado es que como el Gobierno no puede solucionar el problema de la baja de las exportaciones, comprime más las importaciones y frena aún más la actividad económica por falta de insumos.

De manera que Fernández se equivoca al decir que quieren evitar un problema social. Lo están generando y en cantidades industriales. Y, encima, a pesar de prohibirle a la gente que compre dólares para defenderse de la inflación que genera el Central, la institución sigue perdiendo reservas. Al 31 de octubre pasado, las reservas del Central representaban menos del 40% del activo del banco, el resto son papeles sin valor que le entrega el tesoro al Central a cambio de las reservas que le quita. 

¿Cuál es el riesgo que se corre hacia el futuro? Varios, pero uno de ellos es que los pesos que emite y se quedan circulando en la economía y en los bancos, un día se transformen en una corrida financiera si la gente percibe que el dólar sigue estando cada vez más barato y la tasa de interés no la cubre de la tasa de inflación. Esta es una historia conocida por todos porque ya la vivimos varias veces. La apuesta de “te doy tasa dame dólares” fue la que llevó a la crisis del Plan Primavera en la década del 80. La gente devenga una ganancia en dólares colocándose en tasa de interés hasta que decide no jugar más y cambia pesos por dólares. Y cuando hace eso, retira su dinero de los bancos.

Digamos que la “solución” que propone el Gobierno es un doble sacrificio para la población. En el corto plazo le hace sentir el rigor de la inflación, la caída en el nivel de actividad y la menor demanda laboral. En el largo plazo el inevitable ajuste por precio del mercado de cambios y su impacto sobre el ingreso de la gente.

Antes de terminar deseo aclarar que no soy de los que creen que los problemas del sector real de la economía se resuelven con una devaluación. Por el contrario, una devaluación solo esconde, detrás de un tipo de cambio alto, las ineficiencias estructurales, pero esconderlas no es resolverlas. La solución pasa por reformas estructurales, disciplina monetaria y fiscal y respeto por los derechos de propiedad, algo que el Gobierno no va a hacer. Conclusión: mientras el Ejecutivo siga con estas políticas cambiaria, fiscal y monetaria inconsistentes, la gente sufrirá los efectos recesivos en el corto plazo y los más recesivos en el largo plazo cuando haya que hacer consistentes las tres políticas por imperio de la realidad.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Sordinas al ajuste predominante

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 3/10/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/wp-content/uploads/2012/10/pagina_03102012122903.html.

Tras unos presupuestos austeros que aumentan el gasto, conviene recordar que todos los políticos, en España y otros países, afrontan la consolidación fiscal diciendo que ajustan el gasto. No es verdad. Los que ajustan el gasto son las empresas y los ciudadanos. Los gobernantes, en cambio, suben primero y más los impuestos, y ajustan después y menos el gasto. Éste es el ajuste predominante, que se vende como un prudente equilibrio entre austeridad y crecimiento. Los economistas políticamente correctos creen que la reducción del gasto público es negativa para la economía, al profundizar la recesión. Los que levantamos la mano para protestar somos considerados extravagantes, cuando no ignorantes con respecto a la ciencia económica y ciegos con respecto a la realidad.

El economista Alberto Alesina, que es catedrático en Harvard, lleva tiempo defendiendo, ante la irritación del pensamiento único, que los ajustes fiscales son menos costosos en términos de actividad económica si descansan sobre la reducción del gasto público en lugar de sobre el aumento de los impuestos. En un reciente trabajo con otros dos colegas reafirma su tesis con datos de una quincena de países desarrollados. Los autores concluyen: “En especial, los ajustes por medio del gasto se asocian con recesiones suaves y de corta duración, y a menudo con ausencia de recesión. Por el contrario, los ajustes basados en subidas de impuestos son seguidos por recesiones prolongadas y profundas” (Alberto Alesina, Carlo Favero y Francesco Giavazzi, The output effect of fiscal consolidations, Documento de Trabajo Nº 18336 del National Bureau of Economic Research, agosto 2012, http://goo.gl/2tJuJ).

Las diferencias entre los ajustes son notables y no dependen de las políticas monetarias. Asimismo, “la heterogeneidad en los efectos de los dos tipos de ajuste fiscal se debe principalmente a la respuesta de la inversión privada, más que en el crecimiento del consumo”. Ponderan la importancia de la previsibilidad y la reducción de la incertidumbre, de modo que la reducción del gasto público recaiga en los gastos corrientes y no de inversión, y no sea interpretada como temporal, tal como sucede en los ajustes actuales. Las reformas estructurales supply-side son importantes: “Las consolidaciones basadas en contención del gasto que han sido especialmente favorables al crecimiento han sido las que han venido acompañadas de reformas del lado de la oferta, liberalización de los mercados de bienes y trabajo, y moderación salarial”.

Afirma Stiglitz en su último libro: “Un principio aceptado desde hace tiempo es que un aumento equilibrado de los impuestos y el gasto estimula la economía”. Precisamente, Alesina y sus colegas rechazan ese principio: los datos indican, al revés de lo que proclaman los keynesianos, que los multiplicadores de los impuestos son mayores que los del gasto. Y está lejos de ser evidente que toda reducción del gasto público sea recesiva.

Los ajustes son menos costosos si se basan en reducir el gasto y no en subir los impuestos

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

Más que nunca: es la economía, estúpido

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/6/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3573

La combinación de recesión con inflación se está haciendo realidad. Por eso, ahora más que nunca se impone la frase de Clinton: es la economía, estúpido.

En mayo, la producción de autos cayó el 24% con relación a mayo del año pasado, en tanto que las exportaciones de automóviles disminuyeron el 45,7%. En los primeros 5 meses del año la producción disminuyó el 20,5% y las exportaciones el 26,5%. La industria automotriz, la nave insignia que venía empujando el aumento de la producción industrial ya no empuja, principalmente porque Brasil viene desacelerando su economía.
La venta de maquinaría agrícola cayó a la mitad en los primeros 5 meses del año. La demanda laboral de abril de este año, en Capital Federal y el Gran Buenos Aires, volvió a caer y está un 2,3% por debajo de abril del 2002, el peor mes del peor momento de la crisis del 2002. Mientras tanto, la construcción se desploma y la actividad inmobiliaria agoniza.
Podría seguir con más datos para mostrar que la economía argentina se está frenando de golpe, pero, para no aburrir al lector dejo el tema aquí y, finalmente, le recuerdo que Renault suspendió 2000 trabajadores por falta de demanda.
La combinación de recesión con inflación se está haciendo realidad, a pesar de las acusaciones de agorero que recibí durante mucho tiempo y la agresión de los ciberk que siempre me decían que pronostico la crisis y nunca llega. Hoy el descontento de la gente se palpa en la calle. Por eso, ahora más que nunca, cae como anillo al dedo aquella frase de Bill Clinton en la campaña electoral de 1992 en EE.UU: es la economía, estúpido.
Si bien el gobierno, siguiendo su estrategia de acomodar el discurso a su conveniencia, pasó a decir que el modelo estaba blindado de la crisis internacional a sostener que el mundo se nos cae encima para no hacerse responsable de los líos que hizo, la realidad es que el problema económico que tenemos por delante es más por torpezas del gobierno que por la crisis internacional.
Sin duda que Brasil impacta en la economía argentina, el problema es que sin el viento de cola que tuvieron durante varios años, las inconsistencias del modelo quedan a la vista. Es más, no solo quedan a la vista, sino que, encima, las medidas adicionales que va tomando el grupo de inexpertos, que cada día ven qué pueden inventar para zafar del lío que hicieron el día anterior, aceleran la desconfianza y profundizan la crisis. Solo en mayo el sistema financiero perdió U$S 1.543 millones de depósitos en dólares, y el dólar marginal se disparó por encima de los $ 6. La desconfianza de la gente en el futuro económico es manifiesta. Cuando un operario ve que cuando en la empresa no reponen al personal que se va, cuando ve que le recortan las horas extras, los turnos, etc., entra en pánico y comienza tener temor a perder su trabajo. ¿Qué hace en ese caso? Restringe el consumo y trata de no usar la tarjeta de crédito para comprar en 12 cuotas el televisor porque no sabe si va a poder pagarlo. Encima ve como el billete de 100 pesos ya es cambio chico, porque sirve para comprar muy pocas cosas.
El gran interrogante es: ¿qué hará el gobierno ante el lío económico que tiene por delante? Hasta ahora, cada vez que tuvo un problema económico, redobló la apuesta, confiscando y regulando más la economía. Y eso lo sigue haciendo. El diputado Depetri estaría por presentar un proyecto de ley para pesificar la economía, que es lo mismo que pretender derogar la ley de gravedad por ley. Lo que quiere hacer el diputado kirchnerista es establecer que si Ud. se tira del piso 11 va a flotar. Claro que no va a ser él que se tire primero para demostrar que su ley funciona, en todo caso tirará a la sociedad desde el piso 11 para ver si la gente flota.
Lo del kirchnerismo es permanente relato inventado y puro golpe de efecto. Cristina Fernández cree que la gente va a vender sus dólares para pasarse a pesos porque ella anuncie por cadena que va a pesificar sus ahorros en dólares y colocarse a tasa de interés. Por cierto, sería bueno que, también por cadena, muestre el papelito en el cual concretó la operación de vender sus 3 millones de dólares al tipo de cambio oficial y colocó los pesos a una tasa de, digamos, el 10% anual. Pero volviendo al anuncio, la gente no va a rifar sus ahorros pasándose a pesos para que la inflación se los devore. Cada medida que toman y cada discurso que dan terminan espantando más a la población.
¿Cambiará CFK de política económica? En general, los gobiernos que aplican políticas económicas populistas no suelen cambiar de política económica, lo máximo que puede llegar a hacer es anunciar algunas medidas de austeridad que no sirven para nada porque no constituye un plan económico consistente de largo plazo. Doy dos ejemplos: cuando en el segundo gobierno de Perón se acabaron las reservas del BCRA, tuvo que recurrir al famoso: de casa al trabajo y del trabajo a casa, para no decir que venía el ajuste. Pero no había nada concreto de fondo en su propuesta y, además no era creíble. Otro caso, el de Alfonsín anunciado que se iba a privatizar todo lo que fuera necesario y a bajar el gasto público. El hombre hizo el anuncio pero luego no llegó a nada.
El caso de Cristina Fernández es más complicado porque ella sabe que, en estos 9 años, ella y su marido construyeron su poder político en base a las políticas económicas populistas. Girar 180 grados implicaría perder el poder disciplinador de la billetera. Aunque, en rigor, ese poder lo va a perder porque el Estado nacional no tiene ni para financiar sus propios agujeros fiscales. Si pierde la billetera, como está ocurriendo, no solo perderá el apoyo de los gobernadores e intendentes, que no recibirán un peso a cambio de subordinarse a sus caprichos, sino que, encima, tampoco podrá frenar el descontento social. Porque, para decirlo directamente, acá el ajuste que se viene es de una dureza inusitada por la magnitud de la distorsión de precios relativos y por el disparatado nivel de gasto público que ya es infinanciable.
Pero hagamos un ejercicio de ciencia ficción y supongamos que CFK decide despedir a Moreno y a la legión de incompetentes que la rodea. ¿Quién estaría dispuesto a asumir el cargo sabiendo que ni bien recupere un poco la economía, la presidente puede volver a las andadas? Sería como buscar a un kamikaze que quisiera asumir el rol de otro Celestino Rodrigo que tuvo que destapar la olla que había dejado hirviendo Gelbard con su inflación cero.
Algunos consideran que esto se resuelve con un mínimo de racionalidad. Por supuesto que un mínimo de racionalidad institucional y económica sería mejor que lo que tenemos, pero lamentablemente ya no alcanza. Es tarde. Ahora solo queda ver cómo evoluciona la crisis económica, si el descontento social tiende a desbordarse y cómo reaccionará el gobierno ante este escenario inédito para ellos que es mandonear sin plata.
Es casi matemático. Mientras hay plata y fiesta de consumo la gente mira para otro lado en los temas institucionales, de corrupción y atropellos a los derechos individuales. Cuando no hay plata, desaparecen los distraídos y todos esos temas ya no se toleran. Bien, ahora no hay plata y la fiesta de consumo se acaba.

Estamos en un avión que entró en emergencia y los pilotos tiraron el manual de procedimientos por la ventanilla, porque creen que con discursos en cadena con buena escenografía van a poder aterrizar sin problemas el avión. Veremos si el discurso desde el atril con buena puesta en escena puede reemplazar a las leyes de la economía.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

A CFK la traicionaron sus palabras:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 19/5/12 en: http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3484

La semana pasada, en uno de sus habituales discursos, la presidente Cristina Fernández afirmó: “Esta Argentina es una Argentina y, fundamentalmente, esta Presidenta, también quiero en ese sentido porque soy la que toma las decisiones obviamente, es absolutamente responsable y previsible, absolutamente responsable y previsible”.
Esta afirmación me llamó la atención por dos razones, en primer lugar porque si Argentina fuera tan previsible debería tener, en este momento, un tsunami de inversiones dada la liquidez que hay en el mundo y lo escasos países en los que se puede invertir porque están en recesión. Sin embargo, como comentaba en otra nota, de acuerdo a los datos de CEPAL, en 2011 Argentina solo capturó el 4,7% de la Inversión Extranjera Directa de América Latina, mientras que Brasil se llevó casi el 50% del total de esas inversiones.
Francamente, decir que Argentina es previsible cuando Moreno, sin órdenes escritas, cambia las reglas de juego todos los días, es casi una humorada. Nadie puede afirmar que Argentina es previsible cuando de un día para otro la AFIP, sin explicación previa, cambia los criterios por los cuales la gente puede o no puede comprar dólares. Nadie sabe con qué criterios se mueve la AFIP para autorizar una compra de dólares. Eso no es previsibilidad, es arbitrariedad. Digo, no solo Argentina no es previsible, sino que es arbitraria. Y, como se sabe, las decisiones arbitrarias son la antítesis de la previsibilidad. Para que quede más claro, lo único previsible de la Argentina actual es la imprevisibilidad.
Pero la parte que más me llamó la atención del discurso de Cristina Fernández es cuando afirma: “esta Presidenta, también quiero en ese sentido porque soy la que toma las decisiones obviamente, es absolutamente responsable y previsible, absolutamente responsable y previsible”. En rigor, corrijo mi afirmación cuando digo que me llamó la atención, sino que me confirmó lo que pensaba: Cristina Fernández no cree en las instituciones sino en una especie de gobierno autoritario o dictatorial.
Es que no es la presidente la que tiene que ser previsible en un país que se considere una democracia republicana, sino las reglas de juego que imperan en esa sociedad. Son su normas, códigos, leyes, costumbres y reglas las que regulan las relaciones entre los particulares y no la previsibilidad de una persona lo que le otorgar previsibilidad a un país.
En las sociedades chicas, donde todos se conocen, cada uno sabe quién es el cumplidor, el estafador, el que merece crédito, el que no lo merece, el que cumple su palabra, el que no la cumple. En cambio en una sociedad con millones de personas que realizan contratos entre personas que no se conocen, nadie sabe si la otra parte va a cumplir con lo pactado. Por eso existen las instituciones. Para eso está la justicia, que debe ser independiente. Para hacer cumplir las leyes y los contratos y el Estado tiene el monopolio de la fuerza para que se cumplan los contratos, sino la justicia sería una expresión de deseos.
Y aquí viene otro punto, para que en una sociedad amplia, con millones de personas haciendo contratos, puedan llevarse a cabo los mismos, es decir, haya comercio, inversiones, etc., se necesitan reglas previsibles y eficientes. Por eficientes quiero decir que tienen que atraer al inversor, permitir que la gente desarrolle su espíritu innovador. Y por previsibles quiero decir que esas reglas no cambien todo el tiempo. Por lo tanto, quién tiene que ser previsible no es el presidente de un país, sino sus instituciones, y el presidente se limita a administrar el país bajo esas instituciones que le permiten a la gente trabajar, invertir, desarrollarse, etc.
Cuando Cristina Fernández habla que ella es previsible y responsable y nada raro va a pasar con el dólar o los depósitos, lo que no está diciendo es que ella cree que las instituciones no son relevantes, que lo único relevante son las decisiones que ella tome. En definitiva, la postura de Cristina Fernández es la de un dictador o autócrata que es la contracara de la democracia republicana.
Ella confunde cantidad de votos obtenidos con calidad institucional. Los votos son solo un mecanismo de elección para determinar quién tendrá parte del poder dentro de una república. Las instituciones son las que permiten construir un país, no la previsibilidad o razonabilidad de Cristina Fernández que, dicho sea de paso, es bastante imprevisible en lo que puede hacer o mandarle a hacer a Moreno, y la razonabilidad de muchas de sus medidas es más que discutible.
Se me ocurre que en esa frase quedó en evidencia su convicción de creer más en la persona salvadora de la patria que una democracia republicana. Afirmar que nadie tiene que temer porque ella es previsible y responsable implica decir: no tengan miedo que soy una autócrata buena. Lo que muchos pensamos sobre su idea de gobierno, lo confirmó con esta frase.
La complicada situación económica actual es fruto de ese populismo típico de los gobiernos autocráticos. Hasta ahora el kirchnerismo tuvo mucho viento de cola a favor y una economía con elevada inversión hecha en el pasado que le permitió al gobierno financiar su populismo. Ahora se le presenta un serio problema que difícilmente puedan resolver. Por un lado queda poco margen para seguir financiando populismo y, por otro lado, el mundo ya no juega a favor, sino que juega en contra. Brasil devalúa el real, la economía mundial anda a los tumbos y, para colmo, la cosecha de soja no será tan buena. Así como el inicial margen interno para financiar populismo y el viento de cola llevó al kirchnerismo a sus años de mayor poder político, este nuevo escenario de falta de recursos para más populismo y el mundo con viento de frente pueden llegar a mostrar que el kirchnerismo no fue otra cosa que un gigante con pies de barro.
En definitiva, CFK se comporta como si los votos otorgaran impunidad para llevarse por delante las instituciones. Lo que no tiene en cuenta es que el mercado no otorga impunidad y ahí la gente vota todos los días. Por la suba del dólar blue, pareciera que, por ahora, el voto es no positivo.
 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

¿En qué se parecen Obama y Evita?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado en http://www.panamaamerica.com.pa/periodico/edicion-actual/opinion-interna.php?story_id=1189106

“Voy a proponer… la necesaria reducción del déficit con el indispensable estímulo de la economía”, ha dicho Hollande, que exigirá a Merkel el final del “duopolio francoalemán”, cuando asumía con sobriedad republicana como el séptimo presidente de la V República Francesa y el segundo socialista desde la posguerra.

 El PIB de la eurozona evitó la recesión, en el p rimer trimestre de 2012, gracias a que Alemania (que concentra el 27% del PIB euro) supuestamente creció 0.5%, según Eurostat, que asegura que Francia está estancada mientras caen Italia (0.8%), España (0.3%), Holanda (0.2%) y Grecia (6.2%) que ya ha perdido más del 20% en cuatro años. Entre tanto, el PIB de EE.UU. crece 0.5%. En los mercados ya se habla del corralito (gran invento argentino) en España, pero “se quedan tranquilos” cuando el mismo Gobierno que dice ser pro mercado y estatiza Bankia descarta esa hipótesis como “un salto al vacío irracional”.

 Durante un acto en apoyo a su reelección, en Nueva York, convocado por la organización Futuro Fund y la comunidad gay norteamericana, Obama recomendó: “Aquellos que no hayan visto Evita aún, deberían hacerlo”, frente a Ricky Martin que trabaja en el musical sobre la icónica figura argentina en Broadway.

 En fin, al mejor estilo estatista, de derechas e izquierdas, la vieja y trillada propuesta de Hollande de bajar el déficit sin detener “el estímulo” (el gasto) implica aumentar la presión tributaria. Así le va a Europa, es que sucede que, más impuestos, implican menos recursos en el sector privado, que es el que produce. Así, mientras que nadie rehúye pagar por un recurso que le sirve para ganar aún más dinero (para producir), en 2011, mil 780 estadounidenses renunciaron a la nacionalidad para evitar tener que presentar información al Servicio Interno de Impuestos (IRS, en inglés), mientras que en 2010 fueron 485 mil  personas, duplicando la cifra del año previo.

 Cuenta Daniel J. Mitchell, en The Wall Street Journal, que en 2001 en Suiza, el 85% votó a favor de una ley “freno a la deuda”, que exige que el gasto del Estado central no crezca más rápido que los ingresos. Antes de que entrara en vigor, el gasto público se expandía un 4.3% anual y ahora 2.6% anual.

 Aunque el sistema no es lo ideal, lo cierto es que el gasto anual del Estado central hoy no llega al 20% del PIB, y el gasto total en todos los niveles del Estado es del 34% del PIB, 36% menos que antes del “freno a la deuda”.

 Obviamente, los políticos no quieren restricciones a su capacidad de comprar votos con el dinero ajeno, pero las personas están comenzando a tener consciencia de que este negocio “como costumbre” ya no es aceptable, salvo en países políticamente subdesarrollados, discípulos de Evita, como en Argentina y Venezuela, a la que Obama mira con tanta admiración.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.