Dame dólares, te doy tasa:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 7/2/14 en: http://www.lanacion.com.ar/1661881-dame-dolares-te-doy-tasa

 

Al ver la estrategia del BCRA de limitar la tenencia de divisas en los bancos, obligándolos a vender parte de sus activos en moneda extranjera (dólares, bonos en moneda extranjera, futuros, etcétera) y viendo que sube la tasa de interés, inmediatamente me vino a la mente el Plan Primavera.

Para los más jóvenes, en 1988 Raúl Alfonsín había decidido adelantar las elecciones al mes de mayo. Luego del fracaso del plan austral (1985) y sus diferentes versiones, la inflación volaba y el tipo de cambio volaba más rápido. Para tratar de llegar lo más calmo posible a las elecciones, e intentando ganar tiempo, en septiembre de 1988 se lanzó lo que se conoció como el Plan Primavera. Ese plan, entre otras cosas, buscaba darle certeza al mercado que el tipo de cambio se iba a mantener estable, al tiempo que subían la tasa de interés. Lo que se armó, en definitiva, fue una timba financiera por la cual se le ponía a la gente la zanahoria de una tasa de interés que podía ser negativa contra la inflación pero era altamente positiva si el tipo de cambio se mantenía estable. Puesto en otras palabras, se ofrecía una gigantesca tasa de interés medida en dólares.

Ese plan duró solo 5 meses porque el famoso 6 de febrero de 1989 el BCRA dejó de vender dólares para mantenerlo calmo. Ese 6 de febrero de 1989 el BCRA dijo me rindo y al dejar de venderle dólares al mercado, el tipo de cambio se disparó, hubo corrida financiera y todo terminó en la hiperinflación.

¿Por qué el Plan Primavera estaba destinado a tener un final de estallido? Porque no existe en el mercado el inversor que devengue indefinidamente una ganancia. En algún momento la realiza.

Para ser más claro voy a dar un ejemplo. Supongamos que el tipo de cambio es $ 10 por dólar y que la tasa de interés es del 5% mensual. La idea es que el tipo de cambio se va a mantener estable en $ 10 y, por lo tanto, yo apuesto a vender mis dólares por pesos, y los pesos los coloco al 5% mensual especulando con que el dólar se va a mantener quieto, sin importarme que la tasa de inflación sea del 15% mensual. Mi apuesta es que la tasa de interés que me paguen le gane a la suba del tipo de cambio.

Supongamos, entonces, que alguien vende U$S 1.000.000, recibe $ 10.000.000 millones y los coloca a tasa de interés. El primer mes gana el 5% ($ 500.000). Al mes siguiente renueva la apuesta y coloca los $ 10.500.000 al 5%. A fin de mes ganó $ 525.000 más. Supongamos que al final del período el inversor decide realizar la ganancia. Va al banco y pide el capital más los intereses ganados, es decir, se lleva $ 11.025.000 y sale a demandar al mercado divisas no por los originales U$S 1.000.000 sino por U$S 1.102.500. La demanda de dólares, cuando el inversor realiza la ganancia, aumentó en este ejemplo el 10,25%. Si muchos hacen este juego financiero por un tiempo, cuando quieren realizar la ganancia, el sistema es explosivo sobre el mercado de cambios.

Lo que estamos viendo actualmente es parecido. Obligan a los bancos a vender su posición en dólares y ponen la zanahoria de la tasa de interés para que los productores que tienen soja no especulen con que va a subir el tipo de cambio de los $ 8, no retrasen la venta de granos y apuesten a la tasa de interés. El punto es que hoy la tasa de interés para inversiones grandes está en el 25%. Contra la tasa de inflación es negativa, pero contra un tipo de cambio quieto durante un tiempo es fenomenalmente positiva. Esto quiere decir que, suponiendo que el tipo de cambio se mantiene clavado en $ 8 y la tasa en el 25% anual, el rendimiento en dólares es del 25% anual, lo cual hace que esa tasa de interés sea absolutamente inconsistente con cualquier proyecto de inversión, salvo el narcotráfico, el tráfico de armas o alguna otra actividad ilícita. Por definición la jugada es inconsistente, aunque en el corto plazo logre calmar el mercado de cambios. El Plan Primavera también logró calmar el mercado de cambios por unos meses y luego terminó en el famoso 6 de febrero de 1989.

Ahora bien, si a esto le agregamos que el Central sigue emitiendo para financiar al Tesoro y paga una tasa de interés del 30% por los bonos que coloca en el corto plazo, se acumulan dos déficits: a) el déficit fiscal y b) el déficit cuasifiscal del BCRA. Una combinación explosiva hacia el futuro.

No nos engañemos, los problemas estructurales de alta presión impositiva, gasto público infinanciable, déficit fiscal y falta de previsibilidad en las reglas de juego no se solucionan con artilugios monetarios, financieros y cambiarios. Esta historia ya la conocemos y sabemos que es solo para ganar tiempo y que termina muy mal.

La pregunta es: ¿Ganar tiempo para qué, si no están dispuestos a corregir los problemas estructurales?

En síntesis, se ha armado una timba financiera que todos conocemos cómo se desarrolla y cómo termina. Han pasado 25 años desde aquel famoso 6 de febrero de 1989 y parece que no aprendimos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Cepo: cantan falta envido con 4

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 26/1/14 en:

 

Los kirchneristas apelan a las teorías conspirativas cuando en realidad vienen de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más

Con cara desencajada, Kicillof tomó el micrófono el viernes pasado por la mañana y dijo, casi con furia: “los mismos que nos dijeron durante diez años que un dólar valía un peso, son los que ahora nos quieren convencer que ahora vale trece”. Una vez más los kirchneristas apelando a las teorías conspirativas cuando en realidad venían de una seguidilla de bloopers que convencen a cualquiera que el dólar puede valer $ 13 o más.

En pocos días se fueron y vinieron con el tema de si se prorrogaba el blanqueo. Después, se produjo la gran interna del gabinete para ver si se importaban tomates o no se importaban. Antes se desautorizaron entre ellos por el impuesto a los bienes personales. Y como frutilla del postre, solo unos días antes de anunciar que se iba a permitir a la gente comprar dólares para ahorrar o atesorar habían establecido un máximo de U$S 25 por año para las compras por internet. Aunque a Kicillof no le guste, la realidad es que el precio del dólar no depende únicamente de las variables económicas. La credibilidad que tenga un gobierno, la confianza que genere, también influyen en la cotización de la divisa. Si un gobierno prohíbe comprar más de U$S 25 por año por internet, el mensaje que está mandando es que le queda muy poca pólvora en la santabárbara para aguantar una corrida contra el peso.

Medida tras medida el mismo gobierno fue generando desconfianza en la gente sobre la marcha de la economía y, sobre todo, en el peso. La gente advierte como se derriten los pesos y los inventos del INDEC sobre el IPC ya ni son considerados por la gente, salvo para hacer chistes al respecto.

Desde el primer día de gestión de Néstor Kirchner, se advirtió que esto terminaba mal. Duró mucho porque tuvieron la suerte de la soja y, además, se consumieron todo el stock de capital acumulado (rutas, sistema energético, stock ganadero, etc.) y terminaron de destrozar el patrimonio del BCRA.

¿Por qué se advertía que terminaba mal? Porque además de desatar venganzas y persecuciones, era claro que subordinaban toda la política económica en la búsqueda de poder hegemónico. Crear una borrachera de consumo para, mientras tanto, avasallar todas las instituciones funcionó. Emborracharon a la gente con el consumo de celulares, televisores, electrodomésticos, etc. y mientras tanto nos robaban la república, lo cual implica quedarse sin estado de derecho. Todos sometidos al capricho del mandamás de turno, el sistema ideal para que huyan los capitales.

El problema se presenta ahora que ya no tienen cómo seguir pagando emborrachando a la gente con más consumo. Ahora viene el dólar de cabeza después de la fiesta de la noche anterior.

La estampida del dólar no es otra cosa que la fiebre que refleja la infección. ¿Cuál es la infección? Un gasto público disparado al infinito que hay que financiarlo con emisión monetaria porque ni la salvaje presión tributaria alcanza para cubrir los gastos.

Esa emisión monetaria es la que genera la inflación y hace que la gente huya del peso buscando refugio, entre otras cosas, en el dólar.

Ahora bien, a pesar que CFK negó infinidad de veces que hubiese un cepo, el Jefe de Gabinete y el ministro de Economía anunciaron, a las apuradas y sin muchas precisiones, que la gente podrá volver a comprar dólares para ahorrar o atesorar.

Si uno sigue la evolución de los acontecimientos, puede ver que, casi sorpresivamente Kicillof viajó a París. Volvió con las manos vacías el martes 21 y el miércoles 22 se desataron los demonios en el mercado de cambios. Casi recordando el famoso 6 de febrero de 1989, cuando el BCRA dejó de vender dólares y luego vino la hiperinflación, el miércoles 22 el Central se rindió y dejó subir el dólar oficial, lo cual continuó el jueves y el viernes se frenó por el anuncio mencionado.

Sobre lo que anunciaron caben algunas posibilidades: a) que el gobierno, perdido por perdido, esté cantando falta envido con 4. Con esto quiero decir que quieren ver si el mercado arruga, piensa que el Central tiene una tonelada de dólares para vender y baja el precio. Si a jugada la sale mal se abren dos posibilidades más, b) la AFIP no autoriza ninguna compra de dólares o compras mínimas o c) las autoriza y la gente le vacía las reservas que tiene el Central a precio de liquidación.

En el medio pueden intentar armar una bicicleta financiera. Esto es, subir la tasa de interés lo suficiente como para tentar a la gente a vender sus dólares y colocarse a tasa en pesos, con la expectativa que la tasa de interés le ganará al dólar. Así la gente devengaría una ganancia en dólares importante y el tipo de cambio se mantendría tranquilo durante un tiempo. Esto ya se hizo en varias oportunidades, particularmente con el plan primavera en 1988 y terminó muy mal. ¿Por qué?

Porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una ganancia, sobre todo en el mercado financiero. Llegado un momento, el inversor se retira del juego, busca sus pesos y compra dólares nuevamente. Lo que se llama realizar la ganancia. El problema es que cuando el inversor retira los pesos del banco, lo hace por el capital invertido más los intereses ganados, lo cual genera una fenomenal presión sobre el mercado de cambios. Por ejemplo, supongamos que alguien vende sus dólares y deposita $ 100.000 a una tasa de interés anual del 30%. Si al año decide realizar su ganancia no compra dólares solo por el equivalente a $ 100.000, sino que compra por $ 100.000 más los intereses devengados, en este ejemplo, por $ 30.000. La demanda de dólares ahora no será por $ 100.000 sino que será por $ 130.000. Ahí estalla el mercado.

Por ahora, lejos de anunciar que elimina el cepo, lo que anunció el gobierno es que lo flexibiliza. Habrá que ver cuánto lo flexibiliza en la práctica y cómo le va. Mi impresión es que a $ 8 le compran todo.

Si el gobierno canta falta envido con 4 y luego se va al mazo, entonces el blue podemos ir a buscarlo a júpiter.

Es más, mientras no pongan orden fiscal, la infección que es la que genera la fiebre inflacionaria y la corrida contra el dólar no se va a curar. Así que esto tiene muchas facetas para ver qué hacen.

Última pregunta. ¿Con $ 8 por dólar lograron un tipo de cambio de equilibrio que les permita flexibilizar el cepo, como dijo Capitanich? En mi opinión, con el lío que tienen en los precios relativos y el desborde fiscal lejos están de haber alcanzado el nivel de convergencia, como lo denominó Capitanich y mucho más lejos cuando se a un “equipo” económico que lo único que sabe hacer es goles en contra.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.