Cómo encontrarse a uno mismo en el Museo del Prado (y, además, verlo todo)

Por Delfina Helguera. Publicado el 30/4/19 en: https://www.clarin.com/cultura/encontrarse-mismo-museo-prado-ademas-verlo_0_-47or0r2-.html

 

Apurados -no se sabe cuándo habrá otra oportunidad- los argentinos queremos llevarnos tanta maravilla en cada visita. La recorrida de una experta.

Cada vez me parezco más a esos personajes del mundo del arte a los que miraba con recelo a mis veinte años. Adopté sus mismas costumbres sin darme cuenta, adoro ir al Museo del Prado ni bien toco un pie en Madrid; antes de enterarme de las novedades voy en busca de mis viejos amigos y conocidos. Y prefiero hacerlo sola, ir a mis anchas deambulando por las salas, escrutando paredes y sorteando turistas.

Desde afuera. Ell Museo del Prado, este martes, día en el que recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades/ EFE

Desde afuera. Ell Museo del Prado, este martes, día en el que recibió el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades

El Prado es una de las mejores pinacotecas de Occidente pero tiene la particularidad de no haber sido pensada como tal, fue la colección de la Corona española durante siglos, fiel testigo de los tiempos que vivieron: coronaciones, batallas, retratos, paisajes, costumbres, santos, grandes artistas encargados de reflejar el poderío de un imperio, algunas obras que reflejan los gustos de alguna figura noble en particular. Todo eso convive con el mundo globalizado del siglo XXI, con los millones de turistas que pasan a la velocidad de un tour que promete brindar en una hora todos los secretos de las obras más célebres de todos los tiempos.

Delfina Helguera, curadora. Dirige el Museo de Arte Español Enrique Larreta, en Buenos Aires.

Delfina Helguera, curadora. Dirige el Museo de Arte Español Enrique Larreta, en Buenos Aires.

Antes, hace años, iba en busca de la Anunciación, de Fra Angélico, que convivía con Andrea Mantegna y toda una serie de obras del Renacimiento. Luego iba a ver, por supuesto, a Las Meninas de Velázquez y terminaba con El jardín de las Delicias, del Bosco. Me tomaba un respiro y avanzaba hacia Goya, me imagino que intentaba que toda esa genialidad se me impregnara y poder llevarla en mi retina por mucho tiempo. Porque eso pasa cuando vivís en la Argentina, nunca sabés cuando vas a volver. Hace unas semanas en Madrid un amigo madrileño me dijo algo parecido, ¿ustedes los argentinos tienen que verlo todo cuando están acá?  Y, si.

Ahora, hace unos años con la ampliación que hizo Rafael Moneo, cambiaron la disposición de algunas obras e incorporaron obras donadas. Hay un sector de obras medievales deliciosas que, además, tiene poco público (otra costumbre adoptada, ir a las salas raras) o no atrae multitudes como Velázquez. Son obras que estuvieron en capillas o conventos que transmiten una idea de mundo tan distinta y distante que hace falta detenerse, cambiar el paso y tomar aliento. Y ahora también busco a mi obra preferida en El PradoEl descendimiento de la cruz de Rogier van der Weyden, a la que han cambiado de lugar nuevamente.

La obra favorita de Helguera. "El descendimiento de la cruz", de Rogier van der Weyden, en el Museo del Prado.

La obra favorita de Helguera. “El descendimiento de la cruz”, de Rogier van der Weyden, en el Museo del Prado.

Pasa un tour, una clase de colegio, hasta que logro estar a solas. Esto es justamente lo que un museo hace, darnos la posibilidad de un encuentro cercano, la experiencia del arte que aunque pasen miles de años, sigue siendo la misma.

 

Delfina Helguera: Es Licenciada en Letras (UBA). Ha sido co-representante de Sotheby’s filial Argentina. Socia fundadora de la Asociación Amigos de Malba. Dirige Lavinia Subastas de Arte. Es profesora de Curaduría I y de Mercado de Arte y es Directora del Departamento de Arte y Diseño en el Instituto Universitario ESEADE. Síguela en @DelfinaHelguera