Las ideas económicas de Belgrano

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 16/6/2020 en: https://www.lanacion.com.ar/politica/las-ideas-economicas-belgrano-nid2380884

 

Manuel Belgrano, de cuya muerte se cumplirán 200 años el próximo sábado, cuenta en su autobiografía que luego de terminado sus estudios en el Colegio de San Carlos, su padre lo envió a estudiar la carrera de leyes en Salamanca, luego en Madrid y finalmente se graduó en la Universidad de Valladolid. Confiesa que no se dedicó a profundizar los estudios de la legislación sino preferentemente de la economía. «Como en época de 1789 me hallaba en España y la revolución en Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad», consigna.

Es pertinente en este contexto subrayar que la Declaración de los Derechos del Hombre en sus dos primeros artículos enfatizaba la importancia de la igualdad de derechos ante la ley y la inviolabilidad de la propiedad privada, todo ello antes de la contrarrevolución de los jacobinos que dieron por tierra con los propósitos iniciales.

En 1794 Belgrano fue designado Secretario del Consulado de Comercio en Buenos Aires desde donde inspiró la creación del Telégrafo Mercantil y abogó por el librecambio a través de reiterados informes pero en permanente conflicto con los vocales de la entidad que eran comerciantes con intereses monopólicos en Cádiz. Duró en el cargo hasta poco antes de la Revolución de 1810, luego de la cual fundó el Correo de Comercio al efecto de difundir las mismas ideas de apertura comercial y colaboró en la destitución del Virrey, a quien sustituyó como vocal de la Primera Junta y posteriormente influyó en el Congreso de Tucumán donde patrocinó, sin éxito, el establecimiento de una monarquía constitucional.

Su desempeño militar y la inauguración del símbolo patrio estuvieron subordinados a sus ideales liberales a veces lamentablemente opacados por visiones que desconocen sus preocupaciones principales inspiradas por autores como Jovellanos, Quesnay, Dupont de Nemours y Adam Smith como él mismo destaca.

En vista de lo que viene ocurriendo en nuestro país a pesar de los repetidos fracasos estrepitosos en el control de precios por los aparatos estatales, es de interés leer lo escrito por Belgrano en la materia. En un artículo de su autoría publicado bajo el título de «Economía política» -que reproduce Luis Roque Gondra en Ideas económicas de Belgrano – escribe que «dejemos de cuentos, no hay fiel ejecutor ni tasa mejor que la concurrencia; esta es la que nivela y arregla los precios entre el comprador y el vendedor, ninguna cosa tiene un valor real, ni efectivo en si misma, solo tiene el que nosotros le queramos dar, y este se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella, a los medios de satisfacer esta inclinación, a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia; con lo que no hay otro camino que seguir para asegurar al público en el buen surtimiento de los frutos del consumo que dejar a la libertad y a la concurrencia que tasen y nivelen los precios por si mismas.»

Por otra parte, a raíz de los mal llamados proteccionismos que en verdad desprotegen a la población del país receptor en alianza con empresarios prebendarios que sacan partida de bienes de menor calidad y precio mayor, es también provechoso repasar otra de las presentaciones de Belgrano donde subraya la trascendencia de abrir los puertos de par en par al comercio, esta vez una Memoria que leyó ante los miembros del Consulado y reproducidas en la recopilación de sus múltiples trabajos en Escritos económicos donde insiste «que se de entera libertad al comercio pues la policía del comercio interior y exterior más segura, exacta y provechosa para la nación consiste en la plena libertad de la concurrencia.»

Es bueno tomar nota de los consejos de Belgrano y no empecinarse en consideraciones patrioteras.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Belgrano, más allá de la bandera

Por Alejandro O. Gomez. Publicado el 19/6/2014 en: http://www.infobae.com/2014/06/19/1574363-belgrano-mas-alla-la-bandera

Para la gran mayoría de los argentinos, Manuel Belgrano es conocido por haber sido el creador de la bandera nacional y por su desempeño, tanto político como militar, en las guerras de la Independencia entre 1810 y 1820.

Menos conocida es su actuación en los años previos a la Revolución de Mayo. 

Sobre todo la etapa en la que se desempeñó como secretario del Consulado de Buenos Aires, durante el Virreinato del Río de la Plata. Hacia 1785, un grupo de comerciantes de Buenos Aires se constituyó en junta para solicitar a las autoridades reales la creación de un Consulado, para que la solución de sus problemas fuera decidida por jueces locales, de la misma forma en que se hacía en Lima y México. Nueve años después, la solicitud fue aprobada, y en 1794 el Rey creó por Real Cédula el Consulado de Buenos Aires. Además de ejercer funciones de tribunal judicial en asuntos comerciales, el Consulado tenía otros objetivos de vital importancia para el progreso de la región, como ser: procurar «por todos los medios posibles el adelantamiento de la agricultura, la mejora en el cultivo y beneficios de los frutos, la introducción de las máquinas y herramientas más ventajosas, la facilidad en la circulación interior y, en suma, cuanto parezca conducente al mayor aumento y extensión de todos los ramos de cultivo y tráfico.» En esta tarea tuvo un rol destacado su Secretario, Manuel Belgrano, quien fue el difusor de las nuevas ideas económicas en boga hacia fines del S .XVIII. En 1793, el joven Belgrano se recibió de Abogado en la Universidad de Salamanca, pero según los relatos de sus memorias, no será en el ámbito académico donde adquirirá sus mayores conocimientos, sino en el trato diario con pensadores y hombres de letras que conocía en tertulias y reuniones sociales en las que se discutían los acontecimientos que conmovían a Europa y al Norte de América por aquellos tiempos, como ser la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos. Esto lo llevó a inclinarse por el estudio de la Economía Política, leyendo a autores como Quesnay, Adam Smith y Campomanes, entre otros. Claro está que sus ideas renovadoras chocaron con la incomprensión e intereses mezquinos de los burócratas rioplatenses de la época. Todas las innovaciones que promovió desde su puesto de Secretario del Consulado atentaban contra la seguridad y privilegios de una clase acomodada que sólo pretendía obtener rentas económicas sin hacer ningún tipo de esfuerzo ni aporte para el progreso de la región. De todos modos, Belgrano, que por aquel entonces promediaba los veinte años, no se tentó ante la posibilidad de obtener cuantiosos beneficios económicos desde la comodidad de su cargo burocrático, sino que prefirió utilizar la función pública para «fomentar la agricultura, animar la industria [y] proteger el comercio de un país agricultor». Su pensamiento estará guiado por las ideas de los fisiócratas (fisis=naturaleza; cracia=gobierno), para quienes la agricultura era la base de la riqueza de un país. Para Belgrano, «la agricultura es el verdadero destino del hombre»; según su visión, el cultivo de la tierra era sinónimo de progreso y civilización. Obviamente, esta concepción se oponía a la tradición mercantilista con la que España encaró el proceso de conquista económica de América.

NO SE TENTÓ ANTE LA POSIBILIDAD DE OBTENER CUANTIOSOS BENEFICIOS ECONÓMICOS DESDE LA COMODIDAD DE SU CARGO

Belgrano concentró sus esfuerzos en promover la educación y la agricultura. Gracias a su capacidad analítica pudo ver los obstáculos a los que se enfrentaba la sociedad colonial. Por una parte, señaló a la falta de educación como un factor determinante del atraso. Una sociedad que pretendiera salir de la indigencia y la desidia debía promover la educación en todos los niveles y hacerla asequible a todos los sectores sociales. La educación significaba, según su concepción, eficiencia, creatividad, desarrollo del potencial humano y libertad. El otro factor determinante del atraso, era la ausencia de una sociedad agrícola. La agricultura era sinónimo de civilización, apego a la tierra, trabajo metódico, derechos de propiedad y progreso económico. Berlgrano pensaba que la falta de conocimientos y de incentivos a la agricultura habían hecho de la región del Plata una zona despoblada, sin hábitos de trabajo y sin perspectivas de desarrollo más allá del intercambio generado por el puerto de Buenos Aires por el cual salía la plata de Potosí y los cueros del ganado salvaje; y en el que ingresaban las manufacturas españolas.

UNA SOCIEDAD QUE PRETENDIERA SALIR DE LA INDIGENCIA Y LA DESIDIA DEBÍA PROMOVER LA EDUCACIÓN EN TODOS LOS NIVELES

Desde el Consulado propuso la creación de escuelas de primeras letras en todos los pueblos y ciudades del Virreinato, con el objetivo de desterrar el analfabetismo y la ociosidad de la niñez, además de inculcar el hábito de la agricultura en la población joven. La educación, así, era el motor del desarrollo de otras áreas de la economía, como ser el comercio y la náutica; por ello también impulsó la creación de una Escuela de Comercio «dividida en tres ciclos: el primero, con nociones de contabilidad, reglas de cambio, correspondencia comercial, etcétera; el segundo, para enseñar la legislación sobre comercio, navegación y seguros; y el tercero con, cursos de geografía económica y de economía política». La Escuela de Náutica, por su parte, apuntaba al desarrollo de la navegación como medio de transporte esencial para el comercio, el conocimiento de las cartas náuticas y las características de la navegación de los ríos de la región. Otra iniciativa impulsada desde el Consulado fue la creación de una Sociedad Patriótica, Literaria y Económica del Río de la Plata, con el objeto de impulsar las artes, las ciencias, la literatura, la industria, el comercio y la agricultura. El propio Belgrano se encargó de redactar los estatutos, pero nunca se llegó a reunir una cantidad suficiente de adherentes y el proyecto fracasó. Como se dijo, la educación y la agricultura fueron los pilares de la acción de Belgrano en el Consulado, pero ello no implica que haya descuidado o no haya impulsado otras actividades, como las curtiembres, la inmigración, el desarrollo de caminos y medios de comunicación con el interior, mejoras para el puerto de Buenos Aires y navegación de los ríos interiores, la creación de sociedades económicas, el establecimiento y difusión de periódicos, y un mejor accionar de la justicia comercial. A lo largo de estas líneas he tratado de reflejar muy sintéticamente la actividad menos conocida del creador de la bandera nacional. Durante poco más de diez años, desde su puesto de Secretario del Consulado impulsó una serie de medidas tendientes a fomentar el progreso social y económico de los habitantes del Virreinato. Lamentablemente, no encontró eco favorable para sus iniciativas en aquellos años en los que el imperio español languidecía. Luego vendría la hora de la emancipación y Belgrano se destacaría también como funcionario del gobierno patrio, a veces desempañando tareas para las que no se había preparado, como la de ser militar. Pero siempre con un claro sentido del deber público y del rol que le tocaba jugar en ese momento. Por eso considero importante que podamos rescatar los valores de hombres como Manuel Belgrano, quien asumió la función pública con el objetivo de servir a la comunidad desde el lugar que le correspondiera. Vista desde esta perspectiva, su figura cobra mayor relevancia, ya quecuando le tocó salir detrás del escritorio y brindar sus servicios a la Patria desde el campo de batalla, lo hizo con igual entrega y sacrificio , aun cuando la milicia no fuera su especialidad. Sería un pecado de ignorancia conocer a este hombre sólo por su iniciativa de enarbolar la que sería la bandera nacional.

CUANDO LE TOCÓ DEJAR EL ESCRITORIO Y BRINDAR SUS SERVICIOS A LA PATRIA DESDE EL CAMPO DE BATALLA, LO HIZO CON IGUAL ENTREGA Y SACRIFICIO

Este Belgrano «desconocido» tenía una visión muy clara de cuáles eran los problemas a resolver para salir del atraso, algo que en el presente quizás no lo esté tanto. En lo que sí podemos establecer una analogía es la reflexión que él mismo hizo en sus Memorias: «…desde 1794 hasta julio de 1806 pasé mi tiempo en igual destino [Buenos Aires], haciendo esfuerzos importantes por el bien público; [encontrándome] con individuos que componían este cuerpo [el Consulado], para quienes no había más razón, ni más justicia, ni más utilidad, ni más necesidad que su interés mercantil; cualquier cosa que chocare con él, encontraba un veto, sin que hubiese recurso para atajarlo»

Su legado fue fundamental, muchos de sus proyectos se pusieron en práctica en la época de laorganización nacional. Su figura fue mucho más allá de la bandera. Su ejemplo debería ser rescatado por las generaciones presentes. Nunca buscó sacar provecho de la función pública para mejorar su situación personal, es más, en muchas ocasiones necesitó pedir dinero a sus amigos para poder comer. «La casa que se mandó hacer en la Ciudadela [en Tucumán, cuando comandaba el Ejército del Norte], tenía techo de paja y por todo mobiliario dos bancos de madera, una mesa ordinaria y un catre de campaña con un colchón raquítico y siempre doblado. Se hallaba siempre en la mayor escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos pesos para comer. Lo he visto con las botas remendadas…» (según un relato de la época).[1]

«LO HE VISTO CON LAS BOTAS REMENDADAS…»

Nuestro país necesita más gente como él, no sólo por su capacidad de análisis, sino por su entrega cívica y por su ética del trabajo. Siempre propuso mejorar las condiciones de sus coetáneos, perono por medio de la dádiva que humilla y somete, sino por medio de la difusión de la educación y la cultura del trabajo.

[1] Gálvez, Lucía. «Historias de amor de la historia argentina» pág. 111

Alejandro O. Gomez se graduó de Profesor de Historia en la Universidad de Belgrano, en el Programa de Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Master of Arts in Latin American Studies por la University of Chicago y Doctor en Historia por la Universidad Torcuato Di Tella. Es profesor de Historia Económica en la Universidad del CEMA