“La lluvia de inversiones es difícil que llegue a un a país con la inflación, deuda y déficit que tenemos”

Por Adrián Ravier.  Publicado el 30/4/18 en: http://www.fmlibertad975.com.ar/index.php/entrevistas/item/88-ravier-la-lluvia-de-inversiones-es-dificil-que-llegue-a-un-a-pais-con-el-deficit-que-tenemos

 

Adrián Ravier: "La lluvia de inversiones es difícil que llegue a un a país con la inflación, deuda y déficit que tenemos"

Adrián Ravier, el reconocido economista y profesor de la UNLPam, sostuvo en Radio Libertad 97.5 MHz que “la Argentina puede ganar esta batalla contra el dólar, en el sentido de evitar que el dólar suba, pero lo esta logrando con tasas de interes del 40% y más, lo que me genera dudas a futuro, que va a pasar mañana”.

ALGUNAS FRASES DE ADRIÁN RAVIER EN RADIO LIBERTAD

“En la medida que el Gobierno financie estos desequilibrios fiscales con deuda, es una aspiradora que se lleva el ahorro hacia el déficit fiscal y lo quita de los empresarios que necesitan esos ahorros para invertirlos en proyectos de inversión, que generen empleos y que hagan que la economia funcione”
“Hay pocas reservas para la cantidad de pesos que tenemos”
“La lluvia de inversiones de la que Macri ha hablado, es difícil que llegue a un a país con los niveles de inflación que tenemos, con los niveles de deuda, con los niveles de déficit, con muchas variables que estan mostrando una economía en problemas”
“Este Gobierno esta intentando equilibrar las cuentas públicas via mejoras en la recaudación”
“En Argentina tenemos una mentalidad bastante populista y anti capitalista”

Acuerdo FMI

“Recurrir al fondo (FMI) es lamentable, porque genera exigencias y siempre resultan promesas incumplidas”
Confianza
“El cambio en el equipo económico esta latente y mas cuando las cosas no salen com,o se pretenden”
“Creo que Melconian es la alternativa para ocupar el Ministerio de Economía”
“Hay que ver como lo lee la sociedad, hasta ahora Macri brindó un fuerte respaldo a su equipo”

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

La función social de la riqueza

Por Adrián Ravier: Publicado el 12/4/16 en: https://www.cronista.com/columnistas/La-funcion-social-de-la-riqueza-20170411-0069.html

 

En esta nota quiero ofrecer un elogio de la riqueza, o más bien de los empresarios que supieron generarla, distinguiéndolos -por supuesto- de aquellos que se la ganaron de forma indebida, sea a través del robo o a través de privilegios de esa histórica sociedad Estado-Empresario, que siempre se construye a expensas del consumidor. Me refiero concretamente a la riqueza generada por aquellos emprendedores que nos hacen la vida más fácil, arriesgando capital, y apoyados sobre su creatividad, innovación y buen servicio al consumidor, que los elige diariamente comprando sus productos.

Y quiero elogiarlos, destacando la función social de la riqueza que supieron construir, criticando a quienes creen que estaríamos mejor si ese capital fuera socializado entre aquellos que lo necesitan. Podemos recordar al efecto el libro de Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad, quien señaló en su subtítulo que “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: Quitemos este capital a aquellos a quienes les sobra y repartámoslo entre aquellos a quienes les falta.

Thomas PIketty, autor de El capital en el Siglo XXI lo dice con mayor claridad: Repensemos los límites del mercado y del capitalismo y reformemos sus instituciones. Abandonemos la austeridad fiscal y gravemos más la herencia y la riqueza, concretamente con una tasa (confiscatoria e inconstitucional) del 80% para rentas que superen el millón de euros.

Este tipo de planteos son peligrosos porque pierden de vista la “función social” que cumple la riqueza que hoy está en poder del 1% más rico. Y es que muchos al pensar en los ricos tienen la imagen del egoísta Tío Rico Mac Pato, en su propia bodega, sentado sobre una gran montaña de oro, contando cada una de sus monedas. La riqueza de estos emprendedores, sin embargo, no está en ninguna bodega. Esa riqueza se encuentra siempre en acciones de muchas empresas, que a su vez convierten ese capital en factores de producción, en forma de grandes edificios, depósitos, campos, máquinas, medios de transporte y comunicación que se utilizan en la producción en masa de aquellas cosas que luego el consumidor demanda. Tomar las recomendaciones de Stiglitz o Piketty y expropiar esta riqueza de las manos de ese 1 % más rico, sería el fin de innumerables proyectos de inversión que hoy sostienen la producción, pero que además generan millones de puestos de trabajo. Es cierto, asignar ese dinero a manos de los más necesitados, les ayudará a sortear un mejor presente, pero simultáneamente se perderán millones de puestos de trabajo que generarán nuevos necesitados.

El análisis económico nos muestra que en efecto, en el corto plazo, re-dirigir esos recursos tendrá como consecuencia un mayor consumo presente, pero instantáneamente colapsará la inversión, y al tiempo se expandirá la escasez de los bienes de consumo más básicos, lo que elevará sus precios, y con ello la pobreza y la indigencia. En el corto plazo, habrá cierto alivio, pero en el largo plazo, una vez redistribuido y consumido ese capital, habremos duplicado el número de necesitados.

Claro que los marxistas se frotan las manos ante este tipo de medidas, porque harían colapsar al capitalismo y la economía de mercado, y con ello sobrevendrá el socialismo. Pero entonces lo único que se podrá repartir es la miseria, y la calidad de vida que conocemos en el siglo XXI habrá desaparecido, hasta que decidamos reconstruirla.

No ignoro que este sistema capitalista no es perfecto y que mucha gente sufre importantes carencias de bienes y servicios básicos. Pero el sistema que tenemos viene expandiendo en los últimos 200 años el acceso a bienes y servicios, reduciendo la pobreza y la indigencia, y contribuyendo a tener una mejor calidad de vida. Esos beneficios -siempre parciales- se los debemos a estos hombres creativos, los emprendedores, quienes arriesgando capital piensan todos los días cómo satisfacer las necesidades del consumidor, lo cual es premiado con mayores beneficios y riqueza. Como dijo el famoso economista americano George Reisman en uno de sus últimos libros “este 1 % provee el standard de vida del otro 99%”.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Vaca Muerta: flexibilización laboral para volver a crecer

Por Adrián Ravier. Publicado el 17/1/17 en http://www.infobae.com/opinion/2017/01/17/vaca-muerta-flexibilizacion-laboral-para-volver-a-crecer/

 

No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

 

Argentina lleva décadas sin crecimiento. No se trata sólo del estancamiento iniciado en 2011 con la llegada de Axel Kicillof al Gobierno kirchnerista, sino que el problema viene de bastante más atrás. El ingreso por habitante de 2016, por ejemplo, es similar al alcanzado en 1996. ¿Qué pasó con el “crecimiento” ocurrido entre 2003-2008? Fue más un proceso de recuperación del ingreso tras la crisis de 2001-2002 que un crecimiento real que expandiera la capacidad productiva del país. El año 2009 fue de recesión global, 2010 simplemente recuperó aquella caída, y luego la Argentina siguió en una fase cíclica donde un año perdía ingreso para recuperarlos al siguiente, sin expandir realmente la frontera de posibilidades de la producción.

Hay un consenso entre economistas, criticado a veces por quienes son ajenos a esta disciplina, de que no es posible crecer sin ahorro e inversión previa. Y Argentina no atrae inversiones locales y externas por la falta de seguridad jurídica, el cambio continuo en reglas de juego, la alta presión tributaria y la legislación laboral restrictiva, entre varios otros aspectos que habría que tratar en otro lugar.

Vaca Muerta presentaba estos mismos problemas. Un enorme potencial de ingresos que requerían, para explotarse, unas reglas de juego diferentes a las existentes. Claro que el sindicalismo pretende mejores ingresos para los trabajadores que representa, pero en las condiciones existentes Vaca Muerta no recibió inversiones ni generó empleo.

Los actores comprendieron este diagnóstico. Se reunieron en Casa de Gobierno el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui; los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Energía, Juan José Aranguren; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez; la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos; el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra; y su par de los petroleros jerárquicos, Manuel Arévalo. Entendieron que no podían seguir colocando el carro delante de los caballos. Si con estas nuevas reglas de juego, Vaca Muerta empieza a recibir inversiones, ya habrá tiempo más adelante para mejorar los ingresos de los trabajadores y las familias que se acerquen a explotar el potencial del yacimiento.

Vaca Muerta debe tomarse hoy como una lección para recuperar el crecimiento de la Argentina. No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

¿Por qué no extendemos estas nuevas reglas de juego a todo el país? Porque hay intereses creados. A diferencia de Vaca Muerta, que era una tierra virgen de privilegios, la Argentina tiene una enorme Unión Industrial compuesta por empresarios que están aferrados a las condiciones existentes. No importa el potencial de ingresos y empleos que podría generarse con otras condiciones más competitivas, si en la situación actual ellos poseen sus ingresos y sus empleos.

La flexibilización laboral es un requisito para el crecimiento y lo ha sido siempre. El concepto ha sido castigado, vapuleado, incomprensiblemente, pero vuelve. Si Argentina quiere volver a crecer, a crecer en serio, debe regresar, primero, el consenso sobre la economía ortodoxa.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

LIBRECAMBIO Y SENTIDO COMÚN

Por Alberto Benegas Lynch (h).

Estamos otra vez en plena época del mercantilismo que irrumpió en el siglo XVII en el que se destacaba la manía por la acumulación de dinero en el comercio exterior, los balances comerciales “favorables”, todo en el contexto de lo que luego se bautizó como el Dogma Montaigne.

 Se ha perdido nuevamente la brújula de la economía puesto que en general se piensa que la gracia del comercio internacional consiste en maximizar los saldos de caja sin percatarse que, al igual que una empresa, lo relevante es el patrimonio neto y no los índices de liquidez como objetivo. Si se exporta por valor de cien y en el viaje el producto exportado se deteriora con lo que se puede comprar en el exterior (importar) solamente por valor de cincuenta, el balance comercial es “favorable” pero sin embargo se ha producido una pérdida evidente.

 Lo ideal para un país es comprar todo lo que se necesita del exterior y no vender nada, con lo cual los extranjeros estarían obsequiando sus productos. Para una persona es lo mismo, lo ideal sería poder comprar y comprar sin vender nada, pero y a bastante dificultoso se hace que nos regalen para nuestro cumpleaños para pretender que el prójimo nos regale todo el tiempo todo lo que necesitamos. Entonces, no hay más remedio que vender para poder comprar ya sea a nivel individual o grupal: en este último caso decimos que el costo de las importaciones son las exportaciones.

 Por esto es que el balance comercial es irrelevante, lo importante es el balance de pagos que, en un mercado abierto, está siempre equilibrado debido a las entradas y salidas de capital. Exportación e importación son dos caras del mismo proceso. Al exportar entran divisas con lo que el tipo de cambio se modifica incrementando el valor de la moneda local frente a la extranjera que queda depreciada. Esta depreciación hace que se torne más barato importar que al proceder en consecuencia sucede el fenómeno inverso, es decir, se aprecia la divisa extranjera y se deprecia la local con lo que se estimulan las exportaciones y así sucesivamente.

 Sostener que se debe “vivir con lo nuestro” constituye un desatino superlativo puesto que, además de retrotraernos a la autarquía de la cavernas, supone que se puede exportar sin importar, lo que naturalmente hace que el tipo de cambio refleje depreciaciones astronómicas de la divisa extranjera lo cual, paradójicamente, bloquea las mismas exportaciones (los costos de los bienes se elevan) ya que no se permite la válvula de escape de las importaciones que, precisamente, harán posible exportar.

 Desde luego que los aranceles y tarifas dificultan el mencionado proceso abierto así como también las manipulaciones en el tipo de cambio que necesariamente debe ser libre al efecto de que funcione el antedicho mecanismo regulador y también se distorsiona cuando irrumpe la deuda pública externa que simula entrada de capitales lo que afecta el balance de pagos artificialmente.

 El Dogma Montaigne se traduce en nuestro caso en que el que vende se enriquece a costa del comprador puesto que incrementa su saldo de caja sin prestar atención al lado no-monetario de la transacción que es lo que le permite mejorar su situación al comprador que precisamente compró debido a que estima en más el bien recibido que la suma monetaria que entregó a cambio. Ambas partes se benefician debido a la valorización cruzada del dinero y del bien en cuestión.

 Desde la perspectiva de la sociedad abierta, las naciones se constituyen al solo efecto de evitar los enormes riesgos de concentración de poder de un gobierno universal, por ello el planeta está fraccionado en naciones y éstas a su vez en provincias y en municipios para diluir y mitigar los efectos del poder concentrado. Pero de allí a tomarse seriamente las fronteras como si fueran alambrados culturales hay un salto lógico inaceptable.

 Los aranceles siempre significan mayor erogación por unidad de producto, es decir, menor productividad y, por ende, menor cantidad de productos que a su vez significan menor nivel de vida puesto que la lista de los bienes se reduce respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado el arancel.

 Entonces, en mal llamado “proteccionismo” en verdad desprotege a los consumidores y solo significa una pantalla para cubrir privilegios de empresarios ineficientes. La alegada protección a “la industria incipiente” se basa en premisas erróneas puesto que supone aranceles transitorios para permitir que la industria madure, sin ver que si la empresa necesita un período antes de ser competitiva son los mismos empresarios los que deben absorber los costos y no trasladárselos sobre las espaldas de los consumidores. Como en cualquier evaluación de proyectos, no siempre las ganancias comienzan en el momento uno sino que requieren de tiempo, para lo cual se buscan fondos en el mercado al efecto de financiar el período necesario, transcurrido el cual los beneficios más que compensarán los quebrantos. Si los recursos no se obtuvieran en el mercado, es por uno de dos motivos: o el proyecto no es rentable, o siendo rentable hay otros que merecen atención prioritaria y como todo no puede hacerse al mismo tiempo debido a que los recursos son limitados, el proyecto en cuestión debe postergarse o darse de baja por ineficiente.

 Por esta especie de esquizofrenia del balance comercial es que Jaques Rueff en The Balance of Payments afirma que “no dudaría en recomendar la eliminación de las estadísticas del comercio exterior” debido a la permanente tentación de los gobernantes de intervenir con lo que inexorablemente generan las antedichas distorsiones.

 Respecto al tema laboral, se piensa equivocadamente que la completa eliminación de aranceles provocará desempleo. Muy por el contrario, la desaparición de las trabas al comercio exterior libera trabajo para desempeñarse en otras tareas inconcebibles hasta el momento puesto que estaba esterilizado en otras faenas. Esto es lo que ocurrió con el hombre de la barra de hielo cuando apareció el refrigerador o con el fogonero cuando se fabricó la locomotora diesel. Los recursos son limitados y las necesidades son ilimitadas, el recurso por excelencia es el trabajo puesto que no se concibe la producción de ningún bien ni la prestación de ningún servicio sin su concurso. En competencia a las empresas les interesa la capacitación de futuro personal para poder sacar partida de nuevos productos en el mercado. La eliminación de aranceles tiene el mismo efecto que el descubrimiento de un procedimiento más productivo: reduce la inversión por unidad de producto con lo que se hacen posibles más productos. La tragedia de la desocupación se debe a la legislación laboral y no a la mayor productividad que eleva salarios e ingresos en términos reales debido a las mayores tasas de capitalización que la eficiencia permite.

 Se ha sostenido que los aranceles puedan justificarse cuando se hace dumping, lo cual tampoco es cierto. El dumping es venta bajo el costo, situación que puede significar simplemente un quebranto impuesto al empresario debido a las condiciones de mercado, o puede ocurrir deliberadamente como política comercial con la idea de incrementar la tajada en el mercado. Si es lo primero no hay nada que comentar, si es lo segundo deben tenerse en cuenta los anticuerpos del propio mercado.

 Dichos anticuerpos consisten en que los competidores compran al precio de dumping y revenden al precio de mercado, y si no lo pudieran hacer debido a que, por ejemplo, se trata de un producto a medida como las turbinas de cierto avión los competidores esperarán a que el que hace dumping agote su stock para luego seguir en la misma situación anterior. Este tema es una típica pregunta de examen puesto que habitualmente el estudiante asume que la venta de quien hace dumping es mayor de la del propio ejemplo. Si fuera mayor la situación es distinta puesto que el empresario en cuestión deberá expandir sus instalaciones para cumplir con la demanda total a ese precio, lo cual significa un precio de liquidación que beneficia a los consumidores. Pero ni bien el empresario del dumping pretenda restringir su producción para sacar ventaja de su posición en el mercado aparecerán competidores que venderán las diferencias para satisfacer la demanda o, como queda dicho, comprarán al empresario del dumping para el consiguiente arbitraje.

 Todo lo dicho no toma en cuenta que muchas veces cuando se alega dumping no se verifican los libros contables del que se dice lo práctica y es meramente una excusa para defenderse de productores más eficientes. Por otra parte, debe subrayarse que si en un país se practica dumping al exterior con el apoyo gubernamental es ese país el perjudicado y, como ha enfatizado Milton Friedman, el resto del mundo es beneficiado equivalente a la situación en la que decidiera regalarle sus productos al extranjero lo cual es un motivo para celebrar en el extranjero.

 A veces las argumentaciones resultan tragicómicas como cuando se dice que se imponen aranceles “en reciprocidad” por los establecidos por otros. Este peculiar razonamiento se traduce en que porque el país receptor se perjudicó porque sus ventas son bloqueadas en el exterior, “en represalia” duplican el perjuicio aumentado los costos de los bienes que importa. ¡Vaya represalia!

 El librecambio tiene mala prensa no solo por las incomprensiones mencionadas sino debido a que de tanto en tanto se han impuesto llamadas “aperturas” manejando los aranceles como una política de chantaje con la idea de que bajen los precios internos los cuales se elevan debido a las inflaciones internas con lo que las políticas se traducen en una estructura arancelaria en forma de serrucho que provoca cuellos de botella insalvables entre las industrias finales y sus respectivos insumos, al tiempo que se manipula el tipo de cambo con alquimias inauditas y se incrementa la deuda estatal que, como se ha señalado, interfiere en el balance de pagos permitiendo importaciones y viajes al exterior que la situación económica no hace posible.

 Se suelen generar interminables debates tan insustanciales como impropios sobre posibles devaluaciones, sin la más mínima sospecha de que el precio de la divisa extranjera frente a la moneda local depende de las cantidades ofrecidas y demandadas lo cual resultará en el tipo de cambio de mercado en el que no habrán faltantes ni sobrantes, situación que no depende de voluntarismos de ningún megalómano. En el mismo error garrafal caen los burócratas (y algunos empresarios y sindicalistas malinformados) a través del tristemente célebre espectáculo del “acuerdo de precios”, como si éstos indicadores fueran consecuencia de decisiones independientemente de lo ofrecido y demandado en cada reglón. Si lo acordado es más bajo que el precio de mercado habrán faltantes y si es más alto habrán sobrantes, esto resulta inexorable.

 Se dice que las integraciones regionales constituyen un primer paso para la liberación al mundo pero este “primer paso” lleva siglos ya que los economistas clásicos refutaron las tesis mercantilistas en el siglo XIII. Es increíble que las tecnologías hayan reducido notablemente los costos de transporte desde la época de las carretas y ahora resulta que al llegar la mercadería a la aduana se revierten décadas y décadas, como si esas reducciones colosales no hubieran tenido lugar. Es como ha dicho irónicamente el decimonónico Bastiat para ridiculizar al mal llamado proteccionismo, “los productores de velas debe aconsejar el tapiar todas las ventanas para protegerse de la competencia desleal del sol”. Comprar barato es de sentido común, pero las xenofobias no ayudan a la comprensión de este precepto básico para prosperar. Es como reza el conocido dictum de Voltaire “el sentido común es el menos común de los sentidos”.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.