Planes sociales e industria del juicio laboral

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/7/17 en: http://economiaparatodos.net/planes-sociales-e-industria-del-juicio-laboral/

 

La legislación laboral argentina está hecha para que las empresas tengan pánico de contratar personal

El presidente Macri insiste, a mi juicio correctamente, en luchar contra la industria del juicio laboral. Es cierto lo que dice Macri cuando afirma que un juicio laboral puede llevar a la quiebra a un pequeño empresario. Es que no tiene las espaldas económicas y financieras para aguantar un juicio laboral que, aunque tenga razón, seguro la justicia le va a fallar en contra porque el empleado siempre tiene razón para el fuero laboral. La legislación laboral argentina está hecha para que las empresas tengan pánico de contratar personal.

De acuerdo a un interesante trabajo del Ministerio de Producción, en Argentina hay 605.000 empresas privadas de las cuales el 99% son PYMES, considerando PYMES aquellas empresas que emplean hasta 200 empleados. Ese 99%, que son 602.079 empresas emplean al 64% del empleo formal en Argentina. Las grandes empresas, que representan el 0,6% del total, emplean el 36% del personal formal.

De lo anterior no se desprende que tiene que haber una legislación laboral para las pequeñas empresas y otra para las grandes empresas. En primer lugar porque se rompería el principio de igualdad ante la ley y en segundo lugar porque lo que debe buscar la legislación laboral es crear las condiciones para que las empresas, PYMES y grandes empresas, estén estimuladas a contratar personal. Para eso hace falta que el costo de salida, si el proyecto de inversión no funciona, no sea tan elevado que las empresas tengan pánico de contratar personal. Hoy la legislación laboral es como el cepo cambiario. Nadie quiere contratar gente porque después no puede salir si las ventas se caen, y si sale se funde pagando indemnizaciones. Esta legislación laboral desprotege al trabajador porque desestimula la demanda de trabajo. En nombre de la justicia social millones de personas están condenadas a no tener trabajo o a tener trabajo en negro.

Si a los costos de salida en caso que no funcione la empresa se le suman los impuestos al trabajo, la mano de obra es artificialmente cara en Argentina y hay pocos estímulos para contratar personal.

Pero hay un tercer elemento que influye para disminuir la oferta de trabajo. Hay personas que cobran varios planes sociales y, por lo tanto, no tienen estímulo para trabajar y mucho menos para trabajar en blanco. Cada vez que viajo a dar una charla al interior del país, también ocurre en Buenos Aires y en CABA, pregunto si se consigue mano de obra para trabajar en los campos. La respuesta sistemática es: sí, pero en negro. Nadie quiere trabajar en blanco porque pierde el plan social y como hay personas que cobran más de un plan social, que encima no tienen vencimiento en el tiempo, prefieren hacer algunas changas en negro a tener un trabajo formal.

Sin duda que Argentina necesita un verdadero tsunami de inversiones para poder absorber los 250.000 jóvenes que se incorporan al mercado laboral por año y además absorber los empleados públicos que sobran en el estado y los que viven de un plan social. Eso requiere de un plan económico completo (reforma tributaria, del estado, eliminar regulaciones absurdas, etc.) que incluye una reforma laboral.

De todas maneras, el primer paso para bajar el gasto público y reestablecer la cultura del trabajo consistiría en ponerle un límite a los llamados subsidios sociales. Primero hay que reempadronar a todos los beneficiarios. Segundo hay que establecer un solo plan social al desempleo y nada más, con un límite de tiempo. En el mientras tanto, para aquellas personas que no tienen habilidades laborales, el gobierno puede reestablecer las viejas escuelas de artes y oficios. Hay infinidad de oficios que tienen salida laboral: gasista, plomeros, carpinteros, electricistas, pintores, repostería, cocina y tantos oficios que se han perdido. Y atención que hay trabajo para esos oficios. Cualquier persona habrá tenido que suplicar para que vaya a su casa un plomero o un electricista para hacer un trabajo de reparación. La idea es que el contribuyente, vía el estado, financie estos cursos de oficios que pueden dictare en escuelas municipales, templos religiosos que pueden ser católicos, evangelistas, etc. El contribuyente paga el costo de los profesores y los materiales para aprender, los municipios e iglesias proporcionan el lugar físico y quien recibe un plan social está obligado a realizar alguno de estos cursos. Si quiere ser ingeniero nuclear que se consiga un trabajo y vaya a la universidad de Buenos Aires. El contribuyente ayuda a financiar solo una salida laboral. Una vez matriculado, quien recibe un plan social sale a buscar clientes como los buscamos cada uno de nosotros todos los días. No se le pide nada extraordinario. Solo que haga lo que hacemos el común de los mortales. Mientras va construyendo su clientela, el estado sigue pagando el subsidio por desempleo pero con una reducción en el monto a medida que va pasando el tiempo. Por ejemplo, un 20% menos cada 2 meses hasta que se extingue el subsidio.

Se sabe que los llamados planes sociales se han convertido en gran medida en el financiamiento de fuerzas de choque de grupos kirchneristas y de izquierda que cortan las calles todo el tiempo perjudicando a las personas que van a trabajar y son los que, encima, pagan los subsidios que reciben los piqueteros. Por eso, otra de las medidas debería ser: piquetero que corta una calle, piquetero que pierde el subsidio. Y, finalmente, cada persona que recibe un plan social, hasta que se termine, va a recibir directamente el dinero en una cuenta personal en una caja de ahorro. No hay puntero que decida sobre el subsidio de esa persona. Lo recibe directamente del estado por el aporte del contribuyente. Quiero ver cuántos piqueteros van a conseguir para cortar calles si la policía detiene a uno y el estado le quita el plan social.

En síntesis, el tema laboral es mucho más complejo que solo los juicios laborales, que por cierto son muy importantes a la hora de desestimular la contratación de personal. Pero hay todo un mundo de subsidios sin límite de tiempo que hace que los beneficiarios no tengan estímulos para ir a trabajar.

La combinación ideal es un plan económico consistente para atraer inversiones y crear puestos de trabajo con un plan que vaya desactivando estos nefastos planes sociales que se han transformado en una fuente de clientelismo político y cultura de la dádiva.

 

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

El fracaso del blanqueo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 2/10/13 en: http://www.lanacion.com.ar/1624951-el-fracaso-del-blanqueo

A pesar de las condiciones tan favorables ofrecidas para el último blanqueo, tanto el Cedin como el Baade resultaron ser un fracaso. Muy lejos de las expectativas que tenía el Gobierno , los dólares ingresados estuvieron a años luz de las estimaciones inicialmente pronosticadas.

En rigor, era el previsible el fracaso que acaba de reconocer el director de la AFIP. Es que no solo se trata de ofrecer no pagar multas y otras ventajas. El problema está en las condiciones en que se lanzó. Eso que Axel Kicillof llamó horrible seguridad jurídica. El Gobierno ha podido comprobar que la calidad institucional es fundamental a la hora de atraer capitales. Que no busquen otra explicación, el problema está fundamentalmente en ese punto.

La primera pregunta que deberían haberse formulado quienes diseñaron este blanqueo era: ¿por qué alguien fugó sus capitales de la Argentina y no los tiene declarados? Más allá de los casos particulares de corrupción o actividades ilícitas, hay todo un segmento que, en primer lugar, no está dispuesto a pagar la enorme carga tributaria que se paga en la Argentina.

Hasta el mismo gobierno sabe que la presión tributaria es asfixiante porque no se permiten los ajustes por inflación. Hoy las empresas pagan impuesto a las ganancias sobre utilidades que no existen porque no se permite el ajuste por inflación. Es decir, el fisco aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital de las empresas.

Tal es el grado de presión tributaria que hasta la gente que trabaja en relación de dependencia se queja del impuesto a las ganancias que tiene que afrontar. De manera que una de las causas del fracaso del blanqueo, a pesar del nulo costo de ingresar al mismo, estuvo en el futuro costo impositivo a soportar por quienes optaran por blanquear. En la medida que la presión impositiva no disminuya sensiblemente, es poco probable que alguien esté dispuesto a blanquear con el sistema tributario vigente.

La segunda causa del fracaso tiene que ver, a mi juicio, con el cepo cambiario, que si bien la Presidenta insiste en negar su existencia, la realidad es que la gente no puede comprar moneda extranjera como refugio de valor ante una inflación que el Gobierno también insiste en negar.

¿Por qué alguien que tiene dólares en el exterior los va a traer a la Argentina para luego no poder llevarlos nuevamente al exterior si así lo desea? ¿Por qué confiarle los dólares del blanqueo a la misma institución que impone todo tipo de trabas para comprar divisas? Nadie en su sano juicio se mete en la cárcel, cierra la puerta con la llave y luego la arroja bien lejos para no poder salir. El solo hecho de no poder girar utilidades y dividendos es suficiente evidencia como para espantar a cualquiera que piense en traer sus ahorros desde el exterior.

La tercera causa tiene que ver con las arbitrarias medidas que toma el Gobierno. El secretario Guillermo Moreno se caracteriza por manejar la economía con amenazas, presiones y todo tipo de arbitrariedades. ¿Quién iba a comprar Cedin en el mercado secundario para invertir en cualquier rubro pagando con Cedin si aquí no hay reglas de juego, previsibles y estables? Solo hay medidas que no son otra cosa que parches que vienen a tratar de “arreglar” el lío que hicieron el día anterior, lo cual impide realizar el cálculo económico de una inversión. Es más, la ausencia de una moneda en el estricto sentido de la palabra hace imposible evaluar un proyecto de inversión.

Mal que le pese al Gobierno, las regulaciones impuestas al mercado de cambios en particular y a la economía en general, la elevada carga tributaria imperante y la falta calidad institucional tuvieron un peso mayor a los beneficios ofrecidos por el blanqueo. En otras palabras, la falta de confianza en el Gobierno pesó más que la zanahoria de no aplicar multas ni ningún tipo de recargo al que blanquera.

Una vez más vuelve a quedar en evidencia la importancia de tener calidad institucional. Sin ella los capitales no vienen, por más zanahorias que se pongan para atraerlos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.