Los incentivos importan

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/4/2en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/incentivos-importan.html

Dado que en el mundo estamos en plena pandemia abro esta nota periodística con el tema de las vacunas. Como es bien sabido la forma en que se actúa no es la misma cuando uno debe pagar las cuentas respecto a la situación en la que se fuerza  otros a hacerse cargo con el fruto de sus trabajos. Incluso la manera en que se encienden las luces y se toma café no es la misma cuando uno financia que cuando se impone la carga sobre los bolsillos de terceros que se ven compelidos a desembolsos con lo propio.

En este contexto es imperioso que a raíz del Covid se abran todos los canales posibles para conseguir, distribuir y aplicar vacunas, esto es no circunscribir la faena en las áreas estatales sino maximizar las posibilidades a través de centros privados de salud y farmacias al efecto de operar con potentes incentivos para multiplicar buenos resultados. Este no es un problema de mayor o menor buena voluntad en uno o en otro sector, se trata de fortalecer y multiplicar incentivos sobre todo en vista del grave problema de contagios y sin perjuicio de las normas que se establecen para proteger derechos.

Es muy cierto que hay gobiernos que marcan ejemplos nobles en cuanto a la debida transparencia de sus contratos, mientras que hay otros que proceden de modo opaco y pastoso con resultados lamentables en su gestión. A esto último se suelen agregar los tristemente célebres controles gubernamentales de precios que empeoran notablemente los problemas, lo cual viene ocurriendo desde la época de Hammurabi en el antiguo Egipto hace la friolera de 4000 años. En el caso que nos ocupa, a ciertos burócratas no se les ocurre mejor idea que encajar precios máximos a los medicamentos, barbijos y alcohol en gel con lo cual se multiplica la catástrofe sanitaria a lo cual inyectan intervenciones absurdas en las mutuales de medicina con lo que destruyen el sistema actuarial del seguro en perjuicio de los enfermos.

El tema de los incentivos es de larga data en economía, ciencias políticas y derecho en el que la propiedad privada desempeña un rol clave. Garret Hardin en la revista Science ha bautizado el fenómeno con el nombre de “la tragedia de los comunes”: lo que es de todos no es de nadie. En realidad este asunto ya lo trató Aristóteles cuatrocientos años antes de la era cristiana cuando refutó el comunismo de Platón. Nuevamente reiteramos no se trata de la dedicación y la abnegación de las personas involucradas, el tema es de incentivos naturales.

La institución de la propiedad privada permite usar los siempre escasos recursos de la mejor manera puesto que obliga a prestar debida atención a los requerimientos de los demás. Quienes aciertan con los gustos y preferencias de su prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Este aprovechamiento de los factores de producción hace que salarios e ingresos en términos reales se incrementen. Por el contrario, los estatismos que fuerzan otros destinos inexorablemente significan despilfarro, lo cual siempre empobrece. Esta es la diferencia central entre países ricos y pobres. En estos últimos, prevalece el atropello del Leviatán con tributos insoportables, inflaciones galopantes, deudas públicas astronómicas, gastos inauditos, a lo cual se adicionan  los déficits de las mal llamadas empresas estatales. Todo esto en lugar de abrir de par en par la energía creativa que genera la sociedad abierta.

Cierro esta nota con tres comentarios desafortunados sobre la idea de pobreza íntimamente vinculada a incentivos y contraincentivos. En primer lugar, refutar la machacona idea de sostener que la pobreza conduce a la delincuencia. Esta afirmación constituye un agravio para nuestros ancestros puesto que todos descendemos de las cuevas y la miseria más espantosa de lo que no se sigue que provengamos de delincuentes. Más aun, es muy frecuente constatar que personas muy modestas en su condición económica cultivan valores de respeto recíproco, mientras otros con ingresos suculentos revelan conductas inmorales por donde se los mire. En otras palabras, los principios éticos que se adoptan no tienen relación causal con el bolsillo, tienen que ver con el cultivarse como seres humanos.

En segundo término, se ha dicho que el populismo cala hondo en lugares pobres, lo cual no ocurre en zonas opulentas o que cuentan con ingresos mayores. Esto tampoco es cierto: antes que nada debemos percatarnos que los países ricos fueron pobres y no abrazaron el estatismo cuando se enriquecieron, de lo contrario hubieran seguido siendo pobres. Otra vez se trata de valores y principios que además de conducir a la decencia conducen a la prosperidad. En tercer lugar, es pertinente subrayar que también se insiste que la pobreza invita a un clima de planes sociales lo cual atenta contra la cultura del trabajo. Sin duda que los llamados planes sociales -esto es la entrega por parte de los aparatos estatales de recursos sustraídos compulsivamente del fruto del trabajo ajeno- degradan la noción del propio esfuerzo al tiempo que crean dependencia malsana con políticos demagogos e inescrupulosos y acentúan inexorablemente la pobreza. Pero esto no es exclusivo de los pobres, a muchos ricos también los estatistas les otorgan planes sociales encubiertos, solo que con otro nombre: se llama proteccionismo aduanero, mercados cautivos, créditos subsidiados, excepciones fiscales, “salvatajes” de deudas y privilegios de todo tipo a expensas de los trabajadores que no tienen poder de lobby.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Qué son las cuevas financieras?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/7/20 en: https://eleconomista.com.ar/2020-07-que-son-las-cuevas-financieras/

dollar dólar

El lenguaje es para poder pensar y para trasmitir mensajes a nuestros congéneres. Si bien es cierto que los diccionarios son libros de historia pues mutan cuando la parla cambia, en esta instancia el llamar perro al gato y viceversa confunde el pensamiento y la comunicación.

Para entrar en materia de lo que quiero puntualizar en esta columna periodística, lo cito al gran economista decimonónico Frederic Bastiat de su obra titulada “La ley”, donde sostiene que cuando los aparatos estatales abandonan su función de proteger derechos y, en cambio, los conculcan incurren en robo legal pues escribe que la norma gubernamental “ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación”.

Pues bien, todo se trastoca cuando el poder político abusa de sus facultades. En este sentido declaramos que la cueva en el sentido peyorativo que se le otorga a la expresión está representada por la banca central que succiona el fruto del trabajo ajeno. El premio Nobel en Economía F. A. Hayek ha escrito sobre los desmanes de la denominada autoridad monetaria y el curso forzoso y concluye que del mismo modo en que se tardó en percibirse los errores y horrores de unir la religión con el poder político abriga esperanzas que no se demore otro tanto en percatarmos que la unión de la moneda con el aparato estatal tiene como único fin estafar a la gente a través de lo que los economistas denominamos inflación monetaria. Continúa diciendo que se alega que es para mantener el poder adquisitivo de la moneda pero ningún banco central ha hecho semejante cosa en la historia de esa institución. Sugiere que la gente pueda elegir el activo dinerario de su preferencia en un proceso abierto y competitivo.

Los banqueros centrales solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir, contraer o dejar igual la masa monetaria. Cualquiera de estos tres caminos inexorablemente conduce a la distorsión de los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Y si alguien dijera que la banca central posee la bola de cristal y haría lo mismo que la gente hubiera elegido en cuanto al volumen de la masa monetaria, no tendría tampoco sentido la manipulación  si van a hacer lo mismo que hubiera hecho la gente sin los gastos administrativos correspondientes, pero más importante que esto es explicar que para saber lo que la gente demanda hay que dejarla actuar. En otros términos, los banqueros centrales en toda circunstancia se equivocan y la antedicha desfiguración de los precios relativos significa alterar las únicas señales con que cuenta el mercado para operar, lo cual a su turno se traduce en consumo de capital que implica la consecuente reducción en salarios e ingresos en términos reales. Más directo: manipulación política del dinero es igual a pobreza.

Entonces, en la práctica la cueva radica en la banca central y en aquellos bancos que se escudan en reglamentaciones estatales y cierran las persianas de sus instituciones para que depositantes no puedan retirar sus pertenencias. Los lugares donde se concretan arreglos libres y voluntarios entre partes para proteger ahorros legítimos no son en este contexto cuevas.

Por supuesto que como queda dicho está todo patas arriba y lo conveniente es que todos puedan operar libremente con lo suyo y el monopolio de la fuerza circunscribir su función a la protección de derechos y no en la manía de imponer tipos de cambio, tasas de interés y equivalentes. Es similar a que en regímenes estatistas se emplee el mote de mercado negro a las transacciones libres y voluntarias y se denomina al mercado blanco allí donde no hay transparencia ni libertad.

Es hora de poner las cosas en orden y mantener en brete al Leviatán que está teóricamente integrado por los empleados de la gente con la misión de protegerla, pero de un tiempo a esta parte se han invertido los roles y los mandatarios se han convertido en mandantes y la gente en simples súbditos. Cuando esto se revierta desaparecerán lo que ahora muchos denominan cuevas financieras en el contexto de mercados libres rodeados de marcos institucionales civilizados y, en ese caso, solo serán cuevas las madrigueras y los aguantaderos de criminales que naturalmente hay que combatir.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h