Los “beneficios” del proteccionismo comercial

Por Pablo Guido. Publicado el 21/3/2012 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

La economía argentina, desde ya hace 7 u 8 décadas, básicamente está dirigida por un sistema donde no priman las reglas del mercado. En materia de comercio exterior la consigna, salvo algunos años excepcionales donde hubo cierta intensión de abrir los mercados a la competencia externa, ha sido la protección de las empresas locales. Y ya todos sabemos que las barreras comerciales que limitan o prohíben el ingreso de bienes y servicios generan menor oferta y, por lo tanto, mayores precios. Por consiguiente, esa protección comercial que beneficia en principio a las empresas locales, que no tienen que esforzarse por competir con sus pares internacionales, desprotege a otras empresas u otros consumidores que tienen que comprar dichos productos a mayor precio o menor calidad. Nada nuevo estoy afirmando con esto.

Un ejemplo de actualidad del proteccionismo argentino lo encontré estos últimos días con la tablet Ipad 2. Recordemos que este producto fue lanzado al mercado hace aproximadamente un año, presentado al público justamente por Steve Jobs, que aún vivía. En el periódico argentino El Cronista, del lunes 19 de marzo, en la página 7, hay una publicidad de la empresa Compumundo donde anuncia una oferta para el iPad 2. ¿A qué precio se hace la “fenomenal” oferta? Al contado un consumidor puede adquirir esta Tablet, ya “vieja” tecnológicamente, a 3299 pesos. Para compararlo con el precio al que habitualmente se adquiere en otros países hay que “traducir” el precio en pesos a dólares. El problema es que en Argentina hay básicamente dos precios de los dólares: uno, que se determina en el mercado oficial y otro en el mercado “paralelo” o “negro”. En el primero el tipo de cambio es de 4,38 pesos por dólar; en el segundo de aproximadamente 4,80. Esto significa que, dependiendo del tipo de cambio al cual hagamos la conversión, en Argentina un iPad 2 cuesta entre 687 y 753 dólares. El mismo producto, en una cadena conocida de EEUU, cuesta 399 dólares.

¿Cuál es la diferencia de precios del iPad 2 entre Argentina y EEUU? En la Argentina, donde se aplican elevadísimas barreras comerciales al ingreso de productos importados, el precio es superior entre un 72 y 89%. Son los “beneficios” del proteccionismo comercial: restringir el acceso de los consumidores a productos más baratos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

Proteccionismo:

Por  Carlos Rodríguez Braun: Publicado el 18-3-12 en: http://www.libremercado.com/2012-03-18/carlos-rodriguez-braun-proteccionismo-63768/

¿Por qué va a ser bueno comprarle libremente a un señor de Barcelona o de Madrid, y va a ser malo comprarle libremente a una señora de Burundi?

El empresario Ángel Barranco, advirtió en Cinco Días en contra de “comprar en países de bajo coste, provocando la fabricación fuera de nuestras fronteras”. Esto le parece muy mal porque “un país como España se mantiene si vivimos de lo que fabricamos”.

Estas ideas son tan milenarias como equivocadas. Los seres humanos libres procuran organizarse de modo eficiente, por la cuenta que les trae. Y si es más barato producir las cosas en casa que comprarlas, las produciremos en casa. Si no lo hacemos, es porque nos conviene comprarlas en la tienda de la esquina, o en la del pueblo de al lado, o en la del pueblo más lejano de España… o del mundo. Eso no tiene por qué estar mal. Como parece obvio que no vamos a fabricar todo en casa, lo lógico es que decidamos los ciudadanos qué cosas queremos comprar y dónde, sea dentro o fuera de nuestras fronteras. La vieja distinción que plantea el señor Barranco no tiene sentido: ¿por qué va a ser bueno comprarle libremente a un señor de Barcelona o de Madrid, y va a ser malo comprarle libremente a una señora de Burundi?

La idea de que hay que “fabricar” cosas es también bastante confusa. En realidad, no tenemos por qué fabricar nada. Lo haremos si nos conviene, y nos convendrá si lo hacemos bien y barato, de forma tal que los demás nos compren. Pero la gente se especializa en actividades muy diferentes, y unos producen vestidos o acero, y otros se dedican a la hostelería, la pintura o al canto. Para mantenerse no hay que vivir “de lo que fabricamos” sino conseguir que otros nos compren lo que vendemos, que no es lo mismo.

La lógica proteccionista de don Ángel lo lleva a elogiar nada menos que a las siniestras autoridades de mi Argentina natal, que están impidiendo por la fuerza que los ciudadanos importen los bienes y servicios que necesitan. Como si fuera bueno comprar los productos del país ¡independientemente de los deseos del pueblo e independientemente de la calidad y coste de esos productos!

Concluye el señor Barranco reclamando “un ciudadano comprometido con los productos fabricados en el país y exigente con los gobernantes para que protejan nuestra economía”. Pero si hay ciudadanos comprometidos con los productos nacionales, habría que dejarlos en paz para que los compren libremente. Y si los gobernantes obligan a esos ciudadanos a comprar lo que no desean a un precio mayor al que estarían dispuestos a pagar ¿a quién estarían realmente “protegiendo”?

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.