¿Socialismo o capitalismo «de estado»?

Por Gabriel Boragina. Publicado en:

«En años recientes se descubrió un nuevo término para aquello que quedaba encubierto por la expresión “economía planificada”: Capitalismo de Estado, y no pueden caber dudas que en el futuro todavía surgirán muchas otras proposiciones para el salvataje del socialismo. Aprenderemos muchos nombres nuevos para la misma cosa. Pero lo que importa es la cosa, no sus nombres, y todos los esquemas de este tipo no lograrán alterar la naturaleza del socialismo.»[1]

A juzgar por las palabras del maestro, la locución capitalismo «de estado» fue creada «para el salvataje del socialismo», quizás con la intención de desfigurar la verdadera esencia de este último buscando un símil al único sistema que ha sido capaz de crear el bienestar y la prosperidad de las naciones desde su aparición hacia fines del siglo XVIII hasta la actualidad, sin que el opuesto (socialismo) pudiera jamás conseguir ni siquiera el uno por ciento de sus logros. Pero como aquel dicho popular que dice que «Aunque la mona se vista de seda mona queda» al socialismo se lo podrá bautizar con muchos nombres diferentes pero no es el nombre lo que caracteriza al régimen sino las medidas que propone que lo diferencian como tal.

Tal vez, quienes hayan creado la palabra quisieran buscar unir lo bueno del capitalismo con lo «bueno» del socialismo, asimilando esta última voz como un sinónimo del estado/gobierno, o como algo diferente al socialismo, de modo semejante a los que defienden esa tercera vía, sistema mixto, alternativo o –como lo ha bautizado L. v. Mises- simplemente intervencionismo.

Pero el mismo autor mencionado ha ya demostrado -de manera harto suficiente y sin que pudiera ser refutado por nadie- la imposibilidad de ese procedimiento mixto, híbrido, que imaginan quienes sostienen la posibilidad de una combinación entre el capitalismo y el socialismo. No existe tal.

El problema consiste en que hay autores que -adversos al socialismo- han adoptado, sin embargo, la locución capitalismo «de estado» para describirlo, y otros –incluso- le han asignado características propias. De alguna manera, esta práctica terminológica desdibuja -a nuestro juicio- la idea central del capitalismo y, fundamentalmente, su esencia. Veamos a uno de ellos:

«Para valorar el lugar de la burocracia dirigente, se consideran las «constantes sistémicas» versus las variables del elemento humano en el contexto del capitalismo privado y estatal («El Estado como clase»).»[2]

Nosotros -siguiendo a L. v. Mises- consideramos enrevesada la distinción entre «capitalismo privado y estatal». El punto es que, uno de los elementos indispensables del capitalismo es la propiedad privada, y dado que ella -por definición- es imposible dentro del ámbito del estado-gobierno esta ausencia excluye automáticamente la posibilidad de hablar de «capitalismo» dentro del marco estatal. Hay, por supuesto, otros elementos más que integran el concepto de capitalismo, pero el de propiedad privada es esencial. La inexistencia de la misma descarta de plano cualquier intento para aceptar la dicción.

«Como la tesis de que la separación de propiedad y control realmente significa pérdida de control por el propietario es insostenible, debe aceptarse que la burocracia tiene una ocupación precaria y su poder discrecional es limitado.»[3]

Párrafo difícil que no está claro en qué dirección esta apuntando. Pero tratemos de desentrañarlo. Si el autor está hablando del control de la propiedad, está claro que el mismo corresponde al propietario y forma parte inseparable del concepto de propiedad. Si la propiedad fuera controlada por quien no es propietario de la propiedad que controla, también es diáfano que se trata del caso del ladrón, que cuando roba algo (que por concepto no es suyo) pasa automáticamente a controlarlo. Pero también sería el supuesto del cuidador, guarda, vigilante, etc. En cualquiera de estos ejemplos el propietario sigue siéndolo, porque, en definitiva, el control último de lo poseído en propiedad sigue siendo suyo. La mención de la burocracia parece indicar a esta como la que ejerce ese control. ¿Es esto que describe el autor lo que designa como «capitalismo estatal»?

«La disposición amistosa o antipá­tica de los burócratas que hacen funcionar el Estado, su «origen socioeconómico» y el nivel sociocultural de sus padres son variables, mientras que las configuraciones de poder y dependencia que caracterizan al capitalismo privado y estatal, respectivamente, son constantes; en frases tales como «socialismo con rostro humano» el peso de la constante del socialismo en relación con lo variable del rostro humano, es mejor apreciado como ilusiones y miedos personales.»[4]

Creemos que aquí se mezclan dos planos completamente diferentes y que no admiten la fusión que se intenta. Ya que no podemos aceptar ninguna configuración «de poder y dependencia» como «característica» del capitalismo (a secas) o privado en la terminología del autor citado. Siguiendo nuevamente a L. v. Mises, el capitalismo es un orden de cooperación social, intrínsecamente colaborativo. Ello elimina de plano cualquier relación o configuración de poder y dependencia que son lo contrario justamente a las relaciones cooperativas que si son características del capitalismo (sin la necesidad de catalogarlo como «privado» ya que el aditivo seria no más que un pleonasmo). Dichas «configuraciones de poder y dependencia» si son, en cambio, típicas e inherentes a la burocracia estatal, lo que podría decirse es una cuestión bien observable.

«El capitalismo de Estado ofrece mayores (y en términos de bienes intangibles como el estatus social, el ser escuchado en las al­turas y el tener una audiencia cautiva en la parte inferior de la sociedad, incomparablemente mayores) recompensas a los intelectuales complacientes, no corrosivos que las que ofrece el capitalismo privado. Tales recompensas pueden o no compensarlos por el riesgo latente, en un mundo sin «fortalezas privadas», de no tener dónde refugiarse en el caso de que se encontraran a sí mismos minando al sistema después de todo.»[5]

Está claro que, en la cita, el «capitalismo de estado» se usa como sinónimo del socialismo, siendo preferible para nosotros emplear este último término en lugar del primero por las razones ya expuestas. Aquí se pasa al tema de los intelectuales quienes, en una proporción para nada despreciable, prefieren inclinarse hacia el socialismo antes que al capitalismo, tópico este que también hemos examinado en otros lugares. Esas recompensas que el estado-gobierno les reportan, les brindan seguridad en la medida en que sigan defendiendo el régimen, lo que compromete su propia posición como intelectuales, y los transforma en propagandistas a sueldo del orden estatista que los cobija.


[1] Ludwig von Mises. «SOCIALISMOS Y PSEUDOSOCIALISMOS» Extractado de Von Mises, Socialism: An Economic and Sociological Analysis, capítulos 14 y 15. La traducción ha tenido como base la versión inglesa publicada por Liberty Classics, Indianápolis, 1981. Traducido y publicado con la debida autorización. Estudios Públicos, 15. Pág. 21

[2] Anthony de Jasay. El Estado. La lógica del poder político. Alianza Universidad. Pág. 299

[3] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[4] de Jasay A. Ibídem. p. 299

[5] de Jasay A. Ibídem. p. 299

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La raíz del capitalismo es siempre moral y humana

Por Bertie Benegas Lynch. Publicado el 1/7/21 en: http://www.laprensa.com.ar/503693-La-raiz-del-capitalismo-es-siempre-moral-y-humana.note.aspx

Enrique Shaw, junto a un grupo de empresarios, fundó ACDE en 1952. Shaw fue un exitoso empresario, un ejemplo de filantropía y, entre otras muchas cosas, constituyó una caja previsional propia para sus empleados y una mutual para brindarles asistencia médica en épocas difíciles para esas iniciativas privadas.

Días pasados, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa convocó a sus asociados, a la comunidad empresaria, a emprendedores y a otras personas del sistema productivo al XXIV Encuentro Anual ACDE. Hacia un capitalismo más humano

Referirse a un capitalismo más humano, denota no tener idea acerca de las raíces morales del capitalismo o, en su concepto más amplio, el liberalismo. Nos han inculcado de tal manera el discurso que el rico es rico debido a que el pobre es pobre, que está plagado de empresarios culposos que creen que ganar dinero es pecado. Esto no es de extrañar ya que, el propio Papa Francisco, respecto del fundador de ACDE dijo en una entrevista en 2015; “Estoy llevando adelante la causa de beatificación de un rico empresario argentino, Enrique Shaw, que era rico, pero santo”.

La misión de ACDE, entre otras cosas, es promover la Doctrina Social de la Iglesia. Lamentablemente, buena parte de esa doctrina ha sido influenciada por el socialismo y, dado el peso y la autoridad que tiene la Institución de la Iglesia, el daño que muchos de sus representantes provocan con estos postulados, es enorme.

El XXIV Encuentro Anual ACDE resaltó buenos valores como el del trabajo, destacó a las PyMEs como el motor de la economía, la urgencia de la flexibilización laboral, las virtudes de la tecnología aplicada al trabajo, la pesada carga impositiva y resaltó que, los subsidios, no resuelven los problemas de “contextos macro que desaniman”. No obstante esto, muchos de los mensajes que allí se expusieron, a mi juicio, son sumamente autodestructivos para el empresariado y para la generación de bienestar a todos los niveles.

Se reconoció que es fundamental abrirse al mundo para ser prósperos pero, a su vez, el mismo orador y en la misma frase, resaltó la importancia la vivir con lo nuestro. Validar dos opciones mutuamente excluyentes, no dejan un mensaje claro. Creer en los mercados abiertos, es más simple; implica exponer los beneficios del comercio sin prejuicios geográficos y promover la mejor asignación de recursos y factores productivos en un marco de libre intercambio de bienes y servicios.

Se dijo también que la igualdad de oportunidades es lo opuesto a los privilegios. Sin embargo, si se analiza bien el concepto de igualdad de oportunidades, se llegará a la conclusión que su aplicación significa necesariamente el otorgamiento de prebendas. La única igualdad que nos reconoce a cada uno de nosotros los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad, es la igualdad ante la ley. La cultura del igualitarismo pretende quitar a unos lo que les pertenece para darle a otros lo que no les pertenece.

En vez del nocivo redistribucionismo, para que existan más oportunidades para la gente, los esfuerzos deben estar dirigidos a la protección de la propiedad privada y el fomento a la productividad.

La manía de la desigualdad

Lo mismo ocurre con la manía de hablar de la desigualdad, como si la riqueza fuera un juego de suma cero. De lo que se trata es de crear las condiciones de respeto mutuo para maximizar incentivos productivos y los consecuentes aumentos en el nivel de vida y salarios. Es lo que ha funcionado en los últimos doscientos años desde la Revolución Industrial. Antes de eso, la existencia humana era miserable y el promedio de vida era de 25 años. La Revolución Industrial fue la revolución de la propiedad privada y sus fundamentos morales. La máquina a vapor fue solo una de las consecuencias de las ideas de Adam Smith.

Durante la primera jornada del encuentro de ACDE se compartió un mensaje grabado del Papa Francisco en el que apeló a una economía social y más justa. Hablar de “economía social” es en el mejor de los casos redundante y, en el peor, implica la antieconomía. Fredrich von Hayek, hablando de la dialéctica socialista, decía que todo sustantivo seguido del adjetivo “social” resulta en su antónimo. Por otro lado, referirse a una economía justa o precio justo, es lo mismo que hablar de la justicia de caminar o la justicia de estructuras de precios que reflejan preferencias temporales de la gente en transacciones libres.

También el Papa cayó en el error de escindir del ciclo productivo al sistema financiero. Cuando se alude a la transformación de los recursos como “lo concreto” despreciando los procesos del ahorro y del crédito, es no entender que se trata de dos caras de una misma moneda. No escatimó tampoco críticas a quienes preservan su capital de los infiernos fiscales.

Sostener que hay que humanizar la fábrica o humanizar al capitalismo, implica suscribir los postulados del efecto derrame, el cual supone que de la abundante mesa de los ricos, caen las migajas para los pobres. Se cree que la generación de riqueza de unos pocos, tiene consecuencias accidentales y no queridas en favor del resto. Para no caer en este sofisma, es importante repasar los conceptos de la división del trabajo, la cooperación social y el ineludible interés personal que debe ser satisfecho por todos los participantes de cualquier empresa.

El bien común es el bien que nos es común a todos; y esto es, el respeto mutuo. Sin embargo, muchas veces se usa el término “bien común” como subterfugio para la expoliación; tal como representan los conceptos de la justicia social y el de la igualdad de oportunidades.

Las grandes historias empresariales y los casos de superación que se escucharon en ambas jornadas, demuestran que no se necesita una pasión especial para generar trabajo. Para ser una marca reconocida y recordada, no solo es menester servir a los clientes con niveles de excelencia, sino también a sus empleados tanto como a sus accionistas. Las empresas que le dan más relevancia a las rentas de corto plazo por sobre el valor de la verdad y la transparencia, no cuentan la historia. 

Tal como expuso Milton Friedman en The New York Times Magazine de septiembre de 1970, la responsabilidad social del negocio consiste en incrementar sus ganancias ya que, ese logro sustentable y de alto impacto para toda la cadena de valor, implica que se han satisfecho necesidades y se mejoró el nivel de vida de semejantes. “No es la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde obtenemos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses”, decía Adam Smith.

Activismo medioambiental

He escrito en varias oportunidades sobre el tema del medioambiente, asunto que también se trató en el congreso de ACDE. Muy sintéticamente apunto que hay que estar muy atentos al activismo medioambiental que es otra vestimenta con la que se presentan los enemigos del capitalismo y el ánimo antiindustrial. Si pretendemos contaminación cero, debemos empezar por suicidarnos en masa porque, cuando exhalamos, expulsamos CO₂. La contaminación es el trade off de nuestro aumento en la expectativa de vida y bienestar. Las asignaciones de derechos de propiedad y la innovación privada, son los vehículos que permiten mejorar procesos eficientes y más limpios.

La preocupación por las “brechas de género” en la contratación del valor humano, es un approach riesgoso. La selección de colaboradores, debe apuntar a la búsqueda de talentos, que es lo que mejora el servicio a los clientes y el rendimiento para los accionistas. Fijar objetivos cuantitativos o proporcionales en la contratación de mujeres por el hecho de ser mujeres, es tan torpe como buscar la contratación de hombres por ser hombres o buscar la contratación de pelirrojos. El talento no sabe de sexo. No se trata de seleccionar penes o vaginas sino de valores que hagan una diferencia a los fines empresariales.

Para terminar, creo que se deberían revalorar los escritos papales de Pio XI, Leon XIII y Juan Pablo II. Pio XI, ponía de relieve lo contradictorio que resulta ser socialista y cristiano a la vez. En fuerte contraste con esto, en la actualidad, cuando a Francisco I lo acusan de ser comunista, para el asombro de todos, dice que “son los comunistas los que son cristianos.”

San Juan Pablo II

Como católico, recuerdo con nostalgia a Juan Pablo II. El querido y recordado Pontífice decía que, si una empresa tiene éxito, quiere decir que se han satisfecho necesidades humanas debidamente y que “si por ´capitalismo´ se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva, aunque quizá sería más apropiado hablar de ´economía de empresa´, ´economía de mercado´, o simplemente de ´economía libre´.” Muy a contramano de éste espíritu, el actual Papa, dice que “el dinero es el estiércol del diablo”. Con ello no solo deja al Vaticano en una franca contradicción sino que llena de paradojas y culpas a empresarios con la nobleza y el espíritu de Enrique Shaw.

Maravillosas enseñanzas nos dejó también León XIII cuando se refería a aceptar las naturales desigualdades: “Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad…” 

También León XIII, respecto del camino hacia la prosperidad, afirmaba que la condición para aliviar a los pueblos, era la inviolabilidad de la propiedad privada. Sin embargo, sobre esto, el Papa Francisco, no pierde oportunidad para pasar mensajes hostiles al espíritu empresarial y a cualquiera que tenga un mínimo ánimo de superación. “No compartir con los pobres nuestros bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”, dice Francisco I con su insistente prédica acerca del “destino común de los bienes creados” y la “subordinación de la propiedad privada en el destino universal de los bienes”

Es de esperar que desde instituciones influyentes y de respetables trayectorias, se reconozca claramente la importancia de la inviolabilidad de la propiedad privada, los valores morales del capitalismo y las autonomías individuales para el pleno desarrollo del ser humano y de su bienestar.

Bertie Benegas Lynch. Licenciado en Comercialización en UADE, Posgrado en Negociación en UP y Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Síguelo en @nygbertie

Scruton y la izquierda

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/6/21 en: https://www.elcato.org/scruton-y-la-izquierda

Carlos Rodríguez Braun reseña la nueva edición del libro del pensador británico Roger Scruton, “Pensadores de la nueva izquierda”.

El pensador británico Roger Scruton, que murió el año pasado, llamaba a los ideólogos del progresismo por su nombre: “Tontos, fraudes y agitadores”. Tal el título de uno de sus últimos libros, de 2015, que en la traducción española de Rialp fue púdicamente sustituido por su subtítulo: “Pensadores de la nueva izquierda”. Se trata de una muy valiosa revisión y actualización de “Thinkers of the New Left”, publicado en 1985. Scruton realiza un esfuerzo ímprobo de análisis crítico de los popes antiliberales, idolatrados en el mundo político, académico, cultural y periodístico, y con apreciables vacíos teóricos y empíricos, rara vez señalados. Destaca a un solo economista, John Kenneth Galbraith, considerado un sabio sin tacha por todo el mundo (bueno, casi: puede verse “Disentimiento sobre Galbraith” aquí).

Pero Galbraith al menos escribía bien, lo que no se puede decir de todas las demás figuras que desfilan en este volumen: Habermas, Althusser, Lacan, Said, Badiou, Zizek, Sartre, Foucault, Gramsci, Deleuze, Dworkin, Thompson, Hobsbawm y otros.

Roger Scruton detecta hilos comunes, como, precisamente, la oscuridad de muchas de estas supuestas lumbreras: “se pueden plantear mil preguntas y, aunque no tienen respuesta, esto solo incrementa la sensación de su relevancia y profundidad…cabe interpretar la oscuridad como la prueba de una profundidad y originalidad tan grandes que no pueden ser abarcadas mediante un lenguaje normal”.

Otra norma es la insistencia en la utopía maravillosa que nos espera si superamos los obstáculos al progreso: propiedad privadamercado, capitalismotradicionesreligión y moral. Scruton pone el dedo en la terrible llaga que estos pensadores eluden: el horror que la izquierda perpetró en el mundo cuando terminó con esos obstáculos.

Pero la nueva izquierda se niega a reconocer dichos desastres, porque ha invertido la carga de la prueba: no es ella la que tiene que responder, porque los que quieren cambiar el mundo son intelectual y moralmente superiores a los que cuestionan sus idílicos proyectos.

Ningún progresista defiende los campos de concentración. Pero este libro desnuda su falaz argumentación, su negación de la naturaleza humana, su relativismo moral, su mentirosa tolerancia, su odio a la libertad individual, su falso dios igualitario, y su terrible mentalidad colectivista. Y concluye con acierto: “Este esquema mental lleva al Gulag con la misma lógica que la ideología nazi de la raza lleva a Auschwitz”.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

¿Hay un sistema capitalista en China?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 12/6/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/06/12/hay-un-sistema-capitalista-en-china/

En el gigante asiático existen algunos islotes limitados de libertad. Sin embargo, el Partido Comunista mantiene un régimen totalitario. Los dos caminos hacia los cuales podría evolucionar esta nación, según la visión de dos intelectuales

Liu Xiaobo (Reuters)

Hay veces que uno concluye que en algunos casos son menos dañinas las izquierdas que los que se dicen amigos de la libertad. Este es el caso de quienes alardean como partidarios de la sociedad libre y sin embargo afirman sandeces mayúsculas como que en la China de hoy existe el sistema capitalista.

La primera recomendación a estos comentaristas estrafalarios es que estudien qué significa el capitalismo, que es un sistema basado en la propiedad privada y en el respeto irrestricto a los proyectos de otros, es decir, la consideración y garantías a las autonomías individuales. Para los distraídos que mantienen que el capitalismo es una realidad en China es muy recomendable estudiar, por ejemplo, el libro de Ludwig von Mises titulado La mentalidad anticapitalista porque esas falacias precisamente se encuentran incrustadas en las mentes de los propagandistas del supuesto capitalismo chino.

Una cosa es observar que el gobierno chino ha autorizado islotes limitados de libertad con lo que financia el enriquecido aparato estatal y otra bien distinta el pregonar la burrada de marras lo cual constituye un agravio a toda la tradición de la libertad que se ha esforzado en mostrar sus valores, principios y fundamentos a través del tiempo.

Es lo mismo que los irresponsables que parlotean del capitalismo ruso sin percatarse del sistema autocrático que allí impera que ha pasado del terror blanco al terror rojo y de allí al terror de los descarnados atropellos de los nuevos mandones ex KGB que todo se lo embolsan en un clima irrespirable de botas que anulan todo lo que no coincida con la prepotencia del momento. Es lo mismo que aquellos energúmenos que ponderan “la educación cubana” sin entender que donde hay adoctrinamiento hay anti-educación (para no decir nada de la obligación en esa isla-cárcel de escribir con lápiz pues la tanda siguiente debe borrar y usar el mismo papel debido a la fenomenal escasez de ese material). Es lo mismo que los bellacos que seriamente dicen que en Cuba hay buena medicina sin la elemental información de las pocilgas en las que se han convertido los hospitales tal como, entre muchos otros, explica la neurocirujana cubana Hilda Molina y que solo hay centros de salud para los burócratas y para ciertos extranjeros que apoyan al régimen comunista. En Cuba la detención más generalizada es bajo el cargo de “peligrosidad pre-delictiva” para encerrar a los sospechosos de oposición (igual que en la contrarrevolución francesa con los “delitos de intención”).

Para tener esos aparentes “amigos de la libertad” es mejor contar con los enemigos que por lo menos no actúan disfrazados y tienen la honestidad intelectual de confesar abiertamente sus designios.

Como es del dominio público hay una frondosa literatura sobre China pero en esta nota periodística centramos la atención en dos libros que desarrollan tesis opuestas respecto del posible horizonte futuro de ese país. En ambos casos claro que parten de la indiscutida premisa para todos los investigadores rigurosos que se vive hoy en China un régimen totalitario con los antedichos islotes de libertad que naturalmente generan un colosal resultado, pero, como queda dicho, estas dos prognosis difieren radicalmente en sus perspectivas para el futuro.

Veamos algunos flancos de estos estudios pero digamos que para ponerlo en una píldora telegráfica se trata de lo siguiente: por un lado Guy Sorman en China, el imperio de las mentiras sostiene que el sistema irá desembocando en un incremento aún mayor del espíritu totalitario a través del tiempo, mientras que Eugenio Bregolat en La segunda revolución china pronostica un futuro promisorio puesto que se basa en la idea que esos islotes de libertad que por más limitados que sean generarán nuevos incentivos y renovada fuerza para irse extendiendo a través del tiempo.

Sorman -aunque presenta varios escenarios posibles- se inclina por el mantenimiento de un sistema opresivo para la gran mayoría de los chinos que se refleja de entrada en su signo monetario ilustrado con la figura del asesino serial Mao, en el pretendido olvido de la masacre de Tiananmen y en los permanentes intentos de manotazos a Hong Kong en medio de cientos de millones sojuzgados por el régimen y literalmente muertos de hambre. La salida más próxima del sistema actual la esboza en dirección a la posibilidad de un eventual golpe de Estado que militarizaría aún más el país. Las rebeliones que aparecen “no se comunican entre sí, no constituyen un movimiento unitario, no tiene líder ni programa. El Partido llegó a fragmentarlas, no parecen capaces de conmoverlo ni de una magnitud suficiente como para enfrentar a la policía o al ejército”. El objetivo central de las posibilidades y variantes que se detectan en posibles gobernantes que se perciben como posibles consiste en todos los casos probables en “mantenerse en el poder” y “el segundo objetivo es el enriquecimientos de sus miembros” [los del Partido Comunista], lo cual lo fortalecen con empleos adicionales de armamentos adquiridos con la nueva riqueza.

Por otra parte, Guy Sorman lo cita a Mao Yushi, “el más lúcido de los economistas chinos, lo que le trae como consecuencia ser vigilado permanentemente por milicianos de la Seguridad Pública”, quien “considera que el desarrollo económico de China es más un desastre que un milagro” en primer lugar porque las “tasas chinas” no son confiables “ya que el gobierno es el único que tiene acceso a las estadísticas y que éstas no se pueden verificar.” Además eso de los islotes de libertad debe tomarse con precaución ya que están frecuentemente resquebrajadas, por ejemplo, “son los dirigentes del Partido los que dan a los bancos orden para otorgar préstamos por motivos políticos o personales y de no exigir el reintegro de esos préstamos” y así sucesivamente las cortapisas en el mercado inmobiliario, permisos en el comercio etc. Pero a pesar de todo, la liberación parcial y a regañadientes produce sus frutos que deslumbran a todos.

Como anunciamos, del otro lado del espectro se encuentra el libro de Bregolat quien concluye que todo lo que viene ocurriendo en China “configura una nueva mentalidad. Es probable que, antes o después, la ciudadanía demande un mayor grado de participación en los asuntos públicos. El Partido es consciente de ello y es muy posible la evolución desde dentro del sistema en dirección a la democracia, principio introducido ya, con limitaciones, en los pequeños municipios […] China sorprendió al mundo con su cambio económico y bien puede sorprenderlo en el terreno del cambio político. No es seguro que ocurra, pero no puede excluirse. El tiempo dirá”.

En todo caso las maravillas que en diversos planos describió Marco Polo sobre la antigua China del siglo XIII no se condicen con lo que viene sucediendo, tal vez solo que al encandilarse con el descubrimiento de la imprenta se le pasó inadvertido la irrupción del papel moneda lo cual transmitió su espíritu a la tan ajetreada vida contemporánea.

Por último, cierro esta nota con la mención de un personaje sobre el que he escrito antes en detalle. Se trata de Liu Xiaobo muerto a los 62 años de edad en China a raíz de un cáncer de hígado eventualmente fruto de los sucesivos disgustos y de su condena por el régimen a once años de cárcel en 2009 “por el delito de socavación al poder estatal” lo cual comenzó por la denuncia (préstese atención a la denominación orwelliana de la repartición gubernamental) de la Brigada Primera de la Oficina para la Seguridad y Control de la Red de Noticias Públicas de los Servicios de Seguridad de la Ciudad de Pekín, en concordancia con el párrafo 105, apartado 2 del Código Penal de la República Popular China referido al antedicho delito. Las autoridades no lo dejaron salir del país para tratarse la enfermedad.

Xioabo ha sido un baluarte de la libertad. En ese contexto sostiene con énfasis que la concesión a algunos de ciertas libertades producen una explosión fenomenal de la energía creadora que con razón deslumbra al mundo, pero el autor subraya que ese vergel de lo material no debe tapar la vergüenza de los atropellos a las libertades de prensa, de asociación, de reunión, la privación de una Justicia independiente del poder político y la corrupción astronómica de todos los funcionarios de más alta jerarquía. Señala que no resulta digno para la condición humana que se pretenda cubrir la bajeza de lo dicho con edificios y automóviles mejores puesto que esto significa la miserable renuncia de valores esenciales del espíritu por lo que en definitiva son las chucherías de la materia.

Este doctor en literatura fue profesor invitado, entre otras, en las universidades de Columbia y Oslo. En su obra más conocida –No tengo enemigos, no conozco el odio– se consigna que participó activamente en las antes aludidas protestas estudiantiles de junio de 1989, reprimidas de modo sangriento (colaboró en la redacción del documento titulado “La voces de las madres de Tiananmen”). Publicó once libros en el extranjero debido a la censura en China y fue condenado varias veces a “campos de reeducación” (un eufemismo para esconder los campos de concentración que millones de veces fueron campos de exterminio).

Fue presidente del PEN Internacional en la clandestinidad china y en 2010 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz que no pudo ser recibido por él por encontrarse en la cárcel y tampoco pudo ser recibido por sus familiares a quienes se les prohibió la salida del país (el 10 de diciembre, simbólicamente el galardón fue depositado en una silla vacía). Fue uno de los redactores de la célebre Carta 08 en pos de la libertad por la que fue severamente reprimido junto a otros colegas.

A pesar de que de joven admiraba a Marx debido al sistema de adoctrinamiento de todo régimen totalitario, por consejo bibliográfico del antes mencionado Mao Yushi fue muy influido por autores como Isaiah Berlin y Friedrich Hayek. En su último ensayo Xiaobo escribió -pese a las dificultades permanentes de saltear a los comisarios del pensamiento: “Anhelo ser la última víctima de la inquisición literaria en este país y que de ahora en más ninguna otra persona sea juzgada por sus palabras”.

En su antedicho libro critica a los que le dan prioridad en sus vidas “a los cargos, la riqueza y los viajes, los intereses especiales de las modas, el consumo, los buenos looks de las actrices de cine, los juegos de Internet y las relaciones de una noche”. Critica a los nacionalismos que “producen el mayor entusiasmo en la joven generación, sobre todo, el sentimiento antiestadounidense y antijaponés, así como el rechazo de la independencia de Taiwán, son reacciones con las cuales la juventud expresa su compromiso con el Estado chino y su odio por su nacionalismo […] Ese es el nacionalismo de la juventud china: fanfarronería para afuera, cobardía para adentro […] Si se quiere llegar al éxito rápido, debe estarse en el Partido [Comunista] apenas uno termina sus estudios […], este fenómeno que se vive tranquilamente, aunque con la moral rota, es perfectamente acorde con la esquizofrenia espiritual de toda la sociedad […] Las noticias no oficiales, que circulan de forma privada, muestran la forma verdadera del sistema informal, un verdadero reino del terror”.

En todo caso, en este texto hemos intentado mostrar la falsedad, el insulto a la inteligencia y la contradicción en los términos de mantener que hay un sistema capitalista en la China del abuso del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Democracia, libertad e igualdad

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 30/3/21 en: https://www.larazon.es/opinion/20210331/tdrtviqwczbsxfekefr4p3s3aq.html

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo

La izquierda presume de monopolizar la democracia, pero no hay democracia sin limitación del poder, sin libertades individuales, sin propiedad privada y, como escribió José Castillejo en Democracias destronadas, sin «la adhesión colectiva a ciertos principios morales y legales que se considera están por encima de todos los posibles cambios o divergencias».

El antiliberalismo desdeña tales principios superiores, porque concibe la democracia como una carta blanca para que el poder, en nombre de la libertad, la quebrante en aras, por ejemplo, de la imposición de la igualdad. Castillejo percibe la trampa de la lucha política contra la desigualdad: si el poder logra que las retribuciones se ajusten a las necesidades, el Estado deberá vigilar e inspeccionar a todos para evitar escaqueos, en desmedro de los derechos de los ciudadanos. «Cuando la democracia se hace consciente de su poder tiende a invadir y controlar nuevos campos de la vida social y los movimientos socialistas toman las riendas porque su cebo seduce a los ‘desposeídos’».

La democracia estriba en que cada persona pueda optar, y no en que el poder escoja todo en nombre del pueblo: «Un autócrata puede elegir entre respetar o no los derechos de los ciudadanos, pero una democracia solo lo es si los respeta. Sin embargo, en caso de conflicto entre un ciudadano y el Estado, si la decisión está en manos de este último, la comunidad es juez en su propio caso, y los derechos del individuo son prácticamente erradicados». De ahí la necesidad de la independencia de la justicia: «No solo debe ser independiente de la voluntad popular, sino también estar por encima de ella en la aplicación, para casos concretos, de las normas generales (leyes) establecidas por esta misma voluntad popular». No es casual que lo primero que hacen las revoluciones comunistas es usurpar la justicia. Tampoco lo es que los políticos se afanen en controlar a los jueces y sus órganos.

El socialismo de todos los partidos socava los límites del poder, y recurre para ello a la falsa noción de una igualdad que estriba en que el poder la establezca. Subraya José Castillejo que la igualdad socialista en realidad representa un falaz anhelo de replicar a los capitalistas. Como aquella señora que dijo: «Cuando todos seamos iguales yo tendré una criada».

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

El papa Francisco y la tragedia de los comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/10/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/10/10/el-papa-francisco-y-la-tragedia-de-los-comunes/

Algunas consideraciones a partir de la publicación de la encíclica “Fratelli tutti”

El papa Francisco (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

El papa Francisco (REUTERS/Guglielmo Mangiapane)

Acaba de publicarse una nueva Carta Encíclica titulada Fratelli tutti para seguir con la fórmula empleada por San Francisco de Asís a la feligresía. Consta de ocho capítulos divididos en 287 apartados impresos en ciento veintidós páginas según la edición original.

Dejando de lado generalidades y lugares comunes, el eje central de este mensaje pastoral consiste en un consejo referido a la propiedad privada al efecto de lo que el Pontífice estima es el camino para lograr el bienestar espiritual y material de todos los seres humanos. Pues yerra y se aleja grandemente del blanco ya que sus consejos indefectiblemente conducen a la miseria, muy especialmente de los más vulnerables. Descuento que esas no son sus intenciones pero ese es el resultado cada vez que se adoptan recetas como las sugeridas en el documento en cuestión.

En su línea argumental, el Papa subraya “el destino común de los bienes creados” en cuyo contexto aplaude lo dicho por Juan Crisóstomo en cuanto a que “no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros bienes que tenemos, sino suyos”. En la misma dirección subraya “la subordinación de toda propiedad privada al destino universal de los bienes de la tierra, el derecho de todos a su uso”.

Esto es tanto como afirmar que la propiedad privada no debiera existir puesto que significa el uso y la disposición de lo propio. Es equivalente al conocido comentario sobre la mujer semi-embarazada: es un contrasentido, está o no está. En nuestro caso o se respeta aquel derecho o se lo conculca.

Como es sabido, Marx y Engels en El manifiesto comunista de 1848 concluyen que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Tal vez este es el motivo por el cual el actual Papa a raíz de una pregunta sobre los que lo acusan de tener ideas comunistas, en una entrevista al periódico italiano La Repubblica el 11 de noviembre de 2016, respondió que “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

Dado que los bienes no crecen en los árboles y no hay de todos para todos todo el tiempo, la institución de la propiedad privada hace que se le de los mejores usos a los bienes por su naturaleza escasos frente a las necesidades ilimitadas. El comerciante que da en la tecla respecto a los deseos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que no acierta incurre en quebrantos. Estas no son posiciones irrevocables, se modifican según se atienda o desatienda las demandas de la gente. Este uso productivo hace que se incrementen las tasas de capitalización que son el único factor que permite aumentar salarios e ingresos y no es la caricatura que dibuja el Pontífice respecto de un “derrame” inexistente y también la emprende contra la tecnología que precisamente hace posible mejoras en el nivel de vida. El volumen de la inversión explica por la que unos países ofrecen mejores condiciones de vida respecto a otros. No es fruto del voluntarismo sino de marcos institucionales que aseguran los correspondientes derechos y no el establecimiento de pseudoderechos que se concretan en arrancar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno resultado de medidas como las aconsejadas ahora por la cabeza del Vaticano que subraya “exige un Estado presente y activo”, como si no fuera suficiente esa inclinación en nuestro mundo con aparatos estatales elefantiásicos que no dan respiro a personas que se las trata como súbditos.

Es en base a esta preocupación por la que León XIII escribió en Rerum Novarum: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden todos ser iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas; pero vano es este afán, y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad en la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de los particulares como de la comunidad; porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos; y lo que a ejercitar otros oficios diversos principalmente mueve a los hombres, es la diversidad de la fortuna de cada uno”. Sin embargo, además de lo señalado, el actual Papa subrayó en el último Angelus que “quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, pasa a ser el primero a ser el último”.

Por su parte, Pio XI ha señalado en Quadragesimo Anno que “socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios; nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero”.

En la Encíclica que ahora comentamos se objeta la igualdad de resultados, pero en una sociedad abierta la igualdad solo se refiere a la que es ante la ley y anclada al concepto de Justicia que según la definición clásica se traduce en “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo nuevamente remite al derecho de propiedad que a su vez es inseparable del mercado abierto y competitivo, es decir, el respeto recíproco en las transacciones de lo que pertenece cada cual, por más que el Papa Francisco rechace el liberalismo en cuyo contexto alude al “dogma neoliberal”, una etiqueta ésta a la que ningún intelectual serio se asimila (y mucho menos vinculada a dogmas que son la antítesis del espíritu liberal).

Aparecen otras contradicciones en el documento de marras, por ejemplo, en el caso del populismo que en un pasaje lo condena y en otro se apura a enfatizar que “es frecuente acusar de populistas a todos los que defienden los derechos de los más débiles”. Lo mismo ocurre con los nacionalismos que son denostados pero enseguida se condena la globalización. También el Pontífice le dedica grandes parrafeadas a incriminar al individualismo en pos de lo colectivo sin percatarse que de ese modo se está endiosando lo abstracto y menospreciando lo concreto. Borges ilustraba bien este punto al despedirse de sus audiencias: “me despido de cada uno porque es una realidad y no digo todos porque es una abstracción”. El individualismo no patrocina el aislacionismo como sugieren los socialismos en su perpetua insistencia de establecer aranceles, controles y cortapisas a la cooperación social voluntaria. El individualismo considera sagradas las autonomías de las personas y estima imprescindibles las relaciones abiertas con el prójimo.

Tal vez lo anterior resulte aun más claro si citamos un pasaje de Santo Tomás de Aquino en conexión al texto de esta Encíclica que se detiene en el concepto de amor al prójimo de un modo inconducente. Así se lee en la Suma Teológica: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo, por lo que el amor al hombre para consigo mismo es como un modelo del amor que se tiene por otro. Pero el modelo es mejor que lo moldeado. Luego el hombre por caridad debe amarse más a si mismo que al prójimo”. Si decimos que todos los hombres actúan en su interés personal es una perogrullada, inexorablemente la acción está dirigida en esa dirección. Es palmario que siempre está en el interés del sujeto actuante actuar como actúa. Se dice que una persona es bondadosa cuando sus intereses apuntan al bien y que es malvada cuando apuntan al mal.

Por otra parte, en la nueva Carta Encíclica no parece que se subraye el concepto tradicional de caridad y solidaridad que por definición para que tenga sentido debe ser realizada con recursos propios y de modo voluntario ya que lo que se lleva a cabo por la fuerza es la antítesis de la caridad y la solidaridad y más bien se parece a un atraco.

En uno de los apartados el texto se inclina a las supuestas ventajas de un gobierno universal sin atender el inmenso peligro del abuso de poder que ello significaría, en verdad la única justificación de aceptar la parcelación del globo terráqueo en naciones es para fraccionar el poder y eventualmente estas a su vez se subdividen en provincias y municipios.

Antes he escrito sobre la tragedia de los comunes que si bien ha sido bautizada de este modo contemporáneamente por Garret Hardin, fue desarrollada originalmente por Aristóteles cuando refutó en comunismo de Platón. Este asunto tiñe todo el espectro del estatismo y es lo relacionado con los incentivos.

El eje central de esta cuestión clave reside en comprender que independientemente de las convicciones de cada cual y de su proyecto de vida resultan de gran importancia los incentivos naturales del ser humano al efecto de inclinarse por una u otra acción u omisión. Y en esta línea argumental es importante percatarse que lo que pertenece a una persona y que ha obtenido con el fruto de su trabajo le prestará mayor atención y cuidado respecto a lo que pertenece a otro, además, en una sociedad civilizada, naturalmente no tiene jurisdicción sobre lo ajeno. Entonces aquí tenemos una primera aproximación al aspecto medular de nuestro tema: está en el incentivo de cada uno proteger lo propio y con lo ajeno abstenerse de hacer daño pero no inmiscuirse a menos que sea invitado a hacerlo.

Una segunda derivación del mismo principio general es que lo que es de todos no es de nadie y, por ende, los incentivos a cuidarlo no son lo mismo respecto a lo propio. Para ilustrar lo que venimos diciendo supongamos que una chacra en lugar de tener dueño se dice que es de todos. ¿Quién se esforzará en sembrar si otros pueden cosechar y llevarse el producido? ¿Cómo se imagina el lector será el destino y la administración de su domicilio si se decidiera que es del todo el pueblo? En este sentido, considérese que ocurriría si se debilitara la propiedad del Vaticano y todos pudieran usar y disponer de su patrimonio, para no decir nada de las masivas interferencias en el suculento Banco que sirve a sus propósitos.

Ilustremos telegráficamente esto con el caso de las mal llamadas empresas estatales, mal llamadas puesto que la característica esencial de la gestión empresaria es que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo ajeno. No se trata de jugar al simulacro. Ahora bien, en el mismo momento en que la “empresa estatal” se constituye significa que se alteraron las prioridades de la gente en el uso de sus recursos y si se dijera que el emprendimiento coincide con lo que las personas hubieran hecho no tiene sentido la intervención. Por supuesto que si además esa entidad arroja pérdidas y es monopólica la situación no puede ser peor.

Tengamos en cuenta que si se pretendieran justificar actividades antieconómicas que de otro modo no se hubieran concertado para atender zonas inviables, debe tenerse presente que las consiguientes pérdidas inexorablemente ampliarán territorios inviables. Pero en todo caso lo que aquí queremos apuntar es que hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma cuando el bien pertenece al titular que cuando lo pagan compulsivamente terceros. En democracia las decisiones tienen el límite del derecho del prójimo, en el extremo la mayoría no puede asesinar a la minoría sin demoler la democracia.

No se trata entonces de personas mejores o peores en el área comercial del aparato estatal respecto al privado, es un asunto de incentivos que marcan comportamientos. Por último, en esta línea argumental no se diga que hay conflictos de intereses entre los particulares y los generales puesto que esto resulta imposible si se establece el respeto recíproco, esto es, la sociedad libre con la consiguiente garantía a los derechos de cada cual donde no aparecen esperpentos como los asaltantes disfrazados de empresarios que en lugar de operar en el mercado abierto se confabulan con el poder de turno para obtener privilegios. Por otro lado, cuanto más extendida sea la asignación de derechos de propiedad más fuertes serán los incentivos para cuidar y multiplicar lo propio.

Esta visión de respeto recíproco mejora la condición de vida de todos pero muy especialmente de los más necesitados puesto que la contención del despilfarro permite incrementar las antedichas tasas de capitalización y consiguientemente salarios e ingresos en términos reales. La tragedia de los comunes empobrece. Los países pobres viven el síndrome de esta maldición y lo tragicómico es que se hace en nombre de los más vulnerables que lógicamente son cada vez más vulnerables.

Hemos vuelto sobre la tragedia de los comunes pues si no se rectifica lo consignado en esta Encíclica la tragedia se extenderá a la Iglesia. Esta advertencia puede resultar fortalecida con una cita que recoge preocupaciones aun antes del actual pontificado y en pleno resurgir de las propuestas iniciadas primero en Medellín y más adelante en Puebla, expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, doctor en derecho y doctor en sociología- quien escribe en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Muchos, cuando escuchan algún sacerdote que predica en el templo, ingenuamente piensan que se trata de algún malentendido. Desagraciadamente no es así. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad, pensado ingenuamente que hoy día, como era ayer, todos los sacerdotes reciben la misma formación tradicional y que se les enseña la misma auténtica doctrina de Cristo, tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Qué son peores? ¿Gobiernos desbocados, empresarios prebendarios o ladrones de bancos?

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 12/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/12/que-son-peores-gobiernos-desbocados-empresarios-prebendarios-o-ladrones-de-bancos/

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

FOTO DE ARCHIVO: Una bandera argentina flamea sobre el Palacio Presidencial Casa Rosada en Buenos Aires, Argentina 29 octubre, 2019. REUTERS/Carlos Garcia Rawlins

Para una evaluación que responda al interrogante que plantea el título de esta nota periodística, es indispensable remitirnos al significado de la ley. Para ello nada mejor que aludir al texto del decimonónico Frederic Bastiat titulado precisamente La Ley, publicado originalmente en 1850 y traducido por vez primera al castellano de la versión francesa en 1959 por el Centro de Estudios sobre la Libertad de Buenos Aires, antes incluso que la versión inglesa de 1964. Desde entonces se han publicado varias ediciones en distintos idiomas, la última en 2005 en castellano por Alianza Editorial de Madrid.

Bastiat fue un prolífico escritor, fundador de la célebre Asociación Francesa de Libre Comercio, frecuente colaborador del Journal des Economistes, diputado en las cortes francesas, gran amigo del notable polemista inglés Richard Cobden y ferviente estudioso de los clásicos del liberalismo. Sus abultados textos están recopilados en tres obras: Armonías económicasSofismas económicos y Ensayos de política económica. En el prólogo que el premio Nobel en economía Friedrich Hayek escribe para este último libro, concluye que Bastiat “tenía un don especial para ir al corazón de los problemas” y Joseph Schumpeter en su Historia del análisis económico lo considera “el periodista económico más brillante de la historia”. Se han publicado numerosas tesis doctorales sobre este eminente pensador, tal vez la más difundida sea la de Dean Russell presentada y aprobada en el Instituto de Estudios Internacionales para Graduados de la Universidad de Ginebra, en 1959, titulada Frederic Bastiat. Ideas and Influences.

Vamos entonces a un introito sobre significado de la ley que desafortunadamente pocos graduados de abogacía entienden hoy, puesto que la gran mayoría no son abogado -que significa defensores del derecho- y son en cambio estudiantes de legislaciones que pueden recitar sus números, incisos y párrafos pero se desentienden de los mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva. En este sentido, salvo honrosas excepciones, en nuestra época el positivismo legal ha hecho estragos lo cual, entre otras cosas, no permite ver que la igualdad ante la ley está indisolublemente atada a la noción de Justicia en el contexto clásico de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad privada que a su vez está anclada a los procesos de mercado abierto y el consecuente respeto recíproco.

La institución de la propiedad privada existe no solo referida a la personalidad de cada cual y a su vida sino a lo adquirido de modo legítimo. Tal como se ha consignado en otras oportunidades, la asignación de derechos de propiedad se torna indispensable a los efectos de darle el mejor empleo posible a los siempre escasos factores de producción: los que aciertan en las necesidades del prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos.

En esta línea argumental, el mayor aprovechamiento de esos recursos se traduce en incrementos en los salarios e ingresos en términos reales. En la visión opuesta Marx y Engels en el Manifiesto Comunista sostienen que “todo el programa comunista puede resumirse en la abolición de la propiedad privada”. Ludwig von Mises, al contrario, en Liberalismo explica que “todo el programa del liberalismo se traduce en el respeto a la propiedad privada”. Es del caso recordar que este último autor demostró que como la abolición de la propiedad significa la eliminación de los precios de mercado, en un sistema socialista coherente no hay forma de evaluar proyectos, calcular y llevar contabilidad. Las consideraciones técnicas carecen de sentido sin precios, como explica Mises: puede fabricarse agua sintética desde el punto de vista técnico con dos moléculas de hidrógeno y una de oxígeno pero se necesitan precios para saber si es viable.

Pasado este introito, veamos el análisis magistral de Bastiat en torno al corazón de la ley como sinónimo de derecho y no mera legislación (de paso recordemos que Juan Bautista Alberdi -el autor intelectual de la Constitución fundadora en tierras argentinas- resume la idea al escribir que “saber leyes, pues, no es saber derecho”). Bastiat se pregunta y responde: “¿Qué es la ley? Es la organización colectiva del derecho individual de legítima defensa”. A continuación escribe: “Tal como la fuerza de un individuo no puede legítimamente atentar contra la persona, la libertad o la propiedad de otro individuo, por la misma razón la fuerza común no puede aplicarse legítimamente para destruir la persona, la libertad o la propiedad de individuos”.

Bastiat conocía bien a los autores de la Escuela Escocesa, Adam Smith, Ferguson y Hume en cuanto a la trascendencia del orden espontáneo y la incipiente idea en cuanto a que el conocimiento está fraccionado y disperso entre millones de personas que se coordinan cada uno persiguiendo su interés personal sin lesionar derechos de terceros y, asimismo, la ignorancia se concentra cuando megalómanos intervienen en el mercado provocando desabastecimientos y desajustes varios que redundan en perjuicio de todos pero muy especialmente en el bolsillo de los más necesitados. Así nuestro autor, siempre en su trabajo sobre la ley, nos dice: “Puede afirmarse aún que gracias a la no intervención del Estado en los asuntos privados, las necesidades y las satisfacciones se desarrollarían en el orden natural”. Pero afirma que desafortunadamente los gobiernos han “procedido en forma contraria a su propia finalidad, han destruido su propia meta: se han aplicado a aniquilar aquella justicia que debían hacer reinar, a borrar, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar, ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieren explotar” y concluye que se trata de la “completa perversión de la ley” ya que “no podía pues introducirse en la sociedad un cambio más grande y una mayor desgracia que esto: la ley convertida en instrumento de expoliación”. Y cómo reconocer el robo legal, se pregunta Bastiat y responde: “Es muy sencillo. Hay que examinar si la ley quita a alguno lo que le pertenece para dar a otros lo que no les pertenece”.

El pensador francés afirma que toda esta flagrante tergiversación y degradación de la ley coloca a las personas en una encrucijada: “Cuando la ley y la moral se encuentran en contradicción, el ciudadano se encuentra en la cruel disyuntiva de perder la noción de la moral o de perder el respeto a la ley”. Más adelante en su estudio sustancioso sobre la ley señala la fenomenal incomprensión que revela la equivocada noción que cuando se apuntan los desaguisados de los aparatos estatales metidos en áreas que exceden su misión específica de protección de los derechos de todos “que son anteriores y superiores a la existencia de los gobiernos” para nada quiere decir que se está en contra de tal o cual emprendimiento, solo se dice que no le compete al monopolio de la fuerza llevarlo a cabo ya que inexorablemente contradice lo que hubiera hecho o de que modo lo hubiera hecho la gente si hubiera podido utilizar libremente el fruto de su trabajo.

En este sentido, Bastiat subraya en una última cita que hacemos, también muy jugosa: “Hay que decirlo: hay en el mundo exceso de grandes hombres, hay demasiados legisladores, organizadores, instituyentes de sociedades, conductores de pueblos, padres de naciones etc. Demasiada gente que se coloca por encima de la humanidad para regentearla, demasiada gente que hace oficio de ocuparse de la humanidad. Se me dirá: usted que habla, bastante se ocupa de ella. Cierto es. Pero habrá de convenirse que lo hago en un sentido y desde un punto de vista muy diferentes y que si me entrometo con los reformadores, es únicamente con el propósito de que suelten el bocado”.

Recién después de haber marcado estas fundamentalísimas disquisiciones sobre la ley y los engendros que se provocan cuando se aparta del derecho, recién ahora entonces podemos responder y evaluar el interrogante con que titulamos esta nota. Nada cambia por el hecho de que una multitud apruebe un desatino, no por eso deja de ser desatino. Tal como ha escrito Benjamin Constant, que tanto inspiró a Bastiat: “La voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”, por otra parte un concepto que viene desde Cicerón, quien destacó: “El imperio de la multitud no es menos tiránico que la de un hombre solo” y, entre nosotros, Juan González Calderón ha dicho que “los demócratas de los números ni de números entienden puesto que parten de dos ecuaciones falsas: 50% más 1%=100% y 50% menos 1%=0%”.

Entonces los gobiernos desbocados traicionan abiertamente el sentido de la ley y la convierten en robo legal, en usurpación y en expoliación al fruto del trabajo ajeno, es decir, le dan la espalda a la misión por la que existen los aparatos estatales de garantía y protección a los derechos. Este es el sentido del derecho a la resistencia a la opresión intolerable desde John Locke en adelante inscripta en muchos declaraciones de independencia comenzando por la estadounidense, es decir la legitimidad de un contragolpe para frenar los golpes extremadísimos y repetidos a las instituciones republicanas, lo cual se hizo en muchos casos, unos con suerte como la antedicha independencia norteamericana y otros con desvíos atroces como el contragolpe de Castro a los reiterados golpes perpetrados por Batista contra las instituciones republicanas en lo que hoy es la isla-cárcel cubana.

La usurpación con apoyo electoral no modifica la usurpación en todos los actos en los que el Leviatán da manotazos vía impuestos insoportables, inflaciones colosales y deudas astronómicas al efecto de financiar gastos gubernamentales elefantiásicos empleados para aplastar a súbitos indefensos.

En cuanto al caso de empresarios prebendarios, las alianzas con el poder de turno para explotar a sus congéneres constituyen también un atraco. Y cuando los privilegios se esgrimen debido a la necesaria protección, debe señalarse que no hay derecho a que endosen sus costos sobre las espaldas del resto de los habitantes puesto que si no contaran con los suficientes recursos para hacer frente a los primeros períodos de sus proyectos deberán vender su idea a otros en el mercado local o internacional, pero si nadie le compra ese proyecto es porque está mal evaluado lo cual tampoco justifica recurrir coactivamente al bolsillo ajeno.

Finalmente, el ladrón de bancos o sus equivalentes siendo a todas luces repudiables por lo menos tienen la idea de que lo que hacen contradice los valores de los asaltados. Por eso se cubren la cara y generalmente operan en la oscuridad de la noche, mientras que los gobernantes desbocados y los empresarios prebendarios asaltan a cara descubierta, de día y con el apoyo del monopolio de la fuerza convertida de contrabando con apariencia de ley disfrazada de derecho. Por eso es que el antes referido Alberdi escribió: “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública”. A eso agrega su condena al proteccionismo empresario, que sostiene es “la protección a la estupidez y a la pereza, el más torpe de los privilegios” (Obras Completas, tomo IV, pp.165 y 182 respectivamente).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Sobre ambientalismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 26/7/20 en: https://www.elpais.com.uy/opinion/columnistas/alberto-benegas-lynch/ambientalismo.html

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Con gran ingenuidad y la mejor de las intenciones, es común incurrir en equívocos respecto al cuidado del planeta. Con la idea de proteger la propiedad de la Tierra se suele destruir la propiedad privada con lo cual se termina afectando al globo terráqueo. De un tiempo a esta parte los socialismos se han agazapado al ambientalismo como una manera más eficaz de liquidar la propiedad privada: en lugar de decretar su abolición al estilo marxista, la tragedia de los comunes se patrocina con mayor efectividad cuando se recurre a los llamados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” a través de lo cual se abre camino para que cualquiera pueda demandar el uso considerado inadecuado de lo que al momento pertenece a otro.

Antes que nada, subrayamos que toda invasión a la propiedad debe ser castigada, ya se trate de un asalto o de la emisión de monóxido de carbono o del desparramo de ácidos, basura, contagio irresponsable de un virus o cualquier otra acción que lesione derechos de terceros. De más está decir que no se trata de eliminar toda polución, de lo contrario habría que dejar de respirar debido a la contaminación por la exhalación de dióxido de carbono.

Vamos entonces al denominado calentamiento global. El fundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman, el premio Nobel en física, Ivar Giaever y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore, sostienen que se trata de un fraude en el sentido de tergiversación de estadísticas puesto que, por una parte, el aumento en la temperatura en el planeta Tierra se ha elevado medio grado en el transcurso del último siglo y fue antes de que aparecieran los gases que fueron inyectados por los humanos en la atmósfera.

El efecto invernadero es controvertido. La opinión dominante es también refutada por  científicos de peso como Donald R. Leal, Fredrik Segerfeldt, Martin Wolf, Terry L. Anderson y Ronald Bailey. Según estas opiniones, en las últimas décadas hay zonas donde se ha engrosado la capa de ozono que envuelve el globo en la estratosfera. En otras se ha debilitado o perforado. En estos últimos casos, los rayos ultravioletas, al tocar la superficie marina, producen una mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, que dificultan la entrada de rayos solares. Esto conduce a que mediciones apropiadas en períodos de tiempo razonables revelen enfriamiento neto.

Muchas especies marítimas están en vías de extinción. Esto hoy no sucede con las vacas, aunque no siempre fue así: en la época de la colonia, en buena parte de América latina el ganado vacuno se estaba extinguiendo debido a que cualquiera que encontrara un animal podía matarlo, engullirlo en parte y dejar el resto en el campo. Lo mismo ocurría con los búfalos en Estados Unidos. Esto cambió cuando comenzó a utilizarse el descubrimiento tecnológico de la época: la marca, primero, y el alambrado, luego, clarificaron los derechos de propiedad. Lo mismo ocurrió con los elefantes en Zimbabwe, donde, a partir de asignar derechos de propiedad de la manada se dejó de ametrallarlos en busca de marfil.

Respecto al temor por la desaparición del agua, el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe: «El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas». El planeta está compuesto por agua en sus dos terceras partes, aunque la mayoría es salada o está bloqueada por los hielos. Sin embargo, hay una precipitación anual sobre tierra firme de 113.000 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000. Eso deja un neto de 41.000, capaz de cubrir holgadamente las necesidades de toda la población mundial. Sin embargo, se producen millones de muertes por agua contaminada y escasez. Tal como ocurre en Camboya, Ruanda y Haití, eso se debe a la politización de la recolección, el procesamiento y la distribución del agua. En esos países, por ejemplo, la precipitación es varias veces superior a la de Australia, donde no tienen lugar esas políticas y en consecuencia no ocurren esas tragedias.

Julian Simon y Herman Kahn se detienen a considerar el tema de los recursos naturales referido a los conceptos de sustitución, reciclaje y la tecnología. Estos autores mantienen que hay dos métodos de calcular reservas de recursos naturales. Uno es el de los ingenieros y el otro es el de los economistas. El de los ingenieros se limita a extrapolar el precio y el ritmo de consumo en relación a las reservas físicas estimadas al momento. El método de los economistas, en cambio, consiste en no considerar la extrapolación de una situación estática sino comprender que cuando se considera más urgente un bien el precio se eleva y por ende las reservas se estiran.

Finalmente, la genética ha producido una llamativa revolución al posibilitar mejoras extraordinarias en la calidad de vida en muy diversos planos.  Nos estamos refiriendo a plantas resistentes a plagas y  pestes que, por ende, no requieren el uso de plaguicidas y pesticidas químicos, a la posibilidad de incrementar el valor nutriente, a la capacidad de incorporar ingredientes que fortalezcan la salud (incluyendo la disminución de alergias) y el enriquecimiento de los suelos, tal como ha explicado entro otros el biólogo molecular, premio Nobel en medicina, Richard Roberts. De más está decir que lo que aquí dejamos consignado no es incompatible con que simultáneamente se trabajen otros procedimientos como los alimentos orgánicos para lo que se recurre a fertilizantes producto de la composta o abono orgánico que son el resultado de residuos animales y vegetales.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La cuarentena es un auténtico genocidio

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 16/6/20 en:  https://alejandrotagliavini.com/2020/06/16/la-cuarentena-es-un-autentico-genocidio/

 

Es increíble que en parte del mundo se haya instalado una solución de “medicina medieval”, como describen los mejores especialistas a la cuarentena, o de “medicina” maoísta para ponerlo en términos modernos, que rompe con la lógica, con la naturaleza humana desde que encerar no es normal, es violenta, y viola derechos humanos como la libertad. Pero más increíble es que, ante la evidencia, no solo no recapacitan, sino que dan vuelta los datos y la lógica para justificarse.

En otra columna, ya escribí que ésta “pandemia” es otra gripe, según especialistas serios como Michael Levitt o Pablo Goldsmith. De hecho, al Covid 19 se le atribuyen unas 450.000 muertes -concediendo que esta cantidad no esté muy “inflada”- mientras que la burocracia maoísta de la OMS estima que anualmente por influenza mueren hasta 650.000 (en Argentina, por caso, son unas 32.000).

Ahora, quienes apoyan la medicina medieval, contra argumentan que de no ser por las cuarentenas morirían muchísimos más, lo que no es más que ciencia ficción, de hecho, es al revés mueren más porque encerrados se debilitan y de todos modos se contagian en los ascensores, al salir a los balcones y demás.

Pero supongamos que las cuarentenas evitaron cinco millones de muertos en el mundo, según los más alarmistas. Multipliquemos por diez el alarmismo, y creamos el disparate de que morirían 50 millones. Hasta la oficialista ONU asegura que por “la pandemia”, es decir, los efectos económicos de las cuarentenas y otras represiones estatales, en 2020 se sumarán 130 millones de personas que podrían estar cerca de morir de hambre a las 135 millones del 2019. ¡130 millones! Un genocidio, verdadero.

Además, hay que sumar la violencia que se desprende del monopolio de la violencia con la que el Estado impone cuarentenas, como femicidios, violencia intrafamiliar, suicidios y demás. El destacado economista argentino Miguel Boggiano señala que están cerrando cientos de empresas por la cuarentena, (el Estado) está avanzando sobre la propiedad privada… mientras tiene hacinados a los pacientes con Covid-19. Por cierto, las empresas que cierran son millones en todo el mundo.

Pero lo más irónico es que la salud global está empeorando, la tasa general de fallecimientos se dispara. Porque, con la excusa del coronavirus, se han suspendido millones de tratamientos como, por caso, el de Adela en Perú que se sometió a sesiones de quimioterapia en el Hospital Rebagliati de EsSalud y, cuando la enfermedad estaba cediendo, su tratamiento fue cancelado.

Cuentan J. Hoffman y R. Maclean que “la lucha por detener al coronavirus” -léase las cuarentenas y otras restricciones- acelera otras enfermedades. Entre otras cosas porque los vuelos con medicinas y ayuda fueron prohibidos o desviados. La difteria está apareciendo en Pakistán, Bangladesh y Nepal, el cólera en Sudán del Sur, Camerún, Mozambique, Yemen y Bangladesh. Una cepa mutada de poliovirus en más de 30 países. Y el sarampión -que es más contagioso que el coronavirus- se propaga por el mundo, incluidos Bangladesh, Brasil, Camboya, República Centroafricana, Irak, Kazajstán, Nepal, Nigeria y Uzbekistán.

El riesgo es “una epidemia que matará a más niños que el COVID-19”, dijo Chibuzo Okonta, de Médicos Sin Fronteras. Un auténtico genocidio. Solo espero que esto le sirva a la humanidad para comprender que no se puede manejar por miedo, ni con violencia.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Capitalismo mafioso

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 7/6/20 en:  https://www.libremercado.com/2020-06-07/carlos-rodriguez-braun-capitalismo-mafioso-90966/?_ga=2.40905314.158871564.1592342247-2041735642.1589903715

 

Las intervenciones del Estado propician el desarrollo de las actividades mafiosas.

Fernando Méndez Ibisate, amigo y compañero de muchos años en la Universidad Complutense, llamó mi atención tiempo atrás sobre un interesante artículo de Íñigo Domínguez en El País Semanal acerca de la mafia en EEUU.

La tesis del señor Domínguez es que la mafia sigue tan campante porque en realidad es el capitalismo:

La Mafia es una copia de papel carbón del sistema, una epopeya del capitalismo en su versión más salvaje, con el lema de ganar dinero donde sea y como sea (…) No solo es que los capos quisieran ser cada vez más empresarios, es que el propio capitalismo se ha vuelto cada vez más mafioso.

Esto es realmente asombroso, porque el capitalismo es lo contrario de lo que don Íñigo sugiere: los negocios y el mercado no consisten en «ganar dinero como sea», sino dentro de un marco institucional donde operen reglas externas y previsibles sobre la propiedad privada y los contratos. La mafia opera justo al revés: con reglas no externas sino internas, y con personas dispuestas a violar todas las propiedades, todos los contratos y todos los derechos, empezando por el derecho a la vida. ¿Cómo pudo el señor Domínguez no ver esta realidad?

Y al mismo tiempo, ¿cómo no pudo ver el ámbito donde los negocios y las empresas efectivamente se corrompen, pudiendo incluso llegar hasta extremos mafiosos?

De haber prestado atención a esta corrupción, denunciada por los liberales desde Adam Smith, habría observado que hay un agente vinculado de diversas maneras a la mafia, que es el Estado. Sabido es que sus intervenciones propician el desarrollo de las actividades mafiosas. Dos ejemplos célebres fueron el suministro de alcohol durante la Ley Seca en Estados Unidos y el narcotráfico en nuestros días en todo el mundo. Son actividades fomentadas por la prohibición impuesta por las autoridades, no por la interacción voluntaria característica de los mercados. Decir que el Chapo Guzmán es un empresario típico, e identificarlo con el capitalismo, es claramente una distorsión de la realidad.

Hablando de Gobiernos y políticos, el artículo del señor Domínguez no abunda en su análisis, pero los viejos del lugar tenemos la memoria suficiente como para sonreír ante esto que afirma sobre los mafiosos: «Seguían quedando en gasolineras de autopistas».

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun