Google no puede ser Dios

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 4/4/18 en: http://elpais.bo/google-no-puede-ser-dios/

 

No recuerdo quién dijo que “pedirle al Estado que resuelva un problema es pedirle al zorro que cuide a las gallinas”, pero es verdad, absolutamente verdad, aunque no lo crea. Desde muy pequeños –por la televisión y en los colegios- los gobernantes nos han saturado con propaganda y “explicaciones” sobre las buenas cosas que harán y lo bien que nos gobernarán… pero, en realidad, hacen lo contrario.

Parece que la Comisión Europea ha renunciado a sugerir leyes para “proteger de injerencias los procesos electorales”, confiando en la autorregulación en las redes sociales en lo que a “Fake news” -noticias falsas- se refiere. Pero hete aquí que fueron precisamente los políticos quienes iniciaron estas falsedades. Así que resultaría irónico que pretendieran cuidarnos de ellas.

La Comisión se sintió forzada a tratar el tema debido a la diseminación de noticias falsas en el referéndum del Brexit; las elecciones en Francia y Alemania, y las campañas de desinformación rusas hacia las repúblicas bálticas. Quizás el mejor chiste lo dijo un eurodiputado centro derechista español: “Las noticias falsas son un instrumento que usan los enemigos de la democracia”, afirmó cuando estas noticias fueron iniciadas por sus colegas políticos elegidos, precisamente, en un proceso democrático.

Ahora, quizás lo más preocupante es que esta campaña contra las “fake” ha sido amplificada por muchos medios de prensa cuando las medidas que podrían tomar los gobiernos implican cercenar la libertad de expresión. Se diría que algunos medios no quieren la competencia de las redes sociales. Tanto la han amplificado que de una encuesta resultó que el 83% de los encuestados dice que las noticias falsas son un peligro para la democracia.

Por suerte, buena parte de la opinión pública se mantiene clara y ha presionado contra estas medidas al punto que en la Comisión han dicho que “No queremos que se nos acuse de querer ser un ministerio de la verdad… que diga: vamos a decir que es cierto y que falso”. Pero dada tanta presión, sumada a la de algunos tribunales, Google se ha sentido forzada a tomar algunas medidas.

El “reconocimiento jurídico” del derecho al olvido en Europa tiene su origen en 2011, cuando Google defendió ante la Audiencia Nacional española su negativa a cancelar datos de personas que consideraban que las referencias que el buscador arrojaba lesionaban su dignidad. La multinacional sostenía que eliminar o alterar los contenidos supondría la pérdida de “objetividad” y “censura”.

Desde 2014, Google ha recibido en los países de la Unión Europea más de 650 mil solicitudes para retirar más de 2,4 millones de direcciones de Internet, de las que ha cancelado alrededor de un millón, es decir, que atendió alrededor del 40% de los casos. Pero esto es pedirle Google que juegue a Dios decidiendo que es verdad y qué no.

Los rumores falsos, y los malentendidos, son parte de la vida humana. Todos los hemos sufrido, aunque solo sea a nivel social dentro de nuestra comunidad y, sin embargo, seguimos viviendo. Los que tienen la conciencia tranquila sabiendo que actúan con honestidad, sinceridad e intentando el bien común, duermen despreocupados. Cada uno es responsable de sus actos, y sabe con qué personas se junta y qué datos entrega. Pedirle al zorro que cuide el gallinero, es muy peligroso, es pedirles a los políticos que solo podamos conocer aquellas noticias -y del modo- que ellos quieren.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La magia comunista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 14/2/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/la-magia-comunista/

 

Uno de los esfuerzos más notables de prestidigitación en el mundo de las ideas ha sido y sigue siendo la propaganda comunista. Lo primero que hicieron los comunistas fue insistir en que su sistema era mejor que el capitalismo, porque brindaba no solo libertades políticas sino beneficios económicos. En serio. Y, en serio, durante décadas numerosos intelectuales occidentales difundieron semejante patraña (puede verse: Paul Hollander, Los peregrinos políticos).

Finalmente, y con increíble retraso, el camelo se reveló como tal, y se vio que el comunismo había sido lo contrario de lo que pregonaban sus epígonos: sistemáticamente se tradujo en dictadura política y miseria económica. Entonces, la estrategia cambió. Los comunistas se volvieron defensores de los derechos humanos, del feminismo, del medio ambiente, de los pueblos indígenas y de la democracia, es decir, de todos los objetivos que se ocuparon de masacrar en todos los países donde se aplicó el comunismo. Ese esfuerzo de engaño también tuvo éxito: mucha gente lo cree, igual que mucha gente cree que lo malo del comunismo es solo el estalinismo, o que el comunismo es bueno porque combatió al fascismo.

Otro variante de la magia comunista es alegar, créase o no, que lo malo del comunismo es culpa del capitalismo: en serio, hablan de “capitalismo de Estado”. O aseguran que el comunismo, a pesar de sus innegables crímenes, sirvió para “suavizar el capitalismo” mediante la intervención del Estado, un camelo sin base alguna, precisamente porque dicha intervención no tuvo que ver con la protección del capitalismo sino con la usurpación política de la riqueza creada por empresarios y trabajadores.

Cuando se les enfrenta a la realidad criminal en que se concretan sus ideas, y se rechaza la treta habitual de considerar al capitalismo solo en sus peores resultados, y al socialismo solo en sus mejores objetivos, los comunistas perpetran el arte supremo de la negación de la realidad: proclaman que los crímenes no fueron cometidos por comunistas. Un líder de la izquierda en España dijo que si un comunista era un asesino, entonces no era comunista. El blindaje tramposo es entrañable.

Pero en los países comunistas no se aplicó el capitalismo sino el comunismo, porque se limitaron o extirparon la propiedad privada y los contratos voluntarios del mercado. Millones de trabajadores, por eso, murieron de hambre. La magia no puede ocultarlos. Intentarán atribuírselos al capitalismo, cuando fueron víctimas de políticas claramente anticapitalistas. El espectáculo continuará. ¡Ale hop!

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Ciencia y las falsedades

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 30/3/16 en: http://www.eldiarioexterior.com/ciencia-y-las-falsedades-47480.htm

 

Hoy la mayoría de los postulados que pasan por científicos no resisten el menor análisis. Es muy común, por caso, que “prestigiosas” instituciones lancen estadísticas, con ánimos de probar determinadas hipótesis, y suelen ser creídas por la opinión pública debido a una abrumadora propaganda. Un postulado científico necesita de tres condiciones necesarias mínimas, pero no suficientes. ¿Cuál es la condición suficiente? Al contrario de lo que pregona el racionalismo, no existe condición suficiente, es decir, que en la ciencia humana nada es definitivamente -absolutamente- verdadero jamás. Solo tenemos hipótesis que utilizamos en tanto sean útiles y, de base, cumplan con las tres condiciones necesarias que mencionaba. Estas tres condiciones son las siguientes: primero, no debe contradecir principios básicos, para decirlo de forma muy elemental, no puede decirse que lo malo es bueno. Segundo, debe tener una demostración lógica simple y razonable y, tercero, debe quedar corroborado por datos empíricos independientes y reiterados.

Veamos un caso de falsedad científica. La OCDE y la CEPAL son organismos -multi- estatales y, por tanto, deben justificar los impuestos porque de eso viven los Estados que los financian, sobretodo hoy cuando los enormes déficits, de los gobiernos alrededor del mundo, necesitan justificar un aumento impositivo. Así, acaban de lanzar documentos, que pretenden que son “científicos”, donde insinúan que cobrar más impuestos enriquece a los países y que -viva la demagogia- cobrarles más a los ricos es de justicia. Según el documento “Tributación para un crecimiento inclusivo” de la CEPAL y OXFAM, en algunos países de Latino América, el estrato de mayores ingresos paga entre el 1% y el 3% de su ingreso bruto, cuando en EE.UU. la tasa para el 10% más rico es de 14,2% y en algunos países de la Unión Europea (UE) supera el 20%. Según el informe, en la región el impuesto sobre la renta de las personas físicas logra una reducción de la desigualdad de 2,1% medida por el coeficiente de Gini mientras que en la UE es del 11,6%.

La recaudación de impuestos sería, en general, demasiado baja para las necesidades mínimas en salud y educación públicas. La tasa media de recaudación tributaria en términos porcentuales del PBI se elevó en la región del 21,5 % registrado en 2013 al 21,7 % en 2014 quedando lejos de los países de la OCDE, donde el coeficiente alcanzó en 2014 un promedio del 34,4 %. No hay duda de que estos porcentajes y cifras -en alguna medida- están dibujados o calculados caprichosamente, pero supongamos que son reales. La presión real del Estado sobre el mercado no termina en la recaudación impositiva. Debe sumársele la inflación -y la corrupción- entre otras cosas. Es imposible calcular cuánto significa la inflación en términos de “presión fiscal”, pero si al 32,2% que dicen que tiene Argentina le sumamos lo que se “recauda” por vía del 35% de inflación, sin dudas la presión fiscal total supera a la europea y de aquí, al contrario de lo que dicen estos organismos, procede la pobreza argentina.

Pero volvamos a los tres principios fundamentales. Primero, la recaudación impositiva no puede ser buena porque contradice un principio básico: la violencia siempre destruye. Segundo (y explico el primero), al contrario del mercado, donde las personas pagan por aquello que les conviene -y se produce la eficiencia porque cada parte recibe lo que mejor le viene- el Estado fuerza a pagar, utilizando su monopolio de la violencia, aunque lo que se ofrece no convenga. Y al tercer principio, ya lo vimos. Aun suponiendo que las cifras, los datos empíricos, dados por estos organismos sean ciertos, la presión fiscal total -impositiva, inflacionaria, corrupción, etc.- es muy superior en los países pobres y así, precisamente se produce su pobreza porqueel Estado malgasta los recursos ya que, siendo coactivo, evita la eficiencia que se produce cuando cada persona tiene la posibilidad de utilizar voluntariamente sus recursos en aquello que le conviene. Hablando de inflación, recordemos que no es el aumento “generalizado” de precios. La variación de precios es necesaria para la eficiencia del mercado. La inflación es la oferta de dinero por sobre lo que el mercado demanda en tiempo real, de modo que nunca puede ser responsabilidad del empresario, ni siquiera secundaria como dice el gobierno. Por tanto, basados en argumentos falaces, no es creíble que logren bajar la inflación en el segundo semestre, como dice Macri.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El nazismo no requiere plan:

Por José Benegas. Publicado el 6/9/12 en:  http://josebenegas.com/2012/09/06/el-nazismo-no-requiere-plan/

 

“La juventud es terrible: es un escenario por el cual, calzados con altos coturnos y vistiendo los más diversos disfraces, los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden sólo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para el jovencito Napoleón, un escenario para masas fantizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastrófica real.”
Milam Kundera
La Broma
No importa que se lo hubieran propuesto de entrada, que lo hayan descubierto en el camino o que tomaran ese rumbo a último momento. Mucha gente quiere encontrar el cálculo maléfico, pero al totalitarismo nazi lo pueden hacer los tipos más idiotas. Un sargento con problemas mentales, o una casi abogada en una situación mental parecida, o su marido que vivió su vida para vengarse de sus compañeros de colegio. Aunque este último no tenía un pelo de tonto, lo que lo llevó a encumbrarse y a no encontrar límite fue su brutalidad e inconciencia en una sociedad lista para ser tiranizada, no su inteligencia sino la amoralidad de quienes debieron oponerse y estaban tan obnubilados intentando justificar su antinoventismo que le entregaron el alma y el país a lo peor posible de la política argentina.
No importa porque una vez que la inercia del enemigo interno se desata, que la ley desaparece y es reemplazada por la voluntad del del líder, empieza a girar la rueda en la que el poder se empieza a comer todo, las conductas se tornan adaptativas o cómplices, los segregados ocupan el lugar del mal a expiar y toda la basura de la sociedad encuentra un cause en el proyecto oficial.
La historia de este nazismo empieza en mayo de 2003, las condiciones de su arribo son anteriores, pero la apretada con muchos cómplices hoy escandalizados tuvo su inicio entonces.
Algunos se preguntan si esto sigue para peor, hasta dónde llega el todo de la Pinocha en jefe. No importa lo que se proponga, ella armó el dispositivo nacional socialista, sus lacayos están adoptando un lenguaje cada vez más segregador entre lo nacional y popular y el resto de nosotros que somos los enemigos internos. Y todos bien pagos, con un alto precio a pagar si se van del poder. Tienen los mitos, tienen las mentiras, tienen los demonios, tienen una cuota de veneno inyectado en las sociedad, gran nerviosismo e inseguridad por ellos mismos creadas que lleva a la gente a agarrarse de cualquier tabla de salvación, un aparato de propaganda y violencia potencial en alianza moral con los bajos fondos. Ya está y hay un tic tac, tic tac, sonando desde hace rato.
O el dispositivo se desarma o produce sus efectos, no hay muchos secretos. Como en la película La Ola, las condiciones se crean, lo demás viene solo.
Hay videos en Youtube del Nazi venezolano Chávez a los inicios de su gobierno, asegurando que no quebrantaría la propiedad privada y que respetaría los contratos. No es necesario creer que mentía. Podría haber estado diciendo la verdad. El rompió la valla, incluso para si mismo.
No es que tenemos que tener cuidado porque algo están preparando y pensando, podríamos pensar que van cumpliendo cada presupuesto para el avance del nacional socialismo de manera inadvertida. Están apagando a la prensa, están adoctrinando y reclutando jóvenes que se suman al odio que el poder les propone como se harían fanáticos de un equipo de fútbol a su edad, listos para cualquier épica. De Harry Potter a Hitler sin escalas.
Los jóvenes y niños siempre son carne de cañón e instrumentos para el apriete. Justo en la etapa de la rebeldía en lugar de canalizarla para crecer sobre los vínculos familiares, se la lleva de manera forzada al plano político para la cacería de brujas. Se abusa de los niños y jóvenes en la Cuba de Castro con los monstruitos llamados “pioneros”, como con las juventudes hittlerianas lanzadas a la delación y a uniformarse y la cámpora en los colegios buscando lo mismo, con tres o cuatro slogans y enemigos. No tienen la edad para juzgar lo que hacen, lo que se les invita a hacer, ni la naturaleza perversa de quienes los empujan.
El manejo de la economía es muy importante en este proceso. Sirve para establecer premios y castigos, junto con la destrucción de la Justicia, algo que viene ocurriendo de manera sistemática desde que se derrocó a la Corte para convalidar la reapertura de las divisiones de la década del setenta y la pesificación.
Es importante la construcción de dos órdenes jurídicos el de los “nacionales y populares” (o los arios en otro tiempo y lugar) y el resto que no podemos ni conservar en secreto el uso de la tarjeta de crédito. Lo aclaró la Pinocha, se trata de un proyecto político apretar a la sociedad y conceder impunidad a los propios. O se está con ellos y se tiene todo o se está contra ellos y no se tiene nada.
¿A qué otro lado va a conducir esta pendiente de cuarenta y cinco grados? –

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

HANNAH ARENDT

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

En 1968 cuando fuí becado por la Foundation for Economic Education en New York, en uno de los seminarios de Murray Rothbard,  paralelos a los regulares, nos recomendó a los asistentes una obra de una persona que hasta el momento no había escuchado nombrar. Se trataba de The Origins of Totalitarianism de Hannah Arendt. Una intelectual alemana que trabajó su tesis doctoral con Jaspers (a quien se refiere con admiración en “Karl Jaspers: A Laudiatio” incluido en su Men in Dark Times), amante de Martín Heidegger (que se volvió nazi) y finalmente, después de un breve matrimonio terminado en divorcio, casada con el filósofo-poeta marxista Heinrich Blücher. Luego de largos e intensos estudios, Arent se trasladó a Estados Unidos donde enseñó en las universidades de Princeton, Chicago,Columbia, Berkley y Yale.

 

El libro mencionado básicamente trata de las características comunes de los sistemas impuestos por Stalin y por Hitler (uno se alzó con el poder después de la revolución bolchevique y el otro a través del proceso electoral). La autora muestra las ideas y políticas comunes de estos dos monstruos del siglo XX: la infernal maquinaria de propaganda, las mentiras más descaradas, el terror, la eliminación de opiniones disidentes, la necesidad de fabricar enemigos externos e internos para aglutinar y enfervorizar a las masas, el extermino de toda manifestación de individualidad en aras de lo colectivo, el antisemitismo, el estatismo rampante y las extendidas y sistemáticas purgas, torturas y matanzas.

 

Tal como consigna Arendt en esa obra: “el único hombre por quien Hitler tenía respeto incondicional era Stalin” y “Stalin confiaba solo en un hombre y éste era Hitler”. Esto va para los encandilados mentales que como dice Revel en La gran mascarada no son capaces de ver la comunión de ideales entre el comunismo y el nacionalsocialismo y su odio mancomunado al liberalismo.

 

A pesar de que en algunos pocos textos Hannah Arendt resulta a nuestro juicio ambigua, confusa y, por momentos, contradictoria tal como ocurre, por ejemplo, en “The Social Question” (ensayo incluido en On Revolution) ha producido material extraordinariamente valioso donde pone de manifiesto una notable cultura y percepción (especialmente su conocimiento de la filosofía política y de la historia de los Estados Unidos). En “Lying in Politics” (trabajo incluido en Crisis of the Republic) muestra las patrañas que ocurren en los ámbitos políticos y abre su escrito con el escándalo de los llamados Papeles del Pentágono donde el gobierno de Estados Unidos pretendió ocultar horrendos sucesos en Vietnam enmascarados en “los secretos de Estado” y el “patriotismo”.

 

Las valientes denuncias e investigaciones independientes del poder en el contexto de la libertad de expresión es lo que, según Arendt, permiten el cambio puesto que “el cambio sería imposible si no pudiéramos mentalmente removernos de donde estamos físicamente ubicados e imaginar que puede ser diferente de lo que actualmente es”. Las piruetas verbales, los engaños, los fraudes y los crímenes llevados a cabo en nombre de la política tal como los describió Maquiavello, son desecados por la autora, quien concluye en “Truth and Politics” (como parte de la colección de su Between Past and Future) que “Nadie ha dudado jamás que la verdad y la política están más bien en malos términos, y nadie que yo sepa ha encontrado la veracidad entre las virtudes políticas”.

 

También en la referida Crisis of the Republic aparece otro escrito de gran calado titulado “Civil Disobedience”. Veamos a vuelapluma este formidable ensayo solo para marcar sus ejes centrales.

 

Como advierte Arendt, el tema de la desobediencia civil de los que reclaman justicia (naturalmente no de los criminales) parte del hecho del “no del todo feliz casamiento entre la moral y la legalidad”, lo cual complica el andamiaje jurídico en el sentido de que no puede sostenerse legalmente lo que es contrario a la ley del momento. Sin embargo, desde Sidney y Locke el derecho a la resistencia a la opresión insoportable está sustentado por la Declaración de la Independencia norteamericana en adelante (“Cuando cualquier forma de gobierno se convierte en destructivo de éstos fines [de preservar y garantizar derechos], es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo y establecer un nuevo gobierno”), puesto que la ley en la tradición estadounidense está basada en valores y principios extramuros de la ley positiva (en esto se basó la Revolución en el país del Norte contre Jorge III y en tantos otros lados como, por ejemplo, en Cuba contra Batista, antes de convertirse en una tenebrosa isla-cárcel o la derrota por fuerzas aliadas de Hitler quien había triunfado electoralmente para ascender al poder).

 

Dice la autora que ejemplos contemporáneos de desobediencia son los de los movimientos antiguerra y los relacionados con los derechos civiles. Cita el ejemplo de Henry David Thoreau cuando se negó a pagar impuestos a un gobierno que defendía la esclavitud e invadía México.

 

En su trabajo -titulado también “Civil Disobidience”- entre muchas otras cosas Thoreau se pregunta si “¿Debe el ciudadano en parte o en todo renunciar a su conciencia en favor del legislador? ¿Por qué entonces tenemos conciencia? Creo que debemos ser hombres primero y luego gobernados. No es deseable que se respete la ley sino el derecho […] Las leyes injustas existen: ¿debemos contentarnos con obedecerlas o debemos enmendarlas?”. Por su parte, Hannah Arendt elabora a raíz de la desobediencia civil sobre los síntomas de la pérdida de autoridad política debido a los atropellos gubernamentales “que no se cubren aun si son el resultado de decisiones mayoritarias” que en última instancia son el efecto de una “tendencia que representa a nadie más que a la maquinaria partidaria”, lo cual expresa en el contexto de lo dicho por Tocqueville en cuanto a “la tiranía de las mayorías” y de “la ficción del contrato social” en concordancia con autores de la talla de Hume.

 

También Arendt lo cita a Sócrates cuando dice (en Gorgias, 482) que es mejor para él estar en desacuerdo con la multitud que estar en desacuerdo con él mismo (muy importante a tener en cuenta en los tiempos que corren). A lo cual cabe adicionar a las otras características de aquél filósofo como la conciencia de nuestra propia ignorancia (por otra parte, ubi dubium ibi libertas: donde no hay duda no hay libertad), sus reflexiones sobre la psyké y la importancia del esfuerzo por conocer (“la virtud es el conocimiento”) en el contexto de la excelencia (areté) que facilita su método de la mayéutica, a lo que podemos incorporar el lema de la Royal Society de Londres que es muy socrático: nullius in verba (no hay palabras finales).

 

Por último, en su interesantísmo y muy documentado libro The Life of the Mind, nos parece que hay un punto clave que está insinuado por Arendt pero que no se desarrolla ni se extraen las consecuencias de esa omisión parcial cuyo tema es muy pertinente dados los debates que actualmente se llevan a cabo en distintos campos de la ciencia.

 

Me refiero especialmente aunque no exclusivamente a la sección dedicada a la relación alma-cuerpo. Es éste un aspecto medular e inseparable a la condición humana, es decir, el libre albedrío. Si fuéramos solo kilos de protoplasma y no tuviéramos psique (alma), mente o estados de conciencia, no habría posibilidad alguna de contar con proposiciones verdaderas o falsas, no tendría sentido el pensamiento ni el debate, no habría ideas autogeneradas, ni la moral, la responsabilidad individual ni la libertad. Seríamos loros complejos, pero loros al fin.

 

Como ha explicado el premio Nobel en neurofisiología John Eccles “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuan complejo y sutil sea el condicionamiento”. Por su parte, el filósofo de la ciencia Karl Popper sostiene que “si nuestras opiniones son el resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y los pros y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta. Así pues, un argumento que lleva a la conclusión que nuestras opiniones no son algo a lo que llegamos nosotros por nuestra cuenta, se destruye a si mismo”. Y agrega este autor que si el determinismo físico (o materialismo filosófico) fuera correcto, un físico competente, pero ignorante en temas musicales, analizando el cuerpo de Mozart, podría componer la música que ese autor compuso.

 

Como apunta en Mind and Body el prolífico profesor de metafísica John Hick: “Un mundo en el que no hubiera libertad intelectual sería un mundo en donde no existiría la racionalidad. Por tanto, la creencia del determinismo no puede racionalmente alegar que es una creencia racional. Por ello es que el determinismo resulta autorefutado o lógicamente suicida. El argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como una argumentación racional.”

 

Decimos que este tema es medular en vista de los frecuentes apoyos al determinismo físico en áreas de la filosofía, la psiquiatría (curiosamente el estudio de la psiquis niega frecuentemente la psique), el derecho (especialmente en ciertas posturas del derecho penal donde se afirma que el delincuente no es responsable de su crimen debido a que está determinado por su herencia genética y su medio ambiente), la economía (especialmente nada menos que en teoría de la decisión -donde paradójicamente no habría decisión- y en la novel neuroeconomics) y, en parte, en las recientemente desarrolladas neurociencias.

 

Hay sin duda valiosos aportes en defensa de la sociedad abierta con la que simpatiza Hannah Arendt, pero son alarmantemente escasas las contribuciones que aluden a este tema tan vital para la libertad y, como queda dicho, hay numerosas publicaciones en defensa del determinismo físico lo cual no augura un futuro promisorio para la sociedad abierta, a menos que se revierta esta tendencia que conduce a la negación de la libertad en sus mismos cimientos. Ningún liberal, no importa su profesión y dedicación, puede estar ausente de un asunto de tamaña envergadura del cual necesariamente derivan todas las demás conclusiones.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

EL PEOR ESCENARIO

Por Alberto Benegas Lynch (h)

Estamos frente a un menudo problema: en gran medida se ha socavado nada menos que el sustento de la convivencia civilizada cual es el respeto recíproco. Afortunadamente hay islotes de reservas morales, el remnant  sobre  el que ilustra Isaías, pero por  lo visto las manchas de aceite cubren más que el agua transparente.

 

Todo proviene de la superlativa incomprensión de lo que significa el respeto recíproco y el autorrespeto. Lo primero se comprueba a diario con los alaridos de guerra de los aparatos estatales que escupen abultadas legislaciones que atropellan groseramente las autonomías individuales con los más variados pretextos en operaciones pinza que no dan espacio al oxígeno de la libertad y la consiguiente responsabilidad. Lo segundo se detecta en cuanto a fenómenos como la drogadicción, el deleite por la frivolidad permanente y el rechazo a todo alimento para el alma sea con buena lectura o música excelsa, para en su lugar reemplazarla (cuando se lee) con textos o imágenes que describen el subsuelo del ser humano o con ruidos que se alejan de rasgos de lo que puede ser catalogado como una composición musical.

 

Pero en todo esto flota algo peor a esta descripción a vuelapluma que en lugar de un enfático rechazo a la avalancha de intromisiones, se observa el expreso pedido de que los gobiernos manejen las vidas y haciendas de la gente que teóricamente son las víctimas de semejante atropello. A través de la educación (en verdad des-educación) y la propaganda del Leviatán se induce a que surjan multitudes que reclaman y demandan la irrupción de los aparatos estatales.

 

A título de ejemplo de este momento, no hay más que mirar las masas formadas por esos esperpentos que dibujan manchas coloradas venezolanas más o menos soeces que saltan y aplauden  al tirano del momento que se tornan frenéticas cuando saben que las cámaras de televisión los enfocan para así obtener retribuciones de los comisarios “bolivarianos” (este afán desproporcionado por quedar bien con el mandón de turno, nos recuerda el espectáculo bochornoso cuando murió el padre del adiposo líder de Corea del Norte oportunidad en la que el público estaba forzado a llorar de un modo esquizofrénico a los alaridos y, a pesar de este montaje, muchos fueron a campos de concentración por no haber puesto en evidencia en grado suficiente su congoja para con el fantoche recién fenecido).

 

Lo dicho no sería nada si no fuera porque arrastra a las fauces de los gobiernos a personas que mantienen su autoestima y el sentido de dignidad. En lugar de circunscribirse a requerir tutores o curadores debido a su incapacidad de administrar sus asuntos, los personajes de marras piden que la fuerza abarque a todos sin posibilidad de escapatoria.

 

Lo terrible (y horrible) del asunto es que muy pocos son los que hacen algo por evitar el derrumbe. Resulta asombroso que los que debieran contribuir a que se frene el desmoronamiento miran para otro lado y atienden sus arbitrajes personales como si por arte de magia aparecerá un dique de contención para el avance de las aguas turbulentas y amenazantes que en definitiva arrasarán con todo.

 

Este estado de situación no es consecuencia de la casualidad. Como queda dicho, se debe a largos procesos de des-educación y a una propaganda maliciosa. Por tanto, lo que se necesita es operar en sentido opuesto, es decir, estudiar, fundamentar y explicar las bases de una sociedad abierta. Esto cuesta trabajo y toma mucho tiempo pero es una labor irremplazable e indispensable.

 

Sin embargo,  cuando se expone el problema desafortunadamente no es nada infrecuente que se coincida en el diagnóstico y en el tratamiento pero, muy paradójicamente, no se procede en consecuencia sino que cotidianamente se opera como si nada hubiera ocurrido, con lo que el desastre es inevitable. Nadie sabe -ni ellos mismos- que se espera con esa actitud completamente descuidada y cómplice pero, de la boca para afuera, en un nefasto ejercicio de autoconvencimiento para darse tiempo para dedicarse a sus nimiedades personales, hacen como que hay que endosar la responsabilidad en otros que resolverían los entuertos…una actitud francamente suicida.

 

Lamentablemente, hay muchos que frente a estructuras gubernamentales exterminadoras estiman que el votar constituye un acto heroico, una gesta de incalculables consecuencias benéficas, sin percibir que se trata de una fenomenal trampa para estúpidos si no se han ocupado y preocupado previamente de la educación, en cuyo caso estarán eligiendo entre tiranos, semitiranos, rufianes e hipócritas de diverso calibre.

 

Por otro lado, ¿qué sucede en la mente de hombres que se entregan de la forma más vil a la autoridad omnipotente con lo que literalmente se desgarran de toda manifestación que los hace humanos? Independientemente de la pésima educación que hayan podido recibir para desfigurar su condición de seres racionales y asemejarse a las bestias más sumisas ¿cómo puede ser que hayan tenido el privilegio de haber nacido como parte de la especie que lo faculta a pensar y escudriñar al efecto de poder calibrar la mejor decisión y asumir con orgullo las consecuencias, y sin embargo denigrarse de esa forma escandalosa? ¿Cómo no sienten la necesitad del oxígeno que brinda la independencia del poder para manejar sus vidas? No pueden ser todos salteadores del fruto del trabajo ajeno, parásitos ruines que solo succionan por la fuerza lo que otros producen. Entre los entusiastas del poder, tiene que haber quienes recapaciten y se percaten de las ventajas de la sociedad libre tal como hicieron nuestros ancestros, todos en última instancia provenientes de las cavernas.  A esta altura de los acontecimientos, no resulta serio sostener que en los regímenes totalitarios  o semitotalitarios es posible el progreso moral y material. Todos han sido un fracaso rotundo y en los islotes de libertad donde aparecen desbarajustes de peso es por su imitación de las recetas aplicadas en los países retrógrados y, consiguientemente, por haberle dado la espalda a los valores del respeto recíproco.

 

Al cuadro de situación en el que la gente se entrega voluntariamente a las fauces de los aparatos estatales,  se agrega la tremenda y real posibilidad de la manipulación genética, no para curar sino para producir seres monstruosos. Es como dice Clive Staples Lewis en The Abolition of Man, no se trata de ir contra la ciencia sino contra científicos desbocados que pretenden fabricar soldados sumisos en serie y “si se usa al ser humano como material manuable, en eso se convertirá” para que “los planificadores dominen” puesto que “si alguna vez se lograra una reeducación genética para hacer que los descendientes hagan lo que les plazca a los manipuladores, todos los hombres que vivan después serán pacientes del poder” y “los hombres no serán necesariamente infelices, sencillamente no serán seres humanos, serán artefactos”.

 

También se especula con la producción de fármacos que trasmitan sensaciones de felicidad y, simultáneamente, entrega y obediencia al Leviatán, todo lo cual fortalecería el hecho bochornoso de energúmenos que voluntariamente reclaman ser dirigidos por gobiernos autoritarios.

 

Entre otros, hay un personaje que ha trabajado en éstas líneas argumentales, nos referimos a Aldous Huxley en su Brave New World de 1932 que fue rectificado para hacerlo liberal, primero en su prólogo de 1946 a esa obra y luego en el extraordinario Brave New World Revisited de 1958 en el que se destaca su notable vuelco al individualismo y el abandono de varias de sus tesis estampadas en la obra original (salvo la idea de sobrepoblación, entre otros refutada por Thomas Sowell). En el mencionado prólogo, después de aludir “al defecto más grave del relato”, escribe que “solamente un movimiento de gran escala que apunte a la descentralización y la propia ayuda podrá vencer la tendencia presente al estatismo”, es decir, “el ejército de controladores de una población de esclavos que no tienen que ser coaccionados puesto que aman su esclavitud. El hacer que la amen es la tarea que los estados totalitarios asignan a la propaganda, a los editores de periódicos y a los maestros de escuelas”, por el contrario, “el amor a la esclavitud no puede establecerse si existe una revolución profunda y personal en las mentes de los hombres” y concluye que no se resolverá el problema del estatismo “a menos que elijamos la descentralización y que usemos la ciencia no como un fin en el que los seres humanos son medios, sino como un medio para generar hombres libres”.

 

Recordemos que la secuencia de las antiutopías se inicia con The New Utopia de Jerome K. Jerome en 1891 y continúa con We de Yevzneny Zamayatin de 1921, 1984 de George Orwell (Eric Blair)  de 1948, The Lownley Crowd  de David Reisman en 1949 y The Devil´s Advocate de Taylor Caldwell en 1952, pero la de Huxley es la que recoge el pavoroso problema de personas que piden ser esclavizadas.

 

Por más truculento que sea lo de la manipulación genética y las aludidas drogas, esto no puede tener lugar si los hombres se comportan como seres humanos dignos con un mínimo de autoestima y no permiten que se los encadene como cuando son indiferentes o se inclinan servilmente ante la omnipotencia gubernamental. No se trata de frenar los aparatos estatales desenfrenados a los gritos, sino en base al enorme esfuerzo, constancia y dedicación que significa fundamentar en base a estudios serios al efecto de poder explicar sustentado en argumentación sólida. La macabra operación pinza de la irresponsable pasividad por un lado y la entrega incondicional por otro se cierne sobre la libertad, lo más preciado del ser humano. Por el momento son muy pocos los que permanentemente contribuyen a revertir este estado de alarmante postración con un trabajo serio en el terreno de las ideas.

 

Termino con otra cita de Huxley tomada de su Ends and Means y su conexión con otra obra: “la paciencia del común de la humanidad es el hecho más importante y sorprendente de la historia” debido a que les han enseñado a las personas “que el Estado debe ser obedecido y que es intrínsecamente merecedor de esa obediencia” por lo que “todas las comunidades del mundo moderno están hechas de un número reducido de gobernantes corruptos por demasiado poder y por un número extenso de gobernados corruptos por demasiada actitud pasiva y obediencia”, lo cual nos remite al formidable libro de Etienne de La Boétie titulado Discurso sobre la servidumbre voluntaria donde el autor explica que “Son, pues, los propios pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con sólo dejar de servir, romperían sus cadenas. Es el pueblo el que se somete y se degüella a si mismo; el que, teniendo la posibilidad de elegir entre ser siervo o libre, rechaza la libertad y elige el yugo; el que consiente su mal, o, peor aún, lo persigue”. Este es el peor escenario.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. En Administración. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

Cómo se ganan las elecciones

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/6/13 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=39070&tit=como_se_ganan_las_elecciones

 ¿Por qué hay políticos tan populares a pesar de la abrumadora evidencia de que han destruido sus países? Pues ellos tienen la explicación o, al menos, la intuyen. Gracias al abuso que hace la Presidente argentina de la cadena nacional televisión, hoy es la política más popular del país, tal cual lo hizo Chávez. Y van por más. Mientras en Argentina la prensa opositora está cada vez más acorralada, en Venezuela va camino de morir al punto que Capriles denunció que la “Nueva directiva de Globovisión ordenó que no salga más”.  

La forma en que las personas toman las decisiones es una de las cuestiones que más ha intrigado a científicos políticos, especialistas en marketing, publicitarios y ejecutivos. Detrás del secreto de por qué la gente elige una cosa, y no otra, existe poderosa información valuada en millones en el mercado que puede significar la llave del poder político. Las decisiones dependen, básicamente, de la historia personal y del medio ambiente, lo que implica conservadurismo al punto que, según Steven Rosenstone, científico político de la Universidad de Michigan, el 97% de las veces gana una elección quien corre por la reelección.

En lo que a campañas políticas se refiere, los mejores especialistas coinciden en que existe una relación directa entre la cantidad de votos y la cantidad de propaganda, de modo que, en principio, siempre gana una elección quien tiene mayor cantidad de publicidad. Así Lee Atwater, jefe de la campaña de Bush, por caso, decidió que debía adoptarse una actitud agresiva ya que esto atrae a la prensa y “da que hablar” y, aunque no siempre se hable bien, lo importante es que se hable. Para Robert Abelson, profesor de sicología y ciencias políticas en Yale, Donald Kinder de la Universidad de Michigan y Susan Fiske de la Universidad de Massachusetts, el principal factor que decide el voto es el sentimiento. Lo que resulta coherente con el punto anterior ya que la publicidad masiva influye casi exclusivamente sobre los sentimientos.  

Más allá del avance de internet y sitios como Twiter, todavía parece ser cierta la afirmación de Michael Deaver de que la televisión “elije a los presidentes”, en tanto que Van Gordon Sauter, entonces jefe de la división noticias de la CBS, aseguraba que era cierta la “hipótesis de fijar la agenda” que sostiene que los espectadores imitan a la televisión, es decir que, si a lo largo de un período la mayor parte de los reportajes son dedicados a un tema en particular, por ejemplo, el tráfico de drogas y si, entonces, días después y fuera del contexto de la televisión se le pregunta a la gente cual es el principal problema, contestará el tráfico de drogas: los espectadores atribuyen importancia a lo que ven en proporción al tiempo que lo ven.

Shanto Iyengar y Donald Kinder en su libro “News that matter. Television and American opinión” agregan la “hipótesis de la preparación” que sostiene que si un noticiero enfoca el tema de las privatizaciones e, inmediatamente después, entrevista a un candidato, los espectadores lo juzgarán en base a lo que diga sobre las privatizaciones. La evidencia muestra al público con una memoria limitada a las noticias del último mes y una vulnerabilidad recurrente a las de hoy. La gente no toma en cuenta todo lo que sabe y sí considera lo que le viene a la memoria, aquellos fragmentos de la memoria política que le son accesibles en forma instantánea.     

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Gobiernos en campaña permanente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 9/4/13 en http://www.lanacion.com.ar/1570810-gobiernos-en-campana-permanente

Desde hace tres décadas, la estrategia de las llamadas “campañas permanentes” se ha afincado en el mundo de la política. Supone unificar constantemente la acción de gobierno con la propaganda y las acciones publicitarias que hasta no hace mucho eran propias de las campañas políticas propiamente dichas. Como si ambas cosas fueran absolutamente inseparables con el propósito obvio de procurar mantener vigente la popularidad de los gobernantes electos.

Cabe recordar que esta modalidad de acción política se originó en los Estados Unidos. Conceptualmente, es hija de uno de los estrategas de Jimmy Carter, Patrick Cadell. La racionalizó luego el periodista Sidney Blumenthal. Pero su utilización devino durante la presidencia de Bill Clinton, que la trasformó en prioridad permanente.

Por su parte, el presidente Barack Obama la acaba de profundizar al crear -pese a que naturalmente no persigue una reelección, prohibida por la Constitución de su país- el grupo privado denominado “Organizados para la Acción”. Con ese grupo que actúa formalmente desde “fuera” de su administración, apuntalará ante la opinión pública las acciones de su gobierno y de su partido, con el apoyo de muchos de aquellos donantes que ayer aportaron los fondos utilizados en la campaña presidencial. No con fondos públicos, sin embargo, y la diferencia no es menor.

Tony Blair y Silvio Berlusconi, en sus respectivas gestiones, recurrieron a la “campaña permanente”. Sin descanso. Lo mismo hicieron Hugo Chávez, desde 1998, y Rafael Correa, en los últimos años. Así como algunos de nuestros gobernantes, a partir de Carlos Menem. Tanto es así, que Néstor Kirchner afirmó, en julio de 2005, suelto de cuerpo: “Sí, estoy en campaña permanente”.

Las “campañas permanentes” suponen -por definición- que los encuestadores y expertos en comunicaciones estén operando constantemente junto con los líderes políticos, de modo de modelar sin descanso sus actitudes, sus mensajes y sus conductas, para que impacten positivamente en la opinión pública. Esto es, para exagerar sus logros y ensalzar sus imágenes. Y lograr que sus desaciertos no se adviertan o se disimulen. De alguna manera, parecería que interesa más “cómo” se comunica la acción de gobierno que cuál es su sustancia. La forma por encima del fondo.

Todo parece así subordinarse a la búsqueda de popularidad, sin descanso ni límites, como se hace evidente en las democracias frágiles y de valores relativos donde se llega incluso al sacrificio de la verdad con la manipulación de cifras, de circunstancias y hasta de la historia.

La acción de gobierno se transforma en un persistente plebiscito. Por ello, las técnicas de comunicación, las encuestas y el escrutinio constante de lo que piensan los llamados focus groups se entrelazan profundamente con el andar de los gobiernos, en inédita simbiosis. La escenografía y el espectáculo se apoderan de las reuniones y de los eventos. El ruido ahoga al discurso. Y la presencia de los gobernantes de turno se adueña monopólicamente de los escenarios. En ese ambiente, el uso de las “cadenas nacionales” se multiplica, en actitudes que hasta generan hastío.

En algunas partes el tema es aún más complejo. Porque, como consecuencia de las “campañas permanentes”, se da un paso agresivo más. Las críticas a la oposición devienen permanentes y despiadadas. La retórica se adueña de los mensajes de manera agresiva y casi sin límites. Hasta el insulto se instala en lo que debe ser un diálogo normal. Y la intimidación se transforma en instrumento de la lucha política, degradando el clima de convivencia y lastimando a la sociedad a la que se procura polarizar.

Lamentablemente, todo esto se hace con los dineros públicos, a los que se tiene como una suerte de combustible inagotable, lo que inclina el tablero a favor de quienes circunstancialmente están en el poder. El ambiente de la política se puebla de ataques y demonizaciones que procuran dividir, desprestigiar, denigrar y difamar a todo aquel que pueda hacer sombra a quienes (insaciablemente sedientos, como acaba de señalar el papa Francisco) buscan acumular poder y mantenerlo el mayor tiempo posible.

Los medios de comunicación independientes -esto es, aquellos que no se prestan a acompañar los requerimientos y las exigencias de las “campañas permanentes”- se transforman en enemigos intolerables, simplemente porque no contribuyen al discurso que se impulsa desde el poder. Por ende, pronto son blancos a destruir y silenciar. Por esta razón seguramente, la libertad de expresión e información de pronto parece incomodar a tantos en nuestra región. Y, por esto también, aparecen las acusaciones difusas contra las “corporaciones” o los “poderes fácticos” que, en rigor de verdad, son todos aquellos quienes -por las razones que fueren- no se someten al poder de turno.

Por todo esto las sociedades pierden la civilidad y se dividen y enfrentan. Lastimadas por las confrontaciones continuas, resultan presas fáciles de las convulsiones provocadas por un lenguaje de guerra. El disenso se califica de “reaccionario” o “destituyente”. La tolerancia y el respeto recíproco no importan. Es más, molestan.

De este modo, la calidad de la democracia se deteriora como resultado de los intentos constantes de dominar a todas las instituciones desde el Poder Ejecutivo, empeñado en la tarea de concentrar el poder en sus manos. Los equilibrios y contrapesos -esenciales en las democracias- perturban a los gobernantes; razón por la cual se procura eliminarlos o desnaturalizarlos de mil distintas maneras. En las democracias frágiles, la técnica de la “campaña permanente” puede, queda visto, tener efectos sociales y políticos bien serios.

Ante el fenómeno descripto, los límites a las reelecciones no son sólo importantes, sino también esenciales. Y la alternancia en el poder, también; así como la urgencia de establecer límites verificables al uso de los dineros públicos para financiar las “campañas permanentes”. Porque éstas, al dañar la textura de las sociedades, imposibilitan el camino de la unidad e impiden la generación de los consensos mínimos para una visión común del destino de las sociedades. Lamentablemente, hasta la libertad misma puede de repente quedar amenazada cuando las técnicas de las “campañas permanentes” tiñen indeleblemente la acción cotidiana de los gobiernos.

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El poder a cualquier costa

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 5/8/12 en http://www.eluniversal.com/opinion/120805/el-poder-a-cualquier-costa

¿Cómo se explica que políticos, como Cristina y Chávez, hablen de “unión” mientras cierran sus fronteras, con aduanas cada vez más restrictivas, coartando el natural entremezclamiento entre pueblos y personas? Algunos dirán que sus discursos son pura demagogia. Pero lo que ahora me ocupa es por qué crean bloques para “unirse”, como el Mercosur, a la vez que impiden las naturales relaciones internacionales. Es simple: la intención real no es unir a las personas, a los pueblos, sino unirse ellos, los dirigentes. En el mejor de los casos, diríamos que se sienten mesiánicos, “salvadores” de los pueblos (las personas), imponiéndose sobre ellos…  y, en el peor, son solo delincuentes.

 Cristina lo dejó claro, bautizó al Mercosur, con Venezuela como socio, como el “nuevo polo de poder”. Claro que del poder para ellos, porque a los ciudadanos comunes les imponen políticas cada vez represivas, como impedirles la compra de moneda extranjera. Y no va a ser poco poder: es uno de los bloques más grandes del mundo, con 300 millones de habitantes y un PIB anual que supera los US$ 3.000 millones.

La Presidenta habló en el encuentro que compartió con sus pares de Brasil, Dilma Rousseff; de Uruguay, José Mujica, y de Venezuela, Hugo Chávez, en Brasilia, quienes habían decidido en junio suspender a Paraguay debido a la destitución del mandatario Fernando Lugo, sin que se consultara a los ciudadanos acerca de esta suspensión que les vino muy bien ya que, el ingreso de Venezuela, estaba pendiente desde 2006 debido a la falta de aprobación por parte del Congreso paraguayo.

Con la incorporación de Caracas al bloque regional, la Presidenta pidió seguir dando “una gran batalla cultural”, es decir, un gran lavado de cerebro porque las personas naturalmente no aceptan lo que ella intenta imponer coactivamente, precisamente porque va contra la naturaleza. En consecuencia, necesita una campaña propagandística feroz, al estilo Goebbels, y por eso además de abusar de la cadena nacional de radio y televisión, intenta doblegar a los medios opositores.

Luego, Cristina embistió contra los “países desarrollados” al atribuirles la responsabilidad sobre “la inseguridad financiera”. Lo dice la jefa de un Estado que produjo una de las mayores cesaciones de pago de la historia global.  Y se quejó, y ahora sí con razón, porque ronda “la idea de poner un precio tope a nuestros commodities”. Aunque poco le importan los precios “de referencia”, ya que ella los impone internamente, lo que le preocupa es que le ponen un tope a sus ingresos, porque ella coactivamente “recauda” cifras astronómicas con las exportaciones de los productores argentinos.

 “Les decimos que se queden tranquilos… Cada vez vamos a producir más y mejor alimento” afirmó la titular de un gobierno que agredió tanto al sector rural que, solo en lo que va de este año, la venta de maquinaria agrícola cayó casi 50% como consecuencia de la caída en la producción del campo. Y reclamó que “terminen con el doble discurso”, dejando claro que los psiquiatras no están de más en este mundo.

 En fin, Chávez aseguró que, con el ingreso de su país, se abre “un nuevo período de aceleración de la historia que estamos construyendo”. Sin dudas, la construcción de su propio poder personal que se impone, usando el monopolio estatal de la violencia, por sobre las personas.

 Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.