La maldición del capitalismo

Por Gabriel Boragina. Publicado en:  http://www.accionhumana.com/2019/11/la-maldicion-del-capitalismo.html

 

El rechazo del capitalismo no es nuevo, apareció prácticamente con su misma manifestación y se prolongó en el tiempo. Es más, esa reacción contra aquel se fue extendiendo a medida que la institución pretendía expandirse no sin dificultad. Paradójicamente, cuantos mayores beneficios promovía el capitalismo mayor oposición generaba entre la gente, sobre todo en las capas intelectuales que fueron las que -en definitiva- más se destacaron en difamar al sistema. Sólo en muy escasa medida, y en ámbitos muy reducidos, se reconocían los aspectos auténticamente progresistas (palabra la cual, desafortunadamente, fue apropiada por los sectores contrarios al capitalismo hasta consolidarse en nuestros días) del capitalismo.

“Nada es hoy más impopular que la economía del libre mercado, es decir, el capitalismo. Todo lo que se considera insatisfactorio en las condiciones actuales se achaca al capitalismo. Los ateos hacen al capitalismo responsable de la supervivencia del cristianismo. Pero las encíclicas papales acusan al capitalismo de la extensión de la irreligión y de los pecados de nuestros contemporáneos y las iglesias y sectas protestantes no son menos vigorosas en su acusación a la avaricia capitalista.”[1]

Nuevamente un párrafo de vibrante actualidad como todo lo relativo a la obra del genial profesor Ludwig von Mises. Nada ha cambiado al respecto, salvo en esferas muy minoritarias que reconocen la importancia del capitalismo y su vitalidad como único motor del progreso económico. Al capitalismo se le achacan todos los males posibles, habidos y por haber, inclusive aquellos que provienen de causas naturales. En la actualidad -y ya desde algún tiempo- diversos fenómenos naturales, tales como el cambio climático (cuya realidad es relativa en buena medida) se atribuyen popularmente al capitalismo, como no podía ser de otro modo, y confirmando la tendencia delineada en su momento por L. v. Mises.

“Los amigos de la paz consideran a nuestras guerras como una consecuencia del capitalismo. Pero los belicistas más radicales de Alemania e Italia acusaban al capitalismo por su pacifismo “burgués”, contrario a la naturaleza humana y a las inevitables leyes de la historia. Los sermoneadores acusan al capitalismo de romper la familia y promover la promiscuidad. Pero los “progresistas” acusan al capitalismo por la conservación de normas supuestamente anticuadas de restricción sexual.”[2]

El capitalismo ha sido y sigue siendo atacado por absolutamente todos los flancos, sencillamente por la razón de que quienes así argumentan no saben de lo que hablan, no conocen el sistema, ni tampoco sus componentes, ni las causas que determinaron su aparición, como tampoco su naturaleza, ni las consecuencias beneficiosas que su aplicación implica y, menos aún, la sólida filosofía en la que se respalda. Quienes critican al capitalismo utilizan esta palabra como una simple muletilla, excusa oportuna que calza perfectamente como chivo expiatorio que sirve de consuelo vano a sus complejos de culpa, y que les permiten una auto exculpación de errores y males que sus propias falsas ideas provocan. Aprovechando el desprestigio que echó sobre el vocablo su más acérrimo enemigo, Karl Marx, y la enorme popularidad obtenida por este último autor más allá de lo que quienes se creen antimarxistas están dispuestos a reconocer, las masas han encontrado en el capitalismo y en sus representantes los capitalistas, la encarnación perfecta del mismísimo mal.

“Casi todos los hombres están de acuerdo en que la pobreza es una consecuencia del capitalismo. Por otro lado, muchos deploran el hecho de que el capitalismo, al atender generosamente los deseos de la gente de tener más servicios y una vida mejor, promueve un materialismo zafio.”[3]

Como el mismo autor se encarga de explicar de manera más que magistral, la pobreza es no otra cosa que la ausencia del capitalismo allí donde la primera se localiza. Pero ya sea por una razón o por su contraria el capitalismo se condena por igual, sea porque se considere que es el origen de la pobreza, sea que se lo acuse de corromper a la gente por transformarla en groseramente materialista. Bastaría indicar que en la época de las cavernas lo que reinaba por doquiera era la pobreza más absoluta, donde el hombre no disponía definitivamente nada que no fueran los recursos naturales que no podía explotar ni aprovechar porque no existían las herramientas necesarias y adecuadas para tal fin. Y que la idea generadora de la primera herramienta puede considerarse con justicia como la primera idea capitalista, ya que una simple herramienta (como puede ser un mazo o una pala) es un bien de capital por cuanto tanto su invención como su uso no está destinado al consumo directo sino a la producción de otro bien (intermedio o final) si dirigido al consumo.

Y en cuanto a que el capitalismo provoca “un materialismo zafio” la falsedad de esta última afirmación es también muy simple de demostrar, habida cuenta que son las situaciones de escasez las que despiertan (muy a pesar de quienes las padecen) una mayor propensión al materialismo, dado que son los pobres los que más experimentan la necesidad de obtener bienes materiales, precisamente porque carecen de ellos y de los elementos materiales mínimos para proveer a su existencia física, de donde es fácil concluir que, no es por apego a lo material sino por la ausencia de lo material que los pobres estén más preocupados (y ocupados) por proveerse de lo material y -en ese sentido- se vean obligados no por gusto sino por necesidad a ser más materialistas que aquellos que no viven en situación de pobreza. Los que disponen de más bienes materiales resultan menos urgidos, que los posicionados en la situación contraria, de preocuparse por lo material.

“Estas acusaciones contradictorias del capitalismo se anulan entre sí. Pero permanece el hecho de que queda poca gente que no condene completamente el capitalismo.”[4]

Naturalmente las acusaciones al capitalismo son absurdas por donde se las mire, pero poca gente, o ninguna, mejor dicho, las formula de manera racional por lo que ya hemos señalado tantas veces: existe no sólo un desconocimiento palmario de lo que el capitalismo es, sino también una enorme carga de prejuicios que pesan sobre el aquel, pese a que ni uno de los tales posea fundamentos de ninguna naturaleza. El capitalismo sigue sin ser una buena palabra.

“Aunque el capitalismo es el sistema económico de la civilización occidental moderna, las políticas de todas las naciones occidentales están guiadas por ideas completamente anticapitalistas. El objetivo de estas políticas intervencionistas no es conservar el capitalismo, sino sustituirlo por una economía mixta.”[5]

El mundo occidental no ha sabido reconocer al capitalismo como el sistema que le diera origen, sentido y razón de ser. Lo ha sentenciado, de la misma manera que ha condenado a su opuesto, el socialismo. Pero -como hemos visto- esta censura es mucho más aguda cuando del capitalismo se trata que cuando se la hace respecto del socialismo. Los términos nunca han sido parejos en dicho sentido.

[1] Ludwig von Mises, Caos planificado, fuente: http://mises.org/daily/2454 (Publicado el 3 de febrero de 2007). pág. 5

[2] L. v. Mises ibidem, pig. 5

[3] L. v. Mises ibidem, pig. 5

[4] L. v. Mises ibidem, pig 5-6

[5] L. v. Mises ibidem, pig. 6

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

La luz al final del túnel

Por Gabriel Boragina. Publicado el 31/10/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/10/la-luz-al-final-del-tunel.html

 

Por primera vez en mucho tiempo, existe una verdadera posibilidad de que la Argentina se libere de lo que no hemos dudado en denominar una auténtica dictadura con apariencia democrática, un disfraz de democracia que se fue desdibujando a lo largo de los tres sucesivos y excesivamente extensos gobiernos del nefasto FPV (Frente para la Victoria) de los no menos tenebrosos Kirchner, una efectiva y sombría secta política conformada por un heterogéneo grupo de peronistas, otros autollamados “progresistas”, y un número importante de ex terroristas y sus ideólogos, tanto del pasado como del presente. Un coctel explosivo por donde lo mire.

En este sentido, puede decirse sin hesitación que la Argentina está ante una oportunidad histórica para sacudir el pesadísimo yugo de quienes -desde el primer día de acceso al gobierno- hicieron de su eternización en el mismo su único objetivo, aunque no fuera, desde luego, hecho explícito por sus mentores.

Los costos políticos y económicos que ha tenido que pagar, y que con toda seguridad aun todavía tendrá que afrontar la sociedad argentina por esta aciaga experiencia, han sido tremendos. Pero al fin, parece que la gente ha llegado a un feliz punto de saturación, en el cual la necesidad de una transición a una situación más normal y coherente quiere imponerse con alguna fuerza.

El gobierno, pese a los resultados claramente negativos a su gestión, sigue encerrado en un delirante relato, construido cuidadosamente al mejor estilo del tristemente célebre sicario nazi Joseph Goebbels, Ministro de Propagada de la Alemania de Hitler, cuya *estrategia* de lavado de cerebros el FpV cultivó con fruición de la mano de teóricos afines reunidos bajo diferentes denominaciones. La prueba de ello es que el último discurso presidencial mostró definitivamente que, aun en las peores circunstancias, el gobierno no se encuentra dispuesto a abandonar la mentira, la prepotencia, la soberbia y la falsedad más escandalosa de su accionar en el tiempo, aun contra cualquier evidencia en contrario, por más contundente que esta sea.

Como hemos expuesto en otras tantas ocasiones, la sociedad argentina demoró muchísimo tiempo en reaccionar ante el cúmulo de atropellos, tropelías, trapisondas y violaciones continuas a los derechos más elementales del ser humano cometidos por el gobierno del tremebundo FpV. Ciertas características que hacen al pueblo argentino facilitan que inescrupulosos se hagan del gobierno y lo retengan.

Resulta realmente saludable que la sociedad haya reaccionado, aun cuando el oficialismo guarda alguna esperanza de continuar perpetuando sus maléficas acciones en cuanto resquicio le sea proclive.

Se impone con toda necesidad la exigencia de un gobierno de signo contrario al del FpV y sus personeros, porque no existe otra salida en medio de las actuales circunstancias para superar la terrible crisis moral, educativa, económica (en una palabra crisis social total) en el que se encuentra sumido el pueblo argentino.

Los Kirchner se han empeñado en pulverizar todo vestigio de racionalidad en la gente, y es a esto a lo que nos vemos obligados a sobrevivir, superar y destruir.

De cualquier manera, el grado de daño ha sido tan grande que, ni aun si el oficialismo continuara gobernando la situación podría seguirse sobrellevando. Un hipotético gobierno oficialista sólo lograría profundizar el camino al abismo al que el FpV dirigió el país desde el primer día de ascenso al poder.

Los desafíos que encuentra el próximo gobierno consisten en remontar la trágica herencia de la secta hasta ahora al frente del Ejecutivo.

Entre la larga lista, destacan : en volver a poner en funcionamiento las instituciones republicanas, prácticamente aniquiladas a lo largo de los tres lamentables y sucesivos gobiernos unipersonales del FpV, tal que -como hemos dicho en ocasiones anteriores- uno de los principales objetivos que se plantea todo movimiento o persona que aspira a consolidar una fuerza dictatorial es, precisamente, la destrucción de las bases de la democracia y del republicanismo, y estas son las bases sobre la cuales estaban sentados los orígenes no sólo del poder político argentino, sino de la armoniosa convivencia social del pueblo. El FpV se propuso, desde sus mismos comienzos -y pese a la conformación de un contrario discurso mentiroso cuidadosamente elaborado también desde la misma época- la demolición de aquellos cimientos, por lo cual su reconstrucción imperiosamente se impone.

Como también hemos manifestado en más de una vez, el modelo de gobierno que siempre ha tenido en mente la banda compuesta por los integrantes del FpV ha sido constantemente el que el chavismo venía imponiendo desde poco antes de fines del siglo pasado en Venezuela, es decir, una tiranía con ciertos visos de aspecto democrático, donde con regular periodicidad se permitía a la gente concurrir a las urnas para hacerles creer que la tiranía que se estaba consolidando delante de sus ojos, poseía positivas apariencias de legitimidad. La estrategia de penetración fue desgraciadamente exitosa en Venezuela, y en este esquema consintió -ni más ni menos- el proyecto de gobierno del FpV, sobre todo durante sus dos primeros periodos. Y no nos cabe duda que todavía ese es el proyecto del FpVen caso de lograr llegar nuevamente al Ejecutivo. He allí no toda, pero parte de su peligrosidad. A diferencia deArgentina, la dictadura chavista venezolana se prolongó en base a dos factores que consideramos clave: el sólido sostén militar de la misma, y la fuente de cuantiosos ingresos que representa el monopolio estatal sobre un recurso natural estratégico: el petróleo, que le brinda al gobierno venezolano el poder económico suficiente como para dominar al pueblo casi a voluntad.

Los argentinos tienen la ocasión de revertir este verdadero camino de servidumbre -como no dudaría en llamarlo el premio Nobel de Economía Friedrich A. von Hayek-. Lamentablemente, el pueblo argentino -como hemos destacado- no es rápido de reflejos a la hora de advertir, prevenir y solucionar los males que les son propios. Esperemos que esta vez la reacción sea firme y duradera, y que configure el comienzo de una segura nueva etapa. La etapa de la refundación de lo que alguna vez fuera y se llamara con orgullo República Argentina

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La falacia del altruismo socialista

Por Armando Ribas. Publicado el 16/12/13 en:  http://www.laprensa.com.ar/400260-La-falacia-del-altruismo-socialista.note.aspx

 

El desmesurado estado de bienestar está en la raíz de la actual crisis económica de Europa. Reina la confusión ideológica, incluso en Estados Unidos. Los políticos “progresistas” han ganado la batalla por el monopolio de la ética.

El mundo sigue su agitado curso donde reina la confusión. Recordemos: “En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentir, todo es según del color del cristal con que se mira”. No puedo menos que lamentar que todo en nuestro mundo occidental y cristiano parece indicar que el color del cristal con que se mira es cada vez más rojo, en nombre del altruismo y la equidad social. La reciente victoria de Barack Obama en las elecciones de Estados Unidos es una prueba evidente del realismo de la observación hecha por Harvey Mansfield y comentada en un artículo de The Wall Street Journal que dijo: “Nosotros tenemos ahora un partido político americano y uno europeo”. Esta aparente tergiversación del sistema político estadounidense fue a la que me referí en mi reciente artículo en el que plateé la antítesis entre el Rule of Law y el estado de bienestar europeo.

No puedo menos que considerar que el estado de bienestar ha sido el causante de la crisis y el presente malestar en Europa. Tanto que cada vez más se hace evidente la pretensión de los ingleses de abandonar la Unión Europea. El estado de bienestar no es más que marxismo vía Eduard Bernstein que en 1899 escribió Las precondiciones del socialismo donde expresó que el socialismo no requería de la revolución del proletariado predicha por Marx sino que se alcanzaría democráticamente. A los hechos me remito y debo asimismo recordar que en su obra comenzó por incurrir en la mayor confusión histórico-filosófica que fue el decir: “El socialismo es el heredero legítimo del liberalismo. No hay ningún pensamiento liberal real que no pertenezca también a los elementos de la idea del socialismo”.

Esa es la más equívoca aseveración que podría hacerse al respecto, pues el liberalismo parte de una concepción ética antitética al socialismo. En primer lugar la esencia ética del liberalismo es el reconocimiento de la naturaleza humana tal cual es y no de cómo debe ser. Consecuentemente al mismo tiempo que acepta el principio del derecho del hombre a la búsqueda de su propia felicidad, admite la necesidad de la limitación del poder político. Como bien dijera John Locke: “Los monarcas también son hombres”.

Por el contrario el principio básico del socialismo es la falacia del altruismo. Como bien señalara Ayn Rand: “El principio básico del altruismo es que el hombre no tiene derecho a existir por sus propios motivos, que el servicio a los demás es la única justificación de su existencia”. Y el altruismo es la falaz esencia del socialismo, que no es más que la demagogia para alcanzar el poder político absoluto en nombre de los derechos del pueblo.

DOS PROBLEMAS

Debo tener en cuenta dos problemas lexicológicos. El primero es que en Estados Unidos, no se por qué razón, se ha tergiversado la naturaleza filosófica del liberalismo y confundido con el socialismo en el orden político. La segunda no menos importante es el capitalismo. El capitalismo se considera un sistema económico, que para sus detractores marxistas, está éticamente descalificado a partir de que es la explotación del hombre por el hombre, sustentada en la falsa teoría del valor trabajo. Aun la Escuela Austriaca, defensora del sistema capitalista, incurre en el error de considerarlo un sistema económico que habría surgido a partir de las ideas de Carl Menger expuestas en sus Principios de Economía Política.

En esa obra el autor pretende rescatar las ideas de la Escolástica del Siglo de Oro español. En principio no estoy en desacuerdo en rescatar las ideas de Juan de Mariana, y reconocer por tanto que la validez de las ideas no depende de la nacionalidad ni de la raza. Por tanto ello no significa pretender descalificar el pensamiento filosófico inglés que dio origen al Rule of Law, por el error de Adam Smith de aceptar la teoría del valor trabajo.

Que Benthham y su utilitarismo, Mill y su socialismo y Thomas Hobbes y su Leviathan hayan sido ingleses, no permite desconocer los fundamentos de la libertad que surgieron del pensamiento de Locke y Hume, incluyendo la mano invisible de Adam Smith. Fue ese pensamiento que trasladado al continente americano por los Founding Fathers, se constituyó en la razón de ser del sistema que permitiera la libertad y la creación de riqueza por primera vez en la historia.

¡ES LA ETICA!

Ese sistema como no me canso de repetir, no es económico sino ético, político y jurídico y la economía es la consecuencia. Por ello creo más que importante el defender los derechos individuales y la limitación del poder político como la esencia de la libertad, y consecuentemente la razón de ser de la creación de riqueza, que ha desparecido en Europa en función de la iniquidad de la supuesta equidad del altruismo del estado de bienestar. Lamentablemente la confusión presente al respecto de ignorar la diferencia histórico-filosófica entre Estados Unidos y Europa continental, provocan que aun hoy se pretenda culpar a la crisis bancaria norteamericana por la crisis europea, que -como lo reconoce el FMI- persiste en 2012 y continua en 2013.

Me atrevería a firmar que lamentablemente el Sr. Romney en las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos careció de la sabiduría de defender los principios ético-políticos del Rule of Law, que le permitieron a Estados Unidos transformarse en la primera potencia mundial en solo cien años.

Esa falla permitió que tal como lo señala John Allison se culpara de la crisis financiera estadounidense a la falta de regulación de los bancos y a la avaricia de Wall Street. La causa de la crisis fue sin lugar a dudas el producto de la demagogia de Carter de sostener que todos los ciudadanos americanos tenían el derecho a una casa propia, y en función de ello se crearan Fannie May y Freddie Mac para que le prestaran a quienes no tenían con que pagar. Entretanto Alan Greenspan creaba los dólares desde la Fed.

En fin, la demagogia del estado de bienestar está presente en función de la avaricia de los capitalistas y se ignora la voluntad de poder que se basa en el altruismo de los políticos de izquierda, que monopolizan la ética, tal como lo expresara Thomas Sowell. La consecuencia es la crisis económica y así como la creciente corrupción que alcanza a Bruselas y por supuesto en nuestra América Latina ni que decir.

Entonces, aprendamos que lo que estamos defendiendo no es el capitalismo como sistema económico, por más que hasta la Escuela Austriaca se refiera al orden espontáneo como el carácter del mercado, e ignore que esa espontaneidad de comportamiento depende precisamente del respeto por los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la propia felicidad. En ese sistema las mayorías no tienen el derecho a violar los derechos de las minorías que garantiza la Constitución y por tanto la limitación del poder político en manos del poder judicial. Como bien señalara Alexander Hamilton: “No hay libertad si el poder de juzgar no está separado de los poderes legislativo y ejecutivo”.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El asco de Fito y el asco de un chico de 16 años

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 3/9/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3893

 Un chico de 16 años, edad que el kirchnerismo quiere que voten, escribió en el libro de visitas en una muestra sobre Eva Duarte de Perón que le daba asco. Aparentemente, le quieren aplicar 10 amonestaciones por decir que le dio asco.

Dejemos de lado la controvertida imagen que tiene Eva Perón, a la que unos admiran y otros no, y veamos qué desequilibrio hay en el ensañamiento con este chico de 16 años.

Por un lado el gobierno dice que tienen suficiente capacidad para votar a esa edad y por otro lado lo sancionan si se expresan libremente sobre sus ideas políticas. Pero supongamos que el chico estuvo mal en usar la palabra asco.  ¿Si el chico se merece 10 amonestaciones por usar la palabra asco, que le corresponde a Fito Páez y los progres que lo defendieron?

Transcribo textualmente su nota de Página 12, cuando Macri le ganó la primera vuelta a Filmus en el 2011. Decía entonces Fito Páez: “Da asco la mitad de Buenos Aires. Hace tiempo que lo vengo sintiendo”  . Es decir, Fito Páez puede sentir asco de la gente que votó a Macri, pero el chico no puede decir que siente asco de una muestra.

Pero un hombre de la izquierda nacional, Norberto Galasso, salió en apoyo de Fito Páez y le escribió una carta abierta al músico en la que dice: “Comprendo tu reacción, tu bronca, tu explosión en caliente, propia de un artista. Pero así como la comprendo no la comparto. No me da ese asco ese 47% de votos macristas. Me da pena.”. Es decir, Galasso cambió el asco por me da pena, que es como decir: son unos idiotas los que votaron a Macri.

Pero don Víctor Hugo Morales también salió en defensa de Fito Páez, diciendo: “Lo de Fito tiene un enorme valor de romper con el miedo. La invitación es piensen sus miedos, pensemos los profesionales de esta actividad en nuestros miedos, tratemos de luchar contra el miedo porque los miedos, así instalados, son los que auspician dictaduras”. Y agregó: “que hay una cierta propuesta de la derecha de linchar moralmente a Fito Páez” porque el músico “se pronunció desde la inmensa libertad que ha sabido ganarse”. Y remata el relator de fútbol:  “Fito se comporta con la bravura de todos los artistas comprometidos de la historia”.

Es curioso, a un chico de 16 años dice que le da asco una muestra sobre Evita y le aplican amonestaciones. Un músico dice que le da asco que la gente vote por Macri y es defendido por el progresismo argentino por su valentía de decir lo que piensa. Al chico 10 amonestaciones a Fito toda la admiración por decir que le da asco como vota el electorado porteño.

Si el chico dice que le da asco una muestra, es mala educación. Si Fito Páez dice que le da asco cómo votan los porteños, es un grande, un valiente comprometido con la historia.

¿No da asco tanta hipocresía?

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.