Ñoquilandia

Por Iván Carrino. Publicado el 12/2/16 en: http://opinion.infobae.com/ivan-carrino/2016/02/12/noquilandia/

 

El que encendió la mecha fue el ministro Alfonso Prat-Gay, quien, en ocasión de su presentación de las metas fiscales y de inflación, se refirió al derroche del gasto público como la “grasa de la militancia”. El comentario hacía referencia a la cantidad de empleados que consiguieron su puesto en el Estado producto de sus vínculos políticos, en lugar de hacerlo por su capacidad técnica o por una verdadera necesidad de mayor personal.

El debate que siguió se centró en la cantidad de empleados “ñoquis” que, según un estudio de la consultora KPMG, se ubica entre 200 mil y 250 mil personas. Se suele llamar ñoqui al empleado que, sin función aparente, todos los días 29 pasa a retirar su cheque pagado por alguna dependencia u organismo estatal.

En aras de ordenar este derroche, el Gobierno comenzó a revisar todos los contratos de los últimos tres años. Para el ministro de Modernización, los despedidos ascienden a seis mil. Otras informaciones, sin embargo, ubican el número de despidos en 25 mil, si se suman empleados municipales y provinciales.

La cifra no debería generar alarma. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), en el Estado nacional, provincial y municipal hay 1,7 millones de empleados en relación de dependencia. Si a esto se añaden los contratados y quienes gozan de menor formalidad laboral, la cifra se aproxima a los cuatro millones. Es decir, la reducción de plantilla, tomando la cifra más elevada, es de solamente el 0,6% del total y del 10% de los supuestos ñoquis que cobran del Estado.

Ahora, el punto es por qué abundan los ñoquis en la función pública, pero no parecen ser un problema en el sector privado. Por qué la ñoquilandia prolifera en el Estado y no en las empresas.

Milton Friedman, premio nobel de economía, afirmaba que había cuatro formas de gastar el dinero: se gasta el dinero propio en uno mismo, se gasta el dinero propio en otros, se gasta el dinero de otros en uno mismo, se gasta el dinero de otros en otros.

En el sector privado, por lo general, se emplea la primera forma de gastar. Una empresa cualquiera podría contratar un empleado por el mero hecho de que este tenga afinidad con los dueños. Sin embargo, a la larga, si este empleado no es útil en la generación de ganancias o, peor aún, debido a su inutilidad, genera perjuicios económicos a la compañía, la organización decidirá hacerlo a un lado, puesto que debe proteger e incrementar su capital. De esta forma, en el mejor de los casos, el ñoqui en el sector privado es un fenómeno temporario.

Ahora bien, cuando el Estado gasta, combina las dos últimas formas de utilizar el dinero. En primer lugar, porque cuando destina recursos para proveer bienes públicos, está utilizando el dinero de los otros (los contribuyentes) en otros. Así, no extraña que se paguen sobreprecios y que la calidad de los bienes públicos no sea la óptima.

En segundo lugar, porque los funcionarios estatales usan recursos de terceros en su propio beneficio, ya que así pueden financiar sus campañas o crear redes clientelares. En este sentido, el Gobierno podría crear una oficina del no hacer nada e igualmente obtendría beneficios, puesto que todos los empleados de esa oficina dependerían del cheque estatal para sobrellevar su vida y eso podría influirlos a la hora de votar.

Es decir, como el Gobierno gasta la plata que no es suya para beneficio propio, es inevitable que aparezca y se perpetúe dentro de él la ñoquilandia, ya que las afinidades personales, políticas y los negocios turbios prevalecerán frente a otros criterios más respetables.

En este contexto, es bienvenida la tímida reforma del Estado que está teniendo lugar, pero una solución definitiva pasa por eliminar dependencias completas y ponerle límites estrictos al gasto público. Sólo así los incentivos para abusar de la billetera del Estado, lleno de puestos improductivos, quedarán reducidos a su mínima expresión.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

El Impuesto a las Ganancias y la Presión Tributaria

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 15/12/14 en: http://economiaparatodos.net/el-impuesto-a-las-ganancias-y-la-presion-tributaria/

 

En el 2003 la presión fiscal consolidada se encontraba alrededor del 25% del PBI. El 2013% llegó al 45% del PBI

Luego de justificar el impuesto a las ganancias como «filosoficamente» necesario, el gobierno decidió exceptuar del mismo al aguinaldo de fin de año. Dada la inflación que el gobierno persiste en desconocer, este impuesto ya alcanza a trabajadores de ingresos medios e incluso a la pensión que reciben jubilados yendo en contra del espíritu de este impuesto. El problema, sin embargo, no es cuál debe ser el impuesto a las ganancias en sí (impuesto que originalmente iba a ser transitorio, no permanente), sino la presión tributaria de todos los impuestos que se pagan en Argentina. Sin disminuir la importancia de revisar el impuesto a las ganancias en el corto plazo, lo que el sistema impositivo requiere es una profunda reforma que vaya más allá de los mínimos no imponibles.

La presión fiscal en Argentina la podemos dividir en cuatro componentes. La presión fiscal a nivel nación, a nivel provincias, a nivel municipio, y el impuesto inflacionario. Néstor Kirchner asume la presidencia el 25 de Mayo del 2003, año a partir del cual se percibe un continuo incremento de la presión fiscal. Este incremento, a su vez, depende principalmente de la presión fiscal a nivel nacional y del impuesto inflacionario. Dado que la inflación depende de la política monetaria del BCRA, y que el BCRA financia al tesoro, esta es también presión fiscal a nivel nacional.

PRESIÓN FISCAL CONSOLIDADA, ARGENTINA

En el 2003 la presión fiscal consolidada se encontraba alrededor del 25% del PBI. El 2013% llegó al 45% del PBI. Veinte puntos de incremento en una década. No se percibe, sin embargo, un incremento del 20% en la cantidad y calidad de servicios públicos prestados por el gobierno (seguridad, educación, salud, transporte público, energía, etc.) Por el contrario, lo que se ha percibido es un preocupante deterioro de infraestructura y un descuido por servicios públicos como salud, seguridad y educación. Esta evolución de la presión fiscal total ha llevado al país a posicionarse entre los países con mayor presión fiscal consolidada del mundo. El siguiente gráfico con cálculos de la Heritage Foundation muestra la presión fiscal consolidada para el año 2012 de Argentina y respecto a varios otros países (el impuesto inflacionario no es parte de este gráfico.)

PRESIÓN FISCAL CONSOLIDADA, 2012, PAÍSES SELECTOS

El gobierno se permite una presión tributaria total con niveles similares a los de Inglaterra pero se niega ofrecer servicios públicos de la misma calidad. ¿A dónde van a parar el esfuerzo tributario del contribuyente Argentino? ¿No rompe el estado el «contrato social» al no devolver el 40% de presión tributaria en servicios públicos fundamentales? Sin ir muy lejos, la presión tributaria en Chile es la mitad de la Argentina. Similares niveles tienen Colombia y Uruguay. ¿Acaso Argentina es incapaz de niveles de presión fiscal como sus vecinos y países de la región?

Estos gráficos dejan ver otro problema. Mientras Argentina ha aumentado su presión fiscal para ubicarse en récords históricos y entre los países con mayor carga tributaria, el déficit fiscal consolidado pasó de unos 3 puntos del PBI en el 2009 a casi 5 puntos del PBI en el 2013 (valor similar al del fin del segundo gobierno de Menem.) El gobierno no puede reducir estos 5 puntos de déficit con aumento de impuestos, no sólo por lo ya elevado de la carga tributaria, sino también por el estado represivo de la economía. No es lo mismo tener una presión fiscal en torno al 40% del PBI y considerar un aumento impositivo con un PBI per capita (USD, PPP) de 18.000 como Argentina que hacerlo con 37.000 como es el caso de Inglaterra. La economía e ingreso per cápita Argentina no es comparable a la Inglesa. Este es un desajuste fiscal que, por no haber sido atendido a tiempo, debe ser ahora corregido más urgentemente por el lado del gasto. En el 2001 se hizo declarando el default (del que aún no se ha salido) y con la devaluación del peso. El Kirchnerismo ya defaulteado su deuda al no acatar el fallo del Juez Griesa y devaluado el peso en enero de este año.

Ni el gobierno ni los opositores presidenciables, sin embargo, se refieren claramente a este problema dejando a la imaginación del contribuyente que va a suceder con sus obligaciones fiscales y la economía del país luego del cambio de gobierno.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.