Con la excusa del coronavirus, los Estados destruyen mercados y el rebote que vendrá

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 10/3/20 en: https://www.ambito.com/economia/coronavirus/con-la-excusa-del-coronavirus-los-estados-destruyen-mercados-y-el-rebote-que-vendra-n5087695

 

Medidas sanitarias excesivas, dictadas por el pánico, incrementan los costos económicos de la emergencia. Una guerra petrolera insostenible. Retenciones galácticas.

Con la excusa del coronavirus, los Estados destruyen mercados y el rebote que vendrá

Algún día entenderemos que la violencia solo destruye a la naturaleza que de suyo provee los recursos para una vida digna para todos. Entretanto seguiremos autoflagelándonos, creando pobreza y desorden.

Antes del aislamiento del norte de Italia y la caída del crudo, Bloomberg Economics ya estimaba que las pérdidas globales “por el coronavirus” llegarían a u$s2,7 billones, el PBI del Reino Unido. Y la OCDE advirtió que el crecimiento global podría caer desde el 2,9% hasta el 1,5%.

Pero pongamos las cosas en su lugar: esto no es culpa del virus sino de las medidas “preventivas” de los gobiernos, como las prohibiciones de trabajar y circular, implementadas de manera policial -violenta-, coartando libertades personales como si la actividad privada no fuera más eficiente incluso en el control de epidemias. Y como toda violencia, la represión estatal empeorará las cosas. Por cierto, es fundamental que, cuando se descubra una vacuna, no se cree un monopolio dada una “ley de patentes” que impida su rápida difusión en el mercado.

Si bien es imposible un cálculo exacto, para tener una idea de la magnitud, recordemos que hace 20 años morían 15 millones de personas por desnutrición, lo que fue disminuyendo hasta llegar a 8 millones al ritmo del crecimiento del PBI global. Podría estimarse que, si el PBI global dejara de crecer 1,4%, en 2020 no se salvarían del hambre 112.000 personas. O sea, como consecuencia de las medias “anticoronavirus”, morirían al menos 28.000 en el mismo tiempo -4 meses- en que el virus habría matado a unas 3.500.

Pero vamos a los mercados. Al invertir, se busca maximizar beneficios, así, cuando el mercado es natural, libre, se invierte en busca de la mayor eficiencia. Pero los Estados intervienen artificialmente, por caso bajando tasas de interés o promoviendo inversiones en empresas que no lucen tan bien. Así, coincidía con muchos expertos en que las bolsas eran atractivas, en estas circunstancias, pero jamás imaginamos que los políticos podían llegar a semejante nivel de disparates de consecuencias impredecibles.

En cualquier caso, al calmarse las aguas, encontraremos dinero muy barato, valores resguardo (oro, bonos del Tesoro…) exageradamente altos, petróleo en moderada suba y acciones baratas: “Crack bursátil 2020: Ventas novatas, compras profesionales” dice el experto español Alberto Chan Aneiros.

Mientras el BCE mantendría la tasa que ya está ya en el -0,50%, para Goldman la Fed podría bajarla otros 75 pb el 18 de marzo y dejarla en cero. Lo que provocaría una crisis de deuda global, mientras suben los gastos de los Estados para “prevención” y para “reactivar” la economía que destrozan. La Fed proveerá mayor liquidez ya que las operaciones diarias en el mercado de “repo” se incrementarán hasta los u$s150.000 millones (desde 100.000), mientras que las operaciones a 14 días subirán hasta 45.000 millones (antes, 20.000 millones).

Como refugio se buscaron bienes con escaso rendimiento como el oro, que subió 8% en el último mes hasta la apertura de ayer en 1.702 u$s/Oz, pero luego cayó hasta los 1.675, y los Bonos del Tesoro cuyos rendimientos bajaban en toda la serie -desde el de 30 años hasta el de un mes- por debajo del 1% por primera vez en la historia.

Las medidas por el coronavirus tomadas por los gobiernos aceleraron la guerra por el crudo y el Brent llegó a tocar u$s31,30 para luego empezar a trepar. El petróleo tiene que subir sencillamente porque la guerra desatada por Arabia Saudita es insostenible: de hecho provocó que las acciones de su petrolera, Aramco, la empresa cotizada más grande del mundo, en dos días perdiera u$s320.000 millones.

La expectativa de rentabilidad en bolsa subió del 5,8% a 7%, según el Barómetro de Expectativas de Rentabilidad (BER) de El Economista, que recoge las previsiones del PER, de EE.UU. y Europa, que cayó un 16% desde máximos. Aunque los expertos son cautos dados los profit warnings y porque la caída se intensificó debido a que estaban cotizando con ratios como el PER arriba de medias históricas. También el EV/Ebitda a ambos lados del Atlántico se abarató un 14% desde máximos.

Por su parte el SP Merval es la incógnita surrealista de siempre: está barato pero las “condiciones ambientales” no son buenas. El BCRA bajó la tasa de interés a 38%, quedando la de referencia efectiva en 45,4%, para promover el ahorro y recomponer el crédito de familias y empresas, según dijo. Pero ningún banco paga más de 29% por plazos fijos, o sea 33,19% al calcular la T.E.A., 7 puntos debajo de la suba del IPC esperada.

El 2020 arrancó con un déficit primario de $3.700 millones y un desequilibrio total superior a $ 90.000 millones en enero. Cayeron los ingresos y creció el gasto: irónicamente, aumentaron 125% los subsidios energéticos dado el congelamiento tarifario para “contener la inflación” lo que será financiado con emisión.

Según Eco Go, en lo que queda del año restan $1,2 billones (65% de la base monetaria) de vencimientos en bonos y letras en pesos con el sector privado, y un roll-over para evitar emisión será difícil. El BCRA ya ha realizado fuertes Adelantos Transitorios al Tesoro: $182.000 millones en lo que va de 2020.

Vaca Muerta ya no tiene posibilidades de rentabilidad al menos hasta que la tecnología avance mucho más. Y van camino de matar toda actividad como la soja. Llama la atención que, viéndolo, el Gobierno no se dé por enterado de que aumentar la presión fiscal retrae la actividad, ergo, la recaudación final. Tampoco se entiende que la Mesa de Enlace proteste ahora y no cuando Mauricio Macri les subió las retenciones.

Entre 2019 y 2015, por la reducción de los derechos de exportación, los dólares aportados por los principales productos crecieron 80%. Con una tasa de 33% y los valores del dólar libre, la retención efectiva para la soja sería hoy de 48%. Según agentes del INTA, con precios en baja y estas retenciones no hay producción rentable más allá de los 100 kilómetros de los puertos.

En medio de la crisis global, emisión sin freno, tasas bajas, dólar planchado, exportaciones bajando, producción imposible ante esta presión tributaria y regulaciones asfixiantes, el SP Merval es una gran incógnita.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Una solución de fondo para los futuros jubilados

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 8/2/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/02/08/una-solucion-de-fondo-para-los-futuros-jubilados/

 

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Lo primero viene primero. El diagnóstico es prioritario y consiste en que los sistemas de reparto no se sostienen desde la perspectiva del análisis actuarial, entre otras cosas debido a que modificaciones en la estructura demográfica lo ponen en jaque. Ilustra lo dicho que en Japón por primera vez en el ejercicio pasado las ventas de pañales para adultos superó a la de los bebés.

Por otra parte, las matemáticas financieras muestran que los sistemas de capitalización resultan más provechosos para los destinatarios puesto que mantienen una adecuada relación de los aportes efectuados con la pensión recibida en el contexto de la individualización de la cuenta.

Pero en todo caso hay un tema que antecede a lo dicho y es la necesaria libertad para que cada uno pueda disponer del fruto de su trabajo como estime pertinente y que no sea tratado como un objeto manipulable donde los aparatos estatales deciden acerca del destino de los ingresos de cada cual.

Se ha machacado que si el Gobierno no obliga a efectuar aportes, el candidato no preverá su vejez lo cual contradice lo ocurrido con inmigrantes que provenían de puertos lejanos y que adquirían terrenos, departamentos y otras valiosas colocaciones hasta que irrumpió el Leviatán, que los despojó de sus activos trabajosamente obtenidos.

Los mal llamados “sistemas de seguridad social” son en verdad grotescas imposiciones de sistemas de inseguridad antisocial, no solo por los mendrugos que entregan a los jubilados sino que los políticos en el poder echan mano a los aportes para otros menesteres y en lugar de esos recursos emiten títulos para reemplazar los ahorros ajenos.

En otros términos, una estafa colosal que debe ser enmendada a la brevedad. Y no se trata de mutar un sistema de reparto por uno de capitalización obligatorio. Como queda dicho, se trata de abrir las puertas y ventanas a un sistema libre donde cada cual se responsabiliza por sus colocaciones financieras. Libertad y responsabilidad son dos caras de la misma moneda, lo cual se logra con el ejercicio cotidiano. Esto me remite a lo que alguien respondió cuando se le decía que no puede otorgarse libertad a quienes no están acostumbrados a usarla: “Es lo mismo que sostener que nadie puede ingresar a un natatorio antes de aprender a nadar”.

Nadie debe estar autorizado a usar a otro como medio para su satisfacción, cada uno es un fin en sí mismo. Todos los seres humanos merecen respeto y es un espectáculo realmente bochornoso el observar a personas que han aportado durante cuarenta años durante su período activo para luego recibir montos que no se condicen para nada con lo entregado (confiscado, más bien). Es triste constatar lo que sucede con los jubilados que mansamente se resignan a ser robados de una manera cruel.

Veamos entonces cuál podría ser la manera de resolver tamaña injusticia. Lo primero es repasar el sentido mismo de un gobierno republicano. Una vez percibido que su función debe limitarse a la protección de los derechos de todos y abstenerse de inmiscuirse con la vida y la hacienda de terceros, entonces podrá procederse a la eliminación drástica de funciones incompatibles con una sociedad abierta.

En otras oportunidades he dado ejemplos minuciosos sobre cuáles reparticiones gubernamentales deben ser eliminadas del organigrama (por ejemplo, véase mi “Decálogo fiscal para cualquier país civilizado” en este mismo medio), pero en esta ocasión a los efectos de nuestro análisis damos eso por sentado y suponemos que ya estamos en una fase civilizada en la que los aparatos estatales se circunscriben a sus funciones específicas. En este cuadro de situación puede procederse a una profunda reforma tributaria compatible con lo expresado.

Para no repetir lo escrito antes, como queda dicho, supongamos que esto último se ha comprendido y aceptado. Una vez ubicados en esta instancia, es imperioso percatarse de que todo el embrollo jubilatorio lo financian compulsivamente los contribuyentes pero de modo encubierto. Aparece la magia del Gobierno financiando las diferencias con los siempre insuficientes aportes, lo cual es un modo hipócrita de presentar en asunto ya que no hay la tal magia: lo que financia el gobierno es detraído de los bolsillos de los vecinos vía gravámenes, deuda estatal o por medio del impuesto inflacionario.

Entonces, reiteramos que en definitiva la financiación de todo este sistema morboso recae sobre los patrimonios de la comunidad puesto que en ningún caso los gobernantes se hacen cargo de las referidas erogaciones. Consecuentemente de lo que se trata nada más y nada menos- es de explicitar lo que está implícito, en convertir en directo, abierto y a la luz lo que se hace de modo indirecto y solapado.

Lo dicho se concretaría a través de la obligación de los contribuyentes que en lugar de pagar un impuesto propiamente dicho se hagan cargo del pago a jubilados con un organismo oficial encargado de velar por los cumplimientos y de sustituir a financiadores en caso de deceso y otros percances. Y a los aportantes en curso los contribuyentes les devolverían lo aportado hasta el momento en cuotas, en cualquier caso deducido del fondo existente de lo ya aportado hasta el momento del cambio de sistema.

Tengamos en cuenta que si la reducción de la presión fiscal es drástica en línea con la antedicha reducción en el gasto público, la carga sobre los nuevos financiadores no solo no se ampliaría sino que disminuiría en la medida en que se establezca un sistema consistente con una sociedad abierta. En la práctica el gobierno así borra de su pasivo todo el peso del sistema previsional y lo convierte en un pasivo contingente.

Reiteramos que de lo anterior debe seguirse que la carga neta no debe ser mayor sino que debe disminuir respecto a al cuadro de situación anterior debido a la antes referida reducción tajante en los gastos estatales. Ya que se parlotea tanto de una falsa solidaridad con los recursos ajenos, tal vez se quiera adoptar este sistema que se acerca más al objetivo.

El título de esta nota alude a los futuros jubilados o los retirados de sus empleos pues a ellos es que se tratará con la dignidad que corresponde por lo que podrán disponer de sus ingresos como les plazca. Para los jubilados actuales y los que están en proceso lo único que cambia es que se transparenta de donde provienen los fondos para financiarlos. No hay aquí promesa incumplida, los gobiernos se obligaron a pagar pero no necesariamente el conducto a través del cual lo harán (en todo caso la promesa incumplida es el atraco que sistemáticamente llevan a cabo hasta el momento del nuevo sistema sugerido).

El denominado “sistema de seguridad social” comenzó en Alemania con Otto von Bismark, siguió en Estados Unidos con Franklin Delano Roosevelt, en Inglaterra con William Henry Beveridge, en Francia con Pierre Laroque, en los países nórdicos mientras fueron socialistas y luego copiado por todos los dictatorzuelos asiáticos y latinoamericanos. Salvando las distancias de la horrenda circunstancia que hizo calificar a Hannah Arendt como “la banalidad del mal”, puede aplicarse a nuestro caso dado el inmenso sufrimiento, canallesca explotación y la ruina en la vida de los jubilados por políticos inescrupulosos y malvados.

Una vez más es necesario repetir que el despido del sector público de funcionarios inútiles para los efectos señalados, en ningún caso se traduce en desempleo. Se trata de liberar recursos humanos y materiales para ser empleados para atender otras necesidades, lo cual no podía realizarse debido a que estaban esterilizados en actividades improductivas. A su vez el empresario está interesado en capacitar para sacar partida de los nuevos arbitrajes.

Allí donde el mercado laboral está abierto a contrataciones libres de regulaciones no hay tal cosa como desocupación involuntaria. Los salarios e ingresos en términos reales se establecen como consecuencia de las tasas de capitalización, a saber maquinarias, instalaciones, equipos y conocimientos relevantes que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Las llamadas “conquistas sociales” por las que se impone una entrada superior a la establecida por la antedicha inversión per cápita conduce inexorablemente al desempleo. Y esto no solo va para el obrero, si se imponen condiciones salariales al gerente de una empresa superiores a las establecidas en el mercado, ese empleado quedará también sin empleo. Lo que pasa es que generalmente las intromisiones gubernamentales y sindicales se refieren a los trabajadores marginales por lo que son ellos los primeros en quedar sin trabajo.

Cuando se hace alusión a la reducción del gasto público se apunta a rellenar los bolsillos de la gente. Al disminuir las erogaciones el gobierno libera fondos que en todos los casos se emplean para ahorrar e invertir o para consumir, en cualquier caso necesariamente se reasignan los siempre escasos factores de producción desde áreas ineficientes hacia territorios productivos con lo que se eleva el nivel de vida de la población.

Resulta llamativo que se sugieran retoques en el sistema jubilatorio en lugar de modificaciones de fondo. Por ejemplo, se ha sugerido achatar la pirámide de la estructura jubilatoria vigente y así entregar a todos las mismas sumas independientemente de los aportes con lo que la estafa se acentúa de modo superlativo. Otra propuesta consiste en estirar la edad jubilatoria al efecto de aliviar el cuadro financiero estatal, lo cual también constituye un engaño. Como he consignado antes, en este último caso para eso es mejor terminar con la farsa y colocar la edad jubilatoria a los 200 años de edad con lo que el atraco se hace más transparente.

Lo que proponemos para el sistema jubilatorio es una muy saludable y recomendable gimnasia intelectual al efecto de un precalentamiento cuando se adopte una sociedad libre.

Sin duda que para poder proceder en consecuencia con la reforma jubilatoria sugerida en esta nota periodística es indispensable primero trabajar mucho más en la batalla cultural para abrir caminos y horizontes a los efectos de que se comprenda la razón de la existencia misma del Gobierno. Incluso, como ha apuntado Leonard Read, no deberíamos usar la expresión “Gobierno” ya que significa mandar y dirigir por lo que resulta más apropiado referirnos al monopolio de la fuerza como agencia de seguridad, de lo contrario como escribe Read “es lo mismo que denominar gerente general al guardián de una empresa”.

Sin duda que no hay solución si la batalla cultural no se da con éxito y no se comprende para qué son los aparatos estatales en una sociedad abierta y no se acepta transparentar lo que está implícito en los sistemas quebrados que explotan miserablemente a los jubilados.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Por qué Argentina no crecerá con este “modelo”

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 30/1/19 en: https://www.ambito.com/por-que-argentina-no-crecera-este-modelo-n5013245?fbclid=IwAR1ipIgk2X46P77SEL6ZlN24WsWVnyZST_l9BFw-Mm5nTCn2lSdBYKAfORQ

 

Por qué Argentina no crecerá con este modelo

Dados dos motivos fundacionales, la eficiencia económica es una cualidad exclusiva del mercado (la sumatoria de las personas individuales). Primero, porque es el que la define: un tren puntual, rápido y bonito que llega al desierto, no sirve a nadie, es económicamente ineficiente. Segundo, es necesario competir. Un jugador, solo, no tiene marco de referencia ni contrincante que lo incentive a superarse.

Así, el Estado, es necesariamente ineficiente. No compite o porque es monopólico -como AySA- o porque tiene fondos inagotables del tesoro -como Aerolíneas Argentinas– de modo que no necesita ser eficiente, basta con ser “políticamente correcto”.

Entonces, el modelo oficial al aumentar el peso estatal sobre el sector privado sólo incrementa la ineficiencia y, por tanto, la economía caerá. Podrán inflar el PBI circunstancialmente -como en 2017- con entrada de dinero por préstamos, buena cosecha y mejora en la balanza comercial, pero el sistema seguirá perdiendo eficiencia, productividad.

Y los datos muestran que el peso estatal se agranda a costa de las personas. El Estado tiene tres modos de absorber recursos. Primero, con impuestos.

Según el IARAF, la presión tributaria que en 2018 finalizó en 32,6% del PBI (0,02% encima de 2017) llegará al 33,4% en 2019. Y esto a pesar de que entre 2015 y 2018 el gasto público bajó cuatro puntos del PBI, según Abeceb. Sucede que creció el servicio de la deuda y que la presión fiscal debe computarse sobre el PBI del sector privado, que cayó.

Dicen que la presión fiscal en Argentina llega al promedio de los países de la OCDE. Suponiendo que sea cierto, hay que sumar los otros dos modos de absorción de recursos: la inflación, 47,6% de disminución del valor de la moneda debido al exceso de emisión para solventar gastos estatales, y el tercer modo, el endeudamiento/tasas altas.

Un informe del Bank of America Merrill Lynch muestra que los préstamos al sector privado, en relación con el PBI, llegan al 18% en Argentina -el promedio de la región es 45% y en los emergentes llega a 90%-; el resto se lo “llevó” el Estado.

Pero hasta inflar el PBI con fondos del exterior se va a complicar, porque el “viento” parece ser de frente. Mientras el “brexit” se demora, entre hoy y mañana, se realiza otra ronda de negociaciones entre China y EE.UU. dentro de la tregua comercial que finaliza el 1 de marzo. Dejemos de lado, el suspendido cierre del Gobierno en EE.UU., además de los datos de empleo y crecimiento a ambos lados del Atlántico, hoy también se conocerán los resultados de la reunión de la Fed. Según el FedWatch, el 68,4% de los analistas cree que no moverá las tasas durante 2019 y 4,2% cree que podría hasta bajarlas en diciembre, dada la desaceleración global, y la sombra de recesión en EE.UU.

Habrá que ver si la Fed insinúa que se trata de una pausa, para tomar fuerzas, y seguir subiendo las tasas cuando los mercados se estabilicen. Además, es importante ver si decide finalizar el adelgazamiento de su balance antes de lo previsto. Desde el inicio de la dieta en 2017, la reducción trepa a u$s400.000 M, lo que tendría el mismo efecto que dos subidas de tasas, de 25 pb cada una, según Natixis.

Así, la tasa de fondos federales actual estaría cerca del 2,875%, el extremo superior de lo que la Fed considera neutral (2,8%). Y si reduce su balance en otros u$s400.000 M en 2019, equivaldría a una subida de otros 50 pb llevando la política monetaria a “territorio restrictivo”.

También hoy al anunciar el reembolso trimestral -de la próxima semana- el Tesoro aumentaría las ventas de deuda, para financiar el creciente déficit dado el crecimiento del gasto y de los servicios de la deuda, récord, de u$s16 B. La cantidad total de títulos a 3, 10 y 30 años que se ofrecerán en la próxima subasta de reembolso se estima en $84.000 M, 1.000 M más que hace tres meses.

La emisión de deuda nueva neta total del Tesoro en 2018 ascendió a u$s1,34 B, contra u$s550.000 M en 2017. En 2019, sería de u$s1,4 B y oscilaría entre u$s1,25 y 1,4 B en los próximos cuatro años. A pesar de la inundación de oferta, los rendimientos del Tesoro no se elevan debido a la firme demanda.

Pero el problema de la deuda global empieza a preocupar. Gracias a tasas del 0% ofrecidas por los bancos centrales, según el Instituto Internacional de Finanzas (IIF) superó el 318% del PBI global en el tercer trimestre de 2018. Y no sólo es deuda pública sino, sobre todo, privada que no está en entidades financieras. Hoy la cifra ronda u$s72 B, frente a 27 B de hace una década.

Y, dadas las perspectivas, los inversores se están deshaciendo de los bonos de deuda. Pero no sólo los principales compradores, los bancos centrales, también muchos secundarios. De hecho, según los datos que maneja Bank of America Merrill Lynch, el pasado año salieron u$s63.000 M de fondos de deuda corporativa, lo que ha llevado a acuñar el término Crexit para definir estos reembolsos en bonos corporativos.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

El tema de la semana: la suba de tarifas

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/4/18 en: https://www.portfoliopersonal.com/Research/Noticia/7020

 

El gobierno de Macri se ha visto complicado en las últimas semanas por el problema del ajuste de tarifas. La quita de subsidios que lleva a un incremento en el precio que deben pagarse por estos servicios ha mostrado cierto hartazgo en la opinión pública. Lamentablemente, la oposición se ha visto más inclinada a utilizar este descontento con fines políticos que ha ofrecer soluciones de fondo.

El atraso tarifario es unas de las herencias más costosas que el kirchnerismo le ha dejado a Cambiemos. Es, también, un problema muy pobremente explicado por Cambiemos. Una cosa es entender que al no ajustarse las tarifas de los servicios públicos las mismas deban ser subsidiadas y eventualmente tendrán que ser corregidas. Otra cosa es tener una comprensión de la dimensión y alcance del problema. Cambiemos parece funcionar bajo la ilusión que entender un problema es lo mismo que ser consciente del tamaño del mismo. Es por este motivo que en el cambio de gobierno varios economistas insistían con que se explique en detalle y de forma accesible lo heredado de la gestión K.

Que las tarifas deben ser actualizadas no debería ser tema de discusión. Cuando se fijan precios por debajo de sus valores de equilibrio se generan tres problemas: (1) se produce un faltante de recursos, que se traduce en importaciones y perdida de reservas, (2) se enfrentan otros costos como cortes de energía, servicios de baja calidad, etc. y (3) se facilita la corrupción, donde el funcionario de turno tiene el poder elegir a quien asignar la energía a cambio, por ejemplo, de contribuciones a campañas políticas. La discusión política debería centrarse en cómo ajustar las tarifas y no en si deben o no ajustarse sus valores.

Hay dos motivos por los cuales el aumento de tarifas de niveles irrisoriamente bajos (aunque no en todo el país) a valores razonables ha generado descontento.

En primer lugar, el gobierno no se ha preocupado por explicar la necesidad y el alcance de los ajustes. Las explicaciones de Cambiemos son tardías, poco claras, y terminan sonando a excusa política. Si hay algún tema que amerita una conferencia de prensa o cadena nacional para informar a la opinión pública de problema serios es justamente el ajuste de tarifas. El timbreo y los posts en Facebook y Twitter no alcanzan. Hay que tener en cuenta que hay una generación que nunca ha pagado tarifas razonables. El ajuste que se les pide no es parte de su experiencia de vida. Recordar que hace 15 años se pagaban valores mayores de tarifas poca relevancia tiene para el ánimo presente de la opinión pública.

En segundo lugar, un entendible descontento de la opinión pública con la situación económica. La lluvia esperada de inversiones no ha llegado. La inflación está estancada hace ya varios meses en valores similares a los del gobierno kirchnerista. La presión fiscal sigue estando al límite. Ante este escenario, el gobierno pide a la población que se ajuste aún más mientras al gasto público se lo trata como un bien sagrado. En concreto, mientras a quien apenas llega a fin de mes se le pide que de algún manera pague el aumento de tarifas, el gobierno extiende subsidios a piqueteros. Cambiemos erosiona su propia autoridad moral de pedir repetidamente ajuste al contribuyente mientras el gasto público recibe un trato preferencial. El trato que los legisladores han dado al tema del cambio en efectivo libre de impuestos pasajes de avión es un ejemplo de este problema.

Para que el aumento de tarifas sea soportable para la población, es necesario liberarle recursos por otro lado. Como se viene sugiriendo hace tiempo, una opción es reducir la pesada carga impositiva atada a las tarifas. Quizás algunas de estas tasas sean necesarias y razonables, pero muy difícilmente lo sean en su conjunto. ¿Dónde tiene su mente Cambiemos, si una alternativa que sólo requiere de sentido común se las ha pasado por alto? Ciertamente puede ser difícil bajar varios de estos impuestos dado que no son nacionales, pero nada impide a Cambiemos bajar impuestos bajo su jurisdicción como el impuesto el cheque o IVA.

El tema de las tarifas es, en definitiva, síntoma del problema de fondo, un nivel de gasto público insostenible y nivel de déficit fiscal que debería preocupar más. El gradualismo que ha elegido el gobierno funciona si la opinión pública está dispuesta a recibir malas noticias de manera repetida. Para ello, es necesario que el gobierno no escape a explicar las medidas tomadas. Al no informar de manera clara a la población la dimensión del problema, a la par que la dirigencia política continúa con gastos innecesarios, se perpetúa la ilusión K de que Argentina tiene un nivel de ingresos y recursos mayores a los reales.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

CON LA DEMOCRACIA SE CURA, SE COME… Y ¡CRECE EL PIB!

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 21/11/16 en:

 

No es la intención de este artículo criticar la trayectoria de Roberto Lavagna, en particular, pero tampoco quiero obviar un hecho curioso. “Su currículum lo convierte en protagonista cada vez que habla” decía un matutino como suelen decirlo prácticamente todos los medios -reflejando a la opinión pública- de casi todos aquellos personajes que han ocupado un cargo “importante”.

Es curioso: no importa que haya sido un presidente durante cuyo mandato hubo corrupción, ineficiencia y caída del PIB, sigue siendo muy escuchado debido “al peso de su trayectoria”. Qué pasa por la mente de las personas, de la opinión pública, como para seguir citando a personajes -que en la actividad privada hubieran sido despedidos por su mala perfomance- cuando existen jóvenes, y no tan jóvenes, brillantes con ideas y propuestas más acertadas.

La forma en que las personas toman las decisiones que afectan su vida en general -no en particular como el ejecutivo de un sector de la empresa- es una de las cuestiones que más intriga a científicos políticos, especialistas en marketing y publicitarios. Detrás del secreto de por qué la gente elige una cosa, y no otra, existe poderosa información valuada en millones que puede significar la llave del poder político.

Dicen los especialistas que las decisiones dependen, básicamente, de la historia personal y del medio ambiente, lo que conlleva conservadurismo al punto que, según Steven Rosenstone, de la Universidad de Michigan, el 97% de las veces gana una elección para el Congreso quien corre por la reelección, independientemente de si su trabajo fue malo. Es decir que, como todo en el cosmos, las personas, las sociedades avanzan solo por lenta maduración. En fin, curiosidad de lado, veamos las declaraciones de Lavagna que nos dan pie para cosas interesantes.

Según este ex ministro, en 2017 la economía argentina va a crecer “muy poco, lo que cayó en 2016” pero, como la población crece a un ritmo superior al 1%, el PIB per cápita bajaría aumentando la pobreza. Ahora, es curiosa su afirmación de que el PIB “en los años pares cae y en los impares de elecciones, crece”. Si esto fuera así, deberíamos tener elecciones más a menudo. ¡Y viva la democracia!

En realidad, lo que sucede es que PIB no mide realmente lo que el país produce y mucho menos su crecimiento económico sino, en todo caso, el consumo, el movimiento de dinero que es lo que los políticos suelen incentivar en épocas de elecciones para ganar votantes. Aunque conviene no olvidar que el fondo de la cuestión es que, como ya decía Ludwig von Mises entre otros, la econometría carece de rigor científico y, por lo tanto, solo es ilustrativa.

Dice Lavagna cosas obvias como que las tasas y la presión impositiva (“entre 40 y 50%”) son muy altas. Pero no está claro si cuando dice que la inversión no vendrá por falta de rentabilidad, dado el bajo consumo -debido a la caída entre el 8 y el 10% del poder adquisitivo en los últimos diez meses- y lo poco rentables que resultan las exportaciones, tiene claro que, precisamente, es este altísimo “costo argentino” (presión fiscal, costos laborales, inflación, tasas, etc.) el que provoca la falta de rentabilidad.

Más bien pareciera achacar la falta de competitividad exportadora al atraso cambiario, “política populista en la que el gobierno se identifica cada vez más con el final de Cristina, modelos de ajuste, de achicamiento que ha llevado a la pérdida de 120.000 puestos de trabajo en blanco, más una cifra indefinida -no inferior a ésta- de trabajos en negro”. Y advierte de no seguir culpando a la “pesada herencia” o a Trump.

En donde se equivoca claramente es en sus ideas keynesianas que lo llevan a firmar que “hay que empezar a poner la economía en marcha para frenar la inflación”. Como si la inflación, que no es otra cosa que una exagerada oferta monetaria, pudiera no ser un vicio y sí una virtud. Tiene razón cuando dice que el modelo macrista “funciona con endeudamiento… e indefectiblemente termina en… un… colapso”, ya que saturada la presión fiscal y la inflación no queda más que endeudarse ante la negativa de adoptar una política sana y bajar el gasto.

Y aquí sí se va a ver el “efecto Trump”, que está complicando el tema de la deuda. El bono global más importante, el de 30 años de EE.UU., ya cayó más de 6% solo en lo que va de noviembre, llevando a su rendimiento a superar el 3% anual. Entretanto el Vanguard Total International Bond ETF (BNDX) que nuclea bonos soberanos “investment grade” de Asia y Europa, cayó 1,5% también en noviembre y el Vanguard Emerging Markets Government Bond ETF (VWOB), que incluye bonos soberanos de países emergentes, cae todavía más, un 4%.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Últimos golpes a la economía global

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 7/8/15 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/ultimos-golpes-la-economia-global-987069

 

Según la Cepal, en América Latina entre 1982 y 1989 la pobreza aumentó del 40.5% al 48.4% (de 136 a 204 millones de personas) que luego, durante los noventa, dadas “las reformas estructurales”, se redujo pasando del 48.4% al 43.8% entre 1990 y 1999. Destaca Chile que, de casi 50% de pobres en 1988, pasó al 6% a comienzos del siglo XXI. Debido al boom de las materias primas, entre 2002 y 2013, los países crecieron a ritmos del 5/6% y se redujo del 43.9% al 28% la población pobre mientras que el índice Gini de distribución del ingreso cayó 10%, del 0.542 al 0.486. La región pasó de tener casi 190 millones de pobres, a comienzos del siglo XXI, a 138 en 2012, el 25.3% de los 528.3 millones de habitantes, según el PNUD que destacó que entre 2000 y 2012 Bolivia fue el país que más redujo la pobreza en Sudamérica: 32%.

Dado el fin del auge de las materias primas, la crisis de la UE, el menor empuje de China y el lento crecimiento en EE.UU., América Latina crecerá 0.5% en 2015 y se ralentizará la reducción de la pobreza que afectaba en 2014 al 28% de la población, estancado en ese nivel desde 2012.

Días atrás, en Adís Abeba se realizó la Tercera Conferencia de Financiación para el Desarrollo, de la ONU, para “fijar el marco para la financiación de la agenda de desarrollo para los próximos 15 años”, con el fin de erradicar la pobreza y el hambre y reducir la inequidad social. Esto basado en un endurecimiento de la presión tributaria para que los Gobiernos obtengan mayores recursos. Van a conseguir lo contrario.

Tomemos por caso Argentina. La presión fiscal habría llegado en 2014 al 35.1% del PIB. Así, en 2015, el fisco se lleva entre 47% y 62% del ingreso total de una familia media, según sus ingresos. Estos cálculos se refieren a lo que debería pagar un trabajador al fisco y no tiene en cuenta que los impuestos, aun cuando teóricamente sean dirigidos a los ricos, son derivados hacia abajo. Un empresario, por caso, los paga subiendo precios, bajando salarios, etc. Entonces, además de los impuestos formales, los pobres pagan los de los ricos vía aumento en el costo de vida y rebaja de remuneraciones.

Según el Barómetro de la Deuda Social, a fines de 2014, el 28.7% de los argentinos era pobre, 11 millones de personas. La canasta básica total (que marca la línea de pobreza) costaba $6,384. Entonces, si tomamos la recaudación y la dividimos por los pobres nos quedan $12,800 mensuales para cada uno, siendo que a una familia tipo de cuatro personas le corresponde el cuádruple, es decir, unas ocho veces la canasta básica total.

La recaudación fiscal en Argentina en junio pasado llegó a $140.838 millones. Si el Gobierno dejara de recaudar impuestos, los pobres desaparecerían ? y no es descabellado creer esto- aunque tendrían que hacerse cargo de la obra “pública”. Pero es más eficiente que cada uno pague, por caso, el peaje en las rutas que utiliza antes que pagar hasta las que no usa a través de una burocracia estatal que se come buena parte.

 

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Brechas.

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 13/7/14 en: http://www.libremercado.com/2014-07-13/carlos-rodriguez-braun-brechas-72859/

 

Es habitual considerar al FMI o la OCDE como liberales. Nunca lo han sido, y menos ahora, donde replican y vocean el pensamiento único sin cesar ni titubear. Por ejemplo, se han apuntado ambos al mantra de la desigualdad, para regocijo de los políticos y los mismos medios de comunicación que hasta hace nada los censuraban por su supuesto liberalismo.

Así, la OCDE señaló que “el 1% más rico en España acumula el 8% de todas las rentas”, tras lo cual, lógicamente, pidió que subieran los impuestos. Los medios se entusiasmaron hablando de “la brecha social”, pero antes de que deplore usted su retórica simplista y populista vea cómo se expresa el circunspecto y neoliberal informe de la OCDE: “El 1% de la cumbre ha capturado una cuota desproporcionada de todo el incremento de rentas de la últimas tres décadas”. La solución liberal de esta venerable y seria institución es: “Distribuir mejor”. Léase: intervenir más y cobrar más impuestos sobre (¿no lo adivina usted?) “los que más ganan”.

El FMI, por su parte, coincide en el diagnóstico: hay un grave problema social, la desigualdad, que debe ser corregida mediante una mayor intervención pública y una mayor presión fiscal. Declaró su director para América Latina: “Si no se avanza en la igualdad no es posible mantener el crecimiento”. Obviamente, avanzar significa más intervencionismo.

Recordemos de quién estamos hablando: estos no son bolivarianos ni comunistas, estos son supuestamente los más diestros economistas profesionales formulando recomendaciones responsables para promover el bienestar general.

Pero no, no es eso lo que promueven, ni lo han promovido nunca. En cambio, siempre han promovido las agendas políticas, siempre han buscado y animado cualquier motivo que contribuyese a legitimar la acción e intervención de los políticos, que, por cierto, para eso crearon todas esas instituciones internacionales que rara vez dejan de figurar en otras categorías aparte de estas dos: o son inútiles o son dañinas.

En el caso que nos ocupa el mensaje es engañoso y nocivo. La propia idea de brecha social convoca la urgencia de un cirujano que la suture. Pero la sociedad no está quebrada, y lo último que necesita es perder aún más derechos y libertades a manos del poder, un poder que, precisamente, no ha hecho más que subir los impuestos durante décadas con el argumento de que iba a cerrar todas las brechas y a “distribuir mejor”.

Y ahora nos vienen con el cuento de que la culpa es de un malvado 1% de ricos que “acumulan” o “capturan” caudales, vamos, que los roban y nos roban. Ellos son los malos: Amancio Ortega, que jamás le ha quitado a usted ni un duro, ese es el malo; en cambio los buenos son los políticos, que le quitan a usted el dinero a la fuerza, entre otras cosas para pagar nutridas burocracias de la ONU, la OCDE o el FMI, donde miles de burócratas cobran jugosos sueldos ¡libres de impuestos!

Eso sí, deles usted cinco minutos y ya estarán recomendando que le suban los impuestos a usted. Porque no creamos nunca que las recetas para cerrar las brechas estriban en castigar sólo a un puñado de multimillonarios: esto nunca ha sido así, y nunca lo será.

Cuando hablen de la brecha social, recuerde que lo que en realidad anhelan es abrírsela todavía más a usted.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Democracia y consenso

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/9/13 en: 

Los mayores enemigos de la libertad se han proclamado demócratas y han recurrido a la democracia para tomar el poder. No es casualidad que cuando había dos Alemanias, y en una los ciudadanos padecían una dictadura comunista, el país se llamaba República Democrática. A estos hechos se une la constatación reiterada de que la democracia puede llegar a conspirar contra las libertades y los derechos de los ciudadanos, puede dar lugar a innumerables controles, multas, regulaciones, vigilancias y prohibiciones. Y de hecho ha desembocado en los mayores niveles de presión fiscal que ha conocido nunca la humanidad. Sin embargo, en vez de reflexionar sobre ello, en vez de poner en valor la democracia de modo que signifique ampliar la libertad de elegir de los ciudadanos, en vez de poner coto a los abusos del poder, se instala el cliché de que todo lo que se haga democráticamente y con consenso está siempre bien.

La democracia desdibujada

Lo primero que se necesita es situar a la democracia en lo que debería ser: una forma de gobierno, no un objetivo. Un medio, no un fin. Es evidente que el fin tiene que ser superior, tiene que ser la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos. A veces este fin queda desdibujado cuando se supone que la democracia es el único sistema para recambiar los gobernantes de modo pacífico, cuando Venecia los cambió durante mil años en paz, y en el último siglo hemos visto democracias nada pacíficas.

Tampoco es verdad que los defensores de la democracia lo sean siempre sin tapujos. Nadie aceptaría, por ejemplo, que se votara democráticamente la despenalización de la violación. Asimismo, se admite que algunas decisiones democráticas no se tomen por mayoría simple sino cualificada.

La falacia de la democracia sometida al “poder económico”

Hemos visto ya que es una falacia que la democracia sea impotente frente al supuesto poder económico: al contrario, la democracia ha servido al poder político para crecer como nunca. El problema estriba en que ha crecido sobre la base de conceder a los ciudadanos libertad de elegir para votar, pero a continuación ha recortado su libertad de elegir en numerosos ámbitos, desde su vida privada hasta cómo disponer de sus propiedades. Lo hace con toda suerte de excusas, desde que protege (quebrantándolos) los derechos de los ciudadanos, hasta que los defiende de supuestos “poderes económicos antidemocráticos”, frente a los cuales, como vimos, el ciudadano puede elegir no entregarles su dinero.

A esta confusión democrática se une la idolatría del “consenso”, noción que jamás significa los acuerdos a los que voluntariamente llegan las personas en la sociedad civil. Eso nunca. El jaleado consenso sólo corresponde a los políticos y los oligárquicos grupos de presión que a su socaire medran.

Y así como se da la bienvenida a unos “electores” que eligen cada vez menos, se aplaude un “diálogo social” donde la sociedad no dialoga.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

Votar con los pies: ¿deporte mundial del siglo XXI?

Por Pablo Guido. Publicado el 7/1/13 en http://chh.ufm.edu/blogchh/

Hace unas semanas el actor francés, Gerard Depardieu, manifestó su intención de abandonar su país de nacimiento y establecer su residencia fiscal en otro país. El motivo de esta decisión estaría en la disconformidad del actor en el incremento de la carga tributaria por parte del Estado galo: para aquellos que tengan ingresos mayores al millón de euros se los gravaría con una tasa del 75%.

 ¿Cómo se llama lo que Depardieu hace? “Votar con los pies”, es decir, trasladarse a otras jurisdicciones para encontrar mejores servicios públicos y menor carga tributaria (clic acá para ir al artículo de Tiebout: “A Pure Theory of of Local Expenditures”). Es decir, frente a la disconformidad de los ciudadanos por las políticas adoptadas por los gobiernos existen varias alternativas: o votar en las urnas por el cambio de gobierno migrar a otro país. Esta última fue la decisión de Depardieu, a quien el gobierno ruso le acaba de dar la ciudadanía de ese país.

 El contexto actual en muchos países desarrollados occidentales es el siguiente: niveles muy elevados de gasto público, acompañado de una carga tributaria y deuda pública creciente. Los déficit fiscales resultantes en la mayoría de los casos obliga a los gobiernos o a continuar con el endeudamiento o a subir impuestos o a bajar los gastos. Los incrementos en la carga tributaria hace que muchas personas o empresas hayan decidido migrar a países donde la “confiscación” tributaria sea menor. ¿La decisión de Depardieu se profundizará y populizará en este siglo que comienza? Mi estimación es que sí, que veremos en los próximos años a muchas más empresas y personas migrar a regiones donde el Estado no castigue  con la voracidad que lo hace en el occidente desarrollado. La velocidad de este fenómeno dependerá de la velocidad con que los países de menor carga tributaria avancen en la incorporación de algunas instituciones que hasta ahora eran casi “patrimonio” exclusivo de las naciones avanzadas de Occidente: respeto a la propiedad privada, una economía abierta, moneda estable. Cada vez son más los países que logran ofrecer estas condiciones.

 El siglo XXI quizás sea un siglo de migraciones masivas. No esta vez por motivos de persecuciones religiosas o hambrunas como en los siglos pasados. Esta vez será para huir de la “mano visible” del Estado en lo que respecta a su afán de gravar cada vez más a los individuos.

Pablo Guido se graduó en la Maestría en Economía y Administración de Empresas en ESEADE. Es Doctor en Economía (Universidad Rey Juan Carlos-Madrid), profesor de Economía Superior (ESEADE) y profesor visitante de la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala). Investigador Fundación Nuevas Generaciones (Argentina). Director académico de la Fundación Progreso y Libertad.

 

Sordinas al ajuste predominante

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 3/10/12 en http://www.carlosrodriguezbraun.com/wp-content/uploads/2012/10/pagina_03102012122903.html.

Tras unos presupuestos austeros que aumentan el gasto, conviene recordar que todos los políticos, en España y otros países, afrontan la consolidación fiscal diciendo que ajustan el gasto. No es verdad. Los que ajustan el gasto son las empresas y los ciudadanos. Los gobernantes, en cambio, suben primero y más los impuestos, y ajustan después y menos el gasto. Éste es el ajuste predominante, que se vende como un prudente equilibrio entre austeridad y crecimiento. Los economistas políticamente correctos creen que la reducción del gasto público es negativa para la economía, al profundizar la recesión. Los que levantamos la mano para protestar somos considerados extravagantes, cuando no ignorantes con respecto a la ciencia económica y ciegos con respecto a la realidad.

El economista Alberto Alesina, que es catedrático en Harvard, lleva tiempo defendiendo, ante la irritación del pensamiento único, que los ajustes fiscales son menos costosos en términos de actividad económica si descansan sobre la reducción del gasto público en lugar de sobre el aumento de los impuestos. En un reciente trabajo con otros dos colegas reafirma su tesis con datos de una quincena de países desarrollados. Los autores concluyen: “En especial, los ajustes por medio del gasto se asocian con recesiones suaves y de corta duración, y a menudo con ausencia de recesión. Por el contrario, los ajustes basados en subidas de impuestos son seguidos por recesiones prolongadas y profundas” (Alberto Alesina, Carlo Favero y Francesco Giavazzi, The output effect of fiscal consolidations, Documento de Trabajo Nº 18336 del National Bureau of Economic Research, agosto 2012, http://goo.gl/2tJuJ).

Las diferencias entre los ajustes son notables y no dependen de las políticas monetarias. Asimismo, “la heterogeneidad en los efectos de los dos tipos de ajuste fiscal se debe principalmente a la respuesta de la inversión privada, más que en el crecimiento del consumo”. Ponderan la importancia de la previsibilidad y la reducción de la incertidumbre, de modo que la reducción del gasto público recaiga en los gastos corrientes y no de inversión, y no sea interpretada como temporal, tal como sucede en los ajustes actuales. Las reformas estructurales supply-side son importantes: “Las consolidaciones basadas en contención del gasto que han sido especialmente favorables al crecimiento han sido las que han venido acompañadas de reformas del lado de la oferta, liberalización de los mercados de bienes y trabajo, y moderación salarial”.

Afirma Stiglitz en su último libro: “Un principio aceptado desde hace tiempo es que un aumento equilibrado de los impuestos y el gasto estimula la economía”. Precisamente, Alesina y sus colegas rechazan ese principio: los datos indican, al revés de lo que proclaman los keynesianos, que los multiplicadores de los impuestos son mayores que los del gasto. Y está lejos de ser evidente que toda reducción del gasto público sea recesiva.

Los ajustes son menos costosos si se basan en reducir el gasto y no en subir los impuestos

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.