Políticamente incorrecto, y el dólar peluquero

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/10/19 en:  https://www.ambito.com/politicamente-incorrecto-y-el-dolar-peluquero-n5057703

 

Políticamente incorrecto, y el dólar peluquero

Hay dos posibilidades. Ser políticamente correctos y seguir eligiendo entre los políticos que “gobiernan” desde hace años con, básicamente, los mismos modelos y seguir escuchando a los gurúes -como los del REM cuyos registros históricos muestran que son “erradores” profesionales- o podemos ser políticamente incorrectos y cambiar todo. Aunque no dudo de que Argentina seguirá por el camino “correcto” dado su proverbial y fuerte conservadurismo.

Y, por cierto, entre los “erradores” está el FMI que dice -con desparpajo- que hizo todo lo posible cuando basta ver los registros para encontrar que su “ayuda” se basaba en su afirmación de que la economía iba bien. Y tiene en esto razón la izquierda radical al exigir que este organismo se haga cargo junto con la “patria financiera” gran beneficiaria de la bicicleta, el rulo, el bucle, el teñido blue y los todos efectos de peluquería que vendrán en la medida en que el Gobierno introduzca regulaciones logrando que el dólar sea la mejor inversión.

Bonos y acciones operaron en alza el día posterior a cuando Alberto Fernández (AF) dijo que intentaría evitar quitas del capital en el pago de bonos y buscaría una reestructuración de la deuda “al estilo uruguayo”. Pero resulta que en el medio está el FMI que, como buen banco -multi- estatal, es estatista y lo hace a costa del sector privado, el mercado y por tanto siempre exige una quita a los privados -como en el caso de Ucrania en 2015- o un aumento de impuestos de modo de lograr un superávit primario para hacer frente a los intereses a cambio de sostener los desembolsos que faltan.

El entonces ministro de Economía uruguayo reconoce que “Nos peleamos con el FMI. Se realizó una política de apertura comercial, firmamos acuerdos de inversiones con EE.UU. y México, políticas de cielos abiertos y una baja en la presión impositiva”.

Pero pareciera que AF estaría pensando en aumentar los impuestos sobre los más ricos -sobre los bienes personales- no para los blanqueados, sino sobre todos los activos del exterior. Por cierto, en España estos impuestos se cobran a partir de €700.000 con una exención por patrimonio inmobiliario de €300.000 y con tasa entre 0,2% y 3,5% en 2018 siendo el más alto del mundo. En cambio, en Argentina el mínimo imponible ronda los u$s19.000 y tasa de 0,75%.

Ahora, a los políticos no les conviene decir que no importa a quién ni cómo estén dirigidos los impuestos, siempre terminan siendo derivados hacia abajo -subiendo precios, bajando salarios, etc.- hasta llegar al más pobre. De hecho, la “presión fiscal total” –impuestos, más inflación más tasas exageradas- es la principal causa de pobreza ya que es dinero retirado del mercado que pasa por una tremenda burocracia, cuando no corrupción, para volver poco a los millones de argentinos.

Y así es como Macri consigue aumentar la pobreza, agrandando al Estado en relación al sector privado. Por caso, según el Indec, el empleo público presentó otra suba en julio de 0,7% i.a., cuando en el sector privado cayó 2,1% y los monotributistas bajaron en 0,7%. En tanto que los salarios aumentaron un 34,7% i.a. en el sector privado no registrado, 44% en el registrado y 46,5% en el sector público.

Hasta diciembre el Tesoro tendrá necesidades financieras cercanas a los $530.00 M y u$s6.600 M y probablemente el cierre del programa financiero 2019 requerirá de la “asistencia monetaria” del BCRA, léase inflación. El problema es el 2020 ya que faltarían entre u$s25.000 y 40.000 M para cubrir el déficit.

Así las cosas, AF debería pasar de un déficit global de 3% del PBI a un superávit de un 2%, para poder pagar al menos los intereses de la deuda, un ajuste fiscal global de 5% del PBI lo que significaría un “ajuste salvaje”, una política fuertemente contractiva en 2020-2021 cuando la recaudación impositiva languidece y va para peor.

La próxima campaña agrícola 2019-2020 verá reducida su volumen de producción en 3%, según la BCBA, lo que no es un dato menor ya que el PB Agrícola aporta 1,6% al crecimiento de la economía en 2019 y u$s28.500 M en exportaciones, prácticamente el único oferente neto de divisas. En 2020, se registraría una caída en el valor de las exportaciones del orden del 8%. Vaca Muerta, la otra “gallina de oro”, hasta ahora “crece” gracias a aportes y subsidios estatales con lo que deberá sincerarse, es decir, quedar completamente en manos del mercado para ver si es rentable o un muerto con cara de vivo.

Así las cosas, viene más tiempos de economía débil a menos que se sea políticamente incorrecto. Lo que la izquierda radical no dijo es que también es responsable, junto al FMI y “la patria financiera”, el Estado que tiene la llave de todo esto. Argentina debería de una vez por todas reconocer que es un deudor serial desde hace décadas y, por tanto, reconvertirse privatizando -o sea, sacarles a los políticos para entregar al mercado conformado por los millones de argentinos- y vendiendo propiedades inconvenientes, además de desregular fuertemente -desencorsetar- de modo que la economía pueda expandirse.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Argentina: Un REM de no creer

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 25/7/18 en: https://www.eldiarioexterior.com/argentina-un-rem-de-no-49821.htm

 

En el Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) de marzo del BCRA, los consultados bajaron su previsión de crecimiento del PIB para 2018 al 2,5%.

Y ahora proyectan recesión, hasta marzo de 2019… y buscan brujas… la sequía y la corrida cambiaria. El gobierno -que pronosticó 3,5%- ahora cree que el PIB caerá 3% en el segundo trimestre, interanual (la proyección será oficial el 19 de septiembre), y en el 2018 terminaría subiendo 1%, dado el crecimiento del 3,6% en el primer trimestre.

El FMI, que había pronosticado aumentos, ahora dice que en un escenario “optimista” el PIB subiría 0,4%, y en uno “adverso” caería -1,3% en 2018. Eso sí, según Lagarde lo malo trae bueno -mostrando que la lógica es una ciencia que no maneja- y la economía mejoraría a principios de 2019. Lo cierto es que lo malo va mal.

Entonces, si bien las brujas no existen, pero las hay, el fallo de estos “gurúes” reside en no advertir -como evidenció Dujovne en su última presentación- que el problema es que aumenta la ineficiencia económica. Según el ministro, en junio los ingresos subieron 36,5% y los gastos 26,8%. En términos reales, el gasto primario bajó 5,6% versus 2017 y 11,2% versus 2015. “El menor nivel de gasto desde el 1° semestre de 2013”, dijo entusiasmado.

Pero lo importante no es que baje el gasto y, eventualmente, los impuestos en términos nominales, sino la presión fiscal total (impuestos, inflación y endeudamiento/tasas altas) con respecto al PIB del sector privado que es el que produce con eficiencia acicateado por la competencia, cuando el Estado no compite ya que no le preocupa quebrar.

Aunque se achique al Estado, cuanto más grande sea respecto de lo producido con eficiencia -por el mercado- la economía caerá. Por cierto, muchos critican al PIB -más allá de su cálculo arbitrario- porque que sopesa exageradamente al consumo así, el Bureau of Economic Analysis de EE.UU., ha comenzado a publicar el Gross Output, midiendo todas las etapas del proceso productivo. En todo caso, es difícil saber cuál es el aporte del sector privado -que viene bajando- en el PIB del Indec, con relación al cual debe caer lo absorbido por el Estado vía impuestos, inflación y endeudamiento/altas tasas.

La baja impositiva no se ve. La recaudación de junio fue del 31,9%, superior a la inflación. Pero, además, no se trata de bajar alícuotas teóricas, sino la recaudación total cuando todos coinciden en que el gobierno -presionado por el FMI- intenta maximizarla. Por caso, dada la inflación, más trabajadores pagarían ganancias y los que pagaban lo verán incrementado.

Según la OCDE, integrada por países cuya carga tributaria promedia el 34,3% del PIB, en Argentina ese índice llegó en 2016 al 31,3% subiendo 17,6 puntos desde 1990, siendo entre 2002 y 2016 el país donde más subió, 12,9 puntos, superando el promedio de Latinoamérica (+4,6%) y los mayores aumentos dentro de la OCDE como Grecia (6,3%) y Corea del Sur (4,4%).

Pero a los impuestos hay que sumarle la inflación -camino de superar el 32% máximo acordado con el FMI-, ya que también son recursos absorbidos por vía de exagerada emisión para solventar gastos. La verdadera inflación -y no el aumento del IPC que es una consecuencia- y que Dujovne no entiende ya que dijo “no se puede comparar con la época kirchnerista porque no se están reprimiendo precios de servicios públicos ni el tipo de cambio”.

Por caso, solo para afrontar las licitaciones de Lebac de junio y julio, el BCRA expandió la base monetaria un 27%. Y luego yerra al creer que absorbiendo dinero vía tasas altas o suba de encajes reducirá la inflación, cuando lo que logra es inutilizar fondos productivos. Así, al día siguiente de la última licitación absorbió $ 73.000 M en el mercado secundario de Lebac y con la colocación de pases y Leliq.

Y finalmente hay sumar el endeudamiento/tasas altas (que para préstamos personales supera el 45% promedio). Por caso, a consecuencia de las altas tasas cayeron los créditos personales, prendarios e hipotecarios UVA casi 10% entre junio y julio (los que indexan por UVA, bajaron 43%). Y relacionado también, durante la era Macri el Merval subió 164% al 25 de enero pasado, pero luego cayó dejando la ganancia en 105% en pesos, y bastante menos en dólares.

Y no pareciera que la deuda vaya a moderarse lo suficiente. Hoy equivale al 87% del PIB, 29,9% más que al cierre de 2017, entre otras cosas debido al impacto de la devaluación y el desembolso -del primer tramo- del FMI (US$ 15.000 M), desde cuyo ingreso hace menos de un mes las reservas del BCRA bajaron de US$ 63.270 M a 59.919 M “para contener al dólar” que con un precio bajo alienta la desinversión.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La gran falacia del “ajuste necesario”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 9/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/14/la-gran-falacia-del-ajuste-necesario/

 

Los conservadores argentinos, debido a su proverbial desconocimiento de cómo funciona el mercado natural, insisten en falacias y recomendaciones que convienen al “establishment” pero que perjudicarían severamente al país. Claramente buscan conservar los privilegios: los oligopolios, como el financiero, y prebendas como crédito barato apalancado desde el Estado, etc.

La primera falacia es la de la “herencia recibida”. Sin dudas, Macri recibió un país en pésima situación en todos los órdenes, no solo en economía. Pero esto no justifica la caída en el PIB del 2.3% que ocurrió en 2016, según datos oficiales. El nivel que dejó el gobierno anterior es un piso desde el que Argentina debió levantarse inmediatamente de haber seguido -aunque sea un gradual y lento- camino hacia una economía de mercado.

Lo bueno -la tendencia hacia una economía de mercado natural- solo puede tener resultados buenos, es simple lógica, y la lógica es una ciencia. Por caso, aunque al sector agropecuario se le redujeron -reales- solo en 25% los impuestos a la exportación –“retenciones”-, y a pesar de que parte de este alivio se esfumó debido a la inflación y otros aumentos, aun así, el sector creció notoriamente, en tiempo real, a tal punto que produjo una catarata refleja que significó que la venta de maquinaria agrícola creciera 27% en 2016, respecto de 2015.

Queda claro, que si el resto de la economía cayó fue sencillamente porque no solo que no se aplicaron medidas -ni “gradualistas” ni de ninguna especie- promercado, sino todo lo contrario: aumentó la presión fiscal total y el peso -en general- del Estado sobre el sector privado.

La segunda gran falacia de los conservadores -a los que ahora se suma el FMI- es que es necesario un “ajuste” -que sería “doloroso”- para llegar a una economía sana. Esto es falso de toda falsedad, es incoherente, ofende a la lógica – ¿lo malo trae bueno? – y es extremadamente peligroso porque provocaría el rechazo frontal de la sociedad que terminaría apoyando políticas más estatistas, de izquierda o de derecha.

El torpe “caballito de batalla” de los conservadores es que todos los males de la economía parten del déficit fiscal. Y, entonces, aseguran que la primera y fundamental medida del gobierno debe ser recortar el gasto. Proponiendo, básicamente, el despido de empleados y la baja en los montos de las pensiones. El despido en estas circunstancias provocaría un aumento del desempleo y una caída del salario real, y la baja de las jubilaciones una gran injusticia, sin que se produjera un mejoramiento inmediato de la economía nacional.

La realidad es muy distinta. El problema no es el déficit fiscal en sí mismo sino el modo como se financia, ya que, si se financia con exagerada emisión monetaria o con endeudamiento o con suba de impuestos, la economía cae como ha venido sucediendo.

La solución del mercado natural a la situación actual es la siguiente. El déficit del Estado argentino ronda los US$ 23.000 millones anuales. Lo primero que debe hacerse es empezar a desregular toda la economía de modo que se expanda aumentando la recaudación sin subir la presión fiscal y, por ende, disminuyendo el déficit. El resto puede solventarse fácilmente con privatizaciones y venta de propiedades estatales por varios años.

Para que las privatizaciones sean políticamente viables hay que adoptar tres criterios: primero, vender propiedades de bajo impacto en la opinión pública (el gobierno ya vendió algunas por un monto que ronda los US$ 300 millones y nadie se alteró). Segundo, realizar una campaña de difusión que explique con honestidad cuál es la situación. Y tercero, privatizar de manera “popular” al estilo de Margaret Thatcher.

Por ejemplo, supongamos que la petrolera estatal -YPF- vale unos US$ 10.000 millones. Se pueden emitir 10 millones de acciones por valor de US$ 1000 cada una y pagar a empleados públicos y proveedores del Estado -que voluntariamente acepten- con esas acciones.

Una vez compensado el déficit de modo genuino, al bajar la inflación y el endeudamiento estatal, el PIB crecerá, ahora sí, genuinamente (no como en 2017). Durante ese tiempo debe desregularse aún más toda actividad económica liberando la creatividad del mercado. Y, fundamentalmente, como se hizo en los EE.UU., se debe desregular completamente la actividad sindical de modo de quitarle la fuerza política y convertir a los sindicatos en meras mutuales de ayuda al obrero.

Ahora sí, pueden eliminarse las leyes laborales y esto sumado al crecimiento genuino de la economía provocará un aumento en la demanda privada de mano de obra absorbiendo naturalmente -sin despidos- a los empelados públicos. Y entonces podrá reducirse sustancialmente la carga fiscal, potenciando aún más el crecimiento de la economía lo que debería aprovecharse para desregular -y privatizar- completamente el sistema de pensiones.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.