¿Con Néstor esto no pasaba?

Por Roberto Cachanosky. Publicado en http://economiaparatodos.net/con-nestor-esto-no-pasaba/

 La crisis actual, económica e institucional, no es porque está Cristina Fernández y no está Néstor Kirchner. La crisis actual es resultado de la dinámica del modelo autocrático y populista, más allá de los nombres.

Ante la falta de capacidad de gestión de Cristina Fernández de Kirchner para administrar eficientemente la cosa pública, sus enfrentamientos con los medios, la justicia y cuanto ser pensante no comparta sus políticas, y dado su aislamiento político, vengo escuchando a ex funcionarios kirchneristas y algunos analistas que dicen: “esto no pasaba con Néstor” o “Cristina ha destruido el proyecto que Néstor quería construir”. Francamente no entiendo qué quieren decir cuando formulan esas afirmaciones, como si Néstor Kirchner hubiese sido un demócrata republicano que no quería construir un poder hegemónico.

El famoso proyecto político de poder hegemónico lo inició el fallecido ex presidente y lo continuó Cristina Fernández y, francamente, no percibo grandes diferencias ni en los estilos ni en el fondo de la administración de la cosa púbica. En todo caso podría argumentarse que Néstor Kirchner pudo aprovechar más el viento de cola y que en su período había más recursos para impulsar el populismo que se inició en 2003 por una cuestión de riqueza acumulada anteriormente para repartir más precio de la soja. Para decirlo de otra manera, Néstor Kirchner aprovechó el inicio del ciclo populista y Cristina pudo cosechar parte de sus frutos pero también empezó a recoger los costos del populismo iniciado en el 2003, y el actual estado calamitoso de la economía es la evolución normal de todo proceso populista que se basa en estimular artificialmente el consumo, dilapidando el stock de capital existente, desestimulando la inversión, violando la propiedad privada y generando un serio proceso inflacionario.

En lo que hace a los enfrentamientos, recordemos que Néstor Kirchner tuvo su acercamiento con el grupo Clarín y luego terminó levantando el cartelito de Todo Negativo por TN. Además, su relación con los medios no fue tan diferente del que tiene actualmente Cristina Fernández. Néstor Kirchner utilizaba el atril de la misma forma que hoy la usa la presidente. De manera que en materia de comunicación no veo tanta diferencia.

Por citar otro ejemplo, fue a principios del 2007 cuando se intervino el INDEC y se distorsionaron las estadísticas. Cristina Fernández se limitó a continuar con esa herencia.

Hoy vemos que prácticamente no hay ministro de Economía y esa modalidad la inauguró Kirchner luego que Lavagna renunció en el 2005. Fue el ex presidente el que inauguró este proceso de que el presiente tomara el control de la economía en sus manos, por cierto con escasos conocimientos de esta ciencia. No percibo que Cristina Fernández tenga menos conocimientos de economía que Néstor Kirchner. La dinámica intervencionista, de consumo de stock de capital, de emisión monetaria y de aumento del gasto público comenzó bajo su mandato. Recordemos que en 2005 empezó complicando la actividad ganadera con el resultado que se consumieron 12 millones de cabezas de stock ganadero y hoy seguimos pagando las consecuencias de tener carne de mala calidad y precios altísimos, al tiempo que los frigoríficos están en quiebra porque ni siquiera se exporta carne en cantidad.

El retraso de las tarifas de los servicios públicos cubriendo la diferencia con subsidios, se inició en el primer ciclo del kirchnerismo. Y la caída del tipo de cambio real comenzó en su período. Lo que ocurrió es que venía con el colchón de la devaluación del 2002 que le dio margen para anclar el tipo de cambio mientras la inflación se aceleraba.

El conflicto con el campo se produjo bajo la presidencia de Cristina Fernández pero fue Néstor Kirchner el que organizó actos y lideró el enfrentamiento con el sector agropecuario.

Si mal no recuerdo, fue Néstor Kirchner el que impulsó a Moreno, sobre el que en algún momento dijo que era más bueno que Lassie, pero las groseras intervenciones del secretario fueron vistas con simpatía por el santacruceño. El creía que la economía se manejaba a las trompadas igual que lo cree Cristina Fernández.

¿Se hubiese rodeado Néstor Kirchner de los poco calificados jóvenes de La Cámpora? Esa es una hipótesis difícil de responder, pero de lo que sí podemos estar seguros es que no hubiese tenido colaboradores con la capacidad necesaria para llevar adelante la cosa pública, por la sencilla razón que todo gobernante con inclinaciones autocráticas tiende a rodearse de los peores elementos de la sociedad, dado que necesita gente que obedezca ciegamente sus órdenes, por más repulsivas que puedan resultar.

¿Hubiese roto relaciones con Moyano? ¿Quién puede responder a este interrogante? Pero en todo caso, hoy el líder sindical cae menos antipático porque se opone al régimen autocrático, pero recordemos que mientras el ex presidente vivía, Moyano atropelló todo lo que pudo. De todas maneras, haciendo un ejercicio de imaginación, dado que el populismo tiende a agotarse en la fiesta de consumo, hoy Néstor Kirchner tendría el mismo dilema que Cristina Fernández: no poder satisfacer las demandas salariales que piden los sindicatos porque la economía no genera la riqueza necesaria para satisfacerlas.

Por citar un último ejemplo que me viene a la memoria, ¿alguien recuerda alguna reunión de gabinete durante la presidencia de Néstor Kirchner o también trabajaba aisladamente?

Mi impresión es que todo lo que hoy está pasando, también hubiese pasado con Néstor Kirchner en la presidencia, tal vez con ciertos matices, por la sencilla razón que el modelo económico lleva, inexorablemente, a escaladas cada vez mayores de intervencionismo económico lo cual conduce a menos república. Es de manual que una intervención lleva a otra.

Además, el populismo requiere de un gasto público creciente, y Néstor Kirchner era un populista como lo es Cristina Fernández, de manera que el problema fiscal lo hubiese tenido igual que lo tiene Cristina Fernández.

Y en materia institucional tampoco fue un hombre que se inclinara por la democracia republicana. Su actuación como gobernador en Santa Cruz y luego en la presidencia de la Nación son evidencias elocuentes sobre sus inclinaciones hacia el autoritarismo.

De manera que cuando escucho decir: “esto con no Néstor no hubiese pasado” me suena más argumento para despegarse de los resultados catastróficos que ha tenido el kirchnerismo que a un argumento diferenciador en la forma de gestionar y respetar las instituciones.

Dicho de otra manera, el problema que hoy tiene Cristina Fernández es que 10 años de populismo destruyen cualquier economía y, por lo tanto,  ella está pagando el costo de las políticas que aplicó bajo su mandato, más las que heredó de su esposo.

No es cierto que el desborde inflacionario, el ataque a la propiedad privada, el desprecio a las instituciones y demás tropelías no hubiesen ocurrido. Hubiesen ocurrido igual porque el mayor intervencionismo y la escases de recursos para sostener le populismo obliga a avasallar y destruir las instituciones. Populismo es sinónimo de destrucción económica e institucional, por lo tanto, cualquiera sea el presidente que sostenga políticas populistas termina cayendo  en los atropellos que hoy vemos en Cristina Fernández.

En definitiva, la crisis actual, económica e institucional, no es porque está Cristina Fernández y no está Néstor Kirchner. La crisis actual es resultado de la dinámica del modelo autocrático y populista, más allá de los nombres.

Si a quienes se quieren despegar del fracaso del proyecto iniciado en 2003 le viene bien argumentar que con Néstor esto no hubiese pasado, es una cosa. Pero la realidad es que aquí el problema no es él, ella o cualquier otro, sino que son la concepción autoritaria y la impericia en la política económica las que están llevando a la Argentina a un abismo. El populismo es esto que estamos viendo, independientemente de quien sea el populista de turno. El populismo es destrucción económica y avasallamiento de las instituciones.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

El desocupado del año

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 24/9/12 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/otroscolumnistas/el-desocupado-del-ano_12250023-4

 Hay desempleo que es funcional al populismo, ya que le permite hacer demagogia y comprar votos.

‘Unhate’ (no odies) parecía el título perfecto para campañas como la que United Colors of Benetton lanzó el año pasado, que mostraba, a los besos, a varios líderes mundiales enfrentados (Chávez con Obama, Abbas con Netanyahu, etc.); pero ahora es el turno del ‘Desempleado del año’, según develó el director de la empresa italiana, Alessandro, hijo del fundador, Luciano Benetton.
Esta vez no se trata de explotar la crisis de VIH, la guerra civil en Bosnia o los prejuicios raciales. “Esta campaña puede parecer menos impactante que las anteriores, pero el trasfondo es más grave”, declaró Benetton. Hoy hay más de 190 millones de desempleados registrados, según la ONU y el Banco Mundial. En toda la Unión Europea (UE), ello afecta a más del 10 por ciento de la población activa. En el drama de la desocupación viven casi el 15 por ciento de los jóvenes mundiales, según la OIT.

De acuerdo con cifras de la Ocde, el 20 por ciento de los jóvenes en la UE no tiene trabajo. España y Grecia lideran el escalafón, con 46 y 43 por ciento de desocupación en ese grupo, respectivamente. Los siguen Irlanda (28 por ciento) e Italia (27 por ciento), mientras que la contracara es Alemania, que se mantiene por debajo de los dos dígitos. En Latinoamérica, Argentina, según datos oficiales, tiene 20,2 por ciento de desempleo juvenil, superando a Brasil (17 por ciento), y a Chile (18 por ciento).

La publicidad, que muestra a un grupo de atractivos jóvenes trajeados que se identifican como profesionales desocupados, está acompañada de un concurso de la Fundación Unhate, de Benetton, que ofrece a personas de entre 18 y 30 años la posibilidad de ganar 5.000 euros para un emprendimiento personal.
“Espero demostrar que estas personas son capaces y responsables”, declaró el CEO de la marca italiana. Y sí que lo son y sí que deberían tener trabajo, si no se lo prohibieran.

“Esta Presidenta jamás va a tomar una decisión que signifique eliminar un puesto de trabajo”, aseguró la titular del gobierno argentino, por mostrar un caso de alta demagogia ya que es, precisamente, su gobierno el que crea la desocupación. En un país donde hay tanto para hacer (viviendas, hospitales, escuelas, etc.), trabajo es lo que naturalmente sobra.

Si hay personas sin trabajar no es por falta de capital (inversiones), ya que este no provoca trabajo (podría, eventualmente, construirse sin “empresas”, solo con las manos) sino aumento de la productividad, del poder adquisitivo. Si hay gente desocupada, es porque alguien, contra natura, les prohíbe que trabajen, y quién si no el Estado, que tiene el monopolio de la coacción, de la violencia, que, como siempre, destruye, en este caso al mercado laboral. Las leyes del salario mínimo, por ejemplo, prohíben trabajar (legal, formalmente) a quienes ganarían menos.

Según la Ocde, “hay un vínculo entre empleo informal y pobreza”, y la misma entidad pronostica que en el 2020 el trabajo sumergido (o informal) llegará al 66 por ciento de la población. En los niveles altos y medios, la crisis se proyecta como “reducción del consumo”, pero en los bajos produce desocupación. Desempleo que es funcional al populismo, ya que le permite hacer demagogia y comprar votos. Como escribió Uriel Ortiz Soto, “dan angustia los hermanos venezolanos… más de cinco millones de desocupados que reciben mensualmente una mesada solamente con el compromiso de adular y aplaudir (al) mandatario” que, esperemos, el 7 de octubre quede como el desocupado del año.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Argentina, no tengas miedo:

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 30/5/12 en http://www.hoybolivia.com/Blog.php?IdBlog=38119&tit=argentina_no_tengas_miedo&_pagi_pg=2

Marcos Aguinis, renombrado literato, escribió en La Nación de Buenos Aires que “perturba que el poder nacional haya quedado reducido a una persona… ¿O hemos retrocedido al Estado de Luis XIV? ¿O a la URSS de Stalin?”. Con ayuda de los ‘opositores’ tanto que, continúa Aguinis,  “se limitan a maquillajes,… respuestas confusas a la agenda oficial, ambiciones personales… reproducen ad náuseam el modelo populista (oportunista)… No se han dado cuenta de que China… desde que… (dejó el) modelo colectivista de Mao, ¡aumentó 45 veces su PBI!”

Este proyecto de tiranía, donde “impera una corrupción monstruosa, superior a la de cualquier gobierno del pasado” según Aguinis, llega al colmo de pretender obligar a pensar.

Así, el senador Aníbal Fernández casi ordenó ‘váyanse haciendo a la idea de que hay que pensar en pesos’ y continuó diciendo que “el dólar… no se emite en Argentina” (habrá querido decir que al peso lo emite su gobierno) y remató asegurando que “nadie le quiere perjudicar la vida a nadie”, cierto, mientras se haga y se piense como el oficialismo decida, o reprimirán con el monopolio estatal de la violencia.

Sucede que el gobierno argentino, entre tantas barbaridades, está empezando a implementar un control de cambios de divisas al estilo de Venezuela, que “sufre un autoritarismo” dice Aguinis, y tan ‘democrático’ que Chávez llegó a afirmar que los opositores “Nunca serán gobierno, escríbanlo”. El control de cambios fue endurecido por la “revolución” chavista y, ahora, la Comisión de Administración de Divisas, creada en 2003, no solo pretende digitar todo el mercado sino que prohíbe, impidiendo la libertad de prensa, hablar del dólar libre, en el mercado no oficial (según algunos, alimentado por los dólares de la corrupta PDVSA), al que los venezolanos habitualmente se refieren, por ejemplo, como “lechuga”.

Contra las imposiciones de este proyecto de tiranía argentino (o monarquía absolutista, ya que están planeando que gobierne el tercer Kirchner después de Néstor y Cristina), el pequeño pero aguerrido Partido Liberal Libertario, puso una mesa en la calle para la compra y venta de dólares y su presidente aseguró que, cuando las leyes son inmorales, hay que rebelarse, particularmente contra los agentes recaudadores de impuestos que allí acechaban.

Un clásico de clásicos, Tomás de Aquino, asegura que “Si el gobierno, injusto fuera de uno solo, para procurarse sus propias comodidades… se llamaría tirano…”. Y más adelante “… el dominio por modo de sujeción servil, introducido fue por el pecado…”. El Prof. José Luis Parada Rodríguez recuerda que para el tomismo “Cuando las leyes del tirano son injustas (…para satisfacer la avaricia…)… no pueden ser vistas… como de obligado cumplimiento, más allá de que el tirano use la fuerza… (y, si) se impusiesen leyes contra el bien divino, considera santo Tomás que no es lícito obedecerlas”.

Estos proyectos de tiranía temen perder el poder porque, en su soberbia y avaricia, sienten que sin él no son nada y que corren riesgos. La violencia es hija del miedo y por eso están dispuestos a reprimir (la vida económica y social) cada vez más. Así, parafraseando a Juan Pablo II, digamos a los argentinos “no tengáis miedo”, a rebelarse pacíficamente (y poner la otra mejilla si fuese necesario) y desconocer la iniquidad, porque ésta no podrá triunfar, ya que la violencia es contraria al hombre (y a Dios).

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

 

Laura Alonso:

Por Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 7/5/12 en: http://www.larazon.es/noticia/2528-laura-alonso-por-carlos-rodriguez-braun

Me entero, gracias a la crónica de Ángel Sastre, el corresponsal de LA RAZÓN en mi Buenos Aires querido, de la existencia de Laura Alonso, diputada del PRO, el partido del alcalde porteño, Mauricio Macri, uno de los pocos que se ha manifestado en contra de la expropiación de YPF; su mérito queda acrecentado si contrastamos su actitud con el espectáculo que brindó la política argentina hace pocos días, dentro y fuera del Congreso. En ese grupo selecto sobresalió la señora Alonso, que no solo votó en contra de la confiscación, sino que además defendió su posición con valentía en medio de insultos lanzados desde el hemiciclo y también desde las tribunas, donde se enseñorean aún más la demagogia y el populismo. Doña Laura Alonso no se inmutó, lanzó una acusación tras otra en contra de «los que se dicen patriotas y nunca apercibieron a las empresas y las sancionaron en el momento que correspondía», y formuló el diagnóstico más duro y verdadero sobre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su pandilla de patoteros: «Este Gobierno fue y es parte del saqueo». Mientras decía algo tan cierto, de la turba aulladora brotó lo que para ellos debía ser el peor de los insultos: «¡Española!», le gritaron. No conozco de nada, como digo, a la señora Alonso, pero escuchando ese momento tan bochornoso di gracias a Dios por la existencia de una mujer libre y digna en esa vorágine de nacionalismo antiliberal. Y, sí, ella también es argentina.

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

 

Apunte sobre un buen ejemplo argentino

 Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 5/4/12 en: http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7218

 Lamentablemente hay muchos pésimos ejemplos de los gobiernos argentinos de los últimos largos tiempos. Sin embargo, después de la tiranía rosista, la Constitución de 1853/60 permitió convertir a ese país sudamericano en la vanguardia del mundo libre. Los inmigrantes competían entre Estados Unidos y Argentina para “hacerse la América” debido a que los salarios del peón rural y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Alemania, Francia, España e Italia. Todos los indicadores de progreso más relevantes ubicaban a la Argentina en los primeros puestos del concierto de las naciones más civilizadas del orbe.

 Luego comenzó el populismo yrigoyenista y los nacionalismos de los Manuel Gálvez, Leopoldo Lugones y Manuel Carlés que contribuyeron a crear un ambiente de xenofobia y estatismo incompatible con el progreso, y la revolución fascista del año treinta y sus continuadores de tradición conservadora introdujeron la banca central, el impuesto progresivo y las juntas reguladoras, todo lo cual fue acentuado en grado exponencial por el peronismo de la década siguiente con el agregado de la corrupción alarmante y la persecución política hasta extremos inconcebibles. Félix Luna en su Breve historia de los argentinos escribe que “Perón, que llegó con un lenguaje nuevo, trajo también una serie de elementos del pasado, como por ejemplo el plan económico de Miguel Miranda de 1947, que tenía varios elementos del de Pinedo establecido en 1940 por un régimen conservador” y Emilio Hardoy se queja amargamente en No he vivido en vano de las impugnaciones electorales de los conservadores y del denominado “fraude patriótico” patrocinado por esa corriente política.

 Pero en esta nota me propongo destacar muy brevemente un extraordinario ejemplo de la mejor tradición liberal del constitucionalismo argentino lo cual señala con notable enjundia Jorge Labanca en su ensayo titulado “El que preside no gobierna”, publicado en la compilación organizada por Ezequiel Gallo en homenaje a mi padre (Liberalismo y sociedad. Ensayos en honor de Alberto Benegas Lynch, Buenos Aires, Editorial Macchi, 1984).

 En este comentario telegráfico me baso en el muy documentado trabajo de Labanca en donde cada afirmación se sustenta en el respectivo texto constitucional y donde el autor subraya la sustancial modificación del rol del Ejecutivo que, de un considerable tiempo a esta parte, ha tenido lugar y que en un proceso de contrabando se le ha ido otorgando de facto potestades que son propias del Legislativo a contracorriente del pensamiento que dio origen a la República Argentina y, en cambio, ha inflado de modo superlativo los poderes de la presidencia hasta límites que la convierten en “un monarca electivo” según una ajustada expresión del mencionado autor.

 En el referido ensayo se apunta que el texto constitucional hace que el Ejecutivo se constituya en un órgano administrador que ejecuta lo sancionado por el Congreso, al contrario de lo que viene ocurriendo, situación en la que aparece como el primer mandante que incluso subordina a los gobernados a la condición de mandatarios, invirtiendo el orden de las cosas en el contexto republicano.

 Así, como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas el Ejecutivo depende del Congreso para declarar la guerra y definir al enemigo, para designar oficiales superiores, establecer el número de la tropa y declarar el fin de las hostilidades. Como representante del gobierno en materia de relaciones exteriores, recibe y envía funcionarios, pero es el Congreso el órgano que aprueba tratados entre naciones. Su poder de veto está limitado a que la Cámara de origen y la revisora no insistan en la promulgación con las mayorías necesarias. La presentación de un proyecto de ley por parte del Ejecutivo no obliga al Congreso ni siquiera a tratarlo y la apertura de las sesiones parlamentarias constituye una rendición de cuentas ante el Legislativo. Por otra parte, la convocatoria a sesiones extraordinarias es precisamente para contar con la legitimidad en la administración y, por último, la designación de jueces y la declaración del estado de sitio durante el receso del Senado operan bajo el contralor de los organismos correspondientes y dentro de las limitaciones que exige el derecho en un clima de pesos y contrapesos propio de la división horizontal de poderes.

 Jorge Labanca con razón se alarma frente a la “progresiva transferencia del las prerrogativas concretas de gobierno del Parlamento al Ejecutivo […] A través de la asignación de fines a la acción administradora del Poder Ejecutivo se verifica una mutación progresiva y a veces insensible de los fines del Estado. No parece muy difícil demostrar que la Constitución de 1853/60 está moldeada sobre el ideal de la libertad individual […] Esta finalidad se desdibuja y se transforma cuando la ley impone al administrador, como fines perseguidos por éste, cada vez que le atribuye una responsabilidad prestacional o reguladora.”

 Como una nota al pie destaco que durante un gobierno argentino de muy reciente data, el Congreso delegó las funciones de la hacienda pública en el Jefe de Gabinete con lo que sus miembros podrían haber renunciado a sus bancas en masa (y a sus dietas) ya que el contralor de las cuentas fiscales es responsabilidad primordial del Legislativo. Estas funciones fueron el eje central del nacimiento del Parlamento: cuidar de las finanzas administradas por el rey en tierras inglesas o del emperador en tiempos de la república romana, al contrario de lo que se considera hoy, es decir, que el Congreso está facultado para dictar leyes a diestra y siniestra en una carrera inaudita de ingeniería social y de diseño arrogante, en contraste con aquellos fallos judiciales en competencia tal como ocurría en los comienzos del common law. Hoy un adiposo Leviatán está desbocado en no pocos lugares: las reiteradas manifestaciones de la tan temida “tiranía de los jueces”, poder integrado muchas veces por magistrados mediáticos con actitudes impropias de su investidura que, además, frecuentemente renuncian a la indispensable independencia, la soberbia patética y tragicómica del Ejecutivo y el desborde del Legislativo que no reconoce mojones o puntos de referencia extramuros de la ley positiva.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fué profesor y primer Rector de ESEADE.

Las medidas arbitrarias son hijas del proyecto político

Por Roberto Cachanosky. Publicado el  24/3/12 en http://www.economiaparatodos.com.ar/ver_nota.php?nota=3409

No existe tal cosa como un modelo de inclusión social, solo tácticas de corto plazo para sostener el financiamiento del populismo. Por eso las crecientes arbitrariedades en materia política económica .

Al momento de redactar esta nota, la última medida de Moreno fue prohibir la importación de libros, revistas, etc. y complicar la compra de libros que, por ejemplo, se hacen por Amazon. En rigor yo diría que esta medida perjudica a la gente de menos recursos, porque para los más adaptados a las tecnologías, esta medida les causa gracia. Basta con comprar un E-book y resuelve el problema. Quien dispone de una Kindle touch de Amazon, cuesta U$S 139, puede comprar libros sin que pasen por la Aduana. Por U$S 10 puede comprar un libro y llevar casi una biblioteca consigo en un simple apartito del tamaño de una hoja de papel.
Pero más allá de la tecnología y de la violación a derechos básicos, como la de poder comprar un simple libro o revista editado en el exterior, muchas veces la gente me formula la siguiente pregunta: ¿por qué el gobierno toma estas medidas tan absurdas? Desde mi punto de vista, la respuesta a este interrogante tiene dos partes. En primer lugar, como siempre digo, el gobierno subordina la política económica a sus necesidades de construcción de poder político. No exista tal cosa como el famoso modelo, solo existe un objetivo: acumular poder. Y la política económica está armada para lograr ese objetivo. Lo del crecimiento con inclusión social es solo una frase armada para el discurso desde la tribuna y el atril.
La segunda parte tiene que ver con el día a día. Al no existir una política consistente de largo plazo, el gobierno va adoptando medidas con el solo objeto de congraciarse con la gente con medidas demagógicas. Digamos que “compra” el apoyo de la gente con medidas económicas que tienen efecto de muy corto plazo, pero como esas medidas en el mediano o largo plazo, crean problemas, lo “resuelven” con otra medida demagógica que tiene efectos más adversos, y así sucesivamente. Por eso las medidas económicas son cada vez más arbitrarias y autoritarias. Pero esa arbitrariedad y autoritarismo lo está llevando a enredarse cada vez. Veamos algunos ejemplos de medidas demagógicas que luego tuvieron un costo.
En 2005 Néstor Kirchner, desde la tribuna, decía que los productores agropecuarios lucraban con el hambre del pueblo argentino. Acto seguido prácticamente prohibió las exportaciones de carne. Esta medida tuvo el efecto de corto plazo de bajar el precio de la carne. Si uno disminuye artificialmente la demanda, es obvio que el precio baja. Bien, al frenar las exportaciones se frenó la demanda externa y el precio de la carne bajó. El resultado fue que el productor fue desalentado en su negocio y liquidó su stock ganadero. En el mediano plazo disminuyó la oferta de carne, aumentó su precio y hoy hacer un asado es todo un lujo. De 77 kilos por habitante por año que se consumían de carne por el populismo del gobierno se cayó a 55 kilos por habitante por año. Ese es el costo que hubo que pagar por prohibir las exportaciones de carne.
El otro ejemplo es el de la energía. El gobierno quiso energía barata para todos y no permitió que los productores aumentaran el precio del gas. Se desestimuló la producción de gas y petróleo, aumentó la demanda gracias a la energía barata para todos y ahora estamos importando U$S 9.000 millones de combustibles para sostener precariamente el sistema energético. El beneficio de bajar artificialmente el precio de la energía se tradujo en más dólares destinados a la importación de combustibles. Como hoy le faltan dólares al gobierno, entonces cierra la economía.
Al cerrar la economía frena la producción industrial interna porque faltan insumos. Ya destruyeron la industria frigorífica y ahora están paralizando diferentes sectores productivos porque no disponen de componentes para poder sustituir las importaciones. Esta medida está llevando a que las empresas adelanten vacaciones, se corten horas extras, se disminuyan los turnos en la industria y medidas por el estilo. El resultado es que la supuesta defensa del trabajo argentino con el cierre de las importaciones se traduce en destrucción del trabajo argentino. Basta con ver el índice de demanda laboral que elabora la Universidad Torcuato Di Tella para advertir que la demanda laboral está muy cerca del piso de lo peor de la crisis del 2002. Sí, aunque el gobierno no lo acepte y cuente una historia diferente, hoy la demanda de personal está como en el peor momento de la crisis del 2002.
Otro ejemplo, en su táctica de corto plazo de “comprar” el apoyo de la gente, el gasto público ha alcanzado niveles récord. Como la recaudación impositiva no alcanza para financiar ese nivel de gasto, a pesar de la enorme carga tributaria, el BCRA emite moneda, genera inflación y la gente termina siendo perjudicada. El remedio de Moreno es controlar los precios y generar desabastecimiento.
Pero la necesidad de financiamiento del tesoro, tanto en pesos como en dólares, es tan grande que ahora reformaron la Carta Orgánica del BCRA para hacer una orgía de emisión monetaria. Si se combina la expansión monetaria del 35% anual con menos bienes y servicios por el cierre de las importaciones y los problemas de insumos que tienen las empresas, lo que cabe esperar es una inflación mucho más aguda en los próximos meses. Y seguramente Moreno va adoptar medidas más arbitrarias y autoritarias para “solucionar” el problema.
En rigor Moreno cumple con el mandato que le da Cristina Fernández usando cualquier instrumento a su alcance. El problema es que lo que él considera una solución, es una demolición de la economía.
Para graficarlo voy a dar un ejemplo. Supongamos que a Cristina Fernández le molesta un moquito que hay en una casa. Lo llama a Moreno y le dice, no quiero más ese mosquito en la casa. Moreno, como buen soldado que es, obedece y con la delicadeza que lo caracteriza, decide dinamitar la casa. Mientras pone la dinamita el mosquito se fue por la ventana. Moreno dinamita la casa y le dice a Cristina: ¿viste que el mosquito no está más en la casa? Dinamité la casa y ya no hay, por lo tanto el mosquito ya no está dentro de la casa. Pero el mosquito se le reí desde el jardín. Es lo que pasa con sus medidas de control cambiario, el mercado marginal de cambio y el contado con liquidez. Moreno dinamitó el sistema cambiario, pero los dólares se siguen yendo por el mercado marginal.
Como el mundo ya no ayuda y se acaban los recursos, lo que cabe esperar es que las medidas que vayan tomando sean cada vez más violentas y arbitrarias. Por lógica Moreno tiene que aplicar medidas cada vez más salvajes porque el grado de deterioro de la economía es mayúsculo. Los problemas ya no los tapan con parches chicos. Las medidas arbitrarias ahora tienen que ser a los cañonazos, bombas nucleares y aprietes de todo tipo, porque el lío que armaron y la destrucción del stock de capital son tan grandes que necesitan dinamitar la casa para que el mosquito no moleste.
El problema es que la economía argentina ya parece Kosovo de tantas bombas que tira el gobierno para tratar dominar una situación cada vez más desbordada. No hace falta abundar en explicaciones para darse cuenta que nadie invierte en un país cuya economía es constantemente bombardeada por el gobierno.
Por eso, a la pregunta de por qué el gobierno toma medidas tan arbitrarias como las que toma, la respuesta es que el famoso modelo con inclusión social no existe. Esa frase es solo parte del discurso oficial. Lo que existe es un gobierno que, por mantener como sea el poder, todos los días adopta una nueva medida arbitraria para tratar de disimular el lío del día anterior.
Debo reconocer que no soy muy optimista sobre el futuro de la economía argentina porque el gobierno será cada vez más brutal en sus arbitrariedades económicas. Es más, creo que ellos lo saben, y también saben que la situación es lo suficientemente complicada como para que por la causa más insospechada y en el momento menos pensado se produzca un alto grado de conflictividad social, conflictividad que ocurriría cuando ya se agoten las escasas municiones que tiene para financiar el populismo. No es casualidad, entonces, la ley antiterrorista en la que los que protesten en las calles o digan que vamos rumbo de colisión, terminen en la cárcel por desestabilizadores del gobierno. Digámoslo de otra manera, me parece que el gobierno se está preparando para reprimir el descontento popular cuando ya no le quede más pólvora en la santabárbara para financiar el populismo.
Mucha gente que durante todos estos años disfrutó de la fiesta de consumo, hoy empieza a sentir en carne propia lo que le hicieron a otros en otro momento. Es más, el kirchnerismo hasta se ha lanzado contra sus ex amigos y aliados. Moyano y una legión de empresarios que eran amigos del poder hoy ven como los atacan sin piedad. Con este dato basta para advertir hasta dónde puede llegar el gobierno cuando la situación económica se complique todavía más.
Por eso, ante la pregunta de por qué el gobierno adopta medidas tan arbitrarias, la respuesta es muy sencilla: es la única manera que conocen de sostenerse en el poder ante el creciente deterioro económico de su política populista que ellos llaman modelo de inclusión social.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.