LA HERMENÉUTICA COMO UNA NUEVA ETAPA EN LA HISTORIA DE LA FILOSOFÍA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/13 en

 Es mi intención presentar la siguiente tesis: la hermenéutica, desde cierto punto de vista, no sólo no es un paradigma agotado, sino que puede llegar a ser una nueva etapa en la historia de la filosofía.Para ello nos limitaremos sólo a presentar los lineamientos generales de un programa de investigación propio, al modo intentio lectoris, sobre la base de ciertos aportes de Husserl y Gadamer, sin intentar confundir nuestro propio programa con dichos autores. Es nuestra intención mostrar, también, que los aportes que estamos tomando de tan grandes pensadores no constituyen una decodificación aberrante de su pensamiento.

 1.Husserl y su noción de mundo de la vida. No nos introduciremos en el debate histórico sobre si la noción de mundo en Husserl es un aspecto esencial de su pensamiento, tan importante como sus aportes de Investigaciones Lógicas [1] o Ideas [2], o si es un tema adicional y-o tardío que sobresale sobre todo en La Crisis de las Ciencias Europeas [3]. Sólo nos limitaremos de decir que su noción de mundo de la vida [4] tiene que ver sobre todo con su noción de inter-subjetividad. No es el momento tampoco para ver si la intersubjetividad juega en Husserl el papel que Dios jugaba en Descartes para “recuperar” al mundo externo [5], pero sí diremos que, precisamente, la intersubjetividad permite superar la dualidad sujeto-objeto que se produce precisamente desde el paradigma cartesiano. La intersubjetividad no es un sujeto solipsista ni el objeto independiente del sujeto, sino la relación sujeto-sujeto “en” la cual ambos “están en” y “viven”. La relación intersubjetiva no es un objeto al cual el sujeto tiene que de algún modo llegar, sino la realidad que los dos sujetos han constituído con su relación y en la cual “ya” están. En ese sentido, creo que la noción de mundo de Husserl cambia la perspectiva tradicional del problema gnoseológico desde Descartes en adelante, donde está por un lado el sujeto y por el otro un “objeto” que se identifica con las cosas físicas, donde “mundo” se identifica con “mundo externo” como sinónimo de “mundo físico”. Por el contrario, ahora se trata de un mundo esencialmente humano. Ese mundo humano, en tanto intersubjetivo, es aquello que constituye la primaria cotidianeidad de la vida humana (su encuadre cultural) y por eso el término “vida” tampoco es aquí la vida biológica. Tampoco este mundo humano en cuanto intersubjetivo se contrapone con las cosas no humanas, sino que éstas, tanto los artefactos como las naturales, no fruto de la acción humana, son conocidas, y tienen un sentido, desde las relaciones intersubjetivas [6]

2.Gadamer y la historicidad de los horizontes.La temporalidad y la historicidad no eran ajenas al mundo intersubjetivo [7], pero hay que reconocer que a Husserl no le es fácil conciliar esa historicidad con el “sentido” de sus primeras obras, colocado como “objetivo”. En Gadamer, en cambio, la historicidad constituye uno de los aspectos más destacados de sus horizontes[8], y él mismo reconoce la influencia de Husserl en la noción de “mundo [9]. Cabe reconocer una tensión entre el “sentido” del primer Husserl con el dinamismo e historicidad de los horizontes en Gadamer. En nuestro programa de investigación, una fenomenología del mundo de la vida implicaría ir, actitud teorética mediante, al sentido más profundo de cada relación intersubjetiva en cuestión. Ello es compatible no sólo con una analogía del sentido, donde éste se va dando como en “capas” (lo cual es en principio compatible con Ideas I) [10] sino sobre todo con lo que podría ser llamado intersección de horizontes de precomprensión, donde los horizontes se encuentran precisamente en lo más profundo de “lo humano”. El “sentido” de cada realidad intersbjetiva es así análogo: no se reduce a tal o cual situación histórica sino que “está en” todas y cada una de las plurales formas históricas donde ese sentido se puede desplegar. De ese modo la historicidad de la comprensión no abandona la actitud teorética que capta el sentido, que tanto había sido enfatizada por el primer Husserl.

 3. Interpretación como estar en el mundo, mundo como horizonte.En ese sentido, la interpretación ya no es algo sobreañadido a algo que “no” esté interpretado, sea un texto, una situación histórica, una norma jurídica, una obra de arte, la conducta de una persona, etc. O sea, no hay “hechos” como igual a “objetivo”, e “interpretación” como igual a subjetivo. Toda realidad humana es intersubjetiva y en ese sentido ni subjetiva (sin objeto) ni objetiva (sin sujeto). Y por ello todo ser humano, al “estar en” un mundo, ya interpreta su mundo por “vivir en”. Comprender, como comprender horizontes que son precisamente los mundos de la vida, es ya interpretar. La interpretación es el acto primario y radical de conocimiento, dado por un modo específicamente humano de ser, que es ser en el mundo. En ese sentido se impone un cambio de lenguaje, y no sólo filosófico, sino en nuestra cotidianeidad. No hay hechos, ni objetos, hay mundo. No hay información, hay conocimiento, y conocimiento es igual a “vivir en”, “comprender”, “interpretar”. Ya no hay sujeto, hay persona. Ya no hay “objetivo”, sino real. En última instancia, ya no hay sujeto y objeto, sino persona y mundo. Y la interpretación es el acto radical de comprensión que hace la persona al estar en el mundo.La compatibilidad de lo anterior con elementos básicos del pensamiento de Santo Tomás de Aquino, tales como la persona, la analogía en el conocimiento y la analogía del ente, la corporeidad del conocimiento humano y otro temas similares, la hemos tratado extensamente en otra oportunidad [11]. A ella remitimos. 

4.La hermenéutica como la base de los otros “giros” del s. XX.El “giro hermenéutico” [12], por lo tanto, así analizado, puede ser visto como la base de otros dos importantes giros del s. XX, independientemente de la intentio auctoris de sus autores. En primer lugar, el giro lingüístico, donde, como ya sabemos, el lenguaje deja de ser especular para pasar a ser juegos de lenguaje [13], es un resultado del contexto pragmático del lenguaje como eje central del sentido, y ese contexto, a su vez, es un obvio resultado del lenguaje como concomitante a un horizonte de precomprensión. En segundo lugar, el giro epistemológico también puede ser visto desde esa perspectiva. A. Koyré sostuvo que un cambio de concepción del mundo de tipo filosófico es necesariamente previo a un cambio en la concepción del mundo físico. Aunque desde otras fuentes, Popper continuó esa perspectiva introduciendo la fundamental tesis anti-inductivista de que la conjetura es previa a la observación, y que la base empírica está interpretada necesariamente desde una carga de teoría. Kuhn recogió sobre todo las enseñanzas de Koyré con sus famosos paradigmas, e insistió en el carácter esencialmente subjetivo de toda elección de teoría. En Lakatos la teoría previa es el núcleo central de todo programa de investigación, y Feyerabend escandaliza a los físicos al hablar del proceder contra-inductivo y el ppio. de proliferación de teorías [14]. No en vano al debate que va de Kuhn a Feyerabend se lo llama el “historical turn [15]. Lo que queremos decir es que el abandono del paradigma sujeto-objeto por el de persona-mundo (ser en el mundo), el abandono del paradigma de la “información” por el de conocimiento como igual a interpretación, es un paradigma integrador de la filosofía del lenguaje y de la filosofía de las ciencias.

 5.La hermenéutica como “el tema de nuestro tiempo”.Pero entonces, la hermenéutica queda, basada en la intersubjetividad, como el mejor fundamento de la “vida” de la cual habla Ortega [16], que se ve también en los últimos capítulos del famoso libro de lecciones de filosofía de García Morente [17]. Ortega intenta superar la dialéctica sujeto-objeto por el “yo y las cosas”, pero en realidad la “circunstancia” de la que hablaba es el mundo de la vida husserliano y los horizontes gadamerianos. O sea que la cuestión no era “el yo y las cosas” sino “el yo y los otros yo”, y de allí a las “cosas no sujetos”. Y si “el tema de nuestro tiempo” es la re-unión entre filosofía y vida, ello se logra precisamente con la actitud teorética sobre el mundo de la vida como fenomenología de mundo de la vida. Y por ello, la hermenéutica, así vista, con base fenomenológica, no sólo no es un paradigma superado, sino que es como esa tercera etapa de la filosofía que preludia Ortega [18]. Si hubo un tiempo donde la filosofía estuvo del lado del objeto, y otro tiempo donde se puso del lado del sujeto, ahora, dice el gran autor español, ha llegado un momento donde la filosofía ha re-descubierto algo que no es objeto ni sujeto, que es la “vida”, también como “tema de nuestro tiempo”: pues bien, ese es el mundo de la vida, que deriva en hermenéutica. Hermenéutica fenomenológica, porque no abandona la actitud teorética sobre la actitud natural, re-uniendo así razón y vida, y hermenéutica integradora de varias piezas de la filosofía del s. XX, como hemos visto con la filosofía del lenguaje y la filosofía de las ciencias naturales, descontando que ello incluye también a la filosofía de las ciencias sociales. La hermenéutica, por lo tanto, así vista, no ha agotado su camino. Apenas si lo ha comenzado.

Ponencia presentada en  las  I Jornadas Internacionales de Hermenéutica, en Buenos Aires, Mayo de 2009, auspiciado por la UBA/Conicet.

 [1] Investigaciones lógicas [1900]; Alianza, Madrid, 1982, tomos I y II

 [2] Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica [1913];        Fondo de Cultura, México, 1986

 [3] The Crisis of European Sciences [1934-1937 aprox.]; Northwestern University Press, 1970

 [4] Sobre la noción del mundo de la vida en Husserl, una interpretación importante la tenemos en las obras de Leocata, F.: “Idealismo y personalismo en Husserl”, Sapientia, (2000) Vol LV, fasc. 207; “El hombre en Husserl”, Sapientia (1987), y Persona, Lenguaje, Realidad, Educa, Buenos Aires, 2003.

 [5]  Ver Leocata, “El hombre en Husserl”, op.cit., p. 359.

[6]  Ver Husserl, E.: Ideas… Second book [1928 aprox.], Kluwer Academic Publishers, 1989, sup. V.

 [7] Ver Experiencia y juicio [1919-20 aprox.]; Universidad Nacional Autónoma de     México, 1980, p. 48.

 [8] Ver sus clásicos Verdad y método, I, y II [1960/1986]; Sígueme, Salamanca, 1991/1992.

 [9]  Op. cit., p. 311.

 [10]  Op.cit., p. 217.

 [11]  En nuestro libro Hacia una hermenéutica realista, Universidad Austral, Buenos Aires, 2005.

[12] Véase Gadamer, H.G.: El giro hermenéutico, Cátedra, Madrid, 1998.

[13]  Wittgenstein, L.:Investigaciones filosóficas, Crítica, Barcelona, 1988

 [14] De Koyré, Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend, ver: Koyré, A.: Estudios de historia del pensamiento científico; Siglo XXI Editores, 1988,  Pensar la ciencia; Piados, 1994,    Del mundo cerrado al universo infinito; Siglo XXI, 1979, Estudios galileanos; Siglo XXI, 1980; Popper, K.: Conjeturas y refutaciones; Paidós, Barcelona, 1983, Conocimiento objetivo; Tecnos,Madrid, 1988,  La lógica de la investigación cientifica,Tecnos, Madrid, 1985, Sociedad abierta; universo abierto; Tecnos, Madrid, 1984, Replies To My Critics; in The Philosophy of Karl Popper, Part II; Edited by P. Arthur Schilpp Lasalle; Illinois, 1974, The Myth of the Framework; Routledge, Londond and New York, 1994; Lakatos, I.: La metodología de los programas de investigación científica; Alianza Ed., Madrid, 1989,  Matemáticas, ciencia y epistemología; Alianza Ed., Madrid, 1987; Kuhn, T.: La estructura de las revoluciones científicas; FCE, 1971, La tensión esencial; FCE, 1996, The Road Since Structure; University of Chicado Press, 2000;  Feyerabend, P.: Tratado contra el método; Tecnos, Madrid, 1981; Adiós a la razón; [versión inglesa]; Tecnos, Madrid, 1992; y Philposophical Papers, vol 1 y 2; Cambridge University Press, 1981.

 [15] Ver Bird, A.: “The Historical Turn in the Philosophy of Science”, en The Routhledge Companion to Philosophy of Science, Routledge, 2008.

[16]  Ver Ortega y Gasset, J.: ¿Qué es filosofía?, Espasa-Calpe, Madrid, 1973; El tema de nuestro tiempo, Austral, Buenos Aires, 1947; En torno a Galileo, Rev. De Occidente, Madrid, 1976.

[17] Nos referimos a Lecciones preliminares de filosofía, Losada, Buenos Aires, 1943.

[18] En ¿Qué es filosofía?, op.cit., lecciones VIII, IX, X y XI.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

 

 

Frédéric Bastiat (1801-1850)

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 28/5/13 en http://independent.typepad.com/elindependent/2013/05/fr%C3%A9d%C3%A9ric-bastiat-1801-1850.html

 La primera publicación de las obras completas de Frédéric Bastiat fue editada por Paul Paillottet y René V. Fontenay en París, en 1854. Sus libros y sus numerosos ensayos fueron objeto de sucesivas ediciones, la última de las cuales fue realizada en 1980 por la Universidad de París. En 1858 el profesor Francisco Pérez Romero (abogado del Colegio de Madrid) tradujo por primera vez al español una de las obras de Bastiat. En el prólogo a esta primera edición española, el profesor Pérez Romero dice que “La reputación del eminente economista F. Bastiat es demasiado conocida para que nos detengamos a hacer extensos elogios de la presente obra con objeto de recomendar su lectura… Tal es el grandioso pensamiento del autor que desenvuelve con una claridad, originalidad y elocuencia que cautivan el ánimo del lector, al iniciarlo en los verdaderos principios de la ciencia económica”.

En Estados Unidos, la editorial Van Nostrand de Princeton tradujo en 1964 al inglés buena parte de sus obras, a partir de lo cual siguieron traducciones al italiano, al alemán y al chino. La primera obra traducida al inglés incluye una introducción del premio Nobel en economía Friedrich A. von Hayek. Dicha obra se titula “Selected Essays on Political Economy” y en la introducción, entre otras cosas, Hayek dice lo siguiente: “Bastiat esgrimió argumentos contra las falacias más importantes de su tiempo (…) ninguna de estas ideas ha perdido influencia en nuestro tiempo. La única diferencia es que Bastiat, al discutirlas, estaba completamente del lado de los economistas profesionales y en contra de creencias populares explotadas por intereses creados, mientras que, propuestas similares, hoy, son propagadas por algunas escuelas de economistas y envueltas en un lenguaje ininteligible para el hombre común”.

La característica central de todos los escritos de Bastiat es su sencillez, su lenguaje directo y, al mismo tiempo, la notable fuerza de sus razonamientos. No pocos son los economistas profesionales que consideran que un trabajo serio debe incluir terminología estrafalaria, confusa y con asombrosa profusión de fórmulas matemáticas. En este sentido, Wilhelm Roepke dice en su obra “La economía humana: el marco social del mercado libre” que “Cuando uno trata de leer una revista económica de nuestros días, uno se pregunta si no estará en realidad leyendo una revista académica sobre química o hidráulica. Es tiempo de que hagamos un análisis crítico sobre estos temas. La economía no es una ciencia natural; es una ciencia moral y como tal se vincula al hombre como un ser espiritual y moral” (p. 247). También Popper se refiere a los lenguajes oscuros pretendidamente científicos: “Cualquiera que no sepa expresarse de forma sencilla y con claridad no debería decir nada y seguir trabajando hasta que pudiera hacerlo” (“En busca de un mundo mejor”, Paidós,1994).

Antes de aludir al contenido de los trabajos de Bastiat, conviene poner sus obras en contexto. En este sentido, es de gran utilidad la documentación que proporciona el profesor Murray Rothbard en el segundo volumen de su historia económica y la información que exhiben Charles Gide y Charles Rist en el primer tomo de su “Historia de las doctrinas económicas”. En 1815 un grupo de jóvenes economistas inspirados por Jean-Baptiste Say establecieron en París la Sociedad de Economía Política que primero presidió Charles Dunoyer (autor de una obra publicada en tres volúmenes titulada “De la libertad de trabajo”) y cuyo Secretario fue Joseph Garnier (autor de un conocido texto titulado “Elementos de economía política”). Esta sociedad comenzó a publicar el Journal des Économistes (actualmente se llama Journal des Économistes et des Etudes Humaines). Say se inspiró principalmente en Cantilion y de Adam Smith y elaboró muchos aspectos que pueden considerarse como pre-austríacos, es decir precursores de la Escuela Austríaca que recién comenzaría a desarrollarse en 1870.

El tratado de economía de Say fue ampliamente difundido en su país natal y en el exterior. Como queda dicho, sus discípulos, al fundar la mencionada Sociedad de Economía Política, abrieron un cauce para realizar notables aportes a la ciencia económica. Este grupo de economistas también se conoció como “el grupo laissez-faire”. Esta expresión francesa, tomada de los fisiócratas del siglo XVI, significa un pedido de la gente dirigido al gobierno: dejar hacer, en el sentido de no intervenir, no reglamentar y no distorsionar los procesos de mercado. Lamentablemente hoy se entiende la expresión “laissez-faire” como la apología del desorden y el caos: una interpretación peyorativa y distorsionada de su significado original. Como todos estos economistas y sus discípulos posteriores sostuvieron, el orden emerge cuando se permite que arreglos libres y voluntarios operen y que el mecanismo de precios resulte en un sistema para recabar información dispersa, en lugar de pretender dirigir la economía a través de la ignorancia concentrada que necesariamente se sucede en los “comités de expertos”.

Los miembros más destacados de aquella Sociedad de Economía Política fueron luego Gilbert Guillaumin, quien editó la primera enciclopedia de economía; Gerome-Adolphe Blanqui, quien escribió el primer texto de historia económica de Europa (en 1837); Michel Chevallier (originalmente socialista), autor del “Curso de economía política” escrito en 1842 y su discípulo Henri Gandrillart, quien escribió posteriormente el célebre “Manual de economía política” en 1857. Atraídos por estos estudios vinieron economistas de otros lugares como Louis Wolowski de Polonia y Gustave de Molinari de Bélgica (este último editó durante algún tiempo el Journal des Économistes).

En este clima intelectual aparece la figura de Bastiat quien, después de estudiar economía, participó en la mencionada sociedad y publicó en su Journal y en otros medios con una elocuencia y una fundamentación que despertaba admiración en colegas y lectores en general (escribía en francés, inglés e italiano). Trató con los académicos más destacados de su época, estable ció la Asociación de Librecambio en Bordeaux en 1841 y, poco después, en París, la Asociación Nacional del Librecambio a imitación de la Liga de Manchester fundada por su amigo Richard Cobden. Influyó decisivamente en los acontecimientos de su país y, en Italia, a través de Francesco Ferrara, profesor de la Universidad de Turín; Tulio Martello, profesor de la Universidad de Bolonia y el célebre Maffeo Pantaleoni. En Suecia, Johan August Gripenstedit fue discípulo de Bastiat (profesor de la Universidad de Lud y posteriormente fundador de la Sociedad de Economía en Estocolmo).

También en Suecia fueron sus discípulos Axel Pennich y Karl Waern. Incluso en Prusia tuvo una fuerte influencia a través de John P. Smith, hijo de ingleses y profesor de historia económica de la Universidad de Göttingen.

Murray Rothbard dice que sin duda Bastiat “contribuyó a los argumentos más notables y la demolición más devastadora del proteccionismo y de todas las formas de subsidio y control gubernamental” (vol. II, p. 445).

En la aludida “Historia de las doctrinas económicas” de Gide y Rist se apunta que, a pesar de los trabajos que escribieron autores socialistas como Proudhon y Lassalle en contra de Bastiat, “su mesura, su buen sentido, su claridad, dejan una impresión inolvidable; y no sé si aún hoy, sus ‘Armonías económicas’ no son el mejor libro que pueda recomendarse al joven que por primera vez emprende el estudio de la economía política. Ya veremos, por lo demás, que su contribución, aún desde el punto de vista puramente científico, dista mucho de ser desdeñable” (p. 451, vol. I).

Por su parte, John Elliot Cairnes -el economista irlandés, profesor en la Universidad de Londres y autor de “El carácter y el método lógico de la economía política”- escribió sobre Bastiat un ensayo (recopilado en “The Development of Economic Thought: Great Economists in Perspective” de Henry W. Spiegel). Este ensayo es un estudio crítico de aspectos epistemológicos en los trabajos de Bastiat. Crítica en gran medida justificada pero debemos tener presente que el economista francés escribió antes de Carl Menger y mucho antes que Ludwig von Mises. De todos modos Cairnes escribe: “El nombre de Bastiat es de todos los economistas franceses, tal vez, el más familiar en este país [Inglaterra…] y ha sido afortunado por encontrar excelentes traductores de sus obras principales… Lamentablemente, Bastiat no vivió para completar su obra, pero lo suficiente para haber logrado transmitir claramente el carácter y la concepción general de sus contribuciones”. Tengamos en cuenta que el primer ensayo de Bastiat fue publicado en 1844 y murió de tuberculosis en 1850. En sólo seis años produjo una obra asombrosamente amplia. En el trabajo mencionado, Cairnes pondera un discurso de Bastiat titulado “Los productores de velas” donde con ironía aconseja que los gobernantes promulguen una disposición por la que se obliguen a tapiar de día las ventanas de las casa de toda la población “para proteger a los productores de velas de la competencia desleal del sol”.

En 1959 el profesor Dean Russell se doctoró en la Universidad de Ginebra con una tesis titulada “Frédéric Bastiat: sus ideas y su influencia” y en las primeras líneas del capítulo primero transcribe la siguiente cita de Bastiat “El estado es aquella gran ficción por la que todos tratan de vivir a expensas del resto”. La tesis, originalmente escrita en francés, se tradujo al año siguiente al inglés y tuvo una amplia acogida y despertó gran curiosidad entre economistas estadounidenses lo cual, finalmente, despertó el interés para comenzar la antes referida traducción de sus obras en aquel idioma. Leonard E. Read -entonces presidente de la Foundation for Economic Education de New York- ha escrito respecto de Bastiat: “No conozco nadie que haya visto con mayor claridad a través de la bruma política que este autor que con tanta brillantez y versatilidad nos transmitió sus conocimientos… Creo que Bastiat es en realidad un contemporáneo porque, de hecho vive entre nosotros. Los frutos de su mente tan fértil son mejor conocidos hoy en los Estados Unidos por más gente incluso que en la época que escribió sus obras”. El actual rector de la Universidad de Hillsdale, en Michigan, George Charles Roche escribió en 1971 un libro titulado “Frédéric Bastiat: A Man Alone” donde dibuja un mapa intelectual muy ajustado a la época y a la atmósfera en que actuó Bastiat y a su coraje para defender sus convicciones.

Después de sus estudios, Frédéric Bastiat, comenzó a enseñar y debatir en diversos círculos, asociaciones e institutos, algunos de los cuales fueron fundados por él. Su producción escrita es notable a pesar de que, como queda dicho, transcurre en un período muy corto que comienza con su primer ensayo en el Journal des Économistes en 1844. Escribió libros y cientos de ensayos recopilados en sus obras completas. A continuación vamos a exponer las ideas de Bastiat con referencia al trabajo correspondiente.

En su ensayo “Lo que se ve y lo que no se ve” explica uno de los puntos centrales del análisis económico cual es la capacidad de poner en contexto los efectos de las medidas adoptadas. Es común, por ejemplo, que se alaben las características de un edificio estatal, su arquitectura, lo imponente de sus materiales, la cantidad de pisos, mármoles, espejos, el panorama que ofrece, etc. Sin embargo, queda fuera del análisis lo que no se ve: los bienes y servicios que hubieran existido si no se hubieran esterilizado recursos coactivamente en el mencionado edificio. Bastiat pone un ejemplo que ya resulta clásico y es el de la vidriera rota. Cuenta que un individuo destroza la vidriera de un sastre lo cual, dadas las teorías en boga en aquella época, algunos considerarían que, en última instancia, esta destrucción tiene su lado positivo. Verían que, debido a esa destrucción, el vidriero verá aumentar sus ingresos con lo cual, a su vez, podrá comprarle al panadero y este comprará otro bien o servicio y así sucesivamente. Aparece así una especie de efecto multiplicador de consecuencias bienhechoras a pesar de que el acto original fue uno de destrucción.

Sin embargo, Bastiat explica que si no se hubiera roto ese vidrio el sastre no hubiera tenido que destinar sus recursos para reponerlo, recursos que hubiera podido utilizar para comprar a otros proveedores y estos a su vez a otros. En definitiva, señala, que de no haberse producido la destrucción existiría en la sociedad el vidrio más otras cosas, con la destrucción, en cambio, hay una pérdida neta del vidrio. Esto que parece un razonamiento trivial tiene consecuencias de gran importancia ya que se han destinado ríos de tinta tratando de mostrar seriamente la reactivación de la economía que se produce a raíz de fenómenos de destrucción, incluso en el caso extremo de la guerra.

Recurriendo a un procedimiento socrático, Bastiat preguntaba a sus interlocutores dónde se encontraba la falacia de tales o cuales razonamientos que, como en el ejemplo expuesto, ayuda a ejercitar el espíritu crítico y el razonamiento. Este análisis lo extendía al caso de las empresas estatales que pueden no ser monopólicas, no ser deficitarias e incluso la gente puede considerar que prestan buenos servicios, pero Bastiat se pregunta sobre el significado de “buenos servicios” ya que ¿cuántos libros, zapatos y cinturones se hubieran producido si no se hubieran esterilizado coactivamente los recursos para la creación de la empresa estatal? En realidad la intención de este autor al poner ejemplos sencillos y aparentemente absurdos era la de brindar un andamiaje analítico para visualizar “lo que no se ve”.

En este mismo trabajo, Bastiat se pregunta si deben subsidiarse las artes. Dice que “en favor del sistema de subsidios uno puede decir que las artes ensanchan, elevan y poetizan el alma de un pueblo, asimismo, alejan las preocupaciones materiales y da un sentido de la belleza y facilita la reacción favorable en los modales y las costumbres… Uno puede incluso preguntarse si no hubiera existido el subsidio a las artes cómo se hubiera desarrollado el gusto exquisito y el sentido estético en Francia. Debido a estos resultados, uno se pregunta si no será una demostración de imprudencia eliminar estos subsidios que en último análisis ha logrado una preeminencia de Francia en Europa”.

Bastiat explica que aquellos razonamientos e interrogantes están basados en fundamentos falaces. Señala que la civilización debe proceder de lo más necesario a lo menos necesario. Si se alteran las prioridades -que voluntariamente debe establecer la gente con el fruto de su trabajo- se desperdician recursos con lo cual se obstaculiza el logro de los ideales más refinados: “El gobierno no debe intervenir en este proceso ya que cualquiera sea la riqueza de un país no puede estimular actividades de una mayor sofisticación a través de los impuestos ya que esto implica el dañar actividades más esenciales y, por lo tanto, se revierte el avance de la civilización… Se dice que si el estado no interviene a través de impuestos para destinar recursos a las actividades religiosas es que se es ateo. Si no interviene a través de impuestos para las escuelas, se está en contra de la educación. Si el estado no entrega recursos a través de impuestos para establecer un valor artificial a la tierra o para subsidiar alguna rama de la industria, esto quiere decir que se es enemigo de la agricultura y del trabajo. Por último, se piensa que si el estado no subsidia a los artistas quiere decir que se patrocina la barbarie. Protesto con toda mi fuerza contra estas interferencias. Muy lejos está de mi ánimo el proponer la abolición de la religión, la educación, la agricultura, la industria, el trabajo o las artes. Por el contrario sostenemos que la libertad en todas estas áreas, sin que se opere a costa del fruto del trabajo de otros, fortalecerá el desarrollo armónico y el progreso de estas áreas. Nuestros adversarios creen ingenuamente que la actividad que no está subsidiada será abolida. Nosotros creemos lo contrario. Ellos tienen fe en el legislador no en el ser humano. Nosotros tenemos fe en el ser humano, no en el legislador”. La editorial Simon & Schuster publicó en 1997 “The Libertarian Reader: Classic & Contemporary Writings From Lau-Tzu to Milton Friedman” del profesor David Boaz. En la quinta parte de esta obra se reproduce el ensayo que acabamos de comentar (p. 265 y ss.).

En “La Ley”, Bastiat desarrolla el concepto del derecho como marco institucional para los procesos de mercado y, asimismo, señala la posible divergencia entre el orden natural y la ley positiva. En este sentido dice “por tanto, del mismo modo que un individuo no puede legítimamente usar la fuerza contra otra persona, contra su libertad o propiedad, por las mismas razones, la fuerza colectiva no puede legítimamente aplicarse para destrozar la libertad, la propiedad y la integridad personal de otros… La ley es la organización de derecho natural para legitimar la defensa propia; sustituye la fuerza individual por la colectiva para actuar en una esfera en la que tiene derecho a actuar, esto es, para garantizar la seguridad de las personas, la libertad y los derechos de propiedad… Lamentablemente, la ley positiva no se ha circunscrito a su rol específico. No solamente se ha excedido en su función legítima en temas discutibles, ha procedido en modos absolutamente contrarios a sus fines específicos, ha destruido sus propios objetivos: se ha empleado para abolir la justicia la cual estaba supuestamente debía mantener. Al transgredir ese límite ha puesto la fuerza colectiva al servicio de la explotación de las personas, libertades y propiedades y lo ha hecho sin ningún escrúpulo, intentando convertir la expoliación en un derecho… Ninguna sociedad puede sobrevivir si no se respeta la ley pero la manera más segura de que la ley se respete es hacerla respetable”.

Más adelante explica que existe la expoliación extra legal y la expoliación legal. Afirma que esta última resulta la más peligrosa porque se hace con el apoyo de la fuerza institucionalizada. Esta obra ha sido traducida a seis idiomas (fue traducida al español en 1958 por el Centro de Estudios sobre la Libertad de Buenos Aires). Siempre en este libro, dice Bastiat que existe un método simple para saber cuándo la ley abroga la justicia: “Todo lo que tenemos que hacer es ver si a través de la ley se arranca a unos lo que les pertenece para entregarle a otros lo que no les pertenece”. Dice Bastiat que este afán redistribucionista se basa en “la ilusión prevalente de nuestra era, la cual consiste en pretender que resulta posible el enriquecimiento de unos a expensas de otros… Me sitúo en conflicto con el mayor de los prejuicios populares de nuestro tiempo. Aparentemente la gente no quiere que la ley sea justa, pretenden que sea ‘filantrópica’. No están satisfechos en que la justicia garantice a cada uno su libertad siempre y cuando no afecte derechos de otros, que cada uno pueda usar sus facultades físicas intelectuales y morales. Demandan que también la ley se ocupe de la ‘beneficencia’, la educación y la moralidad del país… Pero, repito, estos dos campos se contradicen entre sí. Debemos elegir entre ellos. Un ciudadano no puede ser al mismo tiempo libre y no libre… Es inconcebible obtener la fraternidad a través de la ley sin que al mismo tiempo se destroce la libertad y la justicia a través de la ley… No nos olvidemos que la ley es la fuerza y, consecuentemente, el dominio de la ley no puede legítimamente exceder el ámbito legítimo del dominio de la fuerza”. A través de este trabajo Bastiat ha reforzado la tesis que comenzó con John Locke y ha mostrado que el derecho es un proceso de descubrimiento en un contexto evolutivo y que no procede del invento o el diseño del legislador. Asimismo, ha vinculado estrechamente aspectos ético-institucionales con el mercado abierto.

En su ensayo titulado “El balance comercial” nos relata un cuento para ilustrar las confusiones que aparecen en relación con el tema. El cuento se refiere a un francés que compra vino en su país por valor de un millón de francos y lo transporta a Inglaterra donde lo vende por dos millones de francos con los que a su vez compra algodón que lleva de vuelta a Francia. Al salir de la aduana francesa el gobierno registra exportaciones por un millón de francos y al ingresar con el algodón el gobierno registra importaciones por dos millones de francos, con lo cual este personaje habría contribuido a que Francia tenga “un balance comercial desfavorable por valor de un millón de francos”. Bastiat continúa el cuento diciendo que otro comerciante francés compró vino por un millón de francos en su país y también lo transportó a Inglaterra pero no le dio el cuidado que requería el vino en el transcurso del viaje, debido a lo cual pudo venderlo sólo por medio millón de francos en ese país. Con el producido de esta venta también compró algodón y ingresó en Francia. Esta vez en la aduana el gobierno contabilizó una exportación por un millón de francos y una importación de medio millón de francos, con lo que este mal comerciante contribuyó a que Francia tenga un “balance comercial favorable por quinientos mil francos”. Con esta ridiculización el autor pretende mostrar las falacias tejidas en torno al balance comercial, tema que, entre otros, continuó desarrollando otro eminente francés, el economista Jacques Rueff (especialmente en su libro “Balance of Payments”).

En su extenso libro titulado “Acerca de la competencia” Bastiat extiende la explicación de Adam Smith de “la mano invisible”. Explica como cada uno al buscar su interés personal va construyendo un orden que está más allá de las posibilidades de mentes individuales. Al mismo tiempo, en las transacciones libres y voluntarias cada uno obtiene beneficios, al contrario de lo que ocurre en sistemas de suma cero (para utilizar la terminología de la teoría de los juegos). Explica en este trabajo que competencia es otra forma de aludir a la libertad: significa que la fuerza no debe intervenir en arreglos contractuales libres y voluntarios que no afecten derechos de terceros. Señala que la competencia se opone al establecimiento de monopolios y oligopolios artificiales, es decir, aquellas situaciones por las que el gobierno otorga mercados cautivos, lo cual redunda necesariamente en mayores precios, menor calidad o ambas cosas a la vez.

Competencia implica la libertad de elegir. Bastiat pone especial énfasis en señalar que la competencia no se limita a elegir dentro de cierta jurisdicción territorial sino que se extiende más allá de las fronteras. En este sentido muestra los graves perjuicios económicos que crean las tarifas aduaneras y muestra como redundan necesariamente en una mala asignación de los siempre escasos factores productivos y, por ende, en una disminución de los salarios e ingresos en términos reales. En este sentido explica las inconsistencias que existen tras el llamado “argumento de la industria incipiente” con el que, a la postre, costos que deberían absorber empresarios son transladados sobre las espaldas de los consumidores, con lo que, en definitiva, el llamado “proteccionismo” termina protegiendo privilegios de pseudoempresarios. Observa que muchos son los pseudoempresarios que cuando hablan de competencia lo que en verdad quieren decir es competencia para otros pero no para ellos.

Un artículo de Bastiat titulado “Post Hoc, Ergo Propter Hoc” ha tenido gran difusión en diversos países, allí explica con ilustraciones muy simples las características de esta falacia que consiste en atribuir nexos causales a distintos sucesos por el solo hecho de observar la ocurrencia de sucesos en una secuencia cercana en el tiempo, en otros términos, se sostiene que como B ocurre después de A, por tanto, B es una consecuencia de A. Ilustra esta falacia con temas monetarios y de comercio exterior, por ejemplo, cuando a mediados del siglo XIX se restringió el consumo en Inglaterra debido a accidentes climáticos y, por tanto, se obtuvieron cosechas precarias. Sin embargo, como estos fenómenos ocurrieron en el mismo período en que se redujeron aranceles aduaneros, las restricciones al consumo se atribuyeron a la política arancelaria.

En su ensayo “El productor y el consumidor”, señala que aparece como un espejismo un conflicto entre productor y consumidor ya que tienen intereses distintos. Señala, por ejemplo, que en el caso del trigo el consumidor o comprador desearía una sobreabundancia mientras que el productor desearía la escasez de ese bien. Bastiat explica que todos somos productores y consumidores y que al actuar en uno u otro rol, aun interesados en cosas diversas, habiendo libertad, hay armonía de intereses. El productor ofrece utilidades, el comprador consume utilidades y los intercambios se realizan por bienes distintos. El comprador ofrece dinero y demanda bienes y el vendedor demanda dinero y ofrece bienes. Ambos tienen valorizaciones cruzadas respecto del bien en cuestión y del dinero. Esas valoraciones cruzadas hacen que haya interés en lo que posee la otra parte y así se realicen los intercambios con provecho para las dos partes. Pero por el contrario, también nos explica el autor que cuando el estado interviene para regular y coartar transacciones comerciales, por lo menos una de las dos partes se ve afectada.

En este último caso, no es posible la armonía de intereses lo cual, como se ha dicho, no implica intereses idénticos sino intereses que no sólo no presentan conflictos irreconciliables sino que resultan armónicos. En este ensayo Bastiat adjunta extensos cuadros y gráficos para ilustrar esta tesis central de la armonía de intereses a lo cual agrega largas disquisiciones sobre la teoría del valor. Temas similares trata en un voluminoso libro (596 páginas según la primera edición inglesa de la ya mencionada editorial Van Nostrand de Princeton) que lleva prólogo del propio Bastiat bajo el título de “A la juventud de Francia”. En ese prólogo dice en letra cursiva que “los impulsos del hombre cuando están motivados por legítimos intereses personales conducen a una estructura social armónica. Esta es la idea central de este libro”.

En dos trabajos publicados simultáneamente, uno titulado “Equivalencia en las condiciones de producción” y el otro “Sobre los impuestos a los productos locales”, Bastiat, a través de las herramientas que brinda la teoría de las ventajas comparativas, combate dos argumentos muy difundidos. Por una parte se refiere a la idea que propone la necesidad de establecer tarifas aduaneras a un nivel tal que compense la diferencia de costos netos del bien producido en el país y el bien importado. De lo que se trata según esta propuesta, es de hacer equivalentes los costos locales y los costos externos. Aquí explica que, precisamente, la ventaja del comercio consiste en intercambiar entre partes desiguales. La aludida desigualdad se puede deber a talentos, habilidades, recursos naturales diversos, climas mejores, tecnología más adecuada o lo que fuere. En todo caso, muestra que la ventaja del comercio sea local o internacional se basa en costos diferentes y si estos se pretenden igualar, desaparece la razón del comercio.

Del mismo modo, en su segundo ensayo Bastiat combate el argumento por el que se sostiene que las tarifas aduaneras deben implantarse como justificativo por la alta presión tributaria local. Según esta postura, los aranceles deberían mitigar las desventajas artificiales de la producción local debido a los altos impuestos. Refuta esta argumentación sosteniendo que, sin perjuicio de hacer lo posible por abrogar impuestos innecesarios, precisamente, debido a la preocupación de altas presiones tributarias no deben establecerse impuestos adicionales como son los aranceles aduaneros. Así dice que: “La gente reclama tarifas aduaneras sobre los productos que vienen del exterior al efecto de neutralizar las consecuencias de los impuestos locales… pero esta argumentación puede analizarse del mismo modo que lo hacíamos respecto de la pretendida equivalencia en los costos de producción. Los impuestos son uno de los elementos que influyen en que los costos sean dispares… No resulta un silogismo aceptable el sostener que debido a que los impuestos son muy altos deben establecerse nuevos impuestos… Los impuestos bajan la productividad y elevan los precios pero no tiene sentido afirmar que, como el estado saca una parte importante del ingreso de la gente, debemos ceder una parte adicional a alguien que tenga un mercado cautivo debido a la llamada protección en el sector externo”.

Uno de sus opúsculos lo publicó bajo el titulo de “Teoría y práctica” donde concluye que toda práctica se basa en una teoría, si la teoría es incorrecta, en la práctica será defectuosa, si es acertada, es decir, si se interpretan correctamente los nexos causales subyacentes en la realidad, la realización práctica conducirá a buen puerto ya que se habrá establecido la adecuada relación entre medios y fines. Este trabajo contiene una profusión de citas que pone de manifiesto la versación de Bastiat, aunque, en este caso, el eje central de su análisis se basa en las enseñanzas de Jean-Baptiste Say.

En la sección “documentos” del volumen XXV de la revista académica de la institución de posgrado ESEADE se tradujo y se publicó un ensayo de Bastiat titulado “Restricción al comercio internacional y desocupación tecnológica” (p. 293 y siguientes) en el que el autor explica cómo la máquina libera trabajo humano para que sea aprovechado en áreas que hasta el momento resultaban inconcebibles debido, precisamente, a que estaba destinado a las tareas para las que se introduce la nueva tecnología.

En el capítulo doce de la tesis doctoral de Dean Russell mencionada al comienzo, el autor dice que “Después de la muerte de Bastiat sus trabajos empezaron a aparecer en varias de las revistas académicas y profesionales más conocidas, incluyendo muchos de sus ensayos inéditos. En 1905 muchos de los trabajos y muchos de los aspectos de la vida de Bastiat aparecieron nuevamente debido a un concurso que patrocinó la Cámara de Comercio de Bordeaux. Desde entonces también se han publicado interesantes tesis doctorales sobre diversos aspectos de la obra de Bastiat… En 1954, el profesor Daniel Villey, de la Universidad de París, escribió lo siguiente en su conocido libro sobre las doctrinas económicas ‘Aun hoy no existe una introducción a la economía política que resulte más atractiva y fértil que la obra Bastiat’… Quien fue Papa León XIII, en una carta pastoral (cuando era el Cardenal Pecci en 1877) rindió tributo al concepto de Bastiat sobre la armonía de intereses en una sociedad libre”. Por último Russell reproduce lo escrito por Henry Hazlitt -uno de los fundadores de la Mont Pelerin Society en 1947- en su obra “La economía en una lección” (Harper Pub., 1946), allí señaló su “gran deuda intelectual con Bastiat, autor que en prácticamente todos sus trabajos vinculaba la armonía y la paz con la sociedad abierta y el librecambio”. En este último sentido, Bastiat resumió sus preocupaciones respecto del auge del nacionalismo en su breve paso por la Asamblea Nacional de su país del siguiente modo: “Si los bienes y servicios no pueden cruzar las fronteras, las cruzarán los ejércitos”.

A modo de colofón, ilustra magníficamente toda la preocupación de este distinguido pensador, una frase que incluyó en uno de sus ensayos, en 1850, antes de morir: “Hay que decirlo, hay en el mundo exceso de ‘grandes’ hombres; hay demasiados legisladores, organizadores, instituyentes de sociedades, conductores de pueblos, padres de naciones etc. Demasiada gente que se coloca por encima de la humanidad para regentearla, demasiada gente que hace oficio de ocuparse de la humanidad. Se me dirá: usted que habla, bastante se ocupa de ella. Cierto es. Pero habrá de convenirse que lo hago en un sentido y desde un punto de vista muy diferente y que si me entrometo con los reformadores es únicamente con el propósito de que suelten el bocado”. 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

Hipocresía y política

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 29/11/12 en http://diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7570

Nos estamos refiriendo a la carrera electoral y no a la ciencia política tal como lo manifiesta José Nicolás Matienzo en su tratado de derecho constitucional. Este es el sentido del pensamiento de Hannah Arendt cuando escribe que “Nadie ha puesto en duda que la verdad y la política están más bien en malos términos y nadie, que yo sepa, ha contado a la veracidad entre las virtudes políticas”. Incluso el común de los mortales tiende a justificar las mentiras de los políticos cuando se resigna y exclama “y bueno, es político”. No hay ciudad en la que no aparezcan grandes carteles de políticos en campaña afirmando entre amplias sonrisas que ahora todo será distinto, que esta vez “habrá justicia y seguridad y se eliminará la corrupción”. Esto me recuerda una frase que invito a los lectores a que conjeturen quien puede ser el autor antes de que revele el nombre correspondiente: “Donde no se obedece la ley, la corrupción es la única ley. La corrupción está minando este país. La virtud, el honor y la ley se han esfumado de nuestras vidas”. ¿De quien es esto, dicho y escrito en letras de molde? Pues nada menos que de Al Capone en entrevista publicada en la revista Liberty el 17 de octubre de 1931, lo cual pone al descubierto cierto paralelo con lo que venimos diciendo.

Por esto es que toda la tradición liberal desconfía grandemente del poder y apunta al establecimiento de severos límites al Leviatán  “al efecto de que haga el menor daño posible” como nos dice Karl Popper al oponerse a la visión ingenua y sumamente peligrosa del “filósofo rey” de Platón. Por eso, en esta instancia del proceso de evolución cultural, es que el liberal permanentemente propone nuevas vallas al poder que siempre se intentan sortear por parte de los gobernantes. Por todo esto es que Ernst Cassirer sostiene que nunca se llegará a una instancia definitiva en política y que “los politólogos del futuro nos mirarán tal como hoy mira un químico moderno al un alquimista de la antigüedad”. Pero se suele caer en la trampa y confiar en los políticos una y otra vez, es como aconsejaba el periodista inglés Claud Cockburn: “no creas nada hasta que no haya sido oficialmente desmentido”.

En realidad todo el problema surge porque se piensa que es más fácil que los gobernantes dirijan las vidas y manejen las haciendas de los gobernados en lugar de dejar que cada uno lo haga por si mismo en un proceso de coordinación espontánea en el que se respeta el conocimiento fraccionado y disperso en lugar de concentra ignorancia en ampulosas juntas de planificación estatal. Salvando las distancias, también resulta contraintuitivo lo que asevera Meiklejohn en su tratado de literatura inglesa de 1928 cuando explica que es más fácil escribir poesía que hacerlo en prosa, a pesar de que al lego le parezca que es como decir que es posible correr antes de aprender a caminar. El verso es lo primero que apareció en la historia de la literatura puesto que no solo es más sencillo de retener al efecto de trasmitir de boca en boca sino que era lo que primero servía para animar fiestas y alegrar las calles, además de lo que señala Borges en cuanto a que es más fácil debido a que se coloca el texto en una métrica y no se larga al vacío en una cadencia sin reglas fijas (mil años antes de Cristo los escritos atribuidos a Homero están estampados en forma de poesía, incluso antes de que la Biblia comenzara a componerse después del cautiverio de Babilonia).

A pesar de que se repiten los estrepitosos fracasos del socialismo, sigue en pie la triada Antonio Gramsci (sobre educación), Edward Bernstein (sobre los procesos electorales) y Rosa Luxemburg (sobre la aplicación a nivel internacional). A pesar de ello, sigue vigente la influencia de Sorel con su sindicalismo intimidatorio y violento y de Jacques Maritain con su cristianismo crítico de la institución de la propiedad privada y sus denuestos al capitalismo y a la tradición de pensamiento liberal.

Tal vez pueda ilustrarse la hipocresía a la que aludimos con un par de ejemplos de estos tiempos y referidos a un mismo asunto para no abundar en otros casos también de resonancia mundial. Acaba de salir a la luz que el general de la policía Mauricio Santoyo Velazco era narcotraficante mientras actuaba como jefe de seguridad de Álvaro Uribe quien, como presidente colombiano, se enfrentó en encarnizadas trifulcas con las mafias de las drogas, y el general Hugo Banzer, mientras ejercía la presidencia de Bolivia y recibía cuantiosos fondos del gobierno estadounidense para combatir las drogas, era narcotraficante junto a su hermano e hijastro.

El problema de las hipocresías políticas es que se intentan disimular por medio de las reiteradas e incondicionales alabanzas de los cortesanos que suelen rodear al poder. En este sentido, es oportuno citar a Erasmo quien se preguntaba “¿Qué os puedo decir que ya no sepaís de los cortesanos? Los más sumisos, serviles, estúpidos y abyectos de los hombres y, sin embargo, quieren aparecer en el candelero”. No resulta tarea sencilla el penetrar en las espesas capas de los alcahuetes que adulan a los gobernantes debido a la prédica autoritaria que acepta que los políticos en campaña halagan a los votantes potenciales pero cuando asumen tratan a los gobernados como si fueran sus empleados en lugar de comprender que el asunto es exactamente al revés, situación que abre las puertas a la hipocresía y al engaño permanente.

En el teatro, la música, la literatura y el cine hay infinidad de ilustraciones sobre este problema. Mozart expresó los abusos del poder en Las bodas de Fígaro de Beaumarchais (puesto preso por el rey y censurada su obra) y Hernich Böll describió magníficamente el doble discurso en Opiniones de un payaso. Es bueno repasar el eje central de la producción cinematográfica de Woody Allen titulada Zelig al efecto de comprobar la técnica genuflexa de adaptarse a todas las circunstancias con un abandono total de valores y principios. Pero es que en esta instancia del proceso de evolución cultural la política debe sustentarse en los cambiantes gustos de las mayorías circunstanciales, por eso es que Ortega y Gasset consignó en el sexto tomo de El espectador que “No hay salud política cuando el gobierno no gobierna con la adhesión de las mayorías sociales. Tal vez por esto la política me parece siempre una faena de segunda clase”. Y es que el consiguiente y persistente zigzagueo de los políticos hace que autores como Guillermo Cabrera Infante escriba que “la política es una de las formas de amnesia”.

Y como apunta Murray Rothbard, resulta por lo menos ingenuo -en verdad muy tonto- el afirmar que “el gobierno somos todos, en cuyo caso deberíamos sostener que los judíos no fueron asesinados por los nazis sino que se suicidaron en masa”. Por su parte, en su magnífica obra El mediterráneo Emil Ludwig escribe que “Las obras de la mente y del arte sobreviven a sus creadores, pero las acciones de los reyes y estadistas, papas, presidentes y generales cuyos nombres llenan algunos períodos de la historia, perecen con sus autores o poco después de ellos”.

Estimamos que lo primero para mitigar y atenuar el problema de los políticos consiste en abandonar el absurdo y rastrero trato de “excelentismo” y “reverendísimo” a quienes ocupan circunstancialmente el gobierno lo cual tiende a invertir los roles de empleado-empleador y, en segundo lugar, ejercitar las neuronas al efecto de introducir nuevos y renovados límites para evitar los atropellos del Leviatán y exigir transparencia en los actos de gobierno y auditoría de su gestión en el contexto de marcos institucionales que aseguren y garanticen las autonomías individuales de los gobernados. Se trata de una faena permanente puesto que como han dicho y repetido los Padres Fundadores en Estados Unidos “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”. Todo esto mientras continúan los debates sobre otros paradigmas referidos a la pretendida refutación de los argumentos convencionales sobre los bienes públicos, el dilema del prisionero y el significado de la asimetría de la información, puesto que nunca se llegará a una meta final en lo que es un intrincado proceso de corroboraciones siempre provisorias.

En todo caso debe subrayarse que en esta instancia del proceso de evolución cultural los ejes centrales de la República son la protección al derecho (más conocida como igualdad ante la ley) y la alternancia en el gobierno, puesto que la llamada división horizontal de poderes se torna en algo sumamente gelatinoso cuando ha avanzado lo suficiente el espíritu autoritario: los tres poderes tiene iniciativa propia en cuanto a la liquidación de la sociedad abierta y las informaciones y trasparencia de los actos de los integrantes del aparato estatal se convierten en una mera contienda de estadísticas y hechos falsos.

Es de esperar que las verdades sobre los abusos de poder surjan sin tapujos pues como reza el dicho popular “no se puede tapar el sol con la mano”, que para decirlo en forma mucho más poética lo cito a Pablo Neruda (aunque no es mi referente favorito, especialmente por sus cantos de admiración al asesino Stalin): “se podrán cortar todas las flores, pero no se podrá detener la primavera”.

A diferencia de Neruda y Bertolt Brecht que abdicaron de su dignidad para rendirle pleitesía al criminal de marras, Ossop Mandelstam murió en cautiverio en un campo de concentración soviético por haberse plantado con un poema que en parte reza así: “Una chusma de jefes de cuellos flacos lo rodea/infrahombres con los que él se divierte y juega/Uno silva, otro maulla, otro gime/Solo él parlotea y disctamina/Forja ukase tras ukase como herraduras/A uno en la ingle golpea, a otro en la frente, en el ojo, en la ceja”. Desde este pequeño rincón le rindo sentido homenaje a este poeta de ejemplar coraje moral que puso en evidencia una de las tantas hipocresías que rodean a los tristemente célebres megalómanos de todos los rincones del planeta.

Que gran paradoja (por no decir que gran estupidez) resulta -dice Spencer en El exceso de legislación- que se siga confiando en los aparatos de la fuerza cuando, por un lado, son deficientes en la administración de la justicia y más bien atacan a las personas eficientes y, por otro, se observa que los privados y no los burócratas son los responsables de todas las innovaciones en la agricultura, en la industria, en los seguros, de haber surcado mares, de haber comunicado lugares remotos, de la electricidad, de la refrigeración, de las artes, de la música, de las arquitecturas colosales, de los avances en la medicina, la alimentación y tantas otras maravillas. Tiene razón Alberdi cuando escribe sobre el gran empresario William Wheelwright que las estatuas, los nombres de calles y similares no deberían estar dedicados a militares y gobernantes que poner palos en la rueda y, en su lugar, instalar las estampas de pioneros-empresarios, es decir, creadores de riqueza (y combatir a los que se disfrazan de empresarios pero, por ser amigos del poder, amasan fortunas fruto del privilegio y la explotación de consumidores incautos).

Solo las ideas compatibles con una sociedad abierta permiten el progreso moral y material, de allí la importancia de la educación. Por eso resulta tan ilustrativo (y conmovedor) lo dicho por Paul Groussac refiriéndose al destacado argentino José Manuel Estrada: “Lo que él ha sido y ha querido ser, por excelencia, es un profesor, un conductor de almas y excitador de espíritus”. Por otra parte, en la época de la masiva carnicería humana parida en tierras stalinistas y copiada con entusiasmo en Alemania, Sophie Scholl, a los 22 años de edad, cuando iba en camino al patíbulo para ser decapitada por haber establecido el movimiento anti-nazi Rosa Blanca, se preguntaba en voz alta “¿cómo puede esperarse que el bien prevalezca cuando prácticamente nadie se entrega al bien?”

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.

 

Una creación de Jerzy Kosinski

Por Alberto Benegas Lynch. Publicado el 23/8/12 en http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=7445

Se trata de la fascinación que produce el lenguaje sibilino. Lo vemos en filosofía a través de textos extenuantes de factura incomprensible plagados de neologismos, frases tortuosas y razonamientos circulares. Lo comprobamos en ensayos de economía que parecen fabricados para mofarse del lector inundados de lenguaje críptico, contradicciones permanentes y modelos econométricos inconducentes. Karl Popper ha escrito en su colección titulada Conocimiento objetivo que “la búsqueda de la verdad solo es posible si hablamos sencilla y claramente, evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales: la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”. Por su parte, Wilhelm Röpke consigna que “cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica” y, más recientemente, el sonado escándalo que produjeron Alan Sokal y Jean Bricmont quienes luego de pasar por los referatos del caso y publicar en la revista académica Social Text, declararon que se estaban burlando debido a los disparates conceptuales e imposturas que contenía el trabajo. 

Kosinski fue permanentemente agredido por ramificaciones stalinistas en la universidad de su Polonia natal donde después de infinitos calvarios se doctoró en sociología mientras trabajaba como instructor de ski hasta que logró escaparse a Estados Unidos donde trabajó como conductor de camiones de día y en horario parcialmente nocturno de cuidador de un predio de estacionamiento. Al mismo tiempo, estudiaba inglés hasta que pudo aplicar a una beca de la Ford Foundation que obtuvo para estudiar en la Universidad de Columbia donde también se doctoró en psicología social y escribió dos libros de gran éxito editorial: No Third Path donde muestra la inconsistencia de pretender una tercera vía entre la libertad y el totalitarismo y The Future is Ours, Comrade en el que invita al levantamiento de sus coterráneos contra las botas comunistas. Fue profesor de prosa inglesa y crítica literaria en las universidades de Yale y Princeton, recibió el premio de literatura de la American Academy y del National Institute of Arts and Letters y presidió el capítulo estadounidense del PEN Club. Sus múltiples novelas fueron best-sellers, una de ellas -Being There- se llevó al cine y obtuvo el Best Screen of the Year Award.

Es a esta novela a la que hacemos breve referencia en estas líneas. Alude a un jardinero analfabeto conciente de su ignorancia en los temas que le preguntan y repreguntan audiencias fascinadas por lo que consideran un léxico repleto de sabiduría que estiman hace referencias metafóricas al cuidado de jardines. Muchos fueron los reputados personajes que se hipnotizaban con lo que no entendían y afanosamente buscaban soluciones políticas a los enredos que ellos mismos habían generado. El cuadro de este escrito de ficción resulta que puede fácilmente trasladarse a la no ficción, esto es, a lo que se vive hoy en muchos ambientes políticos en los que los figurones del caso presumen conocimientos que no tienen ni pueden tener puesto que éstos se encuentran dispersos y fraccionados entre millones de personas. Las pretendidas directivas de gobernantes megalómanos, concentran ignorancia al cerrarle las puertas a los procesos abiertos y competitivos compatibles con la sociedad abierta.

No tiene desperdicio la entrevista del jardinero con el presidente estadounidense quien concluye después de la reunión: “tengo que admitir que lo que acabo de escuchar es lo más refrescante y optimista que me han dicho en mucho tiempo” a raíz de la descripción de las estaciones de verano, otoño, invierno y primavera que había realizado con la mayor inocencia aquella persona que no tenía contacto alguno con el mundo exterior como no sea a través de la televisión.

Todo el clima de los burócratas instalados en Washington DC se traduce un una sátira a la política cuyo establishment en verdad ha perdido contacto con la realidad. Las reflexiones de quien se ocupa de cultivar un jardín están formuladas de modo literal pero, como decimos, los receptores del mensaje, acostumbrados a complicar las cosas, lo entienden como consideraciones alegóricas.

Kosinski intenta con éxito subrayar la simpleza de las cosas y el afán de los burócratas por estrangular los hechos hasta convertirlos en fenómenos irreconocibles e imposibles de abordar. No son capaces de entender que, igual que en un jardín, de lo que se trata es de cuidar, preservar y no desnaturalizar ni pervertir en el contexto de una superlativa presunción del conocimiento que ubica a los gobernantes en una posición de pretendida omnisciencia (y omnipotencia).

Este encuadre que efectúa el autor comentado, puede extenderse a otras áreas como el arte moderno donde también los impostores encajan construcciones que igual que la música confunden el ruido con melodía al exhibir adefesios que en nada reflejan standards de excelencia, con la complicidad de algunos snobs y timoratos que declaran que son obras “demasiado complejas” como para que las entienda una mente normal.

Estos comportamientos tortuosos aplicados al campo político hacen mucho daño desde el momento que apuntan a colocar a algunos iluminados en pedestales y el resto de los mortales como súbditos obedientes que deben admirar y aplaudir los tejes y manejes sobre las vidas y las haciendas ajenas, en lugar de abrir las puertas y ventanas de par en par al efecto de que las relaciones libres y pacíficas administren lo que les concierne.
En su libro La visión cuántica del universo Jacques Rueff dice que no alcanza a comprender como muchas veces se necesitan microscopios para diferenciar variables continuas de las discretas en pequeñas partículas y, simultáneamente, se trata lo que es a todas luces evidente: el ser humano separado de lo colectivo pero, sin embargo, se lo trata como parte de una masa indiferenciada y se lo administra como manada. Esto es así para obtener poder y funcionarios y reparticiones que lo secunden. Si las cosas fueran simples, sería simple el aparato estatal y no se justificaría tanta pompa ni tanto presupuesto. A su vez, como escribe Erich Fromm en El miedo a la libertad, los gobernantes requieren toda la parafernalia que rodea a los poderosos al efecto de encubrir el vacío existencial y la debilidad de quienes están incrustados en el trono y que deben encadenarse a la multitud dominada sin la cual se desploman.

El escritor polaco al que nos referimos ha dejado en muchos de sus trabajos un testimonio de gran valor que seguirá influyendo en las generaciones futuras como un grito de libertad y respeto recíproco.  En la novela de marras, la ternura y la bondad del jardinero contrasta abiertamente con sus anfitriones que solo buscan aumentar su poder en detrimento de sus congéneres. Como tantos otros casos, también mostró en lo personal la acogedora atmósfera que brinda la sociedad abierta que permite y estimula a quienes se esfuerzan para alcanzar éxitos resonantes.

En realidad, el trasfondo de la ironía y la comicidad en la novela de Jerzy Kosinski respecto a la política y los políticos se sustenta en la maleabilidad de las muchedumbres y en su fanatismo. Gustav Le Bon lo subraya en su Psicología de las multitudes cuando apunta la incapacidad de juicio crítico y razonamiento en la aglomeraciones humanas donde “lo que se acumula no es el talento sino la estupidez” porque “en el alma de las muchedumbres lo que siempre domina no es la necesidad de libertad sino la de servidumbre”…tal vez se necesiten más voces fuertes como las de los Émile Zola para acusar a los impostores, de frente y sin tapujos ni doble discurso.

 Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía, Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y fue profesor y primer Rector de ESEADE.