Individualismo, egoísmo, colectivismo y altruismo (2º Parte)


Por Gabriel Boragina. Publicado en:
http://www.accionhumana.com/2021/10/individualismo-egoismo-colectivismo-y_0445745661.html

‘’Platón sugiere que si no se puede sacrificar los intereses propios en aras de los de todos, entonces se es egoísta, Pero una mirada a nuestra pequeña tabla nos mostrará que las cosas no son así. El colectivismo no se opone al egoísmo, ni tampoco es idéntico con el altruismo. El egoísmo colectivo o de grupo, por ejemplo, el egoísmo de clase, es cosa muy común (Platón lo sabía muy bien), y esto muestra con bastante claridad que el colectivismo propiamente dicho no se opone al egoísmo. ’’[1]

           En lo anterior Popper da por sentado el carácter restringido de la voz egoísmo como excluyente del altruismo. Para nosotros –como hubiéramos explicado otras tantas veces- egoísmo es sinónimo de interés propio, y dentro del propio interés no se encuentra solamente la persona de uno mismo sino también otras personas (familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo o estudios, etc.).

En consecuencia, y como partidarios del sentido amplio, incluimos dentro de egoísmo también al altruismo, porque todo aquello que a ojos de un tercero puede implicar el sacrificio de una persona (o de sus bienes) por otra, esta motivado en un acto de propio interés, es decir, egoísta. Por eso, decimos que el egoísmo puede ser altruista o no altruista en la medida que el acto de alguien tenga por mira satisfacer una necesidad para sí o para otros. Este parece ser el sentido que le dan a la palabra autores como Ludwig von Mises. En cambio, la perspectiva de Popper es parecida a la de Ayn Rand en cuanto a la oposición (y antagonismo) entre egoísmo y altruismo. En lo demás, claramente, la filosofía de Popper tiene pocos puntos en común con la de Rand.

En el sentido indicado en el párrafo anterior, podríamos decir que Popper describe (en la cita precedente) el egoísmo no altruista de nuestra clasificación. En el caso, la aplica al grupo (con bastante acierto a nuestro modo de ver). Es el egoísmo que tiene por objeto satisfacer las necesidades exclusivamente del propio grupo que, en última instancia, se van a reducir a las del líder o líderes del grupo y su entorno de privilegiados como en toda organización colectiva se pueden apreciar.            

Paradójicamente desde esta perspectiva, la actividad de los miembros del grupo van a terminar beneficiando (en proporciones mayores a un cincuenta por ciento) a sus líderes, con lo cual -en la nomenclatura convencional- concluirían siendo acciones altruistas que -como resultado- beneficiaran el egoísmo de los jefes del grupo o colectivo.

En realidad, no solo el colectivismo no se opone al egoísmo sino que nada se le opone, en la inteligencia que toda acción es egoísta, según la entendemos nosotros y hemos explicado arriba.

Cuando Marx proclama que los proletarios deberían unirse para combatir a los burgueses y arrebatarle todo el capital, estaba proponiendo lo mismo: satisfacer el egoísmo proletario poniéndolo por encima del egoísmo burgués. Pero la lucha contra el egoísmo es vana si lo concebimos de la manera en que lo hemos propuesto.

‘’Por otra parte, un anticolectivista, esto es, un individualista puede ser, al mismo tiempo, un altruista; puede hallarse pronto a hacer sacrificio si éstos ayudan a otros individuos. Dickens es tal vez uno de los mejores ejemplos de una actitud semejante. Sería difícil decir qué es en él lo más fuerte, su apasionado odio al egoísmo o su apasionado interés en los individuos, con todos sus defectos y debilidades; y esta actitud se combina en él con cierta antipatía o aversión no sólo hacia lo que llamamos hoy cuerpos colectivos, sino incluso ante el auténtico altruismo, si éste se halla dirigido hacia grupos anónimos y no individuos concretos. (Recuerde el lector a Mrs. Jellyby en Bleak House: «una dama consagrada a los deberes públicos».) ’’[2]

Recordemos la terminología y la diferencia entre la que usamos nosotros y la que le da el autor citado. Un egoísta (en la nuestra) también puede ser altruista, algo que sería inaceptable tanto para Popper como para Ayn Rand. Con todo, esta última autora, en varios de sus escritos, y en los de su discípulo Nathaniel Branden, suele diferenciar entre dos tipis de egoísmo: uno racional y otro irracional. El primero parece tener bastante semejanza con nuestro egoísmo altruista, en tanto el segundo con el (también nuestro) no altruista. Pero para no salirnos del tema (que, en definitiva, es individualismo vs colectivismo) tenemos en claro que un individualista puede ser (en la nomenclatura de Popper y de casi todo el mundo) egoísta o altruista. En cambio, para Ayn Rand el individualista siempre es egoísta y es esto lo que lo diferencia de un altruista como marca distintiva.

Si todos somos -en el fondo- egoístas ¿qué diferencia entonces al individualismo del colectivismo? Creo que entre las muchas respuestas que ya hemos dado en distintas partes, sobresale la siguiente: el individuo es real, el colectivo es ficticio. El individuo puede ser percibido sensorialmente, en tanto que el colectivo no.

Si –por caso- en un determinado lugar hay cinco o diez personas reunidas, un colectivista dirá que allí hay un grupo o colectivo reunido, en tanto que un individualista expresará lo primero: que allí hay cinco o diez personas. Este último describe literalmente lo que ve (y que cualquiera normalmente puede ver). Aquel otro narrará en palabras algo que sólo es un concepto que alberga en su mente y al que quiere darle entidad propia como si fuera real físicamente.

‘’Creo que esos ejemplos bastarán para explicar claramente el significado de nuestros cuatro términos y demostrar que cualquiera de ellos puede combinarse con cualquiera de los dos términos incluidos en la otra columna (de lo que resultan cuatro combinaciones posibles). De ese modo, es sumamente interesante comprobar que para Platón -y para la mayoría de los platónicos- no es posible la existencia de un individualismo altruista (como, por ejemplo, el de Dickens). ’’[3]

           Paradójicamente, la postura de Ayn Rand viene a coincidir con la de Platón, ya que aquella también reputa imposible un individualismo altruista. Porque para ella, el individualismo o es egoísta o no es. En tal sentido nos resulta más razonable la posición de Popper.


[1] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidós. Surcos 20. pág. 115-116

[2] Popper, K. R. Ibídem.

[3] Popper, K. R. Ibídem.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE. Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero. Síguelo en  @GBoragina

«Le dije a Milei que si se usa lenguaje soez no se puede hablar de batalla cultural»

Entrevista a Alberto Benegas Lynch (h) Publicada el 22/10/2en: https://www.perfil.com/noticias/periodismopuro/alberto-benegas-lynch-h-le-dije-a-milei-que-si-se-usa-lenguaje-soez-no-se-puede-hablar-de-batalla-cultural-por-jorge-fontevecchia.phtml

El líder libertario lo definió como el pensador liberal más importante de la Argentina. De amplísima trayectoria académica, explica cómo las ideas en contra del dirigismo estatal fueron permeando en la sociedad y se transformaron en parte de la agenda y el debate. Si bien marca matices en las formas, dice que discutir la relación entre libertad y Estado es una tarea que requiere argumentos sólidos, que pregnan cada vez más en la juventud.

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Izquierda. “En la Revolución Francesa los que se sentaban a la izquierda del rey lo hacían para mostrar su oposición al poder. Pero con el transcurso del tiempo, las izquierdas adhirieron al uso del monopolio de la fuerza para dirigir los rincones más preciados de la vida del ser humano”. | MARCELO DUBINI

Cuando se busca un nombre en Google, aparecen siempre personas relacionadas. En su caso son Javier Milei, Juan Bautista Alberdi y, paradójicamente, Alberto Fernández. ¿Hizo el experimento? ¿Cómo lo explica?

—Me llama poderosamente la atención este tercer nombre. No lo tenía registrado.

—Una definición suya que se tornó clásica es: “El liberalismo es el respeto irrestricto por el proyecto de vida de los otros”. ¿Es más filosófica, más política, que económica?

—La fabriqué en uno de mis primeros libros y tengo la satisfacción que algunos intelectuales que aprecio la repitieron. Da en el eje central o en la columna vertebral de la tradición liberal. La prueba de fuego es cuando no compartimos el proyecto de vida del vecino. Más aún; nos puede resultar repugnante, pero si no hay lesión de derechos, tenemos que respetar el proyecto de vida de otros. De lo contrario, se hace invivible si todos levantamos el dedo e imponemos o intentamos imponer nuestro proyecto. Es una buena definición para la cooperación social. Respeto viene de respectus: la idea de consideración. No quiere decir adherir: implica considerar o respetar.

—¿Cómo analiza la tendencia a la polarización en los medios, regida por los insultos y la intolerancia?

—No me gusta levantar la voz y los insultos; no son conducentes. Pero estoy atento a las argumentaciones. Quiero rendir un sentido homenaje a muchos periodistas independientes. Sé que usted está pensando que periodismo independiente es una redundancia bastante grosera. Pero en el mundo que vivimos vale el adjetivo. Lamentablemente hay muchos fantoches que adhieren incondicionalmente a los abusos del Leviatán. No tienen las características del periodismo: estar permanentemente atento a la protección de los derechos de la gente. Muchos periodistas, a pesar de que algunos de ellos vienen de tradiciones de pensamiento muy distintas a la liberal, hacen una faena extraordinaria para mostrar los abusos del poder y sus peligros para el bienestar de la gente, los más necesitados.

—En su libro “Fundamentos de análisis económico”, usted comienza con una cita de Jorge Luis Borges: “El más urgente de los problemas de nuestra época, ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer, es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo”. Y en “Otras inquisiciones”, donde está la frase es un texto de 1952, en pleno gobierno peronista. ¿Cómo era aquel peronismo comparado con el de hoy?

—En la tradición constitucional del liberalismo desde la Carta Magna inglesa de 1215 en adelante, la idea era y sigue siendo poner límites al poder. Sin embargo, hay un cambio, no solo en la Argentina, si observamos el nacionalismo y la xenofobia en Europa y los desatinos de las dos últimas administraciones en el baluarte del mundo libre, Estados Unidos. Uno de mis libros se llama Estados Unidos contra Estados Unidos, publicado originalmente por el Fondo de Cultura Económica. Allí señalo ese declive fenomenal respecto de los padres fundadores. La idea era poner límites al poder. Las reformas constitucionales en gran medida pretenden cartas blancas al poder para que los megalómanos de turno hagan lo que quieran con la vida y la hacienda ajena. Un ejemplo digno de Woody Allen es lo que ocurrió en la época de Rafael Correa en Ecuador con la Asamblea Constituyente. Sugirieron incluir un artículo que garantice el derecho al orgasmo de las mujeres. No prosperó, pero lo sugirieron. Lo mismo digo para la Constitución de Brasil, no ésta, son tres anteriores: tenía un inciso que establecía cuál debería ser la tasa de interés en términos reales.

—Mario Vargas Llosa y otros pensadores liberales y conservadores sostienen que hay que dar una batalla cultural contra la superioridad moral de las izquierdas. ¿La izquierda se quedó históricamente con la moral y la derecha con la eficacia?

—En este asunto semántico hay gustos para todos. No me gusta esto de hablar de izquierda, derecha, arriba, abajo, al costado o al frente. Son términos confusos. La expresión “derecha” me suena conservadora y fascista. Conservador en el peor sentido de la expresión, no como el que quiere conservar la vida, la libertad y la propiedad. Conservador como quien no puede salir de las telarañas mentales del statu quo y concebir algo nuevo. Si hubiéramos seguido así, nuestros ancestros no hubieran pasado del garrote y nunca hubiéramos aceptado el arco y la flecha porque era algo novedoso y nadie lo había aplicado antes. Las izquierdas en alguna medida traicionaron. En la Revolución Francesa los que se sentaban a la izquierda del rey, lo hacían para mostrar su oposición al poder. Pero con el transcurso del tiempo, las izquierdas adhirieron a las botas, al uso del monopolio de la fuerza para dirigir los rincones más preciados de la vida del ser humano. En la Argentina y en otras partes estamos todavía con el tema de los controles de precios. Hace 4 mil años, de la época de Hammurabi, ya fracasó. Todavía los ensayamos como si fuera una cosa nueva. Hay debates muy interesantes en otras direcciones a los que no les podemos prestar atención porque estamos como absorbidos por la misma calesita y repetición de errores.

—¿Cómo definiría entonces al pensamiento liberal?

—Una pregunta muy interesante. Entiendo ideología en el sentido más generalizado de la expresión, no en el sentido inocente del diccionario sobre conjunto de ideas, ni siquiera en el sentido marxista de “falsa conciencia de clase”, sino como algo cerrado a lo que es imposible de penetrar. Debajo de mi computadora, tengo un letrero muy grande que es el lema de la Royal Society de Londres que dice nullius in verba, esto es “no hay palabras finales”. No es un puerto, es una navegación. Es lo gratificante y estimulante del proceso de aprendizaje. Una vez más, cabe volver a Popper, reducir la ignorancia fenomenal en este mar de ignorancia para tratar de pescar pequeños trozos o de tierra fértil en qué apoyarnos.

Alberto Benegas Lynch (H), en la entrevista con Jorge Fontevecchia.

—En esta misma serie de reportajes, el intelectual europeo Loris Zanatta dijo que gran parte del populismo latinoamericano se sostiene en las ideas jesuíticas que representa el papa Francisco. Y, un poco en broma, otro de los entrevistados de esta misma serie de reportajes, Gianni Vattimo, el filósofo italiano, señaló que de existir hoy una internacional comunista vigente la debería liderar el papa Francisco. ¿Cuál es el vínculo entre el catolicismo y antiliberalismo en Sudamérica?

—Muy jugosa esa pregunta. Soy amigo de Loris Zanatta y le tengo un gran aprecio. Desde que asumió el papa Francisco hay un permanente ataque al concepto de la propiedad. En Evangelii Gaudium habla de “un sabio de la Antigüedad” y se refiere a San Juan Crisóstomo, quien decía que a los necesitados, a los pobres, hay que entregarle los recursos porque no nos pertenecen, les pertenecen a ellos. San Juan Crisóstomo fue un rabioso antisemita. Decía que las sinagogas eran el domicilio del demonio y que no habría que perdonarlos. Francisco dice que el mercado mata sin percatarse que en el Vaticano cotidianamente están en el proceso de mercado para comprar todo lo que necesita. Subrayo, el mercado es un proceso, no un lugar ni una cosa. Todos somos el mercado. El Papa dice que el dinero es el estiércol del diablo, sin percatarse que existe el Banco del Vaticano. Hay una serie de contradicciones con su redistribucionismo, por supuesto de otros. Lamentablemente no presta atención a los Mandamientos de no robar y ni codiciar los bienes ajenos. Descuento que el Papa tiene la mejor de las intenciones. Pero lo que importa son los resultados. Hace un gran daño con sus consejos. Acaba de publicar un tuit diciendo que las empresas alimenticias deben abstenerse de hacer ciertas cosas porque la gente se muere de hambre, sin percatarse que la forma de ayudar a la gente es liberar la energía creativa para una mayor producción. El Papa con toda razón se preocupa por los náufragos y quienes salen desesperados de distintos países, pero no hace zoom en que en los países donde la gente huye son esos que siguen la receta de sus consejos.

—En un artículo suyo reciente, en este caso de “El País” de Uruguay, usted rescata la performance electoral de Javier Milei de la siguiente manera: “Más allá del recuento de los votos, lo relevante es no solo haber pasado el mensaje vigoroso y sin concesiones en el terreno político, sumamente debilitado en el plano político desde hacía décadas y décadas. Un campo absorbido por el estatismo de diversos colores en el interregno liderado por los meritorios esfuerzos de Álvaro Alsogaray, sino por haber sido responsable de haber corrido el eje del debate en un mundillo de la política y modificarlo”. ¿Cómo compararía las figuras de Álvaro Alsogaray y Javier Milei?

—Le agradezco esa referencia. Milei puso sobre el tapete un discurso y un lenguaje que hacía tiempo no se escuchaba. Por Alsogaray tuve gran respeto y consideración. Recuerdo que después de una sesión en la Academia Nacional de Ciencias Económicas tuvimos una conversación larga, la última que tuve con él. Fue muy afectuoso. Hizo de punta de lanza para estas ideas en el medio argentino. Las comparaciones no son simpáticas ni pertinentes. Son dos épocas distintas. En el lenguaje de hoy, en temas monetarios, fiscales, laborales, de comercio exterior, institucionales, incluso de aspectos fundamentales como el homicidio en el seno materno mal llamado aborto, el tratamiento de Javier Milei es de una profundidad mucho mayor. En ese artículo hablo de una reunión que tuvimos con Javier Milei en la Universidad de Belgrano. Uno de mis hijos que estaba me comentó que estaba impresionado por lo que escuchaba del debate en el baño de los chicos respecto de Friedrich Hayek o Ludwig von Mises. El aula magna estaba llena, había aulas paralelas con pantallas; pero más que el grosor de la audiencia, me llamó mucho la atención el contenido de las preguntas porque revelaban que atrás había mucha biblioteca.

—Usted mencionaba el agradecimiento de los liberales a Milei, pero dijo: “Pero no estoy para nada de acuerdo con alguno de sus modos. Creo que nunca se justifica. Pueden denunciarse con énfasis maniobras y zancadillas y refutarse con vigor argumentos estatistas, pero no recurrir al lenguaje soez, puesto que estamos hablando de una batalla cultural. Y una manifestación cultural comienza por los modales”. ¿Ese estilo de Milei también le suma adherentes?

—Creo que no, pero es una conjetura. El eje central de la batalla cultural es transmitir valores de respeto recíproco. Por tanto, no es apropiado el uso de improperios. Esto no es para cargar tintas con Javier Milei. Como es de público conocimiento, el insulto está bastante generalizado, lamentablemente. No uso improperios públicamente, no porque no tenga imaginación; de hecho, muchas veces se me ocurren cosas muy creativas en esa línea. No lo hago porque no quiero contribuir a que nuestro medio se convierta en una cloaca. Si todos utilizamos el lenguaje soez, no tenemos argumentos para hablar de batalla cultural. Hay que subir la vara y una forma son los modales. Desde luego que lo importante es el contenido y no las formas, pero las formas hacen al fondo. Es algo que comenté con Javier publica y privadamente.

—¿Si la ex Unión Soviética hubiera tenido computadoras como las del futuro, un sistema de economía planificada hubiera podido tener el mismo nivel de eficiencia en la información que brinda el mercado como sistema de comunicación?

—Dividiría ese interrogante en dos capítulos. El primero elaborado por Thomas Howell, un economista, profesor en Stanford, que acaba de cumplir 90 años. Dice que el tema no es que las computadoras tengan mayor memoria o mejor tecnología. El tema es que antes de actuar no está disponible la información. Solo la información se revela ex post y, al revelarse ex post, si se hace en libertad, hay esta información que decíamos antes a través del sistema de precios. Hay un periodista estadounidense de Fox News, que dice que imaginemos un trozo de carne envuelto en celofán en una góndola en un supermercado. Ahora, los invito a que cerremos los ojos y vamos en regresión para atrás. Nos imaginamos el agrimensor que está haciendo cálculos en los distintos espacios y terrenos, los alambrados, los postes. Tengamos en cuenta que solo los postes a veces tardan 10, 20 y 30 años entre la siembra y la tala. Imaginemos las cartas de crédito en los transportes, las empresas para hacer esos transportes. Luego nos imaginemos los tractores, los pesticidas, las cosechadoras, los caballos, las riendas, las monturas, los peones, el ganado. Cientos de miles de personas cada uno ex post ocupándose de su misión específica sin entender ni saber qué está ocurriendo en otros lados y a través del sistema de precios aparece el trozo de carne en la góndola envuelto en celofán en el supermercado. Llegan los dictadorzuelos de nuestra época y dicen que no se puede dejar a la anarquía del mercado. Tenemos que controlar, y en lugar de información dispersa y fraccionada a través del sistema de precios, concentran ignorancia. No hay carne, celofán, no hay góndola y eventualmente no hay supermercado, como en el caso venezolano. No es un tema de tecnología. Además, hablamos de memoria de la computadora, está mal dicho. La computadora no tiene memoria. La memoria es un atributo del ser humano. Nuestros abuelos o bi-sabuelos, según la edad que tengamos, hacían un nudo en el pañuelo para recordar algo. Nadie en su sano juicio hablará de la memoria fenomenal del pañuelo. El ser humano es quien computa, la computadora no. Son impulsos eléctricos consecuencia de un programa. El segundo capítulo vuelve a Mises. En el año 1920, Mises demostró la imposibilidad del socialismo desde el punto de vista económico. Cuando se elimina la propiedad, los precios, que son una manifestación de transacciones de propiedad, no se sabe literalmente si conviene construir los caminos con asfalto o con oro. Si dijera que con oro es un derroche, es porque recordó los precios relativos antes de eliminar la propiedad. Pero eliminada la propiedad, no hay forma de asignar recursos, de economizar. Entonces importa un bledo la tecnología, que ha hecho, sigue haciendo y hará mucho más maravillas. Como decía Sowell, no está disponible la información, de manera que no importa la tecnología, ni la velocidad, ni la mal llamada memoria. Entonces, sin necesidad de llegar al extremo de lo que aconsejaban Carl Marx y Friedrich Engels en el Manifiesto Comunista que toda su filosofía “puede resumirse en un punto; la abolición de la propiedad privada”. Sin llegar a eso, en la medida en que se afecten los precios, se está afectando la propiedad, se están afectando esos indicadores, ese sistema de comunicación y de conocimiento fraccionado y disperso, y por lo tanto, en la medida de la intervención se despilfarra capital. Y el capital es el único, subrayo, el único elemento que permite aumentos de ingresos y salarios en términos reales. Esto es entonces un atentado abierto, potente, al bienestar de la gente, especialmente de los más vulnerables.

—¿Se podría decir que en el socialismo hay una forma de ingeniería social?

—La condición humana nos permite comprender que no somos solo kilos de protoplasma, psique o mente. Un libro me llamó poderosamente la atención, otra vez de Karl Popper en coautoría con John Eccles, premio Nobel en Neurofisiología. Lleva el título muy ilustrativo que es El yo y su cerebro, para mostrar que una cosa es el cerebro y otra cosa el yo, la mente, los estados de conciencia o la psique. Y hoy hay un avance muy grande de lo que podríamos llamar materialismo filosófico, que Popper bautizó como determinismo físico. Si somos kilos de protoplasma; por lo tanto, no habría posibilidad de revisar nuestras ideas, no había posibilidad de distinguir entre proposiciones falsas y verdaderas, no habría ideas autogeneradas, no tendría sentido, la palabra moral, responsabilidad individual y menos, la libertad. No quiero hacer cosas ad hominem. Pero voy a hacer una excepción y mencionar a Eugenio Zaffaroni, el ex miembro de la Corte Suprema. Lamentablemente, creo yo, tuvo mucho peso en la Universidad de Buenos Aires en la rama del derecho penal. Es partidario del determinismo, del materialismo filosófico. Por eso dice, con razón porque es un silogismo acertado, decir que no hay que detener a los delincuentes porque no son responsables de sus actos. Ahora, el problema es la premisa.

 La premisa está mal. Por eso recomiendo muy enfáticamente El yo y su cerebro del que ya hablé, y varios otros libros en la misma línea de dos autores y de muchos otros que dan la explicación que el centro de la condición humana es el libre albedrío. Y donde hay determinismo físico, hay materialismo filosófico, no hay libre albedrío y se anuló la condición humana, la más preciada de todos los seres conocidos, subrayo conocido porque no sabemos de extraterrestres. Tenemos esa bendición y esa capacidad de elegir y de preferir. Hayek sostiene que la libertad en el contexto de las relaciones sociales se refiere sola y exclusivamente a la ausencia de coacción de otros hombres. No tiene sentido la extrapolación a la física y la biología al decir “yo no soy libre de bajarme de un avión en pleno vuelo” o “no soy libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias”. No tiene que ver con la libertad en las relaciones sociales, que es la ausencia de coacción de otros hombres.

—¿Qué diferencia hay entre la libertad positiva y la negativa?

—La libertad negativa es a la que quiero suscribir, porque la mal llamada libertad positiva es en realidad la oportunidad. Todos venimos de las cuevas y de las miserias más espantosas. La forma de pasar de una situación de mayor pobreza a menor, es otra vez el respeto recíproco y el clima de libertad. Nuestros ancestros no tenían la oportunidad de hacer una serie de cosas que nosotros podemos hacer. Pero no quiere decir que ellos eran esclavos y nosotros libres, porque deberíamos concebir que solo es libre el multibillonario, que incluso no es del todo libre porque no puede comprar la luna. Eso es un disparate. Me parece terminológicamente que Murray Rothbard en La ética de la libertad, muy bien traducido al castellano dicho sea de paso, tiene esta elaboración sobre la llamada libertad positiva.

—¿Es reducible la economía exclusivamente a la mera maximización u optimización del cálculo matemático utilitarista?

—El sentido de las palabras puede confundir. Cuando se habla de utilitarismo hay cierto tufillo a lo material. Y las cosas más importantes de la vida no están vinculadas a cuestiones matematizables ni materiales; son fruto de satisfacciones espirituales. Esto va completamente a contramano de la visión neoclásica y también marxista. Si uno ve ese tratado de economía fenomenal, Acción Humana abarca todos los aspectos. Otra vez: la cuestión praxeológica, que no es la parte cataláctica de lo referido a unidades monetarias. Tal vez lo más importante del ser humano no está referido a unidades, a unidades monetarias. Hay algunos colegas que al abusar del instrumento matemático desvían la audiencia de lo que queremos decir de la cooperación social, la división de trabajo y el fin de la vida, que es la felicidad y poder actualizar las propias potencialidades en busca del bien.

—Gottfried Leibniz decía que una cosa es calcular y otra cosa es ponderar: la primera es sobre iguales; la segunda es sobre diferentes. ¿Fue el error que cometió Macri con su célebres planillas de Excel?

—Me parece muy acertada la división entre calcular y ponderar. Hay una diferencia de naturaleza filosófica. Respecto del gobierno anterior, se decía que era gradualista. Desde mi perspectiva no fue gradualista, fue en la dirección equivocada. Ese bailecito pornográfico con la banda presidencial en la Casa Rosada me parece absolutamente antitético con el sistema republicano. También su intención de nombrar a dos ministros de la Corte por decreto, otorgar planes sociales a piqueteros; el aumento del gasto y de los impuestos. Debe tomarse en cuenta la inflación monetaria que terminó en un 50%. Ahora estamos en un guarismo parecido, aunque subrayo, pongo en bastardilla y en letra grande: ese 50% es una inflación reprimida. Cuando se destape la olla y termine con el control en las tarifas y en los precios, la inflación será muchísimo mayor. Como sucede con el Papa. Las intenciones de Macri quizás fueron las mejores, pero lamentablemente su gestión fue deplorable.

—¿Javier Milei escucha su crítica acerca de las formas?

—Recuerdo como si fuera hoy, cuando me invitó a almorzar por primera vez a La Biela en Buenos Aires. Le hice ese comentario, a pesar de que no estaba tan difundida su persona y sus ideas en aquel momento. Me contestó que tenía razón y que lo mismo le decía Ricardo López Murphy. Varias veces hablamos nuevamente del tema y, como digo en este artículo que usted citó de El País, creo que la indignación respecto de zancadillas y respecto a encerronas y trampas y la necesidad de ser muy enérgico para combatir el estatismo, no justifica para nada la introducción de esos modales. Pero subrayo el aprecio y el deseo que pueda tener éxito.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

SANTO TOMÁS Y EL MÉTODO HIPOTÉTICO-DEDUCTIVO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 12/9/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/09/santo-tomas-y-el-metodo-hipotetico.html

(De mi libro Judeo-Cristianismo, Civilización Occidental y Libertad).

 Aunque Santo Tomás no haya hecho adelantar al paradigma científico de su tiempo, el sistema Ptolemaico, deja abierta la puerta “a otras posiciones” que logren explicar “las apariencias de los cielos”. O sea, un adelanto del método hipotético-deductivo explicado por Hempel y Popper.

          Un texto habitualmente olvidado es In Boethium De Trinitate, Q. 6a a. 1, donde Santo Tomás se pregunta si está bien la clasificación aristotélica de las ciencias especulativas en Filosofía Primera, Matemáticas y Física. Cuando llega a la Física, hace una sorprendente distinción, entre preguntas que la Física (de Aristóteles, o sea, la Física para su tiempo, unida al paradigma ptolemaico) puede contestar deductivamente a partir de primeros principios, y por ende con certeza, y otras que no. Las primeras corresponden a las conclusiones de lo que hoy los tomistas cultivan como la Filosofía de la Naturaleza de Santo Tomás, o sea sus comentarios a nociones aristotélicas como materia y forma, cuerpo, movimiento, espacio (como cantidad del cuerpo), etc., que por supuesto están comprendidas desde su perspectiva cristiana. En las segundas (y ahora citemos directamente a Santo Tomás) “… la inquisición (pregunta) de la razón no puede llegar al término antedicho sino que permanece en ella; por ej. cuando se pregunta y queda en suspenso a distintas respuestas, lo cual acontece cuando se procede por razones probables que producen por sí opinión o creencia, pero no ciencia[1]”.

Por supuesto, esto no implica que Santo Tomás se haya introducido en los debates actuales sobre la probabilidad[2], pero sí que advierte que a veces la razón humana no puede responder con certeza a ciertas preguntas, y que si responde son explicaciones no necesarias que quedan abiertas a otras explicaciones. Me dirán: pero dice que ello es opinión, no ciencia. Si, ello es conforme al uso griego habitual de “episteme” como conocimiento riguroso, “pero” lo más sorprendente es el ejemplo que da de un razonamiento así, donde menos lo esperaríamos. Está comenzando Santo Tomás el tratamiento de la Trinidad en la Suma Teológica, y se hace a sí mismo –como es habitual en el método escolástico de las sumas– una objeción: por qué otros pueblos han imaginado cosas parecidas a la Trinidad. A ello contesta que los seres humanos pueden a veces imaginar ciertas cosas, que no son necesarias, por supuesto, ni reveladas, por el otro lado. ¿Y cuál es el ejemplo? Un aspecto importante del paradigma astronómico de la época, el ptolemaico, que era un paradigma científico en términos de Kuhn. Veámoslo: “…Existen dos clases de argumentación: una, para probar suficiente y radicalmente una aserción cualquiera, como en las ciencias naturales se prueba que el movimiento del cielo es uniforme en su curso; y otra, para justificar, no un fundamento, sino la legítima deducción de las consecuencias o efectos en íntima conexión con una base (positae ) ya admitida de antemano. Así en la astrología se da por sentada la teoría de las excéntricas y de los epiciclos, porque por ella se explican algunos de los fenómenos sensibles (salvari apparentia sensiblia) que se observan en los movimientos de los cuerpos celestes: mas este género de argumentación no es satisfactoriamente demostrativo; porque a una hipótesis (positione) se pudiera sustituir otra, que explicase acaso igualmente la razón de tales hechos” (facta salvari potest).[3]

Observemos: “…otra, (o sea, otro tipo de argumentación) para justificar, no un fundamento (no algo con certeza tipo primeros principios), sino la legítima deducción de las consecuencias o efectos (deducción a partir de una hipótesis) en íntima conexión con una base (positae(o sea una hipótesis) ya admitida de antemano (o sea a priori).”

Y el ejemplo es (nuestro comentario irá en negrita): “…Así en la astrología (la astrología y la astronomía no se distinguieron sino hasta Kepler inclusive) se da por sentada la teoría de las excéntricas y de los epiciclos, (los epiciclos eran lo que hoy llamamos una hipótesis ad hoc para explicar la retrogradación de los planetas en el sistema ptolemaico) porque por ella se explican algunos de los fenómenos sensibles (o sea, con esa hipótesis ad hoc se explica el aludido movimiento observado, que para Santo Tomás es como aparecen los cielos, pero no la certeza de cómo son) (salvari apparentia sensiblia) que se observan en los movimientos de los cuerpos celestes: mas este género de argumentación no es satisfactoriamente demostrativo; porque a una hipótesis (positione) se pudiera sustituir otra, que explicase acaso igualmente la razón de tales hechos” (o sea, una determinada hipótesis se puede sustituir por otra mejor: de hecho ESO es lo que hizo Copérnico cuando retomó la hipótesis de Aristarco para explicar mejor la retrogradación de los planetas) (facta salvari potest).

Por lo tanto, el ejemplo que da Santo Tomás del método hipotético deductivo no sólo corresponde al principal paradigma científico de la época, sino que incluso corresponde a lo que hubiera permitido dejar como perfectamente opinable la tesis de Copérnico como también la de Ptolomeo, lo cual hubiera sido muy útil en el conflicto con Galileo (Santo Tomás, contrariamente a Andreas Ossiander, no consideraba “otras hipótesis” –como la posterior de Copérnico– como una mera hipótesis matemática). Por lo demás, cuando dice “opinión y no ciencia” ello es totalmente compatible con Popper, para el cual la ciencia no es certeza, sino doxa.[4] Eso sí: una doxa cuyo método es conjeturas y refutaciones. O sea, la cuestión no pasa en Popper por la distinción entre certeza y doxa, sino por una doxa metódica y otra que no. Por ende si Santo Tomás ha descubierto una doxa dentro del paradigma científico de su tiempo, ello es un signo de acercamiento con la noción actual de ciencia en Hempel y en Popper con el método hipotético-deductivo.


[1] La traducción es de Celina A. Lértora Mendoza en Tomás de Aquino, Teoría de la ciencia, Buenos Aires, Ediciones del Rey, 1991.

[2] Sobre esta cuestión, dice Celina Lértora Mendoza (op. cit.): “Por su parte “probabilis” también presenta problemas (Cfr. Th. Deman “Notes de lexicographie philosiophique médiéval: Probabilis”, Rev. Science. Phil. Et Theol, 1933, pp. 260-290). Según las acepciones del Glossarium Du Cange (T.V., in voce), significa: 1) rectus – bonus – approbatus; 2) praestans-insignis; 3) habilis-idoneus; 4) probus-legitimus. En el s. XIII, reciben ese nombre los sabios y sus doctrinas (p. 261). Santo Tomás lo usa habitualmente como opuesto a “demostrativo” aunque este uso no es general en su tiempo, salvo cuando se hace referencia a la correspondiente modalidad aristotélica. En un sentido más amplio, también lo usa como sinónimo de contingente, y como tal, es lo que escapa a la legalidad científica (p. 267). En cambio, Kildwardby llama “scientia probabilis”, la que procede por pruebas racionales (cfr. De Ordo Scientia, cap. 2) y en ese sentido se acerca en parte al uso tomista de “probabilis” como hipótesis que da razón de ciertos hechos, como la teoría de los epiciclos (p. 275). En resumen, el uso medieval del vocablo no es contante, pero en sentido general su significación implica la convicción de que todo no es igualmente cognoscible, y está vinculado a una concepción del método científico: la verdad es necesaria, pero puede conocerse por varias vías, algunas de las cuales pudieron comenzar como probables. No es que tal cosa sea probable, sino que se opina tal cosa con probabilidad (p. 287-290). Nota al pie nº 50, p. 41.

[3] Tomás de Aquino, I, q. 32, a. 1 ad 2.

[4] Popper, K., The World of Parmenidesop. cit.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

CUBA: HOY, COMO EN EL 2007, COMO SIEMPRE: MENTIRA Y CRUELDAD.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/7/21 en: http://gzanotti.blogspot.com/2021/07/cuba-hoy-como-en-el-2007-como-siempre.html

Toda mi vida he sido un defensor del diálogo y lo sigo siendo. Es más, es uno de mis temas filosóficos de investigación. El diálogo es uno de los logros morales más altos y más nobles. Implica muchas cosas. El abandono, no sólo de la fuerza física, sino también de la lingüística. Estar dispuesto a escuchar los argumentos del otro. Considerar la posibilidad de que uno esté equivocado, aunque sea metódicamente. Comprender al otro: escucharlo desde su perspectiva, su mundo, su horizonte. Entender no sólo lo que dice, sino por qué lo dice. Estar abierto a la crítica. Todo ello es diálogo. Gran parte de la filosofía contemporánea ha colaborado, bajo perspectivas diversas, en este noble ideal. Buber, Levinas, Popper, Gadamer, Habermas. Todos ellos filósofos muy diferentes, pero con una evidente vocación por eliminar del lenguaje –y por ende de la vida- todo rastro de violencia. Y, en todos ellos vive, aunque no lo sepan, el cristianismo, porque el diálogo comienza por la escucha, y la escucha al otro comienza por un acto de misericordia. 

Pero el diálogo supone que la otra parte también dialoga. Como la amistad aristotélica, es una relación recíproca. Uno debe siempre comenzar la actitud de diálogo, pero cuando no hay actitud similar, no cabe el ataque o el insulto, pero sí una prudente retirada. Por caridad, nada más que por caridad. Pero hay ocasiones donde la mentira, la más cruel mentira sobre los más despiadados asesinatos, llega a nosotros, como flechas que no esperábamos en el descampado de nuestra existencia. Reservemos a Dios el juicio último sobre la conciencia de quienes mienten así, pero, lo que queremos decir, es que en esos casos, hay algo que no es diálogo, pero que está plenamente justificado, y a veces es un deber. Me refiero, sencillamente, a la denuncia. 

En ese sentido, la Cuba de Castro y sus secuaces –estoy utilizando las palabras exactas- constituyen, junto con sus partidarios y los silencios cobardes de gobiernos “diplomáticos”, una de las vergüenzas más terribles de toda la historia del s. XX y XXI. Hay muchas vergüenzas más, si, pero al menos fueron denunciadas, y si no, quien escribe no ha callado las vergüenzas de los llamados líderes de Occidente. En este caso, insisto, la denuncia es lo menos que puede hacer quienquiera no haya sido víctima de la propaganda mentirosa de esa banda de delincuentes asesinos. Han fusilado por doquier, sin misericordia, y lo siguen haciendo, a todos aquellos que osaban siquiera pensar diferente. Han sumergido en cárceles inhumanas, y de por vida, a todos aquellos que se interpongan en sus tropelías. Y tienen la osadía, el atrevimiento, de presentarse ante el mundo como líderes democráticos y protectores de los derechos humanos. Estos asesinos pueden andar por el mundo sin recibir ninguna orden de arresto, por parte de jueces que en otros casos no dudarían en absoluto. Y lo peor: son elogiados por gobernantes e intelectuales, cómplices de ese modo uno de los operativos propagandísticos más hipócritas y eficaces de toda la vergonzosa historia de este siglo de totalitarismos y autoritarismos. Dios sabe qué tienen en la cabeza quienes así proceden: si indolencia, cobardía, simple estupidez, ceguera ideológica o la simple desaprensión ante los gritos y llantos silentes de incontables fusilados, torturados, encarcelados o muertos en sus intentos de escapar del infierno. ¡Vergüenza para las naciones occidentales, que cierran sus fronteras a estos refugiados, con EE.UU. a la cabeza! Y los demás, que cierren sus “diplomacias” y les digan, en los foros internacionales, a Raúl Castro, a sus seguidores y a Fidel, vivo o embalsamado, lo que se merecen escuchar: asesinos, delincuentes, no tienen derecho a integrar el concierto de las naciones, son sólo una banda de fanáticos criminales.

 Pero no, no se atreverán. La denuncia profética necesita un fuego que no abunda: la piedad por el perseguido, la rebeldía ante semejante injusticia, y saber correr los riesgos de negarle al delincuente su supuesto derecho a continuar con su injusticia. Que Dios se apiade de las almas de los asesinos, y que se apiade, también, de las almas y los cuerpos de los refugiados, torturados, encarcelados y exiliados, a cuya mirada y existencia van dedicadas estas líneas. 

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* Publicado en LiberPress- Buenos Aires- 16 de Febrero de 2007. Fuente: http://gzanotti.blogspot.com/2010/02/mentira-y-crueldad.html

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Para el momento: buenos consejos de un psicólogo de fuste

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 10/02/21 enhttps://www.infobae.com/opinion/2021/02/13/para-el-momento-buenos-consejos-de-un-psicologo-de-fuste/

Los textos de Nathaniel Branden son un canto a la libertad y al consiguiente respeto recíproco en el contexto de la invalorable institución de la propiedad, los mercados abiertos y gobiernos con poderes estrictamente limitados

Nathaniel Branden

Nathaniel Branden

Se trata de Nathaniel Branden (1930-2014), doctorado en psicología, asesor de centros médicos estadounidenses de primera línea, consultor muy requerido, conferencista en múltiples tribunas universitarias y autor de numerosos ensayos en revistas académicas y libros de gran difusión.

El tema central de este autor remite a la más cuidada y escrupulosa consideración por las autonomías individuales y la consiguiente dignidad del ser humano, tan denostadas en nuestra época que bajo los más diversos pretextos inauditos degradan e invalidan la naturaleza del hombre.

Dado el espacio disponible, resumiré las reflexiones de este autor en cuatro capítulos referidos a sendos territorios sobre los que Branden pone de manifiesto sus consejos y elaboraciones del caso.

Un primer consejo estriba en no separar las emociones de la razón. Este tema lo aborda detenidamente en The Psychology of Self Esteem y lo vuelve a reproducir como apéndice en The Disowned Self. Es común el error de sostener que el ser humano no es sólo razón sino también emoción como si se tratara de dos fenómenos independientes de una naturaleza dual. Pues bien, Branden explica que las emociones son la consecuencia de haber archivado deliberadamente o no en el subconsciente valores y desvalores que orientan las sensaciones de aprecio o rechazo. No podríamos sobrevivir si todo estuviera en el foco de nuestra atención, los archivos subconscientes nos permiten actuar sin esa necesidad al efecto de abrir espacios nuevos para el consciente. Imaginemos la imposibilidad de hablar si cada vez tuviéramos que aprender el idioma o si al jugar al tenis tuviéramos que meditar sobre el resultado de cada tiro. Cuando tenemos la sensación de proximidad o de incomodidad con alguien sea de modo implícito o de manera explícita es debido a nuestra carga anterior de valores y desvalores. La razón entonces juega siempre un rol clave e indelegable.

Un segundo consejo de gran envergadura aparece en “Free Will, Moral Responsability and the Law” publicado en The Libertarian Alternative editado por Tibor Machan, donde refuta magistralmente el determinismo que estima es la meta “más importante en cualquier estudio del hombre” puesto que si el determinismo fuera correcto “ningún conocimiento sería posible para el hombre. Ninguna teoría podría reclamar mayor veracidad que cualquier otra, incluyendo la teoría del determinismo psicológico” y “si el hombre no tuviera libertad de elección, ningún poder sobre sus acciones, entonces la ética y el derecho serían las dos primeras ciencias que debieran abandonarse” ya que “una mente que no es libre de validar sus conclusiones no tiene forma de diferenciar lo lógico de lo ilógico […] una máquina no razona.”

Como una nota al pie consigno que en este contexto del materialismo filosófico irrumpe una inconsistencia en algunos de los escritos de Branden al aludir a la “enfermedad mental” puesto que como, entre muchos otros, señala el médico-psiquiatra Thomas Szasz en El mito de la enfermedad mental, desde el punto de vista de la patología una enfermedad es una lesión de tejidos, células o cuerpos pero las ideas no están enfermas, se trata más bien de desajustes en los neurotransmisores, la sinapsis o temas químicos en general en el cerebro (en este sentido vuelvo a recordar la obra en coautoría del filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en neurofisiología John Eccles que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro).

Un tercer consejo queda estampado en el libro de Branden titulado Taking Responsibility donde señala las contradicciones de Freud, Marx y Skinner (este último referido a su libro que lleva un título en el que abiertamente confiesa su cometido: Beyond Freedom and Dignity). Nathalien Branden escribe en este libro que el “individualismo enseña que la persona tiene el derecho de existir para sí misma. Ve la ayuda a otros como un acto de benevolencia, no como un deber sino como una elección, no como una hipoteca con la que se nació. El colectivismo rechaza la noción de los derechos individuales. No trata al individuo sino a lo colectivo, al grupo, a la tribu como unidades morales a la que el individuo debe subordinarse […]. El individualismo sostiene que la principal responsabilidad que uno debe a otros es el respeto a sus derechos y libertades”. En esta línea argumental es pertinente aclarar que según el diccionario “altruismo” significa hacer el bien a costa del propio bien lo cual es una contradicción superlativa puesto que todos los seres humanos actúan según lo que más les interesa -en verdad una perogrullada o tautología-, de lo contrario no actúa, lo hace porque le interesa proceder en esa dirección, le hace bien ya sea un acto ruin o bondadoso, por lo tanto es imposible actuar en libertad “a costa del propio bien”.

Por último, un cuarto consejo se deduce de su libro Honoring the Self sobre el cual en su momento tuve el gusto de intercambiar correos electrónicos con Branden en los que mostró su generosidad para reiterar algunos conceptos esclarecedores. En ese trabajo el autor despliega toda su potencialidad intelectual para apuntar al valor del interés personal en “la realización espiritual” (“spiritual fulfillment”) y que por tanto la felicidad es el objetivo de todos los seres humanos por lo que “en cada instancia de nuestra vida debemos confrontarnos con la pregunta decisiva ¿debo honrarme o traicionarme?” y “honrar a uno mismo es pensar con independencia, vivir según nos dicte nuestra mente y tener el coraje de nuestras percepciones […] honrarse es vivir con autenticidad y hablar y actuar según nuestras convicciones”. Sigue diciendo que “las personas que más se admiran son aquellas que perseveran en la fe de su visión sin necesidad de la comprensión de otros, sin su aprobación y aplauso, de hecho, la mayor parte de las veces con la oposición y hostilidad de otros”. Todo lo cual no significa caer en “la arrogancia que es la sobredimensión de las propias habilidades” y la incapacidad de escuchar otros argumentos que permiten ensanchar los propios conocimientos y corregir los errados ya que el conocimiento es en última instancia un peregrinar en busca de algo de tierra fértil en donde sostenernos en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos en la mayor parte de los asuntos y lo poco que conocemos lo debemos pulir permanentemente.

El doctor Branden comenzó a interesarse en la filosofía de la libertad a través de Ayn Rand pero finalmente se apartó por razones que no es del caso detenerse en esta nota periodística -una separación que decidió Branden y que produjo una ira tal en Rand que nunca pudo absorber ni comprender, lo cual la condujo a pasar de considerarlo un genio a todo tipo de infundios y de injustificadas descalificaciones. En todo caso consignamos que Rand si bien ha realizado contribuciones muy importantes, tenía un rasgo marcadamente dogmático y aceptaba juicios con ribetes inquisitoriales que la colocaron en una posición anti-Popper en su eje central: negar que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones lo cual, demás está decir, nada tiene que ver con la incoherencia del relativismo epistemológico. En el último de los libros mencionados de Branden subraya que “difiero con ella [Ayn Rand] en una serie de puntos filosóficos” que describe en detalle en “Benefits and Hazards of the Philosophy of Ayn Rand: A Personal Statement” en el Journal of the Association for Humanistic Psychology, todo lo cual no significa para nada desconocer los beneficios que aportan las contribuciones de Rand que bien destaca el autor de marras en ese mismo trabajo y en otros.

En este ensayo y en otras presentaciones Branden -que a juicio de Rand antes de la antedicha separación estimaba que él era “la persona que mejor comprende mi filosofía”- se refiere a Rand en lo que en su opinión tiene rasgos de una “moral destructiva”, que “confunde la razón con lo razonable”, que “no entendió el significado del misticismo a que tanto se refiere”, que “no comprendió la teoría de la evolución”, que “descuidó aspectos psicológicos” que “sus obras contienen elementos contradictorios” y que “no propicia una mente crítica” puesto que, como queda dicho, “propició el dogmatismo”, todo lo cual, como también queda expresado, no significa desconocer sus aportes de inmenso valor si se saben calibrar adecuadamente en manos de quienes detestan el fanatismo de toda especie y son conscientes de la trascendencia de la diversidad y productividad de enfoques en base al respeto recíproco. Para apreciar contribuciones es indispensable dejar por completo de lado lealtades incondicionales, cultos a la personalidad, religiones laicas y sofocantes alabanzas por parte de quienes caen en las trampas y aberraciones de lo mismo que airadamente dicen combatir. La vida intelectual es más pacífica, tranquila e interesante y sabe decantar aciertos y errores propios y ajenos, disfruta de intercambios enriquecedores sin la actitud irracional y tóxica de quienes condenan con dedos levantados y gestos de guerra al más mínimo desplazamiento de sus pequeñas, terminadas, mezquinas y alambradas concepciones y sabe mirar en distintas direcciones sin temor al contagio.

En esta última línea argumental, se han escrito ríos de tinta sobre las antes referidas características que no deben permitir que se pierda de vista el mensaje de libertad en la crucial faena randiana, entre los que cabe destacar el libro por David Kelly The Contested Legacy of Ayn Rand y el ensayo de Murray Rothbard “The Sociology of the Ayn Rand Cult”, y a pesar de las muy saludables influencias de las novelas de Rand para introducir a la trascendencia del individualismo, hay escritores como Mario Vargas Llosa que estima que son “mamotretos narrativos” y “novelas ilegibles” (en “El regreso del idiota”).

En cualquier caso, los textos de Branden son un canto a la libertad y al consiguiente respeto recíproco en el contexto de la invalorable institución de la propiedad, los mercados abiertos y gobiernos con poderes estrictamente limitados a la protección de los derechos que son anteriores y superiores a la existencia del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, a contramano de lo que en gran medida viene ocurriendo donde los gobernantes se constituyen en megalómanos que aplastan derechos. Fue un meticuloso estudiante de Eugen Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises y de los filósofos más relevantes con amplitud de miras de gran fertilidad y provecho -su primer contacto con un filósofo profesional fue vía la lectura de trabajos de Bertrand Russell.

La razón es el instrumento esencial del ser humano, lo cual no quiere decir que la infalibilidad sea la característica de los mortales, por eso resulta tan vital la libertad de expresión a los efectos de maximizar los intercambios y debates de ideas para mejorar, ya que los humanos nunca llegamos a una meta final y estamos siempre en proceso y en ebullición en un contexto evolutivo para incorporar verdades que son la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Por eso una vez más digo que el lema de la Royal Society de Londres me atrae tanto: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales. Y también en estas lides tener muy presente el proverbio latino: ubi dubium ibi libertas (donde hay duda hay libertad: si todo estuviera rodeado de certezas anticipadas la elección resultaría superflua, este es el sentido del dictum de Emmanuel Carrère en cuanto que “lo contrario a la verdad no es la mentira sino la certeza” pues así considerada bloquea ulteriores indagaciones para incorporar verdades). No es para renunciar a lo conocido al momento, es para sostener mentes despejadas de telarañas y mantener el suspenso al efecto de detectar nuevos paradigmas. En esta misma línea argumental es que Popper muestra que en la ciencia no hay tal cosa como verificaciones sino solo corroboraciones provisorias.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

CUARENTENA, PRISIÓN DOMICILIARIA, PERMISOS, ENCIERROS, LA RUINA TOTAL: ¿TERMINAREMOS ALGUNA VEZ CON ESTA LOCURA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/7/20 en: http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/cuarentena-prision-domiciliaria.html

La verdad, todo me lleva a responder que no.
Algunos pocos, muy pocos, comenzamos a luchar contra toda esta locura más o menos desde Enero, bajo la burla de todos. Y no me estoy victimizando. Los insultos sólo ratificaron mi posición. Lo digo para que se advierta la locura general. Liberal dogmático, negacionista, conspiranoico, fueron los calificativos más frecuentes, a mí y a varios, además de pasar por alguien desaprensivo, ideologizado, economicista, que no le importa la vida de la gente, ojalá que te mueras del virus, etc etc etc, cosas que, vuelvo a decir, no me afectaron en absoluto, sólo las recuerdo para que sea vea el nivel de alienación colectiva, aún por parte de personas que “creían creer” en la libertad.Hasta sucedió que, más o menos unos 5 o 6, hicimos en Facebook un grupo secreto, “La resistencia”, donde posteábamos toda las visiones alternativas. Parecíamos los primeros cristianos marcando el pez en el suelo ante la mirada vigilante del Emperador. Lo hicimos para no perjudicar a nuestras familias. Por suerte yo seguí insistiendo en mi blog e imposible fue que el Quijote demente que habita en mí no publicara directamente en mi muro.
Pero no sólo éramos algunos locos liberales. Muchos médicos y epidemiólogos comenzaron a sumarse a “la resistencia”. El primero, héroe total, desde el principio, fue Pablo Goldschmid. Y ahora puedo decir que, a esta altura, incontables más. En Marzo publiqué en mi blog, dos veces, todas esas voces alternativas. Cada vez eran más o menos unas 10. Hoy ya no me alcanza el tiempo para hacerlo de vuelta. Gracias a Dios.
Pero, por supuesto, todas esas voces han sido silenciadas y perseguidas. Han sido removidos de youtube, de Facebook, y sólo sobreviven porque los nuevos maquis los subimos de vuelta permanentemente. Son ignorados y perseguidos por los gobiernos. Y no estamos hablando de los que se tiran contra Bill Gates y etc. Hablamos de simples exposiciones elementales de cómo funciona el sistema inmunológico y basta. Ninguna teoría conspirativa es necesaria para denunciar esta locura.
Pero sospechar no es ser delirante. Ante la censura, ante la utilización política del virus por parte de todos (TODOS) los gobiernos intervencionistas del mundo, uno no puede evitar preguntarse qué está sucediendo realmente.
En toda América la situación no podría ser peor. Comencemos por América Latina. En un continente donde millones y millones de personas vivían al día, sin ahorros, sin viviendas dignas, los encerraron inmisericordemente, y luego los encerraban de vuelta en cárceles inmundas si salían de sus “casas”. Hay países que directamente impusieron toque de queda, estado de sitio, y cuantas cosas más pudieron hacer para convertirse en la nueva Unión Soviética. Si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral (repito, para aumentar mi fama de extraterrestre: si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral). Pero para colmo lo hacían no sólo cuando en Europa comenzaba a calmarse (by the way, las explicaciones alternativas de por qué lo sucedido en España e Italia también fueron censuradas) sino cuando más y más científicos se atrevían a salir del closet y jugarse su carrera y su fama por el non harm de su juramento hipocrático. Pero nada. Presidentes que incluso eran médicos parecían ignorar repentinamente lo más elemental de la inmunología. ¿Por qué?
En los EEUU fue aún peor. (1) TODOS, TODOS, sin excepción, los alcaldes y gobernadores demócratas convirtieron a sus ciudades y a sus estados en nuevas Coreas del Norte. Para Trump es más fácil hablar con Kim Yong-un que con las autoridades de Chicago. ¿Por qué?
Nunca, en la historia de Occidente, la filosofía fue tan evidente y, a su vez, tan negada. Miles y miles de textos explicando los límites de la ciencia, cientos de libros escritos por Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend explicando los límites de la ciencia, miles y miles de artículos explicándolos, y para nada, excepto para llenar de manera aburrida a journals insoportables. Casi todos los científicos, no la ciencia, aparecieron con toda su soberbia y autoritarismo, exactamente como Feyerabend había explicado y predicho, diciéndonos qué hacer con lo más sagrado de nuestras vidas, ante una opinión pública mundial carente de pensamiento crítico, alienada y masificada.Nunca en la historia de Occidente se vieron con toda su crudeza las explicaciones de Freud, Fromm y Ortega sobre la masificación y la alienación. Deben estarse preguntando, sin embargo, para qué se mataron tanto. Como si no hubieran escrito nada. Al menos cuando la alienación colectiva puso en el poder al psicópata Hitler, era claro, para polacos, franceses, ingleses y norteamericanos, quién era Hitler, al menos desde 1939. Ahora, sin disparar un solo tiro, sin desplegar tropas, el Hitler llamado OMS nos ha invadido totalmente y sus generales y lugartenientes, llamados expertos, ocupan puestos privilegiados en todas las Casas Blancas, Rosadas y casas variopintas del mundo.Para qué eminentes filósofos como Gadamer, Wittgenstein, Ricoeur, Eco, y cientos que los entienden y los explican, se han matado explicando los límites del lenguaje humano y la importancia de las interpretacionesDe vuelta, parecen sólo existir para lucir curriculums pero no para tomarlos en serio. Como el post-moderno que perdió la paciencia cuando yo le estaba ganando la discusión, y reveló lo que realmente pensaba: “¡Gabriel, los hechos son los hechos!!!”. Nunca se ha hablado tanto de hechos, datos, cifras y números, incluso los científicos que están en contra de esta locura. Inútil parece explicar una vez más que no hay textos sin contextos. No. El mundo se ha convertido en el imperio más cruel del bruto positivismo, y los post modernos para los cuáles lo único importante era cómo te percibes, hoy son los adalides de “los hechos” que avalan las medidas totalitarias de sus amados gobiernos.Nunca fue tan espantoso el doble standard ni nunca fue tan alevosa la hipocresía.TODOS, TODOS los demócratas norteamericanos, que no cesan de perseguir y denunciar a quienes pretendan ejercer su libre comercio y su libertad religiosa, callan sus imbéciles bocas cuando se trata de “salir” para destruir, amenazar, robar y saquear. Se acuerdan del “límite al poder” para señalarle a Trump que no debe enviar a federales hacia sus ciudades y sus estados, pero del real  limited government, ni hablar.
Y de las religiones mejor no hablar. En lo que a mí me toca, el Catolicismo, que debería haber sido un ejemplo para el mundo, que debería haber retomado la gloriosa tradición de los primeros cristianos, que daban su vida antes que no ir a Misa, ja ja, olvídense. A sus autoridades, rendidas ante el cientificismo mundial, rebosantes en su ignorancia o qué se yo, indolentes y acomodaticias, olvidadas de la sagrada libertad religiosa, no les ha temblado la mano de apoyar la prohibición lisa y llana de los más sagrados sacramentos. Como siempre, algunos han salvado el honor, pero bajo el silencio, e incluso la burla, de por suerte la no más alta autoridad de la Iglesia.
Y mientras tanto aquí seguimos, tramitando permisitos, esperando como esclavos ansiosos y sometidos que los esclavistas nos den autorizaciones para respirar y vivir.
¿Hasta cuándo seguirá esta locura?
No soy optimista, pero gracias a Dios mi pesimismo es irrelevante. Lo relevante es que creo que el mundo entero ha cruzado una línea después de la cual es muy difícil volver. Lo dije también bajo el rechazo de casi todos: en la lucha contra el terrorismo, Videla, Bush, etc., cruzaron una línea que NO se debía cruzar. Ahora todos lo niegan o se arrepienten. Veremos en este caso si en algunos años hay algún arrepentido, veremos si hay alguien pidiendo disculpas.
Y de las causas, tengo algo más de certeza. Se llama constructivismo (Hayek), razón instrumental (Adorno, Horkheimer). Que la izquierda intelectual odie al primero, ok, pero que se haya comportado igual que el monstruo predicho por la Escuela de Frankfurt, es otra muestra de lo poco que importan las ideas cuando el temor atávico a la muerte, el verdadero emperador, domina sus académicas vidas.Termino estas, como siempre, quijotescas e inútiles reflexiones, preguntándome si esos autores no han sido sino excelentes médicos forenses que indicaron cómo hacer la autopsia de toda la humanidad.

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(1) http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/alguien-que-advierte-la-terrible.html

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación. Publica como @gabrielmises

«The Economist» y el liberalismo

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 21/3/20 en: https://younews.larazon.es/the-economist-y-el-liberalismo/

 

Ayer mismo pedía más gasto público por la crisis del coronavirus, pero «The Economist» es considerado una «biblia» del liberalismo. Y hace un par de años publicó una serie sobre la literatura del liberalismo, que revela sus matices en torno a estas ideas.
Esos matices son conocidos por los especialistas, como Ángel Arrese, profesor de la Universidad de Navarra, o Wayne Parson, autor de «The Power of the Financial Press» –una reseña aquí: https://bit.ly/2kIJgxt. El «Economist» se acercó al keynesianismo y aplaudió el papel redistribuidor del Estado.
Repasemos ahora rápidamente sus notas sobre las figuras que deberían a su juicio integrar la literatura del liberalismo: 1) John Stuart Mill: lo trata como el fundador del liberalismo, ignorando a Smith o Hume, y no de la socialdemocracia, que podría legítimamente reivindicarlo; no subraya sus contradicciones (cf. «On Liberty’s Liberty», aquí: https://bit.ly/2kIJgxt). 2) Tocqueville: se refiere a la pérdida de libertad de los tiempos modernos, en la línea del pensador francés, pero la denuncia en China y en los regímenes populistas de EE UU, Europa, Asia y América Latina. No analiza esa pérdida de libertad debida a la democracia misma, que promueve la extensión del Estado, cuyo papel redistribuidor aplaude, si no es populista. 3) Keynes: simpatiza con su intervencionismo, «modestamente planificador». 4) Schumpeter, Popper, Hayek: saluda su liberalismo, pero añade que no debe ser excesivo; llamó antes «pragmático» a Mill, pero ahora llama «fundamentalista del Estado pequeño» a Hayek. 5) Berlin, Rawls, Nozick: claramente defiende a los dos primeros más que al tercero. 6) Rousseau, Marx y Nietzsche: dice que el error de Marx es haber subestimado el poder del capitalismo para eludir la revolución mediante «compromisos» y frenos a sus propios «excesos»; pero acertó por haber señalado el problema de la desigualdad.

En resumen, lo que tenemos en esta supuesta «biblia» del liberalismo es el pensamiento hegemónico de nuestro tiempo. Es un pensamiento contradictorio, porque quiere a la vez más libertad y más Estado. Rechaza el proteccionismo y la autarquía, pero reclama más control sobre las empresas, y más impuestos sobre el patrimonio y la herencia; coquetea con la renta básica y, como hacen también las izquierdas, pide «un nuevo contrato social» y se lamenta porque «muchos liberales se han vuelto conservadores».

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

Los intelectuales, la política y la manía de la autopsia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/01/11/los-intelectuales-la-politica-y-la-mania-de-la-autopsia/

 

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

El rol del político consiste en entender qué es lo que demanda la gente y proceder en consecuencia con propuestas en las correspondientes plataformas. Desde luego que hay distintos segmentos con diferentes conformaciones de la opinión pública a las cuales se dirigen los políticos en campaña.

Pero en este contexto es relevante subrayar que el político no se trepa a la tribuna para decir lo que nadie entiende ni acepta. Antes de subir al podio, debe contar con la suficiente información de lo que requiere su audiencia.

En un sistema democrático es indispensable la función del político, que apunta a representar a sus seguidores. En esta línea argumental es crucial comprender que antes del político subyacen las ideas que comparten los votantes que aunque no sean todas iguales, en cada caso se trata de ideas que influyen en sus preferencias.

Qué bueno y saludable ha sido que los grandes maestros como Buchanan, Eccles, Hayek, Benson, Popper, Nock, Read, Planck y otros intelectuales no se hayan dedicado a la política puesto que nos hubiéramos privado de esos faros extraordinarios y los sobresalientes como von Mises que se involucraron transitoriamente en puestos políticos de jóvenes afortunadamente los abandonaron para poder trabajar en sus proyectos académicos y otros como Rothbard intervinieron con la pretensión de eliminar la política. Y algunos intelectuales que por razones de fuerza mayor se mezclaron en la política quedaron con gusto amargo en sus paladares, por ejemplo, Ortega y Gasset que escribe: “La política se apoderó de mi y he tenido que dedicar más de dos años de mi vida al analfabetismo (la política es analfabetismo)”.

No se trata de sugerir que no haya políticos, los ha habido que han sabido poner límites a la extralimitación del poder (los menos frecuentes por cierto), se trata de comprender las inexorables secuencias y las necesarias prioridades y ordenes de prelación para lograr los objetivos de mayor bienestar para todos si se trabajan en las ideas del respeto recíproco.

En todo caso, hay demasiados candidatos a la figuración política y sumamente escasos los inclinados a las arduas tareas de escarbar en las profundidades de conceptos y teorías que permiten mejorar moral y materialmente a todos. Como escribe Anthony de Jasay, “no es imposible poner la carreta delante de los caballos, es poco práctico”.

Por eso hablamos de “la manía de la autopsia”, en otras palabras se tiende a elaborar sobre medidas pasadas que se reiteran con un tedio colosal y que condujeron a mortajas políticas en lugar de proponer otras concepciones y paradigmas que precisamente surgen de debates abiertos sobre horizontes vitales en lugar de repetir hasta el cansancio lo perimido, lo muerto y lo fracasado. Es frecuente que los gobiernos nuevos se refieran a “la herencia recibida” en alusión a la gestión del gobierno anterior, esta es una manifestación de la manía de la autopsia que opera como una calesita macabra. En definitiva, la metáfora de la manía de la autopsia alude a la machacona repetición de algo arcaico y finiquitado lo cual lógicamente provoca una inercia que conduce a la repetición del cadáver que no zafa del círculo vicioso.

Hannah Arendt y tantos otros pensadores de fuste han marcado las reiteradas mentiras en la política. “Y bueno, qué quieren, es político”, intentan justificar los incautos. Por eso es que Eduardo Mallea ha señalado que para mirar lejos uno entrecierra los ojos “pero para mirar realmente a la distancia hay que cerrar los ojos de la carne y abrir los del espíritu a nuevas perspectivas”.

El problema medular son los epígonos, a saber, los que siguen a otros sin mediar. Locke escribía sobre el problema de “conceder asentimiento a opiniones corrientes recibidas”, Tocqueville concluye que las personas “temen más al aislamiento que al error” y Hume consigna que los hombres “encuentran muy difícil el seguir su propio juicio o inclinación cuando se opone al de sus amigos y compañeros diarios”.

Todos los roles honestos son muy respetables. Hay quienes son buenos para armar listas, conseguir fichas de afiliación y proceder en las contiendas electorales, pero es de desear que los que tienen condiciones intelectuales no consuman sus energías en la política. Y hacer las dos cosas siempre ha complicado, tal como explica Ortega en la antedicha cita, puesto que sabemos el tiempo colosal que demanda la vida intelectual para ser serios en la preparación de clases, libros, corrección de tesis y similares. Por eso alguna vez me he preguntado en voz alta que hubiera sido del mundo si Einstein en lugar de dedicarse a la física hubiera sido intendente de algún pueblo.

Las ideas provienen de otro ámbito completamente distinto del político. Se trata de un trabajoso proceso que comienza en cenáculos intelectuales, pasa por muy diversos planos educativos, llegan a los medios de comunicación y finalmente exigen esas ideas los votantes a los políticos que se presentan como “dirigentes”, pero en la práctica los que en verdad dirigen son los intelectuales que concibieron las ideas en primer término.

El intelectual cumple un rol decisivo para bien o para mal, según sea la tradición de pensamiento a la que adhiere. En el teatro de los acontecimientos no aparece en primer plano el intelectual, que se mantiene en sus bibliotecas observando cómo los políticos se arrogan el papel de inventar lo que sugieren como si hubiera aparecido de la nada la idea.

Sin duda que hay roles y funciones muy dispares: el intelectual concibe la idea y el político la ejecuta pero, como queda dicho, el referente que prepara el terreno es el primero mientras que el segundo la propone al público una vez que haya llegado a ese terreno.

Todo comienza en el nivel teórico. La computadora, la forma de arar y sembrar, las maquinarias y equipos, la medicina, los transportes terrestres, aéreas y marítimas, la física, la arquitectura, la vestimenta y todo cuanto se nos pueda ocurrir comienza con una idea, con una concepción teórica. Generalmente el primero que concibe una idea novedosa es vilipendiado por sus congéneres, por lo que John Stuart Mill ha consignado con razón que “todas idea buena pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez que la idea se aplica los que antes la rechazaban por “impracticable” la aceptan como algo dado, como algo natural.

Pensemos en el que propuso el arco y la flecha en la época de los garrotes; seguramente fue considerado como estrafalario al sugerir algo que nadie había aplicado hasta la fecha y así sucesivamente con todos los inventos y descubrimientos, pues quién iba a tomar en serio a la persona que por primera vez conjeturó que un aparato inmenso iba a volar y convertirse en un avión o que pudiera existir algo como la telefonía inalámbrica o, para el caso, las ventajas de marcos institucionales que respetaran derechos de todos.

Como decimos, son roles distintos los del intelectual y los del político solo que es muy importante percatarse de que no se puede ejecutar una idea que no se sabe en qué consiste. No tiene sentido ocuparse primero de la política y luego de las ideas puesto que de ese modo el fracaso está garantizado.

Hoy en día el trabajo intelectual está muy retrasado respecto a la política. Hay demasiados candidatos para esto segundo y muy escasos ocupantes de lo primero con lo que naturalmente la política resulta un fiasco de proporciones mayúsculas. Hay una desproporción superlativa entre ambos roles puesto que es mucho más fácil alardear con propuestas vacías y contraproducentes que trabajar arduamente en el plano intelectual para producir propuestas con sustancia y riguroso fundamento.

Entonces, si se trabaja lo suficiente en el terreno intelectual el resto, es decir, la ejecución política, se da por añadidura puesto que, como queda dicho, lo uno sigue a lo otro: ni bien se percibe que la gente demanda tal o cual idea el político la propone al efecto se sacar partida electoral. También lo que sucede es que el rol político tiene muchos más candidatos porque la faena es más fácil por más que se aleguen dificultades enormes. Tiene la ventaja de la exposición mayor y más lucida, la foto y equivalentes que contrasta con el intelectual que se mantiene en su lugar de trabajo y las más de las veces en el anonimato.

Equivocadamente se dice que hay que ocuparse de la política puesto que lo otro es a largo plazo. En otros términos, la pretensión de ejecutar lo que aun no se sabe, es decir, la tentación de lo insustancial, lo demagógico, lo banal con visos de profundidad.

Por último, una cuestión lindante y emparentada que he mencionado en otra ocasión y es otro desequilibrio: la desproporción de tiempo dedicado a la coyuntura respecto al debate de ideas de fondo lo cual también cierra el paso para explorar y abrir otras avenidas que precisamente permitan contar con coyunturas favorables en el futuro. Esta balanza desbalanceada muchas veces ocurre en los medios orales, puesto que los escritos cuentan con más espacio para columnas de opinión. En la televisión y la radio se suele consultar sobre la coyuntura por lo que hay demasiados candidatos a responder con lo que se deja de lado el trabajo a más largo alcance, como decimos tan necesario para rectificar rumbos. Yo mismo he pasado por aquella etapa puesto que desde mediados de los 70 hasta fines de los 90 -un cuarto de siglo- he participado en programas reiteradamente en los Neustadt, Grondona y equivalentes de aquella época, a veces todas las semanas y a veces todos los días lo cual naturalmente resta tiempo para las faenas de fondo. Una vez que corté con eso pude disfrutar no solo de un tiempo mucho mayor para trabajar en ideas de fondo sino que logré redoblar una reconfortante paz interior. Por supuesto que es del todo respetable quienes deciden otro camino, incluso -aunque son casos muy aislados y excepcionales- hay quienes visitan esos programas usando la coyuntura como pretexto para anclarse en tópicos de fondo. Solo señalo en un plano más general la necesidad de contar con mayores energías para modificar rumbos descarriados con propuestas que salen de la coyuntura y los lugares comunes.

En resumen, para salir del marasmo es indispensable buscar un equilibrio entre los entusiasmos político-coyunturales y las faenas puramente intelectuales para abandonar la manía de la autopsia y poder vislumbrar un futuro en el que los políticos se vean obligados a recurrir a un discurso razonable.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LOS KLINGONS Y LA FÍSICA.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/4/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/04/los-klingons-y-la-fisica.html

 

Para los fans de Star Trek, los Klingons forma una parte indispensable de su universo. Desde el principio fueron los honorables enemigos de la Federación, con una guerra siempre potencial que se evitaba siempre que ninguna de las dos potencias especiales violara precisamente su propio espacio. Eso fue así hasta que en Star Trek 6 el icónico, estoico, racional e inolvidable Spock logra un acuerdo según el cual se garantiza la paz y que incluso cualquier klingon podía ser miembro de la Federación, como el incorruptible, hierático y espartano Sr. Worf.

Los Klingon siempre fueron una curiosidad dentro de la concepción del mundo de la Federación. No eran el mal, el mal son los Borg, con los cuales el acuerdo es imposible. Pero eran una civilización que parecía un mix entre Esparta y los samurái japoneses. Una raza guerrera, con el honor, valentía y dignidad, pero que a pesar de haber alcanzado la velocidad warp, no quisieron al principio ser parte de la Federación. Porque en el enternecedor mundo iluminista y socrático de Gene Roddenberry, el creador de Star Trek, cuando los planetas alcanzan el conocimiento científico para la velocidad warp, alcanzan al mismo tiempo la madurez moral para ser parte de la Federación. Por eso la directiva primaria: no tomar contacto nunca con un planeta que no haya alcanzado esa madurez, tanto teorética como moral.

En la última saga de Star Trek, Discovery, los guionistas han refinado el papel y las características de los klingon. La serie está situada inmediatamente antes de la primera saga de Star Trek, y por eso el Cap. Pike tiene un papel importante. La federación tiene con los klingon una guerra terrible, que sólo vencen con la ayuda de una civilización terrestre de un mundo paralelo, los Terranos, totalmente autoritarios, contrarios a los ideales de paz y libertad de la Federación. Por eso la guerra queda en secreto excepto para los altos mandos y los miembros de la nave Discovery.

Los klingon aparecen aquí muy humanos, muy políticos: tienen clanes, se traicionan entre ellos, tienen la baja política de la lucha agonal por el poder, los humanos y los klingon se enamoran secretamente, y su aspecto es más duro y espartano que nunca. Pero siguen teniendo una superioridad terrible: son tecnológicamente muy avanzados, casi invencibles si no fuera por las malas artes de Georgiou, el lado malo de Filippa, frenado a tiempo por la siempre heroica y kantiana Michael Burnham.

Hasta aquí los guionistas han cometido dos enternecedores y simbólicos errores filosóficos. El primero es suponer que desarrollo tecnológico y moral iban de la mano. Pero el segundo es más invisible: que una civilización autoritaria como los klingon puedan tener lo que es hoy la ciencia occidental y a donde llegará en el s. XXIV.

¿Why not?, preguntarán muchos lectores atrapados en la matrix positivista. Finalmente la ciencia son los facts, y los facts los pueden “ver” todos los suficientemente inteligentes para verlos. Si, los klingon serán espartanos, pero sencillamente son muy capaces, abrieron los ojos y la Física les cayó como el maná del cielo. Yo de niño pensaba lo mismo. “¿Papá, ¿por qué los griegos no tenían Física como nosotros? ¿No eran muy inteligentes acaso?”

La pregunta no pudo ser respondida desde los 12 hasta los 25 o 26, cuando comencé a leer a Popper (y luego Koyré, Kuhn, Lakatos, Feyerabend, Husserl y Gadamer) y salí de mi sueño dogmático. Porque yo también pensaba que la ciencia era “ver los facts”. Si no los veías eras porque una cuña de torpeza no te dejaba ver, o porque no “tenías los instrumentos”.

Pero claro, Popper explica que la racionalidad es otra cosa. Que los supuestos facts, oh escándalo, se interpretan desde las teorías, y que las teorías progresan sólo por medio del debate y la crítica. Si alguien dice que los rayos se producen porque los pajaritos son verdes y a continuación se abre a la crítica, eso es racional, y su alguien dice que los rayos se producen por cargas diferentes en la tensión electrostática y el que diga lo contrario será fusilado, eso NO es racional.

Por eso la ciencia comenzó a avanzar en Occidente: porque todo se comenzó a discutir en lo que hoy llamamos filosofía griega. Y luego, con un inevitable efecto dominó, se siguió discutiendo ad infinitum, con viento a favor o en contra, y por eso surgió la ciencia: porque los atomistas no estaban de acuerdo con Parménides, porque Aristóteles no estaba de acuerdo con los atomistas, porque después de Aristóteles hubo que desgañitarse la cabeza para explicar la acción a distancia, porque a Copérnico no le convencían los cálculos de Ptolomeo, porque a Kepler no lo convencía del todo Galileo, porque Newton sistematizó a los atomistas, Copérnico, Galileo y Kepler; porque a Max Plank no lo convencía Newton para la radiación de los cuerpos negros, porque Einstein veía bien que Newton no había explicado la gravedad, etc. Pero si en Occidente no hubiera picado el bichito de la individualidad, el debate, la discusión y la contra-argumentación, nada de esto hubiera sucedido. Una civilización puede ser maravillosa pero sin individuo libre que piense y discuta, se estanca. Por eso las mitologías antiguas eran simbólicamente maravillosas y al mismo tiempo quedaban estancadas durante milenios, excepto la que tocó a las islas jónicas y se convirtió en filosofía por la discusión y el debate y NO por otra cosa.

Por eso los klingon no podrían haber tenido ciencia ni tecnología. Eran enternecedoramente espartanos y hobbesianos, sí, pero por eso hubieran estado ciegos al progreso de la Física. Si no lo estuvieron es porque los guionistas de Star Trek piensan que la Física es «facts». No, no lo es, es conjeturas y refutaciones, el título de uno de los grandes libros de Karl Popper.

Que tal vez, como Einstein, era extraterrestre…

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

La recuperación de EEUU de la crisis de 1930 versus la justicia militante del kirchnerismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 19/3/19 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/03/19/la-recuperacion-eeuu-de-la-crisis-de-1930-versus-la-justicia-militante-del-kirchnerismo/?fbclid=IwAR0qlKwaGNIrcdpMtSqS7BQzbkDiRPee6XKr6oc0-7XRJarDwgs68KyKIA0

 

Con tribunales politizados sólo se puede esperar más pobreza, indigencia y corrupción. Con calidad institucional, el horizonte de prosperidad es una realidad

Cristina Kirchner

Muchos de mis colegas economistas insisten permanentemente con que hay que bajar el gasto público y los impuestos, tema que, sin lugar a dudas, comparto plenamente. El punto es que muchos colegas se han quedado sólo en las cuentas y no parecen haber avanzado demasiado sobre la relación entre economía e instituciones. Dicho de otra manera, se limitan a decir que hay que bajar el gasto, pero no se plantean por qué se ha llegado a niveles de gasto público récord en Argentina. Para resolver un problema, primero hay que reconocerlo y luego tratar de ver por qué se produjo. Es la segunda parte en la que veo una falta de análisis.

Lamentablemente, economistas que están bien orientados en lo económico, han leído poco sobre economía e instituciones para advertir que el problema económico se explica por problemas de carácter institucional que, a su vez, es el resultado de los valores que imperan en la sociedad.

Se han quedado en algún modelito econométrico y no han leído los aportes de autores como Mancur Olson, en «Auge y Decadencia de las Naciones» y «Poder y Prosperidad». Antes, Hayek, en The Constitution of Liberty (1960) hizo un primer gran avance al respecto completándolo con «Derecho, Legislación y Libertad», tres tomos publicados en 1973, 1976 y 1979 que muestran la necesidad de limitar el poder del Estado para que pueda haber prosperidad económica y libertad. Mises, Popper y tantos otros autores hicieron gigantescos aportes para explicar este fenómeno económico institucional.

Hoy sabemos que el gasto público consolidado está en el 47% del PBI y que para volver a los niveles de la década del 90 habría que reducir el gasto consolidado en unos U$S 75.000 millones.

Claramente la explosión del gasto público se produjo en la era k cuando hubo un salto populista con fuerte debilitamiento de las instituciones. El populismo incentivó el resentimiento en la sociedad vendiendo el argumento que la pobreza de unos era consecuencia de la riqueza de otros, de manera que la pobreza se solucionaba repartiendo riqueza en vez de generándola. Los que más ganan tienen que pagar más impuestos para asistir a los que menos ganan. Para eso hubo que avanzar sobre los derechos individuales, los derechos de propiedad y tratar de domesticar a la justicia. No en vano el kirchnerismo quiere volver por la revancha y argumenta que tiene que haber una justicia militante. Claramente, los regímenes populistas que mutan en autocracias necesitan domesticar a la Justicia para cometer todo tipo de atropellos sin que la Justicia le ponga límites, sin embargo la evidencia histórica muestra que tener una justicia independiente hace al crecimiento económico.

Qué paso en EEUU luego del ’30

Al respecto, es interesante analizar cuál fue el factor fundamental que llevó a que la economía norteamericana se recuperarse de la crisis de 1929, conocida como la crisis del 30.

Pocos han analizado en profundidad ese período y muchos suelen argumentar que Estados Unidos salió de la crisis del 30 gracias a la Segunda Guerra Mundial, como si una guerra generara riqueza en vez de destruirla.

Otros creen que fue la teoría keynesiana la que ayudó a EEUU a salir de la gran depresión y otros dicen que eso es imposible porque Keynes recién influye en la economía en 1936 cuando publica la Teoría General.

El caso de la crisis del ’30 y el New Deal es un caso emblemático en el que pocos han reparado en la importancia que tienen las instituciones para salir de las crisis económicas. Todo el debate se ha limitado a determinar si el New Deal fue exitoso y si las políticas keynesianas influyeron en la salida de la crisis.

John Maynard Keynes

John Maynard Keynes

En general se cree que el New Deal fue una receta puramente keynesiana de aumento del gasto público financiado con emisión monetaria. La realidad es que el New Deal fue algo mucho más complejo que el aumento del gasto público, aunque sí está comprobado que Roosevelt estuvo en contacto personal con Keynes y sus ideas que luego volcó en la Teoría General en 1936.

Al margen de la carta que Keynes publica en 1933 sobre la necesidad de aumentar la demanda agregada y se lamenta de la disciplina fiscal que proponía Roosevelt, en 1934 Keynes tuvo una reunión con Roosevelt y le explicó sus ideas de aumentar el gasto público y el déficit fiscal. En una carta de Keynes a al presidente, fechada en 1 de febrero de 1938 hace referencia en al menos dos oportunidades a la reunión que tuvieron 3 años y medio atrás, o sea, está haciendo referencia a mediados de 1934, reunión que se confirma en el borrador de la carta que le prepara el secretario del Tesoro de Estados Unidos para responderle a Keynes (carta que está fechada el 3 de marzo de 1938 y hace referencia a esa reunión de mediados de 1934).

El dato concreto es que Roosevelt conocía las ideas de Keynes antes que este las publicara en la Teoría General en 1936, pero las descartó porque su campaña presidencial de 1932 estuvo basada en el equilibrio fiscal. Roosevelt consideraba que el equilibrio fiscal iba a traer confianza, más inversiones y mejorar la situación de los agentes económicos en beneficio para salir de la recesión. Recordemos que cuando asumió como presidente en 1933, la desocupación estaba en el 25% aproximadamente y que tampoco en 1933 había finalizado por completo la gran depresión.

El presidente Roosevelt navegó las aguas turbulentas de la Gran Depresión

El presidente Roosevelt navegó las aguas turbulentas de la Gran Depresión

La economía había mejorado algo pero entró en un proceso recesivo nuevamente en agosto de ese año, a mi juicio por las múltiples regulaciones que impuso Roosevelt. Es más,comenzó a seguir en alguna medida las ideas de Keynes y empieza a aumentar el gasto público, pero no en la magnitud que sugería Keynes.

Pero el New Deal no fue sólo el gasto público, además Roosevelt prohibió la tenencia de oro. Es como si hoy se les prohibiera a los argentinos tener dólares. Se estableció la Agricultural Adjustment Act por la cual se subsidiaba a los productores agrícolas para que no produjeran. Ese subsidio se financiaba con el impuesto a la transformación. Un impuesto que tenían que pagar los que compraban como insumos los productos agrícolas. El que compraba algodón para hacer una camisa, pagaba el impuesto a la transformación para que el que producía algodón produjera menos vía el subsidio que le daba el estado con ese impuesto.

También se estableció la National Industrial Recovery Act que reguló la actividad de la industria, las horas de trabajo, los salarios, etc. Y, además del proteccionismo impuesto, se creó la National Recovery Administration para regular toda la economía.

Toda esta maraña de regulaciones que componían el New Deal ahogaba la economía y llevaron a una cantidad de juicios cuestionando su constitucionalidad. Al principio, la Corte Suprema de Justicia acompañó, pero llegó un punto en el que dijo basta.

Aquí vale la pena aclarar que Herbert Hoover, el presidente que antecedió a Roosevelt, dejó una corte compuesta por cuatro miembros conservadores, dos moderados y tres liberals (aquí les diríamos «progres»), de acuerdo al trabajo de Antonia Sagredo Santos publicado por la Universidad Complutense de Madrid. Es decir, Roosevelt no tenía toda la Corte Suprema en contra. Pero en 1935 el tribuna empezó a frenarle la avalancha de regulaciones por inconstitucionales y en enero de 1936 le voltea el corazón del New Deal que estaba en la Agricultural Adjustment Act por el caso Estados Unidos vs. Butler, conocido como el caso Butler. En esencia la Corte Suprema declaró inconstitucional el impuesto a la transformación por coaccionar la libertad, digamos extorsivo para quienes no quisieran cumplir con las órdenes del gobierno de producir menos, avanzaba sobre los derechos de los estados transformando a EEUU en un gobierno unitario y la potestad que se arrogaba el Ejecutivo de ejercer poderes legislativos.

Al caer la Agricultural Adjustment Act, cayeron al poco tiempo la National Industrial Recovery Act y la National Recovery Administration porque estaban basadas en el espíritu de la primera. Esta declaración de inconstitucionalidad fue liberando la economía del ahogo de las regulaciones y ya en 1935 con las primeras limitaciones y en 1936 con el freno a la maraña de controles del New Deal, la economía recupera confianza.

Obviamente, Roosevelt quiso remover a parte de la Corte, algo que hace recordar al kirchnerismo, por oponerse a sus poderes especiales que le había delegado el Congreso, algo que el trubuna consideró inadmisible en un estado con división de poderes. La embestida de Roosevelt contra la Corte de EEUU no tuvo apoyo ni siquiera en su propio partido, el Demócrata, y esta postura ayudó a recomponer la confianza.

Luego, el Presidente quiso neutralizarla ampliando la cantidad de miembros. Como no logró ese objetivo, intentó reducir la edad de sus miembros a 65 años. Tampoco funcionó. La firmeza de la Corte y el funcionamiento de las instituciones en Estados Unidos, incluso el Partido Demócrata, permitieron recuperar la economía luego de haber confiscado depósitos, prohibir la tenencia de ahorro y establecer las regulaciones más absurdas al estilo Moreno, junto con el déficit fiscal. Es decir, las barbaridades económicas que se hicieron en el New Deal, las cuales nosotros copiamos con mucho entusiasmo, fueron frenadas por el funcionamiento institucional. En definitiva, prevaleció el espíritu de los padres fundadores a la hora de respetar el derecho de propiedad y de división de poderes.

Mi impresión es que no fueron ni el New Deal, ni la receta keynesiana –que Roosevelt ya conocía desde 1934–, ni la Segunda Guerra Mundial, las que le permitieron a EEUU salir la depresión del 30.

Lo que quiero dejar bien en claro es: 1) lo peor que podría pasarle a la Argentina es tener una justicia militante, porque destrozaría los derechos individuales y hundiría la economía en una fenomenal caída de largo plazo y 2) que el problema económico no se resuelve sólo con ingredientes de reforma impositiva, del estado, apertura al mundo y reforma laboral. Sin duda que estos factores son importantes, pero hay que grabarse a fuego que el primer paso para la recuperación económica es la calidad institucional y la calidad institucional depende de los valores que imperen en la sociedad.

Si uno mira la crisis del 30, puede verificar que la salida de la depresión fue por razones institucionales. Si uno mira por qué Argentina fue una potencia económica a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, fue porque la constitución alberdiana de 1853/60 sentó las bases de la calidad institucional. Y si uno mira casos como los de España luego de Franco, Irlanda, Chile y tantos ejemplos más, advierte que el paso previo al despegue económico fue el cambio de las instituciones, es decir, las reglas de juego que deben imperar en la sociedad.

Con una justicia militante, solo podemos esperar más pobreza, indigencia y corrupción. Con calidad institucional el horizonte de prosperidad se abre delante de nosotros. Esto es lo que, por el momento, parece que tenemos por delante de cara a las elecciones de octubre. Justicia militante que nos lleve al chavismo, o el largo camino de reconstruir la calidad institucional como paso previo a la recuperación económica.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE