Dalmacio Negro y la tradición liberal perdida

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 4/2/20 en:  https://www.elclubdelosviernes.org/dalmacio-negro-y-la-tradicion-liberal-perdida/

 

El neoliberalismo es un falso liberalismo, porque respalda y promueve el recorte de las libertades. Así, los estados neoliberales en realidad son socialdemócratas.

El distinguido catedrático y académico Dalmacio Negro es autor de La tradición de la libertad, en la Colección Cristianismo y Economía de Mercado, publicada por Unión Editorial y el Centro Diego de Covarrubias. El libro ganó el II Premio a la Libertad que otorga este Centro.

No es un volumen tranquilizador, porque el profesor Negro denuncia que la tradición liberal prácticamente ha desaparecido en Europa.

Despeja de entrada el equívoco del llamado “neoliberalismo”, que en realidad propicia más intrusiones políticas y legislativas, más impuestos, más gasto y más deuda, y a veces todo esto a la vez, en una plena antítesis del liberalismo.

En efecto, en el intervencionismo hegemónico, a menudo llamado neoliberalismo, la libertad resulta socavada: “En el estatismo no son contradictorios el individualismo y el colectivismo. Al estatismo le conviene aislar lo más posible a los individuos”. Llegamos a un neoliberalismo donde aparentemente no hay límites a la conducta individual, pero la servidumbre de las personas es lo que se impone al no haber instituciones, familias, mercados, propiedad privada, moral…incluso la nación está cuestionada.

No vivimos en infiernos comunistas o nazis, porque el poder ya no asesina en masa, pero usurpa derechos y libertades poco a poco, mediante controles, multas, regulaciones e impuestos; mediante políticas redistributivas supuestamente abnegadas, acometidas en nombre de la libertad. El neoliberalismo es un falso liberalismo, porque respalda y promueve el recorte de las libertades. Así, los estados neoliberales en realidad son socialdemócratas.

Este desenlace proviene de un proceso antiguo, de la mal llamada Ilustración, que convierte a la ley legislada en la fuente del Derecho: “El Derecho que se estudia en las Facultades de este nombre, es prácticamente Legislación, de forma que los legisladores actuales son en realidad burócratas legalistas”. Dalmacio Negro observa con acierto que esto equivale a una genuina perversión antiliberal. Digamos, es fundamento del Derecho que la ignorancia de la ley no excusa su cumplimiento, pero la legislación moderna tiene miles de normas que son “instrumentos de la voluntad de poder y de intereses más o menos ocultos”, lo que desemboca en la inseguridad jurídica. Lo previó Tácito: “la abundancia de leyes es propia de una república muy corrupta”.

El poder tiene cada vez más tareas y cada vez menos límites. La libertad ha de ser constreñida porque, como dijo Gunnar Myrdal, es necesario “proteger a las personas de sí mismas”, y al final terminamos creyendo que la libertad política equivale a que el poder generosamente permita, y hasta instigue, cualquier actividad, pero siempre que sea sexual.

Este proceso diviniza al Estado y ataca sin cesar a la fe: “La crisis de la religión conlleva la de la moral, la política y el Derecho. …a consecuencia de la crisis religiosa y la pasividad de las iglesias, no resulta ya fácil distinguir en la Europa decadente entre lo legítimo y lo ilegítimo, lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto, lo recto y lo incorrecto, en definitiva, los límites que debe tener el poder”. El ser humano ve recortada su libertad, y no percibe que en parte se debe a que la Iglesia ha sido derrotada por el Estado.

Concluye el profesor Dalmacio Negro: “el problema es que la Iglesia no comprende, se niega a reconocer o teme reconocerlo, que su gran enemigo en este mundo es el Estado. Ahora bien, cuando no se reconoce o no se sabe reconocer al enemigo, la batalla está perdida de antemano. Y la Iglesia ha perdido muchas batallas desde que se asentó el Estado… Seducida por el Estado con el mito de la justicia social y otros mitos, temerosa de ser acusada de retrógrada y reaccionaria en nombre del Zeitgeist, la Iglesia ha renunciado a utilizar su auctoritas contra el secuestro de las libertades. Con todo, Religio est libertas”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

 

La difícil tarea de construir una fuerza liberal

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 10/12/2019 en:

 

En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia

El peronismo adolece de su incorregible tendencia al autoritarismo y sigue firme en su vocación por adoptar políticas redistributivas, desentendiéndose de la generación de riqueza. Creen que la riqueza ya existe y solo hay que redistribuirla o que hay sectores que son egoístas que tienen que ser expoliados para darle a los que menos tienen, como si aquellos que ganan dinero honestamente fueran mala gente a la que hay que castigar.

La opción política que, por ahora, está en pie, es Cambiemos, que ya ha demostrado sus inclinaciones socialdemócratas, con un claro desprecio por las ideas liberales. A lo largo de los cuatro años de gobierno de Cambiemos, ningún liberal formó parte del gabinete. Ningún liberal fue convocado a participar, más bien fuimos denostados con el apodo de liberalotes que hablábamos desde la tribuna y que si entrábamos en la cancha, en el primer corner quedábamos todos desgarrados. Lo cierto es que Cambiemos terminó perdiendo por goleada y con todos sus integrantes desgarrados.

Algunas personas me han dicho que habría que construir una línea interna liberal dentro del PRO. Francamente no veo esa posibilidad porque no está en el espíritu de sus dirigentes darle espacio a una corriente liberal y que, llegado el caso, le cope el partido. Esa posibilidad es una ilusión y no tiene sentido volcar el esfuerzo en un proyecto así.

¿Qué opciones le quedan a la Argentina para salir de esta larga decadencia moral y económica? En mi visión solo un partido de centro derecha, pro mercado e integrando la Argentina al mundo es el que puede sacar al país de su larga decadencia. El problema es que hoy no existe esa alternativa política.

La opción que algunos creen que fue la alternativa liberal, realmente no lo fue. Sus integrantes no tenían esa ideología e hicieron un flor de papelón saliendo sextos de los seis partidos que compitieron en octubre.

Hago una breve aclaración antes de seguir. Algunos malintencionados me achacan que yo saqué muy pocos votos en 2017 cuando fui tercero en la lista de Pocho Romero Feris. La realidad es que solo le preste la firma. Tanto es así que el sábado mismo en que se cerraban las listas, Pocho Romero Feris recién me ubicó por teléfono a las 19.00 hs. de la noche y me pidió si podía ir tercero. Finalmente accedí pero nunca hice campaña y traté de pasar lo más desapercibido posible, al punto que el día del lanzamiento de la candidatura no fui al acto a pesar que me insistieron que tenía que ir. Dije que yo no tenía problema, que si querían bajaba mi candidatura y le daba el lugar a otro, pero que no iba a hacer campaña. De manera que achacarme el bajo porcentaje de votos que tuvo la lista de Romero Feris a mí que fui tercero y no hice campaña, es solo para molestarme si critico a algún figurón del mundo liberal.

Formulada la aclaración, el gran dilema es ¿cómo construir esa fuerza política para algún día llegar al gobierno? Algunas personas dicen que todos los liberales tienen que juntarse. Francamente no participaría jamás de un amontonamiento de gente que no tiene el mismo estilo, ni los mismos intereses. Por un lado he visto las traiciones más patéticas en estos meses previos a las elecciones. Cuando veo a alguien despreciar a otro y luego actuar como si fueran amigos, me queda claro que esa persona traiciona a quién sea por poder, por lo tanto, si llega al poder seguro va a traicionar a sus votantes. Con esa gente no quiero tener nada que ver. No me interesa trabajar con gente que traiciona por ambición política porque mañana traiciona las ideas que dijo defender. De manera que, para un proyecto de estas características no fracase, se necesita un grupo reducido, con gente confiable, cuyo único objetivo sea construir una fuerza política de centro derecha pero en un proyecto de largo plazo que primero vaya por bancas en el Congreso. Tener una parte importante de legisladores ya da poder por sí. Una vez que se crezca en el Congreso, se puede apostar por una candidatura presidencial, porque para eso primero se necesita poder cubrir el territorio para hacer campaña y una fuerza muy importante de fiscales que permita la fiscalización de las 100.000 mesas que hay que controlar.

Al mismo tiempo, hay que ir formando gente para que, llegado el caso, se disponga de personas preparadas para ocupar los cargos ejecutivos y bancas en el Congreso con personas idóneas, de manera de salir de esta espantosa mediocridad que hoy tiene la mayoría de la dirigencia política que lo único que busca es conchabarse en el Estado para su beneficio personal.

En este punto creo que hay que ser muy estricto. No se puede hacer la revolución liberal creando una legión de fanáticos que lo único que saben hacer es repetir frases que escucharon en la televisión y putear al que piensa diferente. Nada más alejado del liberalismo es ser intolerante con el que piensa diferente. Eso es propio de los sistemas dictatoriales, no de los liberales. ¿O creemos que vamos a hacer la revolución puteando en las redes sociales y en los medios de comunicación?

Hoy día hay instrumentos (partidos políticos) para competir electoralmente. Lo que falta es gente y formar un primer núcleo duro de personas que sepan que están construyendo algo para el futuro. Que están dando un primer paso y que no los mueve el vedetismo ni grandes aspiraciones de poder. Es trabajar para construir algo que, cuándo finalmente llegue al poder, tal vez no lo lleguemos a ver por nuestra edad.

Este proyecto no es para figurones, vedetismos, ni soberbios. Solo se puede lograr con gente con trayectoria, conocimientos y, por sobre todas las cosas, dispuesta a trabajar codo a codo, en forma amistosa, en un idea para el largo plazo.

Para el corto plazo, no hay que hacerse ilusiones de cambiar el país. Lo máximo que se puede hacer es poner el primer ladrillo de un proyecto de centro derecha que es el que puede sacar a la Argentina de su larga decadencia moral y económica.

Si no se cuenta con recursos humanos de calidad y solo tenemos a fanáticos insultadores como todo aporte, no llegamos ni a la esquina para construir algo serio. El desafío es lograr que un grupo reducido de gente logre comenzar a trabajar en ese proyecto. Y puedo asegurar que gente preparada y desinteresada hay.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

Ahora que el populismo es una amenaza en todo el mundo, lo investigan economistas de todo el mundo

Por Martín Krause. Publicada el 8/1/17 en: https://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2017/01/08/ahora-que-el-populismo-es-una-amenaza-en-todo-el-mundo-lo-investigan-economistas-de-todo-el-mundo/?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Ahora que el tema del populismo dejó de ser un fenómeno latinoamericano para presentarse, bajo distintas formas, en países desarrollados, no es de extrañar que los economistas de esos países hayan comenzado a ocuparse del tema.

Por ejemplo: Nicholas Chesterley, de Oxford University y Paolo Roberti, de la Universidad de Bologna, presentan este paper titulado “Populism and Institutional Capture”: http://amsacta.unibo.it/5455/1/WP1086.pdf

Va el resumen y los primeros párrafos (se pueden encontrar las referencias en el paper):

“Este trabajo considera la conducta electoral y la captura institucional cuando los votantes escogen entre un político populista y otro no-populista. Los políticos populistas proveen a los votantes un boom de utilidad seguido de consiguiente colapso, como en Dornbusch y Edwards (The Macroeconomics of Populism in Latin America, University of Chicago Press, 1991).

Los no-populistas proveen un nivel constante de utilidad. Sin embargo, una vez en el poder, políticos de los dos tipos pueden tomar control de las instituciones y asegurarse la reelección. Mostramos aquí que, en equilibrio, los políticos populistas pueden capturar las instituciones y evitar ser reemplazados durante la crisis: pero los no-populistas no. Los votantes, eligen racionalmente a un populista si los votantes descuentan suficientemente el futuro o si es demasiado costoso para el populista tomar control de las instituciones. Desgraciadamente, ambos tipos de políticos pueden preferir instituciones débiles, tanto para permitir su captura o para desalentar la elección del populista. “

“Es ampliamente reconocido que el populismo es un fenómeno destacado de comienzos del siglo XXI, aunque resulta difícil de definir. El concepto típicamente incluye a figuras tan dispares como Chávez, Cristina Fernández, Berlusconi y Putin, como también movimiento tales como el Frente Nacional en Francia o el Movimiento 5 Stelle en Italia. Los cientistas políticos suelen analizar al populismo a través del contraste entre un discurso marxista y uno populista (Mudde, 2004), M’eny and Surel (2002). Mientras la retórica marxista hace referencia a la lucha de clases, la retórica populista subraya el contraste entre el pueblo como un todo y una élite corrupta.

Dornbusch & Edwards (1991) analizaron el contenido económico de las propuestas populistas, y concluyeron que el populismo presenta soluciones fáciles a problemas complejos, lo cual puede mejorar el bienestar en el corto plazo, pero resulta costoso en el largo plazo. Esta visión es compartida por Sachs (1989), quien llama a este tipo de dinámica “el ciclo político populista”. Un ejemplo reciente es Venezuela bajo Chávez, donde las políticas redistributivas junto a una conducta fiscal imprudente llevaron luego de varios años a una espiral inflacionaria y pusieron al país el borde del colapso. Argentina experimentó un resultado similar bajo la presidencia de Fernández”.

Los efectos de largo plazo de las políticas populistas son analizados por Dornbusch & Edwards (1991) se contradicen con la persistencia en el poder de líderes populistas durante los últimos años, y sugiere que el uso de alguna forma de ventaja del incumbente los ayuda a perpetuarse en el poder. El principal objetivo de este trabajo es comprender si los políticos populistas tienen más incentivos para mantenerse en el poder a pesar de la voluntad de los votantes, y estudiar los incentivos de los votantes para elegir políticos que puedan intentar esa captura.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).