“El Gobierno no debería haber postergado el acuerdo con el FMI”

Entrevista a Aldo Abram: Publicada el 2/9/21 en: https://www.ambito.com/economia/fmi/aldo-abram-el-gobierno-no-deberia-haber-postergado-el-acuerdo-el-n5267869

Dice que hubo error de diagnóstico. Espera que antes de marzo que viene haya acuerdo con el Fondo porque no se podrán pagar los vencimientos. Para el economista el gobierno equivoca el camino.

Aldo Abram: El Gobierno no debería haber postergado el acuerdo con el FMI

El director de la Fundación Libertad y Progreso, Aldo Abram, considera que el Gobierno repite el error de diagnóstico. “Si no corrigen el análisis el país puede caer en una debacle, perderán las elecciones, como ya pasó”, señala. A continuación los pasajes más relevantes de la entrevista con el economista.

Periodista: Se especula que con la nueva asignación de DEG se pagará al Fondo ¿Qué opina?

Aldo Abram: Dado el nivel de reservas netas y líquidas disponibles, parece imposible retrasar el tipo de cambio mayorista y moderar la suba de los tipos de cambio paralelos financieros, si no se asignan esos DEG a pagar los próximos vencimientos con el FMI. Si el Gobierno hubiera cerrado un acuerdo con el Fondo, los vencimientos de capital de este año se hubieran refinanciado y los nuevos DEG hubieran estado disponible para aquello que se los gestó.

P ¿Por qué razón cree que aún no se cerró ese acuerdo?

A.A.: El FMI tiene un fuerte incentivo a cerrar un acuerdo ya que no le es indiferente que Argentina caiga en cesación de pagos, pues somos una parte importante de su cartera de créditos. Ya es un hecho que el crédito será al plazo máximo posible, 10 años, con algún artículo que permitiría renegociarlo si se cambia el estatuto del Fondo que le pone un techo. Hace meses que se anunció que se bajaría la tasa actual. Las condiciones que exigirán serán mínimas, para que sean aceptables para el Gobierno con una trayectoria de baja del déficit primario y metas de reservas y de política monetaria pactadas de común acuerdo. Quizás haya todavía alguna discusión sobre el plazo de gracia durante el cual no se pagará capital. Hoy parece que la decisión de postergar el cierre del acuerdo para después de los comicios tiene que ver con que parte del Gobierno piensa que sería “políticamente incorrecto” firmarlo antes. Casi seguro se le dará un cierre al tema en el primer trimestre de 2022; porque en marzo los vencimientos con el FMI y con el Club de París son impagables.

P: ¿Esta recuperación económica puede confundir al Gobierno?

A.A.: Fue fuerte la recuperación económica desde el segundo trimestre de 2020, en plena cuarentena, y hasta principios de 2021. No sólo por el hecho de que se fue habilitando a que la gente y las empresas vuelvan a trabajar, sino por un escenario de precios internacionales muy favorable para nuestras exportaciones. El principal problema es que la reactivación puede llevar al diagnóstico equivocado de que ya se está haciendo lo necesario para un crecimiento sustentable. La realidad es que Argentina estaba en una crisis de credibilidad previa a la pandemia. Es decir, estaba en “terapia intensiva” por enfermedades terminales y justo se pescó un “virus intrahospitalario” que la puso al borde de la muerte y de la que está zafando. Sin embargo, nadie se está ocupando de curarle los graves males que la llevaron al hospital, porque el diagnóstico es que no existen. Ahora, si no se le da un tratamiento adecuado al paciente, lo esperable es que haya una nueva profundización de la crisis.

P: ¿Para usted entonces cuál es el diagnóstico correcto?

A.A.: Hay una gran discusión sobre quién es el culpable de la deuda, como si ésta se hubiera gestado de la nada. En cualquier hogar, si se acumula un pasivo excesivo es porque gastan más de lo que pueden. Lo mismo pasa con el Estado; pero a nadie le conviene esa discusión ya que la conclusión obvia es que son responsables todos aquellos que mantuvieron erogaciones públicas excesivas. Además, la solución pasa a ser clara, hay que tener el Estado que se puede pagar. La otra polémica es si los impuestos son bajos o altos. Los funcionarios opinan que son bajos y los contribuyentes, aún los pequeños, sienten que son altos. Pues, las estadísticas demuestran que los segundos tienen razón. El Banco Mundial tiene un índice de 191 países, en el que Argentina está 21 entre los que más exprimen con gravámenes a sus empresas. En otro índice, analizan que le pasaría a una pyme con buenas ganancias respecto a sus ingresos, si pagara todos los impuestos y tasas de cada país. Pues en sólo dos daría pérdida y uno de ellos es Argentina. Un trabajador en relación de dependencia, que no alcanza a pagar el Impuesto a las Ganancias, trabaja cerca de la mitad del mes para el Estado. Hay más de 67.000 regulaciones, con las que los funcionarios pretenden decirle cómo hacer las cosas mejor a quienes trabajan y manejan empresas. Es obvio que los burócratas no saben más que los demás y que lo único que logran es que esas regulaciones no se cumplan o, si alguien lo hace, sea a costa de ser más ineficiente. Ni hablar de la legislación laboral que la realidad demuestra que sólo desincentiva la creación de empleo productivo. ¿Qué argentino o extranjero va a invertir acá para que lo expriman o le digan cómo manejar su negocio? Así habrá menos empleo y bienestar para todos.

P: ¿Qué pasará si no se curan todos estos padecimientos?

A.A.: Si todas esas dolencias no se “curan” con las necesarias reformas estructurales, el resultado ya sabemos cuál será. El paciente ha estado en terapia intensiva muchas otras veces antes y ha entrado en crisis por no hacer lo que correspondía, ya sea por mal diagnóstico o por no animarse a darle el tratamiento adecuado. Para los que dicen que hacerlo trae costos políticos, difícilmente sea peor que llevar al país a una debacle y terminar perdiendo las elecciones presidenciales. Ya pasó y es lo que volverá a suceder.

Aldo Abram es Lic. en Economía y fue director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Consideraciones sobre el proceso inflacionario: algunos errores comunes

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 27/3/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/03/27/consideraciones-sobre-el-proceso-inflacionario-algunos-errores-comunes/

Todos los bancos centrales han perjudicado el signo monetario, por eso debemos pensar cómo salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

Friedrich August von Hayek

Friedrich August von Hayek

Todavía hay quienes sostienen que la inflación es un proceso multicausal sin percatarse que procede solamente de un fenómeno monetario exógeno al mercado, es decir, por razones políticas. Manteniendo los demás factores constantes, a más moneda emitida menor su valor.

Lo anterior no significa que la moneda no puede modificar su valor por razones endógenas al mercado. Al efecto de ilustrar el tema, supongamos que nos retrotraemos en la historia monetaria y todavía estamos en los inicios del cambio indirecto luego de haber abandonado el directo (trueque) con el uso de la sal y el hierro (como originalmente era en África), con las sedas (como era en Persia), el cobre (como era en Egipto), el cacao (como era en Centroamérica), el ganado (como era en Grecia), el tabaco (como era en la Virginia colonial) o luego de percatarse de las mayores ventajas del oro y la plata debido a su fraccionabilidad, homogeneidad y durabilidad.

Supongamos esta situación decimos, lo cual en modo alguno quiere decir que la gente mantenga inalterable su valorización de la unidad monetaria cosa que no significa que haya inflación o deflación según valorice en menos o en más. Esto naturalmente se traduce en cambios en la demanda de dinero, lo cual reiteramos son modificaciones en las apreciaciones endógenas de la gente que nada tienen que ver con la inflación. Incluso si hay un terremoto devastador que destruye buena parte de los bienes en una comunidad o disminuciones abruptas en el régimen de lluvias, los precios se elevarán pero solo ponen de manifiesto lo que ocurre debido a causas naturales o endógenas pero no es inflación, que siempre se debe a causas artificiales o exógenas, es decir a manipulaciones políticas, extrañas al mercado. Por su parte, como una nota al pie subrayamos que la deflación consiste en el fenómeno inverso, esto es la contracción exógena en la base monetaria con todos los problemas señalados debido a la manipulación monetaria.

Para comprender bien este fenómeno conviene ahondar en las raíces de la inflación. Se suele decir que es “el aumento general de precios” lo cual es constituye un error mayúsculo por dos motivos. Primero, si los precios aumentaran todos no habría problema con este fenómeno ya que no habrían distorsiones entre ingresos y precios ya que el salario es un precio. No habría problema en que los precios y los salarios se incrementaran al cincuenta por ciento anual, mensual o diario. Eventualmente habría que transportar el dinero en carretillas, habría que modificar las columnas en los libros de contabilidad y los dígitos en las calculadoras pero como decimos no habrían desequilibrios entre precios e ingresos.

En segundo lugar la inflación no está referida al movimiento de precios es la expansión monetaria por causas exógenas su causa y su efecto es la distorsión en lo precios relativos, lo cual causa las tremendas angustias debido a los desequilibrios entre precios y salarios. La expansión monetaria (o la contracción) debido a causas exógenas van tocando distintos sectores en distintos momentos lo que altera los precios relativos y, como es sabido, los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo operar en el mercado por lo que su distorsión indefectiblemente conduce a consumo de capital y como las tasas de capitalización son a su vez la causa del aumento de salarios e ingresos en términos reales, estos inevitablemente se contraen, en otros términos, la inflación conducen a la pobreza.

También es frecuente en la parla convencional afirmar que la inflación se genera por expectativas, por subas en los costos o por el incremento en el precio de algún bien estratégico. Pues ninguna de estas tres conclusiones es acertada. Si hay quienes suben precios debido a expectativas de inflación pero que no es convalidada por expansiones exógenas de dinero, deberán bajar esos precios si quieren evitar una contracción en las ventas. Si suben costos de ciertas mercancías no por ello pueden trasladarse a los precios sin que mermen las ventas. Siempre el comerciante venderá al precio más alto que pueda (igual que los que obtienen salarios pedirán lo más que las circunstancias permitan), lo cual no significa que le sea posible cobrar el precio que desea, es el que le permite el mercado. Por último, si sube el precio de un bien (por más que se considere estratégico) habrá dos posibilidades: si la gente desea consumir la misma cantidad del bien en cuestión tendrán que bajar los precios de otras mercancías, de lo contrario se prefiere consumir lo mismo de los otros bienes disminuirá la venta del producto que elevó su precio.

Es de una enorme trascendencia tener presente que en un mercado abierto de dinero como el que plantearemos más abajo, no se traduce en que la cantidad de moneda sea constante. La cantidad dependerá de la utilidad marginal de la unidad monetaria, igual que con otros bienes y servicios. Y cuando la gente valora más el dinero y consecuentemente su oferta aumenta nada tiene que ver con la inflación puesto que se trata de expansión endógena. No es una alteración del sistema sino que se expresa los gustos y preferencias de la gente.

Ahora vamos al tema de fondo. En vista que todas las llamadas autoridades monetarias y todas las épocas han perjudicado el signo monetario, debemos pensar como salir del marasmo. No se trata de contar con reguladores y manipuladores buenos, se trata de desprendernos de ellos tal como lo han sugerido premios Nobel en economía como Friedrich Hayek, Milton Friedman, Gary Becker, James Buchanan, George Stigler y Vernon Smith.

El asunto consiste en percatarse que todo banquero central está embretado entre tres posibilidades: a qué tasa emitir, a qué tasa contraer o dejar la base monetaria inalterada. Pues a través de cualquiera de los tres canales elegidos se estará distorsionando lo precios relativos respecto de la situación en la que la gente hubiera podido elegir. Y si suponemos que en la banca central está la bola de cristal y consecuentemente se procede según lo que la gente hubiera preferido no hay razón alguna que justifique la intromisión con ahorros en gastos administrativos, pero por otra parte la única manera de saber qué es lo que la gente hubiera preferido respecto a los activos monetarios es dejarla actuar.

Tal vez el mayor fetichismo del momento sea la supuesta necesidad de manipuladores monetarios, incluyendo la sandez de referirse a la soberanía monetaria que no se diferencia de una supuesta “soberanía de la zanahoria”. Todo está montado para que los aparatos estatales succionen el fruto del trabajo ajeno junto con la presión tributaria y el endeudamiento gubernamental. El espíritu conservador en el peor sentido de la expresión no permite despejar telarañas mentales y salir de la prisión del statu quo.

Si se preguntara qué cantidad de moneda debe haber es igual a preguntarse qué cantidad de papas debe haber. La elección de la moneda no será de un bien cuya existencia sea demasiado abundante pues no resulta cómodo pagar el medio de transporte con mil millones de algo y tampoco será un bien cuya escasez sea muy marcada pues no es expeditivo pagar con varios ceros antes de la coma que ubica los respectivos decimales.

Como queda dicho la historia monetaria finalmente luego de un período de selección prefirió el oro y la plata. No puede anticipar cuál será la moneda del futuro y tampoco es necesario. No sabemos si será una canasta de monedas, si será esta o aquella mercancía o si será digital (a pesar de lo controvertido de esto último debido a su incompatibilidad con el teorema de la regresión monetaria). Lo que sí se puede anticipar es que la eliminación de curso forzoso y la banca central permitirá elecciones que tiendan a proteger ahorros y que el saqueo sistemático no tendrá lugar.

En todo caso tengamos en cuenta que la tendencia a indexar como una medida que supuestamente corrige los males de la inflación no es relevante pues sube los precios de modo uniforme según un índice como si los precios fueran afectados de la misma manera, lo cual hace que se ubiquen a niveles más altos en valores absolutos pero la distorsión naturalmente se mantiene.

Ha sido frecuente la receta de emitir a un ritmo constante según el crecimiento de la economía “para que los operadores sepan a qué atenerse y la expansión se sustente en la tasa que revele el producto bruto interno”. Esta apreciación es equivocada por dos razones. En primer lugar los operadores no sabrán a que atenerse pues, como hemos reiterado, los precios no se mueven al mismo ritmo. En segundo término, si la expansión se sustenta en el indicador del producto esto hará, por ejemplo, que se anule el crecimiento de las exportaciones debido a la disminución de precios debido al mayor crecimiento, se contraigan las importaciones y una serie de cambios que no se sucederán debido a que la expansión los anuló.

En parte esta última receta se aplicó con los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años 20 que ya creados muchos de los bancos centrales se decidió de facto sustituir el patrón oro por una entelequia denominada “patrón oro cambio” que significaba sustituir el metal aurífero por el dólar y la libra (este último signo monetario fue posteriormente eliminado) lo cual permitió que Estados Unidos expandiera su moneda (también con contracciones erráticas) una reserva para otros países que también expandieron sus respectivos signos monetario lo cual desembocó en la crisis del 29 que se prolongó debido a las políticas de F.D. Roosevelt que fueron canceladas a regañadientes por Truman, lo cual permitió corregir desvíos en la economía real como la liberación de precios y las trabas en el mercado laboral que condujeron a desempleo masivo mientras caía la tasa de capitalización. De todos modos, más tarde, en 1971, Nixon dio el golpe final a la disciplina monetaria imponiendo lo que denominó “el acuerdo más importante de la historia” que consistió en eliminar de jure el oro del esquema monetario y establecer tipos de cambio fijos que duraron hasta la estrepitosa corrida de 1973 que hubo abandonar esta última política que severamente encorsetaba el comercio internacional.

Por otro lado, estimamos que no es en esta nota periodística la oportunidad de encarar otro debate que viene arrastrándose desde hace un siglo y promete otro tanto, cuál es el sistema bancario. Lo que sí puede concluirse es que desaparecerá por manifiestamente perjudicial el sistema fraccionario para ser reemplazado por la reserva total o el llamado free banking con lo que la producción secundaria de dinero de origen exógeno quedará sin efecto y los bancos, financieras y equivalentes deberán enfrentar toda la responsabilidad de su gestión en relación a sus clientes sin el bochornoso apoyo de banqueros centrales y las consecuentes regulaciones absurdas.

Para cerrar este texto subrayamos que en la literatura económica tradicional “convertibilidad” quiere decir canje entre una mercancía y un recibo denominado billete bancario pero no se refiere al intercambio de un papel de un color por otro papel de otro color, en todo caso esto último -cuando un signo monetario está anclado en términos de otro- se trata de tipo de cambio fijo con política monetaria pasiva. En un mercado libre en materia monetaria se da lugar a tipo de cambio libre sin tal cosa como política monetaria (a diferencia de lo que viene ocurriendo en la mayor parte de los casos donde impera un tipo de cambio controlado con política monetaria activa).

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Dolarización en Ecuador después de 20 años

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 18/2/20 en: https://www.aier.org/article/dollarization-in-ecuador-after-20-years/

 

En enero, Ecuador celebró su 20 º aniversario de la dolarización. La Sociedad Bastiat de Guayaquil y el Instituto Ecuatoriano de Economía Política organizaron una conferencia para discutir los pros y los contras del régimen monetario ecuatoriano. Los oradores internacionales que participaron en la discusión incluyeron a Lawrence W. Reed, Manuel Hinds y Carlos E. Gonzales.

La dolarización es un tema delicado en países como Argentina , donde la política monetaria ha sido errática. Entonces fue interesante ver cómo los economistas y no economistas en Ecuador ven la dolarización. A continuación, compartiré dos conclusiones de mi reciente visita a Guayaquil, Ecuador.

La dolarización no se trata solo de la política monetaria

La dolarización es el reemplazo de la moneda extranjera (a menudo, pero no necesariamente, el dólar estadounidense) en lugar del dinero nacional. El sucre fue reemplazado por el dólar estadounidense en 2000, y desde entonces ha servido como moneda de Ecuador.

La dolarización tiene pros y contras . Una desventaja es que con la dolarización, un país utiliza la política monetaria de otros países en lugar de la suya. Sin embargo, este inconveniente no es la única característica de la dolarización. Hay profesionales a considerar también. Tal como la posibilidad de que el uso de una política monetaria extranjera pueda ser más eficiente que tener el propio banco central disfuncional. Otro beneficio, especialmente en países con un marco institucional débil, es que puede proporcionar un límite al gasto excesivo del gobierno.

El mensaje común que recibí de todas mis interacciones y conferencias es que los ecuatorianos ven la dolarización como una característica institucional primero, y como una herramienta de política monetaria en segundo lugar. Los ecuatorianos están principalmente preocupados por lo que haría un líder populista si tuviera el poder de financiar los gastos con dinero nuevo. Y con razón. Escuché repetidamente cómo la dolarización salvó a Ecuador de convertirse en otra Venezuela bajo la presidencia de Rafael Correa. Sí, Ecuador sufrió graves problemas monetarios, como las altas tasas de inflación, en los años previos a la dolarización. Sin embargo, su principal preocupación es institucional.

Este es un mensaje importante. En mi experiencia, quienes se oponen a la dolarización generalmente lo hacen porque impide que un país maneje los shocks extranjeros. Presuponen, a menudo con pocas razones para hacerlo, que el banco central gestionará dichos shocks de manera adecuada. Pero, incluso si suponemos que lo harían, uno debe tener en cuenta que los shocks extranjeros no son el único tema a considerar. También hay choques domésticos. Y la dolarización elimina en gran medida las conmociones internas que de otra forma vendrían de la politización de la política monetaria. 

Al considerar regímenes monetarios alternativos, uno no debe dejar que lo posible eclipse lo probable.

Un problema con las reformas institucionales es que las instituciones más débiles están en primer lugar, las reformas más profundas deben ser. Durante la década de 1990, por ejemplo, Argentina estaba bajo un acuerdo de junta monetaria. A principios de la década de 2000, en lugar de pasar a la dolarización total, Argentina abandonó su caja de conversión y separó el peso argentino del dólar estadounidense. Como resultado, los argentinos ahora ven una caja de conversión como una regla no creíble. Dado que los políticos argentinos rompieron ese compromiso monetario antes (y a un costo considerable), hay pocas razones para creer que mantendrían ese compromiso ahora. Eso significa que una caja de conversión ya no es una opción viable en Argentina. Se requiere una reforma más profunda, como la dolarización, para ganar credibilidad y anclar las expectativas.

Los ecuatorianos que abogan por una desdolarización de la economía y un retorno al sucre deben pensar con mucho cuidado sobre lo que están pidiendo. Ciertamente, uno puede imaginar un banco central que funcione bien y que funcione mejor para Ecuador que la dolarización. Pero nuestra capacidad de imaginar tal institución no implica en absoluto que sea probable que resulte. Abandonar el dólar corre el riesgo de quedarse atascado con un banco central a la Argentina, no con el banco central ideal y eficiente que los defensores del Sucre imaginan que obtendrán.

La dolarización no se trata solo de la política monetaria. También se trata de limitaciones institucionales. Los problemas de política monetaria fueron síntomas de debilidad institucional en Ecuador. La dolarización reafirmó esas debilidades institucionales al eliminar la necesidad de un banco central que funcione bien.

Un país con instituciones monetarias débiles necesita más que equilibrar el presupuesto de tesorería para obtener un banco central eficiente. Lo que un país en esta situación necesita son reformas institucionales más profundas que cambiarían los incentivos extractivos de los responsables políticos y mantendrían a los políticos bajo control. Una vez que esas instituciones estén bien establecidas, se puede pensar en abandonar la dolarización. Pero, hasta entonces, es mejor mantener el rumbo.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

CAMBIO DE CICLO

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 2/10/19 en:  https://www.sotograndedigital.com/2019/10/01/cambio-de-ciclo-por-carlos-rodriguez-braun/

 

Ahora que llega el otoño, y empieza a llover en Sotogrande, podemos reflexionar sobre otro tipo de precipitación: ¿estamos cerca de un cambio en el ciclo económico o a las puertas de una crisis?

Habrá quien proteste por la pregunta, alegando que no podemos estar próximos a un colapso cuando aún no hemos superado plenamente el anterior. Sin embargo, se trata de una percepción errónea, porque en realidad la economía española lleva seis años creciendo, y a bastante buen ritmo. Dejamos atrás la crisis en el año 2013.

Carlos Rodríguez Braun

Y tampoco es cierto que, considerando que no todos los indicadores son mejores que los registrados en 2007, entonces hay que concluir que seguimos atrapados en la última gran caída de la actividad económica. Recordemos que ese año marcó el final de un ciclo notablemente prolongado de expansión, iniciado en 1993. Por fin, esas percepciones equivocadas son relativamente frecuentes, y operan en los dos sentidos, tanto en las expansiones como en las recesiones.

Sea como fuere, y dando por sentado nuestra completa e inerradicable ignorancia sobre qué sucederá en el futuro, lo que sí podemos constatar es que el ritmo de crecimiento de la economía española se está desacelerando. Los indicadores son a estas alturas suficientes como para afirmarlo, en términos de actividad, empleo y comercio exterior.

La situación internacional tampoco es halagüeña, no solo por el freno de varias economías en Europa y fuera de ella, sino también por la incertidumbre que afecta a tres campos importantes: el Brexit, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y la política monetaria.

Es verdad que tales incógnitas pueden despejarse de manera positiva, pero no lo veo probable, especialmente en el caso de los bancos centrales, cuyas políticas han sido a mi juicio demasiado expansivas durante demasiado tiempo. Esto rara vez termina bien.

Por lo tanto, conviene que nos preparemos para un nuevo escenario con más dificultades, o incluso un cambio de ciclo. Si nuestros gobernantes fueran precavidos, lo que estarían haciendo ahora es bajar gastos e impuestos y flexibilizar los mercados, para amortiguar cualquier golpe negativo en ciernes. No lo están haciendo, y, lo que es peor, no está nada claro que lo vayan a hacer en el futuro.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La Crisis del 30, Rooselvet, Keynes y la importancia de las instituciones

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 26/7/18 en: http://economiaparatodos.net/la-importancia-de-las-instituciones-en-la-recuperacion-economica-el-caso-de-la-crisis-del-30/

 

No copiemos el nefasto New Deal que retardó la salida de la depresión

Hace décadas el estudio de la economía ha dejado de concentrarse solo en el equilibrio fiscal, la política monetaria, el proteccionismo y otras políticas estrictamente económicas y empezó a centrarse en la relación entre instituciones y crecimiento económico. Hayek en The Constitution of Liberty (1960) hace un primer gran avance al respecto completándolo con Derecho, Legislación y Libertad, tres tomos publicados en 1973, 1976 y 1979, hace una gran obra que muestra la necesidad de limitar el poder del estado para que pueda haber prosperidad y libertad.

Pero otros autores, como Mancur Olson, también enfocaron la relación entre crecimiento económico y calidad institucional, particularmente en Auge y Decadencia de Las Naciones.

El caso de la crisis del 30 y el New Deal es un caso emblemático en el que pocos han reparado en la importancia de las instituciones para salir de las crisis económicas. Todo el debate se ha limitado a determinar si el New Deal fue exitoso y si las políticas keynesianas influyeron en la salida de la crisis.

En general se cree que el New Deal fue una receta puramente keynesiana de aumento del gasto público financiado con emisión monetaria. La realidad es que el New Deal fue algo mucho más complejo que el aumento del gasto público, aunque sí está comprobado que Rooselvet estuvo en contacto personal con Keynes y sus ideas que luego volcó en la Teoría General en 1936. Al margen de la carta que Keynes publica en 1933 sobre la necesidad de aumentar la demanda agregada y se lamenta de la disciplina fiscal que proponía Rooselvet, en 1934 Keynes tuvo una reunión con Rooselvet y le explicó sus ideas de aumentar el gasto público y el déficit fiscal. En una carta de Keynes a Rooselvet fechada en 1 de febrero de 1938 hace referencia en al menos dos oportunidades a la reunión que tuvieron 3 años y medio atrás, o sea, está haciendo referencia a mediados de 1934, reunión que se confirma en el borrador de la carta que le prepara el secretario del Tesoro de Estados Unidos para responderle a Keynes, carta que está fechada el 3 de marzo de 1938 y hace referencia a esa reunión de mediados de 1934. El dato concreto es que Rooselvet conocía las ideas de Keynes antes que este las publicara en la Teoría General en 1936, pero las descartó porque su campaña presidencial de 1932 estuvo basada en el equilibrio fiscal. Rooselvet consideraba que el equilibrio fiscal iba a traer confianza, más inversiones y mejorar la situación de los agentes económicos en beneficio para salir de la recesión. Recordemos que cuando Rooselvet asume como presidente en 1933, la desocupación estaba en el 25% aproximadamente y que tampoco en 1933 había finalizado por completo la gran depresión. La economía había mejorado algo pero entra en un proceso recesivo nuevamente en agosto de ese año, a mi juicio por las múltiples regulaciones que impuso Rooselvet. Es más, Rooselvet comienza a seguir en alguna medida las ideas de Keynes y comienza a aumentar el gasto público, pero no en la magnitud que sugería Keynes. Algunos economistas han leído mal los datos fiscales de ese período creyendo que hubo superávit fiscal. Error, los presupuestos que envía Rooselvet al Congreso aumentaban el gasto público con equilibrio fiscal, pero sin incluir los gastos destinados a ayuda social y de estímulo al trabajo. Una especie de déficit primario de la Argentina actual. No se contemplaban una parte de los gastos y por eso les da superávit fiscal.

Gráfico 1

Incluso Rooselvet llega a afirmar, luego de hacer su campaña política a favor del equilibrio fiscal, que: “Tener equilibrio fiscal en 1933 o 1934 o 1935 hubiese sido un crimen contra el pueblo americano… Cuando el pueblo americano sufría, nos rehusamos a pasarnos del otro lado y la humanidad prevaleció”. Para Rooselvet, ser humanitario pasó a significar tener déficit fiscal.

Pero el New Deal no fue solo el gasto público, además Rooselvet prohibió la tenencia de oro. Es como si hoy se les prohibiera a los argentinos tener dólares. Se estableció la Agricultural Adjustment Act por la cual se subsidiaba a los productores agrícolas para que no produjeran. Ese subsidio se financiaba con el impuesto a la transformación. Un impuesto que tenían que pagar los que compraban como insumos los productos agrícolas. El que compraba algodón para hacer una camisa, pagaba el impuesto a la transformación para que el que producía algodón produjera menos vía el subsidio que le daba el estado con ese impuesto.

También se estableció la National Industrial Recovery Act que regulaba la actividad de la industria, las horas de trabajo, los salarios, etc. Y, además del proteccionismo impuesto, se creó la National Recovery Administration para regular toda la economía.

Toda esta maraña de regulaciones que componían el New Deal ahogaba la economía y llevaron a una cantidad de juicios cuestionando su constitucionalidad. Al principio, la Corte Suprema de Justicia acompañó a gobierno de Rooselvet, pero llegó un punto en que dijo basta.

Aquí vale la pena aclarar que Hoover, el presidente que antecedió a Rooselvet, dejó una CSJ compuesta por cuatro miembros conservadores, dos moderados y tres “liberals” (aquí les diríamos progres), siguiendo el trabajo de Antonia Sagredo Santos publicado por la Universidad Complutense de Madrid. Es decir, Rooselvet no tenía toda la Corte Suprema en contra. Pero en 1935 la CSJ empezó a frenarle la avalancha de regulaciones por inconstitucionales y en enero de 1936 le voltea el corazón del New Deal que estaba en la Agricultural Adjustment Act por el caso Estados Unidos vs. Butler, conocido como el caso Butler. En esencia la CSJ declara inconstitucional el impuesto a la transformación por coaccionar la libertad, digamos extorsivo para quienes no quisieran cumplir con las órdenes del gobierno de producir menos, avanzaba sobre los derechos de los estados transformando a EE.UU. en un gobierno unitario y la potestad que se arrogaba el Ejecutivo de ejercer poderes legislativos.

Al caer la Agricultural Adjustment Act, cayeron al poco tiempo la National Industrial Recovery Act y la National Recovery Administration porque estaban basadas en el espíritu de la primera. Esta declaración de inconstitucionalidad fue liberando la economía del ahogo de las regulaciones y, puede verse en el gráfico 1, que ya en 1935 con las primeras limitaciones y en 1936 con el freno a la maraña de controles del New Deal, la economía recupera confianza.

Obviamente, Rooselvet quiso remover a parte de la CSJ, algo que hace recordar al kirchnerismo, por oponerse a sus poderes especiales que le había delegado el Congreso, algo que la CSJ consideró inadmisible en un estado con división de poderes. La embestida de Rooselvet contra la corte no tuvo apoyo ni siquiera en su propio partido, el Demócrata, y esto ayudó a recomponer la confianza.

Luego el presidente quiso neutralizarla ampliando la cantidad de miembros para tener una Corte adicta. Como no logró este objetivo, Roosevelt intentó sacarse de encima a los jueces de la Corte reduciendo la edad de sus miembros a 65 años. Tampoco funcionó ésta estrategia. La firmeza de la CSJ y el funcionamiento de las instituciones en Estados Unidos le permitieron recuperar su economía luego de haber confiscado depósitos y prohibir la tenencia de ahorro y establecer las regulaciones más absurdas al estilo Moreno, junto con el déficit fiscal. Es decir, las barbaridades económicas que se hicieron en el New Deal, las cuales nosotros copiamos con mucho entusiasmo, fueron frenadas por el funcionamiento institucional. En definitiva, prevaleció el espíritu de los padres fundadores a la hora de respetar el derecho de propiedad y de división de poderes.

Mi impresión es que no fueron ni el New Deal, ni la receta keynesiana que Rooselvet ya conocía desde 1934, ni la Segunda Guerra Mundial, los que le permitieron a Estados Unidos salir la depresión del 30. Como puede verse en el gráfico 1, a partir del momento en que la CSJ declara inconstitucionales las leyes que eran el corazón del New Deal la producción industrial consolida su recuperación.

En síntesis, tengamos en claro que para que Argentina salga de su larga decadencia y evite una nueva crisis económica, no pueden separarse políticas económicas consistentes de calidad institucional. Y esta última no depende de un partido político, depende de la dirigencia política en su conjunto que debe aceptar que debe haber políticas públicas de largo plazo en las que se limite el poder del estado para que no viole los derechos de propiedad ni ahogue la capacidad de innovación de los argentinos con impuestos ridículos y regulaciones absurdas.

No copiemos el nefasto New Deal, que retardó la salida de la depresión. Copiemos la parte buena de Estados Unidos: el imperio de la instituciones que prevaleció por sobre la locura regulatoria del New Deal.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Diferencias y similitudes entre la inflación M y la inflación K

Por Iván Carrino. Publicado el 25/4/18 en: http://www.ivancarrino.com/diferencias-y-similitudes-entre-la-inflacion-m-y-la-inflacion-k/

 

En lo cuantitativo, la inflación de hoy es similar a la de CFK, pero cualitativamente la cosa es muy diferente.

La inflación es un fenómeno monetario. Cuando el dinero es excesivamente abundante, su valor cae, y eso se ve reflejado en el aumento de todos los precios de la economía.

En Argentina hace 10 años que tenemos una inflación promedio del 27%, ocupando los primeros puestos del mundo en este ranking de mala gestión monetaria.

Según datos privados, los precios subieron en 2015 alrededor de 27% y promediaron, en los dos mandatos de Cristina Fernández de Kirchner, una suba de 25,2% anual.

De acuerdo con datos oficiales, la inflación cerró en 24,8% el año pasado y durante el primer trimestre de este año el dato anualizado es 29,6%. Es decir que durante la gestión de Mauricio Macri –para quien la inflación no iba a ser un tema durante su gobierno- los datos referentes al ritmo de aumento de precios no distan demasiado de los del gobierno de CFK.

Tomando esta realidad como referencia, muchos igualan ambas situaciones, y sostienen que tras todos los cambios introducidos, nada relevante ha pasado con el crucial tema de la inflación.

Similitud cuantitativa, diferencia cualitativa

Ahora si bien al mirar los números, la situación parece similar, lo cierto es que en el aspecto cualitativo, el cambio es significativo.

Es que con CFK prevalecía el modelo chavista de administración económica. Es decir, se emitían billetes para financiar el déficit fiscal, y luego se buscaba reprimir las consecuencias controlando todos los precios de la economía.

Durante la gestión anterior prevaleció el cepo cambiario, un clásico control administrativo del tipo de cambio, que busca regular el precio de todos los bienes y servicios relacionados con el dólar. Además, existía una extendida red de “Precios Cuidados”, los precios de las naftas estaban controlados, y las tarifas de servicios públicos (agua, gas, luz, transporte), se mantuvieron prácticamente congeladas.

Por último, también se cobraban retenciones a las exportaciones, buscando divorciar los precios internos de los internacionales.

Este sistema de controles fue lo que el economista alemán Wilhelm Röpke denominó “inflación reprimida”. Para Röpke, la inflación reprimida “consiste fundamentalmente en que un gobierno promueve la inflación, prohibiendo más tarde, sin embargo, su influencia sobre los precios y los tipos de cambio, sustituyendo las funciones ordenadora e impulsora de los precios por el bien conocido sistema de la economía de tiempo de guerra, consistente en el racionamiento a precios controlados”.

Según el alemán, a quien muchos consideran autor intelectual de la reforma monetaria y la casi total liberación de los precios que llevó a Alemania al “milagro alemán” de la posguerra, “la inflación reprimida es aún peor que la abierta, ya que el dinero acaba por perder, no sólo la función de ordenar el proceso económico actuando como medio de cambio y unidad de cuenta, sino también la no menos importante de estimular la óptima producción de bienes y su distribución al mercado”.

En esto también coincidían dos destacados Premios Nobel de economía. Friedrich A. Hayek consideraba que “la inflación abierta es suficientemente mala. Pero la inflación reprimida por los controles es incluso peor: es el verdadero ocaso de la economía de mercado”. Milton Friedman, por su lado, afirmaba que “la inflación libre es perniciosa, pero la inflación suprimida es peor: el intento de supresión impide que obre el sistema de precios”.

Para resumir,  si bien existe hoy una inflación tan alta como la que prevalecía durante el kirchnerismo, el sistema de precios opera con mucha mayor libertad que antes, con los beneficios que esto implica.

El corto plazo y el futuro de la inflación

Los precios libres son absolutamente indispensables para tener una economía de mercado vibrante. Sin embargo, su liberación a corto plazo suele terminar impactando en los índices con los cuales los estadísticos miden la inflación.

Como se observa en el gráfico de más abajo, al tomar el promedio móvil de tres meses de la inflación mensual en la Ciudad de Buenos Aires, se observa que durante los primeros trimestres de 2016, 2017 y 2018, los precios regulados suben mucho más que la inflación general, impulsando a ésta al alza.

(Nótese la diferencia de valores entre la línea punteada, cuya referencia está en el eje izquierdo, y la línea negra sólida, cuya referencia se encuentra en el eje derecho).

Gráfico 1. Inflación CABA, precios regulados e IPC General.

infla k y m

Fuente: ICYA en base a Estadísticas CABA.

A largo plazo, lo único que determina la inflación es el exceso en la cantidad de dinero. Sin embargo, los ajustes de algunos precios puntuales tienen un efecto de corto plazo que no debería ignorarse.

Ahora bien, si la suba transitoria de la inflación que estos ajustes generan, es el costo que tenemos que pagar para que el sistema funcione mejor, bienvenido sea.

Por último, es obvio que necesitamos una política monetaria más agresiva,  porque los registros inflacionarios siguen muy lejos de las metas. Pero reconozcamos también que la “inflación M” es muy diferente de la “inflación K”.

La estrategia antiinflacionaria del kirchnerismo ignoraba las causas de la inflación y solo buscaba torpemente controlar sus consecuencias.

La estrategia de Cambiemos busca –aunque imperfectamente hasta el momento- corregir las causas de la inflación, pero liberando precios, algo que cualquier defensor de una economía sana debería aplaudir.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Inflación: la verdad de Perogrullo

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 20/4/18 en: https://www.rionegro.com.ar/columnistas/inflacion-la-verdad-de-perogrullo-CL4841141

 

 

El pasado jueves, el Indec comunicó la tasa de inflación para el mes de marzo: 2,3%, una décima de punto porcentual menos que en febrero, pero algo por encima del 1,8% del mes de enero. Educación, 13,8%; Equipamiento y Mantenimiento del Hogar, 4,5%; y Prendas de Vestir y Calzado, 4,4%: son algunos de los componentes que han provocado tracción sobre el indicador mensual y, como es natural, reflejaron la estacionalidad de la nueva temporada otoño-invierno. Todo lo cual sintetizó un agregado para el trimestre del 6,64%, que supera al 6,1% de igual período registrado en el año anterior.

El fenómeno inquieta a muchos analistas quienes, en pos de anticipar el comportamiento futuro de la evolución de los precios, se enfocan en el alza de precios de los pasados 12 meses. Para el período, el indicador se estabilizó en el rango del 25% hacia fines del 2017, y el gobierno decidió recalibrar la meta de la autoridad monetaria para el 2018 (del 10% al 15%). También se pone especial atención al caso particular de la denominada “inflación núcleo”, la que no está vinculada con factores estacionales y con los precios regulados por el gobierno, que aceleró el presente mes a ritmo de 2,6%, superando el promedio general, porque recibió con rezago los efectos de las subas previas del tipo de cambio y de las tarifas.

Con igual razonamiento, es decir, la inducción o el positivismo metodológico utilizado por la ortodoxia, podría aseverarse que a este ritmo la tasa anualizada-no “desestacionalizada” (desestacionalizar se utiliza con el significado de eliminar de un dato o serie, mediante la aplicación de cierto filtro o procedimiento estadístico, el efecto de las variaciones cíclicas estacionales que esa variable experimente a lo largo del año) alcanzaría hacia el mes de diciembre la abultada cifra del 29,32%.

Sin embargo, la inflación, en el mundo en general y en el continente en particular, ha dejado de ser un problema, “Está disminuyendo en varios países de la región (con contadas excepciones, como México, Argentina y Venezuela), a pesar de la recuperación de los precios de las materias primas, lo que indica que las brechas de producto siguen siendo negativas y que las presiones inflacionarias derivadas de la depreciación de las monedas se han disipado” (las estadísticas de nuestro país no fueron tomadas en consideración durante la última década, al igual que las de Venezuela), según el informe Perspectivas Económicas FMI, abril de 2017.

Por lo tanto, el fenómeno de la inflación cada vez menos frecuente en el escenario económico global debiera ser explicado por sus verdaderas causas, y no mediante animadas especulaciones que sólo tienden a confundir irremisiblemente.

En lo que se conoce como el debate de la neutralidad del dinero, la mayoría de los economistas aceptan que los efectos a largo plazo del dinero recaen totalmente (o casi) sobre los precios, con un impacto muy limitado o nulo sobre las variables reales; también, varios de ellos admiten que las perturbaciones monetarias pueden tener efectos reales a corto plazo. Pero la naturaleza de tales perturbaciones tiene un alcance temporal y limitado.

Durante las últimas décadas, la necesidad de compatibilizar la aparente neutralidad del dinero a largo plazo con sus posibles efectos reales a corto plazo llevó al desarrollo de un campo de investigación muy activo que se traduciría en las llamadas teorías monetarias del ciclo económico. En dicha línea argumental, el relevamiento realizado por McCandless y Weber en 1995 estudió la neutralidad del dinero a corto y a largo plazo para un conjunto de 110 países durante un período de treinta años (entre 1960 y 1990). Las correlaciones observadas entre las tasas de crecimiento de los precios, de la producción y de varias definiciones del stock de dinero (M0, M1 y M2) alcanzaron conclusiones fundamentales: mostraron que la correlación entre la tasa de inflación y la de crecimiento de la oferta monetaria varía entre 0.92 y 0.96, dependiendo de la definición de dinero que se utilice.

A menos que el gobierno tome nota de que la variación interanual de la base monetaria, o dinero de alto poder –del 29,3% para los últimos doce meses, conforme el Informe Monetario Mensual del BCRA de marzo de 2018–, es compatible con el comportamiento empírico de los precios monetarios, y, sobre todo, esté dispuesto a admitir que, bajo las actuales condiciones, las metas no son alcanzables: la política monetaria no resultará un indicador confiable y consistente con la realidad económica que subyace. Similar desempeño se observa con el comportamiento de la circulación monetaria, 27,9%.

En síntesis, si los argentinos seguimos empeñados en descubrir o redescubrir la pólvora, que fue probablemente la primera gran aportación de la Alquimia, seguiríamos alimentando aquel mito o frase que lanza una invectiva contra alguien que ha hecho o dicho algo y resulta ser “la verdad de Perogrullo”.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

Reglas o discreción y la independencia del Banco Central

Por Martín Krause. Publicado el 16/1/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Reglas-o-discrecion-y-la-independencia-del-Banco-Central-20180116-0042.html

 

Reglas o discreción y la independencia del Banco Central

El anuncio reciente sobre las modificaciones a los objetivos de inflación que busca alcanzar el Banco Central dio pie a un intenso debate sobre la política monetaria que lleva adelante el Gobierno. La conferencia en la cual esas medidas fueron anunciadas mostró también claramente el funcionamiento del marco institucional de esta política.

Desde hace décadas que en este último campo predominan dos temas, usualmente relacionados: reglas versus discrecionalidad, y la independencia del Banco Central. ¿Qué es lo que mostraron estos últimos anuncios? Que supuestamente existe una regla (objetivos de inflación), pero que esta se modifica a discreción; y que la independencia del BCRA es limitada a los instrumentos para alcanzar metas que le fija el Ejecutivo.

Los temas están interrelacionados porque una regla tiene que ser creíble, y buena parte de esa credibilidad se basa en la independencia de quien la va a intentar cumplir sin recibir presiones políticas. Por supuesto que esas presiones son ahora mejores de lo que eran hace un par de años, ya que todos parecen entender el origen del problema (el déficit fiscal y su financiamiento); mientras que antes no solamente no había independencia ni reglas sino que las autoridades económicas y monetarias creían que la inflación no era un fenómeno monetario, y demostraban lo opuesto con los resultados de sus políticas.

En un trabajo muy reciente, uno de los más reconocidos autores en esta materia, John B. Taylor, autor de la ahora famosa “Taylor rule”, analiza las ventajas de ambas cosas, reglas e independencia (“Rules versus discretion: Assessing the debate over the conduct of monetary policy”; NBER Working Paper 24149, Diciembre 2017): “Al otorgar independencia a una agencia gubernamental en una democracia, se necesita asegurar que la agencia tenga un propósito bien definido y clara rendición de cuentas. Cuando los bancos centrales se alejan de ser instituciones con fines limitados y se convierten en instituciones independientes de múltiple propósito, escapan los controles necesarios de un sistema democrático. Esto puede llevar a intervenciones inapropiadas que no hayan sido aprobadas por el proceso legislativo o el voto de la gente. También puede llevar a un pobre desempeño económico. La investigación muestra que la independencia del banco central es necesaria para una buena política monetaria y, por ende, un buen desempeño económico, pero no es suficiente”.

En nuestro caso, no tenemos independencia y hacemos de las reglas discreción. La institucionalidad es débil, incluso pese a que estas reglas discrecionales sean mejores que las anteriores.

Tal vez la salida de este atolladero sea, no ya discutir que regla no vamos a cumplir, o que independencia no vamos a tener, sino una regla que imponga la gente, los usuarios, no la política. Me refiero a la libre competencia de monedas. Es lo que existía antes de que los bancos centrales reclamaran su monopolio y resurgió como propuesta luego de los trabajos del premio Nobel F. A. Hayek y otros economistas; y avanza en la práctica con las criptomonedas y la globalización financiera.

Sería ampliar lo que ya somos, un país bimonetario, con pesos y dólares, y bien podría adaptarse al gradualismo actual. La creciente competencia (para lo cual habría que ampliar la elección de moneda en todo tipo de pagos, aun de y al Estado) significaría una regla de la cual el Central no podría escapar y lo forzaría a hacer buena letra.

Somos una sociedad que no cumple muchas reglas. Cada cual quiere tener la propia. Curiosamente, en este campo eso podría hacerse. El peso cumple (o no) una regla, el dólar cumple otra, el Bitcoin también.

Comenta Hayek en la obra donde presenta el tema (Desnacionalización del dinero, 1978): “No hace tanto tiempo, en 1960, yo mismo argumentaba que privar a los gobiernos de su control sobre la política monetaria no sólo sería impracticable, sino que, aun en el caso de que fuera posible, sería indeseable. Esta opinión se basaba en la tácita presunción común de que debe existir en cada país un solo y uniforme tipo de dinero. Ni siquiera consideraba la posibilidad de una verdadera competencia entre monedas dentro de un determinado país o territorio. Si sólo se permite una clase de dinero, es probable que el monopolio de su emisión deba estar bajo el control del gobierno. La circulación concurrente de diversas monedas puede resultar a veces inconveniente, pero un detenido análisis de sus efectos indica que las ventajas superan de tal forma a los inconvenientes, que, comparativamente, éstos apenas cuentan, aunque la falta de familiaridad con la nueva situación los haga parecer mayores de lo que serían en realidad”.

Con repasar los resultados históricos del BCRA (Milei los describe en “El dinero y esa atroz locura llamada Banco Central”) quedan claros los beneficios de una mayor competencia.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Ley de Gresham: el dinero malo sustituye al bueno. Para Hayek no se deduce de ello el monopolio del estado en la moneda

Por Martín Krause. Publicado el 28/9/17 en: http://bazar.ufm.edu/ley-gresham-dinero-mal-sustituye-al-bueno-hayek-no-se-deduce-ello-monopolio-del-estado-la-moneda/

 

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek trata el tema de la política monetaria y realiza una propuesta de “competencia de monedas”, cuya discusión es apropiada en todo país, como Argentina, que tiene dos monedas al menos, el peso y el dólar. Se suele pensar que la provisión de dinero es un ‘bien público’, una función indelegable del Estado. ¿De dónde salió eso? El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

En esta oportunidad, comenta sobre la famosa Ley de Gresham:

“LA CONFUSIÓN SOBRE LA LEY DE GRESHAM

Según la llamada “Ley de Gresham”, el dinero de mala calidad expulsa de la circulación al de buena calidad, que se atesora. Sin embargo, quienes deducen de tal tendencia del dinero malo a sustituir al bueno que es necesario el monopolio estatal de emisión de moneda no entienden la Ley de Gresham. El distinguido economista W. S. Jevons la expresó más científicamente diciendo que un dinero mejor no es capaz de expulsar al peor, y lo hizo precisamente para demostrar la necesidad de ese monopolio. Es cierto que entonces discutía una proposición del filósofo Herbert Spencer para permitir la libre competencia en la acuñación de oro, en un momento en que las únicas monedas que se contemplaban eran las de oro y plata. Quizás Jevons, conducido a la economía por su experiencia como tasador en una casa de moneda, creía aún menos que sus contemporáneos en general en la posibilidad de otro tipo de monedas.

A pesar de ello, su reacción ante la propuesta de Spencer le llevó muy lejos. Describió así lo dicho   por Spencer: “De la misma forma que confiamos en el tendero para que nos suministre libras de té y en el panadero para que nos proporcione hogazas de pan, podríamos confiar en Heaton e Hijos o cualquier otra compañía emprendedora de Birmingham para la provisión de soberanos y chelines a su propio riesgo y beneficio”1. Ello le condujo a la declaración categórica de que generalmente, en su opinión, “nada hay que menos convenga dejar a la acción de la competencia que el dinero”.

Es quizás significativo que incluso Herbert Spencer no contemplara más posibilidad que la de permitir a la empresa privada que produjera el mismo tipo de moneda que el gobierno, a saber, monedas de oro y plata. Parece haber creído que eran los únicos tipos de moneda que podían tomarse en consideración razonablemente, y que, en consecuencia, habría por fuerza tipos de cambio fijos (esto es, 1 : 1 si eran del mismo peso y ley) entre el dinero del gobierno y el privado. En este caso, la Ley de Gresham operaría si algún productor suministrara un material de peor calidad. Está claro que lo anterior estaba en la mente de Jevons, ya que justificó su condena de la propuesta sobre la base de que, “mientras en otras cuestiones todo el mundo, llevado por su propio interés, elige lo mejor y rechaza lo peor, en el caso del dinero parece que, paradójicamente, retiene el peor y se deshace del mejor”.

Lo que Jevons, como muchos otros, no tuvo en cuenta o consideró no ser del caso es que la Ley de Gresham es aplicable sólo a diferentes clases de moneda que sólo pueden cambiarse entre sí a un tipo de cambio impuesto por la ley4. Si la ley define a dos tipos de dinero como sustitutos perfectos para el pago de deudas y obliga a los acreedores a aceptar una moneda de menor contenido de oro en lugar de otra de mayor contenido, los deudores, naturalmente, pagarán sólo con la primera y se reservarán la segunda para mejor uso.

Sin embargo, si los tipos de cambio fueran variables, el dinero de inferior calidad se valoraría a una cotización menor, y especialmente si amenazara con disminuir aún más de valor, la gente intentaría deshacerse de él lo antes posible. El proceso de selección continuaría en favor de lo que se considera como el mejor tipo de dinero emitido por las diversas entidades y desplazaría rápidamente al considerado inconveniente o sin valor5. De hecho, en todos los equitativa de su cantidad mediante una ley establecida, y las consecuencias negativas recaen más sobre el público que sobre el emisor.” Es obvio que Loyd sólo consideraba la posibilidad de que entidades diferentes emitieran la misma moneda, no que monedas de diferente denominación compitieran entre sí.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados. (Ciima-Eseade). Es profesor de Historia del Pensamiento Económico en UBA.

Curva de Phillips y macroeconomía comparada

Por Adrián Ravier: Publicado en: http://newmedia.ufm.edu/video/curva-de-phillips-y-macroeconomia-comparada/

 

Adrian Ravier presenta un estudio que busca comunicar las ideas de la Escuela Austriaca sobre la curva de Phillips que se relaciona con la política monetaria y el impacto que tiene sobre el empleo. En la primera parte menciona los antecedentes de la revolución keynesiana para entender el contexto de donde surge la misma; en la segunda parte habla sobre monetarismo también conocido como la curva de Phillips ajustada por expectativas, con trabajos de Milton Friedman, Edmund Phelps y otros autores; también explica acerca de la nueva macroeconomía clásica con trabajos de Robert Lucas y Thomas Sargent, en la tercera parte se refiere a la posibilidad de crear una curva de Phillips con pendiente positiva y finalmente, en la cuarta parte muestra evidencia empírica representativa a este respecto.

http://newmedia.ufm.edu/video/curva-de-phillips-y-macroeconomia-comparada/#sthash.dtJyw047.dpuf

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.