Pensamiento en recesión

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 24/12/19 en: https://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/pensamiento-en-recesion/

 

El mensaje actual del pensamiento único se resume en: la política monetaria expansiva ha cumplido su papel, y ahora es necesaria una política fiscal expansiva para neutralizar la posible recesión. Ambas afirmaciones vienen al amparo de una retórica entrañable.El razonamiento monetario adolece de la engañosa solidez que tan a menudo caracteriza al sentido común. Los bancos centrales emprendieron política monetarias ortodoxas y heterodoxas para “estimular la economía” mediante “inyecciones” de liquidez. El resultado no ha sido la recuperación de un crecimiento vigoroso, sino débil y, en los últimos tiempos, cada vez más débil. Ello probaría que la “artillería” de la banca central fue eficaz, más o menos, pero “está agotada”. Para rematar este argumento se señala a países o zonas que crecen menos, como en la eurozona, o que se estancan, como Japón.

A continuación, una vez demostrado el argumento de manera irrefutable, los maîtres à penser de la corrección política nos arrinconan con la única solución posible: la política fiscal. Y no se le ocurra a usted para protestar, porque inmediatamente recibirá la réplica democrática inapelable: la política fiscal es lo que tiene mucho “consenso”, porque así las autoridades europeas tendrán (un favorito de la neolengua predominante) “un mayor margen de maniobra” para actuar  de modo de “evitar el riesgo de recesión”. Y ¿qué significa “actuar”? Vamos, ¿no lo adivina usted? La propuesta del consenso es (otro clásico) “ambiciosa”, es decir, más gasto público, subir los salarios para hacer lo propio con la demanda y así contener la desigualdad, que ya desató la última crisis, y evitar la temida japonización.

Una palabra define todo esto: camelo. No es que la política monetaria ya no pueda hacer más, sino que lo que pasa se debe a lo que hizo. No hay manera de estimular en realidad la economía expandiendo artificialmente el dinero y el crédito, porque esa misma expansión distorsiona las decisiones de ahorro e inversión. El desenlace son burbujas, pero no crecimiento, y se llega a la irracionalidad de que los tipos de interés bajan hasta cero e incluso son negativos, un auténtico disparate que, paradójicamente, no anima la inversión, aunque sí facilita la explosión de la deuda pública, que contamina cada vez más los balances de los bancos. Todo ello desemboca en un freno al crecimiento, particularmente si las economías son rígidas —es la diferencia fundamental que separa a Japón y la eurozona de Estados Unidos.

Al final, los solemnes progresistas desbarran atribuyendo a la desigualdad la culpa que deberían asignar a la política, y recomendando, para evitar la temida japonización, exactamente la misma combinación de políticas monetarias y fiscales expansiva que han mantenido la economía japonesa estancada durante dos décadas.

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE. Difunde sus ideas como @rodriguezbraun

La gran conspiración

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 20/12/17 en: https://www.actuall.com/criterio/economia/la-gran-conspiracion/

 

La corrección política clama por más intervencionismo en favor de los pobres, y ratifica que en realidad conspira contra ellos.

Tío Gilito, el personaje animado más rico del mundo.

Se nos dice que los sistemas tributarios progresivos castigan a los ricos y benefician a los pobres. Sin embargo, la progresividad no castiga especialmente a los ricos. De hecho, no podría recaudar Hacienda lo que recauda si se concentrara sólo en los millonarios.

Mucho antes de que usted llegue a ser una persona millonaria, Hacienda le obligará a pagar el tipo máximo del IRPF. Más allá de 60.000 euros por año la imposición es proporcional. Muy alta, sin duda, por el marginal del 45 %, pero proporcional. En cambio, el castigo fiscal progresivo lo padece la multitud que gana menos de esa cifra.

Actuall depende del apoyo de lectores como tú para seguir defendiendo la cultura de la vida, la familia y las libertades.

Así, la progresividad se descarga con la máxima opresión sobre la llamada clase media. Es decir, las víctimas son quienes quieren dejar de ser pobres.

El gasto público, asimismo, conspira contra los pobres, por el problema de los incentivos y también por su propio coste

El gasto público, asimismo, conspira contra los pobres, por el problema de los incentivos y también por su propio coste. No me refiero sólo al despilfarro de dicho gasto, al dispendio, a la corrupción, y a onerosos capítulos que no tienen nada que ver con el bienestar de los pobres, sino que obedecen a razones y presiones políticas de toda suerte.

Me refiero al coste de las prestaciones que sí son redistributivas, pero que en realidad obligan a la mayoría de los ciudadanos a pagar más por unos servicios a los que podrían acceder a un precio menor si no estuvieran trufados de políticos, burócratas y grupos de presión empresariales y sindicales.

También se nos dice que la política económica expansiva beneficia a los pobres. Y también es falso, por dos razones. En primer lugar, porque toda política fiscal expansiva equivale a subir los impuestos, que ya hemos visto que hostigan a la clase media.

La política monetaria expansiva enriquece a los ricos y empobrece a los pobres: premia a las grandes empresas, y especialmente a los Estados

Y, en segundo lugar, la política monetaria expansiva enriquece a los ricos y empobrece a los pobres: premia a las grandes empresas, y especialmente a los Estados, que consiguen crédito barato para cualquier cosa, pero no a las pequeñas y medianas empresas; los especuladores lo tendrán más fácil que los inversores. Si acaso, esa política entrampará a los pobres en burbujas, como la inmobiliaria.

Y para colmo, cuando los más pobres tienen sus escasos ahorros en efectivo y depósitos bancarios, no sólo los crujen con tipos de interés bajos, sino que los listos de Harvard proponen ahora acabar con el dinero en efectivo para poder imponer tipos negativos…

En fin, por donde usted quiera verá intervenciones y regulaciones que perjudican a los pobres, pretendiendo beneficiarlos, y a veces ni siquiera.

Ahora que los coches han dejado de ser un lujo y son accesibles para millones de modestos ciudadanos, ahora se lanzan campañas contra los coches, se persigue a los automovilistas y las elites políticas, burocráticas y ecologistas quieren obligar a todos a ir en bicicleta.

O a comprarse coches eléctricos, más caros que los otros, y que pretenden que sean los únicos que circulen en las ciudades, forzando a la gente corriente a dejar sus coches en las afueras.

Ahora que los pobres pueden comer manjares otrora reservados a los acaudalados, son bombardeados por la siniestra Organización Mundial de la Salud para que no prueben ni el vino ni el jamón.

Ahora que por fin el turismo deja de ser una aventura para opulentos, ahora los biempensantes quieren limitar el turismo, y hasta insultan a los turistas. Naturalmente, si la gente normal quiere alquilar sus casas a los turistas, o meterse a trabajar en Cabify o Uber,será incesantemente perseguida.

Y ahora, cuando tener una segunda vivienda no es un privilegio exclusivo de ínfimas minorías, ahora cuando las personas corrientes pueden comprarse un piso con vistas al mar, ahora les pondrán los ecologistas progresistas toda clase de trabas.

Muchos, en fin, se rasgan las vestiduras en favor de los pobres y no hacen más que fastidiarlos. Ya habló Nuestro Señor Jesucristo de los sepulcros blanqueados (Mt 23:27).

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

En el largo plazo ¡estamos todos vivos!

Por Iván Carrino. Publicado el 28/5/15 en:  http://www.ivancarrino.com/en-el-largo-plazo-estamos-todos-vivos/

 

Al igual que los Estados Unidos en la década del ’30, Argentina siguió las recetas keynesianas para salir de la gran crisis de 2001. En la actualidad, la economía sufre las consecuencias de haber elegido ese camino.

El 24 de octubre de 1929 la bolsa de los Estados Unidos cayó un 9%. Fue un jueves, y dada la magnitud de la caída, que llegó al 70% en algunas acciones, el día pasó a la historia como el “jueves negro”. La bolsa se anticipaba a la Gran Depresión, un período de merma de la producción y elevado desempleo que azotó a los Estados Unidos y al mundo durante la década del ’30.

La Gran Depresión dividió a los economistas. Por el lado de los que defendían la economía de mercado, se explicaba que la recesión era producto de errores previos de política económica y que todo lo que el gobierno pudiera hacer para promover la reactivación sería contraproducente. Del otro lado, emergía la figura de John Maynard Keynes.

Keynes abogaba por una política activa del gobierno que sacara al país de la recesión. En este marco, defendió la política monetaria expansiva (es decir, el aumento de la impresión de dinero) y también una política de incremento del gasto público para reactivar la demanda. En una discusión previa acerca de la teoría cuantitativa del dinero, este economista inglés había afirmado que, si bien en el largo plazo, los riesgos advertidos por los otros economistas eran ciertos (la emisión monetaria generaría inflación), esto no era algo que debía tenerse en cuenta. En sus palabras:

“Pero el largo plazo no es una buena guía para abordar los acontecimientos del presente. En el largo plazo, estamos todos muertos. Los economistas tienen un tarea muy sencilla por delante si en épocas de tormenta solo pueden advertirnos que, cuando la tormenta pase, el océano volverá a estar calmo” (énfasis en el original).

La frase quedó grabada en la historia al tiempo que las políticas keynesianas se pusieron en práctica. Luego de superada la depresión, el keynesianismo se transformó en la nueva ortodoxia económica.

Sin embargo, hacia la década del ’70, Estados Unidos entró en un proceso hasta entonces desconocido: la estanflación, una situación de alta inflación, estancamiento económico y elevado desempleo. Las bases de la teoría de Keynes fueron puestas en duda, y la población y los dirigentes políticos volvieron a mirar hacia el liberalismo económico.

En Argentina, este proceso se dio en un lapso de tiempo más reducido. Es que nuestro país también tuvo su Gran Depresión a comienzos de la década del 2000. En ese año el PBI cayó 0,8%, mientras que al año siguiente la economía se contrajo 4,4%. Esta recesión ocurrió en un marco de precios estables e, incluso, deflación.

Era el escenario perfecto para las ideas de Keynes. El gobierno solo tenía que emprender políticas activas de emisión monetaria y aumento del gasto público. Sin embargo, existía una traba. La ley de convertibilidad ataba las manos del Banco Central, que no podía emitir dinero de manera discrecional. Finalmente, en 2002 se derogaron los puntos más importantes de esta ley y una nueva era comenzó.

La nueva era no estuvo exenta de costos. La inflación en el año 2002 fue del 40% y el Producto Bruto Interno se desplomó nada menos que un 10,9%, enviando a la pobreza al 50% de la población. Sin embargo, los años siguientes fueron testigos del crecimiento a “tasas chinas”.
El keynesianismo había triunfado. El activismo económico ofreció resultados de corto plazo, sin necesidad de preocuparse por el largo.

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Luego de 5 años de crecimiento a tasas del 8,5% promedio (comparables a las de India y China) con una inflación promedio del 12%, la confianza en la capacidad del gobierno para manejar la economía era infinita. Incluso llegamos a creer que un poco de inflación es necesario para el crecimiento.

Sin embargo, rápidamente se pasó a una segunda etapa. Desde el año 2008 al 2011 el crecimiento promedio bajó al 3,0%, mientras que los precios ya crecían por encima del 20% anual.

A partir de 2011 la inflación no solo no se ha reducido, sino que ha recrudecido. El año pasado, según estadísticas privadas, los precios crecieron 37,5% anual. Incluso si tomamos los números del INDEC, vemos que la inflación quintuplica el promedio mundial. Además, el PBI no solo se contrajo 2,5% en 2014 sino que volverá a hacerlo en 2015, un 1,6%. 12 años después de la salida de la convertibilidad, nos toca vivir nuestra propia estanflación.

Pero esto no es todo. Los argentinos convivimos hace más de tres años con control de cambios y todo tipo de controles de precios. Las exportaciones caen, junto con las importaciones, el mercado laboral está estancado, el desempleo es de los más altos de la región y la pobreza se encuentra en niveles alarmantes y en aumento.

En este marco, la frase de Keynes se torna poco feliz y, finalmente, exige ser reescrita. Es que en el largo plazo, no estamos “todos muertos”, sino todos vivos, padeciendo las consecuencias negativas de las políticas keynesianas emprendidas en el pasado.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.

Las causas de las crisis económicas según Mises

Por Martín Krause. Publicado el /7/14 en: http://bazar.ufm.edu/las-causas-de-las-crisis-economicas-segun-mises/

 

Los alumnos de Historia del Pensamiento Económico de la UBA leyeron a Ludwig von Mises, “Las causas de las crisis económicas”. Va un el comentario de un alumno, y luego preguntas de varios:

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“Me parece interesante la definición del objetivo que le da von Mises al capitalismo. Es una definición más realista que creo que merece la siguiente interpretación: ante el avance del socialismo que no solo tenía como fin producir cada vez más sino que además le agregaba una distribución más equitativa, el capitalismo se veía amenazado. Más allá de que el sistema capitalista obtenga una mayor producción, el socialismo distribuye más equitativamente y esto provocaba una mayor satisfacción de las clases menos favorecidas. El hecho de que von Mises diga que el fin del capitalismo es servir al consumidor pone a éste en una especie de pedestal, es decir, de darla la mayor satisfacción posible. Por lo tanto, con esta definición el capitalismo se aleja del socialismo y deja de estar amenazado por tal.”

El capitalismo queda en una mejor posición contra el socialismo, también, cuando von Mises dice que la fortuna es el resultado de un plebiscito de los consumidores, le asigna una visión democrática. Que luego se retracta y afirma que en realidad es una visión semi-democrática porque el consumidor siempre tiene la razón ante el empresario.”

Aquí van sus preguntas, y las respuestas:

  1. ¿Cuándo von Mises dice que no hay que intervenir el mercado laboral, dice que los sindicatos ni siquiera deberían existir?

Respuesta: No, está muy bien que existan porque son asociaciones voluntarias de personas, y como tales parte de la sociedad civil; pero no debería poder de carterlizarse y cerrar el ingreso de competidores o el de fijar las condiciones de trabajo para todo el mercado, para trabajadores que sean miembros o no.

  1. El autor plantea que la economía capitalista es una democracia. ¿los consumidores son formadores de precios o tomadores de precios? ¿Existe el poder real de los consumidores sobre el productor?

Respuesta: Sí, en el sentido que si el consumidor no compra (y elige a sus competidores), el productor desaparece.

  1. La política monetaria expansiva, si es aplicada correctamente, ¿puede considerarse una buena herramienta de política económica? La agresiva política expansiva de la FED fomentó la actividad económica y trajo paliativos a la crisis.

Respuesta: La política monetaria no puede ser aplicada “correctamente” porque esa nueva expansión no ingresa el mercado donde lo harían los inversores y consumidores, es decir, inevitablemente distorsiona precios relativos; aunque genere una recuperación de la actividad, distorsionada. La política expansiva de la FED alivia la crisis y siembra las semillas de la próxima, alimenta el ciclo futuro.

  1. Esbozando esta teoría más que criticando a Marx, lo está apoyando con nuevos enfoques, yo me pregunto, ¿en qué se diferencian las crisis de sobreproducción marxista de las crisis de sobre expansión del crédito bancario?

Respuesta: La marxista es “endógena”, el capitalismo falla por su naturaleza. La segunda es “exógena”, es generada por la política monetaria del estado, no por el mercado. Esto hace una gran diferencia a la hora de buscar soluciones.

  1. ¿Excluir las políticas de intervención estatal en la economía acabaría con los ciclos económicos?

Respuesta: Sí, porque no hay razón por la que “toda” la actividad tenga que caer al mismo tiempo salvo que no sea por un factor que está presente en todas ellas, y esto es que todos los intercambios se realizan a través de la moneda. Lo más cercano a una crisis general podría ser lo que sucediera por motivo de una catástrofe natural generalizada, difícil de imaginar, o de una guerra, por ejemplo.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).