Argentina: la República ya es un despojo

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 7/3/13 en http://www.elimparcial.es/america/argentina-la-republica-ya-es-un-despojo–119733.html

 En su extenuante mensaje (de tres horas y media de duración) con motivo de la apertura del período de sesiones ordinarias del Congreso, la presidenta argentina anunció lo que será su próximo paso en el proceso de destrucción paulatina de nuestro régimen republicano. La emprenderá ahora contra el Poder Judicial, último bastión que le queda por asaltar para hacer realidad una aspiración que ya resulta imposible de encubrir: la de encarnar, en su sola persona, la suma del poder público mediante la emancipación total de la autoridad ejecutiva.

Es la lógica propia de un gobierno que nos condena a vivir en estado de excepción al desbordar a diario los límites constitucionales. Lo había adelantado la Procuradora General de la Nación al afirmar, en el marco de una entrevista, que “la Justicia actual es ilegítima, corporativa oscurantista y de lobbies aceitados”. En verdad, tanto estas declaraciones como los dichos de la presidenta y su propuesta de “democratizar” la justicia mediante (entre otras cosas) la elección popular de los miembros del Consejo de la Magistratura (órgano que propone y remueve a los magistrados), resultan cuando menos sorprendentes teniendo en cuenta que aproximadamente el sesenta por ciento de los jueces en actividad fueron designados durante una década de gobierno kirchnerista, empezando por los integrantes de la Corte Suprema, cuya composición actual es fruto de la determinación que en su momento tuviera Néstor Kirchner de poner fin a la “mayoría automática” que acompañara al ex presidente Menem.

¿Acaso quiere la presidenta recurrir de nuevo a artilugios prohijados en esos años noventa que ella tanto ha demonizado? ¿Quiere tal vez contar, ella también, con su propia “mayoría automática” en el máximo tribunal? ¿Avala la presidenta que se diga que la Justicia actual es “ilegítima”? Y si así fuera, ¿por qué no lo denunció antes? ¿Será porque recientemente tropezó con algunas sentencias que obstaculizaron sus planes hegemónicos? ¿Y qué decir de los jueces que, durante su gobierno, le fueron sumisos o cedieron a sus presiones para terminar desestimando serias denuncias de corrupción y grandes negociados.

Estos y otros interrogantes despierta el mentado proyecto de “democratizar” la justicia. A estas alturas, no deberíamos sorprendernos.

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

 

Un posible significado para el 8N

Por Adrián Ravier. Publicado el 12/11/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/11/12/un-posible-significado-para-el-8n/#more-3740

 Cientos de miles de personas salieron a las calles en todo el territorio argentino, y también en algunos puntos del exterior, para protestar en contra del gobierno. Las pancartas ofrecieron variados motivos, enfocados en la inseguridad, la corrupción, los controles cambiarios y, especialmente, el rechazo a la posible reforma de la carta magna para habilitar una nueva reelección de la actual mandataria. Pero cuál es el mensaje de fondo de esta parcialidad que salió a las calles. Me aventuro a ofrecer en este artículo un posible significado.

Ante dos posibles extremos, entre la sociedad abierta y el socialismo, interpreto el 8N como un rechazo del pueblo argentino a la tendencia del gobierno por canalizar la política pública hacia este último sistema.

Veamos entonces algunas diferencias entre estos dos modelos para comprender mejor el mensaje.

En una sociedad abierta, la estrategia de desarrollo es descentralizada. Bajo el respeto por la propiedad privada y la libertad individual, las personas realizan acuerdos voluntarios que dan lugar a cierta coordinación social que hace posible el desarrollo económico. Si entendemos el problema económico como aquel de decidir cuáles son los bienes y servicios que deben ser producidos, en una sociedad abierta cada miembro de la sociedad, con sus propias valoraciones y preferencias, aporta el conocimiento de sus circunstancias de tiempo y lugar.

Bajo el socialismo, la coordinación social se intenta imponer desde arriba, como si la sociedad fuera una gran empresa, con su orden jerárquico, sus estrategias, y sus premios y castigos, asumiendo que el fin de todos los individuos es único y aceptado por todos sus miembros.

En una sociedad abierta, el protagonista es el hombre común, empresario y asalariado, que actúa creativamente intentando solucionar sus propios problemas, con responsabilidad, sabiendo que no hay otra alternativa que forzar su propio destino.

Bajo el socialismo, el protagonista es el gobernante y los funcionarios, que diagraman el futuro del “pueblo”, de acuerdo a su acotado conocimiento. El pueblo juega así un rol pasivo.

En una sociedad abierta, los vínculos de interacción social son de tipo contractual, debiendo cumplir con sus compromisos o enfrentando a la justicia cuando incumplen los contratos.

En el socialismo, prepondera un vínculo de tipo hegemónico, en los que unos mandan y otros obedecen. En el caso de la democracia de masas, las “mayorías” coaccionan a las “minorías”. Las “minorías” no tienen otra salida que alinearse a lo que las “mayorías” pretenden, o abandonar el país.

En una sociedad abierta, prepondera el respeto por el derecho, entendido como una norma abstracta, de contenido general, que se aplica a todos por igual, sin tener en cuenta circunstancia particular alguna. Se trata de la “igualdad ante la ley”.

En el socialismo prepondera el mandato o reglamento, surgido del poder organizado, que de manera arbitraria ayuda a unos y afecta a otros, produciendo incentivos para que prepondere lo político, con lealtad al grupo y a su jefe, con respeto por el orden jerárquico y ayuda al  “prójimo conocido”, esto es, el que te vota en campaña.

En la sociedad abierta, el orden espontáneo hace posible la paz social, pues cada acuerdo es voluntario, y por lo tanto, beneficioso para las partes.

En el socialismo, cada política es discrecional y arbitraria, con beneficiados y afectados, lo que abre el conflicto social permanente.

Siempre he coincidido con Frédéric Bastiat, con esta cita que me parece es el mensaje que transmitió el 8N:

“Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

El pueblo argentino no desea que fuercen su destino. El pueblo argentino quiere que se respeten sus libertades individuales. El pueblo argentino no seguirá aceptando que el gobierno decida qué se exporta o qué se importa (Guillermo Moreno). Tampoco se aceptará que se le diga en qué moneda debe tener sus ahorros (Anibal Fernández) o que se le mienta con la inflación (Marcó del Pont) o la inseguridad (Nilda Garré). Menos aun soportará que el gobierno quiera planificar “estratégicamente” los sectores claves de la economía (Axel Kicillof), pues cada vez que lo ha hecho, el resultado fue el despilfarro, el déficit, y al monetizarlo, la inflación.

El mensaje para la Presidente es que deje de avalar las atrocidades que muchos de sus funcionarios están realizando en materia de política pública.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

 

El gobierno argentino sigue aumentando, más y más, el gigantesco monopolio oficial de multimedios:

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 21/5/12 en: http://www.eldiarioexterior.com/el-gobierno-argentino-sigue-aumentando-40993.htm.

 La situación de la libertad de expresión en la República Argentina no sólo es delicada, sino que sigue deteriorándose acelerada y rápidamente.

 No es ya muy distinta a lo que sucede en Ecuador y es ciertamente tan perversa como lo que ocurre en Venezuela. Los gobiernos de estos tres países tienen en esto, por igual, un mismo objetivo político de dominación: el de asfixiar a los medios independientes de mil maneras, de modo de poder instalar el discurso único que todos ellos comparten y predican.

De un total de 18 diarios oficiales hay, en la Argentina, 11 que son pro-gobierno y 7 independientes. Los primeros viven con el pulmotor constante de la publicidad oficial. Entre ellos: Tiempo Argentino, Página 12, Diario Popular, Crónica y Ámbito Financiero, que están entre los más grandes receptores de la publicidad oficial. Los segundos, en cambio, a la buena de Dios. Como pueden, entonces. Pese a que los fallos de la Suprema Corte -desoídos impunemente por el gobierno, que no los cumple- obligan al gobierno a hacer un reparte equitativo de la pauta oficial, lo que no sucede.

Con la pauta oficial se logra docilidad y se castiga al díscolo. Se premia y se castiga. Para ello no es necesario para el Estado ser dueño de los medios, los puede colonizar a su antojo. Quien se niegue arriesga su supervivencia. Así de duro. Y así de peligroso.

Por su parte, de los 5 canales de televisión analógicos,  4 son pro-gobierno y sólo 1 es independiente. De los 32 canales de televisión digitales, 31 son pro-gobierno y apenas 1 es independiente. De los 7 canales de noticias, seis son pro-gobierno y 1 es independiente. Así de claro. Y así de terrible.

Las cosas no se alteran, ni se detienen, sino que se agravan y profundizan. La reciente venta de los medios que pertenecían a Daniel Hadad y sus socios al grupo de Cristóbal López, uno de los empresarios afines al gobierno así lo confirma. Según el diario La Nación, Hadad confesó que “tuvo que vender”. Hablamos de C5N y de las radios Vale, Pop, TKM y Mega.

Hadad era uno de los empresarios “cercanos” al gobierno, favorecido desde hace rato por sus dádivas. Pero las cosas cambiaron y, de pronto, dejó de serlo. Todo se secó. Ya no era confiable. Tuvo antes señales extrañas. Fue baleado. Se le “cayó” una enorme antena de sus empresas de comunicación. Se le estrelló un helicóptero. Debió enfrentar inspecciones fiscales. Uno de sus programas (con el periodista Marcelo Longobardi) fue víctima de censura mientras estaba transmitiendo y debió salir del aire. Y Hadad leyó las señales y se cansó. Huyó, entonces. Sus medios hoy están integrados de hecho en los aplausos que promueve el multi-medio oficial.

El proyecto oficial es claramente hegemónico. Y está en marcha acelerada. Las libertades de prensa y de expresión son cercenadas como si fueran simplemente un costo del proyecto. Así todas las libertades quedan amenazadas y están en riesgo. Cuando algunos lo adviertan, puede ser demasiado tarde.

 Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.