Todos ricos:

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 28/7/13 en http://www.eluniversal.com/opinion/130728/todos-ricos

¿Es utópico pensar que todas las personas sean ricas, que en lugar de nivelar en la pobreza como pregona la izquierda depresiva (y represiva) se pueda nivelar hacia arriba? No es utópico, es racionalmente posible, pero no ocurre porque los humanos destruimos violentamente la riqueza que nos ofrece la naturaleza. La visita de Francisco a Brasil es una oportunidad para el tema, ya que se ha hecho referencia al combate a la pobreza. Es el primer Papa latinoamericano que visita al país con mayor número de católicos del mundo, 130 millones, con grandes desigualdades, donde una minoría acapara cerca del 90% de la riqueza.

No es como la visita en 1979 de Karol Wojtyla, el primer Papa polaco, a la Varsovia comunista. Juan Pablo II escogió luchar contra un comunismo que imponía una dictadura atea. Wojtyla gritó contra el comunismo por “excluir a Cristo de la historia” y, más tarde, Mijaíl Gorbachov agradecía al Papa “su ayuda para derribar el muro de Berlín”, que nunca voltearon las “poderosas” armas atómicas. En Brasil no gobiernan estalinistas ateos. Existen sí políticas “neoliberales” teñidas de socialismo que siguen creando pobres, “nivelando”, deprimiendo en lugar de levantar. Políticas que creen que “los recursos escasos” deben ser igualitariamente asignados. Pero, como dice Frank Tripler, “…lo que el sistema económico produce no son cosas materiales, sino conocimiento inmaterial”, o sea, el recurso por excelencia es el cerebro y, por tanto, verdaderamente infinito sin utopías.

Asustaban con que el carbón se acabaría y con él la energía y apareció el petróleo. Luego que existían reservas solo para cuarenta años, pero resultó que, gracias al avance tecnológico, se han ampliado exponencialmente. En 1850, 65% de la población de EEUU era agricultora. Avanzaba la industrialización y decían que, por el éxodo de la mano de obra a la ciudad, caería la producción de alimentos. Hoy, sólo el 3% trabaja la tierra pero la producción aumentó tanto que la exportación agrícola superó los US$ 100.000 millones. Rusia, que antes de la revolución era el principal exportador mundial de granos, durante el comunismo pasó a ser el mayor importador y, aun así, entre 1920 y 1930 murieron casi 10 millones por inanición a pesar de las enormes donaciones occidentales.

Luego, la URSS autorizó minichacras “privadas” (sin coacción estatal) que, ocupando el 3% de las tierras cultivables, producían el 27% de los alimentos. La diferencia está muy clara: la mayor coacción (vía monopolio estatal de la violencia) sobre el mercado natural destruye la riqueza que la naturaleza nos proporciona, produciéndose la pobreza. Así, en EEUU la producción era mayor, y cuánto más sería si no enfrentara las todavía grandes interferencias, como los impuestos coactivamente recaudados que provocan pobreza porque los ricos los derivan hacia abajo vía aumento de precios o baja de salarios.

Francisco suele preguntarles a la personas no por su credo, sino “si hace algo por los demás”, si se preocupa por el prójimo. Precisamente, en la medida en que los seres humanos seamos humildes, trabajemos con honestidad y sencillez en nuestra vocación ofreciendo servicios y bienes que sirvan a los demás, al mercado natural, sin imponerles, con la soberbia característica de los políticos, violentamente (coactivamente) nada a nadie, en esa medida progresaremos y seremos sin utopías todos ricos.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Argentina y Venezuela para “todos y todas”

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 21/7/13 en http://www.eluniversal.com/opinion/130721/argentina-y-venezuela-para-todos-y-todas

 Sabemos que la pobreza y el hambre no se desaparecerán, de raíz, con caridad sino con justicia social -empezando por respetar la naturaleza de la sociedad, ergo, el mercado natural- pero la austeridad, el ahorro en los gastos se dediquen a obras caritativas o no, es un ejemplo a seguir. Una carta de lectores, firmada por Carlos Canale Lamarca, decía que “… Francisco viajará a Brasil en un avión de línea sin comodidades especiales. Qué ejemplo para ” ‘Todos y todas’ “. Lo de “todos y todas” es una ironía ya que es una frase frecuente de la Presidente argentina… que bien podría usar Maduro, dos que no reparan en gastos… ni en lujos.

                     Mientras que los políticos no se enteran del ejemplo de austeridad del Papa, hasta los diseñadores de Italia reflejan en las pasarelas el cambio, imponiéndose la sobriedad y la confección “responsable”, escribió Suzy Menkes en The International Herald Tribune. Francisco, que apareció en la portada de la edición italiana de la Vanity Fair como Hombre del Año por su coraje, recibe elogios de gente como Elton John: “… es un milagro de humildad en una era de vanidad”.

                    Pero más allá de los gastos personales de los políticos, los del gobierno en general -y la corrupción- son tan exagerados que están provocando que aumenten la intervención coactiva en los mercados, con tal de hacerse de más dinero. En Argentina, por caso, el secretario de Comercio suele llamar a los empresarios para aterrorizarlos con represalias. Así, en este país otrora granero del mundo, a raíz de que el pan se ha encarecido 50% este año, el Gobierno obliga a los productores a vender en el mercado interno. Lo que sucederá es que, a falta de rentabilidad por no poder exportar, muchos productores dejarán de sembrar. Con la carne pasó algo semejante y ahora, por primera vez en la historia, las exportaciones cárnicas argentinas son menores que las de Brasil, Uruguay y Paraguay.

                     Argentina con una inflación superior al 23% anual y con exportaciones en caída libre, tiene escasez de divisas con lo que, utilizando su monopólico poder de policía, el Gobierno  prohibió la compra de divisas en 2011, salvo a los autorizados al cambio oficial que tiene un atraso cambiario notable. Pero en este tipo de atraso Argentina no es la estrella. Según el índice Big Mac, con el que The Economist compara el valor de la moneda de cada país con respecto al dólar a partir del precio de la hamburguesa de McDonald’s, el bolívar venezolano es la moneda más sobrevalorada.

                     Este alimento en Venezuela cuesta 45 bolívares, US$ 7,15 al cambio oficial o sea 57% encima de su valor en EEUU donde cuesta US$ 4,56. En contrapartida, México es el país de la región con mayor subvaloración, según el índice Big Mac, 37,3% frente al dólar. Perú presenta una devaluación del 21,1%, ya que la hamburguesa cuesta US$3,59. Le sigue Chile, donde vale US$ 3,94. Colombia tiene una buena paridad con respecto al dólar, 1,88% menor.

                     Para terminar, digamos que la corrupción parece más grande donde el gasto y los consecuentes desbarajustes son más altos. Según el Barómetro Global de la Corrupción 2013, de Transparency International, Argentina lidera el ranking de países latinoamericanos ya que el 72% de sus ciudadanos considera que la corrupción se ha incrementado. Siguen México y Venezuela con 71% y 65%, respectivamente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

La pobreza como negocio político

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 12/7/13 en http://opinion.infobae.com/gustavo-lazzari/2013/07/12/la-pobreza-como-negocio-politico/

Cabe preguntarnos, con tanto discurso progresista en favor de políticas “inclusivas”, “sociales”, “solidarias”, ¿cómo puede explicarse que todavía subsista la pobreza?

Eso tiene una única razón: la pobreza es un negocio político y patrimonial. El populismo es inimaginable sin pobreza. Los movimientos políticos populistas pierden mercado si no hubiera pobres a los cuales subsidiar y “enamorar”. No es casual que los populismos latinoamericanos hayan generado los tres factores determinantes en el crecimiento de la pobreza: inflación, pérdida de inversiones y pésima calidad educativa.

Además la pobreza es un negocio patrimonial. Ejércitos de agentes públicos viven de los presupuestos destinados a la solución de la pobreza. La superposición de funciones estatales, los numerosos planes sociales y los agentes públicos y “para-públicos” como los punteros para administrar lo que otros ya administraron son muestras de que se puede vivir bien “ayudando a los pobres con recursos públicos”.

Crear riqueza

El populismo habla de combatir la pobreza pues supone que la riqueza está dada. Por lo tanto hay que sacársela a unos para dársela a otros. El auténtico combate a la pobreza pasa por la creación de riqueza. La creación de riqueza depende de instituciones que canalicen incentivos. Es más progre el libre comercio, las inversiones externas, la prudencia monetaria y el respeto a la propiedad que los planes sociales anunciados con bombos y platillos. Si queremos eliminar las villas de emergencia habrá que otorgar derechos de propiedad sobre las casas, obras de infraestructura en las calles y provisión de servicios adecuados y nominados.

Si queremos mejorar los ingresos de los pobres habrá entonces que motorizar la inversión local y externa sin distinciones, con normas claras, impuestos bajos y regulaciones razonables.

Si queremos que los pobres no sufran el deterioro en sus ingresos habrá que eliminar la inflación, bajándola hasta al cero o,3% como objetivo prioritario. Nada de eso está haciendo el gobierno, más preocupado en esconder la pobreza antes que solucionarla definitivamente. 

La propuesta fácil

La administración K considera que la única forma de combatir la pobreza es mediante la distribución del ingreso. En varias oportunidades la presidenta Cristina Fernández de Kirchner ha manifestado “guste o no, la pobreza se resuelve con distribución del ingreso”. La distribución del ingreso quizás logre que los beneficiados la pasen mejor, pero no contribuirá definitivamente a sacar a la gente de la pobreza en forma consistente y de largo plazo.

Los pobres seguirán siendo pobres y por tanto vulnerables y dependientes del poder político que detenta la soga que evita su ahogo. La distribución del ingreso como mecanismo para eliminar la pobreza requiere un mecanismo de transferencia eficiente y transparente. Es decir, estructuras estatales capaces de cobrar impuestos, administrarlos cristalinamente y distribuirlos hacia aquellas personas que efectivamente lo necesitan.

Parece simple pero en el Estado argentino es una tarea de alta complejidad. Tanto por motivos políticos (incapacidad de explicar los beneficios de identificar a los verdaderos necesitados) como por motivos técnicos (incapacidad de las administraciones públicas de producir información confiable), se ha demostrado que es imposible identificar y subsidiar a la demanda. Es decir, específicamente a aquellas personas que lo necesitan.

Identificar a los necesitados tornaría más eficiente la provisión de subsidios, más económica y justa. Ante esa incapacidad, los estados hacen “la fácil”. Montan estructuras gigantes que sirven más para impresionar y ganar votos que para solucionar problemas. Vemos, por tanto, enormes hospitales públicos inaugurados varias veces con filas interminables de personas en situación de necesidad sin poder ser atendidos.

En lugar de atender directamente al necesitado (subsidio a la demanda) los estados optan por subsidiar a la oferta. Los gastos se multiplican en enormes estructuras que más temprano que tarde se transforman en burocráticas y anquilosadas con baja productividad en los resultados. Redunda entonces, estados grandes, gastos sociales “récords” y pobres más pobres que antes.

La distribución destruye incentivos a la producción. Tanto para el beneficiado como para quien aporta mediante impuestos. El beneficiado internaliza el concepto de que “cualquiera sea su productividad, igualmente el Estado se encargará de compensarlo”. El contribuyente en cambio internalizará el concepto que “para qué esforzarme si de cualquier manera el estado quitará parte de mi esfuerzo”.

Ante la pérdida de incentivos la economía se resiente. Pero además, instrumentos para cobrar impuestos y distribuirlos suelen afectar las decisiones de inversión y producción.

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

SOBRE LOS AUTOS DE LUJO, EL PAPA FRANCISCO Y OTRAS YERBAS

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 14/7/13 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/

Hace muchos, muchos años, observé una situación muy interesante (¿era interesante porque la observé o la observé porque era interesante? J). Bien, dejando eso de lado, vuelvo. Era en un tren hacia una localidad de la provincia de Buenos Aires, con los típicos asientos uno frente al otro. De un lado una familia, en el otro lado, otra. Uno de los innumerables vendedores ambulantes ofrece paquetes de caramelos. Una de las familias es muy, muy pobre, y los ojos del niño acarician con nostalgia esos caramelos que nunca verá. La otra familia parecía mejor económicamente, y compra el paquete de caramelos. Sin embargo el niño de la familia más pudiente mantenía los ojos hacia el suelo, mientras el otro niño mantenía sus ojos fijos en el famoso paquete de caramelos, su por ahora objeto de deseo.  La situación se mantuvo así hasta que me tuve que bajar.
 
Conjeturemos. ¿Era el niño “pudiente” un marxista creyente? ¿Creía realmente que su riqueza era la causa de la pobreza de la otra familia, y su mirada en el suelo implicaba que estaba planeando la revolución? La verdad, no creo. Era un niño de unos 7 u 8 años, no más.
 
¿A qué se debía, entonces, su actitud? Obviamente no sé. Pero siempre me quedé pensando si no había hecho, sin darse cuenta, un acto natural de empatía hacia la pobreza del otro niño, ante su tristeza, y por lo tanto no quiso ostentar su riqueza delante de él. ¿Why not? Estoy hablando de la empatía, no digo que el niño era Fray Martín de Porres. Cualquier que haya leído a Adam Smith lo entiende (entre paréntesis, pobre Smith. Para los marxistas, el infradotado de la mano invisible, para Rothbard, un marxista. Evidentemente los autores sutiles no son lectura para los absolutos ideológicos).
 
Digo todo esto a cuento del escándalo que he visto en Facebook (una fuente muy respetable para el Conicet J) en algunos liberales y libertarios sobre la prohibición de Francisco de usar autos de lujo en el Vaticano. Todos han pensado que Francisco es un marxista que piensa que los autos de lujo son la causa la pobreza. ¿Saben que me parece que no? Porque Francisco es católico. ¡Oh, me dirán, lindo descubrimiento, por un lado, y peor aún, por el otro!!! Si, lindo descubrimiento, porque me parece que es muy desconocido qué es ser católico. Si cualquier persona puede tener empatía hacia el pobre, el católico, por la parábola del buen Samaritano, la tiene más, y ante diversos tipos de pobreza. Y en ese sentido, la riqueza material puede tenerse, desde luego, y obvio que su adquisición no se debe a la plus valía, y obvio que luego se debe usar conforme a la conciencia cristiana y con desprendimiento espiritual, pero nada de ello obsta a que no deba ostentarse ante el otro. La austeridad, la humildad, ante todo tipo de riqueza, es una actitud que nada tiene que ver con Marx. Y me refiero a todo tipo de riqueza. Mi doctorado, mis libros publicados, etc., (que sin caridad son sólo un charco maloliente de soberbia), ¿acaso me paso todo el día ostentándolo ante los demás? Y, como ya dije una vez, no me voy a poner a aclarar todo como si el lenguaje humano fuera la mathesis universalis que pretendía Leibniz. Si alguien no sabe qué quiere decir “ostentar”, búsquelo en su interior (en su interior, no en un diccionario). Y que todo esto depende de la prudencia de la situación (que incluye lo histórico), ¿tengo que aclararlo?
 
Por ende, no creo que a Francisco le preocupe que el presidente de los EEUU llegue a la casa blanca en un auto de lujo pero, sobre todo, blindado hasta el espejito retrovisor, para lo cual no le sirve un Fiat 600. Pero Francisco se está dando cuenta de que el Vaticano no es un Estado como los demás (para mí habría que abolir el estado del Vaticano y dejar de identificarlo culturalmente con la Iglesia, pero ya me estoy acostumbrando al tiempo en el que vivo). Y que sus “funcionarios” (qué horror, esa palabra) deben hacer acciones simbólicas de empatía, de caridad, de desprendimiento, de austeridad. Yo personalmente me mato de la risa ante el solo pensamiento de que algo de ello tenga que ver con Marx, y espero que Francisco también.
 
Por lo demás, si alguno cree que me he sumado al conjunto masificado de aduladores, obsecuentes e hipócritas que nunca pisaron una Iglesia y que desde que asumió Francisco creen que son el catolicismo caminando, no me conoce.
 
Por lo demás, yo voy más allá de Francisco. Elimine, por favor, el Estado del Vaticano, un lastre histórico espantoso, y que toda la jerarquía de la Iglesia, comenzando por el Papa y siguiendo por cardenales, obispos y etc., viva en conventos y parroquias. Elimine el IOR y que todos pongan su platita, como cualquiera, en cualquier banco, y que económicamente todos se sostengan como puedan, como cualquiera. Verá entonces que no tendrá que hacer campaña contra los autos de lujo. Porque todos habrán sido vendidos para pagar las cuentas de la casa. And the story.
 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Qué puede ocurrir con la economía si gana la oposición

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 25/6/13 en http://economiaparatodos.net/que-puede-ocurrir-con-la-economia-si-gana-la-oposicion/

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales

Presentadas las alianzas y candidatos para las PASO, comienza el típico discurso de que hay que mejorar el modelo. Hacer lo que no se hizo y discursos por el estilo. La realidad es que los políticos hablarán como políticos y los economistas hablaremos como economistas. ¿Cuál es la diferencia? Que los economistas no ponemos en riesgo votos.

En rigor, el modelo no es para mejorarlo, sino que hay que cambiarlo. El famoso modelo le ha hecho perder a la Argentina una década, desaprovechando una de las coyunturas internacionales más favorables que se presentaron en décadas, condiciones internacionales que comienzan a cambiar. Basta ver como sube el dólar en Brasil para advertir que el flujo de capitales está cambiando de rumbo.

Por otro lado, uno no puede mejorar una política de consumo artificial cuando se acabaron los recursos para sostenerla. Ahí no hay nada para mejorar. Hay que cambiar el modelo y pasar primero a producir más y mejores bienes para luego incrementar el consumo. Es la única forma de salir del ajuste que, sin decirlo, está llevando a cabo el gobierno.

Tampoco uno puede hablar de mejorar una política que se consumió el stock de capital en infraestructura (caminos, energía, stock ganadero, rutas, etc.). Habrá que invertir mucho para recuperar, por ejemplo, el sector energético, por citar un solo caso, y ese caso requiere de un cambio, no de mejorarlo.

Ni que hablar de decir que hay que mejorar la política monetaria. Un país no puede tener moneda con una expansión monetaria del 35% anual y un Banco Central con patrimonio neto negativo.

¿Puede mejorarse el cepo o hay que eliminarlo? ¿Puede mejorarse la situación fiscal o hay que cambiarla para reducir la asfixiante presión tributaria y la emisión que hace el Central para financiar el déficit? Ni que hablar del nivel y calidad del gasto público. ¿Alguien puede afirmar con seriedad que las intervenciones de Moreno son mejorables? ¿Qué es mejorable de la prohibición de girar utilidades y dividendos?

Insisto, no es que hay que mejorar el modelo. Hay que cambiarlo porque está sepultando la economía argentina y arrastrando a la gente a un creciente grado de pobreza por la sencilla razón que no es que ya no se invierte. Directamente las empresas se van de país. Empiezan a faltar y faltarán puestos de trabajo.

Claro que hablar de medidas económicas en forma aislada del contexto institucional, es hablar en el aire. Ninguna economía puede crecer sin seguridad jurídica. Sin un contexto de seguridad jurídica que atraiga las inversiones es impensable atraer capitales que son los que generan puestos de trabajo, aumentan la productividad de la economía y permiten incrementar el salario real. No hay otro camino para mejorar el consumo en forma genuina y sostenida que el mencionado arriba. El resto es puro populismo que se agota en la inflación y la destrucción del stock de capital, que es, justamente, lo que estamos viendo ahora. El modelo se agotó no por qué cumplió un ciclo, sino que se agotó por qué se acabaron los recursos para seguir con la fiesta de consumo artificial. Y esa fiesta no es mejorable. El modelo siempre fue inconsistente, pero tuvo la suerte de tener recursos para financiar las inconsistencias. Eso se acabó y no es mejorable.

Ahora bien, ¿qué es el que uno puede esperar de la oposición en materia de política económica si gana las elecciones en octubre? Muy poco por la sencilla razón que los legisladores no hacen la política económica. Lo máximo que pueden lograr es frenar algunas de las disparatadas leyes que el Ejecutivo suele mandar al Congreso. Dicho en otras palabras, el oficialismo intentará llegar como pueda hasta octubre sin que se le desborde la economía,pero luego tendrá que hacerse cargo de todos los problemas que viene emparchando, parches que, por cierto, ya no duran como antes. Seguramente el oficialismo, si pierde las elecciones, dirá que ni el Congreso ni la Justicia lo dejan gobernar, pero la realidad es que ya no le queda pólvora en la santabárbara para seguir con la fiesta de consumo artificial. El solo hecho de haber cerrado las importaciones es un indicador de ajuste. Si antes la economía tenía una capacidad de producción de 100 unidades y la gente consumía 120 unidades, era porque las 20 unidades de diferencia se importaban. Ahora le dicen a la gente que se tienen que conformar con 100 unidades. Eso es ajuste. Que tampoco son 100 unidades porque faltan insumos y la producción sigue bajando. Cuando uno quita el velo monetario y habla de cantidad de unidades consumidas, advierte que el gobierno está aplicando un fuerte ajuste y que será cada vez más intenso.

Pero, insisto, eso no podrá cambiarlo la oposición en el corto plazo por más buenas ideas o voluntad que tenga. Para cambiar el rumbo hace falta ejercer la administración del país y, por ahora, eso no se vislumbra.

Lo máximo que uno puede esperar y pedirle a la oposición es que, desde el Congreso, frene esta locura de carrera autoritaria. Insisto, la oposición y la Justicia pueden detener esta carrera hacia el autoritarismo, pero no van a poder mejorar la situación económica. En el mejor de los casos podrán amortiguar algunos daños. Frenar algunos destrozos mayores. Pero nadie puede engañarse creyendo que si el oficialismo no logra los 2/3 en el Congreso para buscar la re re, eso significará cambiar la política económica. En todo caso, redoblarán la apuesta y dejarán tierra arrasada al que venga luego, si es que la economía aguanta 2 años más con viento de frente externo, y agotados los recursos para continuar con el populismo.

La gente tiene que hacerse a la idea que hemos llegado a un punto en que hoy la prioridad es tratar de salvar los valores republicanos y las libertades individuales. Si se logra ese objetivo, entonces, con otro gobierno, cuando llegue el momento, habrá que ver como se reconstruye la economía de argentina. Desde el punto de vista económico, es fundamental salvar el país del autoritarismo. Conseguir ese objetivo es como poner los pilares básicos para poder empezar a reconstruir la economía. Primero asegurar los límites al poder absoluto. Eso es calidad institucional. Luego, en su momento, las disciplinas monetaria y fiscal y la seguridad jurídica reconstruirán la economía.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Lo mejor y lo peor de nosotros mismos

Por Gabriela Pousa. Publicado el 15/3/13 en http://economiaparatodos.net/lo-mejor-y-lo-peor-de-nosotros-mismos/

Habemus Papam… Palabras cuyo eco ha de resonar en los oídos de muchos argentinos por un tiempo que no mido. Frente a la emoción y las sensaciones una se siente siempre debilitada, ¿qué agregar?

Pensar en un análisis político es reducir una figura global, intensa, a una temática en demasía pagana y doméstica. Es inmiscuir lo grande en pequeñeces aunque éstas, en la rutina de los simples mortales, se torne tan excesiva muchas veces.

Lo cierto es que Jorge Mario Bergoglio siendo ya no es. En lo sucesivo hay que hablar del Papa Francisco, y vaya si es distinto…

Argentina trasciende en un hombre de Fe, se descubre entonces que hasta aquí no se ha hecho lo suficiente. Lo que creíamos era todo sabe a poco. En la historia grande estamos entrando por primera vez.

Todo el griterío de tribunas, las oratorias de atril enmudecen frente al sonido apabullante de una voz que no se oye con el oído sino con el corazón. Por eso, mi sentida pena por quienes no pueden oírlo. Por eso, decido hacer caso omiso a la caterva de insensateces y escupidas al Cielo de tantos sordos sumidos en el ruido. Ellos pasarán, el Papa ha de quedar hasta lo indefinido.

Aquello que la santidad elige, otros lo desdeñan y atacan: en definitiva, es el precio de ser tocado por la “varita mágica”, aún sin magia. El repudio hacia esos ruidos es visceral, lo admito.

Jorge Bergoglio no se convierte en Francisco para defenderse de nada ni de nadie, llega en todo caso para luchar en pro y a favor de victorias colectivas, dimensionadas más allá de lo que pueda percibirse a simple vista.

Un síntoma que preocupa o debería preocupar: la posesión de apenas un par de zapatos, un viaje en tren, un boleto de subterráneo surgen de pronto como algo destacable y quizás “impensado”. Entonces cuesta entender que no es precisamente Jorge Bergoglio el que está cambiando…¿Bajo qué parámetros juzgamos lo bueno y lo malo?

Hasta adónde se ha llegado que la humildad y el recato aparecen en esta tierra nuestra, como conductas dignas de beneplácito y grandeza. Hasta aquí, quién fuera cabeza del Episcopado no ha hecho magnas proezas, fue simplemente un hombre justo, sensato. Un pastor con proyección local de su rebaño. Si éste no es un momento para reflexionar qué nos esta pasando, asumamos que estamos definitivamente acabados.

Aun cuando en estas horas – frente a una presencia tan inmensa – se pretende dirimir la duda acerca de lo que pasará de aquí en más con una Argentina perdida en una temible oscuridad, no hay modo de hallar respuestas paganas.

Especulaciones sobran. Habrá quienes crean que su trascendencia está en una pelea entre “K y anti K”. En algunos sitios se festejará incluso haberle torcido el brazo al gobierno. Y es posible que así fuera si acaso se toma en cuenta, únicamente, las antagónicas posturas frente a la vida. Porque las diferencias no se limitan a un modo de encarar la pobreza.

Si se abre perspectiva, hay una concepción de vida muy distinta. Lo que unos miran en miniatura, del otro lado se observa como si estuviese bajo una lupa. Frente a eso no hay análisis que valga. Son los puntos de vista los que marcan la ruta.

Estamos frente a un triunfo individual que puede redimir y oxigenar a una sociedad asfixiada de mezquindad y violencia. Desde el punto de vista fáctico, es dable decir que este argentino se erige como la contra cara de quién conduce los hilos desde la Casa Rosada. Nos da una imagen disímil a la que venimos teniendo de la dirigencia en general.

Allí se descubre entonces que no es nimio el mensaje, que no estamos frente a un Boca – River más como estábamos acostumbrados hasta acá.

Hasta acá es posible que todo fuera blanco o negro, en adelante el arco iris de esparce desafiante. Cada uno sabe qué es lo que puede y quiere mirar. Condenarse al monocromático es una elección personal.

En palabras de quien fuera cardenal de la Argentina, debe aceptarse que “existe una fortaleza peculiar en esta pequeñez, la fortaleza de la confianza en el poder de Dios sobre toda otra posibilidad”.

Bergoglio asumió el desafío: “a veces este abandono persistente y confiado puede parecer ridículo y hasta poco culto”; ingrato agregaría. Mientras el mundo lo admira, hay diarios locales blasfemando.

Estamos siendo bendecidos aunque no haya plena conciencia de que así sea. Es lógico quizás que, en medio de esta batalla de ignominias diarias, no se comprenda a ciencia cierta, de qué estamos siendo protagonistas.

Inmersos en lo que él mismo llamara la “cultura del volquete“, se tira a la basura todo lo descartable. Pero no es lo descartable el único par de zapatos ni el boleto de subterráneo. Descartable es la ambición desmedida y el aplauso de la obsecuencia, descartable es la afrenta gratuita, el abuso, la soberbia. No se dan cuenta, pero el inquilinato de Barlcarce 50 tiene fecha de vencimiento puesta…

Ahora bien, para quienes solo pueden ver lo que tienen en frente, es dable decir que no será el Papa quien “opere” en ‘contra de’, aún cuando desde el poder político se operó contra el Pontífice. Francisco nace para construir, en eso también hay diferencia.

El soplido de aire fresco y cristalino llegó en el momento preciso en que los argentinos estábamos necesitando un respiro. Inhalarlo o no depende del compromiso que cada uno quiera asumir frente al presente.

Es verdad que urge limitar un poder politico avasallante y vergonzoso, es verdad que el gobierno ha puesto fin a tradiciones centenarias en esta Patria, que reescribieron la historia en capítulos arbitrarios, caprichosamente contados. Pero la respuesta nunca fue tan contundente. “Quién quiera oír que oiga“, reza una canción que justamente, entona un canta autor allegado a la Presidente.

Guste o no, hay que archivar lo que ya fue. Cristina Kirchner, así como su fallecido esposo, tuvieron una relación tensa con el cardenal Bergoglio, es cierto. La jefe de Estado despreció aquello que ahora va a buscar denodadamente. Pero el problema de la mandataria no es con el Papa, es con la verdad donde quiera que esta se encuentre, laica o con sotana. Lo notable es que la Presidente no cruzó una calle para asistir a sus misas pero ahora viajará kilómetros para hacerlo… Si no es hipocresía (porque suena muy fuerte) será un tardío ‘darse cuenta’ o un alto sentido del oportunismo. Para ser una redención es todavía muy breve el camino.

Dicen que Juan Pablo II con su papado revolucionó a Polonia, inferir por eso que Francisco puede revolucionar Argentina es cosa distinta. En Argentina hay algo que en Polonia no había: argentinos. Lo mejor y lo peor de nosotros mismos…

El Papa no cambia nada que no quiera ser cambiado. No aplica políticas de Estado coercitivas ni firma decretos que obligan a comportarse de tal o cual manera. La figura del Papa apenas abre conciencias.

Es cierto que la paradoja surge virulenta: durante el gobierno del agravio y la opulencia, nace el Papa de la humildad y la pobreza. Convengamos que pocas veces como ahora, fue tan sencillo y directo el mensaje para los argentinos. Preclaro y sin sutilezas.

En este contexto, queda en perfecta evidencia de que carecíamos los argentinos. Repletos de ídolos estábamos faltos de ejemplo. Jorge Bergoglio, hoy Francisco, es precisamente eso: Ejemplo.

Qué el resto se desgaste inútilmente y pelee por pedestales con mármoles fríos y efímeros.

Habemus Papam y ‘habemus’ otra oportunidad para redimirnos.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.

 

Relato local vs Realidad global

Por Julián Obiglio. Publicado el 9/2/13 en http://www.julianobiglio.com.ar/obiglio2012/opinion/130207.php

El relato oficial nos cuenta que la pobreza global es cada día mayor, que la desigualdad económica mundial es escandalosa, que los pobres y los sectores medios del mundo vienen descendiendo en la escala social, que los derechos sociales son una conquista exclusivamente nacional, y que el desarrollo de las clases medias en nada se vincula a los avances de la democracia.

Los datos provenientes de fuentes oficiales internacionales (Banco Mundial, ONU, OMS, OIT, etc.) me permiten sostener que la realidad global de las últimas décadas es absolutamente opuesta al relato local. El mundo y sus habitantes están, en general, cada día mejor, y es justamente Argentina la que se encuentra rezagada en el combate contra la pobreza y la marginalidad. Veamos:

Entre 1975 y 2005 el PIB per cápita global se duplicó (a valores constantes), o sea, que cada persona en 2005 generó el doble de riqueza de lo que generaba en 1975.
El 43% de toda la riqueza producida por la humanidad en su historia, fue generada en los últimos 35 años.
En los países de ingresos altos, el PIB por habitante aumentó en dicho lapso, un 86%. En los de ingresos bajos, un 105%. Y en los de ingresos medianos, un 134%. La región donde más se incrementaron los ingresos per cápita fue en el sudeste asiático, con un 562% de variación.
Es cierto que muchas veces la medición de la riqueza a través del PIB puede mostrarnos resultados demasiado generales, por eso también debe ser analizado el otro lado de la moneda, el de la pobreza. Aunque como se verá, los resultados ratifican lo dicho:
En 1820 la pobreza global alcanzaba al 80% de la población mundial, pero en 1970 ya se había reducido al 35%. Al 2008 la pobreza se ha reducido al 22% de la población global.
Mirando más específicamente a los países en desarrollo, vemos que en 1981 el 40% de la población vivía en extrema pobreza, mientras que actualmente ese número ha bajado al 15%.
Si lo analizamos desde el punto de vista de la cantidad de personas, en 1981 casi 1.500 millones vivían en la extrema pobreza. Hoy esa cifra baja a 900 millones, pese a que en los últimos 40 años la población mundial creció en 2000 millones de personas.

Otro ejemplo claro de progreso lo registra el impresionante incremento en la expectativa de vida en el mundo, reflejando así los avances globales en términos de nutrición, atención médica y medicamentos: mientras que en el año 1900 la expectativa de vida llegaba a los 30 años, hoy supera los 70 años.

Ahora bien, si queremos analizar otras variables que nos grafiquen el progreso mundial de las últimas décadas, podemos mirar el acceso de las personas a los servicios básicos:

Mayor porcentaje de la población tiene hoy acceso a agua potable (en países de ingresos bajos y medianos se incrementó desde 1970 del 30% al 80%), mejor nutrición (en 1960 la cantidad de calorías consumidas en promedio en el mundo era de 2.254 y hoy llega a las 3.000), y mayor educación (desde 1970 el analfabetismo global cayó del 36% al 15%).
En los países de ingresos bajos y medianos, entre la década del 80 y la actualidad, se incrementó la cantidad de usuarios de telefonía fija del 16 a 135 cada 1000 habitantes. En telefonía celular se pasó de 0 usuarios a 247. Y en materia de internet, de 0 a 84 usuarios.

Un tema relevante es la relación directa que existe entre las mejores condiciones de vida de la población, y el avance de la democracia. El gran desarrollo económico logrado en las últimas décadas por vastas regiones del planeta (fundamentalmente el sudeste asiático, algunos países latinoamericanos y africanos, y otros de Europa del este) se debe, entre otras cosas, a que un mayor porcentaje de personas puede elegir a sus gobernantes democráticamente, a que hay mayor integración comercial en el planeta, menor inflación, mayores garantías a la propiedad privada, y mayor estabilidad macroeconómica, entre las más importantes.

No es cierto entonces que la humanidad no ha progresado en las últimas décadas y que los diez años del gobierno Kirchner puedan tomarse como ejemplo de inclusión y desarrollo. Cientos de millones de habitantes del planeta pueden dar testimonio en contra de aquello. La clave no reside en las diferencias de ingresos sino en la capacidad de los gobiernos para generar condiciones institucionales que brinden a sus habitantes mayores oportunidades para crear riqueza personal y alcanzar mayores niveles de consumo y bienestar.

Que los ricos sean más ricos, no es algo que debe preocupar a un gobernante. Lo que sí debe ocuparlo es la disminución de la pobreza de su sociedad, que se logra ayudando a aquellos que más lo precisan e igualando oportunidades para que todos los que quieran superarse y progresar puedan hacerlo.

Julián Obiglio es Diputado Nacional y egresado de ESEADE.

Saqueo de supermercados: hijo del saqueo institucional

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 21/12/12 en http://economiaparatodos.net/saqueo-de-supermercados-hijo-del-saqueo-institucional/

 El saqueo de la economía y el saqueo de las instituciones republicanas tienen como resultado el saqueo de los supermercados

De este fenómeno de los saqueos que estamos viendo en distintos puntos del país, y ante el fuego cruzado de acusaciones entre el gobierno y dirigentes sindicales, hay un solo dato que para mí es el definitivo: en un país sin la pobreza, la indigencia, el clientelismo político, la inflación y la falta de trabajo que impera en Argentina, esto no ocurre. Podrán pasar otro tipo de cosas, pero si no hay un caldo de cultivo que genere violencia, no hay saqueos.

Es cierto quien se roba un televisor y otros electrodomésticos no es por hambre, pero se sabe que cuando ocurren este tipo de cosas, el saqueo es indiscriminado. Si es el mismo tipo de saqueos que vimos en el 2001 cuando lo voltearon a De la Rúa.

Leyendo información en los medios y recibiendo algo de información, se sabe que es común que a fin de año grupos de gente que vive en asentamientos muy precarios suelen ir a los supermercados a exigir que les armen paquetes de comida navideños. Por más pobreza que haya, tolerar este tipo de aprietes es inamisible. Pero más inadmisible es que la misma dirigencia política, en este caso el gobierno, acepte este mecanismo de, o me das la canasta familiar o te rompo todo.

Pero yendo al fondo del problema, si algo ha quedado en evidencia es el total fracaso de este populismo barato del kircherismo que lo único que buscó en todos estos años fue crear una fiesta artificial de consumo que hoy no puede mantener a costas de crear una creciente masa de pobres.

El relato oficial se cae solo ante los saqueos. Si el país creció como dice el relato oficial. Si tantos puestos de trabajo se crearon. Si la Asignación Universal por Hijo es un logro porque le permite a la gente alimentar a su familia a cambio de que sus hijos vayan al colegio. Si el mundo maravilloso que desde el atril nos describe Cristina Fernández existiera realmente, dudo que un grupo de dirigentes sindicales estuvieran en condiciones de organizar una serie de saqueos en diferentes puntos del país. ¿Quién les prestaría atención si, como dice el gobierno, casi se terminó la pobreza, el salario de Argentina es el mal alto de toda América Latina, el modelo de sustitución de importaciones ha sido un éxito y todas las otras virtudes que suelen describir de una política económica que, todos sabemos, es totalmente inconsistente? Si hay saqueos es porque hay caldo de cultivo para que se produzcan.

Pero los saqueos no son solamente los que vemos en los supermercados. Aquí se ha saqueado el país destruyendo el sistema energético, las rutas, el stock ganadero, el ingreso de la gente con la inflación, la propiedad privada, los ahorros que la gente tenían en las AFJP, el sistema ferroviario y los subterráneos, todo para financiar el populismo más exacerbado.

Pero además se saquearon las instituciones de la república. Se bastardeó la democracia. Se atropelló a la justicia. Si ignoraron los fallos de la Corte Suprema de Justicia. Se utilizó a los organismos recaudadores como mecanismos de presión. En definitiva, en nombre de un 54% que no es tal, se estableció un ambiente de irritación, violencia verbal, enfrentamiento entre argentinos, descalificaciones de personas y todo tipo de agresiones verbales para imponer un sistema hegemónico. Y ese proyecto necesita de una creciente población pobre que sea sumisa a los dictados del oficialismo.

El kirchnerismo ha creado este clima de violencia. Nunca buscó la paz y la concordia, sino el enfrentamiento y la agresión.

Lo que vemos hoy en saqueos, si es organizado o no, no lo sabemos. Pero sí sabemos que fue el gobierno el que creó todas las condiciones de pobreza y violencia verbal para que veamos, como 11 años atrás, disturbios en la calle con violencia.

Si el kirchnerismo hubiese aprovechado las condiciones excepcionales que imperaron en la economía mundial para hacer crecer el país y terminar realmente con la pobreza y la indigencia, hoy no habría este caldo de cultivo para los saqueos, los cuales, dicho sea de paso, si están organizados, también habría que ver quien realmente los organizó.

Lo concreto es que las condiciones excepcionales del mundo fueron utilizadas para hacer populismo barato. El kirchnerismo fue una máquina de crear pobreza e indigencia. La misma que hoy volvemos a ver saqueando supermercados.

El saqueo de la economía y el saqueo de las instituciones republicanas tienen como resultado el saqueo de los supermercados.

El kirchnerismo lo hizo.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

 

Derrumbes, delirios, mercados:

Por  Carlos Rodríguez Braun. Publicado el 1/4/12 en: http://www.libremercado.com/2012-04-01/carlos-rodriguez-braun-derrumbes-delirios-mercados-63987/

Leo en La Razón declaraciones del escritor y periodista Vicente Verdú, que acaba de ganar el Premio Hoy de ensayo, que entrega la editorial Temas de Hoy, con su libro: La hoguera del capital.

“Somos prisioneros de la pobreza –sentenció el pensador– El mundo en el que nos encontramos está derrumbándose. Desaparecen las fábricas, los empleos y la moral de las personas está siendo minada. Las desigualdades se han incrementado”.

La pobreza está disminuyendo en buena parte del mundo, un mundo que no parece que se esté derrumbando hoy más que antes. Es posible que don Vicente piense sólo en los países desarrollados, que es donde la crisis ha golpeado más esta vez, como en los años 1930. Eso explica su increíble frase: “desaparecen las fábricas”, algo que parece dudoso en los países ricos y es clamorosamente falso en muchos países llamados subdesarrollados o emergentes. Si el empleo decae, que es verdad, y la moral también, que es posible, igual convendría pensar en qué cosas los hacen caer; quizá el razonamiento nos conduzca a pensar en las responsabilidades de políticos e intelectuales.

Pero es algo que el señor Verdú no parece dispuesto a hacer. Más bien propicia la irresponsabilidad de los que mandan. Por ejemplo, se opuso a la reducción del déficit con estas palabras: “Alrededor de París ya hay unas 10.000 tiendas de campaña. Pertenecen a personas que antes tenían acceso a la educación, a un coche… Estamos viviendo una gran locura colectiva como no se había conocido con anterioridad en la historia. Es igual que cuando se empezaron a revalorizar los tulipanes hace siglos. Es el mismo tipo de delirio en el que nos encontramos ahora”. Lo interesante es que no hace mención al papel de las autoridades en todo esto; así, parece que la explicación es un delirio colectivo, y no los errores y las intervenciones de quienes suben los impuestos, elevan los costes del suelo y la vivienda, y manejan y controlan actividades tan cruciales como la banca y las finanzas.

El único mal que don Vicente ve en los gobiernos es que no intervengan todavía más: “No atajan a las agencias de calificación, las bolsas, y no han nacionalizado algunas cosas”. Como si controlar los mercados y nacionalizar cosas fueran la solución. Temo que para él, efectivamente lo sean.

No para mientes a la hora de describir el apocalipsis: “El desencadenante de la situación actual es el hundimiento y la degeneración de la democracia”, asombrosa teoría que contrasta con el hecho de que nunca ha habido tanta democracia en el mundo. ¿Qué quiere el señor Verdú? Podemos bosquejar su planteamiento tras estas ideas, que apuntan contra de la libertad y a favor del poder, y subrayar una más, que es un clásico del pensamiento antiliberal: el odio a la competencia. Don Vicente abogó por cambiar los valores y dijo seriamente que el progreso jamás se ha producido a través de la competencia en el mercado sino mediante la solidaridad: “El hombre ha salido hacia adelante porque colabora”.

Si esa colaboración es entendida por Vicente Verdú como la que se desarrolla fuera del mercado, excluyendo el comercio, su frase es un error claro. Resulta razonable conjeturar que si los seres humanos no se hubiesen relacionado nunca con su capital a través de una cooperación extendida por medio de la competencia en el mercado seguiríamos cooperando sólo en órdenes reducidos y aislados, en el seno de tribus primitivas. Es notable cómo esa perspectiva de una sociedad cerrada y empobrecida sin capital resulta tan atractiva para los intelectuales más destacados. 

El Dr. Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.