Los aviones no se comen, ¿o sí?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 8/5/13 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/alejandrotagliavini/los-aviones-no-se-comen-o-si-alejandro-tagliavini-columnista-el-tiempo_12787098-4#.UYuHHrV80Sg.facebook

 Hablando de la actitud frente a la llegada de Maduro, el ‘presidente’ venezolano, a Buenos Aires, un amigo opinaba que la actitud más sabia, frente a un político, es la de ignorarlo. Es cierto que, al decir de Aristóteles, la violencia es siempre destructiva de la naturaleza y los políticos se dedican a ella: manejan al Estado que se arroga su monopolio.

La “Iglesia de base” es, según el sacerdote y teólogo Evaristo Villar, vocero de Redes Cristianas, la “que no tiene poder (ni lo busca)…”, es una “Iglesia social”. Así, la apuesta del papa Francisco por “una Iglesia pobre para los pobres” gusta aunque “no es nada nuevo, nació con Jesús e impregna toda la Teología de la Liberación”. Antes que con Jesús, históricamente hablando, nació con Dios que creo un orden natural que no prevé el hambre.

Dicen que se pidió a los compatriotas del papa no acudir a Roma y derivar ese dinero a caridad. Pero, aunque dejen los aviones vacíos no se pueden comer. La miseria no se soluciona con caridad, se evita con justicia social. Mientras que la caridad, si bien puede ser relativamente útil para necesidades urgentes, no resuelve el problema y hasta puede ser una excusa para no solucionar el fondo.

Para los 7.000 millones de seres humanos hacen falta unas 1,4 mil millones de toneladas de alimentos al año. Solo la producción global de caña de azúcar (el alimento más producido) es de 1,8 mil millones de toneladas al año, y los 10 alimentos más producidos representan unas 4,3 veces las necesidades de alimentación de la humanidad que, según la FAO, en orden de producción después de la caña de azúcar son: maíz (880 millones de toneladas), arroz (720 t), trigo (700 t), leche de vaca (600 t), papa (375 t), remolacha de azúcar (270 t), verduras frescas (268 t), habas de soya (260 t) y mandioca (250 t).

Los principales productores de alimentos son China 20 por ciento, Brasil 14, India 13, la Unión Europea 11, EE. UU. 10, Rusia 3, Indonesia 3, y Pakistán 2 por ciento. La producción mundial por año ronda los 10.000 millones de toneladas, unas 7 veces lo necesario, y crece a un ritmo anual del 2,2 por ciento mientras que la población lo hace solo al 1,7 por ciento. Es decir, la naturaleza (el mercado natural, del orden natural), sin intervención de ningún Estado coactivo, produce más que suficiente para que no exista el hambre. Queda un problema de distribución.

Ahora, ¿es creíble que el mercado natural mantenga hambrientos a millones cuando él mismo produce para todos y crea sobreabundante logística para distribuirlos? No es creíble, y menos creíble si tenemos en cuenta que el mercado natural es de los pobres y para los pobres porque ha sido creado para satisfacer primero las necesidades más urgentes, más básicas y más masivas.

Sí es creíble que la violencia destruye, que el monopolio estatal es utilizado para ‘regular’ al mercado destruyéndolo, impidiendo su desarrollo natural. Sí es creíble que el egocentrismo de los políticos enceguecidos por el poder imponga coactivamente (demagógicamente) ‘leyes’ que consoliden su ‘autoridad’. Entonces, en lugar de ‘comer aviones’, debemos exigir la justicia social, es decir, siendo que justo (socialmente) es aquello que le corresponde según su naturaleza (social), debemos exigir que la violencia –siempre destructiva– de los políticos no destruya lo que el mercado hace naturalmente.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.