La Argentina está muriendo sepultada bajo el peso del populismo

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 23/4/2019 en: https://www.infobae.com/opinion/2019/04/23/la-argentina-esta-muriendo-sepultada-bajo-el-peso-del-populismo/

 

Curiosamente, Cambiemos encara las elecciones de octubre adoptando medidas populistas como son los acuerdos de precios con una nefasta ley de Lealtad Comercial, para que no venga otro populismo

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

El ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”

En declaraciones de ayer lunes, el ministro de Producción y Trabajo, Dante Sica, afirmó: “los supermercados controlarán que los consumidores no acopien productos”, lo que significa que, una vez más, se verifica que cuando se establece un precio artificialmente bajo, hay que racionar por cantidad porque a ese precio artificialmente bajo no hay suficiente cantidad de oferta para abastecer la demanda que aumenta por ese fenómeno.

Dicho en otras palabras, por más que los gobiernos se empeñen en tratar de derogar la ley de la oferta y la demanda, ésta sigue con vida y goza de buena salud.

Uno puede entender que sea una simple aspirina para llegar a las elecciones, pero francamente haber desperdiciado cuatro años en un gradualismo que fue inmovilismo, termina en el riesgo de la vuelta de un populismo con tendencias autocráticas como es el kirchnerismo.

Si bien mucha gente puede recordar la fiesta de consumo del kirchnerismo, la realidad es que esa fiesta de consumo no va a poder reeditarse tan fácilmente. Para hacer populismo hay que tener recursos, sean propios o confiscados, y no creo que vaya a quedar un centavo en la Argentina si CFK se perfilara como ganadora en la segunda vuelta.

En varias oportunidades di el siguiente ejemplo sobre la fiesta de consumo del kirchnerismo: esa fiesta fue como si hubiese vendido mi casa, mi auto; hubiera dejado el trabajo y sacado todos mis ahorros del banco; y me hubiese ido a Europa, alojándome en los mejores hoteles, comiendo en los mejores restaurantes y alquilando los autos más caros. A la vuelta de Europa, me encontraría con que no tengo dónde vivir, ni auto, ni ahorros, ni trabajo.

Si me preguntaran cuándo estaba mejor, ¿cuándo estaba en Europa o a la vuelta?, es obvio que diría que cuando estaba en Europa, lo que ocurre es que ese lujo en Europa era insostenible. Solo financiable hasta dónde dieran los recursos consumidos. Eso hizo el kirchnerismo, por un lado dilapidó los ingresos fiscales que recibió de los precios de la soja y por otro lado se consumió el sistema energético, los trenes, las rutas, nuestros ahorros en las AFJP y 12 millones de cabezas de ganado para financiar tarifas de servicios públicos artificialmente bajas y tener asado artificialmente barato.

En términos de recaudación tributaria, en 2002 los ingresos fiscales fueron USD 16.182 millones y en 2015 la recaudación llegó al equivalente a USD 166.150 millones. En otras palabras, el kirchnerismo aumentó sus ingresos fiscales por retenciones y matando con impuestos a la gente, en USD 149.968 millones.

Se dilapidó el equivalente a un Plan Marshall

Para tener idea de lo que significa esta cifra, el plan Marshall, implementado luego de la Segunda Guerra Mundial, fue de USD 14.000 millones de ese momento, unos USD 140.000 millones de hoy, repartido entre 18 países. A Alemania le tocaron unos USD 14.500 millones actuales, con lo cual no es cierto que Alemania se haya recuperado gracias al plan Marshall, sino que se recuperó gracias a la política económica de libre mercado que implementó Ludwig Erhard, a pesar de la oposición de los aliados que en ese momento estaban con las ideas keynesianas y del estado de bienestar.

Volviendo a nuestro caso, el kirchnerismo recaudó el equivalente a un plan Marshall completo y 10 veces el apoyo que recibió Alemania del plan Marshall y sin embargo dejó destruida la economía argentina.

El fenomenal consumo de stock de capital más lo gran caja que tuvo el kirchnerismo lo condujo a regalar planes sociales, jubilaciones y empleo público que llevó el gasto público consolidado a 48% del PBI.

¿Qué hizo Cambiemos frente a esta herencia recibida?

En vez de contar la herencia recibida, el Gobierno se limitó a esperar una lluvia de inversiones que nunca llegó; lluvia que mágicamente iba a producir un crecimiento económico que terminaría licuando el gasto público sobre el PBI a menos del 48%. Así, el peso del Estado sería licuado por el mágico crecimiento sin necesidad de bajar el gasto público, ni tocar el revoleo de planes sociales, empleo público y un sistema previsional quebrado que se heredó de CFK; y la ministra Carolina Stanley sigue entusiastamente regalando la plata de los contribuyentes a todo aquél que corte la Avenida 9 de Julio exigiendo vivir del trabajo ajeno.

El gradualismo significaba tomar deuda pública y financiar el déficit fiscal hasta que llegara la lluvia de inversiones y mágicamente pudiésemos salir de la brutal herencia k sin sacrificios de ningún tipo. El mayor milagroso crecimiento iba a producir más ingresos fiscales y eso iba a cerrar la brecha negativa con los gastos antes del pago de intereses.

El resultado que tenemos es que a la herencia K hay que sumarle la herencia Cambiemos y mi visión es que es un verdadero delirio creer que de este lío salimos estimulando el consumo interno. El discurso populista de: hay que ponerle plata a la gente en el bolsillo para que consuma y así crecemos, es un verdadero delirio.

Con un mercado interno de 44 millones de habitantes, de los cuáles un tercio es pobre, no hay consumo interno que lleve a ninguna inversión. Un poco parece ser la propuesta del kirchnerismo y de Lavagna. En Cambiemos todavía están esperando la lluvia de inversiones.

La cruda realidad es que la única salida de crecimiento de largo plazo que tiene Argentina es volver a ver el mundo como una oportunidad. Es decir, la salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

La salida de Argentina es exportar e importar más. Aumentar el volumen de comercio exterior.(Adrián Escandar)

Para poder incrementar las exportaciones hay que tener inversiones porque se requieren volúmenes de producción muchos mayores y para tener inversiones se requiere: 1) una legislación laboral que incentive a las empresas a contratar personal; 2) una carga tributaria que sea competitiva a nivel mundial; y 3) seguridad jurídica.

Días atrás, Infobae publicaba el trabajo del Banco Mundial en el que Argentina es el segundo país en el mundo que más impuestos le cobra a las empresas.

En efecto, Argentina le aplica una carga tributaria a las empresas del 106% sobre las utilidades. Esto es posible porque las empresas no pueden ajustar sus balances por inflación y, por lo tanto, se aplica el impuesto a las ganancias sobre el stock de capital. Es decir, el Estado se está comiendo parte del capital de las empresas con el Impuesto a las Ganancias más el resto de los delirantes impuestos nacionales, provinciales y municipales.

En definitiva, durante décadas hicimos populismo y eso nos llevó a caer en una crisis tras otra. El kirchnerismo llevó ese populismo hasta niveles insospechados, y Cambiemos se limitó a financiar con deuda pública ese populismo a la espera de la milagrosa lluvia de inversiones que todo lo resolviera, pero ninguno parece estar dispuesto a encarar en serio las reformas mencionadas para ser competitivos para exportar y así captar inversiones en cantidades suficientes que permitan bajar la tasa de desocupación y la pobreza.

Todo el arco político argentino sabe que la situación económica es terriblemente complicada, pero ninguno está pensando en proponer las reformas estructurales. Todos están imaginando cómo seguir financiando esta locura populista y esperar que mágicamente tengamos una lluvia de kamikazes dispuestos a invertir en Argentina para ser sometidos por la nueva Ley de Lealtad Comercial, tasas del 68% anual, una legislación laboral que implica adoptar de por vida a cualquier persona que se tome en relación de dependencia, a que lo esquilmen con impuestos y demás barbaridades económicas.

Argentina está muriendo sepultada bajo los escombros del populismo del empleo público y los planes sociales y nadie de la dirigencia política parece estar tomando debida nota de lo dramático de la situación. Siguen delirando con más populismo.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

Con esta carga impositiva es imposible que la economía crezca

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 30/7/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/07/31/con-el-nivel-de-cargos-impositivos-es-imposible-que-la-economia-crezca/

 

Finalmente la realidad dijo basta y la implementación de una reforma del Estado para bajar el gasto público se impuso por las circunstancias

 

No es la primera vez que ocurre algo así en nuestro país. Gobiernos que se niegan a ordenar las cuentas públicas en su momento, recurren a todas las piruetas financieras, monetarias y cambiarias que uno puede imaginar hasta que, finalmente, se acaba la magia de las piruetas y la realidad impone hacer a las apuradas lo que podría haberse hecho en forma ordenada desde un principio, con el agravante de haber acumulado más problemas de los heredados por el costo que generaron esas piruetas financieras. Ahora me refiero a desarmar la bomba de las Lebac.

Pero, como es de rigor, ni aun ante la gravedad extrema de las condiciones económicas y el porrazo contra la realidad que se dan los que se niegan a bajar el gasto público llamándolo ajuste salvaje, aceptan lo que está delante de sus narices y empiezan con una nueva historia. Resulta que ahora aparece la nueva corriente de “pensamiento” que dice que el déficit fiscal se resuelve con crecimiento y no bajando el gasto público. Hay que crecer, aunque no explican cómo se hace para crecer, y con ese mayor crecimiento se recauda más impuestos y se cierra la brecha fiscal.

En rigor no están diciendo nada diferente a lo que sostuvo Cambiemos desde el inicio. No había que bajar el gasto público, sino que había que congelarlo en términos reales, es decir, el gasto tenía que crecer al mismo ritmo que la inflación.

Al mismo tiempo, el crecimiento de la economía permitiría generar más ingresos fiscales y la brecha fiscal se iba a ir cerrando. El gradualismo iba a generar un mágico crecimiento que resolvería el problema fiscal, sin comprender que el problema de la Argentina es, entre otros, el nivel y la calidad del gasto público.

Límite a la capacidad de pago de los contribuyentes

Pero volviendo a la nueva “genialidad” de no bajar el gasto sino que hay que crecer para recaudar más, es bueno recordarles a esos magos de la economía que ya no hay más margen para recaudar. Es más, con esta carga tributaria es impensable crecer en forma sostenida, como ha quedado demostrado. Basta un año con pocas lluvias y entramos en un problema económico fenomenal.

El gráfico muestra la evolución de la recaudación impositiva en dólares, tomando el tipo de cambio promedio de cada año. Como puede verse entre 2003, cuando llegó el kirchnerismo al poder, y 2017, cuando el estado recauda USD 129.270 millones más que en 2003. Para tener idea de la magnitud de cuántos recursos más recibió el Estado de los bolsillos de los contribuyentes podemos compararlo con el Plan Marshall que fue implementado por Estados Unidos al finalizar la Segunda Guerra Mundial para ayudar tanto a aliados como a los países vencidos.

El Plan Marshall comenzó a funcionar en 1948 durante 4 años y era por un monto de USD 13.000 millones de aquella época. A valores actuales son unos USD 130.000 millones. Es decir, entre 2003 y 2017 la Argentina incrementó la recaudación por el equivalente a todo el Plan Marshall, aclarando que en total fueron 18 los países europeos que se vieron beneficiados con el Plan Marshall para reconstruir sus economías.

El que más apoyo recibió del total del monto el Plan Marshall fue Gran Bretaña, con el 26% del total, el segundo fue Francia con el 18% y el tercero fue Alemania, en ese momento Occidental, con el 11% del total. De manera que, dicho sea de paso, cuando se dice que Alemania se recuperó gracias al Plan Marshall, no es cierto.

Gran Bretaña recibió más del doble que Alemania y la que despegó económicamente fue Alemania, mientras Inglaterra entraba en una senda de estancamiento con las ideas intervencionistas que imperaban en el Laboralismo, que fue el que ganó la elecciones luego de la guerra derrotando a Churchill.

La realidad es que Alemania recibió USD 1.430 millones de ese momento, unos USD 14.300 millones actuales. Así que si comparamos los USD 129.000 millones más que recauda el gobierno argentino, con lo que recibió Alemania para reconstruirse luego de la guerra, mejoró sus ingresos en un monto que equivale a 9 Planes Marshall de los que recibió Alemania.

Uno logró sacar a su país de debajo de los escombros y las ruinas y el Kirchnerismo, recaudando casi USD 142.000 millones más, algo así como 10 planes Marshall de los que recibió Alemania, dejó a la Argentina sin energía, con las rutas destruidas, con 12 millones de cabezas de ganado menos, en default, con cepo cambiario y el listado sigue.

Una pesada herencia, equivalente a una catástrofe económica

El kirchnerismo fue una catástrofe económica e institucional para Argentina y esa catástrofe requería de un tratamiento de shock como el que aplicó Ludwig Erhard en Alemania implementando una economía de mercado que, dicho sea de paso, no era del agrado de los gobiernos de los países aliados, que en esos momentos estaban mayormente dominados por las ideas intervencionistas y keynesianas.

Pero si el dato de la evolución de la recaudación en dólares no conforma a algún lector, podemos ver cómo evolucionó la recaudación tributaria consolidada en términos de PBI, es decir incluyendo los impuestos nacionales, provinciales y municipales, entre la década del 90 y el último año del kirchnerismo tenemos que aumentó unos 13 puntos del PBI. Y si tomamos el 2017 respecto a los 90, cuando ya la carga tributaria era elevada, tenemos, aproximadamente, 10 puntos más del PBI que se quedan la nación, las provincias y los municipios de los ingresos que generan los contribuyentes.

Quienes afirman que el problema no es el gasto público sino la recaudación vía un mayor crecimiento económico, o no pagan impuestos o no logran conectar la carga tributaria con el crecimiento económico. ¿Quién puede invertir en un país donde el impuesto a las ganancias a las empresas es del 35%, pero como no se pueden ajustar los balances por inflación la carga efectiva supera el 40%? ¿O todavía no se enteraron de que el crecimiento viene de la mano de la inversión y nadie invierte para ser expoliado impositivamente?

Pero veamos un dato más. Cómo evolucionó la recaudación tributaria de los impuestos nacionales entre 2003 y 2017 a pesos de 2017 utilizando IPC para indexar.

En pesos de 2017 los ingresos tributarios nacionales (IVA, Ganancias, Combustibles, Aportes y Contribuciones, al cheque, etc.) se multiplicaron por 2,5 o aumentaron el 150% en términos reales. Una verdadera masacre tributaria.

De manera que, mientras no se baje el gasto público y la carga tributaria, además de implementar una reforma laboral y otras cuestiones más, es impensable que la economía crezca.

Una mochila que inmoviliza

El sector privado tiene encima a un luchador de sumo que es el Estado y lo mantiene inmovilizado con su peso. Es imposible imaginar una economía creciendo con el actual peso del Estado sobre el sector privado.

Con la feroz carga tributaria que hoy soporta el sector privado, es impensable que el déficit fiscal vaya a solucionarse con crecimiento. Afirmar que tenemos un problema de recaudación raya en el delirio y más delirante es creer que el sector informal puede pasarse al sector formal con esta carga tributaria.

Este nuevo discurso que empieza a aparecer diciendo que el problema fiscal se resuelve con crecimiento es típico de los que quieren seguir con un gigantesco e ineficiente gasto público.

Que expliquen cómo piensan crecer con esta carga impositiva. Con estas tasas de interés que son fruto del endeudamiento del sector público para financiar el déficit fiscal y con esta tasa de inflación que es consecuencia del déficit fiscal. No pueden explicar semejante disparate. Es el discurso típico del demagogo, del que habla sin saber o del necio que niega la realidad.

Asumamos la realidad, el problema fiscal, de la inflación y de las altas tasas de interés se resuelve reformando el Estado para bajar el gasto y con menor presión impositiva. El desafío es grande, no tengo ninguna duda, pero lo otro es un delirio mayúsculo que nos puede llevar a otras crisis económicas de las que ya conocemos.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Politicas de shock y gradualismo

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 5/5/15 en: http://economiaparatodos.net/politicas-de-shock-y-gradualismo/

 

Shock versus gradualismo, es un debate que va ganando presencia entre los candidatos presidenciales.Si bien ningún candidato es explícito sobre este tema, algunos candidatos hablan de, por ejemplo, quitar el cepo y eliminar la inflación rápidamente, otros de tomarse varios meses o toda una gestión presidencial para bajar la inflación a un dígito. Esto no es otra cosa que postura de “shock” por un lado y “gradualismo” por el otro.

 

La oposición a las políticas de shock suelen basarse en que las mismas imponen un costo innecesario a la sociedad. Bajar el gasto público de golpe, por ejemplo, puede generar desempleo y desaceleración de la actividad económica. Por el otro lado, el gradualismo suele quedar a medio camino y las reformas, al quedar incompletas, son inconsistentes y nuevos problemas económicos aparecen en el mediano plazo. El gradualismo, por lo tanto, busca minimizar los costos sociales y económicos durante la transición. La crítica a las reformas en shock, sin embargo, obvian que las mismas también pueden hacerse con un plan de transición que hace justamente del gradualismo una opción innecesaria.

 

Una analogía puede ilustrar el punto. Una muela que causa dolor es retirada en el momento (shock), no de forma gradual. Si el shock no es una mera medida económica aislada, sino que es un plan económico cuidadosamente planeado, entones antes de quitar al muela se aplica anestesia o algún calmante. Si el plan de shock no es cuidadosamente planeado y se hace porque la realidad se lo impone al político, entones es como quitar al muela sin anestesia o calmante. El problema que enfrenta la próxima administración no es sólo encarar las reformas apropiadas para Argentina, sino diseñar un claro plan de transición hasta que las reformas hagan efecto. Esto es distinto al gradualismo donde las reformas se hacen lento, paso a paso, esperando que sus efectos se materialicen gradualmente.

 

Hay, por lo tanto, dos tipos de políticas de shock. Las que posee un plan de transición (plan bien diseñadas) y las que no (plan mal diseñadas.) La crisis del 2001 dejó impregnado en la opinión pública que un ajuste fiscal y cambios fuertes (shocks) implican alto costos económicos y sociales. Sin embargo, el manejo que hizo la política Argentina podría ser ejemplo de haber hecho todo lo importante mal: (1) pesificación asimétrica, (2) corralito y corralón, (3) aumento de impuestos, (4) creación de nuevos impuestos, (5) evitar un ajuste racional del gasto público cayendo en default, (6) congelar tarifas sin un plan de salida subsidiando a la oferta en lugar de la demanda, etc. A su vez, estas medidas fueron impuestas por la realidad; Lopez Murphy tuvo que renunciar por proponer un ajuste fiscal notablemente inferior y más ordenado que el que efectivamente sucedió por persistir en el mismo camino de desequilibrios económicos y fiscales.

 

No todos los casos de reformas son tan mal diseñados e implementados como el de Argentina en el 2001. El caso del Milagro Alemán muestra el resultado opuesto. El resultado fue tal que para el momento en que el Plan Marshall entra en efecto, Alemania ya encontraba su economía en recuperación. Las reformas graduales que Argentina llevo a cabo luego del “shock” del 2001 fueron en el sentido contrario al del Milagro Alemán. En Alemania se desregularon precios y se liberó al economía, en Argentina se controlan cada vez más precios y se incrementaron las regulaciones económicas. En su  manual de principios de macroeconomía, Tyler Cowen y Alex Tabarrok se refieren a Argentina como un “desastre económico”; esos pocos países que tienen todo para ser potencia económica mundial pero persisten en esquivar al desarrollo económico. El otro país que aparee como ejemplo de desastre económico junto a Argentina es Nigeria. Japón y Corea del Sur son los dos ejemplos de milagros económicos.

 

Discutir políticas de shock versus gradualismo es útil en la medida que esto implique un plan de transición para navegar las reformas que tarde o temprano van a tener que hacerse, especialmente en lo que respecta desequilibrios fiscales. Y si en lugar de medidas, lo que hay es un plan completo de reforma, entonces correr el riesgo de dejar las reformas a medio camino al elegir el camino del gradualismo parece ser un riesgo innecesario. Es decir, si su dentista es un estadista y la aplica un calmante, ¿para qué quitar al muela gradualmente un lugar de hacerlo en el momento?

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

¿Estado “de bienestar” o capitalismo?

Por Gabriel Boragina. Publicado el 24/1/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/01/estado-de-bienestar-o-capitalismo.html

 

El capitalismo no tiene nada que ver con los gobiernos. Por ende, menos tiene que ver con gobiernos “de ricos o de burócratas”. Los gobiernos siempre están conformados por burócratas. Y los burócratas se hacen ricos gracias al poder del gobierno. Perennemente ha sido así, salvo honrosas excepciones. Por ello, es del todo incorrecto hablar de “gobiernos capitalistas” lo cual es una aberración ya que, por su propia naturaleza, los gobiernos son anticapitalistas en la medida que ninguno de ellos puede jamás producir absolutamente nada, y el capitalismo es un sistema de producción por encima de cualquier otra consideración.

La mayoría de las personas son ideológicamente anti-capitalistas en tanto que sostienen que “lo ideal” son modelos “intervencionistas”, “mixtos”, “híbridos”, etc., que combinen “lo mejor” del capitalismo y del socialismo. Más allá que no puede hallarse ninguna certeza empírica sobre qué cosa podría catalogarse como “lo mejor” del socialismo, yo no conozco ningún caso de “éxito” de economías “híbridas”, ni pasados ni presentes, aun cuando la mayoría de los planes económicos mundiales son de este tipo. Es decir si, son exitosos para sus burócratas, los directores al frente del gobierno y su corte de pseudo-empresarios prebendarios, pero no lo son para nadie que no forme parte de dicho círculo. A partir de la “hibridez”, el nivel de vida de esos pueblos cayó en comparación al que tenían a comienzos del siglo XX. En lo que el capitalismo se respeta, pueden mostrar algunas variables positivas. Pero el balance neto es regresivo. Altas tasas fiscales son negativas respecto del nivel de vida de esos pueblos.

Se mencionan -como “modelos”- los casos de los países nórdicos, o de Europa occidental y los denominados “tigres asiáticos” como “ejemplos” de casos “exitosos” de intervencionismo económico o “mixto”. Si por “éxito” lo que se quiere decir -en este contexto- es “riqueza”, los datos de la historia económica nos revelan que aquellos eran mucho más ricos antes de la primera guerra mundial de lo que lo son hoy. La diferencia radica en que desde el fin de la primera guerra ha avanzado mucho el socialismo. En términos relativos, son menos ricos, aun cuando estén por encima de los países hispanoparlantes. En Latinoamérica existe más socialismo que en Europa y que en U.S.A. Por eso, es comparativamente más pobre, a pesar de sus criollos esquemas “híbridos” que los hunden más en la indigencia. En Argentina, la tasa de fiscalidad gira en torno al 45 % y cada vez hay más necesitados.

En esta línea, el “éxito” de los países europeos occidentales, los nórdicos, y asiáticos, radica en que son mas capitalistas que “híbridos”, y no a la inversa. No hay un solo caso de “hibridez” exitoso. Después de la segunda guerra mundial Europa recibió un fuerte impulso económico en virtud del denominado Plan Marshall de postguerra, lo que permitió -en gran medida- la recuperación alemana y de las demás naciones devastadas por la contienda. Los fondos del “plan Marshall” fueron provistos por los contribuyentes de un país con una economía mayormente capitalista (los EEUU). Y si bien fueron otorgados a Europa por el gobierno americano, no quita su origen capitalista (capitales privados).

Lamentablemente, la inyección de capitales recibidos en Europa en virtud de dicho plan no fue adecuadamente aprovechada por los países recipiendarios, en la medida que se reemplazó el fascismo y nazismo por el “estado benefactor” o “de bienestar”, no se abandonó el comunismo, ni se implantó una economía capitalista en ninguno de los países que habían estado involucrados en la conflagración. Con todo, se logró un restablecimiento importante que superó el de otras partes del mundo (exceptuando a los EEUU). Pero sería un gravísimo error creer o atribuir al intervencionismo o a la hibridez económica la reconstrucción. Por el contrario, esta se obtuvo merced a la adopción de cierto libre comercio (interno y externo) fuertes desregulaciones de precios y salarios, bajas tasas fiscales, reducción del gasto público, etc. Es decir todas medidas capitalistas.

El gobierno destruye riqueza. Jamás la crea, ni menos aun la “nivela”. En el mejor de los casos, le quita a “Juan” para darle a “Pedro”. Con lo cual, “Juan” pasa a ser pobre y “Pedro” rico. Es decir, es “un juego de suma cero”. La redistribución (esencia del “paradigma mixto” en el que el capitalista produce lo que el gobierno reparte) no crea riqueza. A lo máximo la estanca, pero no la aumenta. Pretender lo contrario es un oxímoron. Argentina es otro ejemplo de país con una alta tasa de redistribucionismo, y a la vez una tasa creciente de pobreza. El resto de Latinoamérica no está en condiciones demasiado diferentes.

Relativo a las populares políticas redistributivas, lamentablemente, la historia no confirma la “tesis” en cuanto a que “quitarle al rico mejora al pobre”. Tanto la teoría como la práctica nos dicen lo contrario. Hay suficiente evidencia empírica al respecto.

El capitalismo nada tiene que ver ni con la “autocracia” ni la “corporatocracia”, porque son antiéticos estos esquemas con el capitalismo. Como explicó L. v. Mises: el capitalismo es el orden de cooperación social por excelencia, no superado por ninguno otro. El capitalismo no es un sistema político, sino económico.

Por desgracia, quedan pocos países capitalistas hoy en día. Y cada vez menos. Y no subsisten porque tengan “políticas públicas” socialistas, sino a pesar de ellas. Argentina es otro ejemplo de país con “políticas públicas” por toneladas. Y ¡cada vez es más pobre! EEUU declina en la medida que aumenta la cantidad de “políticas públicas”. Y así sucede en el resto del planeta. Es una relación proporcionalmente inversa.

Nada hay “gratis” en la vida. Ni educación, ni seguro médico, ni seguro de desempleo, ni vivienda, ni préstamos. Todo tiene un costo. Nada es gratis. Seria hermoso que hubiera algo “gratis”. Pero no existe. Todo eso se financia vía impuestos que pagan todos, ricos y menesterosos. Ninguno se salva de pagar impuestos. Hasta el mendigo de la calle los paga vía menor nivel de vida. Nadie se escapa de sufragar directa o indirectamente. Lo que no paga “Juan” es porque lo costeó “Pedro”. Y lo que “Pedro” no solventó es porque “Juan” lo pagó. Ni Juan ni Pedro lo recibieron “gratis”. Esto es una ley de la naturaleza, más que de la economía.

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La Escuela Austriaca y el Public Choice sobre Desarrollo Económico y Pobreza

Por Adrián Ravier. Publicado el 15/8/12 en http://puntodevistaeconomico.wordpress.com/2012/08/15/leccion-2-la-escuela-austriaca-y-el-public-choice-sobre-desarrollo-economico-y-pobreza/#more-3289

 Hace unos días inicié una serie de comentarios en este blog acerca de mi experiencia en el seminario “Advanced Austrian Economics”, organizado por FEE.

Aquí va la segunda lección: “La ayuda internacional (en todas sus formas) que algunos países periféricos reciben de los países centrales para reducir la pobreza ha fracasado. La Escuela Austriaca y el Public Choice pueden explicar los motivos de este fracaso.”

 El desarrollo económico es uno de los campos que necesitan ser profundizados en los próximos años, y que de hecho recibe la mayor atención de parte de los jóvenes austriacos. En el seminario tanto Chris Coyne como Peter Leeson han trabajado el tema, pero en esta ocasión quisiera concentrarme en las aportaciones de Claudia Williamson, invitada especial al seminario.

En la primera parte de la presentación, la Dra. Williamson recorrió la historia de la ayuda internacional. Habló de Bretton Woods (1944), del Plan Marshall (1950), del intento de algunos países por alcanzar la industrialización a través de mejoras en la infraestructura (1960), de la ayuda otorgada a países pobres para solucionar la pobreza, identificando la teoría del círculo vicioso de la pobreza, y el Big Push Model, como teorías centrales (1970), las reformas institucionales conocidas hoy bajo el nombre del “consenso de Washington” (1990) y el conocido “Fixing Failed States” (MDGs) que combina ayuda internacional con intervención militar para alcanzar la paz, el desarrollo y la democracia (2000).

En la segunda parte, se presentó un video que se puede resumir con el siguiente lema o reclamo: “We can and must do something” [Podemos y debemos hacer algo].El video era excelente, puesto que reunía declaraciones de economistas como Jeffrey Sachs o Amartya Sen justificando desde el punto de vista económico y moral la ayuda internacional, pero además había músicos como Bono o la actrtiz Angelina Jolie, reclamando que el mundo se solidarice con la situación de mucha gente que vive en la más extrema pobreza. Este no es el video, pero puede ayudar a mostrar el punto:

http://www.youtube.com/watch?v=NG5pa4wds1U&feature=player_embedded

Mientras veía el video pensaba, qué insensible sería uno si no reaccionara de pie y con aplausos a semejante discurso.

La Dra. Williamson describió la extrema pobreza que uno puede encontrar en Etiopía, Ghana, Kenya, Malawi, Mali, Nigeria, Rwanda, Senegal, Tanzania y Uganda. Señaló que la ayuda internacional ha provisto de hospitales, medicamentos, agua pura, libros y muchas otras cosas para paliar la pobreza, y sin embargo, la ayuda no está funcionando, es marginal, y no existen estudios que demuestren que toda esta ayuda multi-millonaria está realmente ayudando a los pobres.

Williamson también presentó un informe del  Banco Mundial cuya conclusión era la siguiente:

“Despite the billions of dollars spent on development assistance each year, there is still very little known about the actual impact of projects on the poor.” “[A pesar de los miles de millones de dólares gastados en ayuda al desarrollo cada año, aun sabemos muy poco acerca del impacto real de los proyectos sobre la pobreza]

¿Qué explicación pueden ofrecer los economistas a este conclusión? Esta es la pregunta que la Dra. Williamson respondió en la tercera parte de su exposición. Citó a dos autores centrales en la materia: Peter Bauer [aquí uno de sus artículos, en inglés] y William Easterly [aquí los dos artículos en español que recomiendo a mis alumnos, Hayek versus los expertos en desarrollo y por qué no funciona la ayuda externa]. [En 2007, tanto J. Sachs y W. Easterly fueron entrevistados por el diario El Mundo de España, y mostraron abiertamente sus diferencias sobre el tema del desarrollo]

http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=vzy8dafM89E

Los lectores familiarizados con la literatura de la Escuela Austriaca y el Public Choice se imaginarán la respuesta, pero avancemos.

El primer problema con la ayuda internacional es el problema del conocimiento (al que han contribuido tanto Ludwig von Mises como Friedrich Hayek). Hoy la lucha contra la pobreza se identifica como un problema de ingeniería social con una solución técnica. Ej. Falta agua en Uganda o medicamentos en Nigeria, entonces tenemos que tomar esto de algún lugar y llevarlos en forma urgente a dichos lugares.

El segundo problema con la ayuda internacional es de incentivos. La Dra. Williamson, resumió el problema señalando que “el dinero de la ayuda internacional no se gasta sólo.”

Empecemos por este último. La presentación incluyó un cuadro, en dos columnas, que simplificaban los problemas desde el lado de los países que aportan la ayuda internacional, y luego, desde el lado de quienes la reciben. Sintéticamente, quienes aportan el dinero tienen intereses específicos (muchas veces alejados de la opinión pública o de los pobres a quienes se intenta ayudar). Además en medio de esto hay una enorme burocracia que se consume una porción de estos recursos. Por último, es difícil de monitorear el origen y destino de los fondos de ayuda. La conclusión es que en muchos casos, la ayuda no llega al destino esperado.

Pero el argumento central, proviene de los receptores del dinero. En general, quienes reciben la ayuda son los poderes concentrados que existen en cada país, los que justamente evitan el desarrollo de estas economías con enormes regulaciones, subsidios y prohibiciones a la inversión extranjera. De hecho, Williamson mostró que la mitad de la ayuda contra la pobreza la reciben hoy gobiernos autoritarios o dictatoriales (contrarios a la democracia).

Visto de este modo, la ayuda internacional profundiza el problema al ofrecer dinero precisamente a los burócratas que evitan una posible salida de la pobreza.

Williamson explica que la ayuda oculta las malas políticas públicas que se toman, además de crear dependencia y el conocido riesgo moral. Distorsiona la actividad productiva, incentiva los intereses especiales y particulares y cambia las reglas de juego.

Volviendo ahora sobre el primero de los problemas, el del conocimiento, Williamson cita a Easterly con la diferencia entre “Planners versus Searchers“. Lo que necesitan estos países no son soluciones planificadas desde afuera, sino personas que puedan construir y buscar soluciones a sus propios problemas desde dentro del sistema. Estos “buscadores” a través de su creatividad y aprovechando su conocimiento de tiempo y lugar, son los únicos que pueden resolver el problema de la pobreza. La ayuda internacional, de carácter socialista, ha evitado hasta ahora que estas soluciones “microeconómicas” puedan avanzar. En palabras de W. Easterly:

Hayek no escribió mucho acerca de desarrollo, pero su defensa de los mercados y la crítica a la planificación central fueron muy relevantes para estos debates. En un artículo clásico de 1945, Hayek indicó que ningún planificador central desde arriba podía de alguna manera tener suficiente información para asignar los recursos y provocar el funcionamiento de las fábricas. Un sistema descentralizado, con flujo de información de abajo hacia arriba, permitía que cada individuo utilice su conocimiento de cientos de diminutos factores locales y problemas imprevistos de tal forma que haga que su proyecto funcione y que sus acciones sean coordinadas con otros a través de los precios del mercado—que señalan a todos cuáles productos son abundantes y cuáles escasos. […]

El último intento que nosotros los expertos en desarrollo necesitamos para encontrar empleo es que aceptemos que la libertad individual es el mejor sistema, y también decir que se necesitan expertos en desarrollo para diseñar las reglas que permiten la libertad individual. Es cierto que la libertad necesita de las reglas gubernamentales que protejan la propiedad privada, hagan respetar los contratos, prevengan el fraude y el robo, y muchas otras normas de buen comportamiento que hacen posible el trato entre individuos. Pero eso no significa que los expertos necesitan diseñar las reglas gubernamentales desde arriba hacia abajo. El último y posiblemente el más importante descubrimiento de Hayek fue que las reglas gubernamentales en un libre mercado no son diseñadas, evolucionan de abajo hacia arriba. Como lo dijo Hayek: “El valor de la libertad consiste principalmente en la oportunidad para el crecimiento de aquello que no ha sido diseñado, y el funcionamiento beneficioso de una sociedad libre depende en gran parte de la existencia de instituciones creadas libremente”.

Como conclusión, la Dra. Williamson dijo que las ayuda puede ser útil, pero no provocará un milagro. Como ejemplo, señaló que la ayuda puede dar “escuelas”, pero no necesariamente “educación”. La ayuda puede resolver un problema puntual de una parte específica de la sociedad, pero no resolverá el problema del conocimiento que Hayek planteara en 1945 y que constituye el principal problema en cualquier economía.

Lo que Africa y los países más pobres necesitan es liberar sus mercados, reduciendo la burocracia y permitiendo que la inversión extranjera a través de su capital, su tecnología y su know how integre a estas comunidades en la sociedad global.

Para cerrar, y dado que puedo haber distorsionado la presentación en mi resumen, dejo un artículo de Claudia Williamson sobre este importantísimo tema.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.