Vouchers Educativos en la Actualidad Edgardo Zablotsky

Con motivo de un nuevo aniversario del nacimiento del Dr. Milton Friedman, Ph.D., el 31 de Julio de 2014 se desarrolló un homenaje en ESEADE. En el mismo, el Dr. Edgardo Zablotsky, Ph.D., expuso los siguientes conceptos:

 

Introducción

 

Al evaluar en qué disertar en este evento inmediatamente me vino a mi mente la posibilidad de hacerlo sobre vouchers educativos. Por una parte, creo que probablemente es uno de los más importantes legados de Milton Friedman y, por otra, hace cuatro años que trato de instaurar en la Argentina la discusión sobre la conveniencia de un sistema educativo de este tipo, mediante notas que habitualmente publico en diversos medios.

 

Pensemos que Friedman propuso la idea en 1955, con 43 años de edad, y trató de difundirla durante el resto de su vida, culminando dichos esfuerzos con la fundación en 1996 de la Friedman Foundation for Educational Choice, cuya página web no puedo sino recomendarles.

 

Permítanme definir la Misión de la Fundación en palabras del mismo Friedman: “Esta fundación es la culminación de lo que ha sido uno de nuestros principales intereses durante más de cuatro décadas: la mejora en la calidad de la educación a los niños de todas las clases sociales de esta nación, independientemente que la enseñanza se imparta en las escuelas públicas o privadas o en casa.”

¿En qué consiste el sistema de vouchers educativos?

Educational Vouchers

En Capitalismo y Libertad  Friedman  lo define con claridad,

 

“El sistema que tendría más justificación sería una combinación de escuelas públicas y privadas. Los padres que decidieran llevar a sus hijos a colegios particulares recibirían del Estado una cantidad igual a la que se calcule como costo de educar a un niño en la escuela pública,”

 

La idea, como toda buena idea, es simple, el Estado seguiría subsidiando a la educación, pero los recursos no se asignarían a la oferta de la misma, las escuelas, sino a la demanda, los alumnos.

 

La misma competencia entre las escuelas incentivaría su nivel de excelencia. Los monopolios generan costos; el monopolio estatal en la educación no tiene porque ser la excepción.

 

Siguiendo la tradición de Chicago veamos ahora evidencia para ilustrar su aplicación en nuestra actualidad.

Chile

El pasado 5 de Abril, Claudio Sapelli, Director del Instituto de Economía  de la Universidad Católica de Chile, publicó una interesante nota en La Tercera, el periódico de mayor tiraje del país vecino.

En la misma postulaba que “algo está mal en el análisis cuando un país que va ganando terreno en la educación, como Chile, pretende adoptar el sistema del país que lo está perdiendo, Uruguay”.

 

Al fin y al cabo, hace 20 años quién hubiese pensado que hoy el sistema educativo chileno, con todos sus problemas y defectos, se convertiría en el mejor de América latina, tanto en términos de calidad, como lo demuestran los resultados alcanzados en los exámenes PISA; como de cantidad, al tener las más altas tasas de graduación de la escuela secundaria entre los países de la región.

 

Uruguay es un país considerablemente más equitativo que Chile, si es a la distribución del ingreso a lo que nos referimos; pero he aquí lo que muy pocas veces es reconocido: el sistema educativo chileno es claramente más equitativo que el uruguayo pues logra revertir una foto de mayor desigualdad en los ingresos de los padres en otra de menor desigualdad en la educación de sus hijos, evaluándola en función de los resultados de los exámenes PISA.

 

Aparentemente resulta fácil de olvidar que Chile ha sido uno de los pocos países de la región que en los últimos 20 años ha logrado reducir la brecha educativa entre el 20% más rico y el 20% más pobre de la población.

Suecia

Dejemos Chile y veamos ahora evidencia de un país “políticamente correcto” como lo es Suecia.

 

En 2005 Mario Vargas Llosa, se preguntaba en una interesante nota “¿cuántos de los lectores de este artículo saben que en Suecia funciona desde hace años y con absoluto éxito el sistema de vouchers escolares para estimular la competencia entre colegios y permitir a los padres de familia una mayor libertad de elección de los planteles donde quieren educar a sus hijos?

 

Desde la década de 1970, el sistema escolar sueco había disminuido considerablemente en calidad. Sólo quienes podían hacer frente a las altas matrículas de las escuelas privadas, mientras a su vez pagaban los elevados impuestos característicos de Suecia, tenían la capacidad de proporcionar una educación de excelencia a sus hijos. El resto de la población debía concurrir a las escuelas públicas de sus municipios.

 

A partir de la reforma de 1992 todo padre puede decidir libremente dónde educar a sus hijos, si en instituciones públicas o privadas, con o sin fines de lucro, y el Estado se limita a proporcionarles un bono con el cual pagar por dicha educación. Luego, cada escuela presenta sus bonos a la dependencia de contralor y obtiene a cambio el subsidio correspondiente. Para calificar para el programa, las escuelas tienen que ser aprobadas por el organismo gubernamental de contralor, cumplir con los requisitos del plan de estudios nacional y no pueden seleccionar estudiantes sobre la base de su status socio-económico o étnico.

 

Al respecto, Per Unckel, Ministro de Educación Sueco entre 1991-1994 y gestor de la reforma del sistema educativo señalaba que: “La educación es demasiado importante como para dejarla en manos de un sólo productor”.

 USA

 

En Estados Unidos, desde el triunfo del Partido Republicano en las elecciones legislativas de 2010, numerosos Estados han introducido o expandido diversos sistemas de vouchers educacionales, alcanzando en 2013, según una nota del New York Times, 17 los Estados que ofrecían algunos de los 33 programas que permiten a las familias utilizar fondos fiscales para solventar la educación de sus hijos en escuelas privadas.

 

Es más, el mismo periódico señala en una nota de Junio de 2012 que de haber triunfado el candidato Republicano Mitt Romney, probablemente habría buscado transformar los principales programas educativos administrados por el Gobierno Federal en un sistema de vouchers. Los padres hubiesen tenido la libertad de utilizar 25 billones de dólares de fondos del gobierno federal para que sus hijos concurran a las escuelas de su elección.

 

Dicha propuesta fue presentada por Romney en un discurso en la Cámara de Comercio. En el mismo, el por entonces candidato presidencial expresó, “Voy a ampliar las opciones de los padres en una manera sin precedentes. Voy a dar a los padres de cada estudiante de familias de bajos ingresos, o con necesidades especiales, la oportunidad de elegir a que escuela concurrirá su hijo. Por primera vez en la historia los fondos federales para la educación estarán vinculados a los estudiantes, por lo que los padres podrán enviar a sus hijos a una escuela pública o a una escuela privada”.

 

Romney culminó aquel discurso de campaña expresando que “aquí en América, todo niño merece una oportunidad. No deberían tenerla tan sólo unos pocos afortunados. La posibilidad de elegir para cada padre significa una oportunidad para cada niño”.

 

No es un dato menor, dada la alternancia en el bipartidismo norteamericano. Tarde o temprano los republicanos regresarán al gobierno y no me extrañaría que la propuesta de Friedman finalmente sea llevada a la práctica a nivel nacional.

 Argentina

 

Muchas familias están haciendo importantes esfuerzos económicos para que sus hijos concurran a escuelas privadas. Más aún señala Alieto Guadagni que en este éxodo de la escuela pública a la privada “se destaca el conurbano bonaerense donde se registra la abrumadora presencia de la pobreza extendida”, agregando que “en el 2010 ingresaron al primer grado estatal 19 % menos de niños que en el 2002, mientras en las privadas la inscripción aumentó 28 %”.

 

Es claro que cada vez más familias, aún en zonas caracterizadas por sus bajos ingresos, realizan importantes sacrificios para afrontar las cuotas de un colegio privado. ¿Cuántas más emigrarían si tuviesen los medios necesarios para hacerlo? Por eso permítanme terminar esta breve charla con un cuento.

 

Imagínense un país donde los ciudadanos siempre han estado orgullosos de la amplia disponibilidad de educación para todos y del rol jugado para ello por la educación pública.

 

Imagínense que en los últimos años su realidad educativa se ha visto empañada. Los padres se quejan de la disminución de la calidad de la educación que reciben sus hijos y muchos están aún más preocupados por los peligros para su integridad física en los colegios. Los maestros se quejan que la atmósfera en la que están obligados a enseñar a menudo no es propicia para el aprendizaje, es más, un número creciente de docentes temen por su seguridad, incluso dentro del aula. Casi nadie sostiene que las escuelas están dando a los niños las herramientas que necesitan para desarrollarse en la vida.

 

Imagínense que ese país no escatima recursos en educación pero que a la vez el número de alumnos en las escuelas públicas decrece, tanto como la calidad de la educación que reciben; esa evidencia surge de su rendimiento en exámenes estandarizados asociables a las actuales evaluaciones PISA. Es claro que el input en educación en aquel país se ha elevado pero el output ha disminuido.

 

Imagínense ahora que en algunas regiones la calidad de las escuelas varía considerablemente, sobresaliente en algunas zonas, o aún en barrios privilegiados de algunas ciudades, increíblemente mala en zonas más humildes. Aquellos ciudadanos cuyas posibilidades económicas les permiten elegir dónde vivir pueden hacerlo en base a la calidad de las escuelas públicas de la región; por supuesto, también tienen la libertad de enviar sus hijos a escuelas privadas pagando dos veces por su educación, una en impuestos para solventar el sistema de educación pública, otra en la cuota del colegio elegido. Por su parte, aquellos que viven en las zonas más humildes pueden pagar por la educación de sus hijos sólo a costa de grandes privaciones; sin embargo, un número sorprendente elige hacerlo enviando sus hijos a escuelas religiosas.

 

La tragedia de este país es que un sistema educativo diseñado para dar a todos los niños igualdad de oportunidades en la práctica ha exacerbado la estratificación de la sociedad.

 

Lo curioso es que este país existió, no es otro que USA en la década de 1970 y fue descripto con estas palabras por Milton Friedman en su clásico libro: “Libertad de elegir”. ¿No les parece una adecuada descripción de nuestra realidad?

 

Un programa de vouchers aseguraría la igualdad de oportunidades, al permitir que todas las familias pudiesen elegir entre escuelas públicas y privadas, independientemente de sus posibilidades económicas.

 

El sistema no atentaría contra la educación pública, sino todo lo contrario. En primer lugar ninguna familia estaría obligada a dejar de enviar sus hijos a una institución pública; de hacerlo, es porque opina que la alternativa privada elegida provee mejores servicios educativos. Las escuelas públicas deberían mejorar por la fuerza de la competencia, el sistema educativo sueco nos provee evidencia al respecto.

Muchos defensores de la educación pública considerarán esta propuesta absolutamente inadecuada, pero sería interesante llevar a cabo una estadística entre los miembros del Congreso de la Nación y los ciudadanos en altos cargos en el Poder Ejecutivo respecto al tipo de colegio en el cual cursan, o han cursado, la educación obligatoria sus hijos.

 

Probablemente descubramos que incontables miembros tanto del Poder Ejecutivo, en todos sus niveles, como del Poder Legislativo eligen educar a sus hijos en escuelas privadas mientras defienden férreamente el derecho del resto de sus compatriotas de no ser expuestos frente a esta decisión.

 

Pero, por cierto, a ser justo esto ya lo planteaba el mismo Friedman en 1975 cuando decía, “Yo culpo a las personas bien intencionadas que envían sus hijos a escuelas privadas e imparten cátedra a las “clases inferiores” (comillas en el original) sobre la responsabilidad de enviar sus niños a escuelas estatales en defensa de la educación pública.”

 

Para terminar y una vez más en palabras de Milton Friedman: “Una mejor educación ofrece una esperanza de reducir la brecha entre los trabajadores más y menos calificados, de defenderse de la perspectiva de una sociedad dividida entre los ricos y pobres, de una sociedad de clases en la que una élite educada mantiene a una clase permanente de desempleados.”

 

Ojalá alguna vez en la Argentina lo entendamos. Gracias.

 

Edgardo Zablotsky es Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago. Ejerce los cargos de Profesor Titular, Vicerrector y Miembro del Consejo Superior de la UCEMA.

Consultor y conferencista en gestión y problemática de la educación en la Argentina, en la actualidad centra su interés en dos áreas de research: filantropía no asistencialista y los problemas asociados a la educación en nuestro país. 

La educación no necesita más fondos sino mejores incentivos

Por Iván Carrino. Publicado el 5/5/14 en: http://www.elpuntodeequilibrio.com/front/opinion.php?id=171#.U3DMf_l5P51

 

Según datos del Banco Mundial, desde 1970 hasta 1990 el gasto público destinado a educación en Argentina nunca superó el 3% del PBI. En ese período, el promedio para los años en que hay información disponible fue del 1,7% del producto. Esto cambió en los años 90. En 1996 el gasto en educación subió al 3,7% del PBI, unos diez mil millones de dólares de ese momento, y se mantuvo entre el 3,5 y el 5% del PBI hasta el año 2008. En 2009, un viejo reclamo docente se cumplió y, ley de financiamiento educativo mediante, el gasto de allí en adelante se mantuvo en torno al 6% del PBI.

Si tomamos los presupuestos de las provincias, vemos que en 2012 el gasto en el rubro “Educación y Cultura” ascendió al 32% del total. A su vez, el incremento en el período 2003-2012 asciende a un impresionante 925%.

Sin embargo, este aumento del gasto no se materializó en una mejora de la calidad educativa. Si se observa la performance en el informe internacional PISA , Argentina ocupa un cómodo y alejado puesto 59 sobre 65 países analizados. Por otro lado, como refleja Mariano Narodowski, desde 2003 las escuelas primarias públicas perdieron 210 mil alumnos mientras que la matrícula privada aumentó un 20% en el mismo período. Otro informe revela que desde el año 2000, a pesar del aumento del gasto, el porcentaje de jóvenes con capacidades de lectura insuficiente pasó del 44% al 52%.

¿Cómo es posible explicar este deterioro educativo en un período en que los recursos destinados a la educación crecieron considerablemente? ¿Cómo es posible que ante un aumento sostenido del gasto educativo, la educación pública expulse involuntariamente a sus alumnos?

La respuesta debería encontrarse en el sistema de incentivos que presenta la educación en el país. En educación, los incentivos también importan y si se está en presencia de lo que se conoce como “incentivos perversos”, entonces los resultados no pueden ser buenos.

En un mercado libre, los incentivos no son perversos porque el productor, para obtener mayores beneficios, necesariamente debe ofrecer un producto o servicio de mayor calidad, o bien un producto o servicio de igual calidad pero a precios inferiores. El beneficio del empresario es, entonces, el beneficio de sus clientes y de su comunidad.

Por el contrario, en un sistema centralmente financiado y regulado las cosas son distintas. En el caso de la educación, el beneficio del “productor” no está directamente relacionado con el beneficio del consumidor. El productor, es decir, el Estado (a través del gobierno nacional y los gobiernos provinciales) a diferencia de lo que se cree, no es un ente dedicado a alcanzar el “bien común”, sino un agente interesado en incrementar su capital político. De esta forma, incrementar el gasto educativo mejorando salarios o aumentando la contratación pueden beneficiarlo políticamente sin que eso redunde en una mejora de la calidad educativa.

Por otro lado, el gobierno puede buscar incrementar su beneficio político introduciendo contenidos ideológicamente sesgados a favor de su “relato”, lo que conspira también contra la calidad de la educación.

Otro actor fuerte dentro del sector educativo son los sindicatos docentes. En un sistema centralmente dirigido, el aumento del gasto solo incentiva a los docentes a hacer un lobby mayor para quedarse con una porción mayor de ese gasto. Así, los incentivos de los docentes no están dirigidos a mejorar el nivel de enseñanza, sino a capturar las rentas que el gobierno administra.

Es probable que la educación necesite más plata, la educación es una herramienta fundamental y está directamente correlacionada con la riqueza de los países. Sin embargo, lo que de ninguna manera necesita disponer de más fondos para administrar es nuestro centralmente dirigido sistema educativo actual. Los últimos años sirvieron para demostrar su fracaso, por lo que llega la hora de darle una chance a un modelo más abierto y menos centralizado donde los incentivos de los que ofrecen y los que demandan educación estén mejor alineados.

En este sentido, toda propuesta destinada a descentralizar el sistema, ya sea mediante vouchers  que subsidien la demanda o mediante la privatización y liberalización de la oferta , debe ser tenida en cuenta.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.