Aprovechar el 1A para relanzar el gobierno

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 11/4/17 en: http://economiaparatodos.net/aprovechar-el-1a-para-relanzar-el-gobierno/

 

A Macri le vendieron que el gigantesco incendio económico que le dejaba CF podía apagarse con globos amarillos y un bombero loco

Macri perdió una gran oportunidad de poner rápidamente la economía por comprar la onda zen que le vendieron. Ese verso marketinero que compró no le permitió describir de entrada la terrorífica herencia recibida del kirchnerismo y también por comprar el gradualismo. Le vendieron que el gigantesco incendio económico que le dejaba CF podía apagarse con globos amarillos y un bombero loco.

Es mucho más fácil, aún en minoría parlamentaria, encarar reformas estructurales cuando la gente entra en pánico que si se le dice que todo está bien. En 1989 la gente estaba dispuesta a aceptar cualquier costo económico y social con tal de terminar con la hiperinflación. Esas situaciones límites pueden ser transformadas en una oportunidad para cambiar de 180 grados. Una oportunidad para salir adelante. Lamentablemente Macri la desperdició intentando hacer política siguiendo los dictados de encuestas como si estuviera vendiendo un detergente. Se observa que en las filas de Macri falta gente con trayectoria académica y experiencia que oriente al presidente. El presidente prefirió sustituir el conocimiento de un consejo asesor por las encuestas con que se vende un nuevo yogur. Entre sus colaboradores de primera línea se observa gente que nunca ha debatido en profundidad los problemas económicos institucionales y que, en el mejor de los casos, se ha limitado a comentar la coyuntura político económico. El famoso: che, ¿cómo lo ves? No hay una visión de largo plazo, solo el muy corto plazo. No hay visión sobre los que se debe reconstruir la Argentina, hay “gestión” de un sistema ineficiente.

Lo voy a decir de otra manera. Tal fue el pánico que le quedó a la gente luego de los nefastos 12 años de kirchnerismo, que el mismo gobierno quedó paralizado y se limitó a hacer peronismo para que no vuelva el peronismo, con lo cual se metió en un fenomenal problema.

En rigor, por ahora, Cambiemos no es más que otra versión de gobiernos no peronistas anteriores. Nadie se animó a desarmar el aparato clientelar del peronismo, la cultura de la dádiva y demás valores perversos, y se limitaron a hacer peronismo para que no volviera el peronismo, con lo cual el peronismo siempre está presente. Bajo otras formas, pero presente en las políticas públicas. Esté el PJ en el gobierno o no lo esté.

Muchos hablan de gradualismo, tiempo al tiempo y cosas por el estilo para justificar la falta de medidas más contundentes. Son solo escusas por miedo al kirchnerismo. Sin embargo creo que los disparates dichos el 24 de marzo donde Bonafini, con la cloaca que tiene por boca reivindicó al terrorismo de los 70, ese discurso agresivo y antidemocrático, los piquetes que hartan a la gente decente que trabaja para mantener, justamente a esos piqueteros que viven del trabajo de los que perjudican con sus piquetes, la irracionalidad de la huelga del 6 de abril y el comportamiento disparatado de los docentes terminaron transformándose en una marcha multitudinaria el 1 de abril donde el mensaje que creo envió la gente fue: la estamos pasando mal económicamente, pero bancamos al gobierno. No queremos otro golpe como 2001 contra De la Rúa.

Ese renovado apoyo que recibió el gobierno de una parte importante de la población podría ser un nuevo punto de partida relanzar la política económica. En primer lugar, reordenar ese lío gigantesco que tiene con tantos ministerios que hacen inoperante cualquier política económica sana.

En segundo lugar, hacer un mea culpa de lo no dicho hasta ahora sobre la terrible herencia k recibida con descarnada descripción. Que se sepa cuántas personas viven de subsidios, empleo público, el retraso tarifario, el verdadero déficit fiscal, carga tributaria real, estado de la infraestructura del país, etc. Pero eso no puede ser puesto en un PDF para que la gente lo lea. Macri tiene que usar la cadena y dar un detallado informe, en forma clara y descarnada, de lo recibido por el kirchnerismo. No puede liquidar el tema en 15 minutos. Tiene que tomarse 1 hora explicando lo recibido y dejar unos minutos para marcar un nuevo rumbo económico. Empezar a decir claramente que no se puede vivir de la cultura de la dádiva y proponer algunas soluciones que ya fueron redactadas. Ponerle un límite de tiempo y condiciones a los llamados planes sociales. Formular una propuesta de rebaja de impuestos lo suficientemente atractiva para atraer inversiones. Si hace falta, es preferible endeudarse para reformar el estado y el sistema tributario y no para seguir cubriendo el agujero negro que es el sector público. No hay financiamiento externo eterno de nuestro desequilibrio fiscal, de manera que mejor anticiparse y no repetir un default como tantas veces ocurrió.

No se pide que el gobierno solucione 80 años de decadencia en 4 años. Lo que se pide es que se tenga conciencia que la herencia recibida del kirchnerismo requiere de un ritmo más acelerado de medidas. Ese incendio no se apaga con un bombero loco o un sifón. Hace falta mucha más agua.

En definitiva, el primer paso consiste en dejar de hacer peronismo para que no vuelva el peronismo. No es ese el camino y mucho menos, cambiar. Esperemos que el 1A Macri lo utilice para relanzar su gobierno y hacer todo lo que no hizo el 10 de diciembre de 2015.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE

El derecho de protesta en EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/2001370-el-derecho-de-protesta-en-eeuu

 

Las protestas callejeras y en los espacios públicos están creciendo en intensidad en toda la región. Hace pocos días, el presidente uruguayo Tabaré Vázquez emitió un decreto por el que prohíbe los piquetes que comenzaron a cortar calles o rutas en su país, como si de pronto hubiera aparecido un repentino derecho a hacerlo. En paralelo, la ciudad de Buenos Aires se ha transformado en un despiadado infierno que por momentos tiene presos a sus habitantes en una madeja de maldades callejeras frecuentemente alimentada por los resentimientos. Mientras esto sucede, las más altas autoridades de la ciudad se rehúsan a hacer cumplir la ley. Como si esa fuera una opción válida y no una conducta vergonzosa con la que traicionan a sus mandantes. La consecuencia es el florecer de las anomia, con todos sus peligros y connotaciones.

Es como si de pronto no pudiera haber protestas sin que ellas provoquen molestias graves o hasta daños a terceros. Se procura generar no sólo inconvenientes menores, sino perjuicios graves. Para quienes protestan, los demás parecen apenas un blanco a impactar. Lo más duro posible. Sin mayores miramientos.

Ante ese estado de cosas, vale la pena reseñar, muy brevemente, cuáles son los “límites” de las protestas en otro universo. En uno de los países más apegados a la ley de nuestro hemisferio: los Estados Unidos. A la manera de ejemplo y de recordatorio de que el prójimo existe. Y que es nada menos que un conciudadano. Con derechos y urgencias incuestionables. A quien es realmente enfermizo tratar apuntar, en procura de lastimarlo todo lo que sea posible. Actitud que obviamente destierra la solidaridad social.

En los Estados Unidos, cuya Constitución -cabe recordar- inspirara a la nuestra, el derecho a protestar pacíficamente goza, como sucede también entre nosotros, de una clara protección constitucional. Pero tiene límites. La protección constitucional es importante, porque se trata de un derecho no menor, íntimamente vinculado con la libertad de expresión. Pero con límites, porque quienes lo ejercen deben respetar las normas que regulan su ejercicio.

 

Las protestas sociales pueden realizarse en los espacios públicos, tales como plazas, calles, o veredas. Por lo general, para poder realizarlas en los lugares públicos se requiere obtener previamente los permisos que en cada caso correspondan. Estos, en líneas generales, deben ser conferidos mediante el cumplimiento de requisitos siempre razonables y no pueden negarse en función de la razón o del contenido de la respectiva protesta, salvo que con ella se incite a la violencia o, de pronto, se convoque a cometer actos ilegales. Tampoco pueden denegarse en función de quien es la persona o la entidad específica que los solicitan.

Si la protesta se realiza en las calles o concentra a un número importante de personas o usa amplificadores o parlantes, los permisos previos son generalmente necesarios, salvo que la protesta responda a un incidente o a un episodio repentino, uno que efectivamente acaba de suceder.

Una protesta menor, que tenga lugar sólo en alguna parte de las veredas y que obedezca razonablemente las señales de tránsito, suele no requerir autorización alguna. Si con ello no se interrumpe, ni bloquea, la circulación. Quienes protestan pueden distribuir panfletos, llevar carteles y hasta solicitar firmas en su apoyo. Pero no pueden forzar, nunca, a otros a “tener que recibir” lo que ellos pretenden entregar a terceros. Menos aún por la fuerza.

En los EEUU, el uso de tambores, instrumentos o cánticos está protegido por la Primera Enmienda de la Constitución federal, aquella que expresamente garantiza la libertad de expresión. Existe asimismo el derecho a usar máscaras durante las protestas. Pero, si con ellas en la cara, de pronto se violan normas o se oculta la identidad en manifestaciones que no cumplen con la ley, puede incurrirse en conductas severamente penadas, de distinto tipo. Las protestas deben, por lo demás, respetar las normas sobre los niveles sonoros o de ruidos admisibles. Nunca pueden ser ensordecedoras, como algunos pretenden. No es lo mismo aturdir, que convencer, es evidente.

Cuando quienes protestan no son residentes permanentes de los EEUU, ellos pueden ser objeto de investigaciones especiales. Lo mismo ocurre cuando se trata de inmigrantes, a los que se aconseja siempre llevar con ellos -preventivamente- el teléfono de su abogado para cualquier contingencia que aparezca.

La protección al derecho constitucional a la protesta no se aplica cuando se violan domicilios o propiedades, o espacios de terceros. En ningún caso. Cede, entonces, frente al derecho de propiedad. Ni cuando se desobedecen o se interfiere con órdenes emanadas legalmente del personal policial, las que siempre deben respetarse. Ni tampoco existe ni se reconoce protección cuando quienes protestan realizan acusaciones falsas contra funcionarios públicos.

No puede haber protestas presuntamente pacíficas que, en la realidad, consistan en actos o en actividades ilegales. Si estas cosas suceden, los responsables no están a cubierto de tener que asumir todo lo que legalmente les corresponda como consecuencia de sus conductas antisociales.

Siempre en los EE.UU., toda protesta que, sin permiso previo, interrumpa la circulación de vehículos o de personas es, en principio, considerada como ilegal. Nadie tiene, por lo demás, derecho alguno a la protesta, si con ella pone en situación de peligro a los demás. Si esto sucede, los responsables son generalmente pasibles de arresto.

Tampoco se permiten las protestas con las que se bloquean efectivamente los accesos a edificios o instalaciones. Ellas son ilegales. Las protestas, por lo demás, no pueden consistir en generar molestias físicas a la gente. Nunca.

La regla general en el país del norte es que las protestas no pueden realizarse en terrenos o locales de propiedad privada, incluyendo a los malls o shopping centers. Para poder hacerlas, se requiere la autorización del respectivo propietario, quien no está obligado a conferirla. Nadie tiene el derecho de permanecer en protesta dentro de una propiedad perteneciente a un tercero, si éste le solicita específicamente que se retire.

Estos son los parámetros generales que gobiernan el derecho a la protesta en los EE.UU. Como siempre, su efectividad depende de cómo, dentro de la ley, se los protege y respeta.

En conclusión, salvando las obvias distancias, la reglamentación del derecho de protesta en los EE.UU. reconoce que se trata de un derecho sustantivo, al que cabe reglamentar definiendo sus fronteras y parámetros, para tratar de evitar los abusos.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.