La política exterior de Vladimir Putin en Medio Oriente

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 3/3/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1875839-la-politica-exterior-de-vladimir-putin-en-medio-ambiente

 

Es cierto, la economía rusa está en mal estado. Ello es consecuencia de la fuerte caída de los precios internacionales del petróleo crudo y del gas natural. La gente en Rusia está tensa, nerviosa, preocupada. No obstante, al menos por el momento, ello no parece haber debilitado a Vladimir Putin, cuya popularidad y liderazgo continúan intactos.

Ocurre que el líder ruso ha capitalizado con éxito los resultados de su política exterior, particularmente en Crimea y Sebastopol; pero también en Medio Oriente, utilizándola para encender -y alimentar- el nacionalismo en una nación que aún siente nostalgia por la pérdida de la preeminencia que tuviera en tiempos de la Unión Soviética.

En Medio Oriente, Rusia ha demostrado que sus fuerzas armadas, contra lo que algunos suponían, están en un gran nivel de preparación y condiciones operativas y que su armamento está lejos de ser obsoleto, como otros sostenían.

Sus aviones militares realizan más operaciones en un día (hasta 96) que las de la coalición internacional liderada por los norteamericanos en todo un mes. Lo hacen, además, con eficiencia. Sus misiles de larga distancia, disparados desde el Mar Caspio, esto es desde más de mil kilómetros de distancia, dan en los blancos con precisión y cumplen las funciones tácticas para los que se los utilizó. Sus defensas antiaéreas, con tecnología de punta, disuaden a los demás de volar en su cercanía o ignorarlas. Están instaladas en Latakia. Como en Crimea y Kaliningrado, generando respeto.

Hasta Israel las evalúa con sumo cuidado, pensando en la pesadilla operativa -y estratégica- que supondría que ellas (llamadas S-400 o Triumph) cayeran en manos de Irán o de sus aliados, afectando negativamente la primacía aérea israelí. Lo que ya no es imposible para un Irán que, liberado de las sanciones económicas que lo afectaran, nada en efectivo. A lo que se agrega que Rusia está además usando otros equipos electrónicos eficazmente, con los que virtualmente neutraliza a los radares y satélites norteamericanos.

Putin ha desplegado una estrategia audaz, cuya tenaz implementación luce impecable. Ilegal quizás, pero efectiva. Su presencia militar en Siria ha sido determinante para la supervivencia del régimen de los Assad, también apoyado por Irán, que ahora opera contra los insurgentes, en lo que puede ser un momento “bisagra” en la guerra civil siria. Por ello, de asediado y debilitado, el gobierno sirio ha pasado a presionar a los insurgentes.

Lo cierto es que desde que la presencia militar rusa en Siria se materializara, la guerra civil de ese país parece haber cambiado de rumbo. Lo que lucía como un inevitable final amargo para el clan Assad, se ha transformado ahora en una situación de equilibrio. La permanencia en el poder de un régimen que no ha vacilado en usar armas químicas contra su propio pueblo en lo que supone un crimen de guerra de magnitud inaceptable para la comunidad internacional ya no luce imposible.

El cambio de rumbo es tan grande que hasta las conversaciones de paz que tuvieron lugar en Ginebra bajo el patrocinio de la ONU y con el beneplácito norteamericano, debieron suspenderse cuando la aviación rusa abriera paso a las fuerzas de Assad que avanzan en procura de reconquistar Alepo, la segunda ciudad siria que ha estado por largo rato en manos de los insurgentes, en lo que podría ser una victoria significativa, capaz de alterar el rumbo del conflicto.

La ciudad vieja de Alepo, una joya medioeval de valor incalculable, ha sido dañada severamente por los bombardeos e incendios. Hasta el minarete de la Gran Mezquita ha sido derrumbado. Para el patrimonio cultural del mundo, una pérdida irreparable. Una más en la devastada Siria.

A pesar de los dichos del presidente Obama, los días de los Assad, gracias a Rusia e Irán no parecen hoy estar “contados”. Las fuerzas insurgentes, muy divididas, cuentan con unos 36.000 combatientes de otros países, de los cuales unos 6.600 provienen de Occidente, pero su futuro está comprometido. Los rusos, de hecho, como hemos dicho, cambiaron la marcha de la guerra civil.

Para hacer todo más complicado y peligroso, particularmente para Turquía, su rival histórico, Rusia ahora apoya abiertamente a los kurdos en Siria, cuyas fuerzas se han lucido -como ninguna otra, hasta ahora- en la lucha en tierra contra el Estado Islámico. Sin embargo, la aviación turca los ataca desde el aire, con reiteración y eficacia relativa. Lo hace en procura de evitar que controlen el norte de Siria -en la región de Agaz- y, con ello, alimenten el separatismo de la importante población kurda en la propia Turquía.

La rivalidad histórica entre rusos y turcos está claramente en un nuevo punto de desencuentro. Y una chispa o un error podrían provocar una hoguera de dimensiones imprevisibles. En paralelo, Rusia ha vuelto a aproximarse al gobierno de Egipto con el que alguna vez tuviera una intimidad importante. Todo esto sucede frente a los ojos de los norteamericanos, de andar notoriamente vacilante en Medio Oriente.

Rusia sabe lo que quiere, tiene fuerza y está empleándola abiertamente. Arriesga y actúa con decisión. Lo que rinde frutos, alterando el equilibrio de poderes en la región. En apenas cuatro meses.

Todo esto ocurre mientras Irán (pese a sus desmentidos) también interviene militarmente en la guerra civil siria. Pese a todo, por el momento al menos, Rusia no se ocupa prioritariamente del Estado Islámico.

Las monarquías “sunnis”, en cambio, se limitan a actuar (con suerte variada) en el conflicto yemení, conteniendo allí a los aliados de Irán: los “Houthis”. Pero no están activas en Siria donde -más allá de las amenazas- sólo aportan dinero y armamentos a los insurgentes.

Occidente, por lo demás, no enfrenta a Rusia. Se resigna a verla actuar. Y, sin opciones, la deja hacer. Por momentos coopera con ella, cuando los intereses coinciden. Pero no la contiene. Quizás porque no puede hacerlo sin generar un escenario en el que las tensiones de pronto adquirirían otro orden y magnitud.

Luego de que el Consejo de Seguridad de la ONU lo aprobara, Siria vive un momento de paz: el de un cese el fuego que deberá durar por lo menos dos semanas y abrir un espacio para reanudar las conversaciones de paz, en Ginebra. Para la desgarrada población civil, un alivio momentáneo y una nueva esperanza de paz.

El proyecto de resolución aprobado unánimemente por el Consejo fue redactado sólo por Rusia y los EE.UU. Como en tiempos de la Guerra Fría.

Por ahora, el cese el fuego se respeta sustancialmente. Pese a algunas violaciones, más bien menores. No incluye al fundamentalismo del Estado Islámico y Al-Nosra, conflicto que parece ser conducido por otro andarivel.

En el terreno, el equilibrio de fuerzas entre el régimen de los Assad y los insurgentes se ha restablecido. Gracias a la acción rusa. Esto supone que hay ahora un marco adecuado para que las negociaciones de paz puedan avanzar. Ocurre que, nuevamente, hoy nadie tiene certeza de poder triunfar en una de las guerras civiles más crueles de la historia reciente.

Si el cese el fuego se mantiene, se abre la posibilidad de reducir la violencia que azota a Siria, que ya ha provocado más de 300.000 muertos, más de un millón de heridos y la crisis de refugiados más intensa desde la Segunda Guerra Mundial que está haciendo temblar a las instituciones y valores centrales de la Unión Europea. De lo contrario, la situación en Siria podría empeorar enormemente.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El esperado levantamiento de las sanciones económicas a Irán

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/1/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1863666-el-esperado-levantamiento-de-las-sanciones-economicas-a-iran

 

Ocurrió el sábado pasado, cuando los iraníes estaban llegando a sus ocupaciones, en el primer día de su semana laboral. Pese a la trascendencia de la noticia, no hubo, en Irán, una explosión de alegría. Ni manifestaciones de celebración. Tampoco en Occidente. Como si todos hubieran apostado a la inevitabilidad de lo sucedido.

Las sanciones impuestas a Irán por su peligroso y -por un buen rato-clandestino programa nuclear , quedaron sin efecto conforme a lo convenido, tan pronto la Agencia Internacional de Energía Atómica certificó que Irán había cumplido con los compromisos asumidos en su acuerdo nuclear con el llamado “5+1”. Esto es con los cinco Miembros Permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, más Alemania.

Lo que supuso nada menos que: 1. Haber enviado a Rusia el 98% de sus inventarios de uranio enriquecido, o sea unas 11 toneladas, reteniendo apenas unos 300 kilogramos, lo que es insuficiente para construir una bomba nuclear; 2. Haber desmantelado unas 12.000 centrífugas que se utilizaban para enriquecer uranio; y 3. Haber destruido, mediante su relleno con cemento, el reactor nuclear iraní emplazado en Arak, con el que se generaba plutonio.

El levantamiento de las sanciones sucedió en el llamado “día de la implementación”. Como estaba previsto. Las restricciones impuestas comenzaron a caer, en una suerte de efecto “dominó”. Aunque con algunas excepciones, como veremos, lo cierto es que Irán de alguna manera ha “reingresado” al mundo.

El país persa podrá ahora vender petróleo crudo y recibirá, progresiva y rápidamente, unos 50 billones de dólares. El saldo de las sumas embargadas en instituciones financieras occidentales y que eran, en general, producto de ventas de hidrocarburos iraníes realizadas en el pasado.

Con ello Irán recompondrá sus niveles de reservas y podrá comenzar a modernizar una infraestructura pública obsoleta, incluyendo la necesaria para aumentar su actual producción de hidrocarburos y poner al día sus instalaciones de transporte. Pero también podrá eventualmente continuar con su exportación de terrorismo, actividad repudiable que lo coloca en una lista de países desestabilizadores y belicosos de la que Irán debería tratar de salir. La extendida guerra sectaria en la que Irán, a la cabeza de los “shiitas”, está envuelto contra los “sunnis”, profundizada en las últimas semanas por la ruptura de relaciones diplomáticas con las monarquías de los países árabes del Golfo, será un obstáculo para desandar el camino de la violencia que Irán ha abrazado, por décadas.

Cabe, sin embargo, advertir que los Estados Unidos mantendrán en vigencia las sanciones dispuestas contra Irán sea por la exportación de terrorismo, que se remontan a 1984; sea por sus abiertas violaciones a los derechos humanos de sus ciudadanos; o sea por su intervención en las guerras civiles de Yemen y Siria y por sus violaciones a las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas referidas a su programa misilístico. Estas últimas acaban de ser ampliadas.

El comercio de Irán con la Unión Europea y Turquía presumiblemente se pondrá en marcha bastante antes que el intercambio con las empresas privadas norteamericanas. Con pocas excepciones, como las de la compra de “pistacho” y alfombras iranés y la venta de medicamentos, repuestos de aviones y equipos y elementos del sector de la salud. Cabe recordar que el ex presidente iraní, Akbar Rafsanjani, buscado por el atentado contra la AMIA , es un magnate con enormes ingresos que, entre otras cosas, derivan de la venta de “pistacho”, del que es uno de los mayores productores de Irán.

Como consecuencia del levantamiento de las sanciones, el sistema financiero iraní podrá volver a operar con el sistema internacional, incluyendo el uso del mecanismo llamado “Swift”, del que había sido excluido.

Pese a todo, lo cierto es que la reconciliación de Irán con los Estados Unidos no existe, al menos por el momento. Todo es desconfianza recíproca. No es imposible que el odio de los clérigos iraníes contra Israel, cuya existencia rechazan de plano, incluya al país del norte y tenga mucho que ver con la tirantez subsistente.

En las próximas semanas, en señal de “brazos abiertos”, el ministro alemán de relaciones exteriores y el presidente chino visitarán a Teherán. Y el presidente iraní, a su vez, visitará a Italia Y Francia.

Esto es un triunfo político para Barack Obama , quien puede sostener que ha logrado congelar, aunque por una década, la transformación de Irán en potencia nuclear. Hace siete años que Obama le pidió a Irán “abrir su puño amenazador”. Ahora ha podido afirmar ante su Congreso, en su discurso sobre “el Estado de la Unión”, que “el mundo ha evitado otra guerra”. Es así, por lo menos por un rato. Aunque haya muchos que sostengan que Irán incumplirá sus compromisos. Entre ellos, los gobiernos de Arabia Saudita e Israel.

Es posible que, en una década, los procesos para producir armas atómicas se hayan simplificado mucho, particularmente a través del llamado mecanismo digital de impresión 3-D, transformando en obsoletos a los senderos que transitara Irán, empeñado en ese esfuerzo.

Lo sucedido es también una oportuna victoria para el presidente iraní, el reformista Hassan Rouhani, cuya campaña electoral del 2013 estuvo basada en prometer mejorar el nivel de vida de sus conciudadanos, obteniendo el levantamiento de las sanciones económicas que asfixiaban a Irán y a su pueblo. Esto pesará en su favor en las elecciones parlamentarias que se acercan: las del 26 de febrero próximo.

En lo inmediato, Irán seguramente aumentará sus ventas de petróleo crudo, de las que hoy depende un tercio de los ingresos de su tesorería. Se estima que en medio millón de barriles diarios, en los próximos seis meses. Para luego procurar llegar a su nivel de producción tradicional, de 4 millones de barriles diarios. Irán hoy produce 1,2 millones de barriles diarios, por lo que necesita contar rápido con la inversión y la tecnología que este esfuerzo supone. Para Irán, la mano detrás de la caída de los precios internacionales de los hidrocarburos es saudita.

Lo que sucede con el precio internacional del crudo afecta a Irán adversamente. Los ingresos a obtener se han transformado en apenas la cuarta parte de lo que se esperaba en el 2012. El barril de crudo iraní está hoy cerca de los 25 dólares. Ese es el precio más bajo de los últimos 11 años.

Es importante advertir que Irán, además de una historia profunda y de una cultura milenaria, tiene una economía significativa. Y es dueño de la cuarta parte de las reservas mundiales de hidrocarburos. Con posibilidades interesantes, aún más allá del sector energético. Es la dieciochoava economía del mundo. Y el treceavo productor de automotores del globo, con una fabricación del orden de los 1,650.000 vehículos anuales. Con unos ochenta millones de habitantes, como Alemania o Turquía, tiene unos 4,5 millones de estudiantes universitarios y es el quinto país del mundo en producción de ingenieros.

No obstante, las llamadas “bonyads”, instituciones parecidas a nuestras fundaciones, nacidas en 1979, controlan nada menos que un tercio de su economía y están administradas por los clérigos y por sus militares, alimentando así a una auténtica “oligarquía” económica que es dueña del país. Ellas deberán, en más, adaptarse a lo que viene. Pero si no lo hacen, en procura de defender sus privilegios fiscales y subsidios, podrían ser un obstáculo y generar una lucha de intereses y poder, demorando la “normalización” de la teocracia iraní.

Horas antes del levantamiento de las sanciones, a pedido de Irán, en un intercambio de contenido humanitario, las dos partes liberaron a cinco ciudadanos norteamericanos que estaban presos en Irán y -en contrapartida- también a siete ciudadanos iraníes detenidos en los Estados Unidos por violar el régimen de sanciones contra Irán o proveer tecnología satelital a ese país.

Esencialmente, dependerá ahora de la conducta de Irán el aprovechar o no la oportunidad que se abre. Si sigue, como hasta ahora, financiando activamente al terrorismo de Hezbollah o Hamás, o empeñado en una lucha sectaria contra las monarquías del Golfo, sus actitudes pueden frustrar la posibilidad de reintegrarse -armoniosa y seriamente- al mundo, para crecer con él.

Es hora de reemplazar, con una generación lenta de confianza, la nube de dudas y desconfianza que hoy la envuelve. Para ello Irán debe dejar atrás el fanatismo de algunos de sus líderes. También debe dejar de lado la mala fe.

Al referirse a la caída de las sanciones, el Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, recordó que el éxito tenía que ver con “la convicción de que se deben agotar las vías de la diplomacia antes de recurrir a la guerra”. Y su colega iraní Mohammad Javad Zarif, a la manera de eco, acotó: “La diplomacia requiere paciencia, pero todo lo que sabemos es que ella es ciertamente preferible a sus alternativas”. Es efectivamente así.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La “normalización” de las relaciones entre Cuba y EE.UU.

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 22/5/15 en: http://www.lanacion.com.ar/1794799-la-normalizacion-de-las-relaciones-entre-cuba-y-eeuu

 

Esta semana, las tareas de “normalización” de las relaciones bilaterales entre Cuba y EE.UU., destinadas a dejar atrás los fantasmas de la Guerra Fría, continuarán avanzando. Se realizará la cuarta reunión de trabajo conjunta entre los representantes de ambas naciones desde que, el 17 de diciembre de 2014, se anunciara el comienzo de esta nueva etapa, superadora de largos desencuentros.

Hoy está claro que el colapso de la economía venezolana tiene mucho que ver con el proceso de “acercamiento” entre Cuba y Estados Unidos. Durante 2014, las entregas de petróleo crudo por parte del régimen venezolano a Cuba, a cambio de servicios cubanos groseramente sobrevaluados, cayeron dramáticamente. De los 50 mil barriles diarios que Cuba recibía en 2012, hasta apenas la mitad de esa cifra, en 2014. Y no es imposible que esas entregas sigan cayendo en 2015. Y hasta que ellas, de pronto, desaparezcan.

Por eso Cuba decidió cortar esa “dependencia”. Escapar de ella. Ocurre que la crisis venezolana es profunda y que, más allá de la retórica, su economía ha sido destrozada por las recetas intervencionistas de los “bolivarianos”. Por eso, presumiblemente, la estratégica “huida” cubana del costado de Venezuela.

Volviendo a la “normalización” aludida, esta vez la conversación bilateral se reanudará en la ciudad de Washington, alternando así la sede de las reuniones entre las capitales de los dos países. Las delegaciones estarán lideradas por dos experimentadas mujeres: Josefina Vidal Ferreiro y Roberta Jacobson.

La agenda del nuevo encuentro contiene un paso de enorme simbolismo: nada menos que la reapertura de las respectivas embajadas. Aparentemente, ello podría ocurrir antes del fin de este mes de mayo.

Las conversaciones bilaterales llevan un ritmo sostenido. Lo que, en sí mismo, es toda una señal. Pese a que -como apuntara el propio Raúl Castro en su encuentro cara a cara con Barack Obama- hay que “tener mucha paciencia”.

El deshielo entre ambas naciones es bastante evidente y las puertas del futuro, es cierto, ya no tienen más cerrojos. No obstante, los pasos se suceden lentamente. Como podía preverse. Es necesario superar más de medio siglo de desencuentros y encontrar soluciones adecuadas a los problemas -de toda índole- que se han acumulado.

Los avances, sin embargo, comienzan a estar a la vista. En primer lugar está ya en marcha el proceso de exclusión de Cuba de la infamante lista norteamericana de países que apoyan al terrorismo. Con todas sus consecuencias y repercusiones. El Poder Ejecutivo norteamericano ya hizo su parte. Rápido, por cierto. El plazo de 45 días que ahora tiene el Congreso para actuar vencerá el 29 de este mismo mes.

Además, con el impulso de la cercanía geográfica (apenas 145 kilómetros separan a ambos países), ya se han concedido las licencias necesarias a cuatro empresas interesadas en prestar un servicio regular de “ferries” entre ambos países, que podría estar operativo a comienzos del último trimestre de este año. En paralelo, la empresa aérea “Jet-Blue” se apresta a iniciar vuelos regulares que unirán los aeropuertos de la ciudad de Nueva York con el de La Habana. A partir del próximo 3 de julio, a estar a los anuncios formulados. Ya hay asimismo frecuentes “charters” que viajan a Cuba desde Nueva York o Nueva Orleans.

Si el movimiento se demuestra andando, parece obvio que las cosas están en marcha. Lenta, quizás, pero en marcha con un cúmulo de temas pendientes de resolución.

Una de las apuestas más claras que Cuba puede hacer -de inmediato- para mejorar el desalentador estado de su economía y generar divisas, es la de impulsar al sector turístico. La isla recibe hoy unos tres millones de turistas por año. Que llegan desde todas partes. Curiosamente, una tercera parte de ese flujo está compuesta por turistas canadienses. En cambio, apenas un 3% de esa corriente total llega desde los Estados Unidos. Hablamos de unas 90.000 personas por año. Muy poco. Pero ya se nota la llegada de turistas americanos que comienzan a visitar Cuba “antes que todo cambie”.

Hay allí, por cierto, una posibilidad de crecer rápidamente, con el efecto dinamizador que ello supone. El turismo es la segunda fuente de ingreso de divisas de Cuba, detrás de la exportación de servicios médicos, con la que Cuba genera ingresos por valor de unos 7.600 millones de dólares cada año. El turismo podría, de pronto, transformarse en la primera fuente de ingreso de divisas.

Por esto seguramente el presidente de Francia, Francois Hollande, en su reciente visita a la isla anunció que dos cadenas hoteleras francesas: Accor y Warwick, pondrán en marcha nuevos proyectos, en Varadero y Jardín del Rey. Apuesto a que pronto habrá nuevas canchas de golf en Cuba, que ya tiene dos, mientras en la República Dominicana hay más de treinta.

Otra de las cuestiones inmediatas a atender es la de las comunicaciones. Especialmente la que tiene que ver con Internet. Hoy, apenas un 26% de los cubanos tiene acceso a la “red”. Pero la situación es aún peor que eso, atento a que tan sólo un 3% de ellos tiene, en rigor, acceso internacional. El que, para crecer, importa más.

El gran obstáculo a superar tiene, cuando no, que ver con la libertad. Cuba seguramente querrá continuar con su facultad de censurar el tráfico. Esta es su “normalidad”. Allí se sabe que uno es escuchado -o leído- cuando se comunica con el exterior. En otros países esa es una suposición, con mucha frecuencia más real de lo que algunos creen. Pero el tema pasa por mantener -o no- el control de todo que caracteriza al comunismo de Cuba, donde ciertamente no hay libertad de opinión, ni de prensa, ni de información, sino un monótono discurso único – monopólico- que se predica constantemente desde los más variados atriles del Estado que asume siempre el desagradable rol de dueño exclusivo de la verdad.

Hay, además, otra dificultad inmensa, derivada del atraso en que -con un modelo económico fracasado- se ha sumido al pueblo de Cuba a lo largo de medio siglo, que hace que el sueldo promedio de los cubanos sea de apenas unos 19 dólares mensuales y que el costo de una hora de “Internet” se lleve algo así como la quinta parte de esos ingresos mensuales. Delicias propias de un país donde el 70% de los trabajadores son empleados del Estado.

Algunos esperan que haya otros avances pronto. Aquellos que tienen que ver con la democracia y los derechos humanos. Y con las libertades civiles y políticas. Instituciones absolutamente ausentes de Cuba, que está bajo un régimen totalitario: el del partido único. Pero ellos, cabe advertir, no ocurrirán en el corto plazo.

La apuesta en estos temas tan graves apunta al futuro, a la juventud, a una Cuba que, paso a paso, pueda salir de la ruina económico-social en la que está y evolucionar en dirección a la libertad y a la democracia.

La apuesta en estos temas tan graves apunta al futuro, a la juventud, a una Cuba que, paso a paso, pueda salir de la ruina económico-social en la que está y evolucionar en dirección a la libertad y a la democracia.

Por ahora, pensar que Cuba dejará pronto de ser una dura tiranía en nuestra región es, me parece, una ilusión. Todavía hay unos 60 presos políticos en las cárceles de Cuba. Y, más aún, todavía se reprime -duro- a los disidentes. Prueba irrefutable de ello ha sido que el pasado 3 de mayo de propinó una nueva -y siempre cobarde- paliza represiva a las “Damas de Blanco”. A las que además se detuvo, esposadas, por largas horas. Con la saña resentida de siempre, alimentada por el odio y los conocidos rencores.

Mientras tanto, Raúl Castro parece querer salir, él mismo, del cascarón del aislamiento. Se reúne con el Papa Francisco en Roma antes de que éste lo visite en la isla. Recibe al gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, rodeado de posibles futuros inversores. Y, enseguida, al presidente de Francia, en la primera visita presidencial de un mandatario galo a la isla.

Las señales de lenta apertura aparecen. Pero no por ello hay que engañarse. Ni entusiasmarse demasiado sobre los posibles efectos de corto plazo del proceso que -a caballo de la “normalización” de las relaciones bilaterales con los EEUU- acaba de iniciarse en Cuba. Del dicho al hecho, hay distancia. Y una cosa es tener esperanza y otra, muy distinta, alcanzar el bienestar.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.