¿Se desacelera el crecimiento económico?

Por Adrián Ravier.  Publicado el 2/3/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Se-desacelera-el-crecimiento-economico-20180301-0098.html?utm_campaign=Echobox&utm_medium=Social&utm_source=Twitter#link_time=1519993116

 

Los datos de Producto Interno Bruto (PIB) trimestral llegan algo tarde. Ahora mismo, en marzo de 2018 apenas contamos con información del tercer trimestre de 2017. Si observamos este primer gráfico, se puede notar un 2016 con tasas de crecimiento negativas pero mejorando, las que se hacen positivas en el primer trimestre de 2017, y se aceleran hacia el segundo y tercer trimestre. ¿Pero qué ocurre desde ahí en adelante? ¿Sigue creciendo la economía?

PBI, evolución trimestral. Elaboración propia en base a Indec
PBI, evolución trimestral. Elaboración propia en base a Indec

El INDEC dispone de una herramienta complementaria que permite anticipar las tasas de variación del PIB. Esta herramienta es el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y no sólo refleja la evolución mensual de la actividad económica, sino que además permite observarlo distinguiendo el conjunto de los sectores productivos a nivel nacional.

El siguiente gráfico muestra los resultados mensuales del EMAE. Si lo comparamos con el gráfico anterior de los resultados trimestrales del PIB puede notarse una dinámica similar.

EMAE, evolución mensual. Elaboración propia en base a Indec
EMAE, evolución mensual. Elaboración propia en base a Indec

Crecimiento negativo en 2016 que se transforma en positivo en 2017. Pero en este caso, disponemos también de datos para el último trimestre de 2017. El EMAE de octubre, noviembre y diciembre arrojó resultados de 5,0 %, 3,9 % y 2,0 %. La media es 3,63 % lo que permite imaginar un cuarto trimestre con crecimiento en torno a ese valor.

El EMAE también nos permite adelantar el resultado del año con un crecimiento del 2,8 % del PIB, lo que implica que el Gobierno no tendrá que pagar los cupones a sus acreedores por presentar una tasa de crecimiento debajo del 3,0 %.

Si ahora se observan los resultados por sector, se notará que sólo 2 de los 15 sectores tuvieron resultados negativos, a saber, “Transporte y comunicaciones” y especialmente “Pesca”. El sector “Construcción”, con fuerte presencia de obra pública, empuja la actividad económica hacia arriba. Las industrias como la siderurgia y la metalmecánica, el comercio y la intermediación financiera también sostienen la actividad económica. El sector inmobiliario –impulsado por los créditos- y la producción agropecuaria –incluyendo maquinaria agrícola y producción de fertilizantes y agroquímicos- también tuvieron buen desempeño en 2017.

EMAE por activiad. Indec
EMAE por activiad. Indec

Un aspecto que remarcamos más arriba y que no podemos pasar por alto es la desaceleración de la actividad del último trimestre de 2017Octubre, noviembre y diciembre muestran tasas positivas, pero decrecientes. Esto es lo que enciende las alarmas de cara al 2018, sumado el hecho de la sequía y los malos pronósticos para la cosecha gruesa. De continuar esta tendencia, el nivel de actividad estaría lejos de las proyecciones de los analistas en torno al 3 % del PIB.

Respecto de cómo arrancó el 2018, la consultora de Orlando Ferreres nos ofrece otro índice complementario que mide el nivel General de Actividad (IGA), con la particularidad que ya disponemos del dato de enero de 2018.

El siguiente gráfico compara el EMAE con el IGA, lo que no sólo nos permite observar una dinámica similar, sino que en enero se podría revertir la desaceleración económica.

EMAE e IGA. Elaboración propia en base a Indec y O. Ferreres.
EMAE e IGA. Elaboración propia en base a Indec y O. Ferreres.

Proyección 2018

2017 nos dejó una economía recuperada de los vaivenes de los últimos años, pero ahora el desafío es iniciar y consolidar el crecimiento, lo que requiere de mayores esfuerzos de inversión, hoy en torno al 21 % del PIB.

La buena noticia es la recuperación económica de Brasil que empujará la industria automotriz, en particular la producción de pick ups.

La mala noticia está en la sequía, pero aun no está claro si tendrá un efecto importante sobre la cosecha.

Es aventurado arrojar estimaciones de crecimiento de la actividad económica para el 2018, pero creemos que podría resultar en torno al 2,5 % anual.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Des-industrializar la Argentina

Por Adrián Ravier. Publicado el 31/1/17 en: https://www.elcato.org/des-industrializar-la-argentina?utm_content=buffer8c1f5&utm_medium=social&utm_source=twitter.com&utm_campaign=buffer

 

Adrián Ravier explica que Argentina sufre de un exceso de industrialización producto de décadas de un modelo proteccionista con una alta carga tributaria.

Por Adrián Ravier

Desde 1930 Argentina abandonó el modelo agro-exportador y se propuso industrializar su economía. Dicen algunos historiadores que tal camino no fue elegido por los sucesivos gobiernos, sino que le fue impuesto desde afuera, una vez que Inglaterra dejó de jugar el rol de importador de nuestros insumos. Está hipótesis, sin embargo, es sumamente discutible. El mundo cambió, es cierto, pero Argentina pudo mantenerse abierta al mundo como lo hicieron EE.UU., Canadá, Australia o Nueva Zelanda, economías de características semejantes a la nuestra y que hoy muestran un desarrollo envidiable.

Sustituir importaciones y vivir de lo nuestro ha tenido su costo y sus batallas incluso hasta nuestros días. El péndulo de la política económica ha hecho, por ejemplo, que el gobierno anterior castigue fuertemente al sector agroexportador con retenciones y que el gobierno actual suspenda esas políticas para alentar el desarrollo de las economías regionales. El debate continúa.

Esta nota tiene como objetivo llamar la atención precisamente sobre el exceso de industrialización que tiene la Argentina, una vez que notamos que la estructura económica de nuestro país tiene una proporción de manufacturas en relación con el PIB bastante más elevadas que los países más desarrollados.

A continuación se presenta un cuadro donde hemos tomado una selección de 26 países para sintetizar su estructura económica, esto es, el peso relativo que el sector primario, la industria manufacturera, la construcción y los servicios tienen en relación con el PIB.

A modo de nota metodológica cabe señalar que la producción primaria incluye agricultura, ganadería, pesca, minería y explotación forestal, mientras que los servicios incorporan el comercio mayorista y minorista, transporte, almacenamiento, comunicaciones, intermediación financiera, actividades inmobiliarias y de alquiler, administración pública, defensa, salud, educación y servicio doméstico.

La primera observación que cabe hacer es que la producción de la industria manufacturera representa en nuestro país el 21,3 % del PIB, lo que supera ampliamente a la industria manufacturera de los países ya mencionados más arriba, y que tienen características similares a las nuestras. Es el caso de EE.UU. (13,3 %), Canadá (16,5 %), Australia (11,4 %) y Nueva Zelanda (14,5 %).

La segunda observación que podemos ofrecer es que precisamente Argentina presenta en su estructura económica un peso relativo en los servicios inferior a 25 de los 26 países seleccionados.

La tercera observación que surge del cuadro, es que sólo hay 5 países en la muestra que superan el 10% de producción primaria en relación con el PIB, destacándose Noruega (29,1 %) —por sus yacimientos de petróleo y gas—, y seguido por Argentina (15,6 %), Australia (12,2 %), Canadá (11,7 %) y Nueva Zelanda (10,4 %).

¿Qué otras observaciones podemos hacer sobre esta información básica? La historia económica mundial ha mostrado que a medida que los países se van desarrollando reducen la proporción de producción primaria en relación al PIB, pero no sólo producen manufacturas, sino que amplían fuertemente la producción de servicios.

Nótese, a modo de diagnóstico, que Argentina está “demasiado” industrializada. ¿A qué se debe ese afán por industrializar aun más la Argentina? La industria que supimos conseguir, como tituló a uno de sus libros un viejo profesor que tuve en la UBA, Jorge Schvarzer, jamás ha logrado exportar manufacturas. Ha sido una industria débil, caracterizada por un enorme proteccionismo, que ha creado puestos de trabajo y satisfecho el consumo local, y lo ha hecho —como es evidente— con productos de baja calidad y a un costo bastante superior al que los consumidores podrían haber adquirido en un marco de economía abierta.

Los defensores de esta industria manufacturera siempre reconocieron que su objetivo era el mercado local, pero enfatizan que la ventaja de su continuidad está representada en la creación y sostenimiento de millones de puestos de trabajo. ¡La alternativa sería un enorme desempleo!

Nuestra visión, sin embargo, muestra que sin esta débil industria esas personas ocuparían su tiempo en otros procesos más productivos, más eficientes y seguramente con mejores salarios que de hecho garantizaría la misma apertura económica. ¿Qué evita que esto ocurra hoy? La enorme presión tributaria que se requiere justamente para subsidiar el sostenimiento de esta débil industria. El alto nivel de economía informal es una muestra de estas consecuencias.

He titulado esta nota “des-industrializar la Argentina” con el objetivo de atraer la atención del lector. Pero no puedo afirmar a priori que la nueva estructura económica reducirá la producción de manufacturas. Esto es algo que los empresarios argentinos deben descubrir en el proceso, una vez que las reglas de juego que impone el Estado den lugar a la innovación y a la creatividad, reemplazando la planificación centralizada por una planificación des-centralizada, que sea más atenta a lo que el empresariado desea ofrecer, y los consumidores desean consumir.

La robotización está abriendo un nuevo debate por el grado de sustitución parcial o total que este proceso generará en los empleos formales que hoy conocemos. Este proceso se suma a la globalización y a la tercera revolución industrial que implicó la era digital. Argentina puede ocultarse detrás del proteccionismo para evitar una nueva revolución tecnológica, o puede abrirse a ella e intentar adaptarse. Nunca fue fácil para el hombre —si atendemos a la experiencia histórica— este proceso de adaptación a las nuevas tecnologías y a los nuevos empleos, pero tampoco fue una buena idea darle la espalda al cambio.

Necesitamos un poco de humildad en la dirigencia política para comprender que estos sucesos nos han superado a todos, y que el único orden que podemos alcanzar que sea consistente con una sociedad de hombres libres será descubierto en forma espontánea a través de su propia interacción. Los obstáculos gubernamentales, en forma de controles de precios y salarios, políticas arancelarias y para-arancelarias, regulaciones y subsidios, burocracia y corrupción sólo son palos en la rueda para la creatividad y la innovación. Debemos confiar en la función empresarial si queremos adaptarnos a este mundo volátil y de incertidumbre.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.