Nuevo y contundente revés electoral para el kirchnerismo

Por Enrique Aguilar: Publicado el 28/10/13 en: http://www.elimparcial.es/america/nuevo-y-contundente-reves-electoral-para-el-kirchnerismo-129980.html

Se trató de un resultado devastador. En verdad, no se me ocurre otro término para definir la aplastante derrota (la peor en diez años) infligida al kirchnerismo por una envalentonada oposición que, en las elecciones legislativas de este domingo, mejoró aún más su excelente performance de las primarias de agosto.

El gobierno quedó muy rezagado en los principales distritos electorales del país empezando por la provincia de Buenos Aires, que concentra el 38 % del electorado nacional, donde la lista de diputados encabezada por Sergio Massa se impuso al oficialista Martín Insaurralde por 11 puntos de diferencia (43% contra 32 %) superando los pronósticos más auspiciosos. Córdoba, Santa Fe, Mendoza, Santa Cruz (cuna del kirchnerismo) y otras varias provincias también dieron testimonio de un revés que los dos años de gobierno que le restan a la presidenta ya no podrán revertir. Y desde luego es de destacar el caso de la Ciudad de Buenos Aires, donde el kirchnerismo sin quedó sin senador resultando tercero, con un 21% de los votos, en la elección de diputados nacionales, muy por debajo de PRO, que obtuvo el 34 %, y la lista UNEN, que se alzó con un 32%.

Comenzó a cerrarse, así, un ciclo signado por los modos autoritarios, la mentira oficial, la intolerancia hacia el adversario, el personalismo extremo, una vocación insistente por el fracaso (en materia económica y energética, por ejemplo, o en la lucha contra la desigualdad, el deterioro de la educación o el narcotráfico), la corrupción generalizada y una concepción plebiscitaria de la democracia que entiende que el Poder Legislativo y el Poder Judicial sólo existen para refrendar las decisiones y el protagonismo excluyente del Ejecutivo.

De modo a mi juicio apresurado, algunos de los triunfadores ya han anunciado sus aspiraciones presidenciales para el 2015, animados por los guarismos obtenidos. Es el caso de Mauricio Macri, Jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No sería de extrañar que la misma especulación empezara a instalarse en los entornos del citado Sergio Massa, Hermes Binner (Santa Fe) o Julio Cobos (Mendoza), potenciales candidatos sin duda. Mientras tanto, la presidenta sigue guardando reposo sin que los ciudadanos contemos con un parte médico confiable que asegure su regreso. ¿Qué nos deparará, pues, las transición que iniciamos? Por ahora, un panorama plagado de incógnitas y una sola certeza: la de una derrota que ha sellado la suerte de un proyecto hegemónico que pretendió acariciar la eternidad.

Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.

Una hipótesis sobre la vigencia del peronismo

Por Gabriel Boragina. Publicado el  7/12/12 en http://www.accionhumana.com/2012/12/una-hipotesis-sobre-la-vigencia-del.html

Mucho se ha hablado y escrito sobre las posibles razones por las cuales un movimiento como el peronista mantuvo larga vigencia hasta nuestros días. En esta oportunidad, ensayaremos una hipótesis tentativa, que podría llegar a explicar su perdurabilidad hasta nuestros días.

Corrientemente, suele considerarse que el advenimiento del peronismo trajo consigo el reconocimiento de los derechos de los trabajadores y la creación de los sindicatos. Sin embargo esto es falso, habida cuenta que a la llegada de J.D.Perón al poder ya existían numerosas leyes laborales y sindicatos. Perón, simplemente, se sirve de estas fuerzas laborales como medio para construir su propio proyecto de poder absoluto y hegemónico, para lo cual, procede a dotar a los sindicatos de privilegios “legales” y políticos, por encima de los derechos de otros sectores de la sociedad que no se mostraban dispuestos a colaborar con su plan personal de absorción y perpetuación en el poder.

No obstante, creemos que no fue la llamada “política social” la auténtica razón por la cual J.D.Perón fuera derrocado por sus propios compañeros de armas al cabo de sus dos primeras presidencias. Sino que la verdadera causa por la cual fuera desplazado del gobierno -pensamos- radicaba en su propia persona y no en sus políticas. Lo que sus derrocadores no podían ni estaban dispuestos a tolerar era su proyecto personalista y su autocracia, y no tanto un desacuerdo visceral con sus políticas.

Es cierto que J.D.Perón durante sus gobiernos contribuyó muchísimo a crear una verdadera “cultura” del ocio y la holgazanería disfrazados hábilmente de “políticas sociales”, pero también lo es que ese tipo de “cultura” -o si mejor se quiere decir, hábito ciudadano- no era del todo mal visto por sus contemporáneos. Observamos la prueba de ello en que, ya una vez J.D.Perón fuera del gobierno, los militares que lo reemplazaron no abrogaron la totalidad de la legislación sancionada y promulgada durante las dos primeras presidencias peronistas, sino que -en lo sustancial- fueron mantenidas leyes y políticas del periodo, y si bien es cierto que dejaron sin efecto la constitución de 1949 aprobada a instancias de Perón, se vieron movidos a reconocer lo sustancial de su articulado en una reforma practicada en 1957, incorporando el aun hoy vigente art. 14 bis, que no es sino mas que una breve síntesis de aquella “constitución peronista” condensada.

No es difícil imaginar que a los ojos de la ciudadanía de aquella época, no debió resultar claramente explicable la razón por la cual si no se había prácticamente “tocado” la legislación y política “peronista”, en cambio se desplazó violentamente del poder a su autor. Los antiperonistas debieron sentirse satisfechos por un lado, por la deseada caída de Perón, pero al mismo tiempo, también debieron sentirse defraudados por el mantenimiento -por parte de los militares del gobierno provisional (como se le llamó)- de la estructura política, económica y legislativa que el peronismo había creado. Y naturalmente, tampoco es dificultoso suponer que a los peronistas, estos mismos hechos, posteriores al derrocamiento de su líder, los debió haber confirmado aun más en su adhesión al peronismo.

En efecto, la mayor parte de los monopolios creados por J.D.Perón no fueron desmantelados a continuación a su caída. Las estatizaciones peronistas (como la tan famosa de los ferrocarriles, muy pregonada y celebrada por el régimen) se mantuvieron en las décadas ulteriores, sobreviviendo a varios gobiernos, tanto civiles como militares. Podía parecer natural que la gente de entonces se preguntara ¿si todo lo que hizo J.D.Perón fue sustancialmente mantenido por los gobiernos posteriores, por qué lo derrocaron? No parece arduo deducir que quienes transformaron, involuntariamente claro está, a Perón en una “víctima propiciatoria” fueron aquellos que quisieron ser sus propios verdugos. Y lo que más contribuyó a la creación del célebre mito peronista, a nuestro juicio, fue el haber mantenido prácticamente casi toda la estructura legal, política y económica que Perón había creado. De allí, a la construcción del mito peronista había un pequeño paso. Y ese paso fue dado, a tal punto que, casi 20 años después de su caída, J.D.Perón retornó triunfante al país, y en pocos meses más se le convertiría -nuevamente- en presidente por tercera vez, siendo la primera que un ciudadano argentino accedía a un tercer periodo presidencial.

Es altamente posible que la creación de este mito haya sido una consecuencia no querida por parte de los antiperonistas, y es probable que asi fuera. Incluso parece que el propio J.D.Perón así lo habría reconocido, ya que se le atribuye una frase que, parafraseada vendría a decir que no es que su gobierno hubiera sido “bueno”, sino que los posteriores fueron tan malos que el suyo quedó como el “mejor”.

Se daría así la paradoja: tanto los militares que derribaron a J.D.Perón como los gobiernos que siguieron a esos militares (la mayoría de tales gobiernos también militares) querían, en realidad, eliminar la figura de J.D.Perón, su persona y su autocracia (posiblemente) pero no disentían demasiado en el fondo con sus políticas, sobre todo la económica, laboral y sindical. Evidencia de ello es que tales políticas apenas sufrieron pequeñísimas modificaciones, casi podría decirse que puramente “cosméticas”, incluso hasta nuestros días. Y, nuevamente, como una consecuencia no deseada por los antiperonistas, convirtieron al país en un peronismo sin Perón, que era lo contrario a lo que decían querer.

Cuando cayó el nazismo, sus vencedores barrieron con todo vestigio de sus instituciones, legislación y políticas. Lo mismo sucedió a la caída del fascismo. Quienes reemplazaron a nazis y fascistas, estaban bien conscientes que no bastaba con la eliminación física de Hitler y de Mussolini, sino que más importante que esto era todavía suprimir toda huella de sus “obras”. El gobierno de facto que derrocó a J.D.Perón operó en un sentido inverso al de tales ejemplos europeos: se ocuparon de perseguir tenazmente a J.D.Perón, al tiempo que dejaron casi intacta su política, sus “instituciones” y su economía. Y como efecto no querido, su alta popularidad. El resultado esta hoy a la vista: con o sin J.D.Perón el peronismo continúa dominando a pleno la vida política argentina.

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

Venezuela, Argentina: un solo corazón

Por Enrique Edmundo Aguilar. Publicado el 10/10/12 en http://www.elimparcial.es/america/venezuela-argentina-un-solo-corazon-112470.html

 Si su salud se lo permite, al término de su próximo mandato Chávez habrá gobernado Venezuela por espacio de veinte años continuos. Sólo una democracia que se defina y se ejerza en abierta tensión con el constitucionalismo puede tolerar semejante grado de personalización del poder y de desprecio por la práctica de la alternancia.

Chávez se jacta del origen democrático de sus sucesivos mandatos. Las imágenes del domingo pasado, que mostraron a miles de personas esperando largas horas de pie para poder votar en una jornada que tuvo al mundo en vilo por las expectativas que se habían creado en torno al candidato opositor, dan testimonio de ello. Sin embargo, desde una concepción de la democracia que no desestime la calidad institucional y el reparto más equilibrado del poder (inclusive en contextos de arraigada tradición presidencialista), se podría afirmar, citando a Enrique Krauze, que Chávez “usó la democracia para acabar con la democracia”.

¿Cuál de las dos lecturas prevalece en Argentina? Las palabras que Cristina Kirchner envió desde su cuenta de Twitter no dejan lugar a dudas: “Tu victoria también es la nuestra. La de América del Sur y el Caribe. ¡Fuerza Hugo!” Esas son las compañías que preferimos, quizá por sentirnos cada día más cercanos. Los altos índices de inseguridad (aun cuando en Argentina estemos lejos todavía de los 14.000 asesinatos al año), una inflación del 25 % anual (en Venezuela ronda el 27 %), la corrupción enraizada en el gobierno, la ausencia de un poder judicial verdaderamente independiente, la estatización creciente de la economía, el llamado “cepo” cambiario, la inacción de los organismos de control, la desinversión en infraestructura, el ocultamiento de la realidad bajo la máscara del relato y la propaganda oficiales, la partición de la sociedad por odios deliberadamente exhumados … He ahí, entre otras, algunas pruebas de la semejanza creciente entre dos países con sociedades distintas, con sistemas productivos también diferentes pero que, con todo, se asemejan por un mismo estilo de gobierno y de gestión patrimonialista de lo público que ni el denodado esfuerzo de Henrique Capriles pudo frenar en Venezuela. ¿Podrá lograrlo en la Argentina una oposición incomprensiblemente atomizada?

 Enrique Edmundo Aguilar es Doctor en Ciencias Políticas. Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, Políticas y de la Comunicación de la UCA y Director, en esta misma casa de estudios, del Doctorado en Ciencias Políticas. Profesor titular de teoría política en UCA, UCEMA, Universidad Austral y FLACSO,  es profesor de ESEADE y miembro del consejo editorial y de referato de su revista RIIM.