El grupo Bilderberg y el Gobierno Mundial

Por José Benegas. Pubicado el 17/1/16 en: http://josebenegas.com/2016/01/17/el-grupo-bildelberg-y-el-gobierno-mundial/

 

Ayer escuché hablar por primera vez de algo llamado “Bilderberg Group”, un gran club de políticos, empresarios, periodistas y gente influyente que se reúnen en privado de manera periódica y, aparentemente, discuten eventos mundiales con la idea de unificar criterios. Lo que escuché fue que este grupo estaba impulsando la creación de un gobierno mundial, preocupación que ahora está de moda. Recuerdo allá por el 2001 cuando los bienpensantes del mundo decían que lo que estaba mal de Estados Unidos era que fuera a la guerra sin aprobación de las Naciones Unidas. Todos estaban de acuerdo con esa sentencia, del mismo modo que se festejó la internacionalización de la persecución penal en nombre de los “derechos humanos” y la construcción del Tribunal Penal Internacional. Todo eso conduce a la formación de un gobierno mundial, pero parece que la alarma está cuando un grupo se reúne de un modo secreto. Los elefantes pasan por delante, pero se buscan ratones abajo de la mesa.

Me puse a ver un par de videos, entre ellos este documental, en el que se denuncia el secreto de las reuniones. Adam Smith decía que cuando un grupo de empresarios se reúnen (agrego yo, en lugar de operar en el mercado de acuerdo a sus intereses), el consumidor está en peligro. Si los empresarios tienen negocios que gozan de permiso oficial para ganar poniendo en riesgo dinero ajeno, como los bancos, la cosa es peor. Si en el medio hay políticos, ni hablar. Pero de ahí a atribuirle a este club el ser el verdadero poder detrás de todos los tronos, me parece que hay un abismo.

Que algo sea secreto, por otra parte, no me indica para nada que sea incorrecto. Y si es incorrecto, tampoco tengo datos para saber incorrecto en qué, para qué, en perjuicio de quién y de cuánto perjuicio estamos hablando. El secreto puede obedecer nada más al deseo de hablar con libertad en un ámbito privado, sin que eso tenga consecuencias sobre sus intereses. Pero además, el hecho de que se considere al “secreto” privado como un problema, implica la habilitación del ojo colectivo y la invitación al gobierno a convertirse en El Gran Hermano. Ninguno de los que interviene en esta cruzada victimizante se detiene un minuto a pensar en la cuestión.

Vuelvo a los elefantes y las ratas. La opinión pública no es para nada engañada sobre los planes políticos y económicos peores del mundo, al contrario, los comparten. Cuando un político habla de proteccionismo (contra sus bolsillos), de derecho laboral (contra sus oportunidades laborales), de ambientalismo místico (contra su economía particular), de nacionalismo (contra su libertad como individuos), contra el capital (contra la posibilidad de mejorar sus ingresos), de educación pública y centralizada (contra su posibilidad de pensar libremente), contra las migraciones pacíficas (contra su libertad de escapar y de intercambiar con más personas mejorando sus condiciones de vida), a favor de la jurisdicción internacional y la legitimación de organismos internacionales (contra su propio control de lo que pasa en la política); no solo lo hacen en público y sin ningún secreto, sino que son apoyados de modo excluyente. Entonces el problema del poder y del atentado contra los intereses de la gente, no está para nada escondido. Está sobre la mesa y pocos lo ven.

No señores, lo peor de la política no ocurre en privado.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

Charlie Hebdo: Todos, nadie, uno.

Por Federico Sosa Valle. Publicado el 11/1/15 en: http://ihumeblog.blogspot.com.ar/2015/01/charlie-hebdo-todos-nadie-uno.html

 

La primera reacción pública frente al atentando a los integrantes de la redacción de la publicación satírica Charlie Hebdo fue acudir a la identificación con la víctima: “Je suis Charlie Hebdo”. En menos de 48 hs. se comenzaron a escuchar los primeros distanciamientos: no todos querían identificarse con Charlie Hebdo, ya que eran pocos los que adherían por entero a su línea editorial. En estos casos, lo más delicado reside en las razones para expresar una u otra posición.

La identificación de la comunidad con la víctima de un atentado es un requisito que hace a la legitimación de la persecución penal contra quienes hayan perpetrado el atentado. En este sentido, es correcto decir “yo soy Charlie Hebdo”, ya que esto implica afirmar que la víctima del atentado pertenece a nuestra comunidad y es la comunidad la que ha sido agredida en la persona de la víctima. Si el estado –en este caso el Estado Francés- se encuentra legitimado para iniciar la persecución penal de tal atentado es porque el agredido se encuentra dentro de la comunidad protegida por aquél. Por otra parte, dado el cariz político del crimen, si le da el rango de cuestión de estado es porque es la autoridad del mismo la que ha sido desafiada: alguien distinto al propio estado se está atribuyendo la autoridad para decidir qué tratamiento público debe dársele a las opiniones molestas. Recién aquí es cuando entra a jugar el tema de la libertad de expresión.

La libertad de expresión en tanto que garantía individual solamente es relevante cuando lo que se expresa es una opinión con la que disentimos: La opinión de “otro”, en el sentido de completamente ajeno a uno mismo, un “otro” que expresa lo que no queremos escuchar. Cuando nadie discutía la proveniencia divina de la autoridad de los reyes, el cuestionamiento público a los mismos constituía una profanación de una repugnancia semejante a la que hoy sufre un feligrés cuando debe soportar una afrenta a su religión. Los reyes entendían que, -expresándolo en el lenguaje de hoy- en esos casos no se había hecho un ejercicio “responsable” de la libertad de expresión o que la misma “no estaba para eso”.

Por el contrario: que la libertad de expresión sea efectivamente una garantía depende de que quien exprese una opinión sumamente ofensiva contra un tercero o contra la autoridad no pueda ser legalmente perseguido por el estado por haberla emitido (por supuesto, estamos hablando de “opiniones”, no de “enunciación pública de planes” contra un tercero o la autoridad). La libertad de expresión protege aquello que dice “el otro”, aquello que no queremos escuchar. En este sentido, para poder predicar de un sistema jurídico que éste respeta la libertad de expresión, “Charlie Hebdo” tiene que ser otro, enteramente distinto a nosotros, y no ser molestado por el estado a causa de sus opiniones aún pese a aquéllo.

Ahora bien, cuando un grupo armado atenta contra un ciudadano porque se considera agraviado por las opiniones vertidas por éste no está atentando contra la libertad de expresión directamente, si no contra la vida de sus víctimas y contra la soberanía del estado que reconoce la libertad de expresión de sus ciudadanos (es decir, atenta contra la libertad de expresión sólo mediatamente). A los efectos de la vida de las víctimas del atentado “todos somos Charlie Hebdo”. En cuanto a la relación del estado que reconoce la libertad de expresión de sus ciudadanos “no todos son Charlie Hebdo” y es cuando “uno solo lo es” cuando más se pone a prueba el respeto de la libertad de expresión por parte del estado. Este respeto tiene dos aspectos: frente a los ciudadanos se manifiesta como una obligación de abstención frente a las opiniones expresadas; frente a quienes desafían mediante la violencia física tal sistema de valores, en la persecución legal y política de los mismos. Nótese que no resulta necesario que “todos seamos Charlie Hebdo” para que el estado garantice la libertad de expresión en este doble aspecto (abstención frente al ciudadano e intervención frente al agresor). Es más, solamente podemos decir con seguridad que garantiza la libertad de expresión cuando Charlie Hebdo es enteramente el otro.

En resumen, la persecución jurídica, en el plano del derecho penal, del atentado se activa con la agresión sobre la vida de las víctimas del mismo. En tanto la persecución política –en el marco de un estado de derecho, se entiende- se pone en movimiento con el desafío a la autoridad pública que implicó el uso de la violencia física con la finalidad de imponer la abrogación de la libertad de expresión. Que seamos o no seamos Charlie Hebdo depende de cuál de los dos aspectos estemos considerando: para el primero es necesario que lo seamos todos, para lo segundo alcanza con que lo sea uno solo.

 

Federico Guillermo Manuel Sosa Valle es abogado, (UBA) y graduado en la Maestría en Economía y Ciencias políticas de ESEADE. Fue docente en la Facultad de Derecho de la UBA de “Análisis Económico y Financiero”. Fue Profesor de Análisis Institucional (2008) y Ciencia Política Contemporánea (2009) para la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Es Liquidador Principal de la Superintendencia de Seguros de la Nación y ha publicado trabajos en obras en colaboración y revistas académicas, relativos al derecho y la economía política. Es Presidente de la Fundación Instituto David Hume.