Una de vampiros

Por Gastón Gonda:

 

Veía hace unos días un acalorado pero entretenido debate de coyuntura económica argentina entre el brillante economista Iván Carrino y otros cuatro representantes de distintas fuerzas políticas. Digámoslo claro: cuatro ignorantes de variada gama, repartidos entre socialistas, peronistas y kirchneristas, cuyos nombres por piedad omito.

Y como el tiempo en la televisión es muy acotado, quedaron muchas cuestiones por esclarecer y profundizar, y no sorprende a nadie el hecho de que buena parte de la audiencia suele hacer sintonía con el discurso más demagogo y oportunista.

Pero algo de lo bueno empieza a dejar huella gracias a la batalla cultural que unos cuantos, como Iván, libramos todos los días, cada uno desde donde puede, sabe y quiere.

Puestos a debate, se tocan temas como el acuerdo con el FMI, la inflación y la pobreza, y se deriva en abstracciones sobre el rol del Estado. Lo de siempre. Sólo que todos, menos Iván, de espalda a los datos.

Pero los disparates que se decían en esa mesa no son nada distintos de los que balbucean los representantes de absolutamente todos los espacios políticos desde el oficialismo hasta la oposición, máxime en estos días de campaña electoral, para martirio de un número creciente de desencantados de la política, como yo.

Estos señores ignoran el fracaso de 4000 años de controles de precios, y presuponen la inflación como un fenómeno “multicausal”, ignorando la evidencia empírica sobre un problema que el mundo ya ha superado por completo, con excepción de un puñado de países que se cuentan con los dedos de una mano, entre ellos la Argentina.

Estos iletrados  nada pintorescos creen que la riqueza es un juego de suma cero, donde unos ganan si, y sólo si, otros pierden. De allí parten para planear y ejecutar la redistribución violenta de los bienes que el mercado – todos nosotros – se encargó de distribuir de manera pacífica gracias al intercambio de un valor por otro valor; trabajo, tierra, capital, conocimiento. Por tanto, por más atinados que parezcan, estos abusadores avalan  el saqueo del fruto del trabajo usando el bien común como excusa y la ley como garrote.

Estos tristes contendientes manifiestan preocupación por los pobres pero adoctrinan con ideas que llevadas a la práctica los multiplican, y que a lo largo de la historia condujeron a millones de seres humanos a la pérdida de sus libertades más básicas y a morir por inanición.

Lo hacen, en el mejor de los casos, por ignorantes. En el peor, porque enarbolando las ideas del Estado presente, la justicia social, la redistribución de la riqueza y el proteccionismo industrial, logran erigirse en “salvadores del pueblo”. Y como tal, acceden a privilegios de casta que nunca podrían conseguir si tuvieran que vender su talento al escrutinio diario del mercado. Aquel mercado conformado por personas que votan todos los días determinando – con sus elecciones siempre voluntarias – ganadores y perdedores. Quienes sirven mejor al público ven incrementados sus ingresos; quienes yerran buscarán la manera de aprender de la experiencia y sobreponerse, dando origen a un círculo virtuoso cuyo resultado total es siempre ganancia.

Aquellos desdichados que repiten los mitos empobrecedores, ignoran que el poder económico se ejerce por medios positivos, ofreciendo a los hombres una recompensa, un incentivo, un pago, un valor; mientras que el poder político es ejercido por medios negativos, por la amenaza de castigo, lesión, encarcelamiento, destrucción. Como bien manifiesta Ayn Rand, la herramienta del empresario – el buen empresario y no el prebendario que hace negocios al calor del poder político – son los valores; la herramienta del burócrata es el miedo. Y, agrego yo: la herramienta del místico es el infierno. No es casual la referencia al dinero como “estiércol del demonio” por parte del representante de Perón en la Tierra.

Vuelvo. Esto depredadores nos quieren hacer creer, en su fatal arrogancia, que saben mejor que nosotros mismos qué es lo que necesitamos y queremos. Y por tanto se empeñan en dirigir la economía y la vida de todos nosotros a fuerza de leyes y decretos, como si fuera que una simple expresión de deseos manifestado en el cuerpo de una ley es suficiente para poner de pie un aparato productivo, determinar los precios de equilibrio, y tornar “justo” al valor del salario. Siendo así,  ¡que las legislaciones sean más generosas y nos hagan ricos a todos! como expresara en numerosas oportunidades el “Alberdi contemporáneo” don Alberto Benegas Lynch (H).

Faltos de la lógica más elemental, estos artífices de la miseria no saben sumar ni restar; solo dividir. Ignoran que son las tasas de capitalización puestas al servicio del trabajo lo que hace a éste más productivo y eficiente, y por tal mejor pago. No saben que los salarios mínimos conducen al desempleo porque hay más demandantes que oferentes, afectando especialmente a los menos calificados y especializados. Y en el sentido opuesto, desconocen que los precios máximos generan escasez porque habrá más gente dispuesta a comprar que gente dispuesta a vender, lo que tienta a los burócratas a tomar medidas inmorales e inútiles como las libretas de racionamiento, las leyes de abastecimiento, o  los más recientes “Macri-tips”, con el consiguiente aumento del clientelismo y la corrupción.

Estos pobres de espíritu desconocen los beneficios de la especialización, gracias a las ventajas comparativas diferentes entre los que realizan un intercambio. Ignoran que cuanto más libre es el comercio, más prosperamos, especialmente los eslabones más pobres, al contrario del cacareado mito de la posición dominante.

Pero estos relatos ya desterrados en gran parte del mundo civilizado no serían posibles si una parte mayoritaria de la sociedad no avalara por acción u omisión estos dislates. Los desprevenidos, los desentendidos, los voluntaristas, los mal-aprendidos, y toda la gama de desorientados que repiten las consignas del fracaso son muy fáciles de identificar: son todos aquellos que no conciben a las ideas de la libertad como el motor para el progreso humano.

El padrón electoral argentino representa el número exacto de esclavos que, en lugar de procurar su propia libertad, quieren seguir en esa condición. Esto es así porque en su perturbación no logran unir las causas con las consecuencias de la decadencia, y por tanto demandan más fuego para combatir al incendio. Están enamorados de sus secuestradores, padecen el Síndrome de Estocolmo.

Los pusilánimes son incapaces de pararse sobre sus propios pies; el viento populista los arremolina a todos juntos y quedan a merced de cuanto demagogo les endulza el oído para seguir vejándolos, uno tras otro, cada dos o cuatro años.

Sobre todo, estos desprovistos de carácter ignoran la naturaleza humana y su enorme potencialidad. Tienen una predisposición psicopatológica hacia la envidia, la victimización y el resentimiento.

Frente al avanzado, al desarrollado, al estudioso, al genio, al talentoso, muestran envidia y por tal lo odian, no por sus defectos sino por sus virtudes. Uno envidia aquello que nunca va a conseguir. Uno cela aquello que tiene y teme perder. Uno emula o imita aquello que admira y sabe que puede conseguir. Y si no lo logra, al menos habrá emprendido el camino de la superación, aportando lo mejor de sí.

Faltos de razón, propósito y autoestima, los cómplices de los saqueadores son sombríos y tristes. Pero siempre pueden redimirse: no conozco ningún liberal que se haya vuelto socialista; pero sí unos cuantos de estos últimos que descubrieron el valor del respeto a los proyectos de vida de sus hermanos. Son vampiros que ya no chupan sangre; sino que “a su pesar reconocieron el buen sabor del agua mansa”.

Nunca es tarde. Seamos libres.

 

Gastón Gonda es Licenciado en Administración de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, MBA ESEADE. Head of Financial Planning & Analysis en Avery Dennison LA. Difunde sus ideas como @GastonGonda

Neoliberalismo salvaje

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 3/9/18 en:  http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/la-razon/neoliberalismo-salvaje/

 

He leído en la prensa políticamente correcta la expresión “neoliberalismo salvaje”, y conjeturé que la izquierda está buscando una salida que no le fuerce a arriar todas sus banderas antiliberales, y la puede encontrar en el viejo camino intermedio entre libertad y coacción. Así, dirán que no son comunistas, solo faltaba, pero tampoco son liberales, por aquello del “neoliberalismo salvaje”.

Habrá que recordar una vez más que, en su caudalosa sabiduría, Aristóteles aplaudió el punto medio solo si equidistaba de extremos análogamente nocivos. En otro caso, estar en el centro carece de mérito y puede ser un vicio clamoroso. Entonces, como el comunismo es sin duda un mal, se recurre a un extremo supuestamente similar en su perversidad: el neoliberalismo salvaje. Como si la libertad fuera perjudicial, o el exceso de libertad causara males comparables a los de la esclavitud del socialismo real. Hay que cultivar con esmero el fanatismo para establecer esa topografía ideológica. En mi Argentina natal lo hicieron los peronistas, con su antigua consigna: “Ni yanquis, ni marxistas: ¡peronistas!”. Otra vez como si fuera loable estar tan apartado del Gulag como de San Francisco.

Obsérvese que no se trata simplemente de sumar peras con manzanas, o de afirmar a la vez una cosa y la contraria. Esto es bastante frecuente en política. Lo practican en masa quienes hablan de liberalismo social, tanto mercado como Estado, propiedad privada con responsabilidad social, etc. Siendo contradictorio, no es tan clamoroso como equiparar el salvajismo de la Unión Soviética con el de Estados Unidos.

Lo interesante del caso no es solo lo burdo de la maniobra que solapa el liberalismo con el salvajismo, sino el éxito que ha tenido. Una búsqueda en Google lo certifica a ojos vistas. “Capitalismo salvaje” arroja 313.000 resultados, “liberalismo salvaje” y “neoliberalismo salvaje” 20.800 y 22.400 respectivamente.

Y ahora, agárrese usted. La búsqueda de “socialismo salvaje” apenas me arrojó 4.480 resultados. Y tecleando “comunismo salvaje” obtuve unos magros 5.490.

Restreguémonos los ojos. Entre el salvajismo comunista y el salvajismo socialista no llegaban ni a 10.000 resultados. Cien millones de trabajadores fueron asesinados en el último siglo en nombre del socialismo, en países socialistas y con políticas socialistas —es decir, antiliberales y anticapitalistas. Pero lo que es salvaje de verdad es el liberalismo, eso sí; o el capitalismo, eso también.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

La luz al final del túnel

Por Gabriel Boragina. Publicado el 31/10/15 en: http://www.accionhumana.com/2015/10/la-luz-al-final-del-tunel.html

 

Por primera vez en mucho tiempo, existe una verdadera posibilidad de que la Argentina se libere de lo que no hemos dudado en denominar una auténtica dictadura con apariencia democrática, un disfraz de democracia que se fue desdibujando a lo largo de los tres sucesivos y excesivamente extensos gobiernos del nefasto FPV (Frente para la Victoria) de los no menos tenebrosos Kirchner, una efectiva y sombría secta política conformada por un heterogéneo grupo de peronistas, otros autollamados “progresistas”, y un número importante de ex terroristas y sus ideólogos, tanto del pasado como del presente. Un coctel explosivo por donde lo mire.

En este sentido, puede decirse sin hesitación que la Argentina está ante una oportunidad histórica para sacudir el pesadísimo yugo de quienes -desde el primer día de acceso al gobierno- hicieron de su eternización en el mismo su único objetivo, aunque no fuera, desde luego, hecho explícito por sus mentores.

Los costos políticos y económicos que ha tenido que pagar, y que con toda seguridad aun todavía tendrá que afrontar la sociedad argentina por esta aciaga experiencia, han sido tremendos. Pero al fin, parece que la gente ha llegado a un feliz punto de saturación, en el cual la necesidad de una transición a una situación más normal y coherente quiere imponerse con alguna fuerza.

El gobierno, pese a los resultados claramente negativos a su gestión, sigue encerrado en un delirante relato, construido cuidadosamente al mejor estilo del tristemente célebre sicario nazi Joseph Goebbels, Ministro de Propagada de la Alemania de Hitler, cuya *estrategia* de lavado de cerebros el FpV cultivó con fruición de la mano de teóricos afines reunidos bajo diferentes denominaciones. La prueba de ello es que el último discurso presidencial mostró definitivamente que, aun en las peores circunstancias, el gobierno no se encuentra dispuesto a abandonar la mentira, la prepotencia, la soberbia y la falsedad más escandalosa de su accionar en el tiempo, aun contra cualquier evidencia en contrario, por más contundente que esta sea.

Como hemos expuesto en otras tantas ocasiones, la sociedad argentina demoró muchísimo tiempo en reaccionar ante el cúmulo de atropellos, tropelías, trapisondas y violaciones continuas a los derechos más elementales del ser humano cometidos por el gobierno del tremebundo FpV. Ciertas características que hacen al pueblo argentino facilitan que inescrupulosos se hagan del gobierno y lo retengan.

Resulta realmente saludable que la sociedad haya reaccionado, aun cuando el oficialismo guarda alguna esperanza de continuar perpetuando sus maléficas acciones en cuanto resquicio le sea proclive.

Se impone con toda necesidad la exigencia de un gobierno de signo contrario al del FpV y sus personeros, porque no existe otra salida en medio de las actuales circunstancias para superar la terrible crisis moral, educativa, económica (en una palabra crisis social total) en el que se encuentra sumido el pueblo argentino.

Los Kirchner se han empeñado en pulverizar todo vestigio de racionalidad en la gente, y es a esto a lo que nos vemos obligados a sobrevivir, superar y destruir.

De cualquier manera, el grado de daño ha sido tan grande que, ni aun si el oficialismo continuara gobernando la situación podría seguirse sobrellevando. Un hipotético gobierno oficialista sólo lograría profundizar el camino al abismo al que el FpV dirigió el país desde el primer día de ascenso al poder.

Los desafíos que encuentra el próximo gobierno consisten en remontar la trágica herencia de la secta hasta ahora al frente del Ejecutivo.

Entre la larga lista, destacan : en volver a poner en funcionamiento las instituciones republicanas, prácticamente aniquiladas a lo largo de los tres lamentables y sucesivos gobiernos unipersonales del FpV, tal que -como hemos dicho en ocasiones anteriores- uno de los principales objetivos que se plantea todo movimiento o persona que aspira a consolidar una fuerza dictatorial es, precisamente, la destrucción de las bases de la democracia y del republicanismo, y estas son las bases sobre la cuales estaban sentados los orígenes no sólo del poder político argentino, sino de la armoniosa convivencia social del pueblo. El FpV se propuso, desde sus mismos comienzos -y pese a la conformación de un contrario discurso mentiroso cuidadosamente elaborado también desde la misma época- la demolición de aquellos cimientos, por lo cual su reconstrucción imperiosamente se impone.

Como también hemos manifestado en más de una vez, el modelo de gobierno que siempre ha tenido en mente la banda compuesta por los integrantes del FpV ha sido constantemente el que el chavismo venía imponiendo desde poco antes de fines del siglo pasado en Venezuela, es decir, una tiranía con ciertos visos de aspecto democrático, donde con regular periodicidad se permitía a la gente concurrir a las urnas para hacerles creer que la tiranía que se estaba consolidando delante de sus ojos, poseía positivas apariencias de legitimidad. La estrategia de penetración fue desgraciadamente exitosa en Venezuela, y en este esquema consintió -ni más ni menos- el proyecto de gobierno del FpV, sobre todo durante sus dos primeros periodos. Y no nos cabe duda que todavía ese es el proyecto del FpVen caso de lograr llegar nuevamente al Ejecutivo. He allí no toda, pero parte de su peligrosidad. A diferencia deArgentina, la dictadura chavista venezolana se prolongó en base a dos factores que consideramos clave: el sólido sostén militar de la misma, y la fuente de cuantiosos ingresos que representa el monopolio estatal sobre un recurso natural estratégico: el petróleo, que le brinda al gobierno venezolano el poder económico suficiente como para dominar al pueblo casi a voluntad.

Los argentinos tienen la ocasión de revertir este verdadero camino de servidumbre -como no dudaría en llamarlo el premio Nobel de Economía Friedrich A. von Hayek-. Lamentablemente, el pueblo argentino -como hemos destacado- no es rápido de reflejos a la hora de advertir, prevenir y solucionar los males que les son propios. Esperemos que esta vez la reacción sea firme y duradera, y que configure el comienzo de una segura nueva etapa. La etapa de la refundación de lo que alguna vez fuera y se llamara con orgullo República Argentina

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

LATINOAMÉRICA: HACIA LOS FUTUROS MUNICIPIOS DEL “PARAÍSO” CUBANO.

Por Gabriel Zanotti. Publicado el 23/2/14 en http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/02/latinoamerica-hacia-los-futuros.html

A muchos está sacando de las casillas mi comparación de Maduro con los nazis. Es que justamente toco allí uno de los dramas de las democracias contemporáneas.
En primer lugar se trata de una analogía, esto es, según Aristóteles, “predicación de un nombre según nociones en parte igual y en parte diferentes”. Por ende, la analogía NO dice que sea una igualdad. Luego todos aquellos que me digan que NO son lo mismo me están diciendo una obviedad.
El asunto es: ¿cuál es el asunto “en parte igual”? Es precisamente subir al poder por medio de elecciones y luego atentar contras las libertades que forman parte de lo que muchos politicólogos han llamado “democracia como forma de estado”. Algo que ha sucedido muchas veces, especialmente cuando los que acceden al poder son totalitarios de pura cepa en sus diversas vertientes –o sea primos hermanos:herederos políticos de nazis, leninistas, mussolinianos, peronistas- que con total maquiavelismo político mantienen la apariencia de formas democráticas mientras que lentamente van eliminando toda forma de oposición,  en nombre de “el pueblo” del cual se arrogan la representación exclusiva.
Sería importante entonces que la OEA y la ONU se pusieran a trabajar en mecanismos de control sobre ese tipo de atropellos ante los cuales no hay ninguna defensa, y justamente por ello se terminan viviendo situaciones dramáticas como Venezuela, que parece ser el futuro de todo lugar donde no haya dirigentes lúcidos para impedirlo. En Venezuela ha desembarcado el ejército cubano y desde allí seguirá avanzando a todas las regiones cuyos “presidentes democráticos” habrán encontrado finalmente su oportunidad para convertir a su región a una municipalidad de la gran “democracia” cubana.

Ojalá hubiera una terapéutica más rápida. Por ahora no se enojen conmigo porque insista con el diagnóstico.

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.