LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LOS PUEBLOS PRE-COLOMBINOS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 23/6/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/06/la-inmaculada-concepcion-de-los-pueblos.html

 

Pasó lo que tenía que pasar. Hace milenios que muchos obispos y teólogos latinoamericanos están diciendo casi que los pueblos originarios, los pueblos indígenas precolombinos, son sujeto de la Revelación Divina y que por ende no necesitan que los misioneros occidentales los “perviertan” con “categorías griegas” de la dogmática tradicional, y menos  cuando esas categorías vienen mezcladas con el avance del pérfido capitalismo. Porque para ellos el pecado original es el capitalismo, no los pueblos pre-capitalistas, inmaculados, ecológicos, puros, casi precisamente sin pecados concebidos. Pero, claro, uno de estos grandes redactores de documentos episcopales latinoamericanos,  para colmo peronista, llegó a Roma, y ahora todo esto se expande con su total y completo apoyo. Lo habíamos dicho: todo esto sucede hace décadas, especialmente desde los 60, pero claro, Juan Pablo II y Benedicto XVI lograron armar un dique de contención contra esas prístinas aguas teológicas. El discurso de Benedicto XVI en Ratisbona, del 2006, fue precisamente la respuesta a esas teologías cuya profundidad no pasaba de la película Avatar, pero claro, en ese entonces todos estos se rieron y se burlaron de él, esperando ávidamente el momento de la venganza. Ese momento llegó. Un peronista argentino llegó a Roma. El cáncer hizo metástasis en el corazón. El último Instrumentum laboris para la Amazonia es el conjunto de las teologías de la liberación y del pueblo en su máximo apogeo, la negación y la venganza total contra todo el Magisterio teológico de Juan Pablo II y Benedicto XVI.

Las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia. Ahora sí que hay que creerlo en serio.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

La empresa, culpable de la crisis económica

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 4/8/14 en: http://bit.ly/1zRz6v9

 

Todas las crisis explotan el recurso al mejor amigo del hombre, que no es el perro sino el chivo expiatorio. La última no ha sido ninguna excepción. Como ya sucedió ampliamente en los años 1930, se echó la culpa al malvado mercado libre, al pérfido capitalismo y a la peor y más cruel de las sanguijuelas: la empresa.

La argumentación más extendida, en efecto, ha sido que la crisis se debió principalmente a la codicia de unos empresarios irresponsablemente obsequiados por el poder político y legislativo con una libertad excesiva.

Esto de la codicia es un viejo truco para demonizar a los empresarios. Ante todo, se convierte en vicio lo que en realidad es una virtud: intentar mejorar nuestra propia condición. ¿Por qué va a ser malo? Y, sobre todo, si no es malo que los trabajadores procuren ganar más, ¿por qué va a serlo en el caso de los empresarios? Si no hay violencia ni fraude, la búsqueda y el logro de un mayor beneficio para el capital es algo tan bueno, noble y provechoso como la búsqueda y el logro de un mayor salario.

El absurdo

Pero, además, recurrir a la codicia para explicar la crisis es absurdo: si las crisis se debieran a la existencia del vicio, viviríamos siempre en crisis. Asimismo, resulta entrañable que alguien pueda pensar seriamente que el pecado es sectorial, y que lo cometen los empresarios pero no los trabajadores. Aún más delirante, e implícita en esta demonización de los empresarios, es la fantasía de que la codicia es un atributo de los empresarios o en todo caso del mercado o el sector privado de la economía, como si no tuviéramos suficiente experiencia como para afirmar que algún papel cumple en la política y las Administraciones Públicas.

Posiblemente, el mayor desatino, relacionado con el punto que abordamos en el artículo anterior, es atribuir la crisis a una libertad económica excesiva. Esto nunca ha sido así, pero proclamarlo a raíz de la reciente crisis no resiste la menor contrastación con la realidad. Por un lado, como ya vimos, lejos de haber sido privatizados o desmantelados en beneficio de una supuestamente imparable expansión empresarial, los estados son más grandes que nunca. Y los impuestos, los gastos y la deuda pública alcanzan niveles históricos, en flagrante contradicción con un pretendido triunfo del liberalismo que sólo ha existido en la imaginación de la corrección política. La intervención, por fin, ha sido particularmente generalizada y profunda allí donde precisamente estalla la crisis: el dinero, la banca y las finanzas. En el caso concreto de nuestro país habría que añadir por supuesto el sector de la construcción, también ampliamente intervenido por la política y la legislación en todos los niveles de la Administración.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.