Créase o no: en pleno debate sobre atraso cambiario, el “dólar de convertibilidad” es inferior al de mercado

Por Aldo Abram: Publicado el 31/3/17 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2017/03/31/crease-o-no-en-pleno-debate-sobre-atraso-cambiario-el-dolar-de-convertibilidad-es-inferior-al-de-mercado-2/

 

El dólar tiene que bajar o debe subir? Es una de las eternas discusiones en la Argentina, con más opinantes vocacionales que los que aparecen en los debates futbolísticos sobre la Selección Nacional.

Las visiones son profusamente variadas. Están desde aquellos que defienden un tipo de cambio estable -por no decir casi fijo- hasta quienes se muestran preocupados por la pérdida de competitividad (que cuentan con la inesperada ayuda argumental de Cristina Kirchner, que ya hace meses afirmaba que debería valer $20).

Lo extraño de este momento en particular es que un “termómetro” del atraso cambiario -como lo es el llamado “dólar de convertibilidad”- está marcando m

¿Qué significa este concepto? Es la relación entre el total de dinero que circula en la economía (en pesos), respecto del nivel de reservas del Banco Central (en dólares). Si, por ejemplo, esa relación es 10, significa que cada dólar en manos del BCRA “respalda” esa cantidad de moneda nacional.

El dólar de convertibilidad se constituyó en una referencia a la que ya echaban mano muchos que, en épocas de cepo cambiario, querían mostrar que el precio del billete oficial no reflejaba la realidad.

No sólo era utilizado en el plano teórico. En la city porteña, los inversores lo tomaban en cuenta para decidir el destino de su dinero, pese a que ya pasaron varios años desde que la Argentina abandonara el “uno a uno”.

En un país con desconfianza crónica sobre su moneda, este parámetro teórico les permitía anticiparse a los ajustes cambiarios que luego terminaban ocurriendo en la práctica.

Sobre finales del kirchnerismo en el poder, la “cuentita” daba siempre el mismo resultado: el “dólar de convertibilidad” era más alto que el valor oficial. Esto le daba pie a quienes argumentaban que había que devaluar para recuperar el equilibrio.

En estos días, en cambio, está ocurriendo algo que a primera vista luce insólito: esa referencia se ubica por debajo de la cotización del BCRA.

Concretamente, al hacer el cálculo, arroja un resultado de $15,06, bastante menos respecto de los casi $16 que muestran las pizarras de los bancos.

Si el mismo surge de dividir el dinero circulante por las reservas, el hecho de que haya caído a ese nivel significa o bien que bajó el primero o bien que subieron las segundas.

La realidad indica que ocurrió esto último: los casi u$s51.700 millones ahora en manos del Banco Central marcan el nivel más elevado desde mediados de 2011.

A primera vista aparece un interrogante: si en épocas de cepo el “dólar de convertibilidad” era más alto que el oficial y esto alimentaba las teorías sobre una futura devaluación, ¿significaría entonces que en estos días el dólar no está atrasado?

El “lado b” del indicador

Los analistas consultados por iProfesional advierten que deben ser tenidos en cuenta un par de factores al hacer “la cuentita” pesos versus reservas:

  1. Por el lado de los dólares: la mayor cantidad no es producto de una fuerte entrada por exportaciones de materias primas y productos que la Argentina vende al mundo. Más bien, es consecuencia del fuerte endeudamiento externo
  2. Por el lado de los pesos: el circulante excluye la fuerte emisión de Lebac que (al aumentar el numerador), elevaría considerablemente el valor del “dólar de convertibilidad”

En todo caso, todos los otros indicadores de pérdida de competitividad están a la vista, tal como queda en evidencia en los masivos viajes para comprar en Chile, Paraguay y Uruguay.

Aldo Abram, director de la Fundación Libertad y Progreso, argumenta que el Banco Central tomó deudas que le evitaron emitir más, pero que esos compromisos deben ser considerados: además de Lebac y Nobac, pases y depósitos del Gobierno, entre otros.

Por lo pronto, los analistas insisten que el atraso cambiario sigue estando presente en la economía, y que a la cuenta base monetaria/reservas se le deben sumar otros “ingredientes”.

Por lo pronto, en varios países la cantidad de reservas frente al circulante y sus pasivos no adquiere gran relevancia, pero el denominador común en todos ellos es que sus monedas “mantienen su credibilidad y confianza”, indica Abram, lo que atenúa la importancia de este indicador sobre el tipo de cambio.

Basta recordar que desde 1970 a la fecha, al peso se le sacaron 13 ceros, lo que marca a las claras por qué no es visto como un signo monetario de resguardo y se le exige al BCRA contar con un alto nivel de reservas.

Los expertos consultados coinciden en señalar que luego del cambio de Gobierno han mejorado los indicadores de la entidad respecto a los que exhibía durante la gestión anterior.

“Federico Sturzenegger logró darle una mayor credibilidad al peso. En términos de deuda, pudo mejorar la situación del Central. A fines de 2015, su solvencia estaba destruida e iba a la quiebra. De todos modos, hay que seguir trabajando para disminuir el pasivo”, sostiene el director de la Fundación Libertad y Progreso.

En su visión, para determinar el “dólar de equilibrio o de convertibilidad”, hoy día no sólo influye la base monetaria. Además, otros instrumentos financieros que si bien permitieron bajar la emisión le han sumado compromisos a la entidad.

Para Aldo Pignanelli, expresidente del BCRA, al no existir hoy una convertibilidad, se debe tomar el precio del dólar del 2001, ajustarlo por la inflación local acumulada y descontarle la internacional. Eso marca una referencia cercana a los $20.

Los dólares del BCRA, ¿existen?

El otro punto a debate es si el actual nivel de tenencias del BCRA es sostenible o debe atribuirse sólo a una coyuntura particular y, por lo tanto, con riesgo de ser apenas una fase pasajera.

“En lo que va del año, las reservas subieron unos u$s10.000 millones. De ese total, poco más de u$s7.500 M fueron por incremento de encajes (de depósitos) y u$s2.500 M por compras de dólares al sector público tras las emisiones de deuda”, afirma Amilcar Collante, de Cesur.

Las arcas del Central comenzaron a escalar progresivamente desde que Sturzenegger está al frente del organismo hasta el nivel actual, que ya se ubica muy cerca del máximo alcanzado el 26 de enero de 2011 (u$s52.654 millones).

Cuando Mauricio Macri asumió, a fines de 2015, el BCRA contaba con apenas u$s25.000 millones. Y no eran pocas las voces que daban cuenta de que los billetes físicos no superaban los u$s5.000 millones (es decir, si se descontaban pases, swaps cambiarios y títulos en moneda extranjera del total que se anunciaba a diario).

En aquel entonces, al dividir el circulante (muy alto) por el total de reservas (mucho más bajo que el actual), daba un tipo de cambio “teórico” muy elevado: $21,80.

Hoy día, esta referencia es 30% inferior, más allá de que también haya descendido el precio del billete verde que, ya sin cepo, venden los bancos.

La “nueva” polémica entre analistas es si la gran cantidad de dólares ahora en manos del BCRA es motivo de festejo, ya que buena parte se asocia con endeudamiento y los intereses que el mismo genera.

Algunos de ellos señalan que lo importante es que estos billetes “existen”, contantes y sonantes, de modo tal que pueden utilizarse para afrontar compromisos contraídos en el exterior. Indican, además, que contribuyen a morigerar turbulencias que pudieran darse en los mercados.

“La economía sin reservas generaba un estrés muy grande. Ahora, hay reservas, acceso al financiamiento externo y esto despeja el panorama en el corto plazo”, expresa Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

“Es decir, ante eventualidades hay dólares para actuar y eso brinda tranquilidad a los inversores”, añade.

En la misma sintonía, Rodrigo Álvarez, director de Analytica, sostiene: “La lógica de aumentar reservas es que se cuenta con un colchón más alto para atravesar problemas y cambios inesperados en contextos de turbulencias”.

En tanto, desde la óptica del mercado, existe otra cuestión clave y es que los dólares que ingresan al Banco Central y no van al público tienen otro efecto positivo: regular la oferta de divisas en la calle.

Es decir, le otorga mayor poder de fuego a Sturzenegger para intervenir en el mercado, ya sea comprando o vendiendo para aliviar tensiones cambiarias, según el momento de la economía que se atraviese.

“El hecho de que cuente con esos dólares permite que no anden ‘sueltos’ en la calle y, de esta manera, no propicien una baja en la cotización, lo que complicaría la competitividad”, apunta el economista Federico Muñoz.

El debate, como siempre, lejos está de llegar a su fin. Más bien parece ubicarse en sus cíclicos reinicios, si bien esta vez presenta una característica que lo diferencia de otros momentos de la historia reciente: la “convertibilidad”, como referencia, se inclina por un dólar todavía más barato.

 

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .

Las retenciones a las exportaciones son móviles y ya aumentaron

Por Aldo Abram. Publicado el 15/9/12 en http://www.lanacion.com.ar/1508361-las-retenciones-a-las-exportaciones-son-moviles-y-ya-aumentaron

Los rumores sobre un proyecto oficial para incrementar los impuestos a las exportaciones de soja y otros productos agropecuarios conocidos hace unas semanas hicieron estallar las críticas de la dirigencia rural, recordando la famosa «Resolución 125» sobre retenciones móviles. Parecería que ni los chacareros ni el resto de los exportadores se dieron cuenta que, de hecho, el Gobierno ya aumentó las retenciones a las ventas externas y, además, las generalizó y son móviles.

El «corralito verde» que el Poder Ejecutivo instrumentó desde fines de 2011 no tiene otro fin que permitirle comprar más baratas las divisas extranjeras que necesita. O sea, alguien está recibiendo menos de lo que corresponde por los dólares que trae del exterior. Dado que no debe haber un gran ingreso de capitales, los perjudicados son principalmente los exportadores.

Sin embargo, son todos los productores de bienes que pueden colocarse en el exterior los perjudicados, independientemente de dónde los vendan. Para entenderlo, supongamos que no hubiera impuestos a la exportación, un comprador extranjero le debería pagar al productor el precio internacional. Por lo tanto, si algún argentino quisiera adquirir ese producto, sólo podría hacerlo a ese mismo valor multiplicado por el tipo de cambio.

Ahora supongamos que el gobierno coloca una retención a la exportación de dicho bien. Del exterior su productor recibirá el precio internacional menos lo que se quede el Estado por el nuevo impuesto. Entonces, si aparece un comprador local, sólo le podrá pedir lo que vale en el exterior, menos el comentado impuesto, a lo que cotice el tipo de cambio.

Es decir que los que producen ese bien estarán cediendo al Gobierno el tributo por lo que exporten y, además, por las ventas internas transferirán a los demandantes locales la diferencia entre los precios internos y los internacionales que generó la retención. Como consecuencia de esto, solamente por los tres principales productos del agro (soja, maíz y trigo) en el total que perdieron los productores, desde 2002 a 2011, supera los US$ 51.000 millones y menos de un tercio de ese monto terminó en las arcas oficiales.

Más quitas

Sin embargo, el control de cambios suma una quita más a la que ya venían percibiendo los productores. El Banco Central emite para comprar divisas para el Gobierno y, además, para hacerle transferencias en moneda nacional permitiéndole mantener un gasto público más alto que el sustentable con sus ingresos genuinos. Dado que la gente no demanda semejante oferta de pesos, éstos se desvalorizan, pero el Central no permite que esta baja en su precio se refleje completamente en el tipo de cambio controlado. En definitiva, para eso se ocupó de quitar la competencia de la demanda de la gente y las empresas de su exclusivo «coto de caza» de divisas. Así el exportador recibe un menor valor por la diferencia de lo que verdaderamente valen sus dólares y lo que le paga el Banco Central, lo que se transforma en una quita a sus ventas al exterior (al día de hoy, de no menos del 10% según nuestras estimaciones).

Como ya vimos, el productor de un bien que se puede colocar en el extranjero podrá cobrarle a un comprador local el precio internacional, menos la retención a la exportación que pague dicho producto, multiplicado por el tipo de cambio oficial. Dado que el control de cambios baja artificialmente el valor del dólar, el precio local se verá reducido en dicha medida, lo que se transforma en una transferencia adicional de sus ingresos que va directo al bolsillo de los demandantes internos. Cuanto más emita el Banco Central para financiar al Gobierno y menos reconozca la consecuente desvalorización del peso en el tipo de cambio oficial mayor será la quita que le estará haciendo a sus exportaciones y la transferencia de ingresos que le obligará a realizar a los compradores locales. Por lo tanto, ya está vigente una nueva «Resolución 125» de retenciones móviles, que no discrimina entre sectores agropecuarios y/o industriales.

Por último, la creciente depreciación del peso se reflejará plenamente en la inflación, es decir en los costos de producción, pero no en el tipo de cambio controlado, aunque sí en el paralelo. Si los productores se quejaban por la merma de competitividad cuando el mercado libre reconocía la pérdida de valor relativa de la moneda local respecto de la extranjera, dejo que el lector deduzca lo que se pude esperar a partir de ahora que no lo hará.

Aldo Abram es Lic. en Economía y director del Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados de Argentina (Ciima-Eseade) .