Liberales versus libertarios

Por Adrián Ravier.  Publicado el 19/1/18 en: https://www.infobae.com/opinion/2018/01/19/liberales-versus-libertarios/

 

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado

El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo, en reducir la pobreza y resolver otros males como la inflación o el estancamiento económico, no solo ha llevado a Maurico Macri a la Presidencia, sino que además ha dado lugar a nuevas posiciones de filosofía política y económica que contribuyen hoy al debate público.

Liberales y libertarios, que tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben una renovada atención, pero no queda claro para la mayoría de los televidentes y los lectores qué diferencia a estas posiciones.

La confusión proviene de una deformación que en Estados Unidos se le ha dado al término “liberal” frente al que utilizamos en América Latina. “Liberal” en Estados Unidos es, por ejemplo, John Rawls, un intelectual cuya obra se utiliza frecuentemente como fundamento de la redistribución del ingreso. Un liberal en América Latina defiende más bien la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, por lo que se opone en general a la obra de John Rawls y a los distintos fundamentos que sugieren quitar a unos lo que le pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.

Es por ello que en Estados Unidos han creado un nuevo término para denominar a lo que nosotros entendemos como liberal, y es el término libertarian o, en español, ‘libertario’.

El libertario incluiría en Estados Unidos a quienes defienden los cuatro principios recién mencionados, aunque habría una calurosa y abierta disputa respecto del último término, esto es, el gobierno limitado. Los libertarios norteamericanos se podrían dividir entre los libertarios minarquistas, que consideran útil y necesario al gobierno, aunque en funciones limitadas, y los libertarios anarco-capitalistas de propiedad privada, que piensan que es innecesario contar con el ente gubernamental no solo en materia de educación, salud, infraestructura y pensiones, sino también en cuanto a dinero, seguridad y justicia.

La escuela austriaca fundada en 1871 y consolidada en los años 1920 es quizás la más representativa del movimiento libertario, pero no es hasta los años 1970 que surge puertas adentro una línea anarquista que subdivide a su tradición de pensamiento. Es importante notar que los principales pensadores de la tradición como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek defendieron una posición liberal o libertaria minarquista, mientras que Murray Rothbard defendió una posición libertaria anarquista.

Es curioso también notar que el Ludwig von Mises Institute, con base en Auburn, Alabama y que fuera creado por el mismo Rothbard junto a Lew Rockwell, le ha dado a esta tradición de pensamiento austriaca una mirada más anarquista de la que el propio Mises defendió a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado.

El debate filosófico que plantea el anarco-capitalismo o anarquismo de propiedad privada es sumamente interesante para los ámbitos académicos, pero distraen y confunden a la opinión pública cuando se plantean ideas extremas en ausencia de un adecuado contexto para estas propuestas. El resultado es un lógico y total rechazo a estas ideas.

Que hoy aparezcan libertarios radicales afirmando que el impuesto es un robo o que todos los políticos son delincuentes contribuye poco, me parece, a los problemas urgentes que debemos resolver.

El liberal o libertario minarquista hace un llamado mucho más oportuno y relevante para la Argentina de hoy, que es, sin ánimo de ser exhaustivo, insistir en terminar con los controles de precios, dejar de monetizar el déficit público, no abusar del endeudamiento, reducir todo lo posible el gasto público o al menos congelar el número de empleados públicos, abrir la economía e integrarla al mundo, respetar la división de poderes y fortalecer las instituciones.

Un ejemplo puede mostrar la diferencia. El liberal sabe que la Argentina tiene que plantearse, como la mayoría de los países del mundo, un nuevo debate acerca del sistema de pensiones, modificar el sistema de reparto. Sin embargo, dado un déficit fiscal consolidado en torno al 8% del PBI, no es oportuno plantear la discusión, porque no hay forma de financiar la transición. Recordemos que cuando Chile planteó la privatización del sistema, acumuló muchos años de superávit fiscal del 5% para garantizar los medios necesarios para que los jubilados y los pensionados del momento pudieran contar con ingresos acordes con los aportes de las décadas anteriores. El mismo menemismo, y en esto tiene responsabilidad Domingo Cavallo, debería comprender que el fracaso de la convertibilidad es en gran parte un problema fiscal que proviene especialmente de no haber pensado una transición para la privatización del sistema de pensiones. De haber continuado con el sistema de reparto, el gobierno no habría tenido déficit fiscal, lo cual hubiera reducido las necesidades de financiamiento externo, con intereses de deuda muchos más bajos, y la situación del país habría sido mucho más sólida para afrontar los shocks externos que fueron el tequila de México en 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 o la devaluación de Brasil en 1999. Está claro que el 2001 se pudo haber evitado.

Los libertarios hoy tenemos que plantear un debate inteligente. Hay un espacio para los debates puros que están en el aula, en los congresos académicos y en las revistas especializadas, pero hay otro debate que es el de los medios de comunicación, donde la preocupación está puesta en otros problemas más urgentes. Si Argentina tiene éxito en normalizar su situación institucional y macroeconómica, asemejándose a la situación de países vecinos que integran la Alianza del Pacífico, entonces seguramente surgirán nuevos espacios para discutir otros problemas que hoy lamentablemente están presentes, pero lejanos en la atención que se le puede dar.

Como cierre, me parece que el libertario debe insistir en que el gradualismo está justificado, en la medida en que lo caractericemos como reformismo permanente, pero el problema es que Cambiemos en muchas áreas ha transformado el gradualismo en inacción.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE. Es profesor de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Pensiones: dinero por nada:

Desde El Salvador Por Alejandro Alle. Publicado el 2/4/2012 en http://www.elsalvador.com/mwedh/nota/nota_opinion.asp?idCat=50839&idArt=6782606

La espera terminó. Era cuestión de tiempo. Y ahora ya es ley: el Estado podrá obligar a las AFP a invertir el 50% de los US$ 6,200 millones que administran, en títulos que rinden apenas el 1.50% de interés anual.

En efecto, ese es el bajísimo retorno que pagan los Certificados de Inversión Previsional (CIP). En dichos certificados, cabe destacar, los trabajadores ya tienen invertidos el 30% de sus ahorros previsionales. Por la fuerza.

En el futuro será peor: el 50%. Para curarlos de una golpiza les recetaron un palo en la cabeza.

Obligados en muchos casos a pagar tasas altas cuando se endeudan por no tener suficientes garantías, el Estado los “compensa” obligándolos a ahorrar a tasas negativas. Porque ni siquiera cubren la inflación. El Leviatán exige dinero por nada. O por menos que nada.

Cabe recordar, porque se olvida…, que los trabajadores son los legítimos dueños de ese dinero, que les fue descontado de sus remuneraciones.

Es lamentable que quienes dicen ser de izquierda aprueben una legislación que obliga a los asalariados, en su mayoría débiles económicamente, a contribuir de manera desproporcionadamente alta con la deuda previsional. Y después hablan de justicia social.

La deuda previsional la contrajo Estado con los actuales pensionados. En consecuencia, su carga debería ser distribuida proporcionalmente, en términos tributarios, en toda la sociedad. Y no exigiéndole a los trabajadores que la paguen ellos, a costa de sus futuras pensiones. Como un impuesto específico al trabajo. Y después hablan de socialismo.

Cuando las autoridades respondieron al cuestionamiento de la ANEP, indicando “No tomaremos ese dinero para despilfarrarlo, sino para pagar pensiones”, seguramente estaban diciendo la verdad.

El problema es que ANEP ingenuamente mezcló las discusiones: la calidad del gasto (despilfarro vs. austeridad) siempre será un tema fundamental, pero no era el punto de esta cuestión. Lo era la fuente de los ingresos que pagarán la obligación previsional: la Asamblea decidió que será con préstamos subsidiados por los trabajadores. Injusticia social.

El costo de la obligación previsional que el Estado tiene con los actuales pensionados fue de US$ 405.7 millones en 2011. Cifra importante para las finanzas de El Salvador, pues representa casi un 10% de los gastos corrientes.

Sin embargo, es sustancialmente menor que los US$ 674.9 millones desembolsados en 2011 en transferencias corrientes (subsidios, mayormente desenfocados). Sobra grasa en dicho rubro, que en 2011 aumentó US$ 149.5 millones con respecto al año anterior.

Los que dicen ser de derecha tampoco son inocentes en este problema: los CIP se aprobaron bajo su mandato, y la referencia entonces adoptada (Libor más un premio muy bajo) fue arbitraria, teniendo en cuenta que el deudor sería el Estado. Que hoy no puede tomar deuda en el mercado pagando menos del 8%.

En verdad, la referencia no sólo fue arbitraria, sino también equivocada: prueba de ello es el actual desfase de 6.50% entre lo que el Estado le paga a los trabajadores y lo que le paga a otros inversionistas. Dicha coacción del Estado no es culpa del mercado, ni del capitalismo. Es culpa del intervencionismo estatal.

Lejos de corregir el problema…, que ya obligaba a los trabajadores a subsidiar US$ 120.9 millones anuales (US$ 6,200 millones x 30% x 6.50%), la “solución” fue obligarlos a que lo subsidien en US$ 201.5 millones anuales (US$ 6,200 millones x 50% x 6.50%).

El filósofo inglés Thomas Hobbes justificó en su obra “Leviatán” (1651) que para evitar que “el hombre fuese lobo del hombre” debía regir el autoritarismo, donde “no es la verdad sino la autoridad lo que hace la ley”.

Los políticos criollos de nuestros barrios probablemente nada sepan de Hobbes. Aunque lo siguen al pie de la letra. Son autoritarios prácticos. De machete en mano. Sean de izquierda o de derecha.

Es un clásico latinoamericano, donde “el Estado es el lobo del hombre”. Por eso somos subdesarrollados. Y por eso la gente es pobre.

Hasta la próxima.

Alejandro Alle es Ingeniero. Máster en Economía (ESEADE, Buenos Aires). Columnista de El Diario de Hoy.