Luces y sombras antes de la Cumbre de las Américas de Lima

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 30/3/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2121416-luces-y-sombras-antes-de-la-cumbre-de-las-americas-de-lima

 

El 13 y 14 de abril próximos se realizará la VIII Cumbre de las Américas,en la ciudad de Lima, en Perú. Será la continuadora de la primera de esas reuniones, convocada por el presidente Bill Clinton, en Miami, en 1994.

En esta oportunidad, dos de los mandatarios de la región están anticipadamente concentrando la atención. El primero es el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. Originalmente invitado por los dueños de casa, Maduro fue luego desinvitado, lo que es por lo menos extraño, aunque hayan existido buenas razones para el cambio de actitud peruano. Hoy, es obvio, Nicolás Maduro es un dictador autoritario y Venezuela ha dejado de funcionar como una democracia. Es, como Cuba, un país totalitario.

Maduro contestó que no iba a dejar de asistir a la reunión, evidenciando el estilo patotero de los bolivarianos y trayendo a la memoria un episodio similar que tuviera lugar en la Argentina y fuera protagonizado por la también poco educada Delcy Rodríguez. Si tenemos en cuenta que Nicolás Maduro decidió no concurrir al cambio de mando reciente en Chile, en virtud del cual Sebastián Piñera volviera a la presidencia del país transandino, parece posible que Maduro, pese a sus ladridos, decida finalmente no aparecer en Lima. Sería probablemente lo más sensato, porque una cosa es estar aislado y otra, muy distinta, es hacer un papelón, provocando un incidente.

No es imposible que la reunión «Cumbre» de Lima fracase, como ha sucedido en algunas de las últimas reuniones de ese tipo donde no se alcanzaron los consensos esperados. Tampoco sería sorprendente que Trump llegara a un país perturbado políticamente como consecuencia de la renuncia de su ahora expresidente Pedro Pablo Kuczynski. A un país todavía nervioso, entonces.

A Trump parecería no resultarle fácil el diálogo con los latinoamericanos. Un llamado telefónico reciente entre el presidente Trump y su vecino, el presidente de México,Enrique Peña Nieto, terminó siendo un desastre.

Uno de los países más importantes de la región, Brasil, es uno de los más afectados por las medidas arancelarias de carácter proteccionista recientemente dispuestas por el presidente Trump, y no es imposible que la región toda pida al presidente norteamericano evitar las consecuencias de una «guerra comercial» derivada de las medidas arancelarias recientemente dispuestas por Trump.

En otro andarivel, Donald Trump deberá presumiblemente estrechar la mano de Raúl Castro, el presidente de Cuba, que también podría concurrir a Lima. Ese momento también podría ser complejo, atento a que Donald Trump no mantuvo la política de distensión hacia Cuba puesta en marcha por su predecesor, Barack Obama.

Por todo lo antedicho hay quienes sostienen que para Donald Trump la mejor actitud sería probablemente la de permanecer en un marco de discreción y así evitar eventuales rispideces. Es difícil imaginar a un Donald Trump asumiendo ese papel. Parece demasiado arrogante para elegir y asumir esa conducta. Sin embargo, sería mejor para Trump escuchar, que pontificar. Convocar, que desunir. Acercar, en lugar de alejar o dividir. Ojalá lo entiendan él y su nuevo Secretario de Estado, Mike Pompeo, que hará su debut multilateral en la región en la «Cumbre» de Lima.

La prudencia aconseja a Donald Trump evitar la retórica agresiva y dejar que, en las cuestiones más delicadas, como es la que tiene que ver con Venezuela, sean los países del llamado «Grupo de Lima» los que lleven la voz cantante. Después de todo, son ellos quienes tienen la actitud más clara de condena respecto del régimen autoritario que gobierna Venezuela.

Esto es posible, sin perjuicio de mantener su actitud dura respecto de aquellos regímenes que -por autoritarios- Donald Trump repudia.

No sería entonces sorpresivo que nuestro presidente, Mauricio Macri, vuelva a puntualizar, con razón, que la Venezuela de nuestros días ha dejado de ser una democracia y está muy lejos de poder ser tenida como un país que respeta los derechos humanos y las libertades civiles y políticas de sus ciudadanos. Para Trump sería probablemente un error volver a sugerir que su gobierno no descarta una «intervención militar» en Venezuela. La región no lo acompañaría y la alternativa luce, por lo demás, como una grave equivocación.

La «Cumbre» de Lima -a estar a su convocatoria- analizará el impacto de la corrupción en la gobernabilidad de los países de nuestra región. El efecto nocivo de las cleptocracias, entonces. Sobre esto los Estados Unidos tienen mucho que ofrecer, particularmente en materia de información e investigaciones. Y también alguna experiencia ganada en América Latina, como es el caso de los esfuerzos que realiza con Guatemala para desterrar la impunidad.

Como no es imposible que Donald Trump sufra provocaciones, es importante que, ante ese riesgo, lo tenga en cuenta y elija mantenerse siempre en el plano de la serenidad. Recordando aquello de que escuchar con humildad no es perder el tiempo. Particularmente cuando se trata de temas que quizás no se comprenden en toda su extensión y profundidad.

Queda visto que la «Cumbre» de Lima puede resultar compleja. Si Donald Trump decide instalarse en el centro del escenario, desatando desde allí su conocida retórica podría generar tormentas. Sería mejor que -en cambio- intentara generar confianza, poniéndose a disposición de aquellos gobiernos de la región hoy empeñados en una lucha frontal contra la corrupción que, por décadas, ha sido desgraciadamente endémica en América latina.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

La luna de miel de «PPK» con los peruanos

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 29/9/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1942373-la-luna-de-miel-de-ppk-con-los-peruanos

 

El 62% de los peruanos aprueba la labor del nuevo gobierno de su país. Aquel que encabeza Pedro Pablo Kuczynski (PPK), cuya popularidad personal -cabe apuntar- es aún más alta, desde que asciende al 63% de los encuestados. Lo que se complementa con que un 52% de los entrevistados manifiesta sentirse «cercano» a PPK. En contrapartida, apenas un 17% de los peruanos desaprueba su gestión. Esas son las cifras que arroja una encuesta reciente de «El Comercio-Ipsos». El entusiasmo inicial con las nuevas gestiones de gobierno es característico del Perú de los últimos tiempos. También lo es una actitud muy crítica al cierre de las mismas.

Las principales razones para aplaudir a PPK incluyen, según la gente, a: «sus buenas ideas»; «su trabajo en pro de mejorar la economía»; «su experiencia»; «su capacidad personal»; su ímpetu por «mejorar la educación y la seguridad ciudadana»; su perfil innovador»; y su «honestidad personal». No es poco.

Curiosamente, un 83% de los encuestados expresa, además, su satisfacción personal por el reciente primer viaje al exterior -de cuatro días- de PPK a China en busca de inversiones que apunten a la obra pública y a la actividad minera peruana. La relación con China es consecuencia de quienes -en la década de los 90- reorganizaron la economía peruana que entonces miraba a los Estados Unidos, de modo que apuntase, más bien, hacia Asia.

En China, PPK se reunió con los tres hombres más importantes del Partido Comunista chino. Me refiero al presidente Xi Jing-ping; al primer ministro, Li Keqiang; y al presidente de la Asamblea Popular Nacional, Zhang Dejiang. A lo largo de su visita, PPK destacó que llegaba en busca de inversores y no de crédito. A la manera de respaldo implícito, en esos mismos momentos una enorme empresa constructora china confirmó su decisión de ir adelante con la construcción de la represa y central hidroeléctrica de San Gabán III. Y una petrolera de ese país (CNTC) anunció el descubrimiento de importantes reservas de gas en uno de los lotes peruanos en los que opera.

PPK fue extremadamente claro en definir cuáles son, puntualmente, las prioridades de su gobierno en materia de obra pública: los servicios básicos y sociales, como la educación, el agua potable y la salud. También mejorar la situación del agro (donde se concentra buena parte de la pobreza peruana) y la de Lima, una urbe en donde hoy viven unos 20 millones de personas, con carencias que atender.

PPK ve a China como su aliado natural para la revolución social que propone: la de la modernización. Porque sabe bien que la mejora social china se materializó con una prolongada revolución en su infraestructura. Construyendo ciudades modernas, con todos los servicios, y equipándolas además con tecnologías capaces de edificar seguridad personal en sus distintos rincones.

El apoyo que hoy genera PPK se compara naturalmente con la baja aprobación que simultáneamente reciben sus adversarios políticos. Keiko Fujimori -que lidera a la llamada Fuerza Popular (hoy el partido político más organizado y con mayor capacidad de movilización del Perú)- sólo recoge un 41% de aprobaciones. A su vez, Verónika Mendoza, la esperanza de la izquierda marxista peruana, recibe un escuálido 32% de endosos. Menos de un tercio de sus propios partidarios, queda visto, están conformes con su liderazgo.

Como Mauricio Macri, PPK no tiene mayoría en el Congreso de su país, donde Fuerza Popular es la agrupación dominante. Por ello, puesto que entre ambos espacios políticos existen más coincidencias que disidencias en los principales temas sustantivos, si PPK lograra generar un clima de cooperación genuina con el espacio de Keiko Fujimori, su gestión se facilitaría enormemente. Keiko Fujimori, por su parte, debe advertir que el fracaso de la gestión de PPK no la beneficiaría a ella, sino a la izquierda.

Las primeras señales son alentadoras. Tan es así, que el propio PPK acaba de señalar, sin rodeos: «Fuerza popular ha hecho cosas positivas para nosotros».

Lo cierto es que Perú -que lleva más de una década de constante crecimiento, apostando a la apertura económica y a la economía de mercado- mantendrá el rumbo exitoso y hasta apunta a acelerar su modernización si PPK y Fuerza Popular construyen -y son capaces de operar- los acuerdos necesarios para poner en marcha la mejora urgente que su roída infraestructura física está requiriendo, visiblemente.

Visto desde afuera, Perú parece -como alguno acaba de señalar- una suerte de propicio «reino de la moderación». Sin mayores discursos destemplados, ni confrontaciones inútiles, ni posturas cerradas e inflexibles.

Lo que socialmente urge ahora es garantizar la seguridad; desterrar la corrupción y construir un Estado eficaz. Y la enorme mayoría de los peruanos parece entenderlo.

Esos son, precisamente, tres objetivos centrales en los que la perversa fantasía bolivariana ha fracasado rotundamente. Venezuela es -por cierto- la experiencia testigo. Ha sido destruida por el fanatismo miope de Hugo Chávez y la increíble ineptitud de la gestión de Nicolás Maduro. Es el país más inseguro de nuestra región; el más corrupto; y el que exhibe mayor incompetencia y falta de realismo en su administración. Las recientes experiencias políticas lamentables de la Argentina y Brasil, así como las realidades de Bolivia, Ecuador y, peor, la de una Nicaragua transformada en un feudo de la familia Ortega, parecen confirmar cuan rápido los gobiernos de la izquierda bolivariana se enlodan en el pantano de corrupción que ellos mismos generan. Quizás porque la corrupción está en su ADN.

Perú parece exhibir decisión, optimismo y proyectar la cuota de paciencia necesaria para -manteniendo el rumbo que ha probado ser exitoso- construir un diálogo inclusivo que genere consensos amplios. Donde los éxitos y los resultados puedan ser compartidos.

Dos de sus regiones, por rezagadas, requieren una atención especial: Puno y Cuzco. Con razón se las ha calificado de «laboratorios de gobernabilidad». PPK es plenamente consciente de esta urgencia.

Los primeros cien días de la gestión del nuevo gobierno han sido auspiciosos. La coexistencia de las fuerzas que apoyan a PPK con el «fujimorismo» ha resultado pacífica. Casi sin escaramuzas. El perfil tecnocrático y la personalidad afable de PPK han ayudado. Mucho. La actitud no revanchista de Fuerza Popular, también lo ha hecho. Lo que, entre otras cosas, ha posibilitado que el nuevo jefe de la autoridad impositiva, la llamada SUNAT, Carlos Bruce, cuya capacidad y experiencia son notorias, provenga del «fujimorismo».

En el comienzo de una nueva etapa en su tránsito hacia el futuro, Perú vive un «clima» casi impecable. Todo parece seguir en su curso normal. Por ejemplo, Perú acaba de lanzar, sin estridencias, su primer satélite al espacio. El más moderno de la región. Servirá para garantizar la seguridad nacional, controlar mejor las actividades mineras no autorizadas y combatir la tala ilegal de los bosques tropicales. En otro andarivel, casi sin ser advertida, la acción de una empresa minera peruana, Hochschild Mining (que también opera en nuestro país), se convirtió de pronto en la acción más rentable del mundo. En sólo un año, se valorizó un 432%, según Bloomberg, en otro éxito que exhibe los colores del Perú.

Otra encuesta reciente (en este caso, una de la revista «Semana Económica») consagra a PPK (86%) y a Keiko Fujimori (82%) como las dos personas del mundo político con más poder real en el Perú actual. Es obvio que de ellas dos depende ahora, precisamente, la posibilidad de edificar los consensos programáticos y esquemas de cooperación que permitan conducir una etapa decisiva, no sólo para poder seguir creciendo saludablemente, sino para consolidar rápidamente a su país como una nación cada vez más moderna y con menos pobreza.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

El Perú a salvo

Por Mario Vargas Llosa. Publicado el 11/6/16 en: http://elpais.com/elpais/2016/06/10/opinion/1465563628_557697.html?id_externo_rsoc=TW_CC

 

El país sudamericano ha estado a punto de caer en las mismas manos que han protagonizado una de las páginas más negras de su historia

La ajustada victoria de Pedro Pablo Kuczynski en las elecciones presidenciales del 5 de junio ha salvado al Perú de una catástrofe: el retorno al poder de la mafia fujimorista que, en los años de la dictadura de Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos, robó, torturó y asesinó con una ferocidad sin precedentes y, probablemente, la instalación del primer narcoEstado en América Latina.

Perú

La victoria de Keiko Fujimori parecía irremediable hace unas pocas semanas, cuando se descubrió que el secretario general y millonario financista de su campaña y su partido, Fuerza Popular, Joaquín Ramírez, estaba siendo investigado por la DEA por lavado de activos; se recordó entonces que la policía había descubierto un alijo de unos cien kilos de cocaína en un depósito de una empresa de Kenji, hermano de Keiko y con pretensiones a sucederla. El fujimorismo, asustado, intentó una operación sucia; el dirigente de Fuerza Popular y candidato a una vicepresidencia, José Chlimper, filtró a un canal de televisión cercano al fujimorismo una grabación manipulada para desinflar el escándalo; el ser descubierto, lo multiplicó. Muchos presuntos votantes de Keiko, que ingenuamente se habían tragado su propaganda de que sacando el Ejército a las calles a combatir a los delincuentes y restableciendo la pena de muerte habría seguridad en el Perú, cambiaron su voto.

Pero, el hecho decisivo, para rectificar la tendencia y asegurarle a Kuczynski la victoria, fue la decisión de Verónika Mendoza, la líder de la coalición de izquierda del Frente Amplio, de anunciar que votaría por aquél y de pedir a sus partidarios que la imitaran. Hay que decirlo de manera inequívoca: la izquierda, actuando de esta manera responsable —algo con escasos precedentes en la historia reciente del Perú—, salvó la democracia y ha asegurado la continuación de una política que, desde la caída de la dictadura en el año 2000, ha traído al país un notable progreso económico y el fortalecimiento gradual de las instituciones y costumbres democráticas.

El nuevo Gobierno no va a tener la vida fácil con un Parlamento en el que el fujimorismo controla la mayoría de los escaños; pero Kuczynski es un hombre flexible y un buen negociador, capaz de encontrar aliados entre los adversarios para las buenas leyes y reformas de que consta su programa de gobierno. Hay que señalar, por otra parte, que, al igual que Mauricio Macri en Argentina, cuenta con un equipo de colaboradores de primer nivel, en el que figuran técnicos y profesionales destacados que hasta ahora se habían resistido a hacer política y que lo han hecho sólo para impedir que el Perú se hundiera una vez más en el despotismo político y la ruina económica. De otro lado, es seguro que su prestigio internacional en el mundo financiero seguirá atrayendo las inversiones que, desde hace dieciséis años, han venido apuntalando la economía peruana, la que, recordemos, es una de las que ha crecido más rápido en toda la región.

La victoria de Kuczynski en el Perú es otro pasito que da América Latina en la buena dirección

¿Qué ocurrirá ahora con el fujimorismo? ¿Seguirá subsistiendo como siniestro emblema de la tradición incivil de las dictaduras terroristas y cleptómanas que ensombrece el pasado peruano? Mi esperanza es que esta nueva derrota inicie el mismo proceso de descomposición en el que fueron desapareciendo todas las coletas políticas que han dejado las dictaduras: el sanchecerrismo, el odriísmo, el velasquismo. Todas ellas fueron artificiales supervivencias de los regímenes autoritarios, que poco a poco, se extinguieron sin pena ni gloria. El fujimorismo ha tenido una vida más larga sólo porque contaba con los recursos gigantescos que obtuvo del saqueo vertiginoso de los fondos públicos, de los que Fujimori y Montesinos disponían a su antojo. Ellos le permitieron, en esta campaña, empapelar con propaganda el Perú de arriba abajo, y repartir baratijas y hasta dinero en las regiones más empobrecidas. Pero no se trata de un partido que tenga ideas, ni programas, sólo unas credenciales golpistas y delictuosas, es decir, la negación misma del Perú digno, justo, próspero y moderno que, en estas elecciones, se ha impuesto poco menos que de milagro a un retroceso a la barbarie.

La victoria de Pedro Pablo Kuczynski trasciende las fronteras peruanas; se inscribe también en el contexto latinoamericano como un nuevo paso contra el populismo y de regeneración de la democracia, del que son jalones el voto boliviano en contra de los intentos reeleccionistas de Evo Morales, la derrota del peronismo en Argentina, la destitución de Dilma Rousseff y el desplome del mito de Lula en Brasil, la aplastante victoria de la oposición a Maduro en las elecciones parlamentarias en Venezuela y el ejemplo de un régimen como el de Uruguay, donde una izquierda de origen muy radical en el poder no sólo garantiza el funcionamiento de la democracia sino practica una política económica moderna, de economía de mercado, que no es incompatible con un avanzado empeño social. Quizás cabría señalar también el caso mexicano, donde las recientes elecciones parciales han desmentido las predicciones de que el líder populista Andrés Manuel López Obrador y su partido serían poco menos que plebiscitados; en verdad el ganador de los comicios ha sido el Partido Acción Nacional, con lo que el futuro democrático de México no parece amenazado.

El fujimorismo contaba con los recursos que obtuvo del saqueo de los fondos públicos

¿Es ingenuo ver en todos estos hechos recientes una tendencia que parece extenderse por América Latina a favor de la legalidad, la libertad, la coexistencia pacífica y un rechazo de la demagogia, el populismo irresponsable y las utopías colectivistas y estatistas? Como la historia no está escrita, siempre puede haber marcha atrás. Pero creo que, haciendo las sumas y las restas, hay razones para ser optimistas en América Latina. Estamos lejos del ideal, por supuesto; pero estamos muchísimo mejor que hace veinte años, cuando la democracia parecía encogerse por todas partes y el llamado “socialismo del siglo XXI” del comandante Chávez seducía a tantos incautos. ¿Qué queda de él, ahora? Una Venezuela en ruinas, donde la mayoría de la gente se muere de hambre, de falta de medicinas, de inseguridad callejera, y donde una pequeña pandilla encaramada en el poder da golpes de ciego a diestra y siniestra, cada vez más aislada, ante un pueblo que ha despertado de la seducción populista y revolucionaria y sólo aspira ahora a recobrar la libertad y la legalidad.

Acabo de pasar unas semanas en la República Dominicana, Chile, Argentina y Brasil y vengo a Europa mucho más animado. Los problemas latinoamericanos siguen siendo enormes, pero los progresos son también inmensos. En todos esos países la democracia funciona y las crisis que padecen no la ponen en peligro; por el contrario, y pienso sobre todo en Brasil, creo que tienden a regenerarla, a limpiarla de la corrupción, a permitirle que funcione de verdad. En ese sentido, la victoria de Pedro Pablo Kuczynski en el Perú es otro pasito que da América Latina en la buena dirección.

 

Mario Vargas Llosa es Premio Nobel de Literatura y Doctor Honoris Causa de ESEADE.

Keiko Fujimori es la favorita en las elecciones de Perú

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 2/6/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1904944-keiko-fujimori-es-la-favorita-en-las-elecciones-de-peru

 

El próximo domingo los peruanos volverán a las urnas. Lo harán para votar en la segunda vuelta de sus elecciones presidenciales nacionales.

La paridad o empate técnico entre los dos contendores que las encuestas sugirieron desde un primer momento parece, sin embargo, haberse roto al tiempo de culminar la campaña y silenciarse los debates. Los números sugieren ahora que Keiko Fujimori podría ser la ganadora y que Pedro Pablo Kuczynski terminaría siendo derrotado. Con una diferencia del orden de unos cinco o seis puntos, a favor de la primera.

Pero, cuidado, en las elecciones peruanas la última semana, la anterior al día en que se debe votar, ha deparado algunas veces verdaderas sorpresas. Sin ir más lejos, en la última semana de las elecciones del año 2011, la propia Keiko Fujimori aventajaba al presidente Ollanta Humala por casi dos puntos y, sin embargo, terminó siendo derrotada.

Nadie puede entonces pretender todavía ser ni ganador, ni imbatible. La recta final es difícil. Y lo cierto es que todavía hay un 5% de votantes que manifiesta ser indecisos, sumado a un curioso 12% que asegura que votará en blanco, o que hará anular su voto.

Dieciséis años después de que Alberto Fujimori -envuelto en escándalos de corrupción y acusaciones de haber violado los derechos humanos de algunos de sus connacionales- renunciara a la presidencia de su país (por fax, desde Japón) su tenaz hija, a los 41 años, puede de pronto transformarse en la primera mujer que conduzca al ascendente Perú.

Cuando culmina la pulseada entre ella y su rival, el economista Pedro Pablo Kuczynski, de 77 años, la empeñosa Keiko Fujimori está más cerca de triunfar que nunca hasta ahora, redimiendo de algún modo a su padre. Así lo cree el 55% de los peruanos.

Como ha comenzado ya la «veda» de encuestas, los hechos de la última semana -a la que por ello se califica de «ciega»- y su impacto en la contienda electoral peruana no podrán ser, en más, «medidos» con cifras y deberán ser evaluados e interpretados por cada uno de los votantes.

Seamos algo más específicos en cuanto a la conformación de la actual perspectiva de los votos. Keiko Fujimori llega a la segunda vuelta liderando claramente en el norte de su país. En Lima, en cambio, está «cabeza a cabeza» con Pedro Pablo Kuczynski. Pero pierde feo en el sur andino, donde las preferencias están aparentemente del lado de su rival.

En el «interior urbano» de Perú, las encuestas sugieren que Pedro Pablo Kuczynski estaría al frente. En el «interior rural», las cosas lucen a su vez a favor de Keiko Fujimori. En las franjas poblacionales de mayores ingresos, Keiko está claramente algo atrás y en las de menores ingresos, se ubica, en cambio, al frente.

La campaña de Pedro Pablo Kuczynski ha sido realmente pobre. Llena de errores. Y hasta de alguna impensada, pero dañina y poco feliz, expresión personal contra Keiko que, por lindar con la arrogancia y hasta con el insulto injustificado, lo perjudicó. Admitamos que no es nada fácil para un hombre de centro tratar de «atraer» a la izquierda, sin preocupar o hasta espantar a sus verdaderos correligionarios. Es un equilibrio realmente difícil.

Lo cierto es que el llamado «fujimorismo» que, al decir de Francisco Miró Quesada Rada, es mucho más una forma de hacer política, que una ideología (lo que podría también decirse del peronismo) porque mezcla caudillismo con populismo, clientelismo, y hasta con una tendencia al abuso de poder, parece estar más cerca de alzarse con el triunfo que su rival.

Pragmático, el «fujimorismo» busca y privilegia los resultados. Obtiene así apoyos inesperados, como el del cardenal arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, o el de los grupos evangélicos. Y ahuyenta sensiblemente tanto a los votantes izquierdistas, como a los liberales, para los que es anatema.

En su activo, el «fujimorismo» tiene la derrota de Sendero Luminoso; la reinserción de Perú en el mundo; el haber ordenado la economía que había sido ferozmente demolida por la izquierda militar, en los 80; y el logro de la paz con Ecuador. No es poco.

En su pasivo: un pasado autoritario y violaciones a los derechos humanos. Lo que es grave. A lo que cabe agregar la existencia del vacío producido, también en Perú, por el colapso de los partidos políticos tradicionales y la consiguiente posibilidad de poder aprovechar el espacio «vacío». Por todo eso, el «fujimorismo» enciende las pasiones; a diferencia de Pedro Pablo Kuczynski, que no lo hace.

Keiko Fujimori es más bien amable, pero no parece ser demasiado carismática. Luce como una trabajadora incansable y disciplinada. Tenaz, sabe escuchar y parece capaz de aprender y, más aún, de adaptarse.

Si ella triunfa, lo sustancial del modelo económico abierto y de mercado que ha hecho crecer al Perú debería mantenerse sin mayores cambios, sin que ninguna modificación abrupta del rumbo general provoque convulsiones. Lo mismo puede ciertamente decirse de su rival ocasional. Pero en el caso particular de Keiko Fujimori habrá que estar vigilantes en el capítulo del buen funcionamiento de las instituciones centrales de la democracia, para que ellas no sean manipuladas, como en el pasado. Y también en el de las libertades civiles y políticas individuales, que fueran en su momento severamente conculcadas durante la gestión de su padre. Esto pese a que Keiko no deja de decir que ha aprendido las lecciones que en esos tan delicados temas le llegan desde el pasado. Y es posible que así sea.

Al margen del proceso electoral en curso, Perú sigue produciendo, en el plano económico, números que generan envidia: la inflación del mes de mayo fue del 0,21% y la tasa de inflación anualizada bajó al 3,54%, muy cerca del rango con el que procura operar el Banco Central de Reserva. El «modelo», funciona.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

Elecciones presidenciales en Perú

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 5/4/16 en: http://www.lanacion.com.ar/1886288-elecciones-presidenciales-en-peru

 

El próximo domingo 10 de abril habrá nuevamente elecciones presidenciales en Perú. Para reemplazar, en este caso, a Ollanta Humala, quien culmina su mandato sin pena ni gloria. Nos referimos a la primera vuelta electoral, claro está. Cuando ya el 58% de los más de 22 millones de peruanos que están habilitados para votar dice haber decidió la forma en que lo hará.

La incansable candidata de «Fuerza Popular», Keiko Fujimori, ha liderado cómodamente las intenciones de voto todo a lo largo de la extensa campaña y llega al final de su esfuerzo con un notable 37% de las preferencias. Su pase a la segunda vuelta parece entonces estar casi asegurado. Más de un tercio de los peruanos la apoyan abiertamente.

La siguen, el economista de centro Pedro Pablo Kuczynski con 15,5% de las intenciones y Verónika Mendoza, la candidata que, desde la izquierda, corre con colores «bolivarianos» con un 15%. Mendoza -que viene del oficialismo, desde que en su momento militara activamente en el Partido Nacionalista Peruano- está envuelta en especulaciones que parecen ligarla a Nadine Heredia, la esposa del presidente Humala. Es claramente la candidata que más luce como «anti-sistema».

Atrás de ellos están, entre otros: Alfredo Barnechea (otra opción política moderada, de centro-izquierda) con un 10% de las intenciones y el eterno candidato aprista: Alan García, un histórico camaleón de la política, que exhibe sólo un flojo 5,9%. Muy lejos aparece el ex presidente Alejandro Toledo, con un desdibujado -y sugestivo- 0,8%, que habla de la falta de apoyo que lo afecta desde hace rato.

En función de esos guarismos, la gran incógnita parecería ser quién será en definitiva el contendor de Keiko Fujimori en la segunda vuelta, prevista para el 5 de junio. Lo cierto es que Pedro Pablo Kuczynski y Verónika Mendoza son realmente opciones muy diferentes. Opuestas, más bien. Edificadas desde el centro y la izquierda del espectro de la política, respectivamente. Al cierre de la campaña, las encuestas sugieren que Keiki Fujimori podría hoy vencer a ambos, aunque con mayor holgura a Mendoza que a Kuczynski.

Las encuestas también proyectan que el partido de Keiko Fujimori tendría la mayor representación en el Congreso, con un 35,8% de las intenciones de voto. Lo que supone que se quedaría con nada menos que 64 de las 130 bancas que, en total, tiene en Congreso peruano. Seguida por el partido de Pedro Pablo Kuczynski, con el 18,6% y 25 escaños; el de Verónika Mendoza, con el 8,9% y 24 bancas; y el de Alfredo Barnechea, con el 7,3% y 5 bancas.

Pese a que el liderazgo de Keiko Fujimori es amplio, su imagen negativa también lo es. Un 49% de los consultados manifiesta que jamás la votaría, por ningún concepto. Por eso, el resultado de la segunda vuelta podría ser ajustado y nada está aparentemente asegurado, para nadie.

Kieko Fujimori está -pese a todo- frente a una nueva oportunidad. La que sugiere que una mujer podría esta vez llegar finalmente a la presidencia de Perú. Ella, recordemos, apareció en el escenario de la política cuando sus padres se divorciaron y tuvo, de pronto, que oficiar de «primera dama» del entonces presidente, Alberto Fujimori. A su caída, Keiko hizo un paréntesis académico en EE.UU., regresando a la política peruana recién en el 2005 y resultando elegida parlamentaria en el 2006.

Su apellido es a la vez un activo y un pasivo. Sin él, Keiko no sería nadie, presumiblemente. Pero el feo final de la gestión de su padre, todavía encarcelado, influye adversamente. Mucho. Le debe ciertamente la notoriedad a su padre, pero es evidente que también los desaciertos paternales se proyectan sobre Keiko. Por todo esto fue derrotada por Ollanta Humala en el 2011, aunque por escasos 400.000 votos.

Ahora, habiendo dejado de lado a los militantes del ala «dura» de su partido, Keiko procura mostrar una imagen menos controvertida y más flexible. Desde el centro del espectro político y predicando la continuidad del modelo económico, abierto y de mercado, que ha hecho crecer vigorosamente al Perú. Aquel que precisamente se instalara en el país en los primeros tiempos de la gestión de Alberto Fujimori.

Uno de los principales activos de Keiko es su labor incansable. Durante la campaña, recorrió pacientemente todo el país, como ninguno de sus contendores en el mundo de la política. Por esto tiene un alto nivel de apoyo en el interior peruano. Otro de sus activos es su credencial de severidad, sino de dureza, cuando de asegurar la seguridad personal se trata. Ese es un tema que aún no ha sido resuelto en Perú y que preocupa a muchos.

Como telón de fondo de los debates electorales que ya llegan a su final, aparece una economía peruana desacelerada, pero sana. Que sigue creciendo pese al enfriamiento de la economía mundial y a la baja del precio de las materias primas de exportación. El FMI confirmó que, tras la tasa de crecimiento del 2,4% registrada en 2014, en el 2015 el crecimiento peruano no se detuvo. La tasa del 2015 estaría en el orden del 3,3% del PBI peruano. Frente a las circunstancias, nada mal.

Perú apuesta a crecer vinculada al eje del Pacífico. Con Chile, Colombia y México. Esas cuatro economías, sumadas, conforman el 38% del PBI de América Latina y el Caribe y son la octava economía del mundo y el octavo polo exportador. Son, asimismo, el 50% del comercio exterior latinoamericano y reciben el 47% de toda la inversión extranjera directa en la región.

Perú, como Paraguay, Colombia o Chile, ha destruido sistemáticamente pobreza a lo largo de la última década. Particularmente en el ámbito rural. Pero, pese a ello, aún tiene un 22% de su población sumergida en ella, lo que nos muestra que aún hay mucho por hacer en ese capítulo social. Perú -sin embargo- todavía está lejos del grado de desarrollo de su vecina Chile, cuya pobreza se ha reducido al 7,5% de la población. Pero su rumbo es ciertamente bueno y, salvo resultados inesperados, será presumiblemente mantenido.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.