¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/12/19 en:  https://www.ambito.com/economia/cuanto-crecera-argentina-y-el-dolar-2020-n5068787

 

¿Cuánto crecerá Argentina (y el dólar) en 2020?

 

La actividad cayó 2,1% i.a. en septiembre, según el EMAE del Indec. Así, en 2019 un 3% habrá caído el PBI que bajará 5,2% en la era Macri y, considerando el crecimiento poblacional, el PBI per cápita será menor en casi 10%. Y la caída continúa. Según el IGA-OJF, el nivel general de actividad cayó 3% i.a. en octubre.

La intermediación financiera tuvo el bajón mayor (-14,6%) pero los bancos ganaron 116% más en términos reales. Gracias a la supertasa de las Leliq, soportaron una caída de los créditos de hasta 45% mostrando que no vale producir, sino “bicicletear”.

Lacunza -mostrando que los políticos, al fin, son una unida corporación- dijo que la deuda no es ni de los kirchneristas ni de los macristas, sino del país, es decir, los ciudadanos somos los culpables cuando gran parte fue a la “bicicleta financiera” del Gobierno. Según Federico Sturzenegger, “la crisis no fue por la herencia, sino por las políticas aplicadas” y “recibimos un bajo nivel de endeudamiento de 40% del PBI”, pero Macri logró superar el 127%, según datos del IIF.

Sana actitud, en principio, la de Alberto Fernández de no aceptarle al -estatal y, por ende, estatizante- FMI los u$s11.000 M que restan. “Es como un tipo… borracho. La solución no es seguir tomando (sino) dejar de tomar”, dijo. Habrá que ver cómo los compensa, porque si es a costa de subir impuestos, no pagar deuda contraída o inflación volvemos atrás.

Gracias al cepo, el BCRA es el único comprador de divisas y en noviembre embolsó más de u$s2.000 M que, en su mayoría, provienen de las cerealeras que venden anticipándose la suba de retenciones -fueron 810 M los liquidados en noviembre de 2018, año de sequía- si hasta venden granos aún no cosechados, lo que se descontará del cálculo del PBI de 2020. Así, el BCRA sostiene la “calma cambiaria” y las reservas ya superan los u$s43.736 M.

Como consecuencia de un dólar artificialmente abaratado, cae la producción -la exportación y el consumo interno volcado a dólares -ergo la demanda de pesos, es decir, sube la inflación que, el futuro titular del INDEC, estimó para 2020 en 40%. Insólito, es adivino, como cuando la consultora a la que está ligado, a fines de 2017, anunciaba que en 2018 se superaría la “maldición de los años pares” ya que el PBI crecería 2,5%… y la pegó, fue del 2,5%… pero negativo.

Es imposible conocer la inflación de 2020 y, por tanto, como consecuencia directa, el precio del dólar, hasta ver las políticas del nuevo Gobierno que, por cierto, podría -si quisiera- permitir un crecimiento inmediato de la economía con sólo aceptar medidas razonables.

Lo que sí vemos es la tendencia actual. Para cerrar el financiamiento del año, el Tesoro recibió $20.000 M, como de adelanto transitorio, del BCRA, según surge de la evolución diaria de la base monetaria con datos del jueves 21. Adelanto incluido en los 400.000 autorizados por el DNU 740 de los cuales se estima utilizarán, en lo que resta de 2019, unos $200.000 M. Esto en un contexto de demanda de dinero -como correlato de la caída en la actividad- en mínimos de los últimos 18 años.

La pregunta entre burócratas y políticos es cuál sería la emisión coherente con esta demanda de dinero. Y la respuesta sólo la tiene el mercado en tiempo real, de aquí que la inflación sea un fenómeno inevitable en toda moneda manejada por burócratas que responden a políticos y no al mercado.

Un indicador es la brecha cambiaria -entre al blue y el oficial ronda el 10%- porque son pesos que “sobran” volcados a la divisa. Y, por cierto, inciden directamente en el IPC. Según Elypsis, 45,9% de las Pymes considera que el blue incide en sus costos y, por tanto, el 41,7% lo traslada a precios.

Otro índice, por caso, es lo que ocurre con la emisión de Obligaciones Negociables (ON). El Banco Galicia y el Ciudad las emitieron a tasa variable de Badlar +4% y Badlar + 12,876% respectivamente y fueron sobre suscriptas por fondos comunes, a falta de activos en pesos. Y en los próximos días podrían sumarse más emisiones. A los bancos les conviene porque emitir una ON supone un encaje menor que tomar un plazo fijo.

Es decir, la presión y la tendencia actual tanto inflacionaria como de caída del PBI es clara y, por tanto, la suba de los precios incluido el dólar que, por el contrario, debería debilitarse en el mundo, aunque también todas las monedas “fuertes” dada la creciente incertidumbre global.

El PBI de EE.UU. creció 2,1% entre julio y septiembre, pero, aunque se esperaba 1,9%, en la comparación i.a., la economía se desaceleró ocho décimas. Entretanto, si bien el crecimiento global se mantiene en un razonable 3% anual, se desacelera y hasta el BC Europeo y la Fed empiezan a advertir que las bajas tasas deforman los mercados. Unos u$s19 B de deuda global con grado de inversión, un tercio del total, ya tienen rendimientos negativos.

Por la sobreabundancia de dinero, los índices bursátiles tocan récords y los precios de las acciones son altos con relación a los dividendos. Además, a nivel global, en 2019 ya se vendieron el récord de u$s24,3 B en bonos corporativos: un problema si las ganancias empresariales no resultan tan buenas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

Esta podría ser la semana más movida de la economía global en 2019

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 30/7/19 en: https://www.ambito.com/esta-podria-ser-la-semana-mas-movida-la-economia-global-2019-n5045560

 

La Reserva Federal (Fed) de EE.UU.

Mañana la Fed reduciría las tasas, luego de más de diez años, en un cuarto de punto, aunque algunos apuestan hasta por medio punto porcentual, intentando sostener el crecimiento y acotar la inflación. Hoy saldrían en EE.UU., los índices de salarios, ventas de viviendas y confianza del consumidor. Luego, el jueves, el dato de manufacturas (ISM) mostraría una expansión.

El viernes, las estadísticas sobre comercio evidenciarían la guerra con China y el informe de empleo mostraría una ganancia de 166.000 puestos, menos que los 224.000 de junio. La próxima semana, el Tesoro dirá cuánto crédito necesita dados los crecientes déficits presupuestarios.

EE.UU. se frena, creció 2,1% en el segundo trimestre frente al 3,1% del primero, aun así, continua la reactivación iniciada hace 10 años, la más larga de su historia, y la más mediocre, con un crecimiento promedio de 2,3%.

En Asia, esta semana se retoman las negociaciones entre EE.UU y China. El Banco de Japón, hoy reafirmaría su intención de bajar tasas para evitar una apreciación del yen, si la Fed recorta las tasas, dado que los datos este martes mostrarían que la producción industrial se contrajo nuevamente en junio debido a la floja demanda externa.

En China, Corea del Sur, Australia, Indonesia y Tailandia se conocerán esta semana índices que mostrarían una ralentización de las economías y el comercio global. Y, hablando de China, el Índice de las 500 mayores empresas globales de Fortune, hace 30 años tenía 167 estadounidenses, 111 japonesas y ninguna china. En su última edición, de la semana pasada, tiene 121 de EE.UU., 119 chinas, y 52 japonesas. Ahora, de las empresas chinas, el 69,9% son estatales y subsidiadas.

Por cierto, nadie cree los datos chinos. Para Yingyao Hu, de la Universidad J. Hopkins, el crecimiento es 1,8% inferior, lo que supone un respetable 4,4% pero no el 6,2% oficial. Y, según Greg Ip del The Wall Street Journal, el milagro chino genera aumentos del PBI per cápita inferiores a los del japonés, taiwanés y coreano.

En Europa el BCE se preparó, la semana pasada, para el recorte de tasas en septiembre y la compra de bonos. Hoy se conocería otro descenso en la confianza de la zona y, mañana, que la economía se desaceleró en el segundo trimestre a la mitad del 0,4% del primero y que la inflación languidece debajo del objetivo del BCE de 2%. El Banco de Inglaterra publicará sus previsiones el jueves, que se moderarían al acercarse la fecha límite del Brexit, el 31 de octubre.

En América latina, el banco central de Brasil podría reducir las tasas mañana. El jueves, los datos industriales de julio aclararían si entró en recesión técnica en el primer semestre y México, mañana, sabrá si la evitó al publicarse los datos preliminares del segundo trimestre.

Entretanto, en Argentina, el Índice de Confianza del Consumidor de la UTDT mejoró en julio 8,9% respecto a junio, y 21,9% i.a., mostrando que la propaganda oficial es exitosa porque, aunque el PBI haya cortado una caída continua de 12 meses, ni el consumo ni el empleo mejoran.

La actividad económica creció 2,6% i.a., según el EMAE del Indec y subió 0,2% respecto de abril. Pero lo único que se ve es que el agro hizo un aporte en efectivo y circunstancial -creciendo 49,5%- compensando la baja de casi todos los sectores, como el comercio, la actividad manufacturera y financiera que bajo 16% por la contracción del crédito, evidenciando que la economía sigue cayendo.

Y con las PASO cerca, según analistas citados por Bloomberg, después de los retornos en 2019 de las acciones de más de 30%, y el mejor carry trade del mundo, con un retorno de 14%, muchos podrían tomar ganancias.

Con todo, el FMI -optimista- estimó que en 2019 la economía caerá 1,3%. Y hablando del FMI, reafirmando su neokeynesianismo, con motivo de su 75º aniversario del 22 de julio, reproduce en su web un artículo (“Lord Keynes Pays a Visit”) donde imaginariamente Lagarde explica a Keynes el porqué del leve desvío de su proyecto inicial.

El daño más grande del -multi- estatal FMI es el ideológico, al convencer a sectores conservadores de que es necesario “un ajuste doloroso”, recortar gasto en base a baja de sueldos y pensiones.

Falacia que viola las leyes económicas desde que este “ajuste”, a igualdad de condiciones, solo provocará una caída en el consumo -ergo, el PBI, la recaudación fiscal…- obligando a aumentar la presión impositiva. Cuando, por donde debe empezarse, es por desregular al mercado, permitiéndole expandirse, y vender propiedades estatales deficitarias y, así, licuar el gasto al tiempo que se bajan los impuestos.

Además, esto de que, del mal –el “ajuste doloroso”- puede surgir un bien, viola las leyes de la lógica: de Identidad, de No contradicción, del Tercero excluido y de la Razón suficiente. Del mal solo puede -y surge- mal.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini 

No Vuelven Más

Por Iván Carrino. Publicado el 25/1/18 en: https://www.ivancarrino.com/no-vuelven-mas/

 

El retorno a “los años dorados” del kirchnerismo es un imposible técnico.

La economía argentina está mal. Hace 8 años que el PBI no crece.

Ahora como al mismo tiempo sí crece la población, el PBI per cápita (la cantidad de producción por habitante) viene cayendo desde el 2011. Este año, si todo sigue así, estaremos en una situación muy similar a la de 2009.

Es decir, 10 años perdidos.

En este contexto, es normal que aparezca la nostalgia colectiva por un pasado mejor.

Recientemente,  en la fila del supermercado, me puse a charlar con una mujer. Como sabía que me dedicaba la economía, me preguntó qué opinaba yo de Roberto Lavagna, ex Ministro durante el período 2002-2005.

No pude ni comenzar mi respuesta que me interrumpió para decirme:

A mí me cae muy bien. Es honesto. Además, cuando él era ministro las cosas estaban mucho mejor.

Dos días atrás, en un programa de TV, una economista me dio un argumento similar, refiriéndose al período 2003-2007 como un ejemplo de crecimiento económico.

Tal vez la prueba más clara de que hay una añoranza por los “años dorados” del kirchnerismo sean las últimas reuniones que algunos políticos con aspiraciones presidenciales han tenido con el ex Ministro Lavagna.

En algún lugar de la mente de muchos está la idea de que habría que volver a aquellos viejos buenos tiempos.

Los Años Dorados

Analizando algunos números, es cierto que hubo una época en donde el kirchnerismo podía mostrar un muy saludable desempeño económico.

Entre 2003 y 2007, por ejemplo, la economía creció a un impresionante 8,8% anual promedio. El desempleo, mientras tanto, bajaba del 17,3% al 8,5%, y la inflación –que en los primeros dos años se mantuvo en valores de un dígito pero luego comenzó a subir- era vista como una consecuencia de este fuerte crecimiento.

El primer kirchnerismo recibió una situación fiscal totalmente holgada. En el año 2004, el superávit fiscal del gobierno fue 3,5% del PBI, lo que le permitió al dúo Kirchner-Lavagna salir a gastar dinero público, generando un boom de consumo que contribuyó a la caída del desempleo.

Entre 2004 y 2007, el gasto público en Argentina creció a una tasa anual del 30,3% promedio, muy por encima de la inflación. La Base Monetaria, por su parte, también crecía a ritmo acelerado.

Mientras tanto, el dólar, esa fibra tan sensible para los argentinos, mantuvo una calma extraordinaria. Entre 2003 y 2005 cayó desde $ 3,3 a $ 3,0, para luego ubicarse en $ 3,2 hacia fines de 2007.

Por si esto fuera poco, no había “tarifazos” (porque las tarifas estaban congeladas por la ley de emergencia económica) y la luz tampoco se cortaba…

En resumidas cuentas, ¡todo andaba bien!

Imposible Técnico

Al ver este cuadro de situación es normal que la gente se pregunte si no es posible volver a una economía así.

La respuesta, sin embargo, es un rotundo NO.

Es que,  veamos…

Luego de la devaluación de 2002, el tipo de cambio real alcanzó un máximo histórico. Como se ve en el gráfico de abajo, al abandonar la convertibilidad el tipo de cambio real (es decir, el poder de compra del dólar en Argentina) subió un impresionante 188%. Esto implicó que –de la noche a la mañana- todos los productos fabricados en el país se abarataran enormemente, lo que le dio impulso a las exportaciones.

Esa situación, como se aprecia, es hoy muy diferente.

Los salarios reales eran muy bajos. Otra consecuencia del abandono del 1 a 1 fue la fenomenal licuación de los salarios reales. Es decir, nuevamente de la noche a la mañana, lo que una empresa argentina o extranjera tenía que pagarle a un empleado se derrumbó. En términos concretos, si una empresa pagaba en diciembre de 2001 $ 100 a un empleado, en mayo de 2003 le estaba pagando solo $ 80 a precios de 2001.

En dólares la caída fue más pronunciada todavía. Los salarios llegaron a caer 70% en junio de 2002. En diciembre de 2003, el mismo trabajador que a fines de la convertibilidad cobraba USD 100, estaba cobrando solo USD 40.

La violenta reducción de los costos laborales promovida por la devaluación generó incentivos a la inversión, que pasó del 13% al 20% del PBI en pocos años.

Así que el crecimiento “a la China” no solo se daba por las altas tasas de crecimiento, sino porque se basó principalmente en mano de obra barata producto de la devaluación. Es decir, un remedio transitorio que solo dura hasta que se ajustan las variables.

Había superávit fiscal. Otro factor característico de los “años dorados” K era el superávit fiscal. Sin pagar la deuda externa, licuando el gasto en salarios y con abultados ingresos por las retenciones a las exportaciones, la holgura fiscal le permitió al gobierno de Néstor Kirchner avanzar en una política demagógica de aumento del gasto público totalmente insostenible. Dicho aumento, al menos a corto plazo, generaron lo que el libro de texto keynesiano dice que debían generar: aumento del consumo, de las ventas, y de la actividad económica.

Hoy no hay margen para hacer lo mismo.

¿Por qué? Porque se acabó la plata. El otrora superávit se transformó en déficit récord, la gente se cansó de la estafa de la inflación y en los mercados nadie cree en la capacidad de pago de Argentina.

No existe escenario peor para aplicar políticas keynesianas.

Como se ve, hoy el tipo de cambio real es bajo, los salarios en dólares altos y se acabó la plata para hacer políticas de gasto populista como las que llevó a cabo Néstor Kirchner.

O sea que, técnicamente, es imposible volver a la “época dorada” del kirchnerismo.

Semilla de su destrucción

Antes de finalizar, y para no extenderme demasiado, es necesario resaltar que el regreso a la “década dorada” del kirchnerismo no solo es un imposible técnico, sino además, una idea muy poco recomendable.

Es que todas las políticas iniciadas en dicha época generaron la semilla de su propia destrucción. En resumidas cuentas:

—> El incremento del gasto público se transformó en una crisis fiscal.

—> El aumento de la emisión monetaria nos llevó al podio de la inflación mundial.

—> El congelamiento de tarifas originó una crisis energética de proporciones.

—> El boom de consumo conspiró contra la inversión, impidiendo el crecimiento sostenible.

Tenemos que dejar de mirar al pasado reciente para encontrar recetas que sirvan para el futuro. El crecimiento económico no depende del tipo de cambio o del gasto del gobierno, sino del ahorro, la inversión y el aumento de la productividad.

Hay que apuntar a eso, sino estamos condenados a volver repetir los errores de siempre.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Eliminar las Lebac no resolverá la crisis

Por Iván Carrino. Publicado el 15/8/18 en: http://www.ivancarrino.com/eliminar-las-lebac-no-resolvera-la-crisis/

 

El problema económico que enfrenta Argentina es mucho más serio que la deuda del BCRA.

Turquía está ubicada exactamente entre Asia y Europa. Es un país de 785.500 kilómetros cuadrados y una población de cerca de 80 millones de personas. En términos de PBI per cápita, se estima que los turcos ingresan USD 11.014 por año.

Este país euroasiático llegó a las tapas de los diarios financieros recientemente producto de la fuerte turbulencia que los afecta. En lo que va del año, el dólar subió allí 68,3%, gracias a que los inversores eligen salir corriendo hacia activos más seguros.

A fines de 2017, Turquía y Argentina habían sido encuadrados por la consultora Standard & Poor’s como los países emergentes más vulnerables a la suba de tasas de la Fed. Según la consultora, la vulnerabilidad se explicaba porque estos países “mostraron déficits de cuenta corriente considerables” y una “tasa de ahorro insuficiente para cubrir la inversión”.

Turquía, como Argentina, también tiene un extenso historial inflacionario. De acuerdo con Steve Hanke, la inflación anual promedio durante los ’70 fue de 22,4%, en los ’80 subió al 49,6%, en los ’90 trepó al 76,7% y en los 2000 se redujo al 22,3%.

En este contexto, es normal que la incertidumbre lleve a los turcos a escapar de su moneda.

Curiosa, tal vez, es la reacción de su presidente, Recep Tayyip Erdoğan, quien exigió a los ciudadanos vender dólares y oro para ayudar a pelear la “batalla económica” de la que se considera víctima, y quien se niega a subir las tasas de interés porque sostiene que éstas son un instrumento para la desigualdad social.

A pesar de la convulsión cambiaria y monetaria, en Turquía no se habla de las Lebac.

Bomba a desactivar

Por los sucesos desatados en Turquía, que contagiaron a los mercados internacionales, el Banco Central y el Ministerio de Hacienda decidieron tomar cartas en el asunto. Una de las medidas más contundentes que anunciaron fue la del fin de las Lebac.

A partir del martes, en cada licitación que haya de aquí en adelante, se irán renovando cada vez menos títulos, lo que generaría que no haya más Lebac a fines de 2018.

Para el presidente del BCRA, Luis Caputo, las Lebacs son “un activo tóxico” y al eliminarlas “ya no van a estar amenazando con pasarse a dólares”.

En este sentido, volvemos a preguntarnos: ¿hay Lebacs en Turquía? ¿Sube el dólar en el mundo por las respectivas “bombas de Lebac” que cada uno tiene? Claramente, no parece ser el caso.

Sin embargo, lo que sí hay en los países donde más está subiendo el dólar es mucha inflación y,  además, un elevado y creciente riesgo país.

Riesgo País: lo más importante

Si las Lebac fueran el único problema de la Argentina, veríamos que los inversores buscarían sacárselas de encima, exigiéndole al Banco Central pagar tasas más altas para renovarlas. Esto, sin dudas, ha sucedido, en la medida que la suba del dólar destruyó lo que algunos mal llamaron “bicicleta financiera”.

Ahora bien, el precio  de las Lebac no es lo único que ha caído. También se desplomó la bolsa local (50% en dólares) y los bonos soberanos de cualquier moneda y duración.

Es que el problema no son  las Lebac, sino una generalizada crisis de confianza en el gradualismo de Macri. Las dudas son tan grandes que ni  el paquete del FMI logró calmar definitivamente a los mercados.

En este contexto, el Riesgo País se disparó, reflejando las dudas que tienen los inversores sobre cómo terminará la fiesta de endeudamiento que lanzó el gobierno para salir lentamente del caos fiscal dejado por Cristina Fernández y Axel Kicillof.

Entendido esto, el indicador más importante a mirar es el del Riesgo País y tenemos que ver cuánto mejorará ese índice si se termina con las Lebac.

La respuesta, lamentablemente, es bastante decepcionante.

Sin correlación

Como se ve en el gráfico de abajo, a principios de 2014, cuando el Riesgo País coqueteaba con los 1.000 puntos básicos, el stock de Lebac en circulación era de apenas $ 100.000 millones.

Sin embargo, tras la devaluación de Juan Carlos Fábrega, éste comenzó a crecer marcadamente. A fines de año, la cantidad de Letras emitidas por el Banco Central para absorber pesos de la economía había llegado a $ 261.000 millones, duplicándose, nada menos.

En paralelo, el Riesgo País había descendido fuertemente. Cerró el año en 700 puntos.

El 11 de diciembre de 2015, cuando Sturzenegger asumió la presidencia del BCRA, el Riesgo País estaba en 455 puntos y las Lebac ascendían a $ 296.000 millones. El 31 de agosto del año pasado, cuando el stock de letras llegó a $ 1 billón, el Riesgo País había caído 70 puntos, hasta los 384.

Hoy, que el stock de Lebac cayó alrededor de $ 300.000 millones desde su máximo, el Riesgo País vuela. Es decir que no existe una clara relación entre una cosa y la otra.

Así, si continúa la desconfianza, podríamos llegar a un escenario con menor cantidad de Lebac, menor cantidad de reservas internacionales usadas para cancelarlas, mayor Riesgo País, mayor deuda pública y mayor recesión e inflación.

Terminar con las Lebac no garantiza que esto no suceda. Y, por tanto, no garantiza que se solucione la crisis.

El Riesgo País sube porque no hay una respuesta clara a la siguiente pregunta: ¿podrá el gobierno argentino cumplir con sus compromisos de deuda?

No veo cómo terminar con las Lebac pueda hacer que la respuesta sea afirmativa.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE