EL ORDEN ESPONTÁNEO Y EL COVID-19

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 1/7/21 en: https://elbastioncya.com/2021/07/el-orden-espontaneo-y-el-covid-19/

Durante todo el año pasado y en lo que va de este ¡Todos nos hemos convertido en médicos! Es natural, porque quienes estamos en contra de los confinamientos obligatorios –a propósito de la última “iluminada” propuesta que tuvo Gustavo Petro en Colombia, entre otras– hemos tenido también la tendencia a tranquilizar a una opinión pública bombardeada por el pánico. Por ende, hemos actualizado nuestros conocimientos sobre virus, bacterias, contagios, sistema inmunológico, ADN, ARN y más.

Pero, entretenidos en nuestra nueva profesión hemos olvidado el punto central.

La tesis del orden espontáneo de Friedrich Hayek no termina de hacer pie en esta “sociedad construida sobre la base del constructivismo” denunciada por él mismo, similar a la razón instrumental señalada por la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, es algo muy sólido. Es el equivalente, en el orden social, a las teorías de la auto-organización de la materia; esto es la teoría del Big Bang y la evolución. Si hubo un Big Bang ¿Por qué la tendencia fue a la auto-organización de la materia y no a un caos originario de elementos? Los físicos están aún tratando de responderlo. Lo mismo en ciencias sociales. Si el conocimiento humano es limitado ¿Cómo pueden los seres humanos interactuar entre sí de modo pacífico? Lamentablemente, la respuesta sigue siendo hobbesiana: no pueden. Un dictador (el gobierno, que al parecer no es humano) debe organizar el caos que somos todos los demás dejados en libertad, por eso este y sus “políticas”: política monetaria, impositiva, exterior, educativa, de salubridad y así hasta el infinito. Y este síntoma de planificación central se da incluso en los liberales clásicos que no pueden dejar de concebir a la educación (excepto Albert LoanHugo Landolfi y nadie más) como un orden deliberado donde tiene que haber un aula, un profesor, apuntes, notas, entre otros. Logran advertir el orden espontáneo en economía pero no en educación. Si eso les pasa a los liberales que leyeron a Hayek ¡Imagínense a los demás!

La argumentación de Hayek es sólida. Hago la cuenta y me sigue dando bien. El conocimiento humano es disperso, y sólo un libre intercambio progresivo y crítico de conocimientos puede hacerlo menos así. El argumento de John Stuart Mill y Karl Popper para la libertad de expresión, sólo Paul Feyerabend se atrevió a orientarlo al tema médico, por ejemplo. También está la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo, de Ludwig von Mises, que “no es sólo en economía”. El Estado planificador central en salud y educación tienen el mismo problema. Por eso la salud pública unificada no funciona, porque no se puede hacer un cálculo económico llevando el sistema al colapso permanente ¡Eso antes del 2020! Además sólo existe UNA opinión médica sacralizada y obligatoria, lo cual imposibilita la discusión crítica y conduce el conocimiento médico a la regresión.

Por lo tanto señores médicos: el debate no es en torno a su labor. El problema no es lo que usted opine sobre el COVID-19. El problema es que hay otras discusiones médicas pero usted las rechaza y, para usted, como para cualquiera, los argumentos de MillPopperHayek y Feyerabend se aplican, aunque usted no lo quiera o no lo pueda ver.

¿Cómo hubiera sido una sociedad libre ante el supuesto (también hay opiniones diversas sobre si este virus fue identificado) COVID-19? Hubiera sido un escenario, ante todo, donde se contaría con una libre oferta de servicios médicos diversos compitiendo libremente. Si un médico o un sanatorio quiere intubar, que lo haga, pero otros médicos hubieran recomendado otras cosas, y luego de nueve meses nuestro conocimiento se habría aumentado. Y allí viene otro tema NO médico, sino ético y moral: Pero entonces ¿Las personas hubieran corrido el riesgo de equivocarse? Sí, porque eso es ser persona, no esclavo ni canario en una jaula. Usted paciente ¿Nunca le pidió a un médico una segunda opinión? El que pone el cuerpo es usted ¿Y no es que el cuerpo es nuestro? ¿No era que “mi cuerpo, mi decisión”? Ah, pero puedo enfermar a otros ¡No! Esa también es una opinión médica, hay otros médicos que piensan diferente. Ah, es que la inmunidad de rebaño no funciona ¡No! Esa es sólo una opinión médica, hay otras ¿Y entonces? Y entonces, consulte a su médico y decida.

Sí, la vida es riesgosa, y si no lo acepta ¡Muérase! Que es lo que hace aceptando de buena gana que lo encierren en su sótano.

La ignorancia supina del orden espontáneo, de que el conocimiento limitado en medicina sólo se minimiza en libre discusión, que la salud pública unificada por el Estado imposibilita el cálculo económico, que por eso la oferta de salud está siempre colapsando, son lo que ha llevado a todo este caos. Precisamente ese caos que la OMS y el gobierno central han tratado de evitar, y como siempre, lo amplificaron ¡Lo aumentaron! MisesHayek y Feyerabend lo explicaron en 1922, 1936, 1975, 1978 y en otros años más en libros importantes que usted: señor médico del Estado, no ha leído ni le interesa leer.

Y eso, en ética, se llama negligencia culpablePorque posiblemente está muriendo gente, no sólo por los servicios de salud que han quedado desatendidos, sino por la ineficiencia de los tratamientos en comparación con los que hubieran surgido en una sociedad libre y por el colapso crónico (no sólo este año) de la oferta de salud fruto del sistema estatal.

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor en las Universidades Austral y Cema. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Publica como @gabrielmises

Ciencia, política y después

Por Mauricio Alejandro Vázquez. Publicado el 19/5/21 en: https://www.perfil.com/noticias/opinion/mauricio-alejandro-vazquez-ciencia-politica-y-despues.phtml

La crisis producida por el Covid-19 ha generado pequeñas grietas en la imagen mental que la ciudadanía no especializada ha sostenido sobre la ciencia, que podrían, aún contra todo pronóstico, situarnos frente a otro período de oscurantismo generalizado.

Pandemia y crisis

Pandemia y crisis | ROTTONARA / PIXABAY

Podría decirse sin que medie un excesivo margen de error, de que uno de los ejes de la evolución del ser humano se encuentra en el denodado esfuerzo individual y colectivo por combatir la incertidumbre. Desde aquel momento en que decidimos asentarnos para formar pequeñas comunidades que ya no subsistirían en base a la sumamente aleatoria caza y recolección, sino a partir de una clase de rudimentaria ganadería y agricultura, hasta hoy, hemos intentado como especie disminuir lo desconocido y garantizarnos una protección creciente contra lo imponderable, siglo tras siglo.

De más está decir que la lucha, como reza el tango, ha sido cruel y mucha. Los períodos de oscuridad intelectual han resultado más bien la regla, que la excepción, y aun cuando por momentos hemos conquistado niveles técnicos y científicos fabulosos, como en la Babilonia antigua o la Roma algo más reciente, también hemos vivido luego recaídas profundas en las que la pérdida de conocimiento adquirido (o incluso su prohibición manifiesta), nos llevaron al patio de las sombras en donde mejor germina el más perverso dogmatismo oscurantista.

En este sentido, vale decir que el progreso científico e intelectual de la humanidad jamás ha tenido una senda unívoca, recta, ni garantida. Sin embargo, el gran desafío que se presenta, cuando se intenta señalar esta verdad histórica, es que las últimas dos o tres generaciones han vivenciado una evolución tecnológica masiva, que los invita a fortalecer un sesgo contrario; uno que sugiere falazmente, que el conocimiento progresa de forma lineal, del modo que han ido evolucionando los artilugios tecnológicos que han invadido nuestra vida en los últimos veinte o treinta años.

Sin embargo, considero que la crisis producida por el Covid-19 ha generado pequeñas grietas en la imagen mental que la ciudadanía no especializada ha sostenido sobre la ciencia, que podrían, aún contra todo pronóstico, situarnos frente a otro período de oscurantismo generalizado.

Mencionaba al comienzo la tendencia natural del ser humano a combatir la incertidumbre. En los últimos siglos, en tal sentido, las certezas que alguna vez provinieron de la Fe y de la verdad revelada, fueron sustituidas por el método de acumulación de conocimiento propio del iluminismo: la ciencia. Este proceso que puede ser poéticamente sintetizado a partir de la histórica frase «Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado”, de Friedrich Nietzsche, ha sido en términos históricos, concomitante con el prodigioso desarrollo humano con el que convivimos hoy, fundando en gran medida en el éxito científico. Por tanto, que la población global asocie acríticamente a la ciencia, con la certeza y con la verdad, no es del todo caprichoso, aunque no sea, del mismo modo, del todo correcto.

La ciencia, como supo advertir Karl Popper, no avanza en base a aciertos sino a refutaciones. Desde el advenimiento de esta afirmación, sabemos que ninguna teoría representa una verdad absoluta, sino que, conforme avanza el tiempo, esta puede ir acumulando progresividad empírica (experimentos que sostienen su validez) o caer en desuso, conforme la evidencia creciente demuestra su falibilidad. Aún más lejos llegó Thomas Kuhn, a partir de la publicación en 1962 de La estructura de las revoluciones científicas, al afirmar que lejos de ese proceso dialógico, abierto y ordenado que muchas veces se le atribuye al mundo científico, el progreso en este campo se asemejaba a revoluciones en las cuales la acumulación de evidencia en contrario llevaba, más por presión general que por animada aceptación, a la ruptura de los paradigmas imperantes y al surgimiento de otros nuevos. Y si quisiéramos ir más lejos, podríamos incluso traer al presente a Paul Feyerabend, quizá el más destacado de los discípulos de Karl Popper, que se animó a desafiar la coherencia de un único método científico, llegando a postular un anarquismo metodológico, que generó profundos debates que se sostienen hasta hoy día.

Desde ya que todo esto no suele estar en las conversaciones cotidianas de la ciudadanía. Y quizá sea justamente por ello, que la enorme expectativa que suele pesar sobre la certeza científica, haya sufrido un vasto golpe de realidad en este último año y medio, desde la declaración de la pandemia.

A partir de entonces, y como no podía ser de otro modo frente a una enfermedad desconocida, el mundo orientó su atención a los dos fenómenos modernos que se erigen como principales antídotos contra ese factor, percibido generalmente como un mal perverso, que es la incertidumbre: la ciencia y los estados. Sin embargo, desde principios de 2020, ambos han mostrado su verdadera naturaleza falible. La atención sobre la primera, ha permitido a millones en el mundo observar que los científicos avanzan a tientas sobre lo desconocido, que no tienen siempre certezas para compartir y que su progreso está signado, inevitablemente, por debates, aciertos, refutaciones, groseros yerros, y todo ese heroísmo y miseria del que es capaz cualquier tipo de organización humana.

Del mismo modo, los estados han demostrado que, aun considerando los diferentes resultados obtenidos en cada país, también son presa de esa incertidumbre que siempre impera, aunque por momentos la hagamos retroceder tácticamente. Sin embargo, el verdadero problema surge cuando la inmediatez propia de la política y sus intereses, colisiona de lleno con el habitual proceso científico y, sobre todo, cuanto esto ocurre frente a la mirada desesperada de estos cientos de millones de personas hambrientas de decisiones y certezas. De este modo, la multiplicidad de papers científicos, con datos parciales y teorías en proceso de construcción, se vuelven armamento pesado que los políticos utilizan irresponsablemente para denostar a sus contrincantes y justificar sus propias decisiones de administración. El gran costo de este culebrón de dimes y diretes con visos de cientificidad, es la potencial pérdida del prestigio que la ciencia ha ido adquiriendo en el tiempo.

Así las cosas, por delante no debiera sorprender si muchos en el mundo comienzan a dudar de que la ciencia pueda satisfacer, como alguna vez lo hicieron los dogmas de fe, nuestra necesidad tan humana de certidumbre, lo cual puede tener, entre otras, dos consecuencias opuestas: una sana, en que el aprendizaje con respecto al verdadero proceso de conocimiento científico nos invite no solo a tolerar el constante desafío de lo incierto sino también a un sano ejercicio de la prudencia, aquella virtud política prodigada por la gran mayoría de los pensadores clásicos; y una sombría, en la que millones se vuelquen a alguna variante de pensamiento mágico, propiciando dogmas y mesianismos, como ha ocurrido en el pasado, más de una vez.

Mauricio Alejandro Vázquez es Título de Honor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, Magister en Ciencias del Estado por la Universidad del CEMA, Magister en Políticas Publicas por la Universidad Torcuato Di Tella y coach certificado por la International Coach Federation. Ha trabajado en la transformación de organismos públicos y empresas. Actualmente es docente de Teoría Política, Ética, Comunicación, Metodología y administración en UADE y de Políticas Públicas en Maestría de ESEADE. También es conferencista y columnista en medios como Ámbito Financiero, Infoabe, La Prensa, entre otros. Síguelo en @triunfalibertad

Día del beso, que se perdió con el sentido común

Por Alejandro A. Tagliavini: Publicado el 13/04/21 en: https://alejandrotagliavini.com/2021/04/13/dia-del-beso-que-se-perdio-con-el-sentido-comun/

Día Internacional del Beso: ¿Cuántos tipos de besos existen? | VIDA | PERU21

       “Por una mirada, un mundo; por una sonrisa, un cielo; por un beso… ¡Yo no sé qué te diera por un beso!”, Gustavo Adolfo Bécquer.

La cultura occidental hace agua por todos lados y es que el racionalismo la inundó desprestigiando a la metafísica, ciencia que cultivaron los griegos como Aristóteles, y a la teología que, como método científico, es independiente de religiones particulares.

                    Sintetizando, la metafísica dice que existe un orden en el cosmos para el desarrollo de la vida que la pequeñez del hombre no puede alterar, y la teología asegura que Dios ha creado al universo para el bien, “a su imagen y semejanza”, y esta omnipotencia no puede ser, ni remotamente, desafiada por el cerebro humano. Así, los “religiosos” que no sigan a la teología deben revisar sus creencias porque resultan esotéricas, fetichistas.

                    Por ello es que el racionalismo -pseudo religión y pseudo ciencia, decía el destacado epistemólogo Paul Feyerabend- que pretende controlar al cosmos con la “razón” humana, necesita desprestigiar a la metafísica y a la teología. Y ha montado a los Estados modernos que se creen capaces de cuidar y hasta diseñar la vida humana (la “nueva normalidad”).

                    De estas ciencias surge que no pueden existir amenazas naturales contra el desarrollo y crecimiento de la vida, o sea, es irreal la posibilidad de la existencia de una “pandemia” que ponga en jaque a la humanidad y quienes esto creen, además, desoyen al sentido común (sensus communis), como lo describe Tomás de Aquino, que unifica los datos del episodio perceptivo, y le da al sujeto la certeza del hecho que está viendo, oyendo, etcétera.

                   Por el contrario, la fantasía o imaginación según Tomás es un instrumento cognitivo que cree reales hechos solo pensados por la mente humana. Como señala Feyerabend, suele ser mucho más acertado el sentido común de las personas cuyos propios intereses están en juego, que las decisiones -las fantasías- de lejanos “expertos” racionalistas subidos en una torre de marfil ridículos al punto de decir que trabajar y socializar no es saludable.

                   Son estos “expertos” quienes inventaron esta falsa pandemia que los números desmienten, ya que los muertos totales en el mundo a casi año y medio de comenzada son apenas el 0,04% de la población global. Y ahora, pretenden asustar con la cantidad de contagios, claro que se aseguran de no revelar que lo normal es que, en una temporada de gripe, se contagie alrededor del 70% de la población, es decir, más de 5000 millones de personas en todo el mundo y la mayoría ni se entera.

                  Como cada día aumentan los testeos, se detectan más casos y los gobiernos utilizan el “aumento de casos” para asustar, y la gente en pánico agrava su situación y concurre a hospitales ante síntomas mínimos. Y, además de las gravísimas consecuencias de los confinamientos, nos quieren dejar sin el beso cuyo día internacional se festejó el 13 de abril y que es una manifestación universal de afecto y alegría que ya aparecía en el Antiguo Testamento.                

Algunos científicos creen que besar es un comportamiento instintivo con raíces en la biología. Junto con la oxitocina y la dopamina que provocan afecto y euforia, besar libera serotonina, otra sustancia que incrementa el bienestar y la felicidad, y moviliza 146 músculos e intercambia 80 millones de bacterias nuevas lo que no debe asustar, es natural.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Asesor Senior de The Cedar Portfolio, Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE. Síguelo como @alextagliavini

La palabra de los políticos… poco vale

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 2/5/18 en: https://alejandrotagliavini.com/2018/05/02/la-palabra-de-los-politicos-poco-vale/

 

En un movimiento muy audaz, Donald Trump aseguró que no certificará -el plazo vence el día 12 próximo- el acuerdo nuclear con Irán. La medida, aunque todavía no supone la ruptura total del compromiso, conlleva una estrategia más agresiva con Teherán. Y, si recién ahora se decide por este camino, se debe a que sus propias huestes en la Casa Blanca se oponían a rechazar este pacto.

El acuerdo alcanzado en 2015 hizo que el régimen de Teherán pusiera bajo control internacional su programa de enriquecimiento de uranio, permitiera inspecciones a sus instalaciones nucleares y, en la práctica, detuviera el programa nuclear a cambio de que la comunidad internacional reduzca las sanciones económicas, aunque EE.UU. no las quitó.

Trump quiere que el Congreso de EE.UU. añada nuevas limitaciones a Irán y que, si no cumple, se reanuden los castigos. En este nuevo umbral punitivo entrarían, en particular, el programa balístico, y la negativa a extender la duración de las restricciones a la producción de combustible nuclear.

Los aliados -Francia, Gran Bretaña y Alemania- piden que no se caiga el tratado, en tanto que Israel lo rechazó desde el principio, aun cuando el Organismo Internacional de Energía Atómica asegura que Irán lo cumple. Y lo más destacable es que demuestra la eficacia de la vía diplomática por encima de la militar, y le permite a Europa abordar con Teherán un tratado complementario para que no desarrolle su programa balístico. Entretanto, se sigue la dirección opuesta -diálogo y diplomacia- con Corea del Norte, y la modificación unilateral del acuerdo envía una señal negativa.

Benjamín Netanyahu, intentando influenciar a Trump, asegura que Irán miente y mantiene un programa atómico secreto. Irónicamente, Arabia Saudí aplaude la retirada del acuerdo. Pero más irónico es que Irán, para defender al régimen de el Asad en Siria, ha combatido al ISIS en paralelo a la coalición internacional que dirige EE.UU.

Por cierto, Irán -no solo el gobierno sino la hasta la oposición más moderada- rechaza las acusaciones de Netanyahu y asegura que va a cumplir lo que firmó. Pero añadió que al acuerdo “no se le puede añadir nada”. Y, desafiante, anunció que va a doblar los esfuerzos en pos de sus capacidades de defensivas, incluidas las misilísticas.

No sabemos quién tiene razón porque sí sabemos que los políticos, y sus sistemas de inteligencia, engañan cuando les conviene. Ciertamente, resulta menos creíble el régimen iraní dado su subido autoritarismo y su consecuente aptitud para engañar. En cualquier caso, queda claro que estos acuerdos, al fin de cuentas, son poco confiables en el mediano plazo.

En fin, recuerdo que el epistemólogo Paul Feyerabend escribió que “los ciudadanos… occidentales van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos… desarrollemos una nueva clase de conocimiento… que todo el mundo pueda participar en su construcción y resolver… el problema de la supervivencia y el problema de la paz… entre los humanos y todo el conjunto de la Naturaleza”.

Y, agrego, los problemas de la paz y la libertad solo se solucionan con más paz y más libertad, por el contrario, con violencia se aumenta la violencia y con restricciones a la libertad se agrava la falta de libertad.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Los políticos, cada vez más lejos de la gente

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 18/3/17 en: http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/politicos-vez-lejos-gente_0_2675132469.HTML

 

Paul Feyerabend, que en mi opinión es uno de los mejores científicos de los últimos tiempos, escribió que “los ciudadanos (…) van muy por delante de sus políticos en su deseo de frenar la carrera de armamentos. Sabemos también que el sentido común suele ser superior a las proposiciones de los expertos (…)”.

Entretanto el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está desandando el camino hacia la libertad que comenzaron los primeros inmigrantes ingleses —pilgrim fathers— que se establecieron en Norteamérica huyendo de la persecución religiosa. En su último discurso frente al Congreso prometió “renovar el espíritu de América” y devolverle su grandeza. Si él lo dice…

Trump volvió a atacar a su presa preferida, la inmigración, acusándola de todos los males; y desconociendo las reglas más elementales de la economía de mercado, dijo con un indisimulable aire xenófobo que “Imponiendo leyes migratorias aumentarán los salarios, ayudaremos a los desempleados, ahorraremos miles de millones de dólares y haremos seguras nuestras comunidades”.

En un acto de alta demagogia, presentó a la viuda del primer soldado muerto durante su mandato, quien fue recibida con un atronador aplauso que hizo recordar a los peores actos populistas de América Latina. Por cierto, en momentos menos “emotivos”, el padre del fallecido se negó a recibir a Trump durante la recepción de los restos mortales, y antes lo había criticado por ordenar “sin motivo” el ataque en el que murió su hijo.

El Presidente de EEUU quiere aumentar el presupuesto de “defensa” de su país en 9,27% el año que viene. Son $us 54.000 millones más que serían compensados con recortes en otras áreas de la administración pública y que superan todo el gasto militar de países como Francia o Reino Unido (Estados Unidos gasta en la actualidad cerca de $us 600.000 millones en este rubro).

En cualquier caso, lo que sí está claro es que aumentará la corrupción en el Departamento de Defensa, donde ya es paradigmática al punto de que se han encontrado facturas de $us 600 por una bombilla de luz, y otra de $us 43 millones por la construcción de una gasolinera en Afganistán. En diciembre se hizo público que el Pentágono había ocultado al Congreso sobrecostos militares por $us 25.000 millones al año.

Pero no es solo Trump. Presionados por el avance del nacionalismo, la Comisión Europea impulsa un plan con el objetivo de elevar el porcentaje de deportaciones. Solo el 36% de las personas con órdenes de expulsión regresan a sus países, según datos de Eurostat. Mientras que el Gobierno chino, en lugar de terminar con la atroz guerra “contra las drogas”, defendió recientemente su política de “mano dura” contra el narcotráfico después de que ejecutaran a un anciano colombiano detenido por transportar droga.

En fuerte contraste, las personas comunes actúan de modo mucho más sabio que los políticos, mostrando que los países más progresistas son aquellos donde los políticos deciden menos y las personas comunes, más. Sergio Núñez, por caso, lo primero que pensó cuando vio a su hijo inconsciente en una calle del pueblo de Tandil, en Argentina, fue en vengarse de los agresores (menores de edad) y que fueran presos. Pero cambió de idea y, convencido de que la cárcel no era una solución, para sacarlos del delito puso un taller de bicicletería y luego uno de carpintería a los que asisten 15 adolescentes, incluidos algunos de los agresores de su hijo. Según uno de los involucrados en esta iniciativa “el perdón es mucho más constructivo que la venganza”.

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Colación de grados académicos 2014.

Palabras pronunciadas en ocasión del acto de colación de grados. Por Guillermo Luis Covernton.  

 

Una nueva colación de grados académicos de nuestra querida ESEADE. Un nuevo grupo de profesionales que salen a  interactuar en nuestra comunidad, con los valores, los principios y la concepción de sociedad abierta y búsqueda de la verdad que ha caracterizado desde siempre a nuestra universidad. Una etapa que, mientras se transita, se ve como lejana, y hasta en algunos momentos, inalcanzable. Y que muchas veces nos hace creer que será la etapa definitiva en nuestra formación académica. Y afortunadamente, muchas veces nos equivocamos en esto también. La formación de un profesional es una tarea continua, que no tiene final en lo concreto, aunque pueda tener puntos finales en lo formal. ESEADE nos ha inspirado, a quienes hemos tenido la enorme fortuna de poder estudiar sus currículas académicas, un insaciable deseo de seguir profundizando en el estudio de nuestras respectivas disciplinas científicas. Apetito que muchas veces canalizamos hacia la docencia, el debate, la investigación, orientada a la publicación de elaboradas ponencias; que nos permitirán interactuar con la comunidad académica, de modo tal de poder recibir opiniones alternativas, críticas generosas, puntos de vista relevantes en los que no habíamos reparado. Descubrir puntos de investigación futuros, inspirar a nuestros condiscípulos, profesores y colegas. Establecer nuevos vínculos con aquellas personas que, al igual que nosotros, hacen de la búsqueda de la verdad un objetivo de vida.

La vida nos enseña miles de cosas. Muchísimas muy valiosas. Se aprende en el trabajo. Se aprende en la familia. Se aprende en las dificultades. Se aprende incluso en las crisis y en las imponderables calamidades.

Pero la particularidad que vamos a valorar siempre, de lo aprendido en el estudio formal y dedicado, es que se captan miles de matices alternativos que requerirían de muchas vidas para ser asimilados.

Se adquieren conocimientos generalizables y mucho más aplicables a una inmensa variedad de casos, precisamente por la sistematización en la forma en que se imparte y se comparte el conocimiento. Y esencialmente, en que se aprende a aprender, a analizar las leyes generales y su grado de aplicación al caso concreto. Y se desarrolla un enorme bagaje de conocimiento empírico, que luego se puede sistematizar y nuevamente retroalimenta a la comunidad científica a la que nos estamos integrando.

Pero una institución tan afín a los valores de la libertad, al respeto por el disenso y al desprejuiciado fomento del crecimiento de las ciencias, como ha sido siempre la característica de nuestra Universidad, desarrolla permanentemente esa cualidad de nuestros intelectos: La capacidad de cuestionar, de discutir, de disentir, de tratar de encontrar la contradicción o el aspecto aún no resuelto de todas y cada una de las temáticas que abordamos.

Y principalmente, la capacidad de autocrítica, destreza fundamental para poder aportar algo nuevo al conocimiento, al actual estado del arte. Porque, como muy bien nos ha enseñado Sir Karl Raymond Popper:

“El progreso consistía en un movimiento hacia teorías que nos dicen más y más –teorías de contenido cada vez mayor. Pero cuanto más dice una teoría, tanto más excluye o prohíbe y mayores son las oportunidades de falsarla. Así, una teoría con un contenido mayor es una teoría que puede ser más severamente contrastada. Esta consideración dio lugar a una teoría en la cual el progreso científico resultó consistir no en la acumulación de observaciones, sino en el derrocamiento de teorías menos buenas y su reemplazo por teorías de mayor contenido”. [1]

La lección que nos enseña el maestro es que tenemos que trabajar infatigablemente derribando nuestras propias elaboraciones e hipótesis, nuestras conjeturas y refutaciones, para hacer un verdadero aporte original. Esto requiere una personalidad muy fuerte. Una gran convicción. Nos obliga a ser concretos, a dar marco a una discusión fructífera. A desear que nos critiquen y que traten de destruir nuestros planteos. Nos compromete a ser tolerantes.

Asimismo, la educación formal es clave para la formación de un criterio científico. Criterio que, a su vez, será esencial para la interpretación de los acontecimientos del universo que nos rodea. La observación no garantiza la comprensión ni la percepción correcta del universo: Como muy bien explica Paul Feyerabend:

“… en cierto sentido, no se puede enseñar la investigación, … es un arte cuyos rasgos específicos solo revelan una tenue parte de sus posibilidades y cuyas reglas nunca llegan a estar permitidas para crear dificultades insuperables a la ingenuidad humana.

Estas reglas pueden ocasionalmente guiar la investigación, pero frecuentemente quedan reconstituídas por nuevas invenciones y nuevos métodos. …

Niels Bohr o William James subrayaban la inestabilidad de los logros científicos.

Por eso los presentaban históricamente como productos provisionales, dentro de un desarrollo largo y complejo y se oponían a los intentos de clarificación, independientes de la investigación”. [2]

Las conclusiones a las que podamos arribar, dependerán siempre de la rigurosidad de nuestro análisis. Y de la validez de la metodología elegida, estará, entonces en función de la aportación que puedan hacer nuestros resultados. Hay aquí un evidente campo de acción para el criterio del investigador. No solo en cuanto al método, sino también, en cuanto a las excepciones que podamos presentar al método, ya que como bien se nos ha enseñado:

“… no hay una sola regla, por plausible que sea, y por firmemente basada que esté en la epistemología, que no sea infringida en una ocasión u otra. Resulta evidente que esas infracciones no son sucesos accidentales, que no son consecuencia de una falta de conocimiento o de atención, que pudiera haberse evitado. Por el contrario, vemos que son necesarias para el progreso. …

Esta práctica liberal, repito, no constituye solo un mero hecho de la historia de la ciencia, sino que es razonable y absolutamente necesaria para el desarrollo del conocimiento”.[3]

Esta libertad es lo que debemos ejercer con plena responsabilidad, con la convicción de que estamos dedicando todos nuestros esfuerzos a la clarificacion de la verdad. A acercarnos al conocimiento de lo aún ignorado. Que nos exige imaginación, creatividad y criterio.

El tiempo compartido en este claustro académico, la guía de aquellos que fueron nuestros maestros y la discusión desprejuiciada con nuestros condiscípulos habrán sido, sin dudas, los elementos que nos permitirán, en el futuro, elegir las herramientas más adecuadas para servir a nuestra sociedad y a su comunidad científica.

Esto es lo que, todos los presentes aquí, hoy, deseamos,  para todos Uds.

Recuerden y honren siempre a su “Alma Mater”.

Muchas gracias.

[1] Popper: Karl R. “Búsqueda sin término”.  Madrid – Tecnos – 1994. ISBN: 84-309-0723-8 Pag 106 – 107

[2] Feyerabend, Paul: “Adiós a la razón”.  Madrid – Tecnos – 1992 ISBN: 84-309-1071-9 Pag 106 – 107

[3] Feyerabend, Paul: “Tratado contra el método”.  Madrid – Tecnos – 2000 ISBN:84-309-0887-0 Pag. 7.

 

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Es presidente de la asociación de Ex Alumnos de ESEADE.