Evo Morales: el chico que dejó la escuela y llegó a liderar un país embanderado en la lucha contra la pobreza

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 21/11/19 en: https://www.lanacion.com.ar/opinion/evo-morales-nino-dejo-escuela-llego-liderar-nid2308306

 

Evo Morales

Evo Morales Fuente: Reuters - Crédito: Edgard Garrido

La figura del ahora expresidente de Bolivia Evo Morales -particularmente desde su reciente renuncia a la presidencia de Bolivia- es ampliamente conocida. Pero, en general, la gente sólo conoce su perfil de líder indígena dedicado intensamente a la política gremial de su país, primero y, luego, a la política nacional con mayúscula, culminando su meteórica carrera política con su llegada a la más alta magistratura de Bolivia. Lo que logró en su segunda tentativa para ser presidente, en 2005, cuando se impuso, en primera vuelta, con el 53,7% de los sufragios.

De aspecto impasible, con un rostro casi indescifrable, Morales tiene una voluntad de hierro y es realmente un personaje incansable cuando persigue un objetivo que personalmente ha definido como prioritario.

Nació en 1959, en un pueblito pequeño, cercano a Oruro, en el Altiplano. Dejó la escuela a edad temprana para ayudar a su familia a subsistir. Fue pastor, albañil, trompetista en una pequeña orquesta y panadero. Siempre en busca de crecer y mejorar progresivamente su nivel de vida.

Pese a ser aimara, Evo no habla el particular idioma de su etnia. Fue, en su niñez, testigo de la dura decisión de su padre de trasladarse a vivir en la Argentina, en busca de un futuro mejor.

Con cuatro hermanos, perdió dramáticamente a dos de ellos antes de que cumplieran dos años, esencialmente por falta de acceso a los medicamentos y por tener -como muchos- que padecer una alimentación deficitaria. Esto, lamentablemente, no es inusual entre la población indígena boliviana, que conforma el 62% de los algo más de 11,4 millones de personas que integran ese país.

En 2006 Evo Morales se transforma en el primer indígena de la historia en alcanzar la presidencia de Bolivia. Después de haber dejado atrás la montaña y trabajado en los llanos tropicales de Chapare en el cultivo del arroz, banano y de la coca, lo que en pocos años lo lleva a alcanzar altos niveles de dirigencia en el difícil mundo sindical de su país.

Fue, primero, el joven capitán del equipo de fútbol del sindicato de los cocaleros, luego, el secretario del mismo y, en 1988, el líder de una fuerte federación, compuesta por seis diferentes grupos de productores, en la zona de Cochabamba.

En 1997, Morales es elegido diputado nacional por el Movimiento al Socialismo, al que pertenecía. Allí demuestra su eficacia en manejar la red de “movimientos sociales” que construyó pacientemente y cuya verdadera representatividad y legitimidad han sido -como en algunas otras partes- siempre difíciles de precisar.

Una vez en el gobierno, trabaja intensamente para reducir la pobreza estructural de su país. Tiene éxito: el 36% de la población boliviana pobre se deduce al 17%. Este es, a mi modo de ver, uno de sus mayores logros, que no puede ignorarse. Morales -en los hechos- triplicó el PBI per cápita de Bolivia. Tampoco es un logro menor.

En un país como Bolivia, que conoció, entre 1825 y 1985, nada menos que 190 golpes de Estado, el período de algo más de una década, en el que Morales tuvo al país políticamente en sus manos es inusual.

Pero su ambicioso afán por mantenerse indefinidamente en el poder terminó siendo su perdición y generando el rechazo de la gente en un referendo convocado por el propio Evo Morales, que, no obstante, desoyó sus resultados por haber sido adversos respecto de su ambición de poder.

Luego de obtener un amañado fallo judicial a su favor, declarando las restricciones legales a su continuismo como una violación a los derechos humanos de Morales, insistió en permanecer todo el tiempo posible en lo más alto del poder boliviano, lo que fue finalmente su perdición. Ahora tuvo que asilarse en México, con García Linera a su lado, cual fiel escudero, lo que -según algunos- ha salvado su vida, que estaba en peligro.

Por el momento está fuera de su país, pero Morales afirma ante todos que pronto volverá a liderar a su pueblo, en su propia tierra.

El tiempo dirá si su ciclo tiene o no aún por delante una o más fases no transitadas. Mientras tanto, Bolivia es un polvorín que está en medio de un peligroso caos, dividida como pocas veces en la historia.

En ese ambiente, de gran inestabilidad, algunos partidarios de Evo Morales anuncian un próximo paso realmente radical: el de cercar La Paz. Como en 2002 y en 2005. El objetivo es obvio: que no entren alimentos, sumiendo a su población toda en un calvario. Calificar a esa medida (conocida como “el cerco de Tupac Ktari”) de infrahumana parece obvio. Además, ella bien podría -de pronto- ser un delito de lesa humanidad.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Fue profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y fue Vice Presidente de ESEADE.

Lo mejor y lo peor de nosotros mismos

Por Gabriela Pousa. Publicado el 15/3/13 en http://economiaparatodos.net/lo-mejor-y-lo-peor-de-nosotros-mismos/

Habemus Papam… Palabras cuyo eco ha de resonar en los oídos de muchos argentinos por un tiempo que no mido. Frente a la emoción y las sensaciones una se siente siempre debilitada, ¿qué agregar?

Pensar en un análisis político es reducir una figura global, intensa, a una temática en demasía pagana y doméstica. Es inmiscuir lo grande en pequeñeces aunque éstas, en la rutina de los simples mortales, se torne tan excesiva muchas veces.

Lo cierto es que Jorge Mario Bergoglio siendo ya no es. En lo sucesivo hay que hablar del Papa Francisco, y vaya si es distinto…

Argentina trasciende en un hombre de Fe, se descubre entonces que hasta aquí no se ha hecho lo suficiente. Lo que creíamos era todo sabe a poco. En la historia grande estamos entrando por primera vez.

Todo el griterío de tribunas, las oratorias de atril enmudecen frente al sonido apabullante de una voz que no se oye con el oído sino con el corazón. Por eso, mi sentida pena por quienes no pueden oírlo. Por eso, decido hacer caso omiso a la caterva de insensateces y escupidas al Cielo de tantos sordos sumidos en el ruido. Ellos pasarán, el Papa ha de quedar hasta lo indefinido.

Aquello que la santidad elige, otros lo desdeñan y atacan: en definitiva, es el precio de ser tocado por la “varita mágica”, aún sin magia. El repudio hacia esos ruidos es visceral, lo admito.

Jorge Bergoglio no se convierte en Francisco para defenderse de nada ni de nadie, llega en todo caso para luchar en pro y a favor de victorias colectivas, dimensionadas más allá de lo que pueda percibirse a simple vista.

Un síntoma que preocupa o debería preocupar: la posesión de apenas un par de zapatos, un viaje en tren, un boleto de subterráneo surgen de pronto como algo destacable y quizás “impensado”. Entonces cuesta entender que no es precisamente Jorge Bergoglio el que está cambiando…¿Bajo qué parámetros juzgamos lo bueno y lo malo?

Hasta adónde se ha llegado que la humildad y el recato aparecen en esta tierra nuestra, como conductas dignas de beneplácito y grandeza. Hasta aquí, quién fuera cabeza del Episcopado no ha hecho magnas proezas, fue simplemente un hombre justo, sensato. Un pastor con proyección local de su rebaño. Si éste no es un momento para reflexionar qué nos esta pasando, asumamos que estamos definitivamente acabados.

Aun cuando en estas horas – frente a una presencia tan inmensa – se pretende dirimir la duda acerca de lo que pasará de aquí en más con una Argentina perdida en una temible oscuridad, no hay modo de hallar respuestas paganas.

Especulaciones sobran. Habrá quienes crean que su trascendencia está en una pelea entre “K y anti K”. En algunos sitios se festejará incluso haberle torcido el brazo al gobierno. Y es posible que así fuera si acaso se toma en cuenta, únicamente, las antagónicas posturas frente a la vida. Porque las diferencias no se limitan a un modo de encarar la pobreza.

Si se abre perspectiva, hay una concepción de vida muy distinta. Lo que unos miran en miniatura, del otro lado se observa como si estuviese bajo una lupa. Frente a eso no hay análisis que valga. Son los puntos de vista los que marcan la ruta.

Estamos frente a un triunfo individual que puede redimir y oxigenar a una sociedad asfixiada de mezquindad y violencia. Desde el punto de vista fáctico, es dable decir que este argentino se erige como la contra cara de quién conduce los hilos desde la Casa Rosada. Nos da una imagen disímil a la que venimos teniendo de la dirigencia en general.

Allí se descubre entonces que no es nimio el mensaje, que no estamos frente a un Boca – River más como estábamos acostumbrados hasta acá.

Hasta acá es posible que todo fuera blanco o negro, en adelante el arco iris de esparce desafiante. Cada uno sabe qué es lo que puede y quiere mirar. Condenarse al monocromático es una elección personal.

En palabras de quien fuera cardenal de la Argentina, debe aceptarse que “existe una fortaleza peculiar en esta pequeñez, la fortaleza de la confianza en el poder de Dios sobre toda otra posibilidad”.

Bergoglio asumió el desafío: “a veces este abandono persistente y confiado puede parecer ridículo y hasta poco culto”; ingrato agregaría. Mientras el mundo lo admira, hay diarios locales blasfemando.

Estamos siendo bendecidos aunque no haya plena conciencia de que así sea. Es lógico quizás que, en medio de esta batalla de ignominias diarias, no se comprenda a ciencia cierta, de qué estamos siendo protagonistas.

Inmersos en lo que él mismo llamara la “cultura del volquete“, se tira a la basura todo lo descartable. Pero no es lo descartable el único par de zapatos ni el boleto de subterráneo. Descartable es la ambición desmedida y el aplauso de la obsecuencia, descartable es la afrenta gratuita, el abuso, la soberbia. No se dan cuenta, pero el inquilinato de Barlcarce 50 tiene fecha de vencimiento puesta…

Ahora bien, para quienes solo pueden ver lo que tienen en frente, es dable decir que no será el Papa quien “opere” en ‘contra de’, aún cuando desde el poder político se operó contra el Pontífice. Francisco nace para construir, en eso también hay diferencia.

El soplido de aire fresco y cristalino llegó en el momento preciso en que los argentinos estábamos necesitando un respiro. Inhalarlo o no depende del compromiso que cada uno quiera asumir frente al presente.

Es verdad que urge limitar un poder politico avasallante y vergonzoso, es verdad que el gobierno ha puesto fin a tradiciones centenarias en esta Patria, que reescribieron la historia en capítulos arbitrarios, caprichosamente contados. Pero la respuesta nunca fue tan contundente. “Quién quiera oír que oiga“, reza una canción que justamente, entona un canta autor allegado a la Presidente.

Guste o no, hay que archivar lo que ya fue. Cristina Kirchner, así como su fallecido esposo, tuvieron una relación tensa con el cardenal Bergoglio, es cierto. La jefe de Estado despreció aquello que ahora va a buscar denodadamente. Pero el problema de la mandataria no es con el Papa, es con la verdad donde quiera que esta se encuentre, laica o con sotana. Lo notable es que la Presidente no cruzó una calle para asistir a sus misas pero ahora viajará kilómetros para hacerlo… Si no es hipocresía (porque suena muy fuerte) será un tardío ‘darse cuenta’ o un alto sentido del oportunismo. Para ser una redención es todavía muy breve el camino.

Dicen que Juan Pablo II con su papado revolucionó a Polonia, inferir por eso que Francisco puede revolucionar Argentina es cosa distinta. En Argentina hay algo que en Polonia no había: argentinos. Lo mejor y lo peor de nosotros mismos…

El Papa no cambia nada que no quiera ser cambiado. No aplica políticas de Estado coercitivas ni firma decretos que obligan a comportarse de tal o cual manera. La figura del Papa apenas abre conciencias.

Es cierto que la paradoja surge virulenta: durante el gobierno del agravio y la opulencia, nace el Papa de la humildad y la pobreza. Convengamos que pocas veces como ahora, fue tan sencillo y directo el mensaje para los argentinos. Preclaro y sin sutilezas.

En este contexto, queda en perfecta evidencia de que carecíamos los argentinos. Repletos de ídolos estábamos faltos de ejemplo. Jorge Bergoglio, hoy Francisco, es precisamente eso: Ejemplo.

Qué el resto se desgaste inútilmente y pelee por pedestales con mármoles fríos y efímeros.

Habemus Papam y ‘habemus’ otra oportunidad para redimirnos.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.