Fascismo e instituciones

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 8/9/16 en: http://www.larazon.es/opinion/columnistas/fascismo-e-instituciones-EI13394189#.Ttt1I85umD1ZGQv

 

El pensamiento único cultiva la ficción según la cual al totalitarismo se lo previene con la educación, como si Alemania no hubiese sido un país culto antes del nazismo, o Cuba hubiese sido un país atrasado en 1959. También se dice que una sociedad civil fuerte vacuna contra el totalitarismo: Alexis de Tocqueville sostuvo que una sociedad vibrante era el fundamento de la democracia americana. Pero el capital social puede tener también consecuencias negativas. Por ejemplo, puede servir para controlar a la población y consolidar el poder de gobernantes despóticos. Analizar esta cuestión es el objetivo de Shanker Satyanath, Nico Voigtländer y Hans-Joachim Voth, “Bowling for Fascism: Social Capital and the Rise of the Nazi Party”, Universidad de Zurich, UBS Center Working Paper Series Nº 7, junio 2014, de próxima publicación en el Journal of Political Economy.

Estos autores destacan que en las décadas de 1920 y 1930 Alemania tenía una sociedad civil relevante. Sin embargo, su red de clubes y asociaciones facilitó el crecimiento del Partido Nazi, que desarrolló una masa de seguidores devotos y hasta fanáticos; la campaña nazi empezó en esos círculos, sin los cuales su éxito electoral después de 1930 no habría sido posible. El trabajo se basa en los datos de afiliación del NSDAP, Partido Nacional Socialista Obrero Alemán, en más de 100 ciudades, que prueban que el partido nazi creció más rápidamente allí donde había más redes de círculos, clubes etc.: “Nuestros resultados sugieren claramente que el capital social bajo la forma de una rica vida asociativa tuvo un gran efecto corrosivo en la Alemania de Weimar”.

De ese capital social, que debía neutralizar teóricamente a los totalitarios, sacaron más rendimiento los nazis que los demás partidos. No es cierta, por tanto, la vieja teoría que sugería que la moderna sociedad de masas disolvía los lazos sociales tradicionales. En Alemania se fortalecieron, y a su vez fortalecieron a los mayores enemigos de la libertad y la democracia: los nacional-socialistas.

Hubo gente que se aproximó a los nazis, que, como todos los populistas, jugaban a ser transversales entre derecha e izquierda, pero siempre antiliberales, y siempre buscaron comerles la merienda a los partidos de izquierda, como hizo Mussolini en Italia. Hubo gente marginal que se apuntó, diríamos ahora “perroflautas”, que fueron muy visibles, como ahora, pero el grueso de los afiliados a los nazis fueron miembros de la clase media, “blue collars”, con pocos obreros, lo que también ocurría entre los socialistas y los comunistas. Los nazis no fueron diferentes a “la casta” de los demás partidos.

Entre los círculos nazis había gente vinculada a los animales (Hitler iba a prohibir la caza del zorro, y habría prohibido los toros en España), y partidarios de muchas causas sociales, incluidas las reivindicaciones de los estudiantes, entre los cuales los nazis tuvieron mucho éxito. También cosecharon apoyos entre algunos militares, algunos religiosos y algunos empresarios contrarios al libre comercio y la competencia con el exterior.

Igual todo esto a usted le suena. ¿Verdad?

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE.

SOBRE EL PERONISMO: HAY QUE PENSAR TODO ESTO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 9/11/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/11/sobre-el-peronismo-hay-que-pensar-todo.html

 

“…..Con respecto al peronismo, creo que puedo sacarme un 10 en el anti-peronis-copio. “…Vuelvo a insistir en que pocas veces se repara en el drama cultural que esto significa. Es como si en Italia existiera aún un partido mussoliniano, en Alemania un partido Nazi o en España un partido franquista, y como si los demás partidos hubieran copiado sus costumbres. Europa sería hoy lo que era en el 30. Así de simple. Que en Argentina exista, con toda su fuerza política, un partido “peronista”; que muchas y cultas personas se digan peronistas, que estudien y digan practicar la “doctrina” del “líder desaparecido”, que aún canten su adulona, grotesca y promarxista cancioncita (la “marcha peronista”) es una muestra del drama al que me estoy refiriendo y parte de la explicación de la “natural” decadencia argentina”Lo escribí, lo afirmé, lo firmé. Pero, precisamente por ello, el peronismo no es una etapa: es un horizonte cultural. Etapa fue el nazismo en Alemania: se terminó. Pero NO el peronismo. Por eso, si los liberales no queremos ser constructivistas, hay que recordar que Hayek habla de evolución de tradiciones, no de re-voluciones. Los liberales somos a veces tan racionalistas que pensamos que lo asombroso es el peronismo. No, es el revés, lo asombroso, ya lo dijo Ortega, es el surgimiento del liberalismo como una anomalía de generosidad en una hobbesiana historia humana. En metafísica, la pregunta es por qué el ser y no la nada; en ciencias naturales, la pregunta es por qué el orden y no la entropía; en ciencias sociales, la pregunta es por qué la coordinación y no la mayor dispersión de conocimiento; y en política, la pregunta es por qué la libertad y no la tiranía. Los liberales nos seguimos asombrando ante el peronismo como si la pregunta fuera por qué Hobbes y no la libertad, cuando el peronismo no es sino una de las tantas manifestaciones hobbesianas de una naturaleza humana cruel y dominante. Ante ello, el asombro es el liberalismo como contrapeso de la historia de la crueldad. La Declaración de Independencia de los EEUU no es lo obvio, es el milagro.

No sé, entonces, si los liberales no seguimos siendo ingenuamente constructivistas y autoritarios como para seguir proscribiendo por ley que se hable de Perón (la supina ingenuidad de la Revolución Libertadora), con otros métodos, por supuesto. Debemos estar atentos a que el peronismo, como horizonte cultural, sólo puede evolucionar, no desaparecer. En ese sentido, tampoco debemos condenar a priori un ala liberal del peronismo, sea como fuere que pudiera surgir. Al contrario, si ello no surge, la Argentina no tiene salida. Y no es contradictoria un ala liberal del peronismo como no es contradictorio que un mamífero haya evolucionado a partir de un renacuajo. Es un largo proceso, sí.”

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.