Chile: la desigualdad no es excusa para la violencia

Por Iván Carrino. Publicado el 8/12/19 en: https://www.ivancarrino.com/chie-inequality-is-no-excuse-for-violence/

 

Un automóvil detiene su marcha frente a la luz roja. Al volante, una abogada de 40 años mira su teléfono celular para ver la hora. Ella espera llegar a casa y ver a sus hijos.

De repente, se escucha un retumbar.

En cuestión de segundos, el ladrón entra al vehículo por la ventana y agarra su bolso, que yacía en el piso del asiento del pasajero.

Aterrorizada, mira el daño a su auto. La ventana está rota y la billetera se ha ido. También se han ido su dinero, la tarjeta de crédito y algunas fotos de su familia.

Sin embargo, ella está feliz de estar viva y ilesa.

Los observadores parecen estupefactos, con miedo … indignados. En cualquier país normal, si el ladrón es arrestado, irá a la corte. En ese caso, podría intentar justificarse diciendo que robó porque “no tenía nada”, mientras que ella “tenía mucho”.

Una vez más, en un país donde las instituciones funcionan correctamente, el ladrón cumpliría una condena. Entonces, independientemente de su motivo, el hombre será sancionado.

Finalmente, esto parecería estar bien para todos. En el nivel “micro”, el robo es un delito, y más allá de las justificaciones, la violencia debe ser castigada. Este es un pilar básico de cualquier sociedad civilizada.

Curiosamente, cuando ocurren situaciones similares en el nivel “macro”, las reacciones no son las mismas. Por qué decimos esto? Porque lo que está sucediendo en Chile ahora a menudo se explica usando el mantra de “desigualdad”.

Chile y la desigualdad

En el país sudamericano al lado de Argentina, una protesta que comenzó como un rechazo al aumento en el boleto del Metro de Santiago, se convirtió en los últimos días en un caos urbano, con manifestaciones masivas, vandalismo, detenidos e incluso muertes.

Ante claros casos de crímenes y saqueos (que incluyeron la quema de varios trenes e incluso la construcción de un periódico), el gobierno de Sebastián Piñera decretó un “estado de emergencia”.

Obviamente, el problema no es solo el boleto del metro, ya que hay varios grupos de manifestantes que ubican el origen de la violencia en la desigualdad económica. De hecho, a menudo se dice que Chile es un país que “crece mucho económicamente”, pero que no es suficiente crecer “si el crecimiento está distribuido de manera desigual”. Este argumento merece ser analizado en profundidad.

En primer lugar, hay que decir que Chile no es un “paraíso de igualdad social”, pero tampoco es un infierno.

Según datos del Banco Mundial, Chile es el octavo país de América en términos de igualdad. Se ubica debajo de Canadá, Argentina, Uruguay y Estados Unidos.

Sin embargo, también se clasifica mejor que México, Paraguay, Colombia o Brasil. Entonces, ¿por qué la desigualdad solo quema periódicos y estaciones de metro en Chile, pero no en Paraguay o Colombia?

País

Desigualdad medida por Índice Gini

(Año 2017, salvo indicación contraria)

Canadá

34,0

Uruguay

39,5

Argentina

41,2

Estados Unidos

41,5

Perú

43,3

Bolivia

44,0

Ecuador

44,7

Chile

46,6

Guatemala*

48,3

México *

48,3

Paraguay

48,8

Colombia

49,7

Panamá

49,9

Honduras

50,5

Brasil

53,3

Venezuela, RB DAKOTA DEL NORTE
* 2016, Fuente: Banco Mundial

 

Otro tema relevante no es solo que la desigualdad ha disminuido en las últimas décadas (especialmente desde fines de la década de 1990), sino que Chile tiene la mayor movilidad social de toda la OCDE.

Es decir, en Chile es mucho más fácil dejar atrás la pobreza que en, por ejemplo, México o incluso Alemania. Esto puede tener que ver con el gran historial de crecimiento económico con baja inflación y bajo desempleo en los últimos 30 años.

Violencia ilegítima

El punto más fundamental, sin embargo, es diferente. Porque incluso si Chile fuera el país más desigual de América, eso no debería justificar la violencia. Hacerlo, de hecho, significaría rendirse al chantaje.

Desafortunadamente, aquellos que piden más igualdad en el mundo hacen exactamente eso. Nos dicen que el estado debe luchar contra la desigualdad (cobrar a los ricos más impuestos y dar a los pobres más beneficios), para mantener ciertos niveles de “paz social”. Luego toman el caso de Chile, o cualquier otro que sirva a sus propósitos, para justificar sus propuestas

¿No es esto lo mismo que decir que el estado debe tomar parte de la billetera del abogado y dársela al ladrón de nuestro caso inicial para que no rompa la ventana del automóvil? ¿No estaría el gobierno, en este caso, haciendo el “trabajo sucio” del ladrón?

Por otro lado, una vez que el estado redistributivo profundice efectivamente su redistribución forzada, ¿cuándo será suficiente? ¿Cuántos impuestos más debes recaudar? ¿Cuánto más dinero deberías gastar?

¿Cuánto más se tendrá que tomar de los ciudadanos más productivos de la sociedad para dar a los menos productivos y evitar que terminen con la “paz social”?

¿Y si los que afirman nunca están satisfechos?

La desigualdad no es excusa para la violencia. Tampoco debería ser la excusa para que los estados redistribuyan  aún más  ingresos. (Digo “aún más”, por supuesto, porque todos estos países que enfrentan protestas ya tienen amplios programas sociales). De hecho, profundizar el camino hacia ese esquema no solo conduciría a una situación injusta, sino a un empobrecimiento económico.

Chile, con un estado pequeño y solo un papel subsidiario, fue capaz de generar una macroeconomía estable que le permitió triplicar el PIB per cápita desde 1980 y reducir la pobreza del 53% en 1987 al 6.4% en 2017.

Pero tenga cuidado: ceder al chantaje puede comprar algo de “paz social” a corto plazo, pero a largo plazo socavará los cimientos de la prosperidad chilena, como ya lo hizo en Venezuela, Argentina y también Ecuador.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano. Es Sub Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE. Sigue a @ivancarrino

Venezuela votó por “más de lo mismo”

Por Emilio Cárdenas. Publicado el 31/5/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2139534-venezuela-voto-por-mas-de-lo-mismo

 

Los venezolanos acaban de concurrir a las urnas en lo que parece haber sido una elección presidencial fraudulenta más. En la que -como suele suceder- se proscribió a algunos de los principales partidos opositores y encarceló a sus principales dirigentes.

Nicolás Maduro (rodeado de caras amenazadoras por parte de quienes vestían altos uniformes militares) fue inmediatamente declarado ganador. Sin perder un minuto de tiempo. Por ello se apresta a continuar gobernando a Venezuela por un nuevo período presidencial de seis años.

Su reelección ha sido -sin embargo- rechazada por prácticamente todos sus vecinos de la región: por Brasil, Colombia, Argentina, Canadá, Chile, Costa Rica, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Perú, Paraguay, Guyana y Santa Lucía.

Para nuestra región, Venezuela es ya una segunda Cuba, cuyos funcionarios, desvergonzadamente enquistados en el gobierno venezolano, han estructurado -con la estrecha cooperación de sus pares venezolanos-, un mecanismo perverso para que Cuba pueda recibir, “colgada” del mismo, buena parte de las divisas generadas por las exportaciones venezolanas de petróleo crudo. Por largo rato, cabe recordar, Cuba vivió “colgada” de la Unión Soviética. Hoy vive ordeñando a Venezuela. La noción de “no intromisión” ha sido pisoteada y desnaturalizada, a la vista de todos.

Las abstenciones de quienes tenían efectivamente derecho a sufragar en las elecciones venezolanas superaron largamente al número de quienes concurrieron a las urnas. Como se esperaba, ciertamente. El número de votantes, en una elección a la que una significativa parte del pueblo venezolano le diera la espalda, fue el más bajo desde la década del ’50. Menos de la mitad (tan sólo un 46%) de quienes estaban en condiciones de votar se acercaron a las urnas para hacerlo. Muchos de ellos por abstención voluntaria, a la manera de rechazo a Nicolás Maduro. Otros, por su estado de desilusión, convencidos de que votar no hubiera cambiado nada.

Venezuela continuará sufriendo. Su economía es hoy la mitad de lo que fuera en el 2013. Y, cada día, unos 5000 venezolanos dejan atrás a su patria y se exilian, en un éxodo que es tan conmovedor, como inocultable. Casi todos huyen hartos de la creciente escasez de alimentos y medicamentos que ha hecho ya imposible vivir en la normalidad. Y de la enloquecedora hiperinflación, que se estima llegará al 13.000% a fines del año en curso. Así como de los salarios mínimos de miseria, que hoy son del orden de los 2,5 dólares mensuales. A todo lo que se suma un nivel de inseguridad personal aterrador, que se ha vuelto realmente desesperante. Colombia y Brasil los están recibiendo en números crecientes, que ya preocupan a sus respectivas autoridades.

El país del caribe, que tiene las reservas de hidrocarburos más importantes del mundo, ha visto caer su producción diaria de crudo de unos 2,4 millones de barriles, apenas cinco años atrás, a un millón cuatrocientos mil barriles, en la actualidad. Y el flujo continúa cayendo por obra conjunta de las sanciones económicas externas y del claro “des-manejo” que inunda la incompetente gestión de las autoridades locales, todo lo cual debe ser sumado a la cada vez más extendida corrupción, que ha infectado también a las exportaciones de petróleo y gas natural. El resultado de lo antedicho es una situación social intolerable, en la que sobrevivir no está garantizado a nadie.

Para hacer las cosas más graves, los Estados Unidos han aumentado las sanciones económicas que habían ya sido impuestas a Venezuela. Ahora serán sancionados todos quienes negocien o intermedien en títulos de la deuda venezolana y en créditos de cualquier tipo de ese país o de su enorme empresa petrolera estatal, PDVSA, cuyos activos están siendo embargados por quienes tienen derecho a hacerlo, incluyendo los contractuales, que han sido repudiados, ignorados o desconocidos por Venezuela.

Hasta la importación de los diluyentes necesarios para exportar el crudo pesado que produce Venezuela está comenzando a estar afectada. En lo que va del año el volumen de ventas de crudo venezolano ha caído ya un 23%.

A todo lo que se agrega la cada vez más difícil atención del servicio y repago una deuda externa del orden de los seis billones de dólares, cuyo cumplimiento se ha transformado en un signo de interrogación.

En ese ambiente caótico, Nicolás Maduro recibió (con fraude y todo) un millón y medio de voto menos que en el 2013, cuando fuera elegido por primera vez presidente de su país. Y eso que ató perversamente la obtención y el mantenimiento de los carnets que permiten acceder a las raciones de comida y a la prestación de varios servicios públicos a la comprobación de haber efectivamente votado a favor del gobierno.

Venezuela se apresta a vivir “más de lo mismo”, esto es a seguir viviendo encerrada entre el miedo y la desesperación. Su tragedia no parece estar cerca de un final que, de pronto, pueda cambiar el deplorable estado actual de las cosas.

 

Emilio Cárdenas es Abogado. Realizó sus estudios de postgrado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Michigan y en las Universidades de Princeton y de California.  Es profesor del Master de Economía y Ciencias Políticas y Vice Presidente de ESEADE.

No hay que tirar por la borda las Metas de Inflación

Por Iván Carrino. Publicado el 7/2/18 en: http://www.ivancarrino.com/no-hay-que-tirar-por-la-borda-las-metas-de-inflacion/

 

No somos tan excepcionales como para que aquí fracase lo que funciona en todo el mundo.

Una empresa enfrenta un problema en la administración de personal. El gerente nota que sus empleados no están todo lo motivados que él quisiera…

No sabe bien qué hacer, así que llama a un consultor experto en la materia.

El consultor escucha su caso, toma nota, y se toma unos días para analizarlo.

Durante la siguiente reunión, le ofrece una solución: un sistema de compensaciones distinto al que tiene vigente la empresa hoy, que ha demostrado tener éxito en las 10 últimas empresas donde el consultor lo implementó.

“Ok”, dice el gerente, haremos el cambio.

Dos meses después, al no ver resultados, llama indignado al consultor y le dice de todo. Que su sistema es deplorable, que no hay ningún resultado y que todo va a ir peor que antes.

¿Qué pasó? ¿Es que el sistema no funciona? ¿Es que no se le dio el suficiente tiempo? ¿O será, tal vez, que no se logró implementar en la forma debida?

Metas de inflación

El  caso de la empresa es similar a lo que ocurre en Argentina con la inflación. Nuestro país, producto de políticas fiscales totalmente irresponsables y desquiciadas, ha padecido décadas de inflación alta.

A lo largo de la historia, el exceso de gasto público se financió casi exclusivamente con emisión monetaria, derivando en altos niveles de inflación, lo que resultó en un paupérrimo crecimiento económico. La consecuencia es que pasamos de ser uno de los países más ricos y promisorios del planeta, a ser un ejemplo de decadencia mundial.

Durante la década del ’90, el déficit no se financió con emisión monetaria. Por tanto, no hubo inflación. Sin embargo, el exceso de gasto terminó en la crisis de 2001, que al fulminar la Ley de Convertibilidad, le abrió nuevamente las puertas al monstruo de la degradación de la moneda.

Lo que pasó en la década de los 2000 fue todavía más estrambótico. En un mundo donde la inflación casi se extinguía, acá rebrotaba, junto con los controles de precios y los cepos cambiarios. Un caso de estudio por lo excéntrico, sin duda.

Finalizado el período populista, llegamos a la situación análoga a la de la empresa.

El nuevo presidente del Banco Central (como el gerente de recursos humanos), miró con atención el problema de la inflación (el problema de la motivación del personal), y decidió aplicar como fórmula de solución algo que funciona en una innumerable cantidad de países en el mundo. Esto es: las metas de inflación.

2018.02.08_infla

Como se observa en la imagen de más arriba, las metas de inflación, también en Sudamérica, se utilizan de manera extendida. Son el régimen monetario de Colombia, Perú, Chile, Paraguay, Brasil, Uruguay… Y ahora de Argentina.

En casi todos estos países, el instrumento para llevar adelante la política monetaria es una tasa de interés de referencia. Si la inflación está por encima del objetivo, se espera que el Banco Central contraiga su política monetaria, subiendo la tasa de interés. Si ocurre lo contrario, se espera que la relaje, bajando la tasa.

La única excepción a esta regla es Uruguay,  que si bien mantiene un régimen de “Metas”, utiliza como instrumento el control directo de los agregados monetarios. Así, si la inflación está por arriba (abajo) de la meta, entonces buscará que la cantidad de dinero crezca menos (más).

¿Fracaso o impaciencia?

Como veníamos diciendo, en línea con lo que hace una buena cantidad de países del mundo, Argentina adoptó un sistema de Metas de Inflación. El esquema, en rigor, comenzó en Septiembre de 2016, cuando el Banco Central lo lanzó de manera oficial.

Ahora bien: ¿cuáles fueron los resultados? Para muchos, poco menos que desastrosos.

La tasa de inflación cerró en 2017 en 24,8%, cuando el techo de la meta era de 17% y el centro de la misma era 14,5. Es decir, 10 puntos por encima. Además, por cómo vienen moviéndose las expectativas, la nueva meta del 15% para 2018 tampoco se podría cumplir.

Con este diagnóstico, algunos profesionales comenzaron a pedir que se tire por la borda el sistema de Metas y que se pruebe con otra cosa. Las alternativas van desde controlar los agregados monetarios, lanzar un “dólar argentino”, o profundizar los controles de precios para “desconcentrar la economía”.

Dada la experiencia de la última década, queda claro que controlar precios no tiene ningún sentido.

Las otras propuestas son más interesantes… Pero: ¿son necesarias?

Ecuador tiene una economía dolarizada y no tiene inflación. Alemania controló sus agregados monetarios antes de ingresar al Euro y la mantuvo siempre baja. Ese es un punto a favor del “dólar argentino” o el control de los agregados. Pero también es cierto que el resto de las economías que usan el sistema de metas tampoco tiene inflación: ¿por qué Argentina va a ser la excepción a la regla?

Algunos también dicen que este método, si bien muestra inflaciones bajas en el globo, no sirve para “desinflar”. Es decir, no sería útil para reducir la tasa de aumentos de precios desde nuestro 25-30% promedio, al 5% buscado de largo plazo. Sin embargo, los casos de Israel y Chile, relevados en este estudio, parecerían contradecir ese punto.

Metas de inflación y liberalismo

Una cuestión adicional que puede surgir es qué sistema es más compatible con la libertad económica. Entre los liberales hay mucho debate acerca de qué sistema monetario es mejor. En esa conversación han surgido varias propuestas, como congelar la cantidad de dinero, fijar su tasa de expansión, eliminar el Banco Central, eliminar el curso forzoso, etc.

En este marco: ¿dónde encajan las metas de inflación?

Para responder podemos mirar el Índice de Libertad Económica de la fundación Heritage y detenernos en el subíndice “Libertad Monetaria”. Para la fundación, la libertad monetaria de un país se mide por una índice combinada de “estabilidad de precios” (un promedio ponderado de los últimos 3 años) y de “controles de precios”.

Así, una economía con 0 inflación y 0 controles de precios, sería una economía totalmente libre en temas monetarios.

Aclarado este punto, vemos que en el Top 3 del ránking de libertad monetaria mundial se encuentran Hungría, Nueva Zelanda y Lituania. Curiosamente, si bien Lituania hoy es parte del Euro y en el pasado mantuvo un tipo de cambio fijo con la moneda europea, Hungría y, especialmente, Nueva Zelanda, son casos emblemáticos de la utilización de Metas de Inflación.

Conclusión

Si bien se entiende la frustración y la ansiedad por obtener resultados, no parece que sea necesario tirar por la borda el sistema de metas de inflación. Si algo funciona en todo el mundo no puede no funcionar en Argentina. Está bien  que somos “especiales”, pero créanme que no tanto.

A lo sumo, si los resultados no son los esperados, habrá que tener algo más de paciencia. Piénsese que las metas tienen más de 10 años de historia en la región, pero acá solo llevan uno y medio.

Finalmente, sin duda que habrá que estar listos para ajustar la política monetaria todo lo que sea necesario para cumplir con la desinflación, pero eso puede hacerse dentro del esquema que, insistimos, es eficiente y, lo mejor de todo, totalmente compatible con la libertad económica.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

¿Puede una empresa reclamar como consumidora?

Por Demetrio A. Chamatropulos. Publicado el 26/3/17 en: http://www.lanacion.com.ar/1998331-puede-una-empresa-reclamar-como-consumidora

 

En los últimos años se incrementó exponencialmente la cantidad de reclamos judiciales de compañías contra otras, invocando el carácter de “consumidoras”.

El incentivo para actuar de tal manera se debe a una serie de importantes ventajas que obtienen aquellos que pueden ser encuadrados dentro de esa categoría, por ejemplo, el beneficio de justicia gratuita (que en la interpretación de una buena parte de la jurisprudencia permite litigar sin gasto alguno -aun en caso de derrota-), la posibilidad de peticionar cuantiosas sumas de dinero adicionales a través de los llamados daños punitivos, facilidades relevantes en el régimen probatorio, entre otras.

La indefinición de los textos legales al respecto permite esta posibilidad, ya que tanto la ley de defensa del consumidor como el Código Civil y Comercial permiten considerar “consumidor o usuario” no sólo a las personas humanas, sino también a las jurídicas, en la medida que en cada caso se demuestre que son “destinatarias finales” de lo adquirido o utilizado, aun cuando lo hayan obtenido gratuitamente.

El problema se agudiza al tomar nota de que ni la jurisprudencia ni los especialistas en la materia se han puesto de acuerdo sobre cuándo existe ese “destino final” (activándose la protección normativa diferenciada) y cuándo no ocurre ello.

Así, para algunos, sólo se excluyen de la protección las situaciones en las que se adquieren e integran bienes o servicios a procesos productivos o comerciales de manera directa e inmediata (por ejemplo, adquisición de materia prima).

Para otros (más restrictivos), la tutela especial tampoco se debe otorgar cuando haya algún grado de integración solamente “indirecta” o “mediata” de lo adquirido a un proceso empresarial (contratación de cuentas bancarias, supongamos). Es decir, que la protección consumeril sólo entra en escena en aislados casos en los cuales queda demostrado que la empresa no se valió ni directa ni indirectamente de ese bien o servicio para cumplir su objeto social o finalidad económica.

Poniendo la mirada hacia afuera del país, se puede observar como tendencia que la normativa comunitaria europea, Alemania e Italia, por ejemplo, limita la protección consumeril exclusivamente a las personas humanas. En España se admite la protección de las personas jurídicas y Francia no define legislativamente la noción de consumidor.

En América latina, en cambio, la idea es la inversa y la regla (con diversos matices) es que las personas jurídicas puedan ser consideradas “consumidoras”. Es el caso de Brasil, Chile, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y México, entre otros.

Para muchos, la ambivalencia interpretativa que presenta la Argentina, sumado a las ventajas que antes se mencionaron, es una irresistible tentación para que las compañías intenten “disfrazarse” de consumidores con demasiada frecuencia, lo cual puede conllevar el riesgo de que las personas “de carne y hueso” queden desplazadas del centro de la escena protectoria por aquellas, dejando de ser el eje del sistema, haciéndolo fracasar en definitiva.

Permitirle a las empresas invocar las normas de defensa del consumidor debería ser sólo una excepción dentro del sistema para casos puntuales en donde efectivamente quede demostrado que no existe ninguna clase de integración comercial (directa ni indirecta) de bienes o servicios.

Y para los casos excluidos no debe olvidarse que el reciente Código Civil y Comercial otorga también poderosas herramientas de tutela a las empresas que están en conflicto con otras más poderosas. Así, por ejemplo, cuando adhieren a contratos con contenido preestablecido pueden incluso impugnar su contenido por abusivo, sin que la firma que hayan puesto en esos acuerdos resulte un impedimento.

Además de lo señalado, la normativa antitrust vigente (y el proyecto de nueva ley recientemente presentado en el Congreso) puede también cumplir un papel de utilidad en esas relaciones interempresariales asimétricas, sin echar mano a un uso forzado de las leyes de protección de los consumidores.

Sin perjuicio de lo dicho anteriormente, a futuro sería deseable reglar normativamente con más detalle las situaciones descriptas para otorgar más certidumbre a los casos grises y fomentar la seguridad jurídica que tantas veces se reclama.

 

Demetrio Alejandro Chamatropulos es abogado. Socio de Chamatropulos Abogados & Consultores y profesor de Eseade.

¿Un acierto estratégico o un matrimonio mal avenido?

Por Carlos Alberto Salguero. Publicado el 26/4/16 en: http://www.rionegro.com.ar/diario/un-acierto-estrategico-o-un-matrimonio-mal-avenido-8138413-9539-nota.aspx

 

La importancia histórica de la relación comercial entre Argentina y Brasil constituyó desde el inicio un hecho subyacente, pues se podía observar que la intensidad de los intercambios entre ambos países estaba sujeta a la tensión latente de sus relaciones y a las circunstancias que súbitamente derivaban en situaciones de conflicto.

En parte, dicha ambivalencia se explica por el pasado colonial. Ambos países heredaron una rivalidad existente entre dos imperios europeos, español y portugués, cuyo punto de encuentro en América del Sur fue la frontera que osciló durante más de tres siglos bajo las formas de migraciones, tratados y armas.

Más tarde, la emancipación de Argentina y Brasil −en más y menos doscientos años de historia, respectivamente− no produjo grandes cambios en el proceso de intercambio comercial entre ambos países, ya que también estuvo caracterizada por turbulencias y disputas, y no por una correspondencia mutua de armonía y cooperación. Sin embargo, a pesar de sus gobiernos, ambos países se han convertido en la actualidad en los principales socios comerciales de Latinoamérica.

La relaciones comerciales argentino-brasileñas siempre fueron muy relevantes, pero rara vez han figurado en el primer plano de las prioridades estratégicas de los dos países. Así lo expresó el empresario Fernando Barra en importante evento privado, semanas atrás, en la sala del Paraninfo –Rectorado de la Universidad Nacional del Litoral−, edificio que ha trascendido porque ha sido sede en dos oportunidades de la Convención Nacional Constituyente, 1957 y 1994.

La tensión bilateral, lejos de terminar con la independencia de ambos países, se puso de manifiesto por la creciente presencia del Estado y, consecuentemente, menor esfera del mercado. Quizás no se ha advertido con el debido rigor que para poder importar es necesario exportar; de lo contrario, no habrá posibilidades de comprar en el extranjero.

Al eliminarse las barreras aduaneras, la mayor cantidad de bienes y servicios disponibles reportará mayores ingresos y salarios en términos reales, pues se podrán comprar bienes a un precio más bajo e incluso artículos de mejor calidad. Como se ha dicho, el nivel de importación dependerá de las posibilidades previas de exportación y esa es la razón por la cual resulta imperativo comprender que proteccionismo significa protección para unos pocos y desprotección para el conjunto de la comunidad.

Frente a los hechos, la solución intentada por los gobiernos ha sido implementar una especie de colusión regional. El Tratado de Asunción, de 1991, sentó las bases para la constitución de un mercado común entre la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, el Mercosur. Naturalmente, se erigieron barreras y aranceles externos hacia otros países.

Alianzas de este tipo se caracterizan por perseguir diferentes tipos de objetivos, tales como: reducir y eliminar gradualmente las trabas al comercio; impulsar el desarrollo de vínculos de solidaridad y cooperación; promover el desarrollo económico y social de la región en forma armónica y equilibrada a fin de asegurar un mejor nivel de vida para sus pueblos; renovar el proceso de integración y establecer mecanismos aplicables a la realidad regional; crear un área de preferencias económicas, teniendo como objetivo final una armonización plena de sus políticas macroeconómicas, con el fin del establecimiento real de un mercado común.

Pero la globalización no se trata de crear bloques defensivos contra otras regiones, sino de abrirse al mundo y aprovechar en su magnitud y cuantía las ventajas del comercio.

No es el Mercosur la manera más eficiente de abrirse al mundo, sobre todo porque las prácticas recientes de ambos lados de las fronteras no obedecen a una estrategia de largo plazo sino, simplemente, a un sinnúmero de atajos para atender la coyuntura. Medidas que encajan exactamente en el viejo aforismo popular que dice: “De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Pues de nada sirven los “buenos propósitos” si no se tienen en consideración los derechos de sus socios comerciales y se vulnera reiteradamente el marco institucional.

Tanto Brasil como Argentina, con gobiernos fuertemente populistas (al menos hasta los mutuos escándalos de corrupción), han convertido la justicia social en el argumento más efectista de la discusión política. Y, al amparo de esas prácticas, se ha defendido todo tipo de abusos, arbitrariedades y caprichos. Quizás como el matrimonio mal avenido, de reflejo correcto para la sociedad, se obligan a continuar la relación muy a su pesar.

 

Carlos Alberto Salguero es Doctor en Economía y Máster en Economía y Administración de Empresas (ESEADE), Lic. en Economía (UCALP), profesor titular e investigador en la Universidad Católica de La Plata y egresado de la Escuela Naval Militar.

El mito de los inmigrantes malditos

Por Alejandro Tagliavini. Publicado el 2/6/15 en http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-mito-de-los-inmigrantes-malditos/15878936

 

Según la ONU, el PIB de Latinoamérica solo avanzará 0,5 por ciento este año y 1,7 por ciento el próximo; 1,9 y 1,4 puntos menos que lo que vaticinaba anteriormente debido al descenso de los precios de las materias primas y la fragilidad de varios países. Sin embargo, hay países como Bolivia, Paraguay y Perú que crecerían más del 4 por ciento. En contraste, el PIB mundial progresará 2,8 por ciento este año y 3,1 por ciento el próximo; 0,3 y 0,2 puntos menos de lo estimado anteriormente. En la Unión Europea (UE), el PIB progresaría 1,6 por ciento este año y 1,9 por ciento el próximo, ligeramente por encima de lo previsto hace seis meses, y EE. UU., por su parte, crecería 2,8 por ciento en 2015, pero en 2016 “solo” 2,7 por ciento frente al 3,1 por ciento que se esperaba en enero.

Por otro lado, el clima de negocios en América Latina cayó en abril a su peor nivel en seis años y no era tan bajo desde enero del 2009, según la Fundación Getulio Vargas de Brasil. El llamado Índice de Clima Económico cayó desde 75 puntos en enero hasta 71 puntos en abril –29 por debajo del promedio de 100 puntos de los últimos diez años– y viene cayendo gradualmente desde los 95 en enero del 2014. Por el contrario, el índice para el mundo subió desde 106 puntos en enero hasta 110 en abril. Para remate, la tasa de desempleo regional llegaría a 6,2 por ciento en 2015 luego de haber anotado 6,0 por ciento en 2014, según la Cepal.

Así las cosas, según el BID, el total de remesas recibidas en Latinoamérica y el Caribe ascendió a US$ 65.382 millones superando el máximo alcanzado en 2008, con un aumento del 8 por ciento en México hasta los 23.645 millones –más de un tercio del total–; del 7,4 por ciento en América Central hasta los 15.782 millones, y del 6,3 por ciento en el Caribe hasta los 9.962 millones. Solo Sudamérica registró una caída en 2014, del 1 por ciento con respecto del año previo hasta cerca de los US$ 16.000 millones. Las remesas representan una fuente importante para muchos al punto que en Honduras, El Salvador y Nicaragua suponen más de una sexta parte del PIB; y en Haití, el país más pobre de la región, un cuarto de toda su riqueza anual.

La crisis en España –el segundo país de origen de las remesas a la región– ha provocado que el flujo de remesas se haya visto seriamente afectado. Pero la progresiva mejora española hace que el estudio proyecte un aumento de remesas en 2015. Por su parte, la recuperación económica, la caída del desempleo y la moderada mejora de los salarios en EE. UU. han permitido una mejora de los envíos de remesas. A fines del 2014 había 21,8 millones de inmigrantes originarios de Latinoamérica y el Caribe, un aumento anual del 6,2 por ciento. En 2014, la remuneración semanal media de los inmigrantes en EE. UU. alcanzó los US$ 594, el mayor valor de los últimos catorce años, implicando una tasa de crecimiento anual del 2,7 por ciento.

En fin, de todo esto se desprende que, lógicamente, la curva de oferta y demanda se cumple estrictamente en el flujo de inmigrantes. Es decir, cuando los salarios son mucho más altos en los países receptores –y en la medida en que lo sean– los flujos de inmigrantes crecerán hasta que, por el exceso de oferta, las remuneraciones bajen tanto que el flujo disminuya. En definitiva, el mercado receptor no solo que no se perjudica con la llegada de trabajadores sino que se beneficia, de hecho, por eso paga esos salarios más altos que el país de origen de los inmigrantes. Cuando ya no necesite mano de obra, bajarán los salarios al punto que se interrumpa el flujo.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Es Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Uruguay, a un paso de convertirse en el próximo socio del Acuerdo Trans-Pacífico

Por Belén Marty: Publicado el 14/9/14 en: http://es.panampost.com/belen-marty/2014/09/15/uruguay-a-un-paso-de-convertirse-en-el-proximo-socio-del-acuerdo-trans-pacifico/

El Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica (TPP, por sus siglas en inglés), uno de los tratados de libre comercio más importantes del planeta, contaría el año próximo con Uruguay como un nuevo socio comercial, según anunció el diario local El Observador el pasado viernes.

Si bien la decisión final recaerá sobre el próximo presidente uruguayo, los principales candidatos electorales para los comicios de octubre próximo ya manifestaron su tácito acuerdo con que Uruguay se integre a otros bloques comerciales fuera del Mercosur, el mercado común sudamericano entre Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Venezuela.

Este acuerdo, también conocido como la Alianza Trans-Pacífico, reúne desde 2006 a Chile, Brunei, Nueva Zelanda y Singapur, y tiene como objeto reducir las barreras arancelarias y no arancelarias entre sus miembros. En vista de los datos obtenidos por la Unidad de Análisis Económico de El Observador, el 8,1% del PIB mundial de 2013 provino de las importaciones de la totalidad de los miembros que integran el TPP.

Mientras que Estados Unidos, Vietnam, Australia, Perú y Malasia ya están negociando su incorporación al TPP, otros países como México, Canadá y Japón estarían considerando sumarse al acuerdo económico multinacional.

El actual presidente, José Mujica, se mostró optimista acerca de la propuesta y coincidió con una mayor apertura comercial por parte de Uruguay.

“Es posible que algunos vean a la TPP como un instrumento de la política de Estados Unidos, pero si no estamos va a ser todavía un instrumento más fuerte. En todo caso tenemos que estar para que sea nuestro instrumento. Usted en una lucha puede perder porque le ganan en el campo de batalla, pero también puede perder por no estar en el campo de batalla. Donde se esté discutiendo integración hay que estar, y hay que dar batalla”, expresó el mandatario durante una entrevista televisiva.

Además, indicó que Uruguay necesita “una política inteligente que ayude a desarrollar el comercio complementario. Si nos cerramos a nosotros mismos es muy difícil que nos podamos integrar”.

Según el diario uruguayo El Observador, la propuesta para que Uruguay se integre no vendría directamente de Estados Unidos sino de Chile o Perú.

Michelle Bachelet, que visitó el pasado viernes Montevideo por primera vez desde que asumió la presidencia de Chile en marzo, expresó en relación a Uruguay y al TPP que “Chile sin duda facilitará su pertenencia”.

Eduardo Contreras Mella, embajador chileno en Montevideo, le expresó a El Observador que “Chile vería con muy buenos ojos y con simpatía incorporar [a Uruguay]” al mismo tiempo que dijo que “el espíritu de Chile en relación a los nuevos bloques es actuar para procurar incorporar a países latinoamericanos”.

De acuerdo con el diario, con US$2.855 mil millones Estados Unidos sería el mayor socio importador, seguido por Japón ($833 mil millones) y por Canadá ($402.7 mil millones).

Los presidenciables, a favor de un Uruguay integrado comercialmente

Luis Lacalle Pou, Pablo Mieres, Pedro Bordaberry y Tabaré Vázquez son los principales candidatos a presidente en las próximas elecciones de octubre.

Según el diario argentino Infobae, los candidatos presidenciables pidieron el viernes que en caso de asumir el cargo, abogarán por un Mercosur más abierto y que permita acuerdos comerciales por fuera de esta alianza.

“Tenemos que trabajar en el Mercosur para llegar a un proceso de integración regional abierto que permita a los países de menores economías […] tener la posibilidad de negociar abiertamente con el resto del mundo”, manifestó el candidato oficialista Vázquez, quien cuenta con una intención de voto cercana al 42%, de acuerdo con la encuestadora Factum.

Por su parte, Lacalle Pou, quien tiene una aprobación del 32%, se alegró con la noticia de que la candidata a presidente de Brasil, Marina Silva, también se había manifestado en relación a una flexibilizacion de las normas del Mercosur. “Es una muy buena noticia”, remarcó Lacalle Pou.

Bordaberry, que se encuentra un poco más retrasado en las encuestas con una adhesión del 15%, expresó que si el bloque comercial del Mercosur no cambia esta modalidad, Uruguay debería salirse.

Pablo Mieres del Partido Independiente buscará que Uruguay sea miembro pleno de la alianza TPP.

Una oportunidad para la pequeña economía

Maximiliano Sosa Andrés, economista uruguayo de la consultora Towers Watson, le expresó aPanAm Post que la unión de Uruguay al TPP sería una excelente oportunidad para que este país acceda a un mercado potencial que representa a más del 30% de la economía mundial.

“En un momento en que Argentina y Brasil, los principales socios comerciales de Uruguay después de China, tienden a limitar el comercio mediante trabas, un acuerdo de esta magnitud permitiría nuevas oportunidades para la economía del país y la reducción de la actual dependencia al bloque del Mercosur”, indicó el experto.

Añadió que “Para una economía pequeña como la de Uruguay, la apertura comercial es la única manera de garantizar un dinamismo en la demanda que permita mantener un crecimiento sostenido como el experimentado en los últimos años y contenga los vaivenes del consumo interno”.

Por último, señaló que existe el riesgo de “quedarse afuera”, ya que los acuerdos de libre comercio tienden a generar ganancias significativas en términos de intercambio para los países miembros, pero con posibles costos para quienes no forman parte del grupo.

“Dejar pasar esta oportunidad sería riesgoso para el desarrollo futuro del país”, concluyó Sosa Andrés.

Belén Marty es Lic. en Comunicación por la Universidad Austral. Actualmente cursa el Master en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Conduce el programa radial “Los Violinistas del Titanic”, por Radio Palermo, 94,7 FM.