Sobre ofensas, opiniones adversas y el proceso de mercado

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 28/8/2en: https://www.infobae.com/opinion/2021/08/28/sobre-ofensas-opiniones-adversas-y-el-proceso-de-mercado/

Daniel Klein

Conviene de entrada decir que todo progreso en el conocimiento hace que muchos de los que sostenían opiniones distintas hasta ese momento imperantes se sientan incómodos, molestos, a veces humillados, ridiculizados y ofendidos. Pero precisamente el derecho a expresar libremente las ideas -la libertad de prensa- resulta trascendental no solo para que la gente se entere de lo que viene sucediendo sino especialmente para el aprendizaje en un contexto siempre evolutivo de permanentes corroboraciones provisorias abiertas a refutaciones.

Todas las ciencias y todo el conocimiento está sujeto a estos avatares, de lo contrario para no molestar, incomodar, ofender o humillar habría que estancarse y renunciar al progreso. Esto también se aplica a otros territorios que últimamente se han debatido que se refieren, por ejemplo, a preferencias o inclinaciones sexuales varias, lo cual, demás está decir debe ser aceptado si no hay lesiones a los derechos de terceros pero también en este caso o similares no quiere decir para nada que otros adhieran o se que se abstengan de analizar. Pongamos un ejemplo muy extremo: supongamos que una persona se autopercibe gallina, nadie puede recurrir a la fuerza para que esa persona cambie de opinión (incluso si se ejercita en cacarear) pero esto no significa que otros no puedan decir abiertamente que esa autopercepción constituye un error de apreciación.

Claro que como he escrito antes hay también una cuestión de modales y de buen gusto. Digamos que estamos en un almuerzo con otras personas y el vecino de asiento tiene mal aliento, en lugar de denunciarlo públicamente es mejor respirar para otro lado. Consigno estos razonamientos porque aparecen talibanes aquí y allá que pretenden que todos se callen frente a actitudes que se estiman problemáticas. En realidad estos personajes absurdos apuntan a que todos suscriban sus posiciones lo cual es el mayor ejemplo de intolerancia y estupidez de dogmáticos que solo pueden rendir ilimitado culto a la personalidad de algún personaje muerto porque no piensan por sí mismos. También es una cuestión de buena educación el consejo de no insultar gratuitamente religiones o creencias que uno no comparte, a menos que se trate de estudios filosóficos-teológicos y asimismo muchos otros ejemplos que revelan la conveniencia de recurrir a buenos modales como una manera de alimentar la cooperación social.

Pensemos en la cantidad enorme de personas que se sintieron ofendidas cuando Galileo desarrolló su tesis condenada severamente por la Iglesia Católica a pesar de que como escribe Ortega y Gasset “lo obligaron a arrodillarse y abdicar de la física”. Pensemos en la medicina y los adelantos que dejaron atrás teorías equivocadas que fueron reemplazadas por otras, pensemos en la física: antes he ilustrado el tema con dos premios Nobel en esa rama que fueron padre e hijo, Joseph Thomson en 1906, entre otras razones obtuvo el galardón por mostrar que el mundo subatómico está caracterizado por partículas, sin embargo su hijo -George Thompson- recibió el premio en 1937 por señalar que en verdad son ondas.

Por supuesto que como ha destacado una y otra vez Karl Popper, el conocimiento es un peregrinaje en busca de verdades y para el logro de encontrar trozos de tierra fértil en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos hay que estar atentos a nuevos paradigmas. Por ello es que el lema de la Royal Society de Londres nos advierte nullius in verba, a saber, que no hay palabras finales. Y es por eso que Emanuel Carrére ha estampado la conclusión que “lo contrario a la verdad no es la mentira sino la certeza”. Esto no suscribe la sandez del relativismo epistemológico sino que muestra que las certezas nublan la mente ya que no está abierta a la incorporación de nuevas ideas.

Otra cosa es si hay apología del delito y figuras tales como las injurias, calumnias y equivalentes a través de lo que se dice o hace, en esta situación intervendrá la justicia para poner las cosas en orden y proteger derechos en caso de haberse lesionado. Pero la opinión que terceros tengan de uno no es algo que pueda controlarse, en última instancia depende de la reputación de cada cual que cuanto más abierto sea el proceso mayores garantías habrá para que surja la verdad.

La reputación no es algo que se obtiene por decreto, inexorablemente depende de la opinión libre e independiente de los demás. En este sentido, autores como Daniel B. Klein, Gordon Tullock, Douglass North, Harry Chase Bearly, Avner Grief, Jeremy Shearmur y tantos otros que han trabajado el territorio de la reputación, enfatizan en la natural (y benéfica) descentralización del conocimiento por lo que el proceso del mercado abierto provee de los instrumentos e incentivos para lograr las metas respecto a la calidad en estas y en otras ramas. Y cuando se alude al mercado, demás está decir que no se refiere a un lugar ni a una cosa sino a las millones de opiniones y arreglos contractuales preferidos por la gente al efecto de coordinar resultados.

En conexión con este tema de la reputación, uno de los tantísimos ejemplos del funcionamiento de lo dicho es el sitio en Internet denominado Mercado Libre donde múltiples operaciones se llevan a cabo diariamente de todo lo concebible sin ninguna intervención política de ningún tipo. Los arreglos entre las partes funcionan espléndidamente, al tiempo que se califican y certifican las transacciones según el grado de cumplimiento de lo convenido en un clima de amabilidad y respeto recíproco que hace a la reputación según las opiniones vertidas. Estas calificaciones y certificaciones van formando la reputación de cada uno que es el mayor capital de los participantes puesto que así condicionan su vida comercial.

En este mismo contexto, Harold Berman y Bruce Benson muestran el proceso evolutivo, abierto y espontáneo del mismo derecho comercial (lex mercatoria) a través de la historia, sin que haya sido diseñado por el poder político tal como fue el sentido original de la ley. Por su parte, Carl Menger ha demostrado lo mismo respecto al origen del dinero y los lingüistas más destacados subrayan el carácter libre de toda decisión política respecto al lenguaje. Como la perfección no está al alcance de los mortales, la ética también es un concepto evolutivo que no involucra a los políticos (o en todo caso lo hacen para corromper) y, desde luego la ciencia misma es independiente de las decisiones políticas (afortunadamente para la ciencia).

Todos estos ejemplos de peso están atados a la noción libre de la reputación extramuros del ámbito político, en este sentido las corroboraciones en cada campo dependen del mercado de las ideas que, en el contexto de la mencionada evolución, va estableciendo la reputación de cada teoría expuesta de modo equivalente a lo que sucede con la calidad y cumplimiento en el ámbito comercial.

El mercado libre de restricciones gubernamentales estimula a la concordia, enseña a cumplir con la palabra empeñada, mueve a la cooperación social y decanta las opiniones válidas sobre personas y cosas. En cada transacción libre las dos partes se agradecen recíprocamente puesto que ambas obtienen ganancias, lo cual es precisamente el motivo del intercambio. Ambas partes saben que uno depende del otro para lograr sus objetivos personales. Las dos partes saben que si no cumplen con lo estipulado se corta la relación comercial. El mercado necesariamente implica cooperación social, es decir, cada participante, para mejorar su situación, debe atender los requerimientos de la contraparte.

La trampa, el engaño y el fraude se traducen en ostracismo comercial y social puesto que la reputación descalifica a quien procede de esa manera. Significan la muerte cívica. Solo la politización intenta tapar malversaciones. En la sociedad abierta, el cuidado del nombre o, para el caso, la marca, resultan cruciales para mantener relaciones interpersonales.

Las opiniones derivan de los sucesos en el ámbito del mercado a contracorriente de lo que ocurre en el plano político donde siempre hay discursos desaforados, gritos, enojos, donde se muestran los dientes en el contexto de enemigos que siempre hay que combatir. En el proceso del mercado, en cambio, se destaca la amabilidad en intercambios libres y voluntarios donde cada cual para mejorar su posición debe servir los intereses de los demás. Por ello es que la reputación de políticos -es decir la opinión de otros sobre su desempeño- no suele ser buena.

Los derechos de propiedad permiten delimitar lo que es de cada uno y consiguientemente permiten establecer con claridad las transacciones. Por el contrario, la definición difusa y ambigua de esos derechos y, más aún, la “tragedia de los comunes” inexorablemente provocan conflictos y se opaca la contabilidad con lo que se dificulta la posibilidad de conocer resultados. En libertad cada uno da lo mejor de sí en interés personal, en la sociedad cerrada cada uno saca lo peor de sí para sacar partida de la reglamentación estatista por la que el uso de los siempre escasos recursos resultan siempre subóptimos.

John Stossel en su programa televisivo en Fox subraya las enormes ventajas del contralor privado frente al estatal. Al mismo tiempo destaca cómo las regulaciones gubernamentales, que bajo el pretexto de una mejor calidad, cierran el mercado para que privilegiados operen, a pesar de que si hubiera libertad contractual otros serían los proveedores de bienes y servicios.

Un ejemplo paradigmático de lo que estamos abordando es el oscurecimiento de la reputación de casas de estudio debido a la politización de sellos oficiales y absurdos “ministerios de educación”, en lugar de obtener la acreditación por parte de academias e instituciones internacionales especializadas y en competencia, a su vez, cuyas reputaciones dependen de la calidad de sus veredictos y sus procederes. En cualquier caso, constituye siempre un reaseguro el separar drásticamente la cultura de los aparatos políticos (cultura oficial es una contradicción en los términos, lo mismo que periodismo o arte oficial). Esto con independencia de las respectivas inclinaciones de los políticos del momento, puesto que la educación formal requiere puertas y ventanas abiertas al efecto de que el proceso de prueba y error tenga lugar en el contexto de la máxima competitividad y apertura mental.

En varios de sus ensayos Walter Block objeta parte de las visiones convencionales relativas a la opinión que terceros puedan tener sobre la reputación de ciertas personas consideradas por el titular como injustificadas, puesto que reafirma que la reputación no es algo que posea en propiedad el titular sino que, como queda expresado, deriva de la opinión de otros. Como ha subrayado el antes mencionado y tan ponderado profesor Daniel Klein, los incentivos fuertes que genera la sociedad libre en competencia constituyen el mejor modo de producir opiniones valederas sobre los muy diversos aspectos que se suscitan en las relaciones interindividuales y, asimismo, la manera más eficiente de poner al descubierto y descartar las opiniones falsas.

Por último en este tema crucial, es pertinente resaltar que la discriminación es inaceptable cuando se pretende vulnerar la igualdad ante la ley desde el aparato estatal pues todos tienen los mismos derechos, pero es natural y necesaria la discriminación en los ámbitos privados ya que todos al actuar preferimos algo y dejamos de lado lo otro, esto es, seleccionamos, preferimos o discriminamos entre los amigos que elegimos, nuestras lecturas, comidas, ropa, deportes y en todo lo que hacemos discriminamos lo cual desde luego incluye a quienes recibimos y a quienes no en nuestras propiedades, al contrario de lo alegado por energúmenos que protestan porque tal o cual restaurante o similar no los dejan que entren a su local. Es otra vez el espíritu talibán que intenta que todos actúen según sus parámetros, en ese clima ya no habría ofensas ni opiniones adversas puesto que dominará el detestable pensamiento único en un contexto en el que desaparecerá el mercado libre y la igualdad ante la ley como reflejos de una sociedad civilizada.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

La unión es indispensable y urgente

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/3/2en: https://eleconomista.com.ar/2021-03-la-union-es-indispensable-y-urgente/

La unión es  indispensable  y urgente

He machacado una y otra vez con la necesidad de unión de todos los que se oponen al chavismo autóctono. Ahora lo hago una vez más antes que sea tarde. Ya sabemos que hay diferencias de criterio entre miembros del arco opositor. La gestión anterior ha sido un fracaso, comenzando con el impropio bailecito en la Casa Rosada del nuevo titular con la banda presidencial. Siguió con el intento de designar miembros de la Corte por decreto, el uso y la alimentación de los piqueteros, la amistad con sindicalistas autoritarios, la duplicación de la inflación, el endeudamiento colosal, primero sacaron pero en definitiva encajaron el cepo cambiario, aumentaron la pobreza disfrazada con la sandez de la “pobreza cero”. Y no se diga que apuntaron a abrirse al mundo pues no se trata de ponerse en la vidriera para exhibir el estatismo de siempre pues eso aumenta la vergüenza. No es que no haya habido nada bueno, de lo que se trata es de aludir al balance neto y esto fue el mantener el engrosamiento del Leviatán. Lo demás son anécdotas.

Por supuesto que hay valores en ese arco opositor y los hay que tienen sentido de autocrítica y también otros empecinados en el error. Es de desear que se sobreponga lo primero. Como he apuntado antes, los radicales tienen el extraordinario ejemplo de su fundador, el jeffersoniano Leandro Alem. Es de desear que se examinen sus propuestas liberales y se reconsideren los reiterados consejos de Juan Bautista Alberdi.

En cualquier caso, el segundero pasa rápido y si en las legislativas los chavistas ganan espacios habrá reforma constitucional y se procederá a la estocada final a la Justicia y a la libertad de prensa. De todos modos estimo poco serio sugerir que la oposición vaya dividida en las elecciones de medio término con críticas cruzadas (pues es por ello que irían divididos) para luego en 2023 ir junto a los criticados, lo cual es muy poco serio y confunde a los ya confundidos indecisos que suelen definir elecciones.

Además, como si eso fuera poco, se adiciona a la necesidad de repasar conceptos clave de la ciencia política y se hace necesario repasar también algo de aritmética puesto que, como ha ilustrado y explicado Alejo Lopez Lecube, el sistema electoral vigente D´Hont otorga proporcionalmente mayor representación a la mayoría, lo cual aceleraría el desbarranque.

No necesito subrayar la trascendencia de los principios liberales que permitieron que nuestro país estuviera a la vanguardia de las naciones civilizadas desde la Constitución liberal de 1853 hasta que afloró el estatismo primero en la década del 30 y luego más pronunciadamente a partir del ‘43, un esperpento que hemos venido adoptando desde entonces con los resultados que están a la vista.

Como ha consignado Alexis de Tocqueville, es frecuente que en países de gran prosperidad moral y material la gente de eso por sentado, lo cual constituye el momento fatal pues los espacios son ocupados por otros con lo que se corre el eje del debate y se marcan agendas en otra dirección.

Eso es lo que ocurrió en nuestro país donde los socialismos, marxismos, keynesianismos, cepalinos y estatismos en general dieron la batalla intelectual y la ganaron ampliamente. Ahora se observan reacciones sumamente saludables a través de instituciones y fundaciones varias preocupadas y ocupadas en la batalla cultural, es decir, en la trasmisión de valores basados en el respeto recíproco. Asimismo, hay notables profesionales que en faenas diarias destinan tiempo para fundamentar los postulados de la tradición de pensamiento liberal. Esta es una gran esperanza para retomar la senda alberdiana que nunca debimos abandorar y, otra vez, deslumbrar al mundo con el progreso que somos capaces de generar en libertad.

Hoy no se resiste la presión impositiva insoportable, la burocracia que carcome el fruto del trabajo ajeno, la inflación galopante, el gasto astronómico del aparato estatal, la inseguridad manifiesta, la Justicia atropellada y vejada, la libertad de prensa amenazada, las regulaciones asfixiantes y absurdas, legislaciones laborales que perjudican al que trabaja, el cinismo de políticos inescrupulosos, la deuda creciente. Somos el hazmerreír del mundo civilizado.

No debe confundirse el plano académico con el político. En el primer caso es indispensable apuntar alto y levantar la vara sin concesiones de ninguna naturaleza, en cambio en la política es necesario acordar para salvar el pellejo, es lo que nos pide la democracia en el contexto de divergencias.

Pero para revertir toda esta maraña infernal necesitamos tiempo seguir con el trabajo en el plano educativo, lo cual requiere urgentemente la antes mencionada unión de todos los que se oponen al chavismo local. Ya habrá tiempo de dirimir diferencias internas que no son nada al lado del derrumbe que se avecina. La mejor noticia para los megalómanos es que la oposición se fraccione. Como ha dicho Ortega y Gasset, “argentinos, a las cosas”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

¿Nuevamente perderemos el tren?

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 19/9/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/09/19/nuevamente-perderemos-el-tren/

Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Fernando Iglesias y Alfredo Cornejo

Los argentinos ya hemos perdido muchos trenes pues han sido tantísimas oportunidades desperdiciadas para rectificar el rumbo del estatismo enfermizo que nos aplasta desde hace décadas. La última oportunidad fue con la fallida gestión anterior que, como he consignado antes, comenzó con el cuasi pornográfico y nada republicano bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial, con el intento de designar dos miembros de la Corte Suprema por decreto y la expansión de ministerios. Todos los demás fracasos están muy frescos como para detallarlos en el contexto de deudas alarmantes, inflaciones galopantes, impuestos insoportables, gastos elefantiásicos y entrega de obras sociales a piqueteros. Lo demás se convierte en anécdotas frente a tamaño resultado neto. Las intenciones no son relevantes, solo los resultados lo son. Se acepta asumir la enorme responsabilidad de gobernar para resolver problemas, las herencias se resuelven pero no son excusa para el desbarranque.

Ahora se vislumbra un nuevo estropicio que es de esperar se corrija el rumbo antes de descarrilar lo cual naturalmente no permitirá llegar a destino. Por una parte, la oposición parece empecinada en mostrar los mismos rostros del fracaso sin contemplar la posibilidad de la irrupción en escena de otras personas dentro de la misma coalición que no han estado en el primera plano en la administración anterior. En esta línea argumental la mayor parte de los responsables directos del PRO debieran dar un paso al costado y comprender que en estas lides las pruebas que terminan en un fiasco deben abrir paso a otros participantes, por ejemplo a miembros del Partido Radical más cercanos a Leandro Alem que a la Declaración de Avellaneda de 1945 y a la Coalición Cívica en general preferentemente quienes se mantengan en la muy meritoria defensa de las instituciones pero se abstengan de dar consejos sobre economía pues sus comentarios en esta materia han sido en no pocos casos desafortunados, más bien deberían repasar con atención cantos a la libertad como un todo en obras como la de Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Por otra parte, en la medida que lo anterior no ocurra mayores serán los incentivos para fabricar espacios políticos nuevos lo cual naturalmente debilita y fracciona una oposición unida y reforzada en sus argumentos que no resultan suficientes cuando se limitan a la indispensable referencia a la independencia de la Justicia, pero a esta altura se hace necesario precisar y subrayar que al aludir a su definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”, lo suyo remite a la institución básica de la propiedad y ésta a su vez se traduce en mercados libres, es decir, en el respeto recíproco.

Es sin duda muy importante refutar con fuerza los manotazos a la Justicia, la pretendida colonización del Legislativo y el uso y abuso de decretos del Ejecutivo junto con el apañamiento de corrupciones alarmantes y las amenazas a la libertad de prensa, pero como queda dicho es el momento de profundizar conceptos en vista del enorme peligro que corremos.

En todo caso, si se mantiene el mencionado empecinamiento en mostrar figuras responsables de la pérdida del tren más reciente y se consolidaran espacios políticos nuevos, esto será el clima ideal para que los espíritus autoritarios ganen terreno y se fortalezcan para desgracia de todas las muchas personas de bien que reclaman principios republicanos. Esto último fue la razón principal de los votos para la actual oposición. En esta instancia es menester alimentarla y fortalecerla pero no dividirla. Nos va la vida en esta experiencia.

Comprendo perfectamente bien el enojo por la llamativa tibieza de la gestión anterior, pero no es momento de revanchas sino de distinguir claramente el plano político del académico, lo cual precisamente permitirá el tiempo necesario para continuar con la batalla cultural, de lo contrario las batallas se convertirán en campales y nos sumergiremos en una noche de muy difícil retorno. Hace tiempo que la monotonía de lo mediocre nos invade por lo que venimos durando pero no progresando. Para modificar este rumbo nefasto es necesario trabajar en las ideas de fondo, lo cual no ocurrirá si la oposición se debilita, se fracciona y se dispersa. Por más que algunos bienintencionados sostengan que en última instancia un nuevo espacio se coaligará con la actual oposición, en la práctica naturalmente criticarán la oposición existente de lo contrario no tiene razón de ser un nuevo espacio. En este contexto la división resulta suicida. Como todo en la vida, se trata de un tema de prioridades y de balancear peligros. Se necesita cintura y buenos reflejos, lo contrario es lo mismo que detenerse a elaborar sobre los principios de la metafísica en el medio de un tsunami. Todo tiene un momento, recuerdo un relato de Ortega y Gasset que he utilizado antes cuando escribía que a cada cosa que decía un sacerdote que celebraba misa el monaguillo repetía “alabado sea Dios” hasta que el cura perdió la paciencia y le dijo a su circunstancial ayudante “mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”. Y eso es aplicable a los que apuntan a abrir nuevos espacios políticos, por un lado y los que se aferran a comandos, por otro: puede ser interesante pero no es el momento. Estemos bien alertas pues es fácil caer en el peor de los mundos: encajar nuevos espacios políticos en un ángulo del ring con un discurso vibrante pero inocuo y, en el otro, las mismas caras de la oposición acompañado de un discurso antiguo y deshilachado con lo que la derrota será segura pues el atropello no tendrá límites por parte del chavismo vernáculo.

Entre muchos otros temas álgidos hoy se debate la coparticipación federal sobre lo que he escrito hace poco, pero en esta ocasión es pertinente repasar parte de lo dicho con algún agregado pues esta trifulca ilustra la indispensable clarificación de temas actuales que bien mirados remiten a la sustancia y no envueltos en lo meramente coyuntural.

El desmadre de la coparticipación fiscal comenzó con el golpe militar del 30 y se fue agudizando con el tiempo. Hoy el debate no contempla la fuente del federalismo y prefiere discutir en la banquina de la avenida central. El chusmerío en algunos medios prefiere la parla sobre quién manda y los secretos de palacio en lugar de advertir sobre lo mandado. En el caso que nos ocupa, es de esperar que el trámite ante la Corte prospere puesto que esa jurisdicción tiene rango provincial y consecuentemente le cabe las de la ley. Pero el asunto va mucho más profundo que la faena del leguleyo al efecto de precisar el significado original del espíritu federal. Recordemos que, entre muchos otros, Juan Bautista Alberdi resumió el fiasco del positivismo al sentenciar que “saber leyes pues, no es saber derecho.”

Originalmente en el plano político el desarrollo de la filosofía federalista se ubica en el siglo XVIII en el tratamiento constitucional en tierras estadounidenses de donde han bebido muchas naciones del mundo libre. Allí tuvo lugar uno de los debates más fértiles en la materia entre los federalistas y los antifederalistas (paradójicamente más federalistas que los federalistas).

La tesis central, luego desvirtuada en distintos países (incluso de un tiempo a esta parte en Estados Unidos a contracorriente de lo consignado en aquél debate fundacional), consiste en apuntar a los incentivos en dirección a mantener en brete al poder político para que se dedique a su misión específica de proteger derechos, apartándolo de otros menesteres que no le competen.

¿Cuál era la intención de la arquitectura presente en esta edificación? Estaba basada en la noción fundamental que son las provincias (en el caso norteamericano los estados) las que constituyen la nación y no el gobierno central, por tanto para establecer las debidas jerarquías en la copartipación fiscal son las provincias las que deben coparticipar al gobierno central y no a la inversa. En Estados Unidos al sugerir este procedimiento se referían “al poder de la billetera” de los estados miembros, incluso en el extremo hubieron quienes en aquel momento sostenían que no debía existir un gobierno central lo cual fue refutado con razón con el argumento de las relaciones exteriores y la defensa del conjunto.

En este contexto, los estados o provincias que componen la nación son las encargadas de recaudar todos los gravámenes, excepto los vinculados a la Justicia federal, las relaciones exteriores y la defensa. En todo caso la idea que subyace en el genuino federalismo es que independientemente de las ideas políticas de los gobernadores de las distintas jurisdicciones, todos estarán principalmente interesados, por una parte, que los habitantes no se muden a otra jurisdicción debido a cargas impositivas excesivas y, por otra, no ahuyentar inversiones para lo cual tienden a la implementación de tributos razonables situación que los obligan a mantener un nivel de gasto público ajustado.

Por supuesto que si a esto se agregan las reflexiones de Thomas Jefferson como embajador en París al recibir la flamante Constitución, otros grifos se hubieran cerrado. Expresó Jefferson en esa ocasión que si hubiera estado presente en la respectiva Convención hubiera introducido la prohibición de contraer deuda pública externa porque la consideraba incompatible con la democracia ya que compromete patrimonios de futuras generaciones que ni siquiera han participado en la elección del gobierno que contrajo la deuda.

En otros términos, si agudizamos las neuronas y repasamos el significado último del federalismo en sus fases iniciales, podríamos revisar en nuestro país la legislación para que apunte a lo que dejamos consignado con lo cual se cortarían de cuajo las escaramuzas que vienen ocurriendo en nuestro medio sin solución de continuidad desde hace décadas y podríamos reemplazar el sistema del chantaje y la extorsión del unitarismo disfrazado de un federalismo en verdad inexistente.

El sistema federal argentino no es una confederación, por ende el maltrato del gobierno central a las provincias bajo ningún concepto autoriza la secesión, pero de allí no se sigue que las distintas jurisdicciones deban someterse en silencio a los abusos del gobierno central. También es cierto que hay caudillejos que prefieren gastar en aventuras antirrepublicanas para que el gobierno central alegremente les transfiera recursos en un juego macabro a dos puntas. La solución consiste en abrirse paso y despojarse del statu quo y debatir propuestas que minimicen problemas recurrentes.

Este tema del federalismo es uno de tantos que es urgente explorar pero no habrá posibilidad si las defensas disminuyen debido a la parcelación de quienes se oponen al autoritarismo galopante que nos viene consumiendo. Perder otra vez el tren sería imperdonable. El ataque a la sociedad libre es demasiado intenso y persistente como para permanecer distraídos. Estamos jugando sobre el fleje. El tiempo apremia.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Un paralelo estrecho entre el rosismo y el peronismo

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 22/8/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/08/22/un-paralelo-estrecho-entre-el-rosismo-y-el-peronismo/

En ambos casos el abuso del poder ilimitado conculcó derechos básicos

Juan Manuel de Rosas-Juan Domingo Perón
Juan Manuel de Rosas-Juan Domingo Perón

Florencio Varela en su texto titulado “Juicio sobre el gobierno de Rosas” recopilado junto con otros escritos del mismo autor bajo el título Rosas y su gobierno consigna que ese tirano repetía “hasta empalagar las palabras leyes, republicanismo, sentimiento americano. Y, sin embargo, en donde quiera que gobiernan Rosas y sus amigos, no hay un solo pueblo donde los gobernadores no sean constantemente reelegidos y donde no estén investidos de facultades extraordinarias; es decir, donde no esté suspendida toda ley, toda garantía y aniquilada completamente la división de poderes públicos que forma la esencia de toda constitución republicana para reemplazarlos por la irresponsable voluntad de un soldado”.

Como es sabido, el doctor Varela -un distinguido representante de la célebre generación del 37- fue asesinado en su exilio de Montevideo, escapando de las fauces rosistas que finalmente le dieron alcance. Muchas otras distinguidas personalidades se vieron forzadas a buscar refugio en tierras uruguayas durante el rosismo, lo cual también ocurrió durante el peronismo y tal como me comentó un amigo de Montevideo: “Decimos que Hernandarias nos trajo la ganadería y Kirchner nos trajo la agricultura debido a los argentinos llegados a nuestras costas fugados de los zarpazos de ese gobierno”. Si las cosas no cambian, se prepara una cuarta oleada a la hospitalaria banda oriental.

No tiene sentido que políticos inescrupulosos se llenan la boca con aquello de “República Argentina” cuando va quedando poco de republicanismo puesto que su columna vertebral consiste en la igualdad ante la ley -la antítesis del estatismo- anclada al inseparable concepto de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad y, asimismo, la división horizontal de poderes la cual queda anulada cuando el Ejecutivo avanza sobre el Judicial para disimular hechos de corrupción y demás latrocinios al tiempo que coloniza al Legislativo. “Al enemigo ni justicia” -que entre muchos otros transcribe Juan José Sebreli- resume la faceta más tenebrosa del peronismo y por su parte la mazorca rosista expone del modo más horrendo la persecución a opositores.

Antes de repasar algunos hechos claves de ambos regímenes al efecto de ilustrar lo dicho, es del caso hurgar en las probables razones por las que se sigue alabando el espíritu totalitario. Estimo que un motivo central estriba en la propaganda que se han llevado a cabo desde diferentes ministerios de educación a través de la imposición de textos que suscriben variantes del estatismo vía la inspiración rosista y peronista. Por esto insisto una vez más que para comenzar a revertir los graves problema argentinos debe antes que nada comprenderse que el proceso educativo inexorablemente implica competividad y las consecuentes auditorías cruzadas en un contexto evolutivo de prueba y error donde nadie debe tener la facultad de imponer estructuras curriculares desde el vértice del poder. La búsqueda de la excelencia académica solo puede lograrse en un clima de libertad puesto que nadie tiene la precisa en cuanto a las asignaturas que deben impartirse, se requiere un sistema abierto donde las corroboraciones provisorias estén sujetas a refutaciones en ausencia de esa contradicción en términos que es la policía educativa. La politización debe estar ajena a un área tan delicada y trascendental como el aprendizaje y el consiguiente desarrollo de las potencialidades exclusivas de cada cual.

Al recordar hechos y dichos del andamiaje rosista-peronista es del caso subrayar un pensamiento de Ortega y Gasset en 1930 que apunta al corazón del problema, en cuanto a que “este es el mayor peligro que hoy amenaza a la civilización: la estatificación de la vida, el intervencionismo del Estado, la absorción de toda espontaneidad social por el Estado”. Por otra parte, entre muchos otros distinguidos autores argentinos se estableció el correlato que ahora marcamos en esta nota periodística, así Jorge Luis Borges resumió en 1986: “Pienso en Perón con horror, como pienso en Rosas con horror.” En cuanto a las primeras damas también hay correlación estrecha, lo cual señaló Américo Ghioldi en 1952 de este modo: “Como Encarnación Ezcurra de Rosas, Eva Duarte ocupará un lugar en la historia de la fuerza y la tiranía americana.” Y respecto al uso desaprensivo de los pobres que ambas políticas hicieron para hacerlos más pobres mientras aquellos gobernantes se enriquecieron ilegítimamente, es del caso citar a San Agustín en su célebre carta 157 (que de paso va también para predicadores desviados): “si el mérito de aquel pobre hubiese sido su pobreza y no su justicia, no lo hubiesen llevado los ángeles al seno de Abraham, pues Abraham era rico. No honró Dios la pobreza por ella misma, ni condenó en el rico las riquezas.” Ambos gobiernos -rosistas y peronistas- extremadamente centralistas bajo la hipócrita fachada federal.

En otra oportunidad he escrito sobre Rosas, pero es oportuno transcribir nuevamente algunas de las opiniones que dejaron escritas notables personajes sobre ese sujeto en vista de haberse publicado en estos días renovados panegíricos sobre el tirano de marras. Bartolomé Mitre destaca que fundó “una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos” (en Historia de Belgrano), Esteban Echeverría: “Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas), Domingo Faustino Sarmiento: “Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]” (en Facundo). Félix Frías escribió que “Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas), Juan Bautista Alberdi: “los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre” (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte José Manuel Estrada afirmó que “Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial” (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: “Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país” (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires), José de San Martín relata en una misiva que “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país” (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839) y Paul Groussac concluye que “Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita” (en La divisa punzó).

También he escrito antes sobre Perón y el consiguiente peronismo, pero en vista de las machaconas reincidencias que son del dominio público, se hace necesario volver sobre el asunto. Ilustra la catadura moral del sujeto lo que le escribió a su lugarteniente John William Cooke: “Los que tomen una casa de oligarcas y detengan o ejecuten a los dueños se quedarán con ella. Los que tomen una estancia en las mismas condiciones se quedarán con todo, lo mismo que los que ocupen establecimientos de los gorilas y enemigos del Pueblo. Los Suboficiales que maten a sus jefes y oficiales y se hagan cargo de las unidades tomarán el mando de ellas y serán los jefes del futuro. Esto mismo regirá para los simples soldados que realicen una acción militar” (Correspondencia Perón-Cooke, Buenos Aires, Editorial Cultural Argentina, 1956/1972, Vol. I, p. 190).

En otra ocasión anunció: “Levantaremos horcas en todo el país para colgar a los opositores” (discurso de Perón por cadena oficial de radiodifusión el 18 de septiembre de 1947, Buenos Aires). También Perón consignó: “Si la Unión Soviética hubiera estado en condiciones de apoyarnos en 1955, podía haberme convertido en el primer Fidel Castro del continente” (Marcha, Montevideo, febrero 27 de 1970).

Algunos aplaudidores y distraídos han afirmado que “el tercer Perón” era distinto sin considerar la alarmante corrupción de su gobierno realizada principalmente a través de su ministro de economía José Ber Gelbard quien además provocó un grave proceso inflacionario (que denominaba “la inflación cero”) y volvió a los precios máximos de los primeros dos gobiernos peronistas (donde al final no había ni pan blanco en el mercado), el ascenso de cabo a comisario general a su otro ministro (cartera curiosamente denominada de “bienestar social”) para, desde allí, establecer la organización criminal de la Triple A. En ese contexto, Perón después de alentar a los terroristas en sus matanzas y felicitarlos por sus asesinatos, se percató que esos movimientos apuntaban a copar su espacio de poder debido a lo cual optó por combatirlos.

En este contexto es pertinente transcribir una carta del Ministro Consejero de la Embajada de Alemania en Buenos Aires Otto Meynen a su “compañero de partido” en Berlín, Capitán de Navío Dietrich Niebuhr O.K.M, fechada en Buenos Aires, 12 de junio de 1943, en la que se lee que “La señorita Duarte me mostró una carta de su amante en la que se fijan los siguientes lineamientos generales para la obra futura del gobierno revolucionario: ´Los trabajadores argentinos nacieron animales de rebaño y como tales morirán. Para gobernarlos basta darles comida, trabajo y leyes para rebaño que los mantengan en brete´” (copia de la misiva la reproduce Silvano Santander en Técnica de una traición. Juan D. Perón y Eva Duarte, agentes del nazismo en la Argentina, Buenos Aires, Edición Argentina, 1955, p.56).

En un artículo publicado por Claudia Peiró en Infobae el 8 de julio de 2017 se reproduce una misiva de Perón a Mao de la que transcribimos apenas las primeras líneas: “Madrid, 15 de julio de 1965. Al Sr. Presidente Mao Tse Tung. Mi querido Presidente y amigo, desde este difícil exilio, aprovecho la magnífica oportunidad que brinda el viaje de los jóvenes dirigentes peronistas del MRP, gentilmente invitados por Uds. para hacerle llegar junto con mi saludo más fraternal y amistoso, las expresiones de nuestra admiración hacia Ud., su Gobierno y su Partido; que han sabido llevar a la Nación China el logro de tantas e importantes victorias, que ya el mundo capitalista ha comenzado por reconocer y aceptar”.

En los dos casos, en el rosismo y en el peronismo, la debacle institucional y económica fue monstruosa en un contexto de alarmante corrupción tal como consignan intelectuales de la talla de Joseph Potage, Félix Luna, Juan González Calderón, Vicente Fidel López, Bernardo Gonzáles Arrili, Lucio V. Mansilla, Carlos García Martínez, Uki Goñi, Roberto Aizcorbe, Hugo Gambini, Isidoro Ruiz Moreno, Ignacio Montes de Oca, Rómulo Zemborain, María Zaldívar y Nicolás Márquez, quienes además subrayan la antedicha persecución a los disidentes, la mordaza a la libre expresión y la obligación de la divisa punzó en un caso y los lutos y emblemas forzados en el otro.

Muy lejos están estos megalómanos de comprender el significado de “la mano invisible” de Adam Smith que coordina procesos espontáneos en las relaciones sociales que saca partida del conocimiento disperso puesto que tienen siempre la manía de concentrar ignorancia con sus absurdas directivas. Afortunadamente no tienen acceso al comando de los movimientos del planeta Tierra que suspendida en el espacio gira en torno a su eje a razón de 1600 kilómetros por hora y en torno al Sol a 30 kilómetros por segundo y sin piloto, de lo contrario la supervivencia no sería posible.

En los dos casos que tratamos en esta nota periodística, el abuso del poder ilimitado conculcó derechos básicos. Por ello, entre otras cosas, constituye una sandez superlativa la parla sobre rosisimo o peronismo “racional o republicano”. Es de esperar que pueda revertirse la interpretación falaz de la historia para bien de todos los argentinos. Los aparatos estatales elefantiásicos consecuencia de gastos públicos exorbitantes, impuestos insoportables, deudas gigantescas, manipulaciones monetarias inauditas, regulaciones asfixiantes y corrupciones alarmantes derivan en el caso argentino de tozudas, perseverantes y profundas raíces rosistas-peronistas que vuelven una y otra vez cual calesita macabra.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

Los intelectuales, la política y la manía de la autopsia

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 11/1/20 en: https://www.infobae.com/opinion/2020/01/11/los-intelectuales-la-politica-y-la-mania-de-la-autopsia/

 

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

José Ortega y Gasset (Wikipedia)

El rol del político consiste en entender qué es lo que demanda la gente y proceder en consecuencia con propuestas en las correspondientes plataformas. Desde luego que hay distintos segmentos con diferentes conformaciones de la opinión pública a las cuales se dirigen los políticos en campaña.

Pero en este contexto es relevante subrayar que el político no se trepa a la tribuna para decir lo que nadie entiende ni acepta. Antes de subir al podio, debe contar con la suficiente información de lo que requiere su audiencia.

En un sistema democrático es indispensable la función del político, que apunta a representar a sus seguidores. En esta línea argumental es crucial comprender que antes del político subyacen las ideas que comparten los votantes que aunque no sean todas iguales, en cada caso se trata de ideas que influyen en sus preferencias.

Qué bueno y saludable ha sido que los grandes maestros como Buchanan, Eccles, Hayek, Benson, Popper, Nock, Read, Planck y otros intelectuales no se hayan dedicado a la política puesto que nos hubiéramos privado de esos faros extraordinarios y los sobresalientes como von Mises que se involucraron transitoriamente en puestos políticos de jóvenes afortunadamente los abandonaron para poder trabajar en sus proyectos académicos y otros como Rothbard intervinieron con la pretensión de eliminar la política. Y algunos intelectuales que por razones de fuerza mayor se mezclaron en la política quedaron con gusto amargo en sus paladares, por ejemplo, Ortega y Gasset que escribe: “La política se apoderó de mi y he tenido que dedicar más de dos años de mi vida al analfabetismo (la política es analfabetismo)”.

No se trata de sugerir que no haya políticos, los ha habido que han sabido poner límites a la extralimitación del poder (los menos frecuentes por cierto), se trata de comprender las inexorables secuencias y las necesarias prioridades y ordenes de prelación para lograr los objetivos de mayor bienestar para todos si se trabajan en las ideas del respeto recíproco.

En todo caso, hay demasiados candidatos a la figuración política y sumamente escasos los inclinados a las arduas tareas de escarbar en las profundidades de conceptos y teorías que permiten mejorar moral y materialmente a todos. Como escribe Anthony de Jasay, “no es imposible poner la carreta delante de los caballos, es poco práctico”.

Por eso hablamos de “la manía de la autopsia”, en otras palabras se tiende a elaborar sobre medidas pasadas que se reiteran con un tedio colosal y que condujeron a mortajas políticas en lugar de proponer otras concepciones y paradigmas que precisamente surgen de debates abiertos sobre horizontes vitales en lugar de repetir hasta el cansancio lo perimido, lo muerto y lo fracasado. Es frecuente que los gobiernos nuevos se refieran a “la herencia recibida” en alusión a la gestión del gobierno anterior, esta es una manifestación de la manía de la autopsia que opera como una calesita macabra. En definitiva, la metáfora de la manía de la autopsia alude a la machacona repetición de algo arcaico y finiquitado lo cual lógicamente provoca una inercia que conduce a la repetición del cadáver que no zafa del círculo vicioso.

Hannah Arendt y tantos otros pensadores de fuste han marcado las reiteradas mentiras en la política. “Y bueno, qué quieren, es político”, intentan justificar los incautos. Por eso es que Eduardo Mallea ha señalado que para mirar lejos uno entrecierra los ojos “pero para mirar realmente a la distancia hay que cerrar los ojos de la carne y abrir los del espíritu a nuevas perspectivas”.

El problema medular son los epígonos, a saber, los que siguen a otros sin mediar. Locke escribía sobre el problema de “conceder asentimiento a opiniones corrientes recibidas”, Tocqueville concluye que las personas “temen más al aislamiento que al error” y Hume consigna que los hombres “encuentran muy difícil el seguir su propio juicio o inclinación cuando se opone al de sus amigos y compañeros diarios”.

Todos los roles honestos son muy respetables. Hay quienes son buenos para armar listas, conseguir fichas de afiliación y proceder en las contiendas electorales, pero es de desear que los que tienen condiciones intelectuales no consuman sus energías en la política. Y hacer las dos cosas siempre ha complicado, tal como explica Ortega en la antedicha cita, puesto que sabemos el tiempo colosal que demanda la vida intelectual para ser serios en la preparación de clases, libros, corrección de tesis y similares. Por eso alguna vez me he preguntado en voz alta que hubiera sido del mundo si Einstein en lugar de dedicarse a la física hubiera sido intendente de algún pueblo.

Las ideas provienen de otro ámbito completamente distinto del político. Se trata de un trabajoso proceso que comienza en cenáculos intelectuales, pasa por muy diversos planos educativos, llegan a los medios de comunicación y finalmente exigen esas ideas los votantes a los políticos que se presentan como “dirigentes”, pero en la práctica los que en verdad dirigen son los intelectuales que concibieron las ideas en primer término.

El intelectual cumple un rol decisivo para bien o para mal, según sea la tradición de pensamiento a la que adhiere. En el teatro de los acontecimientos no aparece en primer plano el intelectual, que se mantiene en sus bibliotecas observando cómo los políticos se arrogan el papel de inventar lo que sugieren como si hubiera aparecido de la nada la idea.

Sin duda que hay roles y funciones muy dispares: el intelectual concibe la idea y el político la ejecuta pero, como queda dicho, el referente que prepara el terreno es el primero mientras que el segundo la propone al público una vez que haya llegado a ese terreno.

Todo comienza en el nivel teórico. La computadora, la forma de arar y sembrar, las maquinarias y equipos, la medicina, los transportes terrestres, aéreas y marítimas, la física, la arquitectura, la vestimenta y todo cuanto se nos pueda ocurrir comienza con una idea, con una concepción teórica. Generalmente el primero que concibe una idea novedosa es vilipendiado por sus congéneres, por lo que John Stuart Mill ha consignado con razón que “todas idea buena pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Una vez que la idea se aplica los que antes la rechazaban por “impracticable” la aceptan como algo dado, como algo natural.

Pensemos en el que propuso el arco y la flecha en la época de los garrotes; seguramente fue considerado como estrafalario al sugerir algo que nadie había aplicado hasta la fecha y así sucesivamente con todos los inventos y descubrimientos, pues quién iba a tomar en serio a la persona que por primera vez conjeturó que un aparato inmenso iba a volar y convertirse en un avión o que pudiera existir algo como la telefonía inalámbrica o, para el caso, las ventajas de marcos institucionales que respetaran derechos de todos.

Como decimos, son roles distintos los del intelectual y los del político solo que es muy importante percatarse de que no se puede ejecutar una idea que no se sabe en qué consiste. No tiene sentido ocuparse primero de la política y luego de las ideas puesto que de ese modo el fracaso está garantizado.

Hoy en día el trabajo intelectual está muy retrasado respecto a la política. Hay demasiados candidatos para esto segundo y muy escasos ocupantes de lo primero con lo que naturalmente la política resulta un fiasco de proporciones mayúsculas. Hay una desproporción superlativa entre ambos roles puesto que es mucho más fácil alardear con propuestas vacías y contraproducentes que trabajar arduamente en el plano intelectual para producir propuestas con sustancia y riguroso fundamento.

Entonces, si se trabaja lo suficiente en el terreno intelectual el resto, es decir, la ejecución política, se da por añadidura puesto que, como queda dicho, lo uno sigue a lo otro: ni bien se percibe que la gente demanda tal o cual idea el político la propone al efecto se sacar partida electoral. También lo que sucede es que el rol político tiene muchos más candidatos porque la faena es más fácil por más que se aleguen dificultades enormes. Tiene la ventaja de la exposición mayor y más lucida, la foto y equivalentes que contrasta con el intelectual que se mantiene en su lugar de trabajo y las más de las veces en el anonimato.

Equivocadamente se dice que hay que ocuparse de la política puesto que lo otro es a largo plazo. En otros términos, la pretensión de ejecutar lo que aun no se sabe, es decir, la tentación de lo insustancial, lo demagógico, lo banal con visos de profundidad.

Por último, una cuestión lindante y emparentada que he mencionado en otra ocasión y es otro desequilibrio: la desproporción de tiempo dedicado a la coyuntura respecto al debate de ideas de fondo lo cual también cierra el paso para explorar y abrir otras avenidas que precisamente permitan contar con coyunturas favorables en el futuro. Esta balanza desbalanceada muchas veces ocurre en los medios orales, puesto que los escritos cuentan con más espacio para columnas de opinión. En la televisión y la radio se suele consultar sobre la coyuntura por lo que hay demasiados candidatos a responder con lo que se deja de lado el trabajo a más largo alcance, como decimos tan necesario para rectificar rumbos. Yo mismo he pasado por aquella etapa puesto que desde mediados de los 70 hasta fines de los 90 -un cuarto de siglo- he participado en programas reiteradamente en los Neustadt, Grondona y equivalentes de aquella época, a veces todas las semanas y a veces todos los días lo cual naturalmente resta tiempo para las faenas de fondo. Una vez que corté con eso pude disfrutar no solo de un tiempo mucho mayor para trabajar en ideas de fondo sino que logré redoblar una reconfortante paz interior. Por supuesto que es del todo respetable quienes deciden otro camino, incluso -aunque son casos muy aislados y excepcionales- hay quienes visitan esos programas usando la coyuntura como pretexto para anclarse en tópicos de fondo. Solo señalo en un plano más general la necesidad de contar con mayores energías para modificar rumbos descarriados con propuestas que salen de la coyuntura y los lugares comunes.

En resumen, para salir del marasmo es indispensable buscar un equilibrio entre los entusiasmos político-coyunturales y las faenas puramente intelectuales para abandonar la manía de la autopsia y poder vislumbrar un futuro en el que los políticos se vean obligados a recurrir a un discurso razonable.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

LA FILOSOFÍA COMO ADORNO

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 24/2/19 en: http://gzanotti.blogspot.com/2019/02/la-filosofia-como-adorno.html

 

(Del libro “La hermenéutica como el humano conocimiento”, punto 8 del cap. 5, https://www.amazon.es/hermen%C3%A9utica-como-humano-conocimiento-ebook/dp/B07NNX8HPZ ).

No, no como Adorno. Como adorno.

En efecto, la famosa cuestión de qué lugar ocupa la filosofía en la cultura actual es dramática: sencillamente ninguno, precisamente porque nuestro horizonte actual oscila entre el positivismo y el post-modernismo. El primero sigue buscando el santo grial de los datos y el segundo ha renunciado a la razón. Obviamente no hay lugar para la filosofía en nuestro mundo.

Los científicos naturales y sociales siguen creyendo, casi todos, que de los datos surgen las hipótesis y que los diversos testeos empíricos “prueban” las hipótesis. Así son formados los doctorandos y así se hacen tesis cuya aporte teórico es casi nulo.

Lo que sigue salvando (aparentemente) a la filosofía es que es consumida como un adorno o entretenimiento de alto valor. Siguen circulando libros y videos de historia de la filosofía con la intención de hacer “más cultas” a las personas, mientras lo esencial, su trabajo profesional positivizado, no sea demasiado “entre-tenido” por el lujoso “producto”. La filosofía sigue ad-mirando, sigue estando rodeada por un aurea de misterio y respeto, pero por su dificultad. Ser filósofo hoy es como hablar K´icheé[1]. Es admirable, sí, pero primero, estudia Inglés. La filosofía es hoy como antes era la educación de los sectores altos anglosajones para la mujer: lecciones de piano y de Francés.

No nos quejemos por ende de que la filosofía no interese. Su sola introducción como “formación humanística” en medio de las materias “verdaderamente importantes” de las carreras tradicionales es una muestra de incluso quienes la defienden lo hacen como si fuera un florero, y sus argumentos para demostrar la utilidad del florero nunca terminan de cerrar. Así es el triste destino, también, de quienes la tratan de enseñar en esas condiciones.

Por supuesto, no faltará quien me diga, y muy bien, que la filosofía no es “útil”, sino contemplativa, como muy bien defendió Sciacca[2]. Es que claro, no me estoy refiriendo a “utilidad” en el sentido de la razón instrumental. Me estoy refiriendo a la unión entre la razón y la vida, que tanto defendieron Husserl y Ortega y Gasset[3].

La mejor manera hoy de abrir a la filosofía es hablar de los temas más profundos de la economía, de la política, de las ciencias, y cuando se perciba que el testeo empírico no tiene allí nada que decir, subir hacia la filosofía de la economía, de las ciencias o de lo que fuere no como un techo, sino como el único suelo en el cual se puede hacer tierra. ¿Está América Latina explotada por el capitalismo o su endémica pobreza está causada precisamente por la falta de capitalismo? Inútil es irse a los famosos “índices”. La pobreza, en cierto modo, es la misma para un marxista y un liberal clásico que sean ambos honestos. El asunto es cuál es su causa. Y allí todo debate empírico es inútil hasta que no vayan a si es verdad o no la teoría marxista del valor, y para resolverlo tendrán que ir a la filosofía: ¿Hegel o Aristóteles? O sea: ¿Marx o Menger? Sólo la filosofía puede responderlo. Si alguien responde “entonces no se puede” es o positivista o post-moderno. Positivista si sigue buscando los famosos datos que sean independientes del horizonte filosófico; post-moderno si afirma que ambos paradigmas son coherentes internamente pero incomunicables. Y todo este libro ha intentado, precisamente, salir de esa dicotomía.

¿Es el universo determinado, exacto, o indeterminista? ¿Tiene realmente un margen de azar o el azar es un mero término para nuestra ignorancia? La indeterminación onda-partícula, ¿está en la realidad o es un producto de nuestro conocimiento? ¿Qué interpretación de la Física Cuántica es la correcta, la de Copenhague o la realista? Es inútil que midamos o hagamos matemáticas: la mecánica de Newton y la mecánica cuántica, ambas en sus parámetros, encajan. Para resolverlo hay que hacer filosofía de la Física. O sea, filosofía, y darse cuenta, como explicaron Koyré y Popper[4], que la Física depende esencialmente de la Historia de la Filosofía.

Mientras no se tenga conciencia de esto, la filosofía seguirá siendo un adorno lujoso en medio de todo lo “realmente” importante. Hay que barajar y dar de vuelta, organizar las formas de estudio de una manera totalmente diferente, modificar de raíz las llamadas carreras tradicionales “y enfrentar” si es necesario, con nuestros propios recursos, a una demanda de mercado que no nos responda. Pero como no estamos en una sociedad libre, como estamos en una sociedad donde más que nunca el estado-nación-weberiano-instrumental ha monopolizado la oferta educativa y la ha impuesto coactivamente, no podemos hacer eso. La única transformación que queda por el momento es que las empresas comiencen a contratar personas que tengan resultados pedagógicos concretos y NO los títulos oficiales del sistema formal. Pero estamos lejos.

La filosofía como adorno es cara y puede morir en cualquier momento. La filosofía, en cambio, no, porque es esencial a lo humano. Pero mientras tanto, circulará por los mundos underground, por los blogs, por redes sociales, por encuentros interpersonales genuinos tan vitales como el amor, y por toda pastillita roja que nos saque para siempre de la Matrix.

[1] Saquix, Candelaria: Gramática k´icheé, Cholsamaj, 1997, Guatemala C. A.

[2] Sciacca, M.F.: Historia de la filosofía, Luis Miracle, Barcelona, 1954. Introducción.

[3] Ortega y Gasset, J.: ¿Qué es filosofía?, Espasa-Calpe, Madrid, 1973.

[4] Popper, La teoría cuántica y el cisma en Física, op.cit, y Koyré, A.: Koyré, A.:  Del mundo cerrado al universo infinito. Buenos Aires: Siglo XXI, Buenos Aires, 1979;  Estudios galileanos, Siglo XXI, Buenos Aires, 1980;  Estudios de historia del pensamiento científico; Siglo XXI, Buenos Aires, 1988; Pensar la cienciaPaidós, Barcelona, 1994.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

Argentina, otra vez en la encrucijada

Por Alberto Benegas Lynch (h): Publicado el 3/12/18 en: https://www.lanacion.com.ar/2198582-la-argentina-otra-vez-en-la-encrucijada

 

Nos condenamos en una parla machacona sobre la coyuntura y no nos damos espacio para el debate de ideas de fondo, lo que nos condena a repetir errores.

 

Para salir adelante y sortear obstáculos, lo primero es hacer un buen diagnóstico. Venimos a los tumbos desde hace demasiadas décadas. Hay aquí un asunto clave. Muchas personas estiman que los entuertos los deben resolver otros. Consideran que están ubicados en una inmensa platea y que los actores son los que están en el escenario. Un buen método para que se derrumbe el teatro.

 

Ortega y Gasset ha sido muy claro: “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa usted por sostener la civilización se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda sin civilización”. En esta misma línea argumental los Padres Fundadores en Estados Unidos insistían en que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”.

 

El problema central que nos aqueja es la dimensión elefantiásica del aparato estatal que en lugar de preservar y garantizar derechos los conculca a manos de mandones de distintas características,  pero que consideran que sus semejantes son en la práctica infradotados para manejar sus vidas, haciendas y la educación de sus hijos por lo que, aun con las mejores intenciones, el Leviatán irrumpe en escena y todo lo engulle a su paso.

 

Saint Exupery da en la tecla con la mirada típica del aludido mandamás: “¡Ah -exclamó el rey al divisar al principito- aquí tenemos un súbdito! El principito se preguntó ¿Cómo es posible que me reconozca si nunca me ha visto? Ignoraba que para los reyes el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos.” He aquí el problema.

 

No importa a que nos dediquemos, sea a la jardinería, a la música, al derecho, la economía, el comercio o la literatura, todos estamos interesados en que se nos respete, por tanto es obligación moral de cada cual el contribuir cotidianamente a que se comprendan los fundamentos de la libertad. La cátedra, el ensayo, el libro y el artículo son los medios más eficaces pero de ningún modo son los únicos. Por ejemplo, reuniones periódicas de muy pocas personas para estudiar y debatir temas clave producen un efecto multiplicador notable en medios laborales, sociales y familiares.

 

Y aquí viene un asunto de la mayor importancia: nos consumimos en una parla machacona sobre la coyuntura y no nos damos espacio para el debate de ideas de fondo, sin percatarnos que con esta rutina nos estamos condenando a repetir errores. Operamos como el can que se quiere morder la cola en círculos histéricos, en lugar de hacer un alto en el camino y centrar la atención en valores y principios de la sociedad abierta que harán que la coyuntura futura se modifique para bien.

 

No somos capaces de aceptar la respuesta al tan citado y poco comprendido interrogante que se plantea Alberdi “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra”. Si no entendemos esto viviremos permanentemente en estados de emergencia y seguiremos repitiendo aquellas sandeces de podar gastos estatales en lugar de eliminar funciones, hacer el gasto gubernamental más eficiente en lugar de comprender que algo inconveniente cuanto más eficiente peor, enroques de funcionarios en un pesado y contraproducente organigrama, pactar con empresarios prebendarios y sindicalistas basados en legislaciones fascistas, en el contexto de deudas crecientes, impuestos asfixiantes y una economía cerrada para “vivir con lo nuestro”.

 

Y todavía cuando se presentan temas de fondo para salir del atolladero hay quienes tildan con sorna la propuesta como “principista, carente de tacto político y practicidad” sin anoticiarse que nada hay más práctico que una buena teoría y que todo lo que usamos desde la computadora, la medicina, la alimentación y el transporte ha sido la consecuencia de la elaboración de  teorías. Es curioso pero estos críticos son como el perro del hortelano, no dejan hacer y tampoco hacen. Se enfadan con lo que sucede y con lo que se sugiere para modificar los sucesos del momento.

 

En esta nota me circunscribo a un ejemplo de tantos susceptibles de ilustrar la tensión brutal entre la coyuntura y el debate de ideas de fondo. Sin duda que debe trasmitirse y conocerse el día a día pero, reiteramos, es indispensable dar espacio para analizar y discutir ideas de fondo que ayuden a dar un volantazo a nuestro estancamiento que ya va siendo crónico.

 

El ejemplo son las mal llamadas empresas estatales. Mal llamadas porque la característica medular de un emprendimiento empresario estriba en que se asume riesgos con recursos propios y no a la fuerza con el fruto del trabajo de los vecinos. Además, la misma constitución del emprendimiento político de marras inexorablemente significa que se han alterado las prioridades de la gente en cuanto a sus preferencias puesto que si se procede en la misma dirección de lo que el público prefiere no tiene sentido la intervención para duplicar esfuerzos con el consiguiente ahorro de gastos administrativos. Incluso si la “empresa estatal” arrojara ganancias (lo cual es muy poco probable) debe preguntarse si las tarifas no serán demasiado elevadas puesto que la única manera de saber acerca de la conveniencia de lo que se cobra es la competencia en el mercado abierto.

 

Nunca en la presencia estatal hay competencia puesto que para proceder en ese sentido hay que competir lo cual se traduce en la eliminación de todo privilegio que significa sacar la actividad de la órbita política.

 

Resultan tragicómicas las declaraciones sobre las faenas para que la empresa política resulte eficiente sin comprender que el asunto es de incentivos: la forma en que se toma café y se encienden las luces no es la misma en la empresa privada que en la pública. Los incentivos en las auditorías para evitar corrupciones no son los mismos en un sector que en otro. Es del caso recordar la figura tan demostrativa de Garret Hardin de “la tragedia de los comunes” en cuanto a que lo que es de todos no es de nadie, enseñanza que se remonta a los escritos de Aristóteles.

 

Por supuesto que si se traspasan las así denominadas empresas estatales a monopolios privados la situación empeora ya que en el sector privado sabrán sacar mayor tajada del privilegio, con lo que los ciudadanos se verán aun más explotados y vejados. De lo que se trata es de vender al mejor postor sin condición de ninguna naturaleza en un mercado abierto local e internacionalmente al efecto de que la gente pueda sacar la mejor partida posible de ofertas en competencia.

 

Hay todavía un mito adicional  en este capítulo y es el de la tan vapuleada y poco comprendida noción de soberanía. Envolver la telefonía o cualquier otro bien o servicio en la soberanía constituye una sandez superlativa: en última instancia en una sociedad libre la soberanía reside en los individuos no en las cosas ni en abstracciones. Hablar de la soberanía de una línea de bandera es tan ridículo como hablar de la soberanía de la lechuga.

 

Por último, es del caso enfatizar, por una parte, que no resulta pertinente hacer referencia a los capitales del sector público ya que los capitales son siempre privados solo que en este caso no se asignan voluntariamente  y, por otra, cuando se hace referencia al mercado se está aludiendo a millones de arreglos contractuales que diariamente la gente lleva a cabo, desde la vianda del desayuno hasta la cama en que se duerme. El mercado somos todos.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

REFLEXIONES SOBRE LA IDEA DE SOCIEDAD

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

A veces la parla convencional sobre lo social tiene lugar sin tener mucha idea de que se trata. Friedrich Hayek ha escrito en La fatal arrogancia. Los errores del socialismo que el adjetivo social que sigue a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo. Constitucionalismo social quiere decir que el documento del caso se apartará de la idea tradicional de Constitución en cuanto a límites al poder para, en cambio, dar rienda suelta al abuso de poder. Justicia social significa la antítesis de la definición clásica en cuanto a “dar a cada uno lo suyo” para sacarles a unos lo que les pertenece y entregarlo a quienes no les pertenece. Derechos sociales se traducen en pseudoderechos en el sentido de demandar por la fuerza el fruto del trabajo ajeno y así sucesivamente.

 

En la obra mencionada Hayek elabora en torno al concepto de sociedad para terminar sugiriendo que es mejor y más preciso aludir a la idea de orden extendido en reemplazo de aquello que se suele usar como un antropomorfismo en el sentido de afirmar que “la sociedad considera”, “la sociedad requiere”, “la sociedad piensa” etc. Tal vez lo más grotesco en este sentido es cuando aparecen noticias periodísticas con grandes títulos en los que se lee que “Estados Unidos le contesta a África” tal o cual cosa o que “el pueblo reflexiona” sobre tal o cual situación.

 

Ortega y Gasset había llegado a una instancia similar al escribir en El hombre y la gente que “los imprecisos sentidos verbales de las palabras “social, socialidad, sociedad” […] todas esas acciones nuestras y todas esas reacciones de los otros en que la llamada “relación social” consiste, se originan en un individuo como tal, yo por ejemplo y van dirigidas a otro individuo como tal. Por tanto, que la “relación social”, según hasta ahora nos ha aparecido, es siempre una realidad inter-individual” por lo que acto seguido propone denominar “relaciones interindividuales” como algo más preciso que la ambigüedad que encierra la expresión “sociedad” que dice Ortega han confundido no pocos sociólogos una cosa con la otra.

 

Por su parte, Max Weber en el primer tomo de su Economía y sociedad declara que “la acción social se orienta por las acciones de otros” aunque no renuncia a la expresión a la que nos venimos refiriendo sobre la cual los dos autores anteriores tienen sus serias reservas de seguir empleando.

 

Y ahora viene un asunto de la mayor importancia conectado a lo dicho. Antoine Destutt de Tracy (1754-1836) fue el mayor inspirador de Thomas Jefferson a través de la traducción al inglés de su A Treatise on Political Economy donde escribe que “La sociedad es solo y exclusivamente una serie continua de intercambios […] en cuyo contexto ambas partes contratantes siempre ganan, consecuentemente la sociedad consiste en una ininterrumpida sucesión de ventajas permanentemente renovadas por todos sus miembros” referidos a intercambios espirituales y materiales. Uno de las misivas donde Jefferson intercambia ideas con de Tracy está registrado en un largo escrito del primero al segundo fechada en Monticello el 26 de enero de 1811.

 

En cualquier caso y en base a estos recaudos y prevenciones sobre la expresión de marras, estas consideraciones ponen en primer plano la importancia de respetar las autonomías individuales para que cada cual en libertad pueda seguir su camino asumiendo la responsabilidad por sus actos ya que la contracara de la libertad es la responsabilidad, de lo contrario no se trata de libertad sino de un abuso hacia otro.

 

El ver a las relaciones interindividuales para recurrir a la expresión de Ortega o al orden extendido para usar el término acuñado por Hayek o incluso el retomar la vieja y confusa expresión que mantiene Weber de sociedad, es altamente ilustrativo el verlas como intercambios pacíficos y voluntarios entre personas que tienen muy diversos propósitos y necesidades. “Referencias a ´la sociedad´ son una trampa lingüística” escribe el sacerdote James S. Sadowsky.

 

Cada uno persiguiendo su interés personal debe servir al prójimo en los intereses de éstos al efecto de lograr el objetivo. Si no se da en la tecla debe ensayarse otro camino y así sucesivamente. En lo puramente crematístico, los más necesitados son los que más provecho sacan de este proceso puesto que es allí donde se maximizan las tasas de capitalización que hacen posible los salarios más altos.

 

También en este contexto caben fuertes incentivos de gran peso referidos a las obras filantrópicas que, precisamente, se desarrollan en relación directa con los climas de libertad reinantes (no tiene sentido buscar obras caritativas en regímenes totalitarios). Pensadores de la talla de Adam Ferguson, Wilhelm von Humboltd y, contemporáneamente Michel Novak han remarcado una y otra vez, por un lado, la estrecha relación entre la libertad y la responsabilidad individual y, por otro, el correlato entre climas de respeto y el progreso, de modo especial para los más necesitados.

 

Cuando irrumpen en escena los megalómanos que se autotitulan “arregladores de sociedades”, el desbarajuste es seguro. Cualquier cosa que hagan será distinta de lo que la gente hubiera preferido (y si hicieran lo mismo, no tendría tampoco sentido su interferencia con los consiguientes ahorros en cargas administrativas). En este sentido Thomas Sowell en Knowledge and Decisions explica que las planificaciones no son cuestión de contar con computadoras con gran memoria y capacidad de cálculo puesto que sencillamente la información no está disponible ex ante  de que proceda el sujeto actuante y ni siquiera él conoce anticipadamente su decisión puesto que está sujeta a las cambiantes circunstancias que eventualmente  harán modificar su opinión.

 

En relación con lo que venimos exponiendo, Sowell en la misma obra citada también señala lo pastoso y peligroso que arrastra la palabra sociedad al puntualizar que “la metáfora sociedad es usada tendenciosamente para cambiar de contrabando el foco de atención desde numerosas unidades pequeñas a un único factor decisivo a nivel nacional […] No hay tal cosa como la sociedad que decida algo.”

 

Sowell repasa en el libro en cuestión el importantísimo rol de la distribución del conocimiento, fraccionado y disperso entre millones de personas y que su coordinación a través de los antedichos intercambios permite la división de trabajo en faenas cada vez más complejas que permiten como resultado equipos cada vez más fáciles de manejar, sean automóviles, equipos electrónicos o lo que fuera. Recuerda también que las imposiciones de los aparatos estatales inevitablemente generan quiebras en aquellas coordinaciones libres y voluntarias con lo que los faltantes y desajustes son siempre el resultado.

 

Por todo esto es que el individualismo resulta de tanta trascendencia, esto es, el respeto irrestricto a los proyectos de vida de cada cual. Esto implica el sacar provecho de las relaciones interindividuales como forma indispensable para el progreso moral y material. La persona aislada reduce abruptamente su nivel de vida y eventualmente no puede sobrevivir, de allí la importancia de abrir de par en par las puertas a los intercambios espontáneos. Esta división del trabajo permite adelantos colosales en la medicina, la alimentación, el transporte, la tecnología y todo lo que nos rodea que se derrumban si tuviera lugar el asilamiento que propugnan los socialismos y las xenofobias que no solo bloquean las relaciones internacionales sino que lo hacen en el interior de las fronteras con intervenciones  estatales de muy diversa magnitud y especie.

 

Se suele argüir que el individualismo conduce a intereses personales mezquinos sin percatarse que no hay acción en ausencia del interés personal de quien la lleva a cabo, solo que la mezquindad tiene lugar cuando los gobiernos imponen regulaciones que en lugar de apuntar a la cooperación entre las personas crean inevitables conflictos y tensiones de diversa naturaleza. Por otra parte, como entre otros ha dicho Pablo R. Arzun “cuando los líderes izquierdistas hablan de aumentar las riquezas en realidad se refieren a las suyas” (por ejemplo, Fidel Castro y sus imitadores).

 

Hay otros lugares donde la tradición ha sido la libertad pero que hoy se vienen deteriorando como es caso de Estados Unidos en el que William Bonner, a pesar de otros indicadores engañosos, destaca en su último informe económico -reproducido en Buenos Aires por “Contraeconomía” el 5  de noviembre del corriente año de 2018 -que “de acuerdo a los datos de la Tesorería, Trump ha incrementado el déficit fiscal en casi el doble de lo que dejó la administración anterior”.

 

Muchos son los funcionarios políticos que tienen que justificar sus sueldos por lo que crean funciones que no solo no son necesarias sino que son altamente contraproducentes. En este sentido insisto en que deben reencauzarse las actividades gubernamentales con la brújula de la base cero en el  contexto liberal de recurrir a la fuerza solo en caso de que se vulneren derechos y, por lo demás, hacer lugar para la energía creativa de las personas a través de sus intercambios.

 

Una de las tantas maneras de reencauzar esas actividades es convertir el Poder Legislativo en una asamblea mucho más reducida que las que hoy tienen lugar en la mayor parte del llamado mundo libre y que sus faenas sean ad honorem como era, por ejemplo, en las repúblicas de Venecia y Florencia. Para ello es menester comprender que la ley no se traduce en cualquier legislación en cualquier sentido sino que está en línea con los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva, con lo que no puede haber conflictos de intereses con legisladores que se dedican de modo remunerado a sus asuntos personales fuera del recinto.

 

Por su parte el Ejecutivo debiera reducirse en pocas secretarías para asistir al presidente o, mejor aun si prestamos atención a los argumentos esgrimidos en el debate de la Constitución estadounidenses respecto a las ventajas del Triunvirato en lugar de presidencialismos que se asimilan más a una monarquía. Secretarías que debieran operan en el seno de la casa de gobierno al efecto de poder vender todos los palacios de actuales ministerios. Todo ello para centrar la atención en cuidadosas carreras judiciales donde los escalafones y designaciones sean  el resultado del mérito, la independencia y la consecuente excelencia en cuanto a conocimientos jurídicos.

 

En resumen, el uso de la pantalla de “la sociedad” ha servido para las aventuras más espinosas y para ocultar el avance de un Leviatán cada vez más adiposo y agresivo respecto a las autonomías individuales. En verdad, el formar parte de lo que se conoce como sociedad es para sacar provecho de las relaciones interindividuales y no para ser saqueados y como consigné antes tampoco para formar parte de un gran círculo donde cada uno tiene metidas las manos en los bolsillos del vecino. Así la vida se torna insoportable.

 

No facilita para nada la comprensión de lo dicho en esta nota periodística cuando aparecen personajes en televisión diciendo lo más sueltos de cuerpo que “como sociedad” debe hacerse esto o lo de más allá con lo que queda muy difusa y un tanto  cómica su declamación, en lugar de apuntar a personas concretas incluyendo al mismo que se pronuncia de esa manera. En esta línea argumental, es del caso recordar la forma en que se solía despedir Borges de sus audiencias luego de sus conferencias: “saludo a cada uno y no digo a todos porque cada uno es una realidad mientras que todos es una abstracción”. Es tiempo de cambiar radicalmente el enfoque, para lo cual deben derribarse telarañas mentales y mirar el futuro con más imaginación y creatividad para zafar -como ha advertido y aconsejado Milton Friedman- de la tiranía del statu quo.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

 

Gradualismo: una discusión absurda

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 16/5/18 en: http://independent.typepad.com/elindependent/2018/05/gradualismo-una-discusi%C3%B3n-absurda.html

 

Todo en la vida es gradual. Como no está al alcance de los mortales la perfección, el proceso vital consiste en uno de prueba y error en el contexto del evolucionismo ya que el conocimiento es siempre provisorio sujeto a refutaciones. Nada hay entonces fuera del gradualismo. En esta Tierra no alcanzamos un punto final. Estamos siempre en tránsito.

En materia política el asunto consiste en establecer el ritmo de lo gradual en base a la comprensión de que la lentitud demora los beneficios para todos pero muy especialmente  para los más necesitados puesto que la demora en cortar gastos públicos inútiles agrava la pobreza. Por el contrario, la rapidez en eliminar erogaciones improductivas libera recursos que indefectiblemente se colocan en manos privadas que inexorablemente consumen o invierten,  en  cualquier caso reasignan valiosos recursos humanos para llevar a cabo tareas que apuntan a socorrer necesidades insatisfechas.

El empresario, siempre atento a la  posibilidad de nuevos arbitrajes al efecto de incrementar sus ganancias, es el primer interesado en capacitar recursos humanos que permitan lograr esos objetivos. Las necesidades son ilimitadas y los factores de producción escasos, de allí la imperiosa necesidad de economizar. Si estuviéramos en Jauja, si hubiera de todo para todos todo el tiempo, no habría que esforzarse en producir.

Claro que todo  en la vida tiene un costo. El que va al cine tiene que dejar de lado su segunda prioridad, es lo que los economistas denominamos costo de oportunidad. Nada puede hacerse sin incurrir en costos. En el caso que nos  ocupa, quienes dejan de percibir en el primer momento ingresos, por ejemplo, empleados públicos innecesarios,  esto es más que compensado por el efecto global sobre la economía al evitar el derroche, lo cual incluso beneficiará a los funcionarios despedidos como consecuencia de una economía más robusta.

Pero lo más importante es el efecto sobre los trabajadores marginales quienes son los principales beneficiarios del aumento en las tasas  de capitalización merced a los consecuentes ahorros, situación que se traduce en la única causa de aumentos en salarios e ingresos en términos reales.

Como he consignado en otras oportunidades, me parece del todo inadecuado proponer políticas de shock como remedio a una situación económica difícil puesto que precisamente de lo que se trata es de evitar shocks en los que está inmerso el ciudadano cuando se arrastran largos momentos de crisis recurrentes.

Tampoco estimo pertinente aludir a la necesidad de ajustes puesto, que por la mismas razones, las personas viven ajustadas en medio de tormentas periódicas, lo que en verdad se requiere es la eliminación de ajustes.

Es que los gobernantes suelen replicar la mentalidad que prevalece en la opinión pública y si ésta se encuentra en un marasmo de confusiones en cuanto al rol de los aparatos estatales, no resulta posible una parición en niveles gubernamentales que resulten  de una factura diferente. Si prevalece la confusión es raro que los gobernantes sean los iluminados.

La educación en valores y principios compatibles con una sociedad abierta constituye la faena central si se quieren obtener consecuencias perdurables, es decir, progresos morales y materiales sustentables.

La demora en adoptar medidas de fondo conspira contra la posibilidad de revertir situaciones complicadas. En realidad, las dificultades en la comprensión  de lo dicho se debe a que muchos piensan  que el asistencialismo por parte de los aparatos estatales, esto es, el uso de dineros coactivamente  detraídos del fruto del trabajo ajeno, pueden en verdad ayudar cuando significan colocar en los destinatarios y a sus compatriotas piedras en sus cuellos y tirarlos al río de la desesperanza y la negación de la autoestima, amén de los daños muchas veces irreparables que provocan a sus semejantes.

No hay magias en economía, dos más dos son cuatro. El voluntarismo y la demagogia siempre conducen a fracasos estrepitosos. Circunstancialmente se podrán ganar elecciones, pero a la larga surgen los estropicios con todos los vahos hediondos que provocan los despilfarros y las cuentas públicas desordenadas, las manipulaciones monetarias y los endeudamientos  crónicos.

Como escribe Michael Polanyi, ningún mapa puede leerse a si mismo, para saber el rumbo se torna necesario consultar el mapa, de lo contrario, la improvisación asegura el extravío. Igual ocurre con las bibliotecas, si no se consultan resultan superfluas.

Entonces paremos el debate inútil del gradualismo y no dejemos que gobernantes se escuden en esa fachada sin significado alguno y apuntemos a concretar medidas que saquen a la gente de problemas graves. Cuando los gobernantes se postulan  para el cargo es porque piensan  que pueden resolver problemas y no pasarse el tiempo buscando excusas, explicaciones infantiles y fabricar embates contra enemigos inexistentes.

Tal vez el daño más severo que se infringe en estos contexto parte de los aplaudidores de siempre que buscan justificativos inauditos para apañar errores garrafales de funcionarios públicos ineptos. Son, sin  embargo, estos personajes inefables los primeros en traicionar la causa y ubicarse rápidamente en la vereda de los próximos gobernantes.

Los hay también aquellos que hacen de cortesanos del poder de turno pero cuando se hunden sus favoritos circunstanciales declaman que el país en cuestión es invivible y que, por tanto, anuncian que se mudarán de país. Son los infantables garroneros que pretendieron vivir a expensas de quienes se esforzaron en difundir los valores de la libertad en su país de origen y ahora quieren repetir la operación instalados en nuevos horizontes. Si todos  actuaran como estos tilingos, solo queda el mar con los tiburones al acecho.

Todos hemos escuchado a quines se pronuncian diciendo que quieren vivir en paz con sus familias, su trabajo, preservar sus domicilios y pertenencias varias, deportes, viajes y recreaciones como si todo eso viviera de la  estratósfera y de modo automático. No se percatan que el respeto que se merecen no viene por casualidad y que la libertad es una causa que hay que defender cotidianamente. Con  mucha razón ha sentenciado Jefferson que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. Las manifestaciones anteriores revelan una irresponsabilidad a prueba de balas.

Muy acertado Ortega y Gasset cuando escribió en su obra más conocida que “Si usted quiere aprovecharse de las ventajas de la civilización, pero no se preocupa usted por sostener la civilización… se ha fastidiado usted. En un dos por tres se queda usted sin civilización. Un descuido y cuando mira usted a su derredor todo se ha volatilizado”.

No es extraño que se pregunte que puede hacerse para contribuir a que se nos respete, a lo cual todos estamos interesados independientemente de a que nos dediquemos, sea a la jardinería, la pintura, la danza, la economía, el derecho, la arquitectura, la medicina, el ama de casa, el deporte o  lo que fuera. Desde luego que nada más fértil que la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero no es ni remotamente lo único posible. Las reuniones con formatos de ateneos en casas de familia en grupos chicos para debatir periódicamente un libro provechoso constituye unas de las vías más productivas fuera de lo expuesto en primer término, ya que se traduce en efectos multiplicadores en los trabajos, las reuniones sociales, en los  propios núcleos familiares y similares.

Una forma más sistemática y abarcativa es el establecimiento de fundaciones e instituciones al efecto de publicar y dictar seminarios que congregan a públicos más amplios y toda otra forma de estudiar y hacer conocer los principios de una sociedad libre en sus aspectos filosóficos, jurídicos, históricos y económicos. Y para el que de una manera u otra no participa en esas actividades, donar de su propio peculio para que otros puedan dedicarse a esas faenas nobles. En otros términos, no hay pretexto posible para zafar del deber irrenunciable de la defensa propia y de los seres queridos.

En todo caso, las  trifulcas en torno al gradualismo no conducen a ninguna  parte puesto que, como queda dicho, todo  en  la vida es gradual, el asunto es arremangarse y proceder en consecuencia para resolver problemas lo antes  posible y nunca confundir  los pasos en la ejecución de una medida con la inacción, el apoltronamiento y las telarañas mentales. Y mucho menos con el gradualismo al revés como sucede en no pocos casos en  los que se agravan los problemas que generalmente residen en gastos públicos elefantiásicos, cargas impositivas insoportables, déficit fiscales astronómicos, inflaciones imparables, regulaciones asfixiantes y deudas estatales internas y externas exorbitantes.

Como ha explicado en detalle el sacerdote James Sadowsky, la caridad consiste en la ayuda material y en el apostolado y de las dos es mucho más efectiva y duradera la segunda por aquello de que “es mejor enseñar a pescar que regalar un pescado” puesto que como consigna Michael Novak “es preciso subrayar que la sociedad no operará bien si todos sus miembros siempre actuaran basados en intenciones benevolentes”, es decir, si todo el sistema se basara en la caridad respecto a bienes materiales. Por otra parte como destaca Tibor Machan “solo se puede ser generoso si previamente existe el derecho de propiedad” ya que la solidaridad tiene sentido con recursos propios, por ello es que el mal llamado “Estado benefactor” es una contradicción en términos, entregar recursos de terceros por la fuerza no es beneficencia sino que constituye un atraco, “robo legal” como lo definía el decimonónico Frédéric Bastiat.

En resumen, el gradualismo está fuera de la cuestión, lo trascendente es limitar  el poder político a sus funciones primordiales de asegurar los derechos de cada cual a través de justicia y seguridad, misiones que habitualmente no cumplen los gobiernos por ocuparse de tareas que no le competen en un sistema republicano con la pretensión de administrar por la fuerza vidas y haciendas ajenas. Una cosa es el gradualismo, como decimos inherente a la condición humana, y otra son tortugas incompetentes que “hacen la plancha” en los temas que realmente importan.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

MÁS SOBRE LA PRIVACIDAD Y LA CULTURA

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 22/3/18 en: http://radiocadenasol.com.ar/portal/mas-sobre-la-privacidad-y-la-cultura/

 

Desde diversas corrientes de pensamiento hay la preocupación que señala Milan Kundera: “La persona que pierde su intimidad lo pierde todo”. Hoy observamos que la utilización de los formidables medios de comunicación se utilizan muchas veces para aniquilar a la persona y para quedar incomunicado. Así, se observa que algunos consideran que no han hecho nada si no exhiben lo vivido en las redes sociales, son seres vacíos en el sentido apuntado por T. S. Eliot en el libro que lleva por título Los hombres huecos. Son más bien simples megáfonos de la moda. También se constata la cantidad de jóvenes que están físicamente con un interlocutor, pero simultáneamente están mirando la pantalla de su teléfono, con lo cual, en definitiva, no están ni con uno ni con otro.

De más está decir que esto no es para cargar contra los medios de comunicación, del mismo modo que no es para cargar contra el martillo si en lugar de clavar un clavo se lo utiliza para romperle la nuca al vecino.

Hay dos libros de nuestra época que muestran la preocupación respecto de la privacidad y la cultura desde dos ángulos opuestos. Se trata de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord y La civilización del espectáculo, de Mario Vargas Llosa. El primero pretende endosar la responsabilidad del asunto al sistema capitalista y hace una reinterpretación marxista de la sociedad con todo el tufo totalitario del caso, mientras que el segundo suscribe la importancia de la libertad y el respeto a las autonomías individuales propias del liberalismo, pero advierte respecto de conductas inconvenientes que, si bien no lesionan derechos de terceros, voluntariamente afectan aspectos relevantes del progreso cultural.

Esta última visión es la que suscribo, en la que la cultura deriva de cultivarse, naturalmente como ser humano y no entrenarse a producir ruidos guturales, a gatear o retrotraerse a las cavernas. Sin embargo, notamos que, en la actualidad, el batifondo y la imagen sustituyen a la conversación y la lectura de obras que alimenten el alma.

Los lugares en donde en gran medida se reúnen los jóvenes están tan dominados por altísimos decibeles que apenas pueden intercambiar la hora y el nombre de pila, para no decir nada de la exploración de Ortega y Gasset (que a veces los sujetos en cuestión estiman que se trata de dos personas).

En la era digital, y a pesar de sus extraordinarias contribuciones adelantadas entre otros por Nicholas Negroponte desde MIT en Being Digitalhay estudiosos que se alarman con razón de la falta de concentración y la degradación del lenguaje que, por ejemplo, provoca la ametralla y el tartamudeo de tuits que con 140 caracteres limitan la comunicación y el lenguaje, por tanto, el pensamiento.

La mendicante solicitud de amistad por esas vías me parece poco serio y hasta un tanto ridículo. Ahora Facebook, la muy popular red social, se encuentra en un serio entredicho por la filtración de datos privados y por posibilitar la aparente falsificación de identidades, lo cual presenta un problema de seguridad para sus millones de usuarios.

Por su parte, muchas de las manifestaciones artísticas del momento no se basan en criterios estéticos elementales al mostrar, por ejemplo, un inodoro con un trozo de materia fecal como símbolo de arte y así sucesivamente.

Hay en general una tendencia marcada a divertirse, esto es, como la palabra lo indica a divertir, a separar de las faenas y las obligaciones cotidianas para distraerse, lo cual es necesario pero, si se convierte en una rutina permanente, se aparta de lo relevante en la vida para situarse en un recreo constante, lo cual naturalmente no permite progresar.

Pero hay todavía otro aspecto en este asunto de la intimidad que comentamos al principio de esta nota periodística. Según el diccionario etimológico, “privado” proviene del latín privatus, que significa en primer término ‘personal, particular, no público’. El ser humano consolida su personalidad en la medida en que desarrolla sus potencialidades, y la abandona en la medida en que se funde y confunde en los otros, esto es, se despersonaliza. La dignidad de la persona deriva de su libre albedrío, es decir, de su autonomía para regir su destino.

La privacidad o intimidad es lo exclusivo, lo propio, lo suyo, la vida humana es inseparable de lo privado, lo privativo de cada uno. Lo personal es lo que se conforma en lo íntimo de cada cual, constituye su aspecto medular y característico. Es la base del derecho. Es el primer paso del derecho de propiedad. Cada persona tiene el derecho de resguardar y preservar su privacidad y decidir qué parte de su ser prefiere compartir con otras personas y cuál hace pública para conocimiento de todos los que se interesen por esa faceta de la personalidad. El entrometimiento, la injerencia y el avasallamiento compulsivo de la privacidad lesionan gravemente el derecho de la persona.

La primera vez que el tema se trató en profundidad fue en 1890, en un ensayo publicado por Samuel D. Warren y Louis Brandeis en la Harvard Law Review, titulado “El derecho a la intimidad”. En nuestro días, Santos Cifuentes publicó el libro titulado El derecho a la vida privada, donde explica: “La intimidad es uno de los bienes principales de los que caracterizan a la persona”, “el desenvolvimiento de la personalidad psicofísica solo es posible si el ser humano puede conservar un conjunto de aspectos, circunstancias y situaciones que se preservan y se destinan por propia iniciativa a no ser comunicados al mundo exterior”, puesto que “va de suyo que perdida esa autodeterminación de mantener reservados tales asuntos, se degrada un aspecto central de la dignidad y se coloca al ser humano en un estado de dependencia y de indefensión”.

Tal vez la obra que más ha tenido repercusión en los tiempos modernos sobre la materia es La sociedaddesnuda, de Vance Packard y la difusión más didáctica y documentada de múltiples casos es probablemente el libro en coautoría de Ellen Alderman y Caroline Kennedy, titulado The Right to PrivacyLos instrumentos modernos de gran sofisticación permiten invadir la privacidad, sea a través de rayos infrarrojos, captación de ondas sonoras a larga distancia, cámaras ocultas para filmar, fotografías de alta precisión, espionaje de correos electrónicos y demás parafernalia que puede anular la vida propiamente humana, es decir, la que se sustrae al escrutinio público.

Lo verdaderamente paradójico es la tendencia a exhibir la intimidad voluntariamente, sin percatarse de que dicha entrega tiende a anular al donante.

Desde que el hombre es hombre ha habido la posibilidad de utilizar instrumentos para bien o para mal. El garrote del cavernícola podía utilizarse como defensa contra las fieras o para liquidar a un contendiente desprevenido. El asunto es que, en una sociedad abierta, las agencias defensivas y los árbitros en competencia prevengan y repriman las lesiones a los derechos de las personas en el contexto de un proceso evolutivo de descubrimiento de los mecanismos más idóneos para el logro de esos cometidos.

Sin duda que se trata de proteger a quienes efectivamente desean preservar su intimidad de la mirada ajena, lo cual, como queda dicho, no ocurre cuando la persona se expone al público. No es lo mismo la conversación en el seno del propio domicilio que pasearse desnudo por el jardín. No es lo mismo ser sorprendido por una cámara oculta que ingresar a un lugar donde abiertamente se pone como condición la presencia de ese adminículo.

Si bien los intrusos pueden provenir de agentes privados, que tienen que ser debidamente procesados y penados, hoy debe estarse especialmente alerta a los entrometimientos estatales, inauditos atropellos legales, a través de los llamados servicios de inteligencia, las preguntas insolentes de formularios impositivos, la paranoica pretensión de afectar el secreto de las fuentes de información periodística, los procedimientos de espionaje y toda la vasta red impuesta por la política del gran hermano orwelliano como burda falsificación de un andamiaje teóricamente establecido para preservar los derechos de los gobernados.

Todas las Constituciones civilizadas declaran preservar la privacidad de las personas, pero en muchos casos es letra muerta debido a la permanente acción avasalladora de las impertinentes estructuras gubernamentales que se hacen presentes en los vericuetos y los recovecos más íntimos del ser humano. Esa intimidad de la que nace su diferenciación y su unicidad, que, como escribe Julián Marías en Persona: “Es mucho más que lo que aparece en el espejo”.

  • En ese contexto y en tantos otros en los que se constatan tantos abusos de las maquinarias estatales, suele producirse un temor reverencial a la mal llamada “autoridad”. Mal llamada porque la expresión proviene del latín autor, para significar ‘el creador’, el que conoce de cierto tema, es decir, quien tiene autoridad moral e intelectual. Por una extensión ilegítima que ha ido aceptando la costumbre y por una expropiación contrabandeada, aquellos que son por naturaleza autoritarios puedan vestirse con plumas ajenas. Así es que se permite la aplicación del término al mandamás, esto es, al que se respalda en la fuerza bruta despojada de la cual queda desnudo de genuina autoridad y de peso propio. Esos personajes son los que en no pocos lares, debido a sus personalidades raquíticas, se hacen llamar “reverendísimo”, “excelencia”, “majestad” y otros dislates de calibre equivalente. Relata Kapuscinski en El Sha o la desmesura del poder que los títulos oficiales de ese gobernante eran “Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo” (sic).

James Bovard advierte, en La libertad encadenada, acerca de los estropicios provocados por aparatos políticos enmascarados en el ideario libertador que se inmiscuyen en las vidas y las haciendas de todos y van convirtiendo a la sociedad libre en un verdadero Gulag esclavizante. Y, como escribe Tocqueville en La democracia en América, todo comienza en lo que aparece como manifestaciones insignificantes: “Se olvida que en los detalles es donde es más peligroso esclavizar a los hombres. Por mi parte, me inclinaría a creer que la libertad es menos necesaria en las grandes cosas que en las pequeñas, sin pensar que se puede asegurar la una sin poseer la otra”. Eso, como se ha repetido, ocurre con la rana: si se la coloca en un recipiente con agua hirviendo, reacciona de inmediato y salta al exterior, pero si se le va aumentando la temperatura gradualmente, se muere incinerada sin que reaccione, fruto de un acostumbramiento malsano y a todas luces suicida.

Es de desear que se recuperen la cultura y la privacidad para bien de la sociedad abierta, nada puede hacerse en este sentido como no sea a través de la persuasión, ya que se trata de un proceso axiológico muy diferente al atropello del Leviatán, que es de una naturaleza muy distinta a la de los actos voluntarios. De lo contrario, como advierte Vargas Llosa: “Nos retrotraeremos a la condición de monos” (los humanos se convertirán en El mono vestido tal como titula su libro Duncan Williams).

En lo que se refiere al Leviatán, reitero lo dicho por el jeffersionano y doctor en leyes Leandro N. Alem en la legislatura argentina, en 1880: “Gobernad lo menos posible. Sí, gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.