Yo, Francisco; el rey.

Por José Benegas: Publicado el 26/9/15 en: http://josebenegas.com/2015/09/26/yo-francisco-el-rey/

 

El fervor por la figura del papa Francisco alcanzó su punto máximo durante la gira por los Estados Unidos, país que no había querido conocer antes por lo que representa políticamente. Se notó esa opinión en la selección de las figuras que propuso rescatar del país. Dos de ellas que recuerdan lo peor de su pasado, el racismo y la esclavitud, y dos asociadas a la victimización frente al mercado y las ideas socialistas. No parece un recorte precisamente positivo, pero a nadie le importó que dejara afuera a todas las figuras que hicieron de los Estados Unidos el país de la libertad desde su nacimiento. Pareciera haber dicho: Ustedes han hecho cosas horribles y lo que tienen para celebrar como resultado, los hace culpables frente a los socialistas representantes del sufrimiento. Pero la imagen ganó al mensaje o fue el vehículo para que simplemente se tuviera que aceptar.

Abrió su discurso ante el Capitolio, invitando a los miembros del Congreso a legislar como Moises, para la unidad y en representación de Dios. A nadie le escandalizó esa asociación teocrática, no parece haber resistencias para algo así. Como un nuevo constituyente, un “re-founding father” sentenció que “La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo”. Es decir, el poder, el recaudador, el policía y el legislador (el que dice cómo se hacen las cosas), en síntesis, el que manda, tiene una misión de provisión; el monopolio de la fuerza es un hospital de campaña. No le habló a los norteamericanos pidiéndoles generosidad, lo hizo a sus políticos.

Ante la Asamblea de las Naciones Unidas fue mucho más explícito en su mensaje neo-constituyente: Los bienes son para ser usados para los demás, nunca para uno. Los derechos individuales son falsos derechos, los verdaderos derechos tienen que ver con repartir. Para aportar un poco a la confusión remitió a la definición clásica de justicia en tanto “dar a cada uno lo suyo”, pero siempre declarando al sufrimiento como acreedor, nunca al esfuerzo y jamás al propio disfrute de la vida. Volvió muchas veces sobre su visión sobre el mercado como un aparato de exclusión, dogma que no abandonará y si es necesario sostendrá ignorando la pobreza y la verdadera exclusión en Cuba y sin pensar que, cuando reclama por los inmigrantes en Estados Unidos, pareciera que esos aspirantes a habitar libremente en el suelo americano lo desean porque el mercado los recibe y el estado no. Los organismos internacionales de crédito son malos, pero no en tanto recaudan por la fuerza y prestan a los irresponsables, sino en cuanto pretenden cobrar a los países en dificultades; que lo están porque el mundo se divide entre los que están bien que son malos y los que están mal que son buenos. Reservándose una última categoría que es la de los que tienen por destino señalarlo. Esos organismos financieros, dijo, “están des-gobernados”, es decir “gobiérnenlos”. En general señores, gobiernen más, que están gobernando poco.

Si uno toma distancia del episodio y la explosión de emocionalidad (aunque ésta última es clave, ya voy a mencionar por qué) se percibe la anormalidad de este viaje y estos mensajes. Hay una aceptación de unos gestos y unas acciones que implican no solo la adhesión del jefe de la iglesia al credo socialista, sino su intención de que sea ejercido en nombre de la religión católica y por encima de todos los gobierno de occidente. Del retiro de la Iglesia en los últimos siglos, a este aprovechamiento sin pudor alguno de cierto grado de confusión reinante para cambiar el orden de las cosas. El estado ahora tiene un patriarca, algo inaceptable medio siglo atrás, dada la terrible experiencia del pasado. No nos quedemos sólo con las expresiones de fe socialistas, útiles para inyectar culpa; sus movimientos y posturas no se compadecen con el orden constitucional tal como venía barajado. Todo tapado por un sentido abrumador del espectáculo político emocional, aprendido en un país que está muriendo bajo esa expresión artística. Es tan fuerte que cualquier disidencia o crítica, resulta políticamente incorrecta. Es el paso firme de la irracionalidad, la sacudida emotiva que permitirá justificar cualquier cosa y obliga a muchos a olvidar los contenidos y las tendencias. Como todo siempre va acompañado de alguna cosa elíptica que hay que descifrar, los negadores siempre tendrán pasto para no ver lo evidente.

No hubo mensaje religioso alguno de parte del papa, salvo el contenido en el rito litúrgico. Todo fue política y mensaje a los políticos. Ninguna nutrición espiritual, todo reclamo de desprendimiento. El problema es que ya ni se distingue entre bondad gratuita y religión.

Algunos periodistas del ala conservadora destacaron la poca o nula mención a Cristo en sus discursos. Aludió a los papas anteriores en las Naciones Unidas, pero siempre en referencia a cuestiones políticas. No mucha gente lo advierte porque todo es “bondad” en sus palabras, hasta tono y pose de bondad. Se mueve como pez en el agua en el acercamiento a las personas con efecto visual; una mano aquí, una sonrisa allá. A su vez no recibe a los disidentes en Cuba ni a las víctimas de los abusos sexuales a menores de parte de representantes de la Iglesia. Reúne a los obispos y los señala a ellos como las víctimas de esos escándalos, refiriéndose a cuánto habrán sufrido, sin mostrar interés alguno por las personas verdaderamente dañadas que expresaron su asombro. Pero el efecto y la pulsión políticamente correcta es tal, que los diarios coincidieron en titular el evento destacando que había dicho que la pedofilia estaba muy mal y que esperaba que no volviera a ocurrir. La palabra crimen no fue mencionada y el público fue des-informado por todas las crónicas.

El papa hizo una gira sin dudas histórica. Ha cambiado todo en mi opinión, empezando por la posición de la Iglesia como estado. La ha dado el lugar que sus antecesores modernos han querido evitar, como miembro pleno de la comunidad internacional. Un estado hecho y derecho, pero guía moral de todos los gobiernos. Con un gran despliegue populista y un manto abrumador de una bondad que borra todos los límites entre la espiritualidad y la política. Un signo de los tiempos que vivimos y los que vienen. A quienes nos interesa la libertad, nos toca ahora la tarea de cuestionar esa versión de bondad y esa versión de política. Como estado pleno, al Vaticano también se le podría reclamar la solución de todos los problemas y se le podrá atribuir a su falta de acción política (es decir de uso de la fuerza “legítima”) cualquier desgracia. Pero eso no ocurrirá porque el sitial ganado es del de señalar.

¿Es malo el papa? Esa es la pregunta que presumo me harían los encantados que no quisieran directamente insultarme, para preservación de la bondad, que de eso se trata este partido. No estoy interesado en ese juicio. Creo que quiera o no está haciendo mucho daño, pero no es su responsabilidad. Francisco con su formación y su posición existencial con la que ve a la vida como una desgracia general que debe administrarse con espíritu espartano y amor a la pobreza, encontró al mundo como está. No lo hizo el. Llega cuando el espíritu socialdemócrata es la idea casi única, porque en gran parte se ha huido del debate con ellos en el punto en el que para discutirlos hay que estar dispuesto a ser llamado malo y egoísta. Los socialdemócratas saben eso mejor que los directamente comunistas; mientras pongan de frente la culpa del otro lado encontrarán poca resistencia. De modo que este es un occidente lleno de culpas por sus éxitos y pocas por sus fracasos, acosado por una supuesta invasión bárbara que viene con su fundamentalismo. Ese cocktail parece perfecto para la irrupción de un papa que abandonara el pudor por la política y cambiara por completo su rol, sin que sea notado; un fundamentalismo alternativo, nuestro, sin turbantes. Porque sabe que así como ya no se ve diferencia entre bondad y poder, hay un pasito para borrar todo vestigio de resistencia a la teocracia.

Francisco hizo la gran gira de la culpa, incluso incorporó definitivamente una que no le pertenecía a la Iglesia para nada, la medio ambiental. Ahora, las administra todas. El es el gran legislador.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

¿ERA MISES ANARCO-CAPITALISTA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 28/12/14 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2014/12/era-mises-anarco-capitalista.html

 

Punto 4 de la parte 3 de mi art. “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010.

Para Mises el estado es el aparato social de fuerza y compulsión cuyo fin es proteger los derechos individuales, mientras que el gobierno es el conjunto de personas encargadas de cumplir la función de estado[1]. Esas dos definiciones, aparentemente sencillas, esconden algunas cuestiones que ahora pasamos a considerar.

Primero, siempre nos llamó la atención positivamente que Mises destaque que la fuerza y la coacción forman parte de la naturaleza misma del estado. Respetamos y no negamos todas aquellas filosofías políticas donde el estado es la autoridad legítima encargada del bien común, donde la fuerza no es el elemento esencial, pero en el estado-nación contemporáneo, la autoridad política legítima tiene, tal vez no como “esencia” pero sí como “accidente propio” el uso de la fuerza. Si no se entiende esto, no se entiende la diferencia entre cualquier autoridad legítima y la autoridad del estado en un orden constitucional. Siempre cabe recordar, por ello, que un poder político ilegítimo no tiene, según la clásica analogía de San Agustín, ninguna diferencia con una banda de ladrones, y habría que analizar cuidadosamente qué poder político en la historia se salva de tan interesante comparación.

Ahora bien, si la fuerza es, moralmente, siempre el último recurso (supuesto moral que no creo que sea exclusivo de una mentalidad liberal…. ¿O no?), es comprensible que la legitimidad del estado requiera siempre una cuidadosa justificación. En el caso de Mises, es ese “fin” del estado (custodiar las libertades) el que le da dicha justificación, colocándose en ese sentido en una posición diferente a la del anarco-capitalismo (posición que reitera claramente en La Acción Humana[2]). Ante esto, y comprensiblemente, algunos libertarios[3] han destacado que el mismo Mises aclara su acuerdo con el derecho a la auto-determinación, no tanto de “los pueblos” sino de los individuos frente a una instancia administrativa[4]. Llevado hasta sus últimas consecuencias, es verdad, ello sería incompatible con el estado liberal clásico que Mises apoyaba. Pero Mises nunca llegó a esas últimas consecuencias, y es inútil forzar sus textos al respecto. Queda como una tensión dentro de su pensamiento, posiblemente porque, a pesar de su prédica anti-belicista, el derecho a la defensa ante las agresiones totalitarias –que tiene mucho que ver con la historia de su vida- nunca le dejó dar ese paso conceptual con claridad.

Por lo demás, al definir al gobierno como “conjunto de personas” es evidente que Mises tiene muy clara la función del individualismo metodológico[5] en estas cuestiones. Esto es, en ningún momento concibe al gobierno y al estado como algún tipo de entidad ontológicamente diferentes a las personas cuyos roles los conforman. Precisamente, el gobierno son personas cuyo rol social es el de estado. No sólo se inscribe esto en las finalidades inter-subjetivas de los mundos de vida según Schutz[6] –que fuera asistente a su privat seminaren Viena- sino que, coherentemente, aleja cualquier noción colectivista ontológica del estado, que tanto ha invadido las ciencias sociales y los presupuestos cotidianos del lenguaje, haciendo con ello incomprensibles cuestiones que para un liberal clásico al estilo Mises son obvias. Las personas reclaman al estado o gobierno, indistintamente, acciones o provisiones de dinero como si ese estado no estuviera constituído por personas que concretamente deben recurrir a recursos de otras para ejecutar sus acciones. La ceguera sobre este punto ha convertido a ciertos usos y costumbres sociales en difusores mudos de una visión omnipotente de eso que llamamos estado que no es más que un humilde grupo de personas, en general muy ineficientes y con conocimiento tan limitado como el resto y con problemas morales tan habituales como en el resto. Mises lo sabía y por eso tuvo que asistir con asombro a un endiosamiento del gobierno por parte de personas que pensaban que “el que pensaba al revés” era él…

 

[1] Liberalismo, op.cit., cap. 1 punto 7.

[2] Op.cit., cap. VIII, punto 2.

[3] Ver al respecto los comentarios de Hulsmann en Mises…., op.cit., cap. 19.

[4] Liberalismo, op.cit., cap. 3, punto 2. Hay que citar el párrafo completo para verlo en su contexto: “…Como es evidente, el derecho de autodeterminación al que el liberal alude nada tiene que ver con ese supuesto “derecho de autodeterminación de las naciones”,  porque el liberalismo lo que defiende es la autodeterminación de los individuos habitantes de toda zona geográfica suficientemente amplia para formar su propia entidad administrativa. Y esto hasta el punto de que, si fuera posible conceder el derecho de autodeterminación a cada individuo, el liberal entiende también habría de serle otorgado. No es posible, desde luego, en la práctica, estructurar tal planteamiento, por  razones puramente técnicas, en razón de que a la zona de que se trate por fuerza ha de tener bastante entidad como para ser posible administrativamente gobernarla. La autodeterminación, por eso, no puede ir más allá de los habitantes de aquellas unidades territoriales que tengan cierto peso demográfico”. Pag. 136, las itálicas son nuestras.

[5] Sobre el tema del individualismo metodológico, hemos aclarado algunas cuestiones ontológicas en nuestro libro El método de la economía política, Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2004.

[6] Ver Schutz, A.: ver The Phenomenology of the Social Word, Northwestern University Press, 1967; Las estructuras del mundo de la vida (junto con Luckmann), Amorrortu, Buenos Aires, 2003; Estudios sobre Teoría Social II, Amorrortu, Buenos Aires, 2003, y  On Phenomenology and Social Relations, University of Chicago Press, 1970.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

NO HA MUERTO UN ESTADISTA

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 27/10/12 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

Como todos los 27 de Octubre, lo reiteramos, y lo seguiremos reiterando todos los 27 de Octubre, siempre. Este año habría que destacar especialmente: “…Se rodeó de las peores personas, llenas de resentimiento y enloquecidas de odio, verdaderas personalidades psicopáticas en cuyas manos puso prácticamente al país y así seguimos”.

………………………………………………………………………….
DOMINGO 31 DE OCTUBRE DE 2010
NO HA MUERTO UN ESTADISTA
Los que me conocen saben que no acostumbro contar en público las costumbres religiosas que sean privativas de mi intimidad. Pero dadas las circunstancias diré que, apenas me enteré de la muerte de Néstor Kirchner, dirigí mi mirara hacia la imagen de la Virgen de Lourdes que tengo en mi escritorio y recé una oración por su alma, como lo hago por todos los difuntos.

Por lo demás, vamos a decir algunas obviedades, que en este país nunca parecen serlo.

Acompañamos en el dolor a sus familiares, Señora Presidente incluída, por supuesto.

Entendemos el dolor sincero de todos sus seguidores y de todos los que pensaban como él. 

Pero que dirigentes que, hasta el martes, lo criticaban duramente, incluso en términos personales, lo llenen ahora de elogios y hasta lo presenten como un gran estadista “a pesar de las diferencias” nos suena a la más barata hipocresía.

Tal vez el problema es que muchos han atacado personalmente al ex presidente. Y ese es el problema. Nunca los ataques deben ser personales, sino a las políticas y acciones que realicen las personas en su función pública, Y en ese sentido, en fácil posición estamos los que siempre hemos señalado la peligrosidad de sus ideas y acciones independientemente del juicio sobre su persona que sólo compete a Dios. Esto es, los que siempre hemos señalado el daño espantoso que Néstor Kirchner ha implicado, lo seguiremos haciendo; su muerte no borra en absoluto lo que hizo y ninguna muerte convierta a un cuasi dictador en un estadista. Se es estadista antes de morir, no después.

Nestor Kirchner revivió el odio y la venganza de los terroristas que en los 70 asesinaron en nombre de Marx y la liberación, y puso a varios de ellos en el gobierno. Juzgó para un solo lado, y ese doble standard borra toda autoridad moral a su política de derechos humanos. O todos son juzgados o todos son perdonados.

Nestor Kirchner incentivó el odio, y su estilo de “crispación” era la coherente expresión de aquél que piensa que de un lado están los explotados y del otro los explotadores. De ese modo, violó permanentemente el orden constitucional republicano donde esa dialéctica marxista no tiene cabida. Siempre fue coherente. Manipuló a los jueces y desobedeció a lo corte. Ignoró al poder legislativo. Persiguió a los que pensaban diferente y podían hacerle sombra. Digno discípulo de Juan Domingo Perón.

Provocó con todo ello una enorme anomia institucional.

Confiscó los fondos de las AFJP. No es que cambió el sistema: confiscó los fondos de los depositantes.

Comenzó a perseguir a la prensa libre; creó una ley de medios especialmente pensada para suprimir a todo pensamiento diferente.

Subió la carga impositiva, expandió el gasto, comenzó a emitir, liquidó al banco central independiente, intentó controlar precios, re-estatizó empresas, subsidió a las empresas de servicios públicos con más gasto público, generó clientelismo político, privó de libertad a las provincias con el control de sus fondos, llevando a la economía hacia una nueva crisis que aún no se ha desencadenado del todo.

Concentró, consiguientemente, todo el poder.

Se rodeó de las peores personas, llenas de resentimiento y enloquecidas de odio, verdaderas personalidades psicopáticas en cuyas manos puso prácticamente al país y así seguimos.

A nivel internacional, se alió con Chavez, en una alianza profunda cuya peligrosidad, en tanto a la cubanización de toda América Latina, pocos llegaron a advertir, y muchos siguen sin advertir. Sostuvo a los peores dictadorzuelos latinoamericanos y logró manipular la absurda Unasur para ese servicio, bajo la complicidad o indolencia de los demás dirigentes.

Promovió el aborto, promovió un tema grave como la ley de matrimonio homosexual por motivos políticos y al principio de su gobierno no logró entender ni convencerse de que no era el Papa y que la remoción de los obispos no estaba en sus manos.

Y, por último, siguió gobernando bajo el mandato formal de su esposa, usurpando el poder, siendo por ende presidente de facto, burlándose de todo el orden institucional y dejando a su mujer en una situación humillante.

Nada de eso se borra porque haya muerto. Quienes sepan todo esto, por favor, no sean hipócritas y en todo caso cállense por unos días, como hizo muy dignamente Elisa Carrió.

No ha muerto un estadista ni nada que se le pareciera. Ha muerto un cuasi-dictador que ha inflingido un daño irreparable a la república 

Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.