Cuba Y Venezuela, La Paradoja De La Historia

Por Armando Ribas. Publicado el 28/6/16 en: http://institutoacton.org/2016/06/28/cuba-y-venezuela-la-paradoja-de-la-historia-armando-ribas/

 

No puedo menos que apreciar la posición adoptada por el nuevo secretario de la OEA Luis Almagro respecto a la situación en Venezuela. Evidentemente el organismo ha dado un paso hacia delante en defensa de la libertad, decididamente contrastante con el que fuera bajo la dirección del chileno José Miguel Insulza. Al respecto recuerdo que cuando la OEA decidió echar a Honduras de la OEA por haber destituido a su presidente, Insulza con el apoyo de Estados Unidos le pidió a Fidel Castro que entrara en la OEA. Por supuesto Fidel Castro se negó.

Hoy en Venezuela se encuentra muerta la libertad, y en razón de ello el nuevo secretario de la OEA está planteando la necesidad de un diálogo del gobierno con la oposición. Igualmente ha propuesto que se acepte por parte del gobierno el referéndum para que el pueblo decida si el presidente Maduro continúa en el poder. Demás está decir que la posibilidad de que Maduro acepte estos presupuestos lo considero un sueño de una noche de verano. Pero más aún ha propuesto la obligación del presidente de liberar  a todos los presos políticos venezolanos.

A esta batalla se ha unido el expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero, así como el actual presidente Mariano Rajoy. La posición respecto a la situación venezolana parece haberse convertido en el hito en discusión en las próximas elecciones españolas. Recientemente los gobiernos de Argentina, Chile y Uruguay presentaron un comunicado pidiendo un llamado a un diálogo político en Venezuela. O sea apoyando la posición de Almagro al respecto. Por supuesto Maduro se ha opuesto paladinamente a todas estas propuestas y en particular a Almagro. A quien ha insultado ordinariamente. Todas estas sugerencias internacionales han sido consideradas por Maduro como la provocación de un golpe de estado legal iniciado por el imperialismo americano.

Permítanme pasar a un tema preocupante y que a mí me causa la mayor tristeza y desesperanza. Yo no puedo entender toda esta retórica favorable a defender la libertad en Venezuela, al tiempo que Obama con la anuencia y colaboración del Papa, llega a un acuerdo con Raúl Castro de reiniciar las relaciones internacionales de los dos países. Y más parece ante el mundo que la culpa de la pobreza cubana la habría tenido el embargo americano. Así aparentemente se ignora en el mundo Occidental, incluido América Latina la falta de libertad de los cubanos, los crímenes de los Castro y la formación de la guerrilla latinoamericana en la década del setenta.

Asimismo me pregunto cómo se puede ignorar que el Socialismo del Siglo XXI, no ha sido más que un proyecto venezolano para alcanzar por otra vía el poder absoluto que reina en Cuba. Y digo reina, pues el medio no ha cambiado por el acuerdo con Estados Unidos. Nadie pide que se liberen a los presos políticos en Cuba, y se sabe que desde la firma del acuerdo a la fecha se han apresado a unos 50.000 cubanos. Recientemente la escritora cubana Yoani Sánchez escribió al respecto del acuerdo de Raúl Castro con el otro país más totalitario del mundo que es Corea del Norte. Ella sostiene: “En un mundo donde en la sociedad civil los llamados a respetar los derechos humanos y los movimientos que impulsan el reconocimiento ideal de la libertad se hacen escuchar cada vez más alto, resulta difícil que el gobierno cubano explique sus relaciones con el último dictador de Europa”.

Evidentemente el gobierno venezolano pretende ignorar las propuestas de diálogo del resto del mundo. Y la dictadura prevaleciente se basa en la continuidad del poder absoluto. Por supuesto allí está presente el principio de Macchiavello: “El príncipe no puede controlar el amor, pero si el miedo”. Pensar que Maduro, cuya personalidad y su carácter político es un hecho indiscutible pueda aceptar un diálogo democrático que lo destituya del poder en nombre del pueblo, es cuanto menos una candidez política. En Venezuela por una parte prevalece el poder militar en manos de Maduro y su adlátere Diosdado Cabello. Y en el ámbito constitucional todo parece indicar que el poder judicial depende del gobierno. Y como reconociera Adam Smith: “Cuando el Poder Judicial está unido al Ejecutivo, la Justicia es no más que eso que se reconoce vulgarmente como política”.

Otro aspecto a considerar en el caso de Venezuela es que tal como sostiene un movimiento político de jóvenes que me entrevistara recientemente, sostiene que la oposición también es socialista. Y por supuesto ya debiéramos saber que la dictadura comunista es un proceso político, pero el socialismo es el determinante de la pobreza. Tal fue el caso de Cuba a partir de 1959, cuando el país tenía el nivel de vida más elevado de América Latina y después Venezuela con la llegada de Chávez y su sucesor Maduro a lo que se ha unido la caída en el precio del petróleo.

Por otra parte no puedo evitar el insistir en el hecho de que tal como había predicho Nietzsche en su “The will to power” (La voluntad de poder) “La democracia y el socialismo son lo mismo”. Y ahí tenemos el caso de la Unión Europea. La realidad histórica y filosófica política es que muestra que cuando los derechos son del pueblo se violan los derechos individuales. La economía que creó el sistema político que permitió la libertad en el mundo por primera vez en la historia se basó en la conciencia de la naturaleza humana y por consiguiente la necesidad de limitar el poder político. Y como bien señala David Hume: “El problema no son las mayorías sino las asambleas que pretenden representarlas”.

Recordemos entonces que como bien dijera Séneca: “Para el que no sabe dónde va, nunca hay viento favorable”. Y esta es el problema que existe hoy en el mundo incluido los Estados Unidos, donde todo parece indicar que se ignoran los principios de los Founding Fathers. Según ya se sabe Obama ha violado la Constitución americana. Y ni qué decir de la candidata demócrata a la presidencia de los Estados Unidos, la Sra. Hillary Clinton. Toda mi discusión parece ser de un pesimismo histórico, pero el mismo no es más que una preocupación por la realidad que estamos viviendo. Así podemos ver también que el embajador americano en Venezuela Michael Fitzpatrick exigió la liberación de los presos políticos, denunció el bloqueo a las iniciativas de la Asamblea Nacional y dio un respaldo al referéndum revocatorio contra Maduro. Todo ello al tiempo que Obama visita a Raúl Castro en la Habana y se permiten los vuelos entre Cuba y Estados Unidos. Y para terminar cito nuevamente a  José Martí: “Ver cometer un crimen en calma, es cometerlo”.

 

Armando P. Ribas, se graduó en Derecho en la Universidad de Santo Tomás de Villanueva, en La Habana. Obtuvo un master en Derecho Comparado en la Southern Methodist University en Dallas, Texas. Es abogado, profesor de Filosofía Política, periodista, escritor e investigador y fue profesor en ESEADE.

El gran programa para destruir el empleo

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 28/4/16 en http: http://www.libertadyprogresonline.org/2016/04/28/el-gran-programa-para-destruir-el-empleo/#.VyIOa4-1op0.facebook

 

Las centrales obreras y partidos políticos de la oposición están proponiendo prohibir/encarecer los despidos para todos los empleados actualmente. Esto es modificar retroactivamente los contratos. De buenas intenciones está sembrado el camino al infierno. Y la impericia asegura fracasos.

¿Usted arriesgaría capitales y esfuerzos personales en un país que cambia retroactivamente condiciones contractuales fundamentales? Como el contrato laboral. ¿Se sentiría invitado a participar de la aventura de crear riqueza en semejante contexto? Por más que los funcionarios lo inviten a invertir, los empresarios e inversores se espantarían ante riesgos tan palmariamente inmanejables e imprevisibles. Si el Congreso aprobase una ley impidiendo despidos, ¿qué esperanzas tendrían los millones de desempleados y los jóvenes buscando empleos y mejorar sus condiciones actuales? Adiós ilusiones.

Una prohibición lleva a otra. La Argentina tiene un récord mundial espantando a empresas y trabajadores con prohibiciones retroactivas desde hace demasiado tiempo. Congelar desalojos destruyó la construcción y la oferta de alquileres durante decenas de años, restando posibilidades de mejorar las condiciones de vida a millones de familias. Congelar depósitos bancarios redujo el sistema financiero hasta la menor expresión entre las naciones de la región. El default nos cortó el ingreso de capitales y la inversión. Prohibir lo que es legal en el mundo no logró más que ahuyentar oportunidades de progreso para el conjunto de los argentinos.

El caso opuesto son los países avanzados y los que verdaderamente progresan. En los EE.UU. la total libertad para decidir el “está despedido” alimentó el mercado laboral más dinámico del planeta y, actualmente, la desocupación es superbaja, un 5%. Las naciones europeas, donde el despido es más dificultoso, tienen mucho mayor desempleo. Pero a nadie se le podría ocurrir modificar los contratos retroactivamente, como pretenden sindicatos y partidos políticos ahora en nuestro país.

¿Usted iría a una invitación si no está seguro de poder salir? ¿Contrataría con alguien si el Gobierno pudiese alterar sorpresivamente las condiciones previamente pactadas? ¿Qué harían los mismos proponentes de los congelamientos de los despidos si cualquiera de sus decisiones y logros pudiesen alterarse retroactivamente por voluntad de un tercero? ¿Cómo quitarles la casa/auto que compró?

El PBI y el empleo miden las actividades para generar riqueza. Y la riqueza de una nación es la suma de los derechos individuales de propiedad y calidad de vida. Un conjunto de contratos. Con la modificación de las condiciones contractuales acordadas, toda la estructura de creación de riqueza y derechos personales se desmoronaría. Justamente, las naciones más retrasadas del planeta son aquellas donde los derechos individuales son menos resguardados. Si las reglas pudiesen modificarse retroactivamente, ni el fútbol, deportes organizados y actividades productivas pudiesen tener el actual esplendor. Por eso, el lema de la Revolución Francesa “una misma ley (un mismo contrato y medida) para todos los hombres, para todos los tiempos” encendió las esperanzas de la humanidad. La incertidumbre generada por el rompimiento de los contratos por iniciativa gubernamental es el peor enemigo del progreso. No nos suicidemos.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Es Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Los fabricantes del desempleo. Hay amores que matan.

Por Gustavo Lazzari. Publicado el 24/4/16 en: https://gustavolazzari.wordpress.com/2016/04/24/los-fabricantes-del-desempleo-hay-amores-que-matan/

 

Legisladores de la oposición y muchos comunicadores están proponiendo la prohibición de los despidos y la duplicación de las indemnizaciones en caso que las mismas sean convalidadas..

A través de un proyecto de ley presentada por diputados kirchneristas  se propone además la multiplicación de la industria del juicio y la burocratización en caso de despidos con causa o fuerza mayor.

Las sanciones al empleador que intentara un despido multiplican los costos indemnizatorios y administrativos.

En tren de demagogia irreal hay dos proyectos en el Congreso. Uno en el Senado que sólo prohíbe despidos por 180 días y otro en Diputados que prohíbe despidos, impone la doble indemnización hasta el 31/12/2017.

Estas iniciativas lejos de beneficiar al trabajador lo perjudican. A quienes no están trabajando directamente las condenan a la pobreza más rígida e inmodificable.

Los legisladores culposos por su falta de ideas para solucionar la pobreza y crear empleo no tienen mejor ocurrencia que convalidar el desempleo por generaciones.

Toda ley, todo reglamento que aumente los costos de contratación y desvinculación no hace otra cosa que disminuir la demanda de trabajo y favorecer la sustitución de trabajo por capital.

Aumentar los costos laborales (gracias a estas medidas demagógicas) implica reducir la demanda de trabajo y por sobre todo excluir a los menos capacitados. Una medida cruel y despiadada disfrazada de falsa solidaridad.

Cuanto más costoso sea el contrato laboral mayor deberá ser la productividad del trabajador para ser contratado. Si el trabajador no es calificado inexorablemente perderá el empleo. El intento de proteger devino en fábrica de desempleo y exclusión.

Es necesario comprender que el concepto de costo laboral es bien diferente al concepto de salario. El llamado “costo laboral” incluye todos los impuestos y sobre costos derivados de la burocratización del contrato, la judicialización, y los riesgos derivados de la legislación. Esas supuestas protecciones incrementan los costos y por consiguiente reducen la demanda de empleo. Con ello reducen las posibilidades laborales de los pobres. Cuanto más regulación, menos trabajo. No más, menos.

Es imprescindible comprender también que los costos laborales pueden bajar y al mismo tiempo los salarios pueden subir!!!!

El impuesto sobre el salario ronda entre el 40 y el 50% dependiendo de la actividad. Si consideramos costos de judicialización y conflictividad dicho “impuesto” puede llegar al 60%. Quiere decir que un salario promedio industrial del orden de $15.000 pesos brutos redunda en un salario en mano de $ 12.300 en tanto que el costo laboral que abona el empleador alcance los $ 22.725.

Traduciendo el empleador paga $ 22.725 y el trabajador recibe $ 12.300. En el medio, impuestos, regulaciones, “salarios diferidos” (artilugio para denominar los supuestos beneficios jubilatorios y sociales), costos indenmizatorios, y supuestas protecciones.

No es casual que quienes proponen estas medidas jamás hayan pagado una quincena. Demuestra un desconocimiento total del mercado de trabajo su funcionamiento y los incentivos.

En los últimos días muchos despidos se han acelerado sólo por los rumores de estas inútiles leyes curiosamente propuestas por quienes no generaron empleo privado desde 2011 hasta 2015.

Desde el nacimiento de la legislación laboral, políticos y sindicalistas se empecinaron en aumentar los costos laborales creando desempleo y marginación. Es el estado, en su intento pseudoprotector el que excluye.

Los salarios reales sólo pueden crecer si el trabajo es asistido con bienes de capital. Son las máquinas las que fortalecen la productividad del trabajador. Sin máquinas los salarios son necesariamente bajos. No hay grito sindical, huelga, legislación chamuyera, ni bravuconada política que pueda aumentar los salarios por obra de un decreto.

Siempre y en todo lugar el mejor amigo del trabajo es la máquina. Sin capital la productividad del trabajo hubiera continuado en los niveles de la edad de piedra. Son las máquinas las que han permitido aumentar la cantidad de bienes producidos a menor esfuerzo y tiempo de dedicación. Sin capital no hay posibilidad alguna de aumentos de salarios en términos reales.

En la Argentina el “Hit político” de las últimas siete décadas tiene en su estribillo la frase “combatiendo al capital”. Un canto a la ignorancia y un excelente camuflaje para el robo.

Si queremos disminuir los despidos, bajar el desempleo, aumentar los salarios reales y proteger de esa manera a los trabajadores nuestros diputados deberían pensar en generar incentivos a la inversión.

Incentivos que no son subsidios ni protecciones sino un ambiente de negocios estable, impuestos bajos, y una razonable administración de justicia. Todo lo demás vendrá por añadidura.

Los trabajadores que se sientan “protegidos” por los anuncios de los legisladores del kirchnerismo deberían saber que “hay amores que matan”. El chamuyo mata y la demagogia excluye. Doce años espantando inversiones tienen como corolario la tremenda incertidumbre que estamos viviendo.

 

Gustavo Lazzari es Licenciado en Economía, (UCA), Fue Director de Políticas Públicas de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, y fue investigador del Proyecto de Políticas Públicas de ESEADE entre 1991-92, y profesor de Principios de Economía de 1993 a 1998 y en 2002. Es empresario.

La presidencia y los “errores cruciales”

Por Mario Serrafero. Publicado el 1/2/16 en: http://www.clarin.com/opinion/Presidencias-estilos_de_liderazgo-Cristina_Kirchner-Mauricio_Macri_0_1520847931.html

 

En el campo de los Estudios Presidenciales se evalúan las cualidades y características de los presidentes eficaces. Entre otros, se menciona la capacidad de liderazgo, la negociación y la persuasión, la visión política que anticipa los cambios de rumbos y las nuevas tendencias, el estilo cognitivo que capta la modificación del ambiente social y político. Otro requisito esencial de un presidente eficaz es que sea un buen comunicador. Y algo que se evalúa como una cualidad especial es evitar los errores cruciales. La razón es clara. Pocos errores cruciales pueden malograr una presidencia. Pero también, muchos seguidos van minando la legitimidad presidencial.

Hay dos tipos de presidentes. Los que nunca reconocen sus errores y los que sí lo hacen. Cristina Kirchner fue un buen ejemplo del primer tipo. Un presidente que no reconoce errores suele rodearse de colaboradores que no contradicen sus deseos y sus percepciones.

Se maneja así dentro de un sistema cerrado. El contacto es siempre con fieles y obedientes funcionarios que suelen atribuir los problemas del gobierno al mundo del “afuera”, sea la oposición, las corporaciones mediáticas o los intereses transnacionales. Asimismo, los miembros del gobierno tienen poca comunicación con los medios para evitar contradicciones y, por supuesto, tampoco reconocen errores. Así queda configurado el blindaje.

El segundo tipo de presidente es el que reconoce sus errores. Tal reconocimiento lleva implícito la actitud de escuchar las críticas y, en su caso, estar dispuesto a rectificar rumbos. Pero, un presidente ¿qué considera un error? Al menos hay dos situaciones. La primera, cuando las políticas instrumentadas no logran los resultados deseados. Para ello debe pasar cierto tiempo para comprobar sus efectos. La segunda situación no requiere tanto tiempo de espera y se vincula con la recepción social o sectorial de las medidas de gobierno y los actos presidenciales.

Mauricio Macri corresponde al segundo tipo de presidente. Ha dicho que reconocerá los errores y que no tendrá inconvenientes en decirlo y hacer las rectificaciones correspondientes. Asimismo, sus ministros y colaboradores tienen relación fluida con la prensa y los medios. Aumentan así las probabilidades de confusión y de contradicción. Si un ministro dice algo que no es bien recibido por la población, el Jefe de Gabinete seguramente saldrá a rectificar lo dicho por el funcionario.

A menos de dos meses, el gobierno cometió los errores del segundo tipo. El gobierno ha recibido críticas por algunas medidas, entre otras, las decisiones sobre el decreto que designó en comisión a dos jueces de la Corte, o el modo en que se comunicó el despido de empleados públicos y el tema de las paritarias. Un gobierno siempre recibirá críticas, pero muchas veces éstas pueden evitarse. El gobierno anunció el funcionamiento de una “mesa política” para anticipar conflictos y evitar errores. El problema es que esa mesa está compuesta por funcionarios cercanos al presidente: el jefe de Gabinete, el ministro del Interior, el presidente de la Cámara de Diputados y funcionarios de la Secretaría de Gabinete. Difícilmente podrá anticipar errores, si se maneja sólo dentro del propio círculo.

El presidente deberá tener más cuidado con la comunicación. El canal y el modo de comunicar las medidas deberá ser un tema de pronto tratamiento. Siempre que existe una comunicación espontánea de los funcionarios ocurren confusiones. Hablar con los medios requiere práctica y entrenamiento y previa coordinación con la persona designada por el mandatario.

Pero antes, el presidente debería saber anticipadamente cómo será la recepción de sus medidas y sus actos. Para ello deberá requerir información más allá del círculo íntimo. El dialogo con otras fuerzas políticas, con sectores de la sociedad civil y con la propia gente, son los mejores caminos. En la campaña se veía a un Macri hablando con los ciudadanos. No debería perderse esa metodología.

Sólo quien está decidido a no reconocer los propios errores puede manejarse en el secreto, las acciones unilaterales y las acciones sorpresivas e inconsultas. Ese era el estilo de decisión del anterior gobierno que se completaba con ministros que no se comunicaban con la prensa o repetían el discurso presidencial.
El nuevo presidente deberá encontrar un esquema de toma de decisiones y de comunicación de sus actos de gobierno que evite la repetición de errores, que son evitables. Encontrar los mecanismos adecuados alejará también el fantasma de los errores cruciales.

 

Mario D. Serrafero es Doctor en Ciencia Política y en Sociología, por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Es investigador del Conicet. Escribió el libro Reelección y sucesión presidencial . Es profesor de Análisis Institucional en ESEADE.

A no dormirse: el proyecto autoritario acecha:

Por Roberto H. Cachanosky. Publicado el 8/2/15 en: http://economiaparatodos.net/a-no-dormirse-el-proyecto-autoritario-acecha/

 

Ellos todavía quieren ir por todo y es obligación de los dirigentes políticos y la gente plantarse ante la dictadura que imponer si los dejamos

La semana pasada debatíamos con Pablo Torres Barthe sobre la posibilidad de un autogolpe (http://goo.gl/wmmphg ). Con sólidos argumentos Pablo explicaba en ese video cómo sería operativamente ese autogolpe. No es que necesariamente vaya a ocurrir, pero, considerando los antecedentes de los k, no es descartable la posibilidad.

La cuestión viene a cuento porque todos sabemos que el proyecto que tenía el matrimonio era ir alternándose en las candidaturas a presidente de manera de, en principio, quedarse 20 años en el poder. Por supuesto que la muerte de Néstor Kirchner cerró esta posibilidad y la derrota electoral de CF en 2013 le impidió obtener los 2/3 para poder reformar la Constitución Nacional y así ir por la re reelección indefinida.

¿Por qué buscar ser reelectos indefinidamente? Porque todos los sistemas autoritarios buscan eso. Perón reformó la Constitución para ser reelegido. Hitler quería 1000 del Tercer Reich, Fidel Castro está en el poder hace 56 años, el chavismo está en el poder hace 16 años y se mantienen a sangre y fuego y los ejemplos de todos los tiempos muestran lo mismo. Los gobiernos autoritarios quieren el poder para siempre, como dijo la autoproclamada estalinista Diana Conti: “querían a Cris for ever”.

Es que los sistemas autoritarios solo pueden sostenerse en el poder violando los derechos individuales. Pero como al mismo tiempo no hay controles republicanos de los actos de gobierno, suelen desatarse importantes casos de corrupción que, si dejan el poder, también serán investigados. Es decir, el gobernante autoritario, por más que llegue por el voto, recordemos que el voto no asegura tener una democracia republicana, luego la destruye en nombre de la justicia social. Inventa enemigos que conspiran continuamente contra el bienestar de la población. Denuncian conspiraciones para derrocarlos a ellos con el único objeto de hacerle creer a la gente que ellos, los autoritarios, son los que van a defender a la gente de los malvados y siniestros grupos concentrados del interior del país apoyados por extrañas cofradías del exterior que quieren hacer que la gente viva en la miseria. Y cuando el sistema populista colapsa económicamente, denuncian más conspiraciones como la hace este payaso de Maduro que acaba de meter preso a empresarios por “sabotear” la economía. Puesto de otra forma, el autoritario tiende a ponerse cada vez más violento y autoritario en la medida que su modelo económico le hace agua.

El comportamiento de Capitanich rompiendo un diario en una conferencia de prensa porque decía algo que él desmentía y finalmente fue cierto, refleja el grado de descontrol que hay en el temperamento del gobierno.

La gran duda que tenemos todos es si el gobierno intentará hacer alguna pirueta institucional para tratar de quedarse en el poder o, en su defecto, condicionar a los que vienen. En rigor sobre esto último ya están intentándolo pero puede ser revertido por el próximo gobierno. La pregunta que todos nos formulamos es si van a entregar tan fácilmente el poder considerando los casos de corrupción pendientes, lavado de dinero y las sospechas que hay sobre la muerte de Nisman.

Es cierto, como dice Pablo Torres Barthe, que podrían autogenerar un conflicto social en la calle para darle pie a CF a declarar el estado de sitio, encarcelar a los opositores (políticos, periodistas, economistas, etc.) e ir a las elecciones condicionando fuertemente a la oposición y a población bajo un régimen de terror. No obstante mi gran duda es si existe margen dentro de la sociedad para tolerar ese tipo de agresiones y estrategias. Puesto de otra manera, en su momento de esplendor, cuando Néstor Kirchner y CF tenían altas imágenes positivas, una estrategia de ese tipo era posible. Hoy solo sería posible derramando mucha sangre en la calle. Tendrían que recurrir a los violentos para que rompan cabezas en las manifestaciones que juntan multitudes pacíficas y que la policía deje la zona liberada.

¿Son capaces de hacerlo? Son capaces, pero en ese caso sería tan abierta la instauración de una dictadura que no podría disimularla ante el mundo. Obviamente quedaríamos aislados como lo estamos ahora y  con la gente sumergida en la pobreza. El sistema debería ser cada vez más brutal y autoritario.

En rigor, tanto los montoneros como el ERP era lo que querían imponer en los 70 mediante el terrorismo y las armas. Querían a sangre y fuego imponer un gobierno de terror. Derrotados en el campo militar, advirtieron que era mejor disfrazarse de demócratas para infiltrar la democracia y desde el poder destruirla e instaurar una dictadura como la que pretendían establecer en los 70 pero a sangre y fuego. Lo paradójico es que la situación de todos esos resentidos que hoy ocupan cargos en el poder es tan endeble políticamente que solo recurriendo nuevamente a la violencia podrían retener los resortes del poder. Cerca del 70% de la gente los rechaza y la realidad es que solo con el apoyo inicial de la gente un autócrata puede lograr la suma del poder público. Luego utiliza el aparato estatal para doblegar al que piensa diferente o quiere ser libre.

La oposición no puede permanecer ajena a este dilema que tiene el kirchnerismo que consiste en dejar el poder y afrontar un tsunami de juicios o tratar de establecer una autocracia rompiendo cabezas opositoras. Debe salir a denunciar que quienes hoy gobiernan están entre la espada y la pared y pueden cometer actos de locura. La gente tiene que estar advertida del riesgo que corre su libertad.

Insisto, el kirchnerismo está en el gran dilema que tantos años de impunidad, corrupción y abuso del poder los deja en una delicada situación frente a la justicia. Y no me vengan con que en Argentina nadie va preso argumentando que Menem zafó.

La realidad es que Menem no había generado la división social, el grado de violencia verbal y física que generó el kirchnerismo y mucho menos el resentimiento que esta gente produjo. El destrato a funcionarios de carrera y a sus mismos seguidores han generado rencores muy grandes que no son comparables con la salida de Menem del poder.

Mi punto es, no hay que relajarse pensando que en octubre pierden las elecciones y se van pacíficamente. Por el contrario, este 2015 va a ser una batalla  a todo o nada que planteará el mismo oficialismo, por la sencilla razón que volver al llano puede significarle una catarata de juicios y condenas comparables a los juicios de Nuremberg.

A no dormirse, ellos todavía quieren ir por todo y es obligación de los dirigentes políticos y la gente plantarse ante la dictadura que, al igual que en los 70, pretende instalar a sangre y fuego.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Politización y partidos políticos.

Por Gabriel Boragina. Publicado el 29/11/14 en: http://www.accionhumana.com/2014/11/politizacion-y-partidos-politicos.html

 

Otras veces hemos llamado la atención sobre la exageración que representa –a nuestro modo de ver- la esperanza que muchas personas, la mayoría en rigor, deposita en la política como una vía idónea para la solución de prácticamente todos los problemas humanos.

Esto ha dado origen a un término que refleja adecuadamente esta tremenda tendencia. Ese término es la “politización”. Del mismo se ha dicho:

“J. Ellul sostiene que la politización “[…] no es un fenómeno que se sucede por la naturaleza de las cosas, se debe a la glorificación que nosotros le atribuimos, por la importancia que le asignamos cada uno de nosotros, por el temblequeo frenético exhibido cada vez que el sacramento político -la bandera, el jefe, el slogan- se acerca a nosotros […] Más aún, en lugar de la presencia consoladora -esa experiencia tan deseada por las personas religiosas- el hombre ahora experimenta fe y convicción religiosa en su participación política. Lo que se ha perdido por la Iglesia se encuentra en los partidos […] Entre las definiciones básicas del hombre los dos se vinculan en este punto: homo politicus es por su naturaleza homo religiosus […] Vean cuán llenos de devoción están y cuán llenos de espíritu de sacrificio se encuentran esos hombres apasionados que están obsesionados por la política” (68). Al contrario de lo que a veces se piensa, Ellul sostiene que una de “[…] las condiciones que determina la politización de la sociedad es el crecimiento de la participación individual en la vida política” [1]

Esta verdad se advierte de lleno en los debates que se escuchan o se leen a menudo por todas partes. En tales discusiones siempre aparecen tres partes perfectamente distinguibles: el oficialismo, la oposición y la ciudadanía. A juzgar por muchas de esas polémicas, esta última prácticamente no tendría nada ver con los dos primeros. La ciudadanía concentra sus juicios críticos o elogiosos depositándolos ya sea en el oficialismo o en la oposición, como si la responsabilidad de lo que ocurriere en un país, nación, estado, provincia o municipio dependiera siempre de esta o de aquel, y como si esa ciudadanía que juzga, condena o premia y aplaude no tuviera ningún  compromiso en el actuar política (y en sus consecuencias) respecto de lo que oficialistas y opositores hagan o deshagan. Una de las manifestaciones de la politización puede encontrarse en el hecho de que no son muchas las personas que piensan que los partidos políticos deberían autofinanciarse y no depender de subsidios estatales. Por ejemplo:

“Propiedad privada significa que deben ser privadas las empresas, pero también los partidos políticos, institutos educativos, servicios médicos y cajas de jubilaciones y pensiones; y sin privilegios: en libre competencia. Lo opuesto es la confusión de lo público y lo privado, con abandono de la neutralidad.”[2]

En nuestra sociedad latinoamericana -al menos- que los partidos políticos se autofinancien, es decir que sean completamente independientes de las arcas del estado—nación es algo bastante difícil, por no decir prácticamente utópico, máxime si se tratan de partidos que se alternan en el poder, y por este mismo motivo han tenido acceso a las múltiples fuentes de financiamiento a través de los cuales -en función de gobierno- esos mismos partidos han actuado políticamente durante el periodo que les ha tocado gobernar. Y en cargo de la politización que ya hemos comentado, no existe en la ciudadanía un verdadero consenso en cuanto a dicha independencia, altamente deseable en el discurso, pero difícilmente plasmable en la práctica. Además:

“Todos los partidos políticos tienen uno u otro tipo de «intereses creados» en los movimientos impopulares de su ad­versario. Así, podría decirse que viven de ellos, hallándose siempre listos a destacarlos, exagerarlos, o, incluso, buscarlos cuidadosamente. Pueden llegar, asimismo, a estimular los errores políticos de sus adversarios en la medida en que esto no los obligue a compartir la responsabilidad de los mismos. Esto, junto con la teoría de Engels, condujo a algunos partidos marxistas a vivir a la expectativa de las maniobras políticas realizadas por sus adversarios contra la democracia. En lugar de combatirlas con dientes y uñas, se contentaban con decirles a sus adeptos: «Ved lo que hace esta gente. Eso es lo que llaman democracia. ¡Eso es lo que llaman libertad e igualdad! Acordaos de esto cuando llegue el día de arreglar cuentas». (Frase ambigua que podría referirse igualmente a las elecciones o a la revolución.) Esta política de dejar al adversario que se ponga al descubierto debe conducir al desastre cuando se la extiende a las maniobras contra la democracia. Es la política de los que mucho hablan y nada hacen ante la inminencia de un peligro real y creciente. Es la política consistente en hablar de guerra y actuar pacífica­mente que tan bien les enseñó a los fascistas la inestimable técnica opuesta de hablar pacíficamente mientras se hace la guerra.”[3]

Resulta realmente impresionante la actualidad política de estas palabras de K. R. Popper, que parecen describir patentemente una realidad de nuestros días, en la que oficialistas y opositores se culpan mutuamente de atentar contra los valores democráticos, en tanto ninguno de ambos bandos hace absolutamente nada por evitar la destrucción de esos valores, y -en su lugar- resulta ser cierto que tanto unos como otros contribuyen, ya sea con su acción o con su omisión, a hacer añicos los principios sobre los cuales se construye la democracia, y que ellos “dicen” (declaman, mejor dicho) defender. También es innegable que, tanto oficialistas como opositores, proceden de continuo “a estimular los errores políticos de sus adversarios en la medida en que esto no los obligue a compartir la responsabilidad de los mismos”.

Todo esto debería ser una advertencia para la ciudadanía altamente politizada, que exhibe la tremenda paradoja de no confiar en los políticos, pero seguir confiando en la política como una vía factible del cambio social. Ya hemos expuesto muchas veces nuestra posición en cuanto consideramos la política como una consecuencia de otros factores de los cuales depende, directa o indirectamente, entre los cuales encontramos la educación y el ambiente sociocultural de la sociedad en donde la política aparece.

[1] Alberto Benegas Lynch (h) Hacia el Autogobierno. Una crítica al poder político. Emecé. pág. 461-462.

[2] Alberto Mansueti. Las leyes malas (y el camino de salida). Guatemala, octubre de 2009. Pág. 307

[3] K. R. Popper. La sociedad abierta y sus enemigos. Paidos. Surcos 20. Pág. 377

 

Gabriel Boragina es Abogado. Master en Economía y Administración de Empresas de ESEADE.  Fue miembro titular del Departamento de Política Económica de ESEADE. Ex Secretario general de la ASEDE (Asociación de Egresados ESEADE) Autor de numerosos libros y colaborador en diversos medios del país y del extranjero.

La inercia del miedo

Por José Benegas. Pubicado el 18/7/14 en: http://josebenegas.com/2014/07/18/la-inercia-del-miedo/

 

La señora nombra a su nuera por decreto, se convierte en un comentario en algunos portales y el fenómeno que abona todos los abusos desde el año 2003 se repite: la oposición es espectadora. La más pasiva de las espectadoras porque los individuos en twitter y en los diarios reaccionan con indignación. Indignación quiere decir herida a la dignidad, algo que no está de moda, debe ser muy “neoliberal”.

En cualquier tema se nota una distancia sideral entre el enojo de la gente con la señora Kirchner y el cuidado mentiroso que en público tienen los que aspiran a ocupar su lugar, no solo respecto de actos de nepotismo vergonzoso como este. Dicho sea de paso, con tanto hotel de la exitosísima abogada ¿es necesario ser tan miserable como para sacarle más plata al estado para mantener a la nuera? Si la idea es que viva en Buenos Aires ¿No podría la familia exitosísima hacer una vaquita o vender un reloj para solventar sus gastos?

Lo peor no es este acto que la señora realiza sin ninguna vergüenza, sino el permiso de monarca que se le ha ido otorgando desde el momento de máximo temor al régimen kirchnerista en sus primeros años, cuando el país se dividió entre sus súbditos, sus cómplices y los asustados, como si un gritón que manejaba a Moyano y a la AFIP y tenía una afición por las cajas fuertes, hubiera sido un equivalente de Kim Jong Il.

De todo eso y del nacimiento de una “nueva política” consistente en no pelarse con nadie para poder tomar muchos cargos evitando problemas, quedó el tratamiento entre algodones del matrimonio déspota, disfrazado de “respeto a las instituciones”, lo que para ellos quiere decir “que hagan lo que quieran”.

Por eso la gravedad del episodio de la nuera, porque revela este fenómeno que solo se da en la Argentina, donde la titular del abuso es dejada de lado como centro de la crítica para ocuparse de sus débiles monigotes. Oposición y medios juegan a “ella no se da cuenta”. No pudo haber hecho más para demostrar su complicidad con el señor Boudou, pero todavía están los charlatanes como una abrumadora mayoría diciendo cosas como “la presidente debería darse cuenta del daño que hace la presencia del vice presidente”. O si no “Boudou le hace muy mal al gobierno”, como si estuviéramos ante un grupo de repúblicos con una manzana podrida.

Algo muy serio está pasando en la Argentina y es peor que el hecho de que se confunda la institucionalidad de una república con la de una monarquía absoluta. Es el crecimiento de esa práctica política del silencio, pensando en los negocios futuros o presentes, bajo el infame disfraz de la moderación.

No existe otro país, chavista o no chavista, salvo los totalitarismos donde no se mueve una mosca, en el que el titular del gobierno, el que maneja todos los hilos de la corrupción, el disparate y la mentira descarada, no es el centro de la crítica y si lo son sus bufones. Eso es lo que mantiene al kirchnerismo en pie, pese a ser el peor gobierno imaginable.

 

José Benegas es abogado, periodista, consultor político, obtuvo el segundo premio del Concurso Caminos de la Libertad de TV Azteca México y diversas menciones honoríficas. Autor de Seamos Libres, apuntes para volver a vivir en Libertad (Unión Editorial 2013). Conduce Esta Lengua es Mía por FM Identidad, es columnista de Infobae.com. Es graduado del programa Master en economía y ciencias políticas de ESEADE.

 

 

 

 

Los fondos buitres no existen

Publicado el 19 de Junio de 2014 en http://www.liberallibertario.org/home/index.php/prensa/archivo/565-los-fondos-buitres-no-existen

 

El economista y académico Guillermo Covernton, del Movimiento Liberal Libertario, destacó: “Los fondos buitres no existen. Hay distintos tipos de acreedores. Lo que tienen en común es que poseen deuda que el Estado Argentino emitió. Unos tienen menos capacidad de resistencia y prefirieron acordar los términos que el gobierno impuso unilateralmente, mientras que otros poseen más capacidad de incurrir en gastos y litigar”.

Para Covernton, un gobierno que cataloga de buitres a los tenedores de deuda está reconociendo que cuando emitió esos títulos estaba vendiendo carne podrida y, al admitir que ellos compraron deuda a muy bajo precio, no hace otra cosa que reconocer su absoluta incompetencia. “Si los títulos llegaron a valer tan poco, no hay justificativo para que el mismo gobierno no los haya comprado, cancelando así su obligación a una mínima fracción de su valor originario”.

Por su parte, el referente económico del movimiento liberal destacó que es una mala señal que la oposición y los medios caigan en la trampa de utilizar la terminología impuesta por el populismo. “Esto parece dejar en claro la corresponsabilidad de prácticamente todo el espectro político argentino, que festejaba cuando se repudió la deuda que ahora está en litigio. Practicamente todos los sectores estuvieron representados en esa fallida maniobra que ha destruido la credibilidad del Estado argentino en todos los mercados financieros y que exigirá muchísimos años de conducta antes de ser reestablecida”, manifestó.

“Es muy simple caer en un nacionalismo infantil, pero la ciudadanía debe comprender que este comportamiento se traduce en un perjuicio para los argentinos, ya que la historia termina con menos crédito e inversión, lo que significa menos trabajo y salarios miserables”, concluyó.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases.

 

Tres clases de economistas y lo mínimo que hay que hacer

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 15/9/13 en: http://economiaparatodos.net/tres-clases-de-economistas-y-lo-minimo-que-hay-que-hacer/

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Luego de tantas crisis económicas que hemos vivido, la gente presiente que, más temprano que tarde, llegará algún ajuste. Por supuesto que el gobierno niega tal posibilidad, por otro lado buena parte de la oposición minimiza el problema económico diciendo que puede resolverse sin grandes sacrificios para la población y, finalmente, algunos economistas sostienen que si bien el panorama económico es complicado, la solución no tiene porqué ser dolorosa.

Que el gobierno niegue el ajuste no es ninguna novedad. Que los políticos opositores digan que la solución no es tan grave, también es entendible (digo entendible y no justificable) porque ellos no van a tener el control del Ejecutivo luego de las elecciones de octubre y, además, ¿para qué asustar a la gente y perder votos mientras el gobierno niega el ajuste? En todo caso que sea el oficialismo el que se haga cargo del ajuste llegado del momento.

Ahora bien, donde la gente puede tener más confusión es en las declaraciones de los economistas, lo cual es entendible porque hay tres tipos de discursos dependiendo del economista que hable.

Como no soy corporativo, me parece que hay que distinguir, al menos, entre tres clases de economistas. Están los que siempre van a hacer declaraciones light porque su negocio es hacer lobby o bien entretener a la gente con un discurso suave para que las empresas los sigan contratando. No vaya a ser cosa que advierta sobre los peligros económicos y la empresa deje de contratarlo por miedo al gobierno. Lo he padecido en carne propia.

Luego están los economistas cuya función es siempre estar metidos en los partidos políticos con mayores expectativas de llegar al poder. Esos economistas pueden un día estar con Menem, luego con Duhalde, después con Kirchner y hoy con Massa. ¿Cuál es su negocio? Generar la expectativa de que pueden estar en el poder o muy cerca del poder para que empresarios buscadores de privilegios los contraten con el solo objeto de tenerlos como “amigos” llegado el momento de pedir alguna protección, un subsidio o cualquier otro “beneficio”. Incluso tener información privilegiada. Estos economistas en realidad son traficantes de influencias y, por lo tanto, su discurso económico se va acomodando a las necesidades políticas del partido político en el cual recalen. Van saltando de partido político en partido político y acomodando su discurso de acuerdo al perfil de su nuevo socio político. Obviamente, en este caso, sus discursos no tienen nada que ver con las perspectivas económicas, y el lector habrá notado lo difusas que son sus respuestas al momento de responder cómo solucionaría determinado problema. Responden como políticos en busca de votos y no como profesionales de la economía.

Finalmente estamos los que nos dedicamos a la economía como consultores, profesores, investigadores, etc. En esta tercera clase de economistas hay de diferentes tendencias o escuelas económicas. Puede haber diferentes posiciones entre nosotros, pero decimos libremente lo que pensamos sobre lo que está ocurriendo y qué puede llegar a ocurrir. Obviamente que podemos equivocarnos tanto en el diagnóstico como en el pronóstico, pero lo que no hacemos es un discurso para entretener a la tribuna para no perder el contrato o bien hablar como políticos para traficar influencias.

Como pertenezco a esta última clase de economistas, al igual que muchos otros colegas, es que me animo a decir que luce muy difícil que pueda salirse de este embrollo económico con dos medidas menores y sin ningún impacto en la sociedad. Solo con ver los $ 110.000 millones en subsidios que se gastan anualmente para financiar  las tarifas artificialmente bajas de los servicios públicos y que dada la inflación existente ni siquiera pueden quedar congelados, uno tiene idea de la magnitud del ajuste tarifario que en algún momento habrá que hacer en energía y transporte público (trenes, subtes, colectivos, etc.).

El tema del tipo de cambio real es otro problema. Dado que difícilmente alguien se anime a hacer reformas estructurales profundas que permitan ganar productividad en la economía y hacer fuerte el peso en forma genuina, las probabilidades de una mega devaluación son altas. Solo un dato, si el dólar de $ 1,40 con el que se salió de la convertibilidad hubiese aumentado al ritmo de la tasa de inflación interna menos la inflación de EE.UU., para no caer en términos reales hoy tendría que estar en $ 9,30. Es solo un indicador para advertir cómo cayó el tipo de cambio real.

La enorme carga tributaria que soportamos en el sector formal de la economía es la contrapartida de un gasto público récord, tanto en cantidad cómo en baja calidad. Encima ni siquiera alcanzan los impuestos para financiarlo y el BCRA sigue aplicando el impuesto inflacionario para sostener al tesoro. Esa situación no se arregla con maquillaje o dos curitas y una aspirina. Se arregla con cirugía mayor en el gasto público.

No nos engañemos, si bien no soy keynesiano, el economista inglés propuso su fórmula de aumentar el gasto público para reactivar la economía cuando el gasto representaba el 10% del PIB. Jamás se le hubiese ocurrido sugerir semejante receta con un gasto público que orilla el 50% del PBI. A mi juicio Keynes estaba equivocado pero no era un delirante como para formular semejante disparate.

Y la disciplina monetaria depende, en gran medida, de la disciplina fiscal. Para frenar este creciente proceso inflacionario hace falta poner orden en las cuentas públicas.

Pero el tema más complicado va a consistir en recuperar la confianza en las instituciones, entendiendo por instituciones respeto por los derechos de propiedad, estabilidad en las reglas de juego, etc. Si CFK se va a fines del 2015 sin que le explote la economía antes, el que venga tendrá que asumir el costo de poner orden económico y recuperar la confianza de una Argentina que hoy es una marginada en el mundo.

Arreglar el tema energético, la infraestructura (rutas, trenes, puertos, etc.) va a requerir de grandes inversiones que solo vendrán cuando tengan la certeza de que aquí se acabó esta locura confiscatoria, reguladora y apretador. Cuando sepan que pueden girar sus utilidades y dividendos. Cuando no haya más cepo cambiario, lo cual es todo un tema eliminarlo porque ya se transformó en otro corralito. Si la salida del corralito era traumática, la del cepo también lo será. Por lo menos con este nivel de dólar oficial.

El listado de problemas económicos a arreglar es muy importante y nada fácil de esquivar los costos de 11 años de populismo desenfrenado. Pero atención que no se puede arreglar la economía si no se recupera la confianza en el respeto por las reglas de juego.

No estoy diciendo que nos espera un tsunami económico luego del kirchnerismo, pero a diferencia de las otras dos clases de economistas que mencionaba anteriormente, ningún economista serio puede afirmar que de esto se sale suavemente.

Sí reconozco que del total de medidas económicas que yo tomaría, muchas de ellas serían inviables políticamente. Ahora bien, aun aceptando ciertas restricciones políticas a las medidas económicas que personalmente considero óptimas, hay un mínimo de medidas que sí o sí habrá que tomar.

Cuando tomaba examen a mis alumnos en los post grados, mi principio era que había un mínimo de conocimientos de la materia que tenían que saber sí o sí. Si no conocían ese mínimo, no podían pasar. El resto  de lo que sabían era el lujo de la excelencia académica. Pero había un mínimo que no podía no conocer.

Con las medidas económicas para salir de este berenjenal pasa lo mismo. Hay un óptimo que dudo que alcancemos, pero ojo que el mínimo de medidas a adoptar es cada vez más elevado porque la destrucción económica va avanzando a medida que se profundiza el “modelo” y va pasando el tiempo.

Muchos no podrán estar de acuerdo con lo que acabo de expresar. Otros creerán sinceramente que puede salirse suavemente. Pero de lo que puede estar segura la gente es que acabo de escribir estas líneas cómo economista y no como traficante de influencias que se hace pasar por economista.

No se deje engañar, de esta fiesta populista no se salen sin pagar costos.

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA)y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE.

Problemas con el Calendario

Por Gabriela Pousa. Publicado el 19/8/13 en http://economiaparatodos.net/problemas-con-el-calendario/

Algo no cierra y no es precisamente el porcentaje de votos a favor o en contra de unos u otros. Lo que no cierra son las fechas

El ambiente político en el país se recalienta, el mentado “fin de ciclo” se hace oír y hasta comienzan a organizarse ciertas despedidas como si el 2015 estuviese a la vuelta de la esquina.

Con la caja exigua y perdido en su propio laberinto, el kirchnerismo busca torpemente recrearse a sí mismo. Tarde. Después de 10 años de ladridos ininterrumpidos es inútil tratar de venderse como felino. Los gatos maúllan y hasta acá sólo se los ha escuchado ladrar como si los rodeasen enemigos.

Siempre se le ha dado a los presidentes 100 días de tregua, pretender multiplicarlo infinitamente es un ardid imposible en el escenario actual. Han dejado pasar una década como agua entre las manos, cada grano sembrado no se cosechó luego en el granero indicado, la oposición fue una seda, el pueblo en demasía benévolo, el mundo se le ofreció propicio y calmo. No quisieron tomarlo. Nada de eso les importó demasiado, apenas tomaron en serio los negocios personales y privados. El gobierno no fue sino un telón para un comercio desmedido de ambición.

Ahora es tarde. No hay excusas que puedan paliar la inoperancia y la desidia que derivaran en los cómputos adversos de los últimos comicios. Es tarde para el diálogo y el debate, tarde para suplentes y titulares. Tarde para una definición absurda por penales. Los goles entran como si el arquero ya no estuviera y sin embargo, aún debe pasar dos años custodiando ese arco. Sin duda no será fácil…

Ahora bien, ¿de qué manera llevarla a cabo cuando en el aire se percibe que es grande el cansancio? A la vista está que Cristina no puede ni quiere cambiar, la porfía la ha superado y el extremismo se erige como característica intrínseca en cada acto. La violencia nunca es repentina, por el contrario suele estar latente durante un tiempo indescifrado hasta estallar en el ambiente irremediablemente. Y es dable decir que a esta altura de las circunstancias ya se la siente.

No nace en la gente sino en los despachos de la Casa Rosada, se escapa por las puertas y ventanas. En los últimos 30 años de democracia nunca se la ha percibido tan vívida, tan como real amenaza. En medio de la sarta de barbaridades que ha dicho en el último discurso la Presidente, hubo una verdad implacable: “aún somos gobierno”. Nada más cierto pero no sonó como un dato obvio sino que se escuchó como un aviso mafioso.

La jefe de Estado ha vuelto a plantear “yo o el caos”, la vieja consigna tan manipulada en estos pagos… El problema se centra en que ahora no se puede dilucidar a ciencia cierta las diferencias. No es el orden lo que impera en esta segunda mitad del año, no es la razón la que prima en la gestión ejecutiva. Solapadamente Cristina está buscando vivificar la crispación sin medir las consecuencias, o acaso midiéndolas…

Si este clima de tensión se le escapase de las manos, ¿qué queda? A ella, un recurso difícil de censurar porque está contemplado en la Constitución Nacional: el estado de sitio. Un extremo que suena abyecto en cualquier país común pero que no suena de igual manera en un sistema democrático adulterado y vapuleado por la mismísima dirigencia.

Posiblemente nada sea tan irreal y desmesurado como creer en una continuidad sin el aval popular, pero la preocupación adquiere rigurosidad si se tiene en cuenta que se ha presentado al nuevo jefe del Ejercito, César Milani, como un líder que pone sus tropas no al servicio de la Patria sino a las ordenes del movimiento nacional y popular.

En ese contexto, jugar con la furia y la irracionalidad no parece un artilugio espontáneo de la mandataria sino más bien un modo desesperado de separar el camino en dos encrucijadas: o una despedida anticipada, o una permanencia en nombre de una ‘falsa paz justificada’. Y ambas son trampas. Muy por el contrario, la salida debe ser la elección presidencial y el consecuente traspaso del mando. ¿Está en condiciones la Presidente de aceptarlo?

Ante esta perspectiva, casi resulta emblemático que el triunfo o la derrota se hayan dado el domingo pasado, por márgenes más o menos abultados. En Octubre la brecha será más gruesa y polémica, pero el problema ya no son los números, el problema es ahora el calendario.

Gabriela Pousa es Licenciada en Comunicación Social y Periodismo por la Universidad del Salvador (Buenos Aires) y Máster en Economía y Ciencias Politicas por ESEADE. Es investigadora asociada a la Fundación Atlas, miembro del Centro Alexis de Tocqueville y del Foro Latinoamericano de Intelectuales.