Experiencias de marxistas a liberales

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 9/3/19 en https://www.cronista.com/columnistas/Experiencias-de-marxistas-a-liberales-20180309-0045.html

 

Experiencias de marxistas a liberales

 

Siempre hay que suponer la mejor de las intenciones, independientemente de las corrientes de pensamiento a las que se adhiere. Es la forma de dialogar e intercambiar ideas con provecho recíproco.

En lo personal tengo buenos amigos que han recorrido una larga y difícil trayectoria desde el marxismo al liberalismo. En primer lugar, el caso del peruano Eudocio Ravines quien fuera Premio Mao y Premio Lenin y muchos otros de muy diversos países.

En varios de los casos, para aprender y comprender, he indagado acerca de cuales han sido los autores que les han atraídos en sus épocas marxistas y cuales fueron los intelectuales que comenzaron a producir el cambio y, finalmente, quienes sobresalen al efecto de consolidar la postura liberal.

En la mayor parte de las situaciones que conozco, Antonio Gramsci ha sido un autor destacado del lado marxista. Según me han explicado, este pensador les ha atraído por su apartamiento de los métodos violentos puesto que, en cambio, concentra su atención en la educación dirigida a todos los niveles.

Este proceso es absolutamente cierto: todo comienza con cenáculos intelectuales y luego, como una piedra arrojada en un estanque, los círculos concéntricos van haciendo de efecto multiplicador hasta que se alcanza la opinión pública. Una vez en ese estadio, el político se ve forzado a adaptar su discurso a las demandas de la gente. Esto es desde luego válido para cualquier tradición de pensamiento.

Luego me han comentado estos amigos que en el proceso de transformación aparece Raymond Aron que les ha hecho ver que el marxismo es el opio de los intelectuales que no les permite reconocer las masacres físicas y morales que resultan de sus recetas.

También en esta instancia ha influido Bernard-Henri Lévy, él mismo un ex marxista, que insiste en que esa postura constituye un engaño superlativo puesto que es puro barbarismo. Y concluye que esto ocurre con todas las versiones que se escudan en muy diversos rótulos para atacar la institución de la propiedad. Recordemos que Marx y Engels han consignado que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”.

Mucho más adelante en la mencionada travesía vienen las lecturas de autores como el premio Nobel en economía Friedrich Hayek y su maestro Ludwig von Mises, con lo que el análisis se torna más riguroso y se detectan con mayor claridad las trampas que encierra el intervencionismo estatal, especialmente para los más necesitados.

Es en el contexto de esta aventura del pensamiento que los ex marxistas honestos intelectualmente a que me refiero han arribado a la postura liberal, la cual significa nada más y nada menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida del prójimo y rechazan todo tipo de privilegios, muy especialmente los otorgados a empresarios prebendarios que se alían con el poder para explotar a sus semejantes.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

Milton & Rose Friedman sobre un tema de fundamental importancia: el papel de las ideas en la evolución de las sociedades

Por Martín Krause. Publicado el 11/1/19 en: http://bazar.ufm.edu/milton-rose-friedman-tema-fundamental-importancia-papel-las-ideas-la-evolucion-las-sociedades/

 

Con los alumnos de la materia Public Choice vemos un artículo breve y simple de Milton y Rose Friedman, pero sobre un tema de fundamental importancia, el papel que cumplen las ideas en la evolución de las sociedades, los ciclos que se generan, los procesos de cambio y las crisis como detonantes de muchos de esos cambios. Es de fundamental importancia en todas nuestras sociedades. Así presentan el tema:

”El objetivo de este ensayo es modesto: presentar una hipótesis que se ha tornado cada vez más razonable para nosotros a medida que pasan los años, ilustrarla con ejemplos de los últimos tres siglos y analizar algunas de sus implicancias. La hipótesis es la siguiente: un cambio importante en la política social y económica está precedido por un cambio en el clima de la opinión intelectual, generado, al menos en parte, por circunstancias sociales, políticas y económicas contemporáneas. Este cambio puede comenzar en un país pero, si es duradero, termina por difundirse en todo el mundo. Al principio tendrá poco efecto en la política social y económica. Después de un intervalo, a veces de décadas, una corriente intelectual “tomada en su punto culminante” se extenderá al principio gradualmente, luego con más rapidez, al público en general y a través de la presión pública sobre el gobierno afectará las medidas económicas, sociales y políticas. A medida que la corriente de acontecimientos alcanza su punto culminante, la corriente intelectual comienza a disminuir, compensada por lo que A. V. Dicey denomina las contracorrientes de opinión, que representan generalmente una reacción a las consecuencias prácticas atribuidas a la corriente intelectual anterior. Las promesas tienden a ser utópicas. Nunca se cumplen, y por lo tanto desilusionan. Los protagonistas iniciales de la corriente de pensamiento desaparecen y la calidad intelectual de sus seguidores y partidarios disminuye en forma inevitable. Hacen falta independencia y coraje intelectuales para iniciar una contracorriente que domine la opinión, y también, aunque en menor medida, para unirse a la causa. Los jóvenes emprendedores, independientes y valientes buscan nuevos territorios para conquistar y ello requiere explorar lo nuevo y lo no probado. Las contracorrientes que juntan sus fuerzas ponen en movimiento la próxima marejada, y el proceso se repite.

No es necesario mencionar que este esquema está demasiado simplificado y excesivamente formalizado. En particular, omite cualquier análisis de una interacción sutil mutua entre la opinión intelectual, la opinión pública y el curso de los acontecimientos. Siempre se dan cambios graduales en las políticas y en los acuerdos institucionales. Sin embargo, los cambios importantes rara vez ocurren, excepto en los tiempos de crisis, cuando, utilizando la frase evocadora de Richard Weaver,”las ideas tienen consecuencias”. La corriente de pensamiento llega al público por medio de intelectuales de diversas profesiones: maestros y predicadores, periodistas de la prensa escrita o de la televisión, eruditos y políticos. El público comienza a reaccionar a esta crisis de acuerdo con las opciones que los intelectuales han explorado, opciones que limitan en forma eficaz las alternativas abiertas a los poderes existentes. En casi toda corriente una crisis se identifica como el catalizador de un cambio importante en la dirección de la política.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

Debates sobre metas y ejecuciones

Por Alberto Benegas Lynch (h)

 

Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.

 

Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en cuenta son innumerables.

 

Y no es que las políticas públicas carezcan de importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.

 

Primero debe clarificarse la idea y luego las muy diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de largo alcance pero no se puede comenzar por el final.

 

Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la razón de esa dirección.

 

La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura. Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la explicación  de ideas antes de proponer mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.

 

Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.

 

Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.

 

El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo,  se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba.

Las trampas en el mundo académico

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 10/7/18 en: https://www.cronista.com/columnistas/Las-trampas-en-el-mundo-academico-20180709-0076.html

 

Probablemente nada haya de mayor significación que los ámbitos universitarios. Lo que allí se enseñe puede extrapolarse a lo que sucederá en el futuro en el país de que se trate.

Los cenáculos intelectuales son como una piedra arrojada en un estanque: los círculos concéntricos van mostrando el efecto multiplicador en la respectiva influencia. El político analiza los temas que la opinión pública puede digerir al efecto de preparar su discurso pero esa opinión pública a su vez está conformada por el clima de ideas que prevalece, de allí la trascendencia de la educación y, como decimos, en este contexto muy especialmente la universitaria.

 

Resulta muy pertinente señalar que dicha enseñanza se desfigura cuando la academia se convierte en un centro de adoctrinamiento y politización. En este sentido es de interés consultar las memorias de Thomas Sowell, senior research fellow en Hoover Institution de la Universidad de Stanford, en el sitial Milton y Rose Friedman.

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Profesor Thomas Sowell, Universidad de Stanford.

Confiesa con cierta tristeza que dejó la enseñanza en el aula luego de cátedras en varias universidades porque se cansó de tres situaciones que se repitieron en diversas casas de estudio. Primero, las presiones para mejorar calificaciones a estudiantes de grado y posgrado, maniobras muchas veces apoyadas por las autoridades.

 

Segundo, la manía de hacer que los estudiantes incorporen a sus monografías y tesis lenguaje sibilino digno del posmodernismo y recargar las presentaciones con fórmulas matemáticas innecesarias. Esto último también es destacado por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y James M. Buchanan y economistas de la talla de Wilhelm Röpke y Ludwig von Mises.

 

Tercero, debido a eventuales acosos sexuales Sowell, por ejemplo, debía atender alumnas en su despacho con la puerta abierta y otros recaudos que dificultaban el trato y la seriedad en la relación estudiantil. Mario Vargas Llosa nos contaba que suele dictar sus clases en la Universidad de Princeton fijando la vista en el techo para no mirar a una estudiante y evitar el riesgo de ser demandado.

 

Tal vez el caso más sonado de las trampas que se deslizan en el mundo académico es el libro escrito por Alan Sokal y Jean Bricmont titulado Imposturas intelectuales donde explican que para mofarse de tropelías varias presentaron un largo ensayo en una revista académica con referato de una conocida universidad, donde fue publicado. Acto seguido los mismos autores escribieron otro ensayo refutando su trabajo anterior y revelando los gruesos errores del presentado antes como burla, el cual fue rechazado por lo que escribieron el libro de marras.

 

Sowell relata que antes de recibir el ofrecimiento en Stanford había recibido uno más jugoso desde el punto de vista cremátistico en la Universidad de Virginia el cual no aceptó para evitar el dictado de clases debido a las experiencias sufridas. Hay que estar atento a estos desbarranques para salvaguardar ámbitos que son cruciales.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.

El tema de la semana: la suba de tarifas

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 27/4/18 en: https://www.portfoliopersonal.com/Research/Noticia/7020

 

El gobierno de Macri se ha visto complicado en las últimas semanas por el problema del ajuste de tarifas. La quita de subsidios que lleva a un incremento en el precio que deben pagarse por estos servicios ha mostrado cierto hartazgo en la opinión pública. Lamentablemente, la oposición se ha visto más inclinada a utilizar este descontento con fines políticos que ha ofrecer soluciones de fondo.

El atraso tarifario es unas de las herencias más costosas que el kirchnerismo le ha dejado a Cambiemos. Es, también, un problema muy pobremente explicado por Cambiemos. Una cosa es entender que al no ajustarse las tarifas de los servicios públicos las mismas deban ser subsidiadas y eventualmente tendrán que ser corregidas. Otra cosa es tener una comprensión de la dimensión y alcance del problema. Cambiemos parece funcionar bajo la ilusión que entender un problema es lo mismo que ser consciente del tamaño del mismo. Es por este motivo que en el cambio de gobierno varios economistas insistían con que se explique en detalle y de forma accesible lo heredado de la gestión K.

Que las tarifas deben ser actualizadas no debería ser tema de discusión. Cuando se fijan precios por debajo de sus valores de equilibrio se generan tres problemas: (1) se produce un faltante de recursos, que se traduce en importaciones y perdida de reservas, (2) se enfrentan otros costos como cortes de energía, servicios de baja calidad, etc. y (3) se facilita la corrupción, donde el funcionario de turno tiene el poder elegir a quien asignar la energía a cambio, por ejemplo, de contribuciones a campañas políticas. La discusión política debería centrarse en cómo ajustar las tarifas y no en si deben o no ajustarse sus valores.

Hay dos motivos por los cuales el aumento de tarifas de niveles irrisoriamente bajos (aunque no en todo el país) a valores razonables ha generado descontento.

En primer lugar, el gobierno no se ha preocupado por explicar la necesidad y el alcance de los ajustes. Las explicaciones de Cambiemos son tardías, poco claras, y terminan sonando a excusa política. Si hay algún tema que amerita una conferencia de prensa o cadena nacional para informar a la opinión pública de problema serios es justamente el ajuste de tarifas. El timbreo y los posts en Facebook y Twitter no alcanzan. Hay que tener en cuenta que hay una generación que nunca ha pagado tarifas razonables. El ajuste que se les pide no es parte de su experiencia de vida. Recordar que hace 15 años se pagaban valores mayores de tarifas poca relevancia tiene para el ánimo presente de la opinión pública.

En segundo lugar, un entendible descontento de la opinión pública con la situación económica. La lluvia esperada de inversiones no ha llegado. La inflación está estancada hace ya varios meses en valores similares a los del gobierno kirchnerista. La presión fiscal sigue estando al límite. Ante este escenario, el gobierno pide a la población que se ajuste aún más mientras al gasto público se lo trata como un bien sagrado. En concreto, mientras a quien apenas llega a fin de mes se le pide que de algún manera pague el aumento de tarifas, el gobierno extiende subsidios a piqueteros. Cambiemos erosiona su propia autoridad moral de pedir repetidamente ajuste al contribuyente mientras el gasto público recibe un trato preferencial. El trato que los legisladores han dado al tema del cambio en efectivo libre de impuestos pasajes de avión es un ejemplo de este problema.

Para que el aumento de tarifas sea soportable para la población, es necesario liberarle recursos por otro lado. Como se viene sugiriendo hace tiempo, una opción es reducir la pesada carga impositiva atada a las tarifas. Quizás algunas de estas tasas sean necesarias y razonables, pero muy difícilmente lo sean en su conjunto. ¿Dónde tiene su mente Cambiemos, si una alternativa que sólo requiere de sentido común se las ha pasado por alto? Ciertamente puede ser difícil bajar varios de estos impuestos dado que no son nacionales, pero nada impide a Cambiemos bajar impuestos bajo su jurisdicción como el impuesto el cheque o IVA.

El tema de las tarifas es, en definitiva, síntoma del problema de fondo, un nivel de gasto público insostenible y nivel de déficit fiscal que debería preocupar más. El gradualismo que ha elegido el gobierno funciona si la opinión pública está dispuesta a recibir malas noticias de manera repetida. Para ello, es necesario que el gobierno no escape a explicar las medidas tomadas. Al no informar de manera clara a la población la dimensión del problema, a la par que la dirigencia política continúa con gastos innecesarios, se perpetúa la ilusión K de que Argentina tiene un nivel de ingresos y recursos mayores a los reales.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

MENTALIDAD PRO MERCADO: UN ÍNDICE MUNDIAL

Por Carlos Newland:

 

Carlos Newland, investigador de ESEADE, ha elaborado (en colaboración con el Prof. Pal Czegledi, de Hungría)  un índice mundial de pensamiento pro-mercado que será próximamente presentado en varias publicaciones internacionales (Independent Review, próxima edición del Informe Fraser de Libertad Económica Mundial). El índice es el primer intento de medir a nivel global la ideología económica de las diversas naciones que integran el mundo. El mismo se elabora tomando como insumo algunas de las preguntas que integran el World Values Survey, un proyecto mundial en curso desde 1980 que intenta mediante encuestas periódicas (en general cada cuatro años) medir la evolución de valores y creencias de la población. Para elaborar el índice se han tomado las respuestas dadas por los encuestados (normalmente un millar por país) a preguntas sobre la valoración de la iniciativa privada, la competencia, la no regulación del gobierno y la consideración de que todos pueden ganar a través de las operaciones de mercado. Según los datos de las dos encuestas más recientes del WVS, el ranking de países (con datos disponibles) según su aprobación de lo que se puede denominar un “modelo” capitalista es (ranking indicado en primera columna, valor del índice última columna):

 

1 Estados Unidos 0.697
2 Nueva Zelanda 0.686
3 Suiza 0.671
4 Taiwan 0.646
5 Canada 0.621
6 Noruega 0.615
7 Suecia 0.611
8 Gran Bretaña 0.600
9 Australia 0.596
10 Hong Kong 0.575
11 Trinidad Tobago 0.568
12 Vietnam 0.553
13 Finlandia 0.549
14 Rumania 0.547
15 Ecuador 0.547
16 Japon 0.539
17 Etiopia 0.535
18 Alemania 0.524
19 Azerbaijan 0.515
20 Uzbekistan 0.513
21 Peru 0.512
22 Rwanda 0.507
23 Belorusia 0.506
24 Georgia 0.504
25 Mexico 0.502
26 China 0.500
27 Yemen 0.499
28 Libia 0.499
29 Holanda 0.496
30 Francia 0.494
31 Indonesia 0.493
32 Qatar 0.488
33 Italia 0.488
34 Brasil 0.483
35 Malasia 0.482
36 Singapore 0.481
37 Eslovenia 0.474
38 Zimbabwe 0.474
39 Chipre 0.460
40 Gana 0.458
41 Colombia 0.454
42 Bulgaria 0.447
43 Moldova 0.445
44 Egipto 0.432
45 Pakistan 0.429
46 Uruguay 0.424
47 Filipinas 0.424
48 Andorra 0.419
49 Tailandia 0.417
50 Tunez 0.415
51 Marruecos 0.414
52 Burkina Faso 0.412
53 Kyrgyzstan 0.409
54 Armenia 0.409
55 Estonia 0.407
56 Kuwait 0.405
57 España 0.404
58 Nigeria 0.387
59 Sudafrica 0.387
60 Palestina 0.386
61 Corea del Sur 0.385
62 Libano 0.385
63 Mali 0.377
64 Irak 0.376
65 Iran 0.370
66 Jordania 0.364
67 Poland 0.359
68 India 0.359
69 Turquia 0.346
70 Algeria 0.343
71 Zambia 0.339
72 Argentina 0.323
73 Chile 0.316
74 Hungria 0.301
75 Kazakhstan 0.283
76 Ucrania 0.283
77 Rusia 0.241

 

El país que presenta la más elevada mentalidad pro capitalista es Estados Unidos, seguido por un conjunto de países del Norte de Europa, naciones de habla inglesa (Nueva Zelanda, Canadá) y de cultura China. Por otra parte muy al final de la tabla se ubica  Argentina, cuya población presenta una ideología bastante anti mercado, que podríamos decir que ha caracterizado al peronismo. Nuestro país es acompañado por varios países que antes estaban detrás del Telón de Acero. En ellos es clara la herencia cultural dejada por el comunismo y con su rechazo del capitalismo.

Argentina es un caso casi único a nivel mundial donde la mentalidad pro mercado era elevada en la década de 1990 para luego caer dramáticamente desde el año 2000. Ello explica tanto que Menem adoptara políticas económicas liberales, como que los gobiernos de los Kirchner hicieran lo contrario. La baja aceptación actual del mercado en Argentina se refleja en la baja prioridad que ha dado Mauricio Macri al tema, que en general ha incluido muy poco en sus discursos. Es por ello que hoy en día se habla poco de privatización y se ha puesto hasta hace poco énfasis en la reducción del peso del Estado en la Economía. Es lo que espera la opinión pública.

 

Carlos Newland es Dr. Litt. en Historia. Profesor y Ex Rector de ESEADE.

EL GRADUALISMO PRODUCE SHOCK

Por Alberto Benegas Lynch (h).

 

Hay tres palabras que estimo no son conducentes a lo que se desea trasmitir: ajuste, gradualismo y shock. Por ajuste se entiende una política que apunta a poner orden en las finanzas públicas pero que se traduce en penurias para la población. Esto suena ridículo,  el orden en la familia o en el gobierno reestablece las condiciones del progreso. Pero, más aun, la expresión está mal utilizada ya que el ajuste, es decir, la privación no se genera como consecuencia del orden sino del desorden. En otros términos, para evitar el ajuste debe ponerse orden (no gastar más de lo que ingresa, presiones tributarias razonables, no usar la deuda pública para “patear la pelota para más adelante” sin enfrentar los problemas, limitar las funciones gubernamentales a los principios republicanos, respetar la división de poderes etc.)

 

Por su parte,  el gradualismo resulta algo cómico ya que ser gradual necesariamente implica saber cual es la meta (¿gradual hacía donde?) y la mayor parte de los gobiernos no explicitan los objetivos de modo que más preciso es decir que van a la deriva cuyo último resultado habitualmente consiste en engrosar el aparato estatal.

 

En tercer lugar, el shock también se aplica mal puesto que se lo entiende como resultado del orden cuando los shocks aparecen cotidianamente debido a las sandeces que introducen las políticas estatistas. El orden es para eliminar los shocks puesto que, como queda dicho, ya bastantes shocks diarios sufre la población. Si el orden produjera shock sería mejor vivir en el desorden, pero a poco andar se comprobaría que esto último produce miseria y caos.

 

Por supuesto que toda medida en cualquier dirección que fuere siempre tiene consecuencias sobre terceros, el asunto es que en el balance el resultado sea positivo (cuando apareció el automóvil, la demanda por carricoches tirados por caballos declinó hasta desaparecer, cuando irrumpió la calefacción a gas se afectó la producción de leña, cuando aparecieron las computadoras la demanda por secretarias decreció y así sucesivamente lo cual liberó recursos humanos para atender otras necesidades y como los recursos son escasos en relación a los infinitos requerimientos, el proceso se traduce en progreso). Sin duda que las transiciones exigen capacitación pero la vida es una transición de un punto a otro, el progreso es cambio, todos los días cuando un colaborador en un emprendimiento sugiere nuevas medidas para mejorar está generando reasignaciones humanas y materiales. No se puede tener la torta y comérsela al mismo tiempo.

 

El político calibrará hasta donde puede llegar según la opinión pública pueda digerir lo propuesto, pero una vez evaluado este aspecto lo mejor es hacer lo considerado posible y mejor lo antes que las circunstancias permitan puesto que el goteo, “el gradualismo” produce desgaste y finalmente shock. Por ello es que la recomendación es proceder al comienzo de la gestión, cuando transcurre la luna de miel puesto que lo que no se hace de entrada no se podrá llevar a cabo debido al reagrupamiento de la oposición, tal como han demostrado las experiencias más resonantes de los gobiernos que alardearon  de gradualismo y terminaron en shocks tremebundos.

 

Uno de los obstáculos para entender las ventajas de poner orden y encaminarse a una sociedad abierta estriba en no captar las fenomenales e indispensables contribuciones teóricas que respaldan esa conclusión pero, en lugar de eso, se insiste que lo relevante son los hombres prácticos puesto que los teóricos son solo baladas románticas sin el realismo que se necesita para resolver problemas. La respuesta para evitar el uso de las antedichas expresiones en sentidos confusos, ambiguos y pastosos consiste en la educación al efecto de comprender las ventajas de orden y las desventajas del desorden y el proceso educativo es inseparable del andamiaje teórico.

 

En este sentido, reitero lo escrito en otra oportunidad. Como queda dicho, hay dos planos de acción que es perentorio clarificar y precisar. Esta diferenciación de naturalezas resulta decisiva al efecto de abrir cauce al progreso. Constituye un lugar de los más común -casi groseramente vulgar- sostener que lo importante es el hombre práctico y que la teoría es algo etéreo, mas o menos inútil, reservado para idealistas que sueñan con irrealidades.

 

Esta concepción es de una irresponsabilidad a toda prueba y revela una estrechez mental digna de mejor causa. Todo, absolutamente todo lo que hoy disponemos y usamos es fruto de una teoría previa, es decir, de un sueño, de un ideal, de un proyecto aún no ejecutado. Damos por sentado nuestros zapatos, el uso del avión, la televisión, la radio, internet, el automóvil, el tipo de comida que ingerimos, las medicinas a que recurrimos, los tipos de edificaciones, la iluminación, las herramientas, los fertilizantes, plaguicidas, la biogenética, la siembra directa, los sistemas políticos, los regímenes económicos etc. etc. Todo eso y mucho más, una vez aplicado parece una obviedad, pero era inexistente antes de concebirse como una idea en la mente de alguien.

 

John Stuart Mill escribió con razón que “toda idea nueva pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. Seguramente, en épocas de las cavernas, quienes estaban acostumbrados al uso del garrote les pareció una idea descabellada el concebir el arco y la flecha y así sucesivamente con todos los grandes inventos e ideas progresistas de la humanidad. En tiempos en que se consideraba que la monarquía tenía origen divino, a la mayoría de las personas les resultó inaudito que algunos cuestionaran la idea y propusiera un régimen democrático.

 

Los llamados prácticos no son más que aquellos que se suben a la cresta de la ola ya formada por quienes previa y trabajosamente la concibieron. Los que se burlan de los teóricos no parecen percatarse que en todo lo que hacen son deudores de ellos, pero al no ser capaces de crear nada nuevo se regodean en sus practicidades. Todo progreso implica correr el eje del debate, es decir, de imaginar y diseñar lo nuevo al efecto de ascender un paso en la dirección del mejoramiento. Al práctico le corren el piso los teóricos sin que aquel sea para nada responsable de ese corrimiento.

 

El premio Nobel Friedrich Hayek ha escrito que “Aquellos que se preocupan exclusivamente con lo que aparece como práctico dada la existente opinión pública del momento, constantemente han visto que incluso esa situación se ha convertido en políticamente imposible como resultado de un cambio en la opinión pública que ellos no han hecho nada por guiar.” La práctica será posible en una u otra dirección según sean las características de los teóricos que mueven el debate. En esta instancia del proceso de evolución cultural, los políticos recurren a cierto tipo de discurso según estiman que la gente lo digerirá y aceptará. Pero la comprensión de tal o cual idea depende de lo que previamente se concibió en el mundo intelectual y su capacidad de influir en la opinión pública ordenada a través de sucesivos círculos concéntricos y efectos multiplicadores desde los cenáculos hasta los medios masivos de comunicación.

 

En todos los órdenes de la vida, los prácticos son los free-riders (los aprovechadores o, para emplear un argentinismo, los “garroneros”) de los teóricos. Esta afirmación en absoluto debe tomarse peyorativamente puesto que todos usufructuamos de la creación de los teóricos. La inmensa mayoría de las cosas que usamos las debemos al ingenio de otros, incluso prácticamente nada de lo que usufructuamos lo entendemos ni lo podemos explicar. Por esto es que el empresario no es el indicado para defender el sistema de libre empresa porque, como tal, no se ha adentrado en la filosofía liberal ya que su habilidad estriba en  realizar buenos arbitrajes (y, en general, si se lo deja, se alía con el poder para aplastar el sistema), el banquero no conoce el significado del dinero, el comerciante no puede fundamentar las bases del comercio, quienes compran y venden diariamente no saben acerca del rol de los precios,  el telefonista no puede construir un teléfono, el especialista en marketing suele ignorar los fundamentos de los procesos de mercado, el piloto de avión no es capaz de fabricar una aeronave, los que pagan impuestos (y mucho menos los que recaudan) no registran las implicancias de la política fiscal, el ama de casa no conoce el mecanismo interno del microondas ni de la heladera y así sucesivamente. Tampoco es necesario que esos operadores conozcan aquello, en eso consiste la división del trabajo y la consiguiente cooperación social. Es necesario sí que cada uno sepa que los derechos de propiedad deben respetarse para cuya comprensión deben aportar tiempo, recursos o ambas cosas si desean seguir en paz con su practicidad y para que el teórico pueda continuar en un clima de libertad con sus tareas creativas y así ensanchar el campo de actividad del práctico.

 

Desde luego que hay teorías efectivas y teorías equivocadas o sin un fundamento suficientemente sólido, pero en modo alguno se justifica mofarse de quienes realizan esfuerzos para concebir una teoría eficaz. Las teorías malas no dan resultado, las buenas logran el objetivo. En última instancia, como se ha dicho “nada hay más practico que una buena teoría”. Conciente o inconscientemente detrás de toda acción  hay una teoría, si esta es acertada la práctica producirá  buenos resultados, si es equivocada las consecuencias del acto estarán rumbeadas en una dirección inconveniente respecto de las metas propuestas.

 

Las telarañas mentales y la inercia de lo conocido son los obstáculos más serios para introducir cambios. Como hemos señalado, no solo no hay nada que objetar a la practicidad sino que todos somos prácticos en el sentido que aplicamos los medios que consideramos corresponden para el logro de nuestras metas, pero tiene una connotación completamente distinta “el práctico” que se considera superior por el mero hecho de aplicar lo que otros concibieron y, todavía, reniegan de ellos…los que, como queda dicho, hicieron posible la practicidad del práctico.

 

Afirmar que “una cosa es la teoría y otra es la práctica” es una de las perogrulladas mas burdas que puedan declamarse, pero de ese hecho innegable no se desprende que la práctica es de una mayor jerarquía que la teoría, porque  parecería que así se pretende invertir la secuencia temporal y desconocer la dependencia de aquello respecto de esto último, lo cual no desconoce que la teoría es para ser aplicada, es decir, para llevarse a la práctica.  Si se desea alentar el progreso debe enfatizarse la importancia del trabajo teórico y el idealismo, y no circunscribirse al ejercicio de practicar lo que ya es del dominio público. Por ello resulta tan estimulante el comentario de George Bernard Shaw cuando escribe que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿por qué no?”. Es hora de hacer un alto en el camino y reconsiderar las expresiones gradualismo, shock y ajuste y ponerlas en el contexto teórico adecuado.

 

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa.