Gran riesgo de la política monetaria

Por Enrique Blasco Garma. Publicado el 6/3/19 en:  http://www.libertadyprogresonline.org/2019/03/06/gran-riesgo-de-la-politica-monetaria/

 

Los bancos emisores de monedas que son unidad de cuenta apuntan a una inflación mínima, tipo 2% anual. Es el caso de la Fed, BCE, y otros principales.

Las transacciones comerciales requieren una unidad de cuenta que mida valores y opere a lo largo del tiempo. Igual que necesitan al metro para medir longitudes y el gramo para pesos. La gran ventaja de las medidas fijas, impuestas con el sistema métrico decimal, es su constancia en el tiempo. Con esa finalidad, las monedas con menor inflación suelen ser unidades de cuenta, caso del dólar, euro, y un puñado de otras. En cambio, las monedas con elevada inflación (fuerte pérdida de valor) no sirven como unidad de cuenta. Con los 13 ceros suprimidos a las cinco monedas sucesivas, entre 1970 y 1992, el peso no es, ni puede ser, unidad de cuenta. Que siguió perdiendo. 100 pesos de hoy ya valen menos que 3 pesos de 2001.

Dinero electrónico y billetes argentinos

Explico en el libro Fin de la Pobreza, la esencia de un patrón de medida es su constancia. Por eso usamos al dólar. Contratamos en pesos sólo cuando lo imponen regulaciones estatales. En transacciones libres de esas limitaciones usamos al dólar, operaciones inmobiliarias, financieras y comercio exterior. Hasta BCRA reconoce al dólar como unidad de cuenta al medir reservas y comercio internacional. No siempre fue así. Antes del proceso inflacionario, BCRA publicaba las reservas y comercio internacionales en pesos.

Las autoridades y FMI debieran ser realistas y aceptar que el peso no es unidad de cuenta. Por eso los activos financieros en pesos son poco significativos mientras los activos financieros en divisas superan al 75% del total y el endeudamiento de los gobiernos y particulares argentinos en moneda extranjera es considerable. También los precios del comercio exterior, los combustibles y muchos bienes se determinan en dólares, aún los de producción local. Buena parte de los servicios públicos tienen costos dolarizados. Una sociedad que desespera por progresar está trabada por carecer de un sistema de precios firmes a lo largo del tiempo. Nos quieren imponer una moneda perdedora de valor y sujetarnos al vasallaje de la incertidumbre política.

Las variaciones cambiarias impactan la inflación, las tasas de interés, expectativas y los patrimonios. En esta realidad, la flotación cambiaria es suicida, pues precios internos, activos y empleos son alterados violentamente, comprobamos una vez más en 2018. Bastó un aumento reducido de compras privadas para derrumbar la estantería de proyecciones.

¿Qué hacer? BCRA y FMI han acordado una forma tosca de encarar esta cuestión. Desde el 1/10/2018 el BCRA no emite pesos para financiar al Tesoro ni a otros deudores. Y para evitar generar una excesiva restricción monetaria establece un valor mínimo para la cotización diaria del dólar, que se va actualizando a un ritmo del 2% mensual en el primer trimestre de 2019. Una cotización del dólar inferior a la mínima de la banda de intervención señala una indeseable contracción monetaria. Para paliarla, BCRA compraría dólares, emitiendo pesos, hasta el límite de la cantidad diaria establecida. Y seguiría comprando dólares y emitiendo pesos hasta tanto la cotización alcance el mínimo de la banda.

Si la cantidad de dinero circulante excediese en mucho a la demanda, un sobrante monetario tan descomunal que empujara al dólar por encima del límite superior de intervención, BCRA vendería dólares, hasta la cantidad diaria establecida, retirando pesos sobrantes. Eventualmente, la circulación se contraería hasta disminuir parte del exceso.  Una aproximación costosa, lenta, al voleo, al equilibrio monetario.

Esas reglas condenan a una insoportable volatilidad, saltos cambiarios, e inestabilidad monetaria. No puede sorprender sea imposible bajar la inflación, cuando las bandas de intervención suben a un ritmo del 2% mensual, alentando alzas de precios.

Si bien este programa mejora al anterior, las bandas para la intervención son excesivamente anchas y los límites en las cantidades autorizadas de compra y venta demasiado reducidas y tan rígidas que incluso tienen topes diarios.

Una sociedad con nuestras experiencias inflacionarias y sustantiva incertidumbre no puede aspirar a una demanda de base monetaria estable. La coyuntura conlleva variaciones significativas de las cantidades monetarias deseadas. Una forma de acotar esa incertidumbre sería angostar las bandas y aumentar las cantidades de intervención. Ventanas de compra y venta más estrechas y una sustancial ampliación de las cantidades diarias contempladas de intervención ayudarían a paliar la volatilidad del mercado monetario y las perspectivas económicas de manera más contundente. Los argentinos agradecidos.

 

Enrique Blasco Garma es Ph.D (cand) y MA in Economics University of Chicago. Licenciado en Economia, Universidad de Buenos Aires. Fue Economista del Centro de Investigaciones Institucionales y de Mercado de Argentina CIIMA/ESEADE. Profesor visitante a cargo del curso Sist. y Org. Financieros Internacionales, en la Maestria de Economia y C. Politicas, ESEADE.

Populismo: el ‘tipo de cambio’ es una variable macroeconómica, no el resultado de intercambios de propiedad

Por Martín Krause. Publicada el 1/1/17 en: http://bazar.ufm.edu/populismo-tipo-cambio-una-variable-macroeconomica-no-resultado-intercambios-propiedad/

 

Décadas de pensamiento populista y mercantilista han generado visiones que aún hoy se encuentran en cualquier lugar o medio, y pasan como ideas comunes o lógicas sin que nadie las cuestione. En el caso argentino, tal vez sea el tipo de cambio el que concentre la mayor cantidad. He aquí un ejemplo. Dice La Nación en una nota de Javier Blanco titulada “Tras el salto del fin del cepo, el dólar subió en el año la mitad que la inflación” al referirse al problema de revaluación de la moneda local que genera el ingreso de dólares por endeudamiento público:

“Para tratar de evitar estos efectos el BCRA tiene previsto avanzar en una nueva serie de flexibilizaciones para dosificar la oferta de divisas. Por caso, en la última reunión de directorio del año, la entidad eliminó la exigencia de ingresar al país las divisas que se obtienen por exportaciones de servicios, sólo la mantiene, con plazos laxos, para los que exportan bienes. Además, evalúa la posibilidad de elevar de 2500 a 5000 o 10.000 dólares, el tope que rige por mes para la compra de divisas en efectivo, además que tiene en estudio un mecanismo para que puedan cancelarse mediante transacciones electrónicas las operaciones inmobiliarias, que suelen pactarse en divisas.”

La nota describe bien el fenómeno y no podemos acusar a las autoridades del Banco Central de sustentar esas ideas populistas antes mencionadas, pero quiero llamar la atención a que tanto en un caso como en el otro, el tema es analizado desde la perspectiva de que el “tipo de cambio” es una variable macroeconómica (que lo es) principalmente, y ninguna mención se realiza a que el tipo de cambio es el resultado de contratos realizados entre partes, por los cuales se transfiere una divisa por otra. Es decir, como en todo contrato, se intercambian derechos de propiedad.

Tal vez nunca, nadie, haya cuestionado porqué el Banco Central tiene que tener el poder de obligar a un propietario de, digamos dólares, a traerlos y entregárselos a esa institución, en lugar de decidir sobre su propiedad como todos pensamos que deberíamos poder decidir con las cosas que nos pertenecen. Veamos esto más fácil: un productor ha invertido, ha trabajado, y ahora tiene una cierta cantidad de, digamos, aceite de oliva en la provincia de San Juan. Si se lo vende a alguien en Rosario y recibe pesos no pasa nada, no tiene mayores restricciones salvo los impuestos y regulaciones existentes. Incluso puede recibir ese pago del rosarino en dólares. Pero si le vende a un uruguayo entonces los dólares que le paguen tienen que pasar por el Banco Central en algún momento. Está obligado a traerlos. ¿Por qué? Si es “su” propiedad, como antes era el aceite de oliva, ahora son esos billetes. ¿Acaso estaba antes obligado a hacer algo con el aceite de oliva? Podría haberlo tirado en la zanja y “estaba en su derecho” aunque no muy cuerdo.

Por supuesto que está muy bien esta noticia arriba comentada por la que las exportaciones de servicios no tienen ahora esa exigencia y es de esperar que desaparezca pronto la misma sobre los bienes, pero el punto que quiero enfatizar aquí es que el Banco Central, o los políticos, los analistas o los jueces, parecen nunca cuestionarse que ese “poder” que posee la entidad sea violatorio del derecho de propiedad de quienes produjeron esos bienes, o servicios. Ni tampoco la justicia parece considerar que eso sea violatorio de este artículo, supuestamente vigente, de la Constitución Nacional:

“Artículo 17- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el art. 4°. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal Argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.”

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).