Para el análisis: cultura y contracultura

Por Alberto Benegas Lynch (h) Publicado el 14/5/2en: https://www.infobae.com/opinion/2022/05/14/para-el-analisis-cultura-y-contracultura/

Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al progreso moral y material de sus habitantes

El filósofo británico Isaiah Berlin

Este es un tema sumamente delicado e importante. El asunto parte de comprender los errores garrafales del relativismo que de entrada se topa con una flagrante contradicción: para seguir con su propia secuencia también es relativo el relativismo. Hay diversos tipos de relativismo, el primero y el que domina a los demás es el epistemológico. Isaiah Berlin en El sentido de la realidad se alarma frente a “una inversión de la idea de la verdad como correspondencia” entre el juicio y el objeto juzgado “pues las cosas no tienen en este sentido naturaleza alguna, sus propiedades no tienen relación lógica o espiritual con los objetos o la acción humana” lo cual constituye “un fenómeno siniestro”.

Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el sentido que es el sujeto que percibe, pero cuando se hace referencia a la objetividad de la verdad significa que las cosas, atributos, hechos y procesos tienen lugar independientemente de lo que opine el sujeto sobre aquellas ocurrencias que son ontológicamente autónomos. Esto desde luego que no contradice el pluralismo, cada uno sigue su camino y se sustenta en sus interpretaciones que pueden ser verdaderas o falsas, lógicas o ilógicas pero en nada se contraponen a la objetividad del mundo tal como explica Nicholas Rescher en Objectivity: The Obligations of Impersonal Reason y también Karl Popper en cuanto a que “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad” lo contrario “no solo pienso que se trata de un enunciado falso, sino también de un enunciado perverso” (en su obra Conocimiento objetivo).

Una cosa es el prefiero, me gusta, valoro y otra son las propiedades y atributos de lo que se aprecia o rechaza, como queda dicho lo primero es subjetivo lo segundo es objetivo. La verdad es la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. La teoría subjetiva del valor es del todo compatible con el objetivismo del mundo, son dos planos distintos. La búsqueda de la verdad no significa que sea tarea sencilla, se trata de un permanente peregrinaje en medio del mar de ignorancia en la que nos debatimos al efecto de captar trozos de tierra fértil en que apoyarnos en un contexto de corroboraciones provisorias siempre sujetas a refutaciones. Los debates abiertos son indispensables para el progreso del conocimiento.

Del relativismo epistemológico nace el cultural, el hermenéutico y el moral. Eliseo Vivas en Relativism and the Study of Man explica “la falaz inferencia que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada uno entre los valores que describe el etnólogo. Aquí cuando hablo de relativismo me refiero al relativismo cultural”. Claro que no es lo mismo una sociedad de antropófagos que una sociedad libre donde el respeto recíproco es el valor medular. Una cosa es mostrar distintas formas de ser y proceder en diversas sociedades y otra bien diferente es sostener que no es posible establecer una jerarquía de valores y decir que no es posible concluir que una sociedad es mejor que la otra en cuanto al antedicho respeto recíproco al efecto del progreso moral y material de sus habitantes.

Claro que hay manifestaciones varias de la cultura como la vestimenta, arquitectura, gastronomía, tonadas y construcciones en el lenguaje, pinturas, músicas etc pero el aspecto central que apuntamos está formado por valores de respeto recíproco.

Viene aquí un asunto crucial que apunta con gran claridad Jacques Barzun en The Culture We Deserve y que aparenta ser solo semántico pero que encierra un tema que hace a la calidad de vida y es el término cultura que proviene de cultivarse que a su vez remite originalmente a la agricultura. Igual que en este terreno no es lo mismo cultivar con veneno que con fertilizantes, en el plano de las relaciones humanas cultivarse es mejorarse como persona y con los vínculos sociales. Esto no quiere decir que no deban respetarse las manifestaciones de contracultura siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Este es el sentido de la definición de liberalismo en cuanto al respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros. Todo merece consideración excepto cuando se invaden derechos, una situación que debe ser frenada en una sociedad libre. Por supuesto que merecen consideración proyectos de vida que pueden resultar repulsivos pero reiteramos si no hay lesión de derechos todos debe ser respetado, lo cual no quiere decir abstenerse de críticas según lo que cada cual estime pertinente en un clima de libertad de expresión.

Pero del hecho del referido respeto o consideración no se sigue que deje de existir la noción del bien y del mal, de la excelencia y la perversión. Más aún la educación proviene de ex ducare es decir sacar afuera, actualizar las potencialidades en busca del bien, en otros términos transmitir valores y conocimientos que se oponen frontalmente al relativismo. La educación no consiste en un torneo en el que se transmite cualquier cosa en cualquier dirección. Del mismo modo, la importancia de incentivar el espíritu contestatario en el aula y la mente abierta debe distinguirse nítidamente de un basural abierto que recibe y engulle todo a la par, todo lo cual se encamina vía la competencia de propuestas.

Se ha preguntado inocentemente quién decide qué es bueno y qué es malo pero la pregunta relevante no es quién sino qué decide y es la naturaleza de las cosas: un veneno envenena y un remedio cura. Del mismo modo que las cosas tiene propiedades y atributos, el ser humano también tiene una naturaleza que debe ser respetada y por ello es que la misma noción de justicia y derecho responden a mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva lo cual habitualmente se denomina derecho natural que es anterior y superior al establecimiento de un eventual monopolio de la fuerza que denominamos gobierno.

Antes de volver sobre la noción de cultura y contracultura, debe señalarse que otras derivaciones del mencionado relativismo cultural son como hemos anunciado el hermenéutico y el ético. La hermenéutica relativista considera que los textos y la comunicación en general deben interpretarse del modo que el intérprete o receptor lo considere oportuno sin atenerse a lo que queda consignado en el escrito o en lo transmitido oralmente. John M. Ellis en Against Deconstruction escribe que “si bien el lenguaje surge de una convención de ello no se desprende que las palabras sean arbitrarias, de lo contrario no habría lenguaje ni comunicación alguna. Un símbolo que no se reconoce como algo específico, no significa nada.” Por su parte Umberto Eco destaca que “la iniciativa del lector consiste en formular una conjetura sobre la intentio operis. Esta conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico. Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y sólo una conjetura interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las conjeturas deberán ser probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas” (en Los límites de la interpretación).

Por último, tal como marca Herny Hazlitt en Los fundamentos de la moralidad, la ética alude al plano normativo en el que “es sumamente difícil encontrar un nihilista ético consistente [puesto] que en realidad espera que otros lo respeten”. Puede analizarse desde dos planos la moral, el primero se circunscribe a las relaciones interpersonales de respeto recíproco, en cambio el segundo alude a cuestiones intrapersonales que solo hacen a la persona en sí misma sin que nadie externo pueda legítimamente entrometerse. El relativista moral en la práctica concluye que no hay tal cosa como moral o, lo que es equivalente, que cada uno tiene su moral y no existe aquello del bien y el mal.

Finalmente y para cerrar esta nota periodística sobre un tema tan trascendente, volvemos sobre los conceptos de cultura y contracultura para enfatizar el punto. En este sentido es ilustrativo el libro de Jorge Bosch titulado precisamente Cultura y contracultura. En esta obra el autor se queja de “pseudointelectuales que cuestionan de manera superficial, ruidosa y enconada algunos de los aspectos más valiosos de la cultura de todos los tiempos […] Todo ese conglomerado heterogéneo y amorfo pero notablemente exitoso, es lo que he llamado la contracultura [y pretendo] demostrar que la cultura se relaciona estrechamente con la calidad de la vida y que es en tal sentido uno de los ingredientes fundamentales de la libertad y la democracia […] Una sólida tradición de siglos que asocia la cultura al cultivo del saber, de la inteligencia, de la sensibilidad estética y las obras de cultura, a las obras de la ciencia, del arte y de la filosofía” y al contrario mantiene que la vulgaridad, la corrupción, la delincuencia y la falsedad son imposturas que revelan desconocimiento, “terrrorismo ideológico”, fruto de “trampas semánticas” y “nostalgia de primitivismo” que a la postre tarde o temprano sucumben y se subsumen en “países-cárceles” donde la libertad queda aplastada por las botas del poder.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h

El fraude del relativismo

Por Alberto Benegas Lynch (h). Publicado el 12/7/2020 en: https://independent.typepad.com/elindependent/2020/07/el-fraude-del-relativismo.html

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De entrada decimos que el relativismo en todas sus variantes constituye un fraude intelectual y el posmodernismo las esgrime, tanto en lo epistemológico, cultural, ético y hermenéutico. Esto es que no hay tal cosa como la verdad. Todo dependería de interpretaciones subjetivas. Todo dependería del “color del cristal” de cada uno. Pero un mismo juicio no puede ser conforme y contrario al objeto juzgado en las mismas circunstancias.

Karl Popper subraya la importancia del descubrimiento de la verdad como objeto central de nuestros estudios y desvelos: “la principal tarea filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad”.

Este es el sentido mismo de la investigación y las universidades. Claro que el procedimiento para incorporar fragmentos de conocimiento esta plagado de acechanzas y desventuras. Se trata de un arduo recorrido. El debate abierto de ideas se torna indispensable, en la esperanza de disminuir en algo nuestra colosal ignorancia.

Cuando hacemos referencia a la objetividad de la verdad queremos significar que las cosas, hechos, atributos  y procesos existen o tienen lugar independientemente de lo que opinemos sobre aquellas ocurrencias o fenómenos que son ontológicamente autónomos. Constituye un grosero non sequitur el sostener que de las diversas valorizaciones de las personas, se sigue la inexistencia del mundo objetivo. Hay aquí un salto lógico inaceptable. Se trata de dos planos completamente distintos. La subjetividad de las preferencias, creencias y opiniones son independientes de la objetividad de lo que son las cosas.

El segundo capítulo se refiere al relativismo cultural. En este sentido Eliseo Vivas muestra la “falaz inferencia que parte del hecho del pluralismo cultural y llega a la doctrina axiológica de que no podemos discriminar en lo que respecta al mérito de cada una”. Una cosa es la descripción de costumbres que no son mejores ni peores, simplemente revelan gustos e inclinaciones y otra bien distinta son referencias que tienen relación con proposiciones verdaderas o falsas, lo cual puede ser juzgado con una escala universal. Las relaciones interculturales resultan fértiles, tal como lo demuestra Stefan Sweig en la época de oro de la Viena cosmopolita antes de la truculenta diáspora que produjeron los sicarios nazis. De todos modos, debe tenerse en cuenta la complejidad presente en afirmaciones que tienden a generalizar respecto de la cultura de tal o cual país. Siempre recuerdo la formidable respuesta de Chesterton cuando le preguntaron que opinaba de los franceses: “no se, porque no los conozco a todos”.

En tercer lugar, el relativismo ético que abraza el posmodernismo apunta a que no habría tal cosa como lo bueno y lo malo. Así, el incumplimiento de la palabra empeñada o el estímulo a la antropofagia no serian morales o inmorales en abstracto. No habría tal cosa como actos que apuntan a la actualización de potencialidades en busca del bien , ni normas para todos los seres humanos en dirección al respeto recíproco. El posmodernismo, igual que el positivismo, considera que las reflexiones éticas como principios universales constituyen manifestaciones vacías, puesto que no pueden verificarse. Morris R. Cohen apunta con razón que esa  afirmación de que “las proposiciones no verificables carecen de significado tampoco es verificable […] La afirmación de que las proposiciones éticas carecen de significación, forma parte de la errónea concepción positivista tradicional del método científico”.

Por último, el posmodernismo es relativista hermenéutico, es decir, que los textos y la comunicación en general debieran interpretarse del modo que el intérprete lo considere pertinente independientemente de lo que queda consignado en el texto o en el mensaje que se trasmitió por otras vías. No habría tal cosa como una interpretación verdadera o ajustada, ni interpretaciones equivocadas. John M. Ellis explica que si bien el lenguaje surge de una convención, de ello no se desprende que las palabras son arbitrarias ya que si pudieran significar cualquier cosa se haría imposible la comunicación. Lo mismo concluye Umberto Eco.

Entonces una cosa es tener la mente abierta al efecto de encaminarse a un mayor y mejor conocimiento y otra bien distinta es recibir cualquier cosa a la par, lo cual significa un basural abierto que desvía la brújula desde la excelencia a la degradación. Aludimos a la razón que por cierto no es infalible pero el proceso de corroboraciones provisorias y refutaciones nos permite grados crecientes de acercamiento a la verdad.

Tiene sus bemoles debatir con un posmodernista puesto que inmediatamente acusa al contradictor de “logocentrista”, es decir basado en la lógica, la cual niega al tiempo que sostiene que todo significado es dialéctico. Bien ha concluido Ortega que el relativismo “es el tema de nuestro tiempo” puesto que hoy hay mucho de basural abierto. En definitiva, es como escribe Allan Bloom “la apertura a la cerrazón es lo que estamos enseñando”.

Alberto Benegas Lynch (h) es Dr. en Economía y Dr. en Ciencias de Dirección. Académico de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, fue profesor y primer rector de ESEADE durante 23 años y luego de su renuncia fue distinguido por las nuevas autoridades Profesor Emérito y Doctor Honoris Causa. Es miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid). Es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires, miembro del Instituto de Metodología de las Ciencias Sociales de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, miembro del Consejo Consultivo del Institute of Economic Affairs de Londres, Académico Asociado de Cato Institute en Washington DC, miembro del Consejo Académico del Ludwig von Mises Institute en Auburn, miembro del Comité de Honor de la Fundación Bases de Rosario. Es Profesor Honorario de la Universidad del Aconcagua en Mendoza y de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas en Lima, Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso y miembro del Consejo Asesor de la revista Advances in Austrian Economics de New York. Asimismo, es miembro de los Consejos Consultivos de la Fundación Federalismo y Libertad de Tucumán, del Club de la Libertad en Corrientes y de la Fundación Libre de Córdoba. Difunde sus ideas en Twitter: @ABENEGASLYNCH_h