MIS LEMAS PEDAGÓGICOS. DOS: TODO LO QUE DIGAS SERÁ CONVERTIDO EN MARAVILLOSO.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 18/3/18 en: 

 

Si, al revés que todo lo que diga será usado en su contra, todo lo que diga el alumno será convertido en maravilloso.

Y será convertido porque ES maravilloso.

¿Y si es un grave error, o una grave confusión, o una grave ignorancia?

Primero, cuidado, hay que ver si el caso no es al revés….

Pero aún cuando fuera así, esa mirada se concentra en el qué, no en el desde dónde. El alumno siempre dice algo, opina algo, duda, cuestiona, interroga, desde su propio horizonte personal de mundo y de problemas. Y ese horizonte es algo maravilloso porque es él, el lugar a donde tenemos que ir y estar para caminar junto a él. Lo que dice es el discurso manifiesto, desde dónde lo dice, el discurso latente.  Hay que a ese lugar para desde allí ver su real inquietud y trabajar desde allí.

Me van a decir: pero los alumnos no hablan. Sí, claro que hablan, pero no a ti. Para que te hablen a ti, deben sentirse invitados a hablar, deben captar que su derecho a la interpelación es respetado, deben advertir que la clase no es más que una amable conversación un poquito más sistematizada.

Me van a decir: qué pasa si preguntamos qué les parece tal cosa, responden cualquier cosa y los tenemos que corregir. Primero, si eso sucede, ir al fondo de lo que dicen, no a lo que dicen. Entonces no tendrás que corregir nada, sino guiar la inquietud, porque la inquietud no es errónea. Pero además, antes que ese tipo de preguntas –que no están descartadas- lo mejor es que tú digas lo tuyo con la clara consigna de que ellos te pueden objetar o responder. Entonces se sentirán llamados a dar su opinión y el diálogo verdadero va a surgir.

Me van a decir: qué pasa si detrás de la pregunta o el comentario se esconde una verdadera malicia o un conflicto grave, una personalidad psicopática o lo que fuere. Y sí, puede pasar. Es un riesgo que debemos correr. Pero el docente es terapeuta, o como tal tu rol te protege. El rol paterno implica a su vez una sana distancia. Si tú eres el adulto, si tú eres más sano, podrás manejarlo; si el conflicto del otro te penetra, mejor analízate, porque hay algo que ajustar.

 

La verdad, gente, no ignoro los odios, las envidias, los resentimientos o las graves psicosis que los alumnos puedan tener. Pero en mi larga experiencia con los chicos más chicos, que recién han salido del sistema secundario corrupto y opresor, y buscan desesperadamente un poco de respeto y afecto, es que reaccionan bien ante el mínimo signo de mirada comunicante. Otros, finalmente, se quedan “en el fondo”, con su teléfono celular y no te llevan en lo más mínimo el apunte. Pero no te molestan. Déjalos por ende en libertad. Están ahí porque los mandaron, porque algo tenían que hacer pero aún no saben qué. Déjalos en paz. Pero no por indiferencia o por desprecio, sino por respeto. No son robots que tienen un botón que apretar. Son personas que tienen sus tiempos de madurez. Son los límites del aula, son los límites de lo humano, son los límites. No los cruces. No eres Dios.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

¿DEBEMOS LOS CATÓLICOS FESTEJAR LOS 500 AÑOS DE LA REFORMA?

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 26/2/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/02/debemos-los-catolicos-festejar-los-500.html

 

Hay acolarados debates hoy en los católicos sobre si debemos o no festejar junto con nuestros hermanos protestantes los 500 años de la Reforma.

En realidad habría que ajustar bien los términos. La reforma de ciertos usos y costumbres de la Iglesia, que nada tenían que ver con ella, había comenzado con San Francisco y Santo Domingo en el s. XII y se había continuado con el movimiento humanista católico de los s. XIV y XV que reaccionaban ya contra , contra un aristotelismo muy poco cristiano y contra un semi-pelagianismo como tentación permanente en la ascética católica.

Por lo tanto había mucho por lo que “protestar”, y era justo. El caso Lutero fue mal llevado. Si un Ratzinger hubiera sido Papa entonces, en 1516 lo habría invitado a cenar y Lutero habría quedado como mucho como otro audaz Erasmo de Rotterdam.

¿Cómo puede ser que nos hayamos dividido por el tema de la Fe y las obras? Es obvio que ningún esfuerzo humano puede conseguir la Gracia de Dios. Es obvio que la Gracia es la causa, y no el efecto, de las obras meritorias. Y con las buenas obras que no lo sean, pues quedan en el misterio de la misericordia de Dios. Y el libre albedrío, en el caso de la Gracia, no es una preparación humana para recibirla, porque ello viene de la Gracia también. Es un dramático “no” reservado esta vez sí a lo solamente humano.

Por ende no hay motivos teológicos de fondo que dividan a los católicos y a los protestantes. Fue un espantoso malentendido que aún estamos a tiempo de reparar.

Festejar una división, en tanto separación, no, porque las discordias, las condenas, recelos, odios y guerras espantosas entre católicos y protestantes no se festejan de ningún modo. Pero si los protestantes conmemoran su reforma luego de 500 años, estar junto con ellos no es festejar una división. Es un gesto que les dice: no había motivos para la separación. Podemos estar juntos de vuelta. ¿Que sería un milagro? ¿Ah si? ¿Y qué es, si no, la Gracia de Dios?

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.