Argentina: entre la decadencia y la resurrección

Por Iván Carrino. Publicado el 8/9/16 en:  http://www.ivancarrino.com/argentina-entre-la-decadencia-y-la-resurreccion/

 

¿Podrá la Argentina cortar con su prolongado proceso de decadencia?

A principios del siglo pasado, los inmigrantes del mundo elegían a nuestro país como destino para vivir y trabajar. En 1914, el 30% de la población era inmigrante y el país ostentaba un ingreso per cápita que superaba el de Alemania, Suecia y Noruega, según los datos de Angus Maddison.

Hoy la realidad es muy distinta. Ocupamos el puesto número 76 en el ranking de PBI per cápita, estamos entre los primeros con más inflación, y la pobreza afecta a 1 de cada 3 compatriotas.

¿Podremos recuperar el camino de progreso? ¿Volver a ser parte del club de los países ricos?

En esta charla, dada el 20 de septiembre de 2015 analizo las causas de nuestro declive y lanzo algunas ideas para recuperar el brillo perdido.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Los países con mejor calidad institucional: ¿tienen economías socialistas o mercados abiertos?

Por Martín Krause. Publicada el 25/6/16 en: http://bazar.ufm.edu/los-paises-con-mejor-calidad-institucional-tienen-economias-socialistas-o-mercados-abiertos/

 

Con la Fundacion Libertad y Progreso presentamos el Índice de Calidad Institucional 2016. Desde que comenzamos a hacerlo hay cuatro países que siempre han ocupado las primeras cuatro posiciones, aunque intercambiando entre sí: Suiza, Nueva Zelanda, Dinamarca y Finlandia. Suele pensarse que estos son países que tienen “socialismos de Mercado”. ¿Es asi?

Vale la pena señalar, sin embargo, que todos ellos también ocupan destacadas posiciones en cuanto a las instituciones de mercado se refiere. Así, Noruega, que encabeza la lista en cuando a instituciones políticas ocupa la posición 18º en cuanto a las de mercado se refiere; Finlandia, segunda en este caso, está 13º en las de mercado; el tercer lugar de Suecia es con el puesto 17º en instituciones de mercado y el cuarto, Dinamarca, en el 9º. La relación es apropiada para disipar una visión existente que considera a esos países nórdicos como economías cuasi-socialistas. En verdad, son países con fuertes estados benefactores y altas tasas impositivas, pero con una apertura comercial y a las inversiones y una protección del derecho de propiedad y la libertad contractual como poco se encuentran en muchos otros países. Por otro lado, dos consideraciones son importantes en este caso: las elevadas tasas impositivas no lo son tanto y recaen sobre todo sobre los individuos, no las empresas. Por ejemplo, en el caso de Suecia, la tasa del impuesto a las ganancias corporativas es del 22%, mientras que en Suazilandia es el 27,5% y en Túnez o Tanzania del 30%. En Brasil es del 34%, en México 30%. En Noruega es del 34%, Finlandia 20% y Dinamarca 23,5%.

En cuanto a los impuestos a las personas en Suecia van desde el 31% al 60%; en  Noruega desde 0% al 47% (incluyendo un 8,2% de contribución a las pensiones); en Finlandia del 7,71% al 62% (incluyendo el impuesto nacional, el municipal y la contribución a las pensiones) y en Dinamarca del 30% al 48%. En cuanto a algunos países latinoamericanos en Argentina van del 9 al 35%; en Brasil del 0 al 27,5%; en Colombia del 0 al 33%, en Perú del 0 al 30%. Aunque siempre, por supuesto, resulta muy difícil hacer comparaciones debido a las distintas bases y deducciones vigentes en los distintos países, por un lado, y por otro, por las contraprestaciones que se reciben a cambio. En los países nórdicos las tasas impositivas a las ganancias empresarias son más bajas; las tasas a las personas más altas pero ellas reciben, a su vez, servicios de salud o educación gratuitos de calidad muy superior a los que obtiene un ciudadano latinoamericano aunque pague tasas menores. Y, además, en algunos casos como el de Suecia, los contribuyentes reciben ‘vouchers’ que les permiten un cierto grado de elección entre escuelas y hospitales privados o públicos.

Por otra parte, es más que destacable el desempeño de Suiza. No solamente encabeza el ICI por segundo año consecutivo sino que presenta el resultado más parejo, con un sexto puesto en las instituciones políticas y un cuarto en las de mercado. Suiza, además, ha logrado esto en un país con diversas culturas, idiomas y religiones, aprovechando las ventajas de la descentralización y las limitaciones al poder. La combinación de democracia representativa y democracia directa en los niveles federal, cantonal y municipal, un gobierno colegiado con rotación en los principales cargos ejecutivos y competencia fiscal entre los cantones ha logrado niveles de institucionalización destacados.

 

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade).

La herencia no es solo económica

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 30/9/15 en: http://opinion.infobae.com/nicolas-cachanosky/2015/09/30/la-herencia-no-es-solo-economica/

 

Independientemente de quién sea electo, el próximo presidente deberá afrontar una seria herencia económica. Inflación, un abultado déficit fiscal, una presión fiscal récord, serios problemas en la administración del Banco Central, cepo cambiario y default, entre otros problemas. En una nota anterior comentaba que el kirchnerismo puede estar dejando indicadores económicos peores a los que el menemismo dejó a de la Rúa. La herencia que el kirchnerismo deja al próximo Gobierno, sin embargo, no es solo económica.

¿Qué herencia deja el Frente para la Victoria en temas, por ejemplo, como corrupción, eficiencia de Gobierno y calidad del marco regulatorio? El kirchnerismo ha estado en el Gobierno por doce años con mayoría en el Congreso, ¿qué mejoras se perciben en la calidad de Gobierno y administración durante tan larga gestión? El siguiente gráfico  muestra la percepción en control de corrupción, eficiencia de gobierno, calidad regulatoria, imperio e igualdad ante la ley (rule of law), y transparencia y rendición de cuentas (libertad de expresión, representación de los políticos). Los valores pueden oscilar entre -2,5 (peor) y 2,5 (mejor).

WGI

Si bien el último dato disponible es al 2013, los valores no dejan de ser representativos, dado que no se han dado importante mejoras en ninguna de estas variables. Los valores del 2013 se contrastan con dos puntos de referencia, el fin del menemismo (1999) y el inicio del kirchnerismo (2003). Dos lecturas se desprenden de estos datos. En primer lugar, doce años de gestión K no dejan una administración con una percepción claramente superior a la del fin del menemismo. Por ejemplo, el fin del mandato K muestra un leve empeoramiento en eficiencia de Gobierno y calidad regulatoria. En otras palabras, Argentina estaría algo mejor regulada por el menemismo, más allá de lo pobre que podamos considerar su desempeño. En segundo lugar, el kirchenismo muestra más empeoramientos que mejoras respecto al 2003.

Eficiencia de Gobierno, calidad regulatoria, y transparencia y rendición de cuentas es donde se ve un mayor retroceso. No hay, sin embargo, significativos avances en otras variables. Estos indicadores, a su vez, no capturan los eventos sucedidos del 2014 a la fecha (Hotesur, ausencia de indicadores de pobreza, fraude en las elecciones de Jujuy, etc.) Tras doce años catalogados como “década ganada”, el kirchnerismo no ha podido mostrar mejoras significativas al público en ninguno de estos indicadores. ¿Dónde han estado los avances en control de la corrupción? ¿Eficiencia de Gobierno o mejoras en el marco regulatorios? Menos aún en transparencia y rendición de cuentas, donde ni siquiera se puede confiar en las variables más elementales del Indec, como inflación.

Entre los países con mejor percepción institucional y de Gobierno se encuentran Finlandia, Dinamarca, Noruega, Suecia y Noruega. Con indicadores similares a los de la gestión K se encuentran países como Armenia, Algeria, Etopía, México, Colombia, Rusia, Ecuador y El Salvador, entre otros. El partido que lleva en estas elecciones a Daniel Scioli muestra serias falencias no solo en materia económica, sino también en materia institucional.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE). Fué profesor de Finanzas Públicas en UCA y es Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver.

La caída del precio del petroleo, y sus consecuencias:

Por Guillermo Luis Covernton.  

 

La evolución de los precios del petróleo se ha convertido, en los últimos meses, en un tema que atrae la atención permanente de los medios de prensa. Es que, en promedio, el precio actual del crudo es levemente algo más de la mitad de lo que cotizaba hacen apenas meses.

Varias veces por semana encontramos artículos en los que se analizan sus causas y consecuencias y también, desde luego, las opiniones de expertos de todo tipo.

Lo interesante del caso es ver como las doctrinas económicas equivocadas, de los últimos 80 o 100 años, se han enraizado de tal modo en la opinión pública, que casi cualquier hipótesis puede ser dada por aceptable y casi cualquier interpretación puede generar dudas.

Estas reflexiones se me han presentado, a raíz de un reciente artículo de Moisés Naím, publicado en El País, de España: http://elpais.com/elpais/2015/01/02/opinion/1420219111_960203.html

En el mismo se hacen algunas reflexiones acertadas, otras son sencillamente opiniones y otras son hipótesis que, probablemente, con el paso de los meses, se revelarán como muy aventuradas y sin fundamento.

Se afirma, acertadamente;  que la crisis del petróleo de los años ´70 provocó cambios geopolíticos muy importantes, y que esta situación de precios actuales podría ser igualmente influyente.

Sin ánimo de polemizar con tan distinguido y reconocido analista, me atrevería a puntualizar que, como economistas profesionales tenemos la obligación de esclarecer a la opinión pública. Y de diferenciar lo diferente.

La primera diferenciación que creo pertinente destacar, es que la suba del precio del petróleo, durante los años ´70s se debió a una reducción programada de la producción, con motivos especulativos, programada por un “cartel” de exportadores. Los llamados “países de la OPEP” pretendieron hacer abuso de posición dominante en un mercado, actuando coordinadamente en detrimento de los consumidores. En cambio, la actual caída del precio del mismo commodity, parece deberse sencillamente a la maduración de una gran cantidad de proyectos de inversión, en general privados, y a la aplicación de nuevas tecnologías de producción, que abaratan los costos de explotación.

Parece haber un acuerdo importante en que las tecnologías que permiten explotar hidrocarburos alojados en rocas de esquisto, es decir, lo que se conoce como “shale gas” o también “shale oil”, ha logrado poner en producción grandes yacimientos que anteriormente, al no ser extraíbles, o solo a costos muy altos, hacían imposible su explotación económica. Y estaban preservados como reserva estratégica, para casos extremos, como pueden ser conflictos bélicos.

Hecha esta primera diferenciación, deberíamos luego analizar  si es correcto afirmar que algunos países saldrían beneficiados, (por ejemplo los grandes consumidores, que producen poco), y otros tantos saldrían perjudicados, (los grandes productores cuyo consumo es marginal, respecto a su volumen de producción, y por ende son grandes exportadores netos). O si, contrariamente, se puede afirmar que los beneficios serán para “todos”.

Hay una tentación muy grande en afirmar que pueda haber aquí una verdadera confabulación de ciertas naciones, (USA, Gran Bretaña, Holanda, Noruega), desarrolladas y de economías más maduras, en contra de otras tantas, (Venezuela, Irán, Rusia y los Países Árabes), para “dominarlas”…

Voy a tratar de analizar todo esto, al margen de las pasiones y con cierto grado de criterio científico, para tratar de sacar algunas conclusiones.

Si algunos salieran ganando y otros salieran perdiendo, podríamos decir que el fenómeno es neutral y va a ser valorado o condenado, de acuerdo a la posición particular de cada uno. Si esto trajera progreso y bienestar para todos, podríamos decir que es una conquista del progreso humano.

Por ello creo que es importante analizarlo desde la más elemental teoría económica, que en este caso, nos haría tomar conciencia de que el fenómeno es definitivamente beneficioso para “todo” el mundo. Y cuando digo “todo” el mundo me refiero para cualquier ciudadano del mundo que apele a la resolución de sus problemas desde la racionalidad económica y el respeto por sus semejantes. Es decir, “para todas las personas de buena voluntad”.

Volvamos  a las fuentes. Digamos, al dominio de “Economía 101″, es decir, los principios esenciales que se deben enseñar en el primer curso del primer año de una carrera de grado, en cualquier universidad.

Los bienes son aquellos entes materiales o incorpóreos que nos permiten satisfacer nuestras necesidades. Si disponemos de menos cantidad de las que precisamos, adquieren valor. Sino, son libres, es decir gratuitos, como el aire que respiramos, en la mayoría de los casos.

La posibilidad de disponer ahora de mayores cantidades de petróleo, que antes eran inaccesibles, a costos menores que sus precios de venta es el producto del avance tecnológico. Una forma de capital que se llama conocimiento científico o técnico nos pone entre manos algo que antes no existía. Eso es tan positivo como el aumento de los rendimientos de la agricultura, por el mejor dominio de prácticas agronómicas, o por la adecuación de cada especie o variedad a cada ecosistema.

Definitivamente, somos todos más ricos: Ahora sabemos hacer cosas que antes no conocíamos. Necesitaremos menos medios monetarios o enajenar menos cantidades de otros bienes, para conseguir la misma cantidad de energía que demandábamos antes.

¿No habrán ganadores y perdedores? La sana economía nos debe enseñar que el principal problema del ser humano es la asignación de los recursos. No la escasez de los recursos, como tantas veces, equivocadamente, han afirmado algunos que pasan por expertos.

Para un médico, el problema es mejorar la calidad y duración de la vida de sus pacientes. No la muerte. Porque sobre lo primero puede tomar decisiones conducentes. Sobre lo segundo, nada puede hacer. La muerte siempre estará presente. Nunca será eliminada ni vencida. Del mismo modo, para un aerodinamista, el problema no es la ley de la gravedad, que es imposible de neutralizar. Sino, como hacer para que vuelen las naves más pesadas que el aire.

Para el economista, la escasez no es el problema. En todo caso, un ingeniero que consiga obtener el mismo compuesto químico a partir de extraerlo de algún recurso sobre abundante y a bajo costo, hace mucho más por disminuir la escasez que un economista. Y si por alguna cuestión o descubrimiento, el petroleo se pudiera obtener, por hallazgos o por síntesis química, en cantidades mayores que las requeridas, podría pasar  a ser un “bien libre”, eventualmente, y conseguirse gratuitamente, como el agua potable en algunas regiones.

Para el economista, el problema es la asignación. Es como determinar cuanto, de ciertos insumos, debemos afectar a que tipo de producciones. Que dosis de capital conviene aplicar a cada sistema de producción. Que sistemas de producción alternativos elegir, entre los más capital intensivos y de más alta productividad, o los menos productivos, pero que afectan menos recursos a invertir, muchas veces escasos.

La caída del precio del petróleo, sin dudas generará que ciertas inversiones sean reasignadas. ¡Esa es la magia del capitalismo liberal! Que los empresarios ganan o pierdan en tanto y en cuanto aciertan en sus asignaciones de factores o se equivocan. No sabemos si el petróleo seguirá bajando o se estabilizará. Los proyectos de inversión seleccionados, para prosperidad o bancarrota de quienes los encaren a sus propios riesgos, serán los que lo determinen. Eso en un marco de economías de mercado, propiedad privada y cumplimiento de contratos. Que es el marco que impera en los países que han expandido sus producciones a partir de la implementación de estos sistemas avanzados de explotación de hidrocarburos, que antes no existían.

Como podemos ver, y si persistimos en tratar de determinar si los ganadores generarán perdedores o si todos ganaremos, es clave entender que la economía de mercado, con libre comercio y respeto por la propiedad y los contratos, no es un juego de suma cero. Se descubren sistemas y alternativas productivas. Que luego son adoptadas e imitadas, o en el peor de los casos, nos obligan a migrar a otras actividades, como empresarios que somos y a asignar de forma diferente nuestros recursos.

Es decir: Para todas aquellas personas que pretendan vivir en sistemas republicanos, con respeto por la propiedad privada y democracia, con respeto por el disenso, las minorías y los derechos individuales inherentes a la persona humana, estas son todas buenas noticias. A diferencia de lo que ocurría con la crisis del petróleo de los años ´70s.

Por supuesto: Si Ud. es un Yihadista de ISIS, que se financia robando el producto de los yacimientos desarrollados  y refinerías construídas con capitales ajenos, la baja del precio del petróleo va a ser una tragedia. Si Ud. es un dictador caribeño que se financia manejando como un títere a una dictadura de un país vecino, al que le ha impuesto su gobernante, para explotar sus ingentes reservas de petróleo en beneficio propio, mejor es que busque otro socio. Aunque ese socio haya sido su peor enemigo, mientras sea rico y próspero. Si Ud. es un dictador que al estilo de Saddam Husein, pretende invadir países vecinos y apoderarse de recursos naturales, está perdido.

El progreso tecnológico, el desarrollo de los sistemas avanzados de producción de alta tecnología, agrandan las brechas institucionales: Los países que tienen una gran riqueza institucional, acaparan inversiones y tecnología. Nadie invierte para que lo confisque un fundamentalista o un comunista. Pero, en cambio, los países cuya miseria y paupérrimo desarrollo institucional los hace inelegibles para la aplicación de estas tecnologías, tienen dos posibilidades: O cambian, o verán alejarse, cada vez más, a los capitales y tecnologías que les permitirían parecerse en el largo plazo y con trabajo, a los más prósperos y avanzados del mundo.

El progreso, la cultura, el avance tecnológico, y en resumen, los frutos del capitalismo obligan a dedicarnos a la paz, el trabajo esforzado y el estudio dedicado. Los tiranos, los demagogos, los impulsores del hipócrita estado de “bienestar”, que solo empobrece, los fundamentalistas y xenófobos, no tienen cabida en una sociedad que apoya sus cimientos en la colaboración social libre y voluntaria, con respeto por los contratos y por la propiedad privada de los medios de producción y de sus ganancias. Y de los sistemas de precios que generan los procesos de mercado.

En ese sentido, creo que la evolución del mercado del petróleo es una buena noticia para todas las personas de buena voluntad. Que por esa misma evolución, están siendo más ricas día a día. Aunque, en el camino, algunos tengan que redefinir sus planes de negocio, enhorabuena. Para mejorar la asignación de los siempre escasos bienes económicos.

 

Guillermo Luis Covernton es Dr. En Economía, (ESEADE). Magíster en Economía y Administración, (ESEADE). Es profesor de Macroeconomía, Microeconomía, Economía Política y de Finanzas Públicas en la Pontificia Universidad Católica Argentina, Santa María de los Buenos Aires, (UCA). Es director académico de la Fundación Bases. Preside la asociación de Ex alumnos de ESEADE.

Argentina entre los 10 países con menor libertad económica del mundo.

Por Nicolás Cachanosky. Publicado el 14/10/14 en: http://economiaparatodos.net/argentina-entre-los-10-paises-con-mejor-libertad-economica-del-mundo/

 

El 7 de Octubre el Fraser Institute dio a conocer su reporte anual 2014 sobre libertad económica que cubre un total de 152 países. El Economic Freedom of the World, junto al Index of Economic Freedom elaborado por el Heritage Foundation y Wall Street Journal deben ser los dos indicadores más conocidos de libertad económica que hay disponibles. Que Argentina posea una baja calificación relativa en este indicador no es novedad. En los dos últimos reportes Argentina se ubicaba como la decimoquinta economía menos libre entre los países observados. Lo que es novedad en el último reporte es que Argentina cae al puesto 149 de 152 países. Es decir, Argentina se ubica como la cuarta economía menos libre del mundo. Debido a que los datos que el Fraser institute utiliza para elaborar el índice llevan tiempo en publicarse, cada reporte posee resultados de hace dos años. Es decir, el reporte del año 2014 posee calificaciones para el año 2012 (este “delay” es normal en este tipo de indicadores.) Lo que este indicador muestra, entonces, es un serio deterioro en las instituciones económicas luego del 2011: En un solo año Argentina retrocedió 11 lugares. Mientras Argentina cae a los últimos puestos y no se ven signos de liberar la economía del 2012 en adelante, organizaciones como Carta Abierta afirman que al país le falta regulación económica. Estas aseveraciones ponen de manifiesto la desconexión con la realidad Argentina en un contexto mundial por parte grupos afines al Kirchnerismo. Ciertamente, como todo índice, el mismo no es perfecto. No obstante, ofrece una guía sobre el la inclinación relativa de distintos países hacia instituciones de libre mercado cuyos resultados se condicen con lo que se espera sean economías más y menos libres. Preguntarse si la posición 149 en el ranking es precisa es quedarse con el árbol y perderse el bosque. Lo importante es la ubicación “general” de Argentina en el ranking y la tendencia en el mismo. Desde el año 2001, cuando se ubicaba en el puesto 54, Argentina cae de manera sostenida en el ranking.

Las 10 economías menos libres en el reporte 2014 son (1) Myanmar, (2) República Democrática del Congo, (3) Burundi, (4) Chad, (5) Irán, (6) Algeria, (7) Argentina, (8) Zimbabue, (9) República del Congo, y (10) Venezuela. Como se puede apreciar, los países que acompañan a Argentina se encuentran lejos de ser la Alemania o Suiza al que Cristina Kirchner hizo referencia como modelos de país. De hecho, de los países observados, la Venezuela que es fruto de admiración Kirchnerista se ubica en el último puesto. Según el reporte (p. 29), la caída de Argentina en el 2012 se debe principalmente a un deterioro del sistema legal y la protección de los derechos de propiedad (cepo al dólar, etc.), en la restricciones al comercio internacional (debido a la DJAI, etc.), y a la aparición del mercado informal del dólar. Es cierto, sin embargo, que el nivel de vida de Argentina es superior al de países como Chad o Myanmar, pero ese no es el punto de los índices institucionales. Estos indicadores no buscan medir la calidad de vida, sino que informan sobre el marco institucional dado que esto define el nivel de desarrollo económico de largo plazo. La instituciones de un país informan sobre la trayectoria de largo plazo y no sobre la situación económica actual.

Por ello este tipo de indicadores son relevantes y los economistas insisten tanto en la importancia de las instituciones. La comparación entre Corea del Norte y Corea del Sur ofrece un caso único. Son dos países con la misma cultura, mismo lenguaje, y misma historia hasta su separación en 1945. Casi 60 años de dos coreas con distinto marco institucional muestran las inocultables diferencias económicas. No obstante, Corea del Norte no puede alcanzar el nivel de vida de Corea del Sur de la noche a la mañana cambiando su política económica, necesita cambiar su marco institucional y esperar que el crecimiento que no ha tenido en 60 años se materialice. Este efecto de largo plazo que las abstractas instituciones tienen sobre los países pueden hacernos perder la conexión causal dado que los cambios institucionales del presente pueden tener efectos varios años por delante. Imaginemos que congelamos el grado de libertad económica de todos los países por cincuenta años. ¿Dónde creemos que se encontrará el nivel de vida relativo de Argentina cinco décadas más tarde? ¿Más cerca de Venezuela y Zimbabue o de Alemania y Suiza?

En esta nota comento sobre diversos resultados económicos y sociales de países con economías libres y economías reprimidas. En esta ocasión sólo quiero reproducir tres resultados centrales y ofrecer luego un comentario final. En primer lugar, los siguientes gráficos (pp. 21-22) muestran que al tomar la totalidad de la muestra (152 países) en lugar de elegir un par (por ejemplo Argentina y Chile) (1) los países más libres poseen un mayor ingreso per cápita (ajustado por costo de vida) que los países menos libres, (2) que las economías más libres crecen más rápido que las economías menos libres [un plazo de 10 años] y (3) que la distribución del ingreso no depende de la libertad económica. Es decir, las economías no sólo son más ricas y crecen más rápido en promedio, sino que el argumento de que el libre mercado genera crecimiento con exclusión no se sostiene si miramos la totalidad de la muestra en lugar de seleccionar unos pocos países. Si el libre mercado generase crecimiento con exclusión, entonces la participación sobre el ingreso del 10% más pobre no podría mostrar valores similares para los distintos grupos de países según su libertad económica. No obstante estos resultados, diversos movimientos que se oponen a las economías libres sostienen que el modelo a adoptar es uno como socialismo de Noruega, el Suecia, o el Finlandia. Sin embargo, Noruega, Suecia, y Finlandia se ubican en los puestos 30, 32, y 10 de países con mayor libertad económica respectivamente. Los tres países “socialistas” se encuentran en el cuartil de las economías más libres del mundo. Los países calificados de “socialistas” por los críticos del libre mercado resultan tener economías bastante libres en el contexto mundial.

 

Si usted va a ser pobre y sabe que va a pertenecer al 10% de la población más pobre, no importa si vive en una economía libre o en una economía reprimida, su grupo va a recibir alrededor del 2.5% del ingreso total del país. Pero si vive en una economía libre su ingreso anual va a ser de $11,610 contra $1,358 en una economía reprimida. Si usted sabe, entonces, va a ser pobre, ¿en qué país prefiere vivir? Si su respuesta es en una economía libre, entonces debe saber que desde la crisis del 2001 que Argentina persiste en ir en sentido contrario hasta haber alcanzado el fondo del ranking en el 2012.

Por último, en Argentina términos como “libre mercado” son tratadas casi como una mala palabra, especialmente desde la crisis del 2001. Peor aún es el caso de los términos “capitalismo” y “neoliberal.” Parte de esta situación se debe al asociar erróneamente la década del 90 con un modelo de libre mercado neoliberal. Los resultados están a la vista. Argentina ha logrado ubicarse entre los últimos puestos de uno de los indicadores más utilizados y respetados internacionalmente en trabajos de investigación. Mientras Argentina y la clase dirigente no entiendan que no se puede ser Alemania o Suiza adoptando las instituciones bolivarianas del Socialismo del Siglo XXI el país podrá oscilar entre mejores y peores gobiernos, pero no podrá cambiar su trayectoria de largo plazo. Argentina no necesita un cambio de “modelo” o de gobierno, Argentina necesita una seria reforma institucional. Para que la clase política dirigente ofrezca un cambio de esta magnitud, la opinión pública se lo debe exigir.

 

Nicolás Cachanosky es Doctor en Economía, (Suffolk University), Lic. en Economía, (UCA), Master en Economía y Ciencias Políticas, (ESEADE) y Assistant Professor of Economics en Metropolitan State University of Denver. 

Vaca Muerta y la enfermedad holandesa

Por Adrián Ravier: Publicado el 22/7/14 en: http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2014/07/22/vaca-muerta-y-la-enfermedad-holandesa/

 

Tras una corta experiencia como profesor visitante en una universidad de Caracas, tuve la oportunidad de reflexionar acerca del problema que puede representar Vaca Muerta para Argentina en el mediano plazo. Y es que Venezuela ofrece sus lecciones. Con una cantidad de petróleo que a este ritmo de explotación podría durar 200 años, el gobierno de Venezuela no entiende de escasez, extiende el populismo a su máxima expresión y deja a su pueblo sin productos básicos como papel higiénico, con una completa dependencia de la importación, arruinando completamente a su propia industria.

Los montes que rodean Caracas hoy ofrecen una nueva geografía que hace algunos años era desconocida. Se trata de millones de personas que han construido villas en las inmediaciones de la capital hambrientos del populismo que Maduro les extiende periódicamente. Ya no hay fábricas que empleen a estas personas, como sí lo hubo en la década del 70, cuando la economía venezolana estaba entre las 20 más ricas del mundo. El pueblo advirtió que bajo este modelo se lo condena a la miseria, lo que ya engrosa las encuestas que miden un 60 % de rechazo a la gestión de Maduro, que estaría considerando no completar su mandato hasta 2019 (Sondeo de Datanálisis, publicado en El Universal).

Argentina podría seguir un camino similar si no se toman medidas urgentes en relación con la formación petrolífera Vaca Muerta, situada en las provincias de Neuquén, Río Negro y Mendoza, y que presenta una estimación de reservas de 22.500 millones de barriles equivalentes de petróleo. Tras la nacionalización estos recursos han quedado en manos del gobierno de turno, aunque está claro que para disfrutarlos primero habrá que generar millonarias inversiones en su explotación. Que Argentina se convierta en un país petrolero no es la bendición que muchos pregonan si atendemos a la experiencia internacional.

Los países árabes, por ejemplo, carecen de una industria propia y tienen enorme dependencia de las divisas que genera el petróleo para la importación, lo que ha motivado emprendimientos de obras faraónicas para que en el futuro la industria del turismo juegue un rol importante en estas naciones.

En Europa, podrá recordarse la experiencia de Holanda en la década de 1960, que le valió el nombre de “enfermedad holandesa”, tras el descubrimiento de grandes yacimientos de gas natural en Slochteren, cerca del Mar del Norte. Como resultado del enorme ingreso de divisas que generó la explotación de este yacimiento, el florín, la moneda holandesa, se apreció perjudicando la competitividad de las exportaciones no petroleras del país.

En América Latina, no quedan dudas que la “enfermedad holandesa” infectó la economía venezolana, cuya industria fue desapareciendo gradualmente durante las últimas cuatro décadas.

Un país que enfrentó notablemente esta “enfermedad holandesa” es Noruega, que paradójicamente es citado como ejemplo de socialismo del siglo XXI. Lejos de la tentación populista y del asistencialismo, Noruega logró independizar los recursos petrolíferos de la garras del Estado y de su industria. Las reglas de administración son claras: todo la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público. A nivel global, los 810.000 millones en activos financieros se distribuyen: 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles.

No está de más decir que Noruega está entre las 30 economías más libres del mundo (según el Índice de Libertad Económica que elabora la Heritage Foundation y el Wall Street Journal desde 1995), y que ofrece uno de los 10 entornos más propicios para la generación de negocios (según el Índice Doing Business del Banco Mundial), gozando de mercados libres y competitivos, gracias a escasísimas regulaciones sobre la economía local y también en relación con las empresas multinacionales.

El Congreso de la Nación Argentina necesita iniciar un debate formal en forma inmediata para decidir de qué forma se van a utilizar estos yacimientos petrolíferos: ¿Privatización del subsuelo? ¿Gestión externa de las inversiones y de la renta obtenida? ¿Administración de la YPF nacionalizada sobre estos yacimientos? Afortunadamente, hay tiempo aun para debatir las oportunidades y riesgos de Vaca Muerta, sin la tentación inmediata de utilizar estos recursos en beneficio “político” propio.

 

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, Master en Economía y Administración de Empresas por ESEADE y profesor de Macroeconomía en la Universidad Francisco Marroquín.

Argentina cae en picada:

Por Iván Carrino. Publicado el 31/3/14 en: http://www.libertadyprogresonline.org/2014/03/31/argentina-cae-en-picada-en-indice-de-banco-mundial/

 

Son muchos los respetados economistas que, ante el apretón monetario del Banco Central destinado a controlar la inflación (si se puede hablar de inflación controlada con niveles de 3 o 4% mensual) y contener el avance del dólar blue, coinciden en que eso solo no es suficiente. El problema, advierten, es el déficit fiscal y, si este no se corrige por el lado del gasto,entonces el BCRA deberá volver a imprimir pesos no sólo para financiar al fisco sino para pagar los intereses de su deuda. Al déficit fiscal se sumará el cuasi fiscal y el final de la película puede ser incluso más traumático.

En efecto, el gasto público está desbordado. En la última década creció 450% en dólares. Si se mide en porcentaje del PBI este se acerca al 45%, niveles similares a países como Suecia, Alemania, o Noruega. Sin embargo, nos advertía Milton Friedman que estas cifras podían subestimar el costo real del Estado para la sociedad:

“Estas cifras exageran en ciertos aspectos la influencia del Estado y la subestiman en otros (…) La subestiman porque intervenciones del Estado que tienen efectos considerables sobre la economía pueden suponer un gasto insignificante (por ejemplo, los contingentes de importación, el salario mínimo oficial, las comisiones reguladoras de los precios, las leyes de defensa de la competencia).”

En este sentido, no sólo tenemos que mirar el gasto público, sino también las regulaciones sobre la actividad privada, que no cuestan dinero a los contribuyentes pero sí distorsionan y afectan el normal funcionamiento de la economía.

Un sector golpeado por este tipo de intervenciones en nuestro país es, desde hace años, el del comercio internacional. Las retenciones a las exportaciones, con el intento de hacerlas móviles en 2008, son el ejemplo paradigmático. Otro ejemplo son las tristemente célebres Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación, una barrera discrecional para frenar importaciones. Según las nuevas autoridades, este sistema iba a flexibilizarse y transparentarse. Sin embargo, no hubo novedades al respecto.

Estas costosas intervenciones se ven reflejadas directamente en el Índice de Desarrollo Logístico del Banco Mundial. El recientemente publicado índice analiza lo favorable o desfavorable que es el país para el comercio internacional. Para ello, aborda temas como las regulaciones aduaneras, la puntualidad, o la infraestructura a disposición de la logística internacional.

Desde la primera publicación del índice, la Argentina cayó 15 puestos. Pasó del poco meritorio número 45 en 2007, al puesto número 60 en 2014. No es de extrañar que el rubro que haya mostrado la peor evolución haya sido el de las aduanass, que analiza la “simplicidad y predictibilidad de las formalidades” necesarias para importar y exportar. Si sólo tomáramos ese indicador, la caída sería de 34 puestos (del 51 al 85).

En Argentina las ideas mercantilistas están de moda. Tenemos que “cuidar la balanza comercial”, cerrar la economía para “proteger la industria nacional” y “mirar el mercado interno”. Sin embargo, esas políticas impiden la innovación, destruyen a los exportadores y perjudican a todos los consumidores al obligarlos a elegir una menor variedad de productos a precios más altos.

En conclusión, el gasto público es un problema, pero también lo son todas aquellas intervenciones del estado que el gasto no mide y que afectan negativamente la vida económica de la sociedad.

Como nota final, el gasto de Alemania asciende al 45% del producto bruto. Sin embargo, es líder en el ranking aquí analizado. No es casualidad que, pese a la prodigalidad pública, en Alemania la calidad de vida sea mucho mejor a la que se encuentra de este lado del océano.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Trabaja como Analista Económico de la Fundación Libertad y Progreso, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y profesor asistente de Economía en la Universidad de Belgrano.