El mito del socialismo de los países nórdicos

Por Roberto Cachanosky. Publicado el 28/12/2019 en: https://www.infobae.com/economia/2020/01/28/el-mito-del-socialismo-de-los-paises-nordicos/

 

Nuevas estadísticas comparadas permiten hacer un balance comparativo y mostrar el contraste con la posición de los progresistas en la Argentina

Las posibilidades de ascenso social en los países nórdicos son más aceleradas que en los países populistas (Shutterstock)

Las posibilidades de ascenso social en los países nórdicos son más aceleradas que en los países populistas (Shutterstock)

El Reporte 2020 del World Economic Forum sobre el Índice de Movilidad Social muestra en los cuatro primeros lugares a: Dinamarca; Noruega; Finlandia; y Suecia. ¿Qué nos dice este índice? El caso de una persona que nace en una familia pobre en Dinamarca y le llevaría dos generaciones alcanzar el ingreso medio, o tres en Suecia, Finlandia y Noruega. Mientras que en Francia necesitaría seis generaciones, o nueve si nació en Brasil o Sudáfrica. El índice contempla la atención sanitaria, la educación, el acceso a la tecnología, oportunidades de empleo, etc.

Viendo este dato, los progresistas se frotan las manos y piensan: “acá tengo el argumento perfecto para demostrar que el socialismo o la socialdemocracia es el mejor sistema del mundo y son los mejores ejemplos para dar sobre la superioridad de nuestras políticas”.

Desafortunadamente, hace rato los progresistas y populistas quedaron desactualizados sobre quiénes gobiernan en esos países y cuáles son sus políticas económicas.

En realidad, los cuatro países mencionados se encuentran entre los primeros 26 países en el ranking del Índice de Libertad Económica como puede observarse en el cuadro.

Dinamarca está en el puesto 14, Suecia en el 19, Finlandia en el 20 y Noruega en el 26. Es decir, lejos de ser economías socialistas o con fuerte intervención del Estado, son abiertas, con baja cantidad de regulaciones, particularmente en el mercado laboral; derechos de propiedad bien afianzados, etc. Es decir, son países donde funciona la economía de mercado.

Es más, Suecia, Dinamarca y Finlandia acaban de oponerse a fijar un salario mínimo para toda la Unión Europea porque ellos no lo necesitan, tienen negociaciones por sectores.

Y de los países seleccionados, Francia es el que tiene la mayor relación gasto público/PBI. No se observa una diferencia abismal en cuanto a gasto público, si bien en todos los casos son altos.

Pero lo que pocos conocen es que los países escandinavos bajaron en forma notable su gasto público/PBI. Por ejemplo, Suecia que llegó a tener una relación gasto público/PBI del 70,5% en 1993 lo bajó a niveles del 50% actualmente. Son 20 puntos menos de gasto público respecto al PBI.

Finlandia llegó a tener una relación gasto público/PBI del 64% y ahora lo mantiene en el orden del 53% del PBI. 10 puntos menos de gasto público/PBI. Noruega lo redujo del 56% al 49% y Dinamarca también del 56% al 49 por ciento.

Ahora bien, este gasto público se vuelca al tema salud, educación, vivienda, etc. Obviamente no hay piqueteros cortando las calles principales en los países escandinavos. Pero el dato relevante es que la mayoría de los gastos sociales en los cuatro países mencionados, tienen copagos. Es decir, por ejemplo los hospitales no son totalmente gratis. El paciente tiene que pagar parte del servicio.

Pero para aquellos que creen que este es un modelo solidario por el cual en esos países las empresas pagan fortunas de impuestos para financiar este gasto público social, se equivocan rotundamente.

De acuerdo con datos de la OECD (Organización de Países Desarrollados, según sus siglas en inglés), este gasto público social se financia con impuestos que en Argentina son considerados regresivos por parte de los progresistas. Dos tercios de los ingresos tributarios se financian con el cobro de IVA, aportes sobre el salario, Seguridad Social.

Y, lo más sorprendente, es que el Impuesto a las Ganancias de las personas físicas es altísimo, mayor que en la Argentina. En cambio, las empresas que pagan ese gravamen es muy bajo. Dinamarca 22%. Finlandia 20%, Noruega 22% y Suecia 21,4%. Es más, de acuerdo a los datos de la OECD, en 2017 el 30% del total de los ingresos tributarios de Suecia fueron por el impuesto a las ganancias a las personas, en tanto que el impuesto a las ganancias que pagaron las empresas representó poco más del 5% del total.

El gráfico anterior de la Tax Foundation muestra la composición de los ingresos tributarios de Suecia en comparación a los del resto de los países de la OECD.

Conclusiones contundentes

Es un mito que los países nórdicos sean socialistas. Hace rato que son gobernados por partidos de centroderecha o coaliciones políticas que incluye a partidos de centroderecha, que han bajado el gasto público, que tienen una economía de mercado, que han llevado a cabo privatizaciones con éxito de sectores estatales, desde las telecomunicaciones a la generación y distribución de electricidad. Incluso el servicio postal y algunos bosques se han privatizado.

Por otro lado, no hay redistribución del ingreso al estilo populista nuestro donde los que más ganan más pagan o se mata a las empresas para financiar los delirios populistas. Además, los países nórdicos se caracterizan por su apuesta al libre comercio. En esa región, la mediana de impuestos a las importaciones es 5,3 por ciento.

Sí se les cobra impuestos altos a las personas físicas, pero a cambio se les da un servicio de primera de salud, educación, seguridad, etc. Es más, en esos países funciona el voucher para la educación. En vez de financiar la oferta, el estado financia la demanda y la gente recibe un cupón con el cual paga la escuela de sus hijos pero elige a qué colegio va a ir.

Cómo sostiene la economista colombiana Vanessa Vallejo sobre el sistema finlandés de educación en base al voucher“A las escuelas no se les asigna un presupuesto fijo, sino que obtienen dinero en función de los estudiantes matriculados. Los padres por supuesto son libres de matricular a sus niños en donde quieran. Y desde luego que lo hacen en los colegios con mejores resultados. Esto se traduce en una constante y feroz competencia de colegios para ganar alumnos”. Y agrega: “Mientras tanto, en Suecia y Dinamarca, ocurre prácticamente lo mismo que en Finlandia; se utiliza el modelo de cheque escolar, en el que al alumno se le da un bono para que elija en dónde matricularse, de modo que una vez más es el consumidor el que decide, y solo permanecen en el mercado las escuelas que prestan servicios que la gente quiere”. Es de imaginar que un sistema así le produciría un ataque de nervios a Baradel.

En definitiva, es un mito que los países nórdicos sean socialistas. Tal vez no sean el paraíso del liberalismo, pero tienen mucho más de liberales clásicos que de socialismo como se cree.

Copia distorsionada

¿Cuál es el problema que tenemos en la Argentina? Que los políticos populistas y los progresistas muestran como ejemplo el modelo de los países nórdicos, equívocamente como socialistas, pero lo único que les copian es la carga impositiva, con la diferencia que en esos países las empresas pagan bajos impuestos a las ganancias y las personas altos impuestos a las ganancias, en tanto que aquí tanto las empresas como las personas pagan altos impuestos a las ganancias con servicios de salud, educación, vivienda y seguridad propios del quinto subsuelo del subdesarrollo.

Si los populistas y progresistas quieren copiar el modelo nórdico, sepan que tienen que adoptar una economía de mercado, privatizar, establecer una carga tributaria que estimule la inversión y, sobre todo, el llamado gasto social tiene que ser de primera calidad y no una fuente de clientelismo político.

 

Roberto Cachanosky es Licenciado en Economía, (UCA) y ha sido director del Departamento de Política Económica de ESEADE y profesor de Economía Aplicada en el máster de Economía y Administración de ESEADE. Síguelo en @RCachanosky

La mentalidad capitalista

Por Carlos Rodriguez Braun: Publicado el 26/3/18 en: http://www.carlosrodriguezbraun.com/articulos/expansion/la-mentalidad-capitalista/

 

Parafraseo el título de Ludwig von Mises para subrayar que, al revés de lo que nos cuentan, el liberalismo no solo no venció en el campo de los hechos, sino que tampoco convenció en el campo de las ideas. Las alegrías liberales asociadas con la caída del Muro de Berlín han resultado efímeras.

Sobre la base de la Encuesta Mundial de Valores, el economista e historiador argentino Carlos Newland ha construido un Índice de la Mentalidad Pro Libre Mercado para un grupo de países, y lo ha calculado para un periodo de más de dos décadas —“Is Support for Capitalism Declining around the World? A Free-Market Mentality Index, 1990-2012”, The Independent Review, primavera 2018.

Se observa que, efectivamente, las simpatías por el capitalismo crecieron en el mundo en los años ochenta y noventa, pero perdieron fuerza a partir del año 2000. En el 2012, el último de la serie, la mentalidad capitalista era más fuerte en Taiwán, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia. No parece, por tanto, que el capitalismo deba arraigar en una determinada cultura, porque los procapitalistas corresponden a una anglo-esfera pero también a una sino-esfera, que también incluye a la propia China, aunque con cifras menores.

En los países ex comunistas no hay mucho aprecio por el mercado libre, seguramente por la mala transición que se llevó a cabo en muchos de ellos. En América Latina el aprecio es bajo en Chile, Argentina y Uruguay, y curiosamente obtiene el mayor aprecio en Brasil: el populismo no ha prevalecido allí en el ámbito de los valores.

Europa tiene los mayores registros pro-mercado en Alemania, Suecia, Suiza, Noruega y Finlandia. España está a medio camino, pero estable, sin caídas. El más bajo es Turquía. En África secundan el mercado más en Ruanda y Zimbabue, pero mucho menos en Sudáfrica. Los países musulmanes son en general contrarios al capitalismo, en especial Argelia, Qatar, Libia, Irak, Egipto, Palestina y Jordania. Una excepción procapitalista es Yemen. En Asia están Singapur, India y Malasia en puestos intermedios.

El apoyo al capitalismo claramente baja entre 1990 y 2012, en una tendencia “gradual y continua, con lo que no puede ser atribuida la Gran Recesión de 2007-9”.

Los países con ideología más procapitalista suelen ser aquellos con economías más libres y competitivas, y habitualmente ricos, pero no necesariamente: Georgia y Ruanda, por ejemplo.  Hay países poco capitalistas y con poca libertad de mercado, como Argentina, y países anticapitalistas con bastante libertad económica, como Chile.

Aunque el panorama no es homogéneo, el profesor Newland observa que “en general una fuerte mentalidad capitalista coexiste con (y probablemente genera) un marco institucional favorable, como ilustran los países más ricos del mundo: EE. UU., Alemania y Japón”.

 

Carlos Rodríguez Braun es Catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la Universidad Complutense de Madrid y miembro del Consejo Consultivo de ESEADE

Venezuela: el verdadero socialismo

Por Iván Carrino. Publicado el 10/5/17 en: https://elliberal.igdigital.com/2017/05/10/venezuela-verdadero-socialismo/?platform=hootsuite

 

Iván Carrino dice que Venezuela está sumida en el caos porque se siguió al pie de la letra el proyecto socialista iniciado por Chávez.

Venezuela está sumida en el caos. Las imágenes que llegan desde el país caribeño son de una convulsión social inocultable. Al mismo tiempo, el gobierno radicaliza su postura, confirmando cada vez más su carácter de dictadura.

En términos económicos, la situación es verdaderamente delicada. La inflación superará el 700% anual este año, la brecha entre el dólar oficial y el del mercado paralelo es de 49.000%, las reservas internacionales cayeron USD 20.000 millones en los últimos 4 años, la escasez afecta a todas las clases sociales y la producción nacional se derrumba.

El resultado es el éxodo de los venezolanos que pueden ahorrar para comprar un pasaje de avión. En España y EE.UU., los venezolanos son la primera nacionalidad en pedir asilo, por encima de países que atraviesan guerras como Siria.

¿Qué pasó con Venezuela que terminó así? En realidad, por más que a algunos les cueste aceptarlo, lo que sucedió es que se llevó a cabo a pie juntillas el proyecto socialista. El “Socialismo del Siglo XXI”, que inauguró Chávez a principios de la década del 2000, terminó siendo exactamente igual al socialismo del siglo XX. Las consecuencias han sido idénticas: exilio, autoritarismo y pobreza.

Muchos intelectuales buscan permanentemente desligar al socialismo de lo que sucede en Venezuela. Profesores marxistas en Argentina han llegado a decir que Venezuela es una economía capitalista, que combina “capitalismo estatal y capitalismo privado”. ¿Qué querrá decir eso? Por ahora es un misterio.

Otros intelectuales suelen indicar que lo de Venezuela no es el verdadero socialismo, sino que éste debe encontrarse en los países nórdicos como DinamarcaSuecia o Noruega. Este argumento es falso, puesto que estas economías, si bien tienen altos gasto público y presión tributaria, están lejos del socialismo. Dinamarca y Suecia, por ejemplo, se ubican en los puestos 17 y 19 en el ránking de libertad económica de la Fundación Heritage, que analiza nada menos que 186 países. ¿De qué socialismo hablan?

Es allí donde la intervención del estado en la economía es omnipresente y nada puede hacerse sin consultar con la burocracia central planificadora. En la Venezuela socialista, la planificación estatal es tan extensiva, que el resultado inevitable es el caos y el autoritarismo.

Quien bien explicaba esta situación era el economista austriaco Ludwig von Mises. En el epílogo de su monumental obra Socialismo, Mises diferenciaba el socialismo de tipo soviético del socialismo de tipo alemán.

En el primer caso, la revolución armada tomaba el poder y el estado se hacía cargo completamente del aparato productivo. El “proletariado”, tal como quería Marx, se hacía dueño del estado y de los medios de producción, y toda decisión económica pasaba al área gubernamental.

El socialismo de tipo alemán, si bien en apariencia era distinto, en esencia era exactamente igual. Incluso cuando la propiedad de los medios de producción quedara en manos de los capitalistas, lo cierto es que el estado controlaba todas las decisiones económicas, por medio de decretos, regulaciones y gasto público.

La explicación de Mises sobre el socialismo alemán sorprende por su vigencia y aplicación a la realidad de la Venezuela actual. Desde su punto de vista, cuando los gobiernos generan inflación e imponen controles de precios, ingresan en un camino donde el intervencionismo crece inevitablemente.

Al controlar los precios de un bien, aparece la escasez de ese producto. Para “resolver” ese nuevo problema, el gobierno decide controlar los precios de los insumos, generando ahora un faltante en esa área de la economía. Finalmente, como no dan marcha atrás, el gobierno pasa a controlar cada vez más y más áreas.

Al llegar a este punto, el socialismo queda instalado. Según Mises:

Cuando se alcanza este estado de control completo de los negocios, la economía de mercado se ha visto reemplazada por un sistema de economía planificada, por socialismo. Por supuesto, no es el socialismo de gestión directa de toda fábrica por el estado, como en Rusia, sino el socialismo del patrón alemán o nazi.

Venezuela combina ambos casos. Las expropiaciones de Chávez y Maduro traspasaron gran cantidad de los medios de producción a manos estatales. Además, de acuerdo con el centro de estudios CEDICE, en 2015 se decretó el cierre de nada menos que 28.000 empresas, mientras que otras 13.900 fueron multadas por el gobierno. El resto de los establecimientos está acosado por la inflación y los controles. En los últimos 10 años, cerraron sus puertas 500.000 empresas.

El socialismo, tal como se verifica en Venezuela, invade todos los aspectos de la libertad económica. Cuando los afectados buscan defenderse, entonces el gobierno acude a la represión, conculcando nuevas libertades. En el camino, la sociedad toda se empobrece.

Venezuela es hija del socialismo. Los resultados nefastos de su implantación no deben adjudicarse a los delirios de Maduro. El problema es el sistema.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.

Somos nuestro peor enemigo

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado  el 25/3/17 en: http://www.eldiariodeguayana.com.ve/somos-peor-enemigo/

 

Me decía un muy prestigioso profesional dedicado a la imagen, marketing y relaciones públicas de empresas algo que me sorprendió y que, sin dudas, es extensible a las sociedades en general: el peor enemigo de cualquier empresa -grande, pequeña e incluso individual- no es la competencia más cruda, sino uno mismo y se inicia en el miedo y la inseguridad provocando reacciones violentas y autodestructivas. Suena mal, pero es una buena noticia: saber que a quién debemos combatir no es alguien desconocido que no podemos controlar.

Según el Índice de Desarrollo Humano (IDH) 2016, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), los países de Latinoamérica tienen un índice de 0,751 -sobre un máximo de 1- por delante de Asia Oriental, las naciones árabes, el sur de Asia o el África Subsahariana y no demasiado lejos del de Europa y Asia Central que llegan a 0,756.

En la lista de naciones, que encabezan Noruega, Australia y Suiza, Chile está en el puesto 38 y Argentina en el 45, siendo los únicos países latinoamericanos con un desarrollo humano muy alto. Luego aparecen Uruguay (54), Panamá (60), Costa Rica (66), Cuba (68), Venezuela (71), México (77), Brasil (79), Perú (87), Ecuador (89), Colombia (95), República Dominicana (99), Paraguay (110), El Salvador (117), Bolivia (118), Nicaragua (124), Guatemala (125), Honduras (130) y Haití (163).

Ahora, llama poderosamente la atención el que Chile haya superado a la Argentina considerada durante décadas como un país casi europeo, fuera de la media latinoamericana, debido precisamente a su desarrollo humano, cultural y económico. Sucede que, mientras que en Chile disminuyó la interferencia del Estado en el mercado, tras los Andes ocurrió lo opuesto.

Efectivamente Argentina se convirtió en su peor enemigo: el miedo y la inseguridad llevaron a una creciente intervención del Estado -el monopolio de la violencia- que destruyó al país tanto que hoy hasta la “populista” Bolivia tiene una economía internacionalmente más respetada.

Mientras que Perú, Brasil y Chile -si vuelve a la presidencia Sebastián Piñera- van a profundizar su política pro mercado, en Argentina no hay grandes cambios más allá del discurso del nuevo presidente, Macri, que en parte ganó metiendo miedo al asegurar que el país terminaría “como Venezuela” si no resultaba electo, lo que no es cierto, entre otras cosas porque Chávez basaba buena parte de su poder en sus colegas de las FFAA lo que estaba muy lejos de ser cierto en el país del Plata.

Hoy, la imagen de Macri es más negativa (44,2 %) que positiva (40,2 %), de acuerdo a los datos recogidos por la consultora Management & Fit y difundidos por el diario Clarín. Los argentinos son, además, pesimistas respecto al futuro del país: el 48,3 % cree que la situación económica del país “estará peor” en los próximos meses y sólo el 27% considera que “estará mejor”. Y mientras que el Gobierno asegura que la economía dejó de caer hacia fines de 2016, lo más probable es que la recesión continúe en el futuro.

Y está claro por quién “votan” los ciudadanos después del miedo: con el fin de hacer compras, durante 2016 tres millones de argentinos -el 7% de la población total- cruzaron la cordillera de Los Andes, 50% más que en 2015, y se espera que en 2017 sean 3,7 millones los que lleguen a Chile. A lo que hay que sumarle los que cruzan hacia Bolivia, Paraguay, Brasil y Uruguay.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

¿Queremos realmente vencer al terrorismo?

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 15/1/17 en: http://www.panamaamerica.com.pa/opinion/queremos-realmente-vencer-al-terrorismo-1056419

 

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Parece tonta la pregunta, pero no lo es. Ciertamente, los fabricantes y traficantes de armas se benefician enormemente con los conflictos armados y, entonces, los alientan. Sé que enojo a mis amigos de derecha, pero lo cierto es que, por lugares como el Pentágono, se pasean “importantes señores” azuzando a los “halcones” para que aumenten el uso y el gasto en armas… y, generalmente, no son negocios limpios. No llama la atención, pues, que las armas de los mismos fabricantes aparezcan en bandos opuestos, como la guerra en Siria, donde la confusión es tan grande que nadie sabe si Occidente apoya o ataca a su presidente. El sitio de Alepo lleva dos años y medio y más de 250 mil sirios han sido víctimas de las milicias afines al régimen de Al Asad como los milicianos chiíes iraquíes, los partisanos del Hizbulá libanés, los comandos iraníes y la aviación rusa que luchan contra los yihadistas.

El asesinato del embajador ruso en Turquía no fue obstáculo para que ministros de Rusia, Irán y Turquía -países que apoyan a distintos bandos- se reunieran en Moscú “en busca de una salida diplomática a la guerra siria”, o sea, que se repartirán el botín entre ellos.

Pero dejemos estos crudos intereses y veamos si realmente cada uno de nosotros quiere terminar con el terrorismo que no es un hecho aislado, porque nada está aislado en el mundo, sino que todos los seres humanos nos interrelacionamos de modo que somos responsables, aunque sea de modo muy indirecto y aunque nuestra responsabilidad sea infinitésima.

En primer lugar, el terrorismo no busca el triunfo militar frontal sino, precisamente, infundir temor y, entonces, reinar. De modo que lo primero que debemos hacer es no temerles y no responderles con violencia. Así tiene razón la canciller Ángela Merkel, que pidió, tras el atentado en el mercadillo navideño de Berlín, que el miedo no paralice a los alemanes.

Recordemos que, en 2011, en Oslo, un individuo disfrazado de policía primero puso una bomba y luego fue hasta un campamento juvenil del Partido Laborista y abrió fuego a mansalva matando alrededor de 70 personas. El primer ministro reaccionó diciendo que esperaba que su país fuera aún más abierto y tolerante, demostrando que no tienen miedo, ya que es la violencia la que no es legítima. Desde entonces, Noruega, donde los escasos agentes de policía no portan armas, no ha sufrido ningún incidente.

En segundo lugar, tenemos que dejar de crear las condiciones. La marginalidad -alimentada por la guerra contra las drogas iniciada por EE.UU.-, la desocupación instalada por los gobiernos con leyes como el salario mínimo -que impide que trabajen los que ganarían menos- y la pobreza creada a partir de impuestos expoliadores son excelente caldo de cultivo para formar terroristas.

Y finalmente, Occidente debe dejar de apoyar a la tiranía saudí, sin dudas el mayor promotor global del fanatismo islámico, a la vez que desoír la islamofobia original de Trump -y de sus principales asesores, como el general Flynn-, que identificó al islam con el terrorismo y anunció el cierre de las fronteras, aunque después se moderó.

Al terrorismo solo se lo vence con libertad y paz; las armas, que son siempre opresoras y liberticidas, lo potenciarán. Por tanto, es una exigencia humana el terminar con todas las guerras, incluida la guerra “contra el terrorismo” e incluida también la muy atroz guerra “contra las drogas”.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Aquí está el 2017

Por Alejandro A. Tagliavini. Publicado el 7/1/17 en: http://www.mil21.es/noticia/561/opinion/aqui-esta-el-2017.HTML

 

La geopolítica global promete cambiar este año. El Papa tuvo cierta sintonía con Barack Obama, Angela Merkel y Xi Jinping. Entretanto, agazapado en el Kremlin, Vladimir Putin esperaba ansioso el triunfo de Donald Trump. Con este telón de fondo, EE.UU. y Cuba reanudaron relaciones, Colombia inició un acuerdo de paz con los guerrilleros e Irán congeló su programa nuclear.

Pero ahora Trump con Putin prometen ir por un camino distinto. En general, los ciudadanos occidentales han cedido espacios de libertad atemorizados -por los propios políticos- ante la avanzada de los fundamentalistas, lo que Obama minimizó y el tándem Trump-Putin parece querer alentar, promoviendo la violencia global. Lo lograrán, quizás, en el corto plazo, pero es inevitable que tarde o temprano la violencia decrezca sencillamente porque es destructiva.

 

Por cierto, Merkel,que va camino de convertirse en la líder de las libertades individuales a nivel global, intentará obtener su cuarto mandato y Jinping tratará de atenuar los ataques nacionalistas provenientes dela Casa Blanca. A Putin ya lo conocemos, intentará aliarse con Trump, con la intención de recortar la influencia de China y minimizar a la Unión Europea.

El Papa, seguirá influyendo en millones de personas porque su prestigio global sigue fuerte, según Forbes es la quinta persona más influyente del globo. “Es tiempo de que las armas callen definitivamente…” dijo durante la tradicional bendición ‘Urbi et Orbi’.

A ver: no se trata de evitar la violencia por razones ideológicas, no es de derecha o izquierda, tampoco una cuestión de valentía o cobardía. Por cierto, los cobardes son los violentos ya que es fácil apretar un gatillo frente a quién nos asusta antes que permanecer calmos y conducirse pacíficamente. Se trata de que la violencia, al ser contraria al orden natural -como ya la definían los filósofos griegos-jamás hará otra cosa que destruir, agravando los problemas.

En Reino Unido, Irlanda, Islandia, Noruega y Nueva Zelanda, y un puñado de naciones del Pacífico, los oficiales patrullan desarmados.Y los homicidios por armas de fuego no se multiplican, según encuestas citadas por la BBC.Ylos agentes están de acuerdo.Una encuesta de la Federación de Policía de Reino Unido concluyó que el 82% no deseaba estar armado, aunque la mitad reconoció haber estado “en grave peligro” en los últimos tres años.

Noruega es el cuarto país europeo cuyos policías no llevan armas a cuestas. En Nueva Zelanda, hubo un fuerte debate cuando dos agentes fueron asesinados. “La experiencia demuestra que hacer las armas de fuego más accesibles aumenta riesgos difíciles de controlar”, dijo el jefe de policía y así los agentes ordinarios neozelandeses siguen sin estar armados. “La protección que ofrece un arma de fuego… es más ilusoria que real” y en cambio distrae y es peligrosa, continuó el jefe.

En cambio, según el Uniform Crime Report del FBI, en 2013 la policía de EE.UU. cometió 461 “homicidios justificables” y la de Reino Unido ninguno. Pero, además, armar a la policía tiene un alto costo económico solventado con impuestos, creando más pobreza y desocupación, buen caldo de cultivo para el delito. Por cierto, hablando de caldo de cultivo, hay que terminar con la “guerra contra las drogas”, principal creador moderno de delitos. Es que reprimir las drogas -policialmente, violentamente- solo empeora las cosas.

 

Alejandro A. Tagliavini es ingeniero graduado de la Universidad de Buenos Aires. Ex Miembro del Consejo Asesor del Center on Global Prosperity, de Oakland, California y fue miembro del Departamento de Política Económica de ESEADE.

Europa no se hizo rica gracias al Estado de Bienestar

Por Iván Carrino. Publicado el 20/11/16 en: http://www.ivancarrino.com/europa-no-se-hizo-rica-gracias-al-estado-de-bienestar/

 

El viernes pasado estuve debatiendo sobre la coyuntura económica en C5N con, entre otros, el economista y profesor de la Universidad de Buenos Aires, Andrés Asiain. (El debate completo puede verse en este link).

Cuando yo sugerí que los países ricos y desarrollados (como los europeos), no conocen la pobreza como la conocemos nosotros (34% de la población que no puede comprar una Canasta Básica), dije que eso era porque no habían tomado medidas intervencionistas como inflación, control de precios, y porque se habían enriquecido gracias al comercio internacional.

Frente a esto, Asiain respondió:

Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre, fue después que se instaló un estado que empezó a hacer políticas públicas de intervención, de seguridad social, de subsidios, de controles de precios, etc., que logró crear el Estado de Bienestar que mejoró la vida de los europeos y que hoy lo están destruyendo

Bien, lo que dice Asiain es básicamente el conocimiento popular en la materia, pero  parte del famoso error de confundir correlación con causalidad. Es decir, se piensa que dado que Europa Occidental es un continente rico, y que hay allí políticas “de Bienestar”, son esas políticas las que lo hacen rico.

El argumento, sin embargo, no es cierto. En realidad, la Segunda Guerra Mundial hundió a Europa Occidental en la miseria por unos años, pero éste ya era un continente rico en comparación con el resto del mundo desde principios de la década del 20. Eso puede verse con claridad en el gráfico de abajo, armado en base a los datos de PBI per cápita recopilados por Angus Maddison.

Gráfico 1. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina y la Unión Soviética

 

europa

Elaboración propia en base a Angus Maddison

 

Los 12 países de Europa Occidental son Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Italia, Holanda, Noruega, Suecia, Suiza e Inglaterra. Estos países ya venían acumulando riqueza gracias a la Revolución industrial y su apertura al comercio internacional, cosa que evidencian los gigantescos puertos de Hamburgo en Alemania y Rotterdam en Holanda.

Como se ve, ya en 1920 eran mucho más ricos que los países de América Latina tomados como promedio y que la Unión Soviética, en datos disponibles comparables para la misma época y medidos en dólares constantes internacionales. Creo que el gráfico es suficiente para mostrar que la frase “Europa tenía hasta la Segunda Guerra Mundial a su población en la miseria y el hambre”  no se corresponde con la realidad. Es más, podríamos decir que Europa era rica hasta la SGM, y se hundió en la miseria gracias a ella. Esta situación la pudo superar después, pero no por el Estado de Bienestar, sino por el crecimiento económico derivado de la situación de estabilidad y paz posterior al conflicto.

El Estado de Bienestar redistribuye la riqueza, pero hay que crearla en primer lugar, y para eso se necesita libre comercio y capitalismo. Además, en cualquier índice de libertad económica los países europeos superan a nuestro país, por lo que podemos decir tranquilamente que, a pesar de su Estado de Bienestar, tienen mucha más confianza en el liberalismo que la política económica argentina.

¿Te preguntarás qué pasaba con Argentina en esos años?

Gráfico 2. PBI per cápita de Europa Occidental vs. América Latina,  la Unión Soviética y Argentina

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Elaboración propia en base a Angus Maddison

Sí, éramos casi tan ricos como Europa antes de la Segunda Guerra. Una vez que estalló el conflicto, ellos se empobrecieron y nosotros, al mantenernos neutrales, la sacamos barata. Pero ya el populismo estaba latente en el país y luego el camino fue siempre divergente.

 

Iván Carrino es Licenciado en Administración por la Universidad de Buenos Aires y Máster en Economía de la Escuela Austriaca por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Es editor de El Diario del Lunes, el informe económico de Inversor Global. Además, es profesor asistente de Comercio Internacional en el Instituto Universitario ESEADE y de Economía en la Universidad de Belgrano.