LA VERDAD OS HARÁ LIBERALES (sobre el debate por el artículo de Vanesa Vallejo).

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 2/7/17 en: http://gzanotti.blogspot.com.ar/2017/07/la-verdad-os-hara-liberales-sobre-el.html

 

No es la primera vez que hay un debate interno sobre este tema entre los liberales (clásicos) pero ante este artículo de Vanesa Vallejo (https://es.panampost.com/vanessa-araujo/2017/07/01/conservadurismo-y-libertarismo/) y la crítica que recibió  (https://www.misescolombia.co/peligroso-coqueteo-vanesa-vallejo-conservadurismo/), el debate, que vengo escuchando hace ya casi 43 años, ha renacido nuevamente en las redes sociales liberales latinoamericanas.

El liberalismo clásico no es una ideología, no tiene dogmas ni pontífices, o autores sacrosantos e intocables.

Por lo tanto para resolver este tipo de cuestiones viene bien recurrir a la historia de las ideas políticas.

Creo que muchos podríamos estar de acuerdo en que el liberalismo político nace (y sigue) como un intento de limitar el poder de las autoridades políticas contra el abuso del poder. Desde Juan de Mariana hasta Francisco de Vitoria, pasando por Locke, Montesquieu, Tocqueville, los autores del El Federalista, Lord Acton, Mises, Hayek, y me quedo muy corto en una lista que es muy larga, todos coincidían en limitar el poder del estado.

¿Pero limitarlo por qué? Allí comienzan los problemas, porque si decimos “limitarlo en función de los derechos individuales”, parece que seguimos estando todos de acuerdo porque apenas rasgamos un poquito, el fundamento filosófico de los derechos individuales comienza a ser muy diverso.

Vamos a identificar, faliblemente, tres grandes corrientes.

Una, la neokantiana. En esta corriente (Popper, Mises, Hayek) la limitación del conocimiento es la clave de la sociedad libre, y la libertad individual tiene su obvio límite en los derechos de terceros.

Otra, la neoaristotélica. Con sus diferencias, autores como Rand, Rothbard y Hoppe (este último agregando a una ética del diálogo que en sí misma tiene origen en Habermas) plantean el eje central en la propiedad del propio cuerpo, como la propiedad de la persona, y por ende la moral se concentra en el principio de no agresión (no iniciar la fuerza contra terceros). Todos sabemos que Rothbard es anarcocapitalista y que los debates entre esta posición y la anterior suele ser muy duros y con excomuniones mutuas y frecuentes.

La tercera, la iusnaturalista tomista. Desde la segunda escolástica, pasando por Hooker, Locke, Tocqueville, Constant, Burke, Acton, Lacordaire, Montalembert, Ozanam, Rosmini, Sturzo, Maritain, Novak, y los actuales Sirico y Samuel Gregg (se podría perfectamente agregar a Joseph Ratzinger), estos autores fundamentan en Santo Tomás la laicidad del estado y la libertad religiosa, el derecho a la intimidad, los derechos a la libertad de expresión y de enseñanza como derivados de la libertad religiosa y por ende la limitación del poder político, con una fuerte admiración por las instituciones políticas anglosajonas. Es la corriente del Acton Institute.

Tanto en los autores como en los discípulos de la primera y segunda corriente, hay una tendencia a decir que la moral consiste en no atentar contra derechos de terceros pero, coherentes con el escepticismo kantiano en metafísica, y un aristotelismo que no llega al judeo-cristianismo de Santo Tomás, tienden a ser escépticos en la moral individual. Allí no habría normas morales objetivas, sino la sencilla decisión del individuo y nada más, siempre que no moleste derechos de terceros. Muchas veces su conducta individual puede ser heroicamente moral pero no la postulan como algo a nivel social. Pueden tener además cierta coincidencia con John Rawls (a quien rechazan obviamente pero por su intervencionismo económico) en que el estado debe ser moralmente neutro.

Para muchos de ellos, hablar de normas morales objetivas es un peligro para la libertad individual, pues los que así piensan tienen a imponerlas por la fuerza al resto de la sociedad.

Es comprensible, por ende, que frente a una Vanesa que ha afirmado firmemente sus principios morales SIN escepticismo y con fuerte convicción, se enfrentara con una respuesta que la coloca como un fuerte peligro contra el liberalismo que ella dice profesar.

Pero esa respuesta a Vanesa (no quiero hablar ahora por ella, sólo expreso mi opinión) deja de lado al iusnaturalismo tomista y su defensa de la libertad individual.

Los que sobre la base del derecho natural clásico hablamos de un orden moral objetivo, a nivel social e individual, afirmamos, precisamente sobre la base de ese orden moral objetivo, la laicidad del estado, y los derechos a la libertad religiosa y el derecho a la intimidad, pero NO como los derechos a hacer lo que se quiera mientras no se violen los derechos de terceros, sino como los derechos a la inmunidad de coacción sobre la conciencia. O sea que alguien tiene todo el derecho a pensar que la prostitución viola el orden moral objetivo pero ello no implica negar la libertad individual de quien decida (decimos “decida”, por eso la trata de blancas es otra cosa: un delito) ejercer el oficio más antiguo, sobre la base del respeto a su derecho a la intimidad personal. Y así con todo lo demás.

Por lo demás, muchos, actualmente, nos oponemos al lobby GBTB, pero NO porque NO respetemos la libertad individual de los gays, trans y etc., sino porque ellos están convirtiendo de su visión del mundo algo que quieren imponer coactivamente al resto, so pena de acusar a todo el mundo de delito de discriminación. Por ende la lucha de los liberales y libertarios contra el lobby GBTB NO se basa en que nosotros –y especialmente los que estamos en el iusnaturalismo- queremos negarles su libertad individual, sino porque defendemos la libertad individual de todos: la de ellos a vivir como les parezca, amparados en el derecho a la intimidad, y la de los demás, también a lo mismo, sobre la base de lo mismo. Por lo demás, no habría delitos de discriminación (me refiero a delitos, no al orden moral) si se respetaran los derechos de asociación, propiedad y contratación como siempre los planteó el liberalismo clásico.

Finalmente una pregunta a todos mis amigos liberales que piensan que la afirmación de un orden moral objetivo es un peligro para la libertad. Si la base para su liberalismo es el escepticismo sobre la moral individual, ¿qué va a pasar el día que dejen de ser escépticos en ese ámbito? ¿Se convertirán en autoritarios?

Es muy fácil respetar, por ejemplo, la libertad religiosa cuando consideran que no hay fundamento racional para la religión. Pero, ¿y si lo hubiera?

Si lo hubiera, es más, si lo hay, porque lo hay en Santo Tomás de Aquino, mejor para la libertad, porque en ese caso el respeto a la libertad del otro se basa en que no voy a invadir su conciencia, por más convencido que esté de que la otra posición es un error. Una sociedad libre no se basa en el escepticismo. Se basa en el respeto y la convivencia de todas las cosmovisiones sobre la base de no invadir coactivamente la conciencia de los demás. No se basa en el escepticismo sobre la verdad, sino en la certeza firme de que la verdad se basa sólo en la fuerza de la verdad y no en la fuerza física o verbal (aunque esta última no sea judiciable). Por eso muchos liberales que respetamos la libertad religiosa pedimos de igual modo que ni la Física, ni la Matemática ni nada de nada sea obligatorio, y por eso pedimos distinción entre Iglesia y estado, entre educación y estado, entre ciencia y estado (Feyerabend).

Así, la única cosmovisión del mundo que no podría convivir en una sociedad libre sería aquella que en su núcleo central implicara la acción de atentar contra los derechos de los demás. Ella se enfrentaría contra el legítimo poder de policía emanado del Estado de Derecho y de una Constitución liberal clásica. El liberalismo NO consiste en decir “vengan totalitarios del mundo y hagan con nosotros lo que quieran”.

Como siempre, estas aclaraciones no aclararán nada, porque los liberales se seguirán peleando, creo que por suerte. Pero ojalá se comprendieran un poco más y dejaran de excomulgarse mutuamente.  Lo dice alguien que sabe lo que es verdaderamente una excomunión y a qué ámbito pertenece.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

 

ESPÍRITU NAVIDEÑO Y RESPETO A LA LIBERTAD

Por Gabriel J. Zanotti: Publicado en Diciembre de 2010 en http://www.institutoacton.com.ar/articulos/74artzanotti79.pdf

 

Había pensado un título como “Navidad y liberalismo”, pero sería un error. Nunca he
intentado derivar directamente de mi fe un sistema político determinado, ni he intentado
colocar a las Escrituras como la premisa de la cual se derivara directamente un sistema
político. Claro, he aclarado infinitas veces que el liberalismo (con todas las aclaraciones
pertinentes) no es contradictorio con mi fe, lo cual es muy diferente.
Habiendo hecho esta aclaración, voy a hacer una pequeña reflexión para creyentes y no
creyentes que compartan cierto espíritu liberal. Me refiero a la no agresión, a la no
invasión, a no iniciar la violencia contra otro. A veces eso se mezcla con la indiferencia
ante el prójimo, pero no es lo mismo. El fundamento para no invadir no debe ser la
expresión “es tu vida, morite si querés”, sino “respeto tu conciencia”, “no voy a invadir
la casa de tu existencia”, lo cual es muy diferente a no preocuparnos por la vida de los
demás. Muchos han deducido la invasión al otro como el resultado de la preocupación
por el otro, y ese es el grave error que el liberal siempre denuncia.
Para los que somos creyentes, Cristo es Dios, para los no cristianos, obviamente no.
Pero creo que ambos grupos coincidirán en algo: su nacimiento fue pacífico, una paz en
serio. No fue el hijo de un monarca o emperador autoritario de la época cuyo nacimiento
anunciaba quién era el próximo invasor de las vidas ajenas. Nació sin reclamar nada, sin
invadir a nadie. Cuando su madre recibió el anuncio de que iba a tener un hijo, ella
preguntó cómo podía ser eso, y la respuesta del ángel fue un diálogo respetuoso que
quedó como modelo de diálogo entre razón y fe. María no fue coaccionada. A partir de
su nacimiento, Cristo estuvo con sus padres 30 pacíficos años pacíficos viviendo de su
trabajo y de la co-propiedad con su padre. Luego afirmó que él era el Mesías, el Hijo de
Dios, Dios mismo, anunciando la llegada del mesías esperado por el pueblo judío. Pero
Cristo, que afirmaba ser Dios, no procedió como otros que se creen Dios. Predicó,
habló, no fundó un ejército ni obligó a nadie a seguirlo. Conversaba con todos, y muy
especialmente con los que procedían de modo diverso a lo que él predicaba. Hablaba,
estaba y comía con todos, sencillamente con todos, y sólo discutía –y se enojaba precisamente
con los que se consideraban muy pero muy buenos. Pero tampoco los
coaccionaba. El ser humano, cuando se cree Dios, piensa que puede invadir a los demás,
forzarlos; este ser humano, que afirmaba ser Dios, sólo mostró un Dios que dialoga.
Cuando lo vinieron a buscar para matarlo, le dijo a uno de sus discípulos “guarda la
espada”, y cuando afirmó ser Rey, dijo “mi reino no es de este mundo” (suerte para
Pilatos ☺ ). Desde su Cruz perdonó a todos.
Los creyentes, que a veces son autoritarios en su vida cotidiana y en sus opciones
políticas, deberían pensar en el Cristo al cual dicen seguir. Un Cristo que dialoga y no coacciona. Si Cristo, que según los creyentes es Dios, no usa la fuerza para imponer sus
ideas, ¿por qué sus “creyentes” sí lo hacen? ¿Tienen prerrogativas que Dios no tiene?
Y los no creyentes pueden quedarse meditando en este peculiar ser humano (que los
creyentes consideramos humano también). Si, tal vez tuvo razón el soldado romano que
le dijo que si era Dios, que se bajara de la cruz. No me van a negar que hubiera sido un
digno final de Hollywood. Cristo bajando victorioso de su cruz y derrotando a toda
Roma con sólo un soplido; sentándose en el mismo trono del emperador romano e
instaurando el Reino de Dios en la Tierra que, por supuesto, iba a tener ejércitos e iba a
coaccionar como cualquier gobierno. Pero no. ¿No porque no era Dios? ¿O no porque,
precisamente, lo era?
Navidad otorga a todos, creyentes y no creyentes, una especial oportunidad para meditar
todo esto. He allí un hombre que proclamó su divinidad y no invadió nunca a nadie. Es
interesante meditar el por qué.

 

Gabriel J. Zanotti es Profesor y Licenciado en Filosofía por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA), Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA). Es Profesor titular, de Epistemología de la Comunicación Social en la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor de la Escuela de Post-grado de la Facultad de Comunicación de la Universidad Austral. Profesor co-titular del seminario de epistemología en el doctorado en Administración del CEMA. Director Académico del Instituto Acton Argentina. Profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Fue profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE, y miembro de su departamento de investigación.

UNA PREGUNTA A LOS ANARCO-CAPITALISTAS.

Por Gabriel J. Zanotti. Publicado el 4/8/13 en http://www.gzanotti.blogspot.com.ar/

La pregunta no es mía, se la escuché a Ezequiel Gallo creo que en el 85 u 86 en el Departamento de Investigaciones de Eseade, que él dirigía. (Yo era muy joven y era tan tonto que pensaba que me iba a jubilar en ese Departamento…..)
Pero la voy a reformular. A pesar de los años ya transcurridos y el abundante debate sobre el tema, no he encontrado respuesta.
Supongamos que fundamos un country, o una free-city, con todo absolutamente privado, sin interferencia de ningún estado, intentando la plena vigencia del principio de no agresión.
Cada uno de sus habitantes tendría su propiedad, desde luego, y habría algunos bienes públicos privados libremente decididos en el acto fundacional. El country tendría una administración para los bienes públicos privados que pudiera haber, y obviamente todos habríamos decidido libremente pagar las cuotas de mantenimiento de esa administración en común. Habría desde luego libre entrada y salida de bienes y de personas.
Vuelvo a decir, todo sería totalmente privado. Tal vez, como en las circunstancias actuales muchos estatistas querrían invadirnos, uno de los bienes públicos privados podría ser una defensa en común contra una eventual invasión externa a gran escala. El que no quiera pagar esa cuota, que no la pague, aunque habría que ver si comenzarían a cumplirse las predicciones sobre ese free rider ya muchas veces analizadas.
Supongamos que pasa el tiempo, todo anda bien, nadie nos invade y ya han pasado tres generaciones. Supongamos que yo hubiera nacido en la casa de mi abuelo, quien fuera uno de los propietarios/fundadores del country. Supongamos que, esgrimiendo el principio de no agresión, yo no quisiera pagar más la cuota de mantenimiento. Ok, me podrían decir los actuales miembros de la administración: nadie obligó a su abuelo a estar aquí. El vino porque quiso y porque quiso acordó, junto con todos los demás, en iguales condiciones, que hubiera este sistema de bienes públicos privados, llamados club-goods, y que respetan totalmente el ppio. de no agresión, porque nadie inició la fuerza contra su abuelo. Pero resulta que usted ha nacido en su propiedad y por ende el principio se traslada transitivamente. Nadie lo obliga a estar aquí. Puede irse.
Ok. La pregunta es: ¿qué diferencia habría con un estado liberal clásico, con total libre entrada y salida?
Gabriel J. Zanotti es Doctor en Filosofía, Universidad Católica Argentina (UCA).  Es profesor full time de la Universidad Austral y en ESEADE es Es Profesor Titular de Metodología de las Ciencias Sociales en el Master en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.